La tercera ópera completa de Wagner, que pone fin al periodo de juventud, es una grand opera al estilo francés sobre una tragedia histórica. Si en Wagner todo se agranda, en este formato no iba a ser menos: coros, marchas y grandes concertantes para recrear la Roma bajomedieval. No en vano, Hans von Bülow sentenció que Rienzi es la mejor ópera de Meyerbeer.
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| Final del tercer acto de Rienzi en el estreno en París en 1869 |
Tras el fracaso que supuso La prohibición de amar (1836) durante su etapa en Magdeburgo, entre aquélla y Rienzi Wagner vivió unos años de importante incertidumbre: ya había conocido a Minna, con quien marchó a Königsberg, donde fue contratado como director del teatro y donde se casarían; unos meses después Wagner se hizo con el puesto de director de la Ópera de Riga, en junio de 1837. Fue aquél verano, y pasando cuatro semanas en Blasewitz (Dresde), cuando se acercó a la obra de Edward Bulwer-Lytton Rienzi o el último tribuno, después de leer una crítica firmada por Heinrich Laube. La trama le dejó impresionado y redactó un esbozo de libreto en prosa. La idea de componer una obra al estilo de la grand opera francesa le rondaba ya en Königsberg, cuando llevó a cabo un esbozo en prosa de un libreto de La novia sublime, de König. Traducido al francés, fue enviado a Scribe a París junto con una copia de la partitura de La prohibición de amar. También escribió a Mayerbeer para pedirle su protección, pero no recibió contestación de uno ni de otro, por lo que el proyecto decayó. La idea de empezar con Rienzi vino motivada porque su hermana menor, Cäcelie, se había convertido en la novia -más adelante esposa- del editor Eduard Avenarius, perteneciente al negocio de los Brockhaus, que se había hecho cargo en París de la dirección de la sucursal de la empresa alemana allí establecida. En el verano de 1838 ya había culminado el libreto y, en abril de 1839, había compuesto los dos primeros actos. La huida de Riga por sus deudas le llevó a embarcarse por el mar Báltico en dirección a Londres y, de allí a París.
En París, Wagner continuó trabajando en Rienzi, que quedó ultimada en noviembre de 1840. En mayo de 1841 comenzó con el libreto de El Holandés errante en un acto, poniéndole música a lo largo del verano y ultimando la obertura en noviembre. Enseñó el libreto a Meyerbeer, quien quedó impresionado por el trabajo y prometió ayuda el joven compositor. Sin embargo, esa ayuda no se concretó en nada, por lo que la falta de oportunidad en la ciudad y la imposibilidad de estrenar ambas obras le llevó a escribir a von Lüchittau, intendente del Teatro de la Corte de Dresde, ofreciéndole Rienzi. Las conversaciones fructificaron y abandonó París en compañía de Minna el 7 de abril de 1842, rumbo a Dresde, y con Rienzi y el Holandés ultimados y sin estrenar.
Wagner se tomó algunas libertades frente a la novela de Bulwer-Lytton, con propósitos dramáticos. Así, suprimió el personaje de Nina Raselli, la esposa de Rienzi, mientras que Irene es un personaje más discreto en la novela que en la ópera, donde asume buena parte de las cualidades y circunstancias de Nina. Así, en la novela Rienzi y su esposa mueren en el incendio del Capitolio mientras Irene huye con Adriano en una barca por el Tíber iluminado por el incendio. En la ópera, Irene sigue adopta los ideales del protagonista y muere junto a él.
El estreno tuvo lugar el 20 de octubre de 1842, y supuso el primer encuentro del Maestro con Wilhelmine Schröder-Devrient, la soprano que triunfó como Leonora en Fidelio en presencia de Beethoven (1822) y que se hizo cargo del rol de Adriano. Después sería la primera Senta y la primera Venus. En cuanto a la partitura, es difícil conocer las intenciones últimas de Wagner, debido a los avatares sufridos a lo largo de la Historia. Se dice que el estreno duró casi seis horas y que fue un éxito. Sin embargo, él consideraba que tal éxito había sido ilusorio, y consciente de la duración de la obra, propuso ofrecerla en dos días, bajo los títulos de La grandeza de Rienzi y La caída de Rienzi. El público se sentía engañado por tener que pagar dos veces, por lo que se volvió a una única función con cortes, pese a los intentos de Tichatschek, el tenor protagonista, de evitarlos. Los primeros cortes se produjeron en el ballet y en la pantomima.
Fragmentos de la obra se ofrecieron poco después en conciertos en Leipzig, con motivo de un homenaje a la actriz Sophie Schröder, madre de Wilhelmina Schröder-Devriant, quien interpretó en el estreno a Adriano. Estos conciertos no tuvieron un especial éxito. En todo caso, el éxito de Dresde permitió a Wagner estrenar en el mismo teatro, el 2 de enero de 1843, El holandés errante. En vida del compositor fue una de sus obras más representadas. Su construcción musical y dramática de era muy superior a los títulos usuales de grand opera francesa. En 1873 Dresde había ofrecido cien representaciones y, en 1908, se pasaron las doscientas. París la vio representada en 1869. La obra fue programada en la geografía centroeuropea durante las primeras décadas del siglo XX, y el propio Hitler reconoció que quedó muy impresionado cuando, a sus dieciocho años, asistió en Linz a una representación, siendo un título recurrente en los años del nazismo. En todo caso, parece que los cortes en la partitura se daban por asumidos.
Los manuscritos de las obras de juventud fueron regalados por Wagner a Luis II de Baviera. Tras la muerte del monarca regresaron a la familia. En 1939, con motivo del cincuenta cumpleaños de Hitler, le fue regalado el manuscrito de Rienzi, el cual se llevó consigo al búnker de la Cancillería en el asedio de Berlín en mayo de 1945 y hoy se considera perdido.
Tras la guerra, la presencia de Rienzi en los teatros fue prácticamente inexistente. No así como proyecto radiofónico: en 1950, el Coro y la Orquesta de la Radio de Hesse (Frankfurt) bajo la dirección de Winfried Zillig registraron, con un reparto de la vieja escuela encabezado por Günther Treptow una versión recortada de poco más de 2 horas y 45 minutos. Los conjuntos de la RAVAG (antecedentes de la ORF) hicieron los propio en 1953, con Robert Heger a su frente y Treptow repitiendo de protagonista, aunque la selección no llegaba a 1 hora y 50 minutos.
En 1957, Wieland Wagner, consciente de lo reducido del Canon de Bayreuth y del hecho de que el Festival, desde la reapertura en 1951 ya contaba con dos títulos que discurrían por una segunda producción, se planteó la posibilidad de añadir Rienzi. Para ello, desarrolló una versión con la trama concentrada: movió números de lugar, suprimió elementos accesorios -ballet, marchas- y redujo concertantes e intervenciones corales. Su propósito, en palabras de su biógrafo Skelton, fue resaltar aquellas partes en las que se vislumbraban claramente las semillas de su desarrollo posterior. Curiosamente, restauró algún pasaje que el propio Wagner había suprimido tras el estreno. Asimismo, Adriano fue encomendado a un tenor en lugar de a una mezzo, en la creencia de que Wagner había encomendado la parte a una mujer para hacer uso de las habilidades dramáticas de la Schröder-Devrient. El ensamblado musical fue obra de Maximiliam Kojetinski, maestro repetidor del Bayreuth de aquellos años, que tendió a establecer puentes entre números, evitando lo más posible la estructura de números cerrados, y retocando la orquestación hacia un lenguaje más wagneriano y menos de la grand opera francesa. El resultado final es una obra de poco más de dos horas y cuarto -que podía emparejarse en duración con el Holandés- con un lenguaje musical y dramático a medio camino entre Tannhäuser y Lohengrin -el final del primer acto, con los acordes del órgano recuerdan al final del segundo acto de Lohengrin, y el concertante largo que tiene lugar hacia el final del segundo recuerda al del final del segundo acto de Tannhäuser-. En el Rienzi de Wieland, además, el protagonista no muere en el Capitolio incendiado, sino asesinado en la calle y su cadáver profanado por la multitud enfurecida. Esta versión fue estrenada en Stuttgart en el otoño de 1957, con un elenco base procedente de Bayreuth -con Windgassen de protagonista y Neidlinger de antagonista- y el director Lovro von Matacic. Por desgracia, esta versión no tuvo mayor recorrido y quedó como una curiosidad de la Ópera de Stuttgart.
Con motivo de las Semanas Festivas de Viena de 1960, la Sinfónica de Viena ofreció, en versión de concierto y con los coros Wiener Singverein, Wiener Sängerknaben y Männenchor der Musikalischen Jugend, un Rienzi con Josef Krips en el podio en la Musikverein (Golden Melodram, Andromeda). La partitura se encuentra fuertemente recortada pero conserva los cinco actos y el orden original.
La edición crítica de la partitura no llegó hasta 1976. Edward Downes, con los conjuntos de la BBC Northern procedió a registrarla completa, alcanzando las 4 horas y 40 minutos de duración (Ponto, Opera Depot). También la Staatskapelle Dresden, con Heinrich Hollreiser, procedió a registrar una versión que reproduce en gran medida la partitura publicada por Eulenberg en vida de Wagner, por lo que probablemente sea la que más se acerque a la intención final del compositor. La duración es de 3 horas y 36 minutos.
Con motivo del centenario del fallecimiento de Wagner (1983), Wolfgang Sawallisch, como director de la Ópera Estatal de Baviera, dirigió las trece óperas de Wagner. En lo que respecta a Rienzi, optó por una versión por él recortada y con alguna escena cambiada de lugar, con una duración de 3 horas y 15 minutos (Orfeo). El rol de Adriano es encomendado a un barítono.
Con motivo del bicentenario del nacimiento del Maestro (2013), la Ópera de Frankfurt con su director Sebastian Weigle ofrecieron las tres óperas de juventud (Oehms). La edición de Rienzi se debe a Sebastian Zierer y Björn Huestige, ofreciendo un primer acto completo, un ballet en el segundo recudido a la mínima expresión y un tercer acto reducido casi a la mitad. Los recortes en los actos cuarto y quinto no son significativos. Esta versión deja intacta gran parte de la música más militarista, lo que ha sido criticado por dar una impresión de partitura ruidosa.
VERSIONES DISCOGRÁFICAS
Rienzi no ha sido una obra muy grabada, y curiosamente hay más opciones entre las grabaciones de los años cincuenta y sesenta -muy cortadas- que actualmente. Las dos recomendaciones que proponemos conjugan buen sonido con una versión amplia de la partitura, teniendo más música la primera que la segunda.
La dirección de Hollreiser fue criticada por Ángel Fernando Mayo por convencional, pero lo cierto es que los conjuntos de la Ópera de Dresde y el Coro de la Radio de Leizpig resultan impresionantes y, aunque la dirección pueda resultar un tanto efectista en los concertantes y marchas, resulta muy convincente, en el que es el registro más conocido del kapellmeister Hollreiser. Además, sigue prácticamente la partitura tal y como fue publicada en vida de Wagner. Encabeza el reparto René Kollo en sus años de mayor esplendor vocal, realizando una de sus mejores grabaciones. Es el registro más recordado de la hoy prácticamente desconocida soprano sueca Siv Wennberg, que encarna a Irene. Janis Martin se movió siempre entre la tesitura de soprano y mezzo, pero compone un convincente Adriano, aunque no existe mucha diferencia tímbrica con Wennberg. Entre los secundarios hay nombres importantes: Theo Adam, Siegfried Vogel o Peter Schreier. La toma sonora es amplia y capta con amplitud toda la grandeza de la obra.
Wolfgang Sawallisch ofreció unas convincentes lecturas de las óperas de juventud de Wagner con motivo del centenario de su fallecimiento, ofreciendo aquí una dirección menos apabullante que Hollreiser pero más flexible. Sawallisch recorta casi todo el ballet y realiza alguna reordenación de escenas. Repite René Kollo que, en directo y en 1983, ya no tiene un instrumento tan terso. El gran aliciente es la Irene de Cheryl Studer. John Janssen (barítono) es un liviano Adriano sin demasiada entidad. Los secundarios son profesionales (un joven Jan-Hendrik Rootering, Bodo Brinkmann, Karl Helm y Norberth Orth), pero sin llegar al nivel del registro anterior. Tampoco la aparición del veterano Kieth Engen como Cecco del Vecchio resulta especialmente destacable. Puede resultar recomendable la adquisición de la caja de Orfeo que contiene los tres registros de Sawallisch de las ópera de juventud, pues Las Hadas resulta superior a este Rienzi y constituye una versión de referencia. Una pena que este registro no nos haya llegado en vídeo, pues las imágenes existentes evidencian un montaje clásico que despierta interés.
VERSIONES EN VÍDEO
Las versiones en vídeo son aún más reducidas, y si en CD se impone Kollo, en vídeo otro tenor alemán, Torsten Kerl, quien además presenta ciertas asociaciones vocales con Kollo, es el que se hace recurrente en el rol, pues ha sido el único tenor que, en el siglo XXI, ha prestado atención al personaje del notario papal. Por desgracia, en los montajes modernos se ha hecho recurrente acudir a los totalitarismos del siglo XX para escenificar la obra.
SEBASTIAN LANG-LESSING, DEUTSCHE OPER DE BERLÍN, 2010Producción de Jorge Lavelli que sigue una ambientación similar al registro anteriormente comentado, si bien con un montaje más modesto. Repite Torsten Kerl, sin diferencias relevantes. Junto al protagonista merece destacarse el Adriano de Daniela Sindram. El resto del reparto es competente. Pinchas Steinberg ofrece una dirección profesional, manejando con oficio la Orquesta y Coro del Teatro del Capitolio de Toulousse junto con el Coro de la Academia de La Scala de Milán.




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