RIENZI / BAYREUTH 2026

RIENZI / Festival de Bayreuth, 26 de julio de 2026, 16 horas.
Otras representaciones: 3, 8, 14, 17, 19, 22, 24 y 26 de agosto.
Nueva producción de Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka / Escenario y vestuario: Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka / Iluminación: Bernd Gallasch / Vídeo: Leonard Koch / Dramaturgia: Murkus Kiesel
Dirección musical de Simone Young (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Andreas Schager (Rienzi), Gabriela Scherer (Irene), Andreas Bauer Kanabas (Steffano Colonna), Jennifer Holloway (Adriano), Michael Nagy (Paolo Orsini), Vitalij Kowaljow (Cardenal Raimondo), Matthias Stier (Baroncelli), Michael Kupfer-Radecky (Cecco del Vecchio), Victoria Randem (mensajero de la paz).
Minutación: Acto I: 55:56 / Acto II: 58:07 / Acto III: 49:14 / Acto IV: 28:45 / Acto V: 25:10 / Total: 217:12 (3 h 37 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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¿Hay que tener fe en los políticos de hoy en día?

        Estreno de la nueva producción de Rienzi en el Festival, debida al equipo húngaro conformado por Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka. Desde las tres de la tarde, Constanze Fennel se encontraba a los mandos en la Radio de Baviera anticipando algunos elementos del montaje. Escuchar las fanfarrias que se estrenan este año para la ocasión constituye un aliciente adicional. En Radio Clásica, la encargada de la retransmisión era Clara Corrales, quien comenzó anticipando también algunos elementos del montaje: un espacio conformado por tres altos edificios en la actualidad, predominio del gris, y Rienzi convertido en un moderno líder político. Las directoras de escena ya comentaron que su propuesta iba a utilizar la idea del frágil paso que hay de la utopía a la distopía, pero como es habitual en Discografía Wagneriana, dejaremos los detalles escénicos para un artículo específico. En Radio Clásica, el 
primero de los intermedios se ha dedicado al análisis de la obra, tanto desde el original literario de Bulwer-Lytton como desde el musical wagneriano, contando para este cometido con el profesor Rafael Fernández Larrinoa, que ha ofrecido unos acertadísimos comentarios, incluyendo concomitancias con obras de otros autores. Asimismo, la Radio de Baviera retransmitía en vídeo la velada a partir de las 18 horas, como igualmente en cines.

        La Dirección del Festival ha optado por redistribuir los cinco actos de la obra en los dos primeros, primer intermedio, tercer acto, segundo intermedio, y actos cuarto y quinto. Existe una breve pausa entre los actos primero y segundo, como asimismo entre el cuarto y quinto. Entre el primer y segundo acto ha habido un breve aplauso, lo que no ha ocurrido entre el cuarto y el quinto. La partitura no ha sido sometida a redistribuciones a salvo el preludio del quinto acto y la subsiguiente plegaria del protagonista, que se han colocado para abrir el cuarto acto, como ya hiciera Wieland Wagner en su producción de Stuttgart. La razón se explica en propósitos dramáticos: el cuarto acto tiene una breve introducción lúgubre, y con la recolocación la excomunión enlaza sin solución de continuidad con el dúo de Rienzi e Irene.

La Roma bajo medieval convertida en escenario político
        La edición adoptada para esta ocasión está prácticamente completa: se recupera la normalmente suprimida exposición del tema de la plegaria en cellos y contrabajos antes de que la tome la cuerda -puede escucharse así interpretada en el registro completo de Edward Downes con los conjuntos de la BBC de 1976-. También está la introducción orquestal -del Adriano, du! del protagonista -
bellísimo el tema en la trompa-La tocata de órgano que precede al coro Gegrüßt, gegrüßt sei en el primer acto se escucha completa y con un instrumento que tiene la necesaria resonancia para una sala grande como es la del Festspielhaus, como el ballet y pantomima del segundo acto, las marchas del tercero o la procesión de entrada a San Juan de Letrán en el cuarto. El concertante final del primero, sin embargo, se recorta en la forma acostumbrado, suprimiendo reiteraciones. La escena del mensajero de la paz se presenta completa, sin cortar frases del protagonista. Escuchamos también el preludio del acto tercero, que habitualmente se suprime. Se omite la excomunión que el Cardenal Raimondo anuncia a Rienzi en el acto cuarto, probablemente con propósitos dramáticos, habida cuenta de que el montaje sitúa la obra en la actualidad y enfoca la trama en una contienda entre líderes políticos. En todo caso, con sus 3 horas y 37 minutos, se ofrece un Rienzi que bien puede considerarse canónico, con la trampa de alterar de lugar la plegaria.

        Quienes seguís el blog sabéis mis reservas a la dirección de Nathalie Stutzmann en Tannhäuser en 2023 y 2024. La directora francesa, antes mezzo, llega a Bayreuth a punto de ocupar la titularidad de la Filarmónica de Montecarlo, cometido que iniciará el próximo mes de septiembre, puesto que alternará con el de titular de la Sinfónica de Atlanta, respecto de la cual tiene contrato, al menos, hasta 2029. Cuando fue anunciada, expresé mi deseo de que hubiera preferido a cualquiera de los otros directores del Festival: Thielemann, Simone Young, Bychkov o Gatti. Pues bien, debo tragarme mis palabras y decir, sin ambajes, que Stutzmann ha ofrecido un Rienzi absolutamente referencial -teniendo en cuenta que es una obra escasamente representada y donde normalmente la batuta lleva a cabo un trabajo de honrado kapellmeister-. De principio, la francesa no se ha dejado seducir por estéticas historicistas, y la sonoridad de la orquesta del Festival luce plena, brillante en los metales y con una cuerda vigorosa que echa músculo cuando es necesario, con un fraseo de gesto amplio y noble. El inicio de la obertura, con ese pasaje en cellos y contrabajo, poderosos y solemnes, era una declaración de principios. Una obertura redondeada, opulenta, con tempi dilatados -le ha durado 13:43-, que tiene su reminiscencia en la que dirigiera en el otoño de 1957 el croata Lovro von Matačić en la Ópera de Stuttgart, producción de Wieland Wagner y arreglo musical de Maximilian Kojetinski (Andromeda, Opera Depot). El primer acto ha sido modélico, ya desde una animada entrada de los villanos en escena, dispuestos a raptar a Irene. El discurso musical fluye cantábile y sin apartarse del drama en momento alguno, con un dúo de Irene y Adriano intenso. El extenso concertante del final del primer acto, desde el toque de la trompeta, suena opulento y arrollador.

        En el segundo acto, tras un preludio que destaca por la belleza de sus líneas, acompaña con sutileza al mensajero de la paz, y procura no resultar excesivamente machacona o estentórea con un ballet que se ofrece completa y que más bien es una suerte de desfile. El tercero se inicia con tensión y unas campanas poderosas, y la Stutzmann ha optad por una lectura clásica y directa de la sucesión de marchas y el largo concertante final. En el acto cuarto, en cambio, toda la escena frente a San Juan de Letrán resulta un tanto lineal y un punto automática, sin entrar del todo en el drama. Ha acompañado bien a la pareja protagonista en su dúo del quinto acto, en una línea fresca que evidencia lo que hay aquí de la ópera romántica alemana. Con la aparición primero de Adriano y después del pueblo, la atmósfera orquestal se torna más cruel y despiadada, recordando al número final del Holandés con la entrada de Adriano y, con la del pueblo, a los marineros del Holandés cuando hacen aparición en la fiesta del puerto. Rotundo y poderoso final, épico, con la aparición del tema del protagonista en los metales, con una cuerda briosa y sobrevolando a un pueblo enfurecido que clama venganza contra su líder. En conjunto, una dirección notabilísima.

        El reparto de esta obra es relativamente extenso, y si bien unos cuantos personajes carecen de momentos en solitario -los jefes de las familia Orsini y Colonna o los ciudadanos Baroncelli y Cecco del Vecchio- sí que les demanda Wagner una presencia dramática. Son personajes unidimensionales, pero tiene que notarse su presencia. Bayreuth ha reunido a un notable elenco de secundarios, que cumplen al nivel esperado. Más discutible es el trío protagonista, como pasaremos a exponer.

Scherer (Irene) y Schager (Rienzi), en el quinto acto
        Andreas Schager es un veterano en el repertorio wagneriano. Preparó el rol protagonista para el Teatro Estatal de Meiningen hace catorce años, y con él se ha presentado, hace ya más de una década, en Madrid y en Berlín. Es indudable que tiene un buen conocimiento del personaje, convenciendo en la faceta orgullosa y de orador persuasivo con el pueblo gracias a su arrojo y un forte muy potente. Empezó temblón, con un instrumento que necesitaba templarse. En los momentos más líricos ha habido problemas de colocación y ciertos sonidos fijos, y en la plegaria del quinto acto no ha estado cómodo, solventándola cómo buenamente ha podido, con una mezza voce de escasa proyección. Los años no pasan en balde -tiene 54-, sobre todo en un tenor que afronta un repertorio tan exigente como él, con una emisión que se ha vuelto más estrangulada, existen oscilaciones y se aprecia mayor dificultad para componer frases largas en legato.

        No se explica la contratación de Gabriela Scherer como Irene, una cantante que, de entrada, no tiene el perfil vocal que exige el rol. Scherer es una mezzo que, desde hace relativamente poco, aborda papeles de soprano. Es una voz de agudo limitado, de timbre no especialmente destacable y con un fraseo rudimentario, con cierto vibrato no agradable. La esposa de Michael Volle ha preparado el rol ex profeso para estas funciones y, honestamente, creo que el Festival podía haber buscado bien a una soprano que tuviera en agenda el rol, bien a una soprano de instrumento más adecuado. Tampoco termino de entender la reacción positiva del público.

        Me ha decepcionado el Adriano de Jennifer Holloway. La norteamericana es también una mezzo que en los últimos años se ha lanzado a la cuerda de soprano. El año pasado debutó en Bayreuth como Sieglinde sustituyendo a Lise Davidsen, por su embarazo. No destacó, pero cumplió. En aquél momento se anunció que se iba a hacer cargo de Adriano, de ahí que se entendiera el por qué se le había dado la sustitución de la Davidsen. Creo que hizo mejor papel como Sieglinde que con este Adriano. El timbre se confunde con el de Scherer y tampoco es la voz que demanda el rol, que es el de una soprano falcon. Wagner encomendó el rol a una mujer para beneficiarse de las capacidades dramáticas de Wihelmine Schöder-Devriant, quien también sería la primera Senta y la primera Venus. El timbre y material de la Holloway, bastante impersanales, recuerdan más a un muchacho, un Oktavian de El caballero de la rosa, por lo que en el importantísimo monólogo del tercer acto falta temperamento. Encima hay una propensión a vibrato en el registro agudo. Probablemente donde más aseado ha quedado el resultado, tanto ella como la Scherer, ha sido en el dúo del tercer acto. Pese a ello, ha cosechado un aplauso importante.

Andreas Bauer Kanabas como Colonna
        El elenco de secundarios sí ha estado a la altura. Andreas Bauer Kanabas apareció el año pasado sustituyendo a Mika Kares por indisposición como el Rey Enrique en Lohengrin y este año es un convincente Colonna, de voz grande, con altivez y desprecio hacia Rienzi. Michael Nagy es, asimismo, un inteligente Orsini. Vitalij Kowaljow, Hunding oscuro el pasado año y éste el Cardenal Raimondo y Titurel en Parsifal, compone un personaje poderoso, mientras que Matthias Stier es un Baroncelli de línea clásica. Un punto por debajo Michael Kupfer-Radecky como Cecco del Vecchio, empeñándose por momentos en esa línea de canto incisiva que parece gustarle, que conduce a un timbre feo.

        Muy bien el mensajero de la paz de Victoria Randem, sencilla y de voz limpia, que sortea con pulcritud las apoyaturas que Wagner escribió para el personaje en algunos de los finales de frase.

        Lo más destacable de la velada ha sido una Orquesta y un Coro absolutamente plegados a la obra, interpretada sin fisuras, con una opulencia y una seguridad apabullantes para ser la primera vez que se lleva al Festival, en una sala de acústica caprichosa donde no puede saberse a ciencia cierta cómo se iba a comportar en términos de sonido. Thomas Eitler-de-Lint ha presentado un coro que va desde la suavidad y calidez de las voces femeninas que coronan el coro del primer acto -Erwacht- a las explosiones del pueblo triunfante o enfurecido -nótese la atmósfera asfixiante del acto quinto, en una interpretación que recuerda a los marineros del Holandés cuando irrumpen en la fiesta del tercer acto-. Excepcionales, absolutamente. Atronadora ovación se ha escuchado cuando el Coro ha aparecido en el escenario, avivado con la aparición de Eitler-de-Lint. Otro pico de aplausos del mismo calibre se ha producido con la aparición de Stutzmann.

        El resultado logrado en cuanto a cuerpos estables y secundarios ha sido de altos vuelos, y me gustaría que el Festival se replantease mantener la producción en cartel el tiempo acostumbrado -una esperanza a esta posibilidad me la da el hecho de haber anunciado sólo cuatro títulos para 2027, como si se estuviera valorando mantener Rienzi a expensas de los resultados de este año-. Creo que este Rienzi merecería una oportunidad con otras dos damas en los papeles principales.


Grabación digital en HD, en formato .aac a 192 kbps, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales

27 DE JULIO DE 2026.

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