Sobre Los Maestros Cantores de Nuremberg

La única comedia que compone el Canon de Bayreuth es un canto al Arte alemán de la mano del histórico personaje Hans Sachs, zapatero y poeta que vivió en el bello Nuremberg del siglo XVI. Allí se sucede una historia de amor entre dos jóvenes enamorados, Walther y Eva, en la víspera de la fiesta de San Juan. La partitura rezuma alegría, buen humor y aire festivo desde los primeros compases.

                Wagner se embarcó en la composición de una comedia que tuviera como trasfondo la historia de los Meistersinger, músicos y poetas aficionados que se organizaban en corporaciones en las florecientes ciudades alemanas de la Edad Moderna. Éstos, prósperos burgueses, se enorgullecían de que, a pesar de asentar su vida en los negocios, tenían cuidado y sensibilidad para conservar las antiguas reglas de la métrica y la melodía heredadas de la Edad Media. El protagonista de la obra es un personaje histórico, Hans Sachs, zapatero y poeta viudo asentado en Nuremberg, muy querido por el pueblo.

               La idea de componer una comedia que hablase de los Meistersinger le surgió a Wagner  en 1845 como contrapunto de Tannhäuser, ópera seria centrada en los Minnesänger medievales (trovadores). El compositor ya conocía la historia de Hans Sachs gracias a la obra de teatro del mismo nombre de Ludwig Franz Deinhardstein. No obstante, no fue hasta noviembre de 1861, en París, en que Wagner comenzara el libreto. Para documentarse sobre la idiosincrasia de los Meistersinger, Wagner leyó Sobre la vieja canción magistral alemana, de Jacob Grimm (1811), la edición de los poemas de Hans Sachs realizada por Johann Gustav Büsching (1816-19) y la Crónica de Nuremberg de Georg Christoph Wagenseil (1697), si bien todo el argumento es una historia original del compositor. Terminado el 25 de mayo de 1861, comenzó con los esbozos musicales y, en 1863, la orquestación del primer acto estuvo ultimada, si bien la búsqueda de un teatro para Tristán y las acuciantes deudas le condujeron a un parón que duró hasta 1866, sucediéndose entre medias el encuentro con Luis II, la asunción del mecenazgo por el monarca y el estreno de Tristán en junio de 1865.

               A finales de 1865, la situación de Wagner en Munich era insostenible. Vivía en una casa pagada por su mecenas con Cósima y su marido, Hans von Bülow, y sus tres hijas -la última de ellas realmente de Wagner-. La presión que sobre el monarca ejercieron ministros y altos funcionarios, que veían en Wagner a un aprovechado, motivó su salida, instalándose en abril de 1866 en Tribschen (Lucerna, Suiza), en una casa alquilada junto al lago de Lucerna que sufragó el monarca. Allí se trasladó poco después Cósima  y allí nacieron sus otros dos hijos: Eva (1867) y Siegfried (1869). En un ambiente tranquilo, con algunas visitas de Luis II, que abandonaba Munich de incógnito para recorrer los 369 km que separaban la capital de Baviera y Lucerna, el compositor terminó la partitura el 24 de octubre de 1867, a las ocho de la tarde, como indica en su autobiografía.

             El 21 de junio de 1868 se estrenó Los Maestros Cantores de Nuremberg en el Teatro de la Corte de Munich (hoy Ópera Estatal de Baviera), bajo la dirección de Hans von Bülow. Luis II invitó a Wagner al palco real, desde donde presenció la representación y saludó al final de cada acto con un éxito apoteósico.

          A pesar de que Wagner tenía en mente componer una comedia, y ciertamente Maestros tiene los elementos propios de ésta -situaciones cómicas, personajes simpáticos y final feliz-, su duración y medios sobrepasan con mucho los de una ópera seria. La obra tiene diecisiete personajes, doce de ellos miembros de la corporación de los Maestros Cantores -de los cuales tres tienen sustantividad en la obra (Sachs, Beckmesser y Pogner) y un cuarto tiene dos intervenciones solistas importantes (Kothner, el secretario de la corporación, que en el acto primero pasa lista en la reunión y lee las normas de la tabulatura), teniendo los restantes intervenciones de conjunto e intervenciones sueltas en los actos primero y tercero-. Además, la obra ronda las cuatro horas y media de duración: tras un primer acto de algo más de 80 minutos se sucede un seguro que ronda los 60 y un tercero que pasa de las dos horas -el acto más largo compuesto por Wagner-. La prestación orquestal, como en todas las óperas de Wagner, es capital, mientras que la escena de la pradera en el acto tercero en la que se festeja el día de San Juan exige una masa coral de enormes proporciones, lo que implica un escenario con espacio suficiente.


VERSIONES DISCOGRÁFICAS

            No ha resultado fácil recomendar cuatro versiones discográficas con las que iniciarse en la obra. Conjugar buen sonido y un elenco redondo habiendo diecisiete personajes no es tarea fácil. Además, Maestros no ha corrido similar suerte que otras obras del compositor en cuanto a reediciones en óptimas condiciones de registros de la época dorada: así, de los dos registros de Knappertsbush en Bayreuth, el de 1952 aún circula en edición no oficial (Archipel), mientras que el de 1960, aunque cuenta con edición oficial de Orfeo, su sonido no es totalmente redondo para la época y su dirección demasiado densa para iniciarse. Por otro lado, algunas primeras opciones de años atrás hoy se encuentran descatalogadas, como el registro de estudio de Rudolf Kempe con la Filarmónica de Berlín (EMI, 1956). Así las cosas, hemos escogido cuatro registros de buen sonido estéreo, buena batuta y un elenco lo más homogéneo posible. Ninguna de las opciones es indiscutiblemente la mejor, pues cada una de ellas destaca por algo en concreto y cuenta con algún inconveniente menor.


HERBERT VON KARAJAN / STAATSKAPELLE DRESDEN (en estudio), 1970
EMI (actualmente editado por Warner)

               Considerado por la crítica el mejor Wagner de Karajan en estudio, la orquesta brilla con luz propia y la batuta deja entrever segundas voces y detalles ocultos de la partitura con gran limpieza, aunque prestando más atención a los aspectos rítmicos y musicales que a los teatrales, lo que provoca que en varios momentos sea una lectura muy seria y encorsetada, faltando cierta chispa de alegría. Sólido reparto con caracteres muy definidos, en parte por el trabajo de Karajan con las voces: Theo Adam (experto Sachs), René Kollo y Helen Donath debutaban sus papeles como una juvenil pareja de enamorados (el empleo de voces un punto más líricas de lo habitual que tanto gustaba a Karajan aquí le funciona muy bien), Peter Schreier (David técnicamente impoluto aunque de timbre algo chillón), Ruth Hesse (Magdalena de bella voz), Geraint Evans (Bekmesser más histriónico de lo habitual) y Karl Ridderbusch (sólido Pogner). Sereno de lujo en la voz de Kurt Moll. Excepcional trabajo del Coro de la Radio de Leipzig dirigido por Horst Neumann.


RAFAEL KUBELIK / ORQUESTA SINFÓNICA DE LA RADIO DE BAVIERA 
(en estudio), 1967
Arts Archives

               La Radio de Baviera y DG se embarcaron en el proyecto de grabar Maestros en estudio por primera vez en estéreo, con la intención de lanzarlos al mercado en 1968, conmemorando el centenario del estreno. La grabación no se llegó a comercializar y durmió el sueño de los justos hasta 1997, en que el sello Calig se interesó por ella. En 2003, Arts Archives la editó remasterizada a 24 bit - 96 kHz, aunque la toma de origen era ya muy buena. De las cuatro grabaciones que proponemos es la que tiene mejor elenco: Thomas Stewart es un Sachs vigoroso pero dúctil, Sándor Kónya canta un bellísimo Walther, Gerhard Unger hace un David lírico y simpático, Franz Crass un noble Pogner, Thomas Hemsley un pedante Beckmesser alejado de histrionismos, una juvenil Gundula Janowitz hace una Eva sobria -quizás demasiado- y una sutil Brigitte Fassbaender es Magdalena. La dirección de Kubelik es muy personal, al concebir la obra como auténtica comedia, lo que le hace optar por una lectura ligera y transparente, alejándose en varios momentos de los tempi y sonoridades wagnerianas tradicionales. No siempre fácil de encontrar, su principal inconveniente es su elevado precio.


EUGEN JOCHUM / DEUSTCHE OPER DE BERLÍN (en estudio), 1975
DEUTSCHE GRAMMOPHON

               Dirección directa, con buen pulso, de sonoridad homogénea, dramáticamente planificada y atenta a los cantantes por parte de Eugen Jochum, que demuestra su dominio del repertorio romántico alemán. De los cuatro registros que proponemos, probablemente éste sea aquél en el que la batuta tiene una mayor complicidad con el drama. En los papeles principales hay algunos wagnerianos consumados, si bien no destacaron en los papeles que interpretan: Dietrich Fischer-Dieskau (Sachs excelentemente cantado, pero de voz demasiado liviana y juvenil para la parte e interpretación algo otoñal y demasiado intelectualizada), Catarina Ligendza (Eva) y Christa Ludwig (Magdalena). Walther es un juvenil Plácido Domingo en su primer papel wagneriano -que no llegó a cantar en directo-, que afronta con arrojo y frescura -con algún apuro en la zona alta- pero plano dramáticamente. Sobrio el Beckmesser de Roland Hermann y competente Horst R. Laubenthal como David. Peter Lagger es un Pogner irregular, mientras que Gerd Feldhoff exhibe una voz carnosa y dúctil como Kothner.


KARL BÖHM / FESTIVAL DE BAYREUTH 1968
ORFEO

               En 2016 Orfeo publicó este registro procedente de las cintas originales de la Radio de Baviera y correspondiente al estreno de la primera producción de Maestros de Wolfgang Wagner. Dirección competente y de tempi vivos de Karl Böhm. El elenco cuenta con cantantes de segunda generación de la era dorada del Nuevo Bayreuth junto con otros recién llegados cuya carrera proseguiría en los años setenta y ochenta: Theo Adam (Sachs), Waldemar Kmentt (Walther juvenil y apasionado, de emisión un poco dura), Hermin Esser (David, quien escalaría enteros en los años setenta hasta cantar Tannhäuser y Tristán), Gwyneth Jones (Eva, en sus primeros años en Bayreuth), Janis Martin (Magdalena, en el que fue el debut de tres décadas en el Festival), Karl Ridderbusch (noble Pogner), Thomas Hemsley (Beckmesser) y un joven Kurt Moll de treinta años como Sereno.


VERSIONES EN VÍDEO

               Proponemos cuatro versiones con montajes fieles a la obra y a su espíritu.


HORST STEIN / FESTIVAL DE BAYREUTH 1984
DEUTSCHE GRAMMOPHON

               Un clásico que no acusa el paso del tiempo. La segunda de las tres producciones que Wolfgang Wagner realizó de la obra fue la más lograda. Todo rezuma frescura y alegría en unos escenarios naturalistas pero no acartonados. Horst Stein, omnipresente en Bayreuth en los años setenta y ochenta, firma aquí probablemente su mejor trabajo, con una batuta atenta y dinámica. Sólido reparto encabezado por Bernd Weikl (Sachs de aspecto un poco más joven de lo habitual y en su mejor momento vocal, con voz vigorosa y dúctil), Siegfried Jerusalem (Walther, antes de abordar los papeles más duros del repertorio wagneriano, exhibiendo dotes líricas), Mari Anne Häggander (Eva), Graham Clark (David que combina bella voz con desparpajo), Marga Schiml (simpática Magdalena) y Hermann Prey (Beckmesser elegante y caballeresco, deliberadamente pedido por la producción). Wolfgang Wagner hace un cameo al final de la obra.



CHRISTIAN THIELEMANN / STAATSOPER DE VIENA, 2008
MEDICI ARTS

               Clásica producción de Otto Schenk con escenarios de Jürgen Rose, estrenada en 1975, un tanto austera de medios para los ojos de hoy. Primera grabación de Maestros de Christian Thielemann, luminosa, preciosista y con un toque de sentimentalismo. Buen reparto encabezado por Falk Struckmann, que compone un Sachs efectivo vocal y dramáticamente, con la autoridad moral que requiere el personaje. Johan Botha es un Walther de voz adecuada para la parte y elegante línea de canto -no muy efectivo de presencia escénica-. Adrian Eröd compone su personal Beckmesser, juvenil, pedante e inseguro, muy interesante. Completan el elenco Michael Schade (David de línea clásica), Ricarda Merbeth (Eva de voz plateada y personal timbre), Michaela Selinger (Magdalena de voz tersa y bella) y Ain Anger (Pogner juvenil).



JAMES LEVINE / METROPOLITAN DE NUEVA YORK, 2001
DEUTSCHE GRAMMOPHON

               Otto Schenk diseñó en 1993 esta producción para el Metropolitan, con grandes escenarios de Günther Schneider-Siemssen, más espectacular que la precedente para Viena. Permite escuchar a dos cantantes excelentes como son Ben Heppner -impecable Walther técnicamente, con una línea de canto depuradísima, aunque de timbre algo frío y presencia escénica no demasiado creíble- y René Pape como Pogner -joven para la parte-. Competentes Karita Mattila (Eva dulce), Mathew Polenzani (David), Jill Grove (Magdalena) y Thomas Allen (Beckmesser). Tiene el inconveniente del Sachs de James Morris, ya pasado su mejor momento vocal, con voz clareada y dificultades en la zona alta, aunque funciona bien dramáticamente. Competente dirección de James Levine, aunque algo falta de chispa y poesía.



WLADIMIR JUROWSKI / FESTIVAL DE GLYNDEBOURNE 2011
OPUS ARTE

               Tras el éxito de Tristán en 2007, el Festival de Glyndebourne llevó a escena un segundo título wagneriano, Maestros, en una sugerente producción de David McVicar, viva y teatral, ambientada a principios del siglo XIX y desarrollada toda ella bajo unas arcadas de piedra que se adaptan a los distintos escenarios -iglesia de Santa Catalina, casa de Sachs o exteriores en el segundo acto y la escena final en la pradera como una suerte de pasaje interior-. El elenco cumple a la perfección la apariencia y maneras que requiere cada personaje, si bien Sachs es más bien juvenil y Beckmesser es de mediana edad -buenas encarnaciones en las voces de Gerald Finley y Johannes Martin Kränzle, que junto a la Magdalena de Michaela Selinger son lo más alto del reparto-. Competentes Anna Gabler como Eva y Topi Lehtipuu como David. Lástima el Walther de Marco Jentzsch, apuesto y gallardo pero con medios insuficientes -por anchura de voz, técnica y fraseo- para acometer un papel wagneriano. Decepcionante Jurowski, con una dirección rígida, cuadriculada y carente de sentimiento. Con otro Walther y otra batuta este registro ganaría muchos enteros.

JULIO DE 2018.

ACTUALIZADO EN OCTUBRE DE 2020.

1 comentario:

  1. Es una auténtica suerte haber encontrado este magnífico blog.
    La música clásica en general y Wagner en particular es tan inabarcable y tiene tan diversas lecturas, que de entre mi nutrida discoteca wagneriana, coincidiría con pocos de los registros aquí propuestos a la hora de hacer mi sugerencia.
    Si me lo permite, no puedo evitar la tentación de proponer como grabación histórica el registro de Toscanini dirigiendo a la Filarmónica de Viena en el Festival de Salzburgo de 1937 con Hans Hermann (Hans Sachs), Henk Noort (Walther), Maria Reining (Eva), Hermann Wiedermann (Beckmesser), Herbert Alsen (Pogner), Richard Sallaba (David) y Kerstin Thorborg (Magdalene) en los papeles protagonistas.
    Toscanini veneraba la música de Wagner y el maestro acudió a la llamada de Siegfied Wagner para los festivales de Bayreuth de 1930 y 1931 con (literalmente) lágrimas en los ojos. Sin embargo, la muerte del hijo de Wagner y la llegada de los nazis al poder, hicieron que Toscanini (antifascista convencido que ya había abandonado la Italia de Mussolini), se negara a regresar a la verde colina y, en cierto modo como desafío, se encargara de esta producción salzburguesa.
    Esta toma radiofónica (de la era premagnetofónica y registrada en origen directamente sobre acetatos) vio la luz en sellos como Melodram o Eklipse con un sonido paupérrimo que apenas permitía vislumbrar sus cualidades. Ediciones posteriores, (como Grammophono 2000 o Membran en su colección Quadromania), mejoraron sustancialmente las cosas, si bien la restauración definitiva (con los medios actuales) fue la realizada por el justamente afamado Ward Marston para el desaparecido sello Andante (hoy día, desgraciadamente, inencontrable).
    El maestro parmesano hace una lícita interpretación que aproxima el drama musical wagneriano a la ópera italiana y la "luminosidad mediterránea", levantando puentes hacia el Falstaff de Verdi (otra deliciosa comedia madura y crepuscular que era también especialidad del director como atestiguan sus registros en vivo y estudio).
    A diferencia de la solemnidad que la escuela directorial alemana suele dar a la obra (y ruego que no se me malinterprete pues quien esto escribe es un entusiasta de "Kna" o Furtwängler), la lectura es desenfadada, alegre y con una vitalidad teatral contagiosa, sin menoscabar la trascendencia de la obra. En resumen, una gozada y un documento histórico inolvidable aunque, eso sí, sólo apto para aficionados a grabaciones históricas en vivo de sonido monofónico.
    Un saludo.

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