Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Elza van den Heever (soprano), Christa Mayer (contralto), Klaus Florian Vogt -en sustitución de Piotr Beczala- (tenor) y Georg Zeppenfeld (bajo).
Minutación: Preludio de Maestros Cantores: 9:52; Entrada de los invitados de Tannhäuser: 9:02; Novena Sinfonía de Beethoven: 73:12.
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Novena para los anales de la Historia
Veinticinco años después de que se escuchara por última vez, en 2001, la Novena de Beethoven regresó al Palacio de Festivales para conmemorar los 150 años del certamen. El elegido, por derecho propio, ha sido Christian Thielemann, quien debutó en la Verde Colina en 2000 siendo director de la Deutsche Oper de Berlín y ahora se pone al frente de este aniversario como director de la Staatsoper de Berlín. Un doblete nada usual, como tampoco lo es dirigir dos veces la obra, un privilegio que comparte con Wilhelm Furtwängler, quien lo hiciera en 1951 y 1954.
De su Novena de 2001 no hay registro oficial. De adolescente conseguí, años después y en la red, grabación procedente de la retransmisión que hizo la Radio de Baviera. En Radio Clásica, para aquél histórico acontecimiento -50 años del Nuevo Bayreuth-, estaba a los micrófonos Ángel Fernando Mayo. ¡Esa retransmisión merecería ser recuperada por Radio Clásica y colocada en su archivo de la web! Con motivo de la mudanza a la que hoy es mi casa, el CD en que contenía esa Novena desapareció (confío en que se encuentre en alguna caja que todavía no he localizado). Afortunadamente he comprobado que la grabación sigue en la red y que puede escucharse. Una Novena que, por la acústica expansiva del Festspielhaus, la nutrida cuerda -leí en su momento que numerosos miembros de la Orquesta de la Deutsche Oper quisieron unirse a la efeméride- y la interpretación grandiosa y detallista a partes iguales del berlinés, ha constituido a mi juicio -a salvo lo que diremos hoy-, por derecho propio, la interpretación por excelencia de la obra en el último medio siglo, y que es digna sucesora de las que dirigiera Furtwängler en 1951 y 1954. Una versión que es superior a la registrada por Thielemann en Viena para su integral de SONY en 2010.
Si el elenco de 2001 utilizaba a cuatro cantantes procedentes de los Maestros que el berlinés dirigía en aquél momento -Emily Magee, Michelle Breedt, Robert Dean Smith y Robert Holl-, ahora emplea a cuatro cantantes de su confianza: las damas son la Sieglinde y Erda/Waltraute de su Anillo, Elza van der Heever y Christa Mayer, mientras que con los hombres, Piotr Beczala y Georg Zeppenfeld, Thielemann ha tenía una dilatadísima colaboración mano a mano -en Bayreuth en su Lohengrin-, y de hecho ambos aparecieron en la Novena de su integral para SONY. Ahora bien, todos los años han imprevistos y noticias de última hora en el Festival. Este año no iba a ser menos. En el último momento, Beczala anunció su cancelación debido a una afección de laringe, anunciándose a Klaus Florian Vogt. Quizás la providencia ha puesto las cosas en su sitio: Vogt debutó en Bayreuth en 2007 y ha sido un indispensable en el Festival: ha cantado -por orden de participación- Walther, Lohengrin, Parsifal, Sigmundo, Tannhäuser y Sigfrido- y este año cantará, asimismo, Loge. El tenor que, en el siglo XXI, se ha presentado con un mayor número de roles en el Festspielhaus.
Por la mañana tuvo lugar la tradicional ofrenda del Coro en la tumba del Maestro, con la presencia también habitual de un conjunto de metales, donde se escucharon coros de Rienzi.
En la Radio de Baviera ha estado al frente de la retransmisión Constanze Fennel. La emisora ha optado por el falso directo, iniciando la retransmisión a las 20 horas, evitando de esta manera el descanso de 50 minutos entre las dos partes, ofreciendo la retransmisión sin solución de continuidad. En cambio, Radio Nacional de España y la RAI italiana han optado por el rigusoro directo a las 18 horas. La retransmisión de Radio Clásica ha corrido a cargo de Irene de Juan, con la traducción de los discursos de Gracia Terrén, que ha hecho una encomiable labor. Hay que achacarle a la Radio de Baviera haber omitido en su retransmisión las fanfarrias, que han sonado desde el balcón del Festspielhaus: en la primera parte la correspondiente al primer acto de Maestros y en la segunda, la propia de la Novena. Esta última es inhabitual y mercería la pena haberla rescatado para la retransmisión.
La presencia de la Orquesta y el Coro junto a Thielemann, ha sido recibida por el público con un cálido aplauso. El escenario de negro, exhibía al fondo el mural gigante obra del artista húngaro de graffiti Fat Heat. En él, Luis II de Baviera aparece en el centro de la escena, en concreto en una estancia que recuerda a la Sala del Grial -precisamente, sostiene una copa-, arropado por la bandera de Baviera y la alemana, y rodeado de personalidades de distinta condición pero que, de una manera u otra, han tenido que ver con estos 150 años de Festival: Wagner, Cósima, Siegfried, Katharina, Furtwängler, Toscanini, las actuales directoras Oksana Lyniv y Natalie Stutmann y, a la izquierda, entre otros, encontramos a Hitler, que muestra una carcajada un tanto malévola.
El discurso de bienvenida ha correspondido a Katharina Wagner como Directora del Festival. La hija menor de Wolfgang ha sorprendido por su delgadez y cambio de aspecto frente a años anteriores. Ha comenzado su intervención con unas palabras dirigidas a su hermana Eva, codirectora del certamen entre 2009 y 2015 -fecha en que cumplió los setenta años-. No he podido saber si Eva, de 81 años, se encontraba en el público. Sí se encontraba Nike Wagner, hija de Wieland, a quien le ha correspondido cerrar las intervenciones.
Tras el discurso de Katharina se ha sucedido la interpretación del preludio de Maestros, en una lectura bombástica, opulenta en el fraseo y con un apabullante rubato. Desde los primeros compases se notaba que Thielemann era consciente de que no estaba ante una interpretación cotidiana, estaba ante un acontecimiento histórico, y dirige con absoluta unción, concentración y devoción. Todo un prodigio de la dirección el ir rallentando en la reexposición de forma casi imperceptible si no es cuando ya estamos casi al final de la misma y crear un clímax explosivo. Nota común a las lecturas de Thielemann en esta ocasión ha sido el riesgo: un riesgo elevado, con cambios de tempo, rubatos, búsqueda de sonoridades, etc... que exige una orquesta de extraordinaria precisión y un entendimiento con los músicos absoluto. Aspectos estos que se ponen de manifiesto sin reservas en lo escuchado.
A la pieza han seguido los discursos del Canciller alemán y del Presidente de Baviera, Fiedrich Merz y Markus Söder, respectivamente. El primero ha tenido ocasión de referirse a la polémica suscitada por la conferencia del periodista y publicista judío Michel Friedman, que inicialmente iba a tener lugar a finales de junio, fue suspendida por la polémica suscitada y, finalmente, se desarrollará en la mañana del día 26 en el Festspielhaus, en el contexto de un acto denominado Verstummte Stimmen (Voces silenciadas), con intervenciones musicales dirigidas por Semyon Bychkov. También Katharina ha utilizado su intervención para defender este acto.
Tras estos discursos, ha sonado la entrada de los invitados del segundo acto de Tannhäuser, en una lectura que se ha iniciado suave, camerística y elegantísima, con la fanfarria de las trompetas en piano. Tempo dilatado y fraseo ensoñador en la cuerda. Su desarrollo ha sido atentísimo, con un coro que siente el texto en cada frase y con un absoluto control de dinámicas en cada frase. Culminó con un final explosivo y rotundo.
Siguió el discurso de Nike Wagner
, que en el programa figuraba como el inaugural, propiamente. Por ello ha sido el más extenso y también el más profundo, donde tuvo ocasión de poner de manifiesto tanto la trayectoria del Festival a lo largo de su Historia como la figura singular de su bisabuelo, con mención expresa a su tatarabuelo Franz Liszt. Concluyó contando la anécdota de que el manuscrito de Tristán fue enviado por Wieland a Barcelona en 1945, en las postrimetrías de la Guerra, regresando a Bayreuth en 1973 a solicitud de Wolfgang, cuando se constituyó la Fundación Nacional Richard Wagner. Puede haber comentarios discutibles, como cuando al final ha sugerido que habría que lamentar que el certamen ya no esté bajo el control familiar sino de organismos de financiación estatal. Es evidente que el Festival, como cualquier otro evento cultural de estas características, no puede funcionar a coste de mercado, y la financiación pública se hace imprescindible. Tampoco parece que el poder público se haya inmiscuido nunca en los criterios artísticos de la Dirección, por lo que no se entiende el disgusto expresado. En todo caso, parece que las divisiones de ramas, que tantos ríos de tinta han hecho correr en el último medio siglo, aparecen ahora atenuadas en los bisnietos.
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| Katharina y Nike Wagner |
Tras un descanso de cincuenta minutos, donde Irene de Juan en Radio Clásica ilustró la relación de Wagner con la Novena de Beethoven. Especialmente destacado ha sido rescatar las notas a la Novena que Wagner redactó en su etapa de Dresde.
Y llegó la Novena. Vamos a anticiparnos y dar previamente el veredicto final: estamos ante una lectura histórica, absolutamente referencial, y que por el minucioso tratamiento de cada pasaje, el rubato, la atención a las filigranes sonoras de los distintos instrumentos y un coro explosivo, apabullante y triunfal, entronca directamente con Furtwängler y, en particular, con su última interpretación de la obra, aquella que dirigió el 22 de agosto de 1954 frente al lago de Lucerna, junto a la casa de Wagner, con la Philharmonia de Londres (Tahra). Desde entonces, Karajan, Böhm, Bernstein y Barenboim han desarrollado interpretaciones sobresalientes de la Novena en varias ocasiones, pero es de justicia reseñar que Thielemann las supera en esta ocasión. Una interpretación que supera, asimismo, la llevada a cabo en la Musikverein de Viena en 2010 con la Filarmónica (SONY) que, a su vez, era superada por la que dirigió en el Festspielhaus hace veinticinco años, y que no ha sido publicada. Es razonable pensar que DG publicará para el próximo verano lo escuchado aquí.
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| Thielemann en un momento del concierto |
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| Klaus Florian Vogt y Georg Zeppenfeld |
El segundo movimiento resultó más frenético que en 2001 y que en la grabación vienesa de 2010. Al llegar al clímax de la sección central enlentenció el tempo, como es seña de identidad, pero no de forma tan acusada como en la interpretación de 2010 -un detalle absolutamente excepcional de aquella grabación-. La audiencia apaludió tras este segundo movimiento.
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| Elza van den Heever y Christa Mayer |
El cuarto movimiento, tras un comienzo que no se caracterizó por el cataclismo ni la dureza, ofreció una línea cantábile de tempo vivo en el tema de la Oda a la Alegría desde la aparición del tema en cellos y contrabajos. El fagot se muestra muy nítido y presente y, con la aparición del bajo, el oboe sonó nítido y brillante. El control de las distintas secciones, su mayor presencia o su mayor discreción estuvo controlado al milímetro, ofreciendo un sonido de una homogeneidad apabullante, rotundo y elegante, del terciopelo más denso y suave que se puede imaginar.
El cuarteto vocal, de voces netamente líricas, un punto más de lo que se estila, funcionó bien, empastado y plegado a las exigencias del director. En su entrada, Zeppenfeld sonó perceptiblemente emocionado -al borde de un quiebro vocal-.
El Coro, dirigido por Thomas Eitler-de-Lint, dejó claro que es el mejor coro del mundo, ya desde su primera entrada, con un Freide! rotundo, cortante y mayestático. Eitler-de-Lint se estrenó el pasado año como director, y un año después parece evidenciar que su proyecto para con el Coro del Festival es seguir la estela del histórico Wilhelm Pitz: un sonido poderoso, granítico, rotundo, frente a su predecesor Eberhard Friedrich, que buscó un sonido más suave y limado, aterciopelado. En todo caso, dos formas magníficas de entender la dirección coral, como depositarios de una tradición centenaria. En esta Novena el Coro del Festival ha evidenciado que no tiene rival.
La interpretación finalizó con estruendosas ovaciones, comenzando acto seguido un importante pataleo, máximo signo de aprobación. No ha sido esta una interpretación de rutina o compromiso por parte de Thielemann. Lo evidenciado tanto en las dos primeras obras como en la Novena es un compromiso absoluto, con una dirección absolutamente arriesgada, de quien conoce las obras y conoce a los músicos y los músicos al director. Música con mayúsculas.
Grabación digital en HD, en formato .aac a 192 kbps, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales







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