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RIENZI / BAYREUTH 2026

RIENZI / Festival de Bayreuth, 26 de julio de 2026, 16 horas.
Otras representaciones: 3, 8, 14, 17, 19, 22, 24 y 26 de agosto.
Nueva producción de Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka / Escenario y vestuario: Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka / Iluminación: Bernd Gallasch / Vídeo: Leonard Koch / Dramaturgia: Murkus Kiesel
Dirección musical de Simone Young (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Andreas Schager (Rienzi), Gabriela Scherer (Irene), Andreas Bauer Kanabas (Steffano Colonna), Jennifer Holloway (Adriano), Michael Nagy (Paolo Orsini), Vitalij Kowaljow (Cardenal Raimondo), Matthias Stier (Baroncelli), Michael Kupfer-Radecky (Cecco del Vecchio), Victoria Randem (mensajero de la paz).
Minutación: Acto I: 55:56 / Acto II: 58:07 / Acto III: 49:14 / Acto IV: 28:45 / Acto V: 25:10 / Total: 217:12 (3 h 37 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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¿Hay que tener fe en los políticos de hoy en día?

        Estreno de la nueva producción de Rienzi en el Festival, debida al equipo húngaro conformado por Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka. Desde las tres de la tarde, Constanze Fennel se encontraba a los mandos en la Radio de Baviera anticipando algunos elementos del montaje. Escuchar las fanfarrias que se estrenan este año para la ocasión constituye un aliciente adicional. En Radio Clásica, la encargada de la retransmisión era Clara Corrales, quien comenzó anticipando también algunos elementos del montaje: un espacio conformado por tres altos edificios en la actualidad, predominio del gris, y Rienzi convertido en un moderno líder político. Las directoras de escena ya comentaron que su propuesta iba a utilizar la idea del frágil paso que hay de la utopía a la distopía, pero como es habitual en Discografía Wagneriana, dejaremos los detalles escénicos para un artículo específico. En Radio Clásica, el 
primero de los intermedios se ha dedicado al análisis de la obra, tanto desde el original literario de Bulwer-Lytton como desde el musical wagneriano, contando para este cometido con el profesor Rafael Fernández Larrinoa, que ha ofrecido unos acertadísimos comentarios, incluyendo concomitancias con obras de otros autores. Asimismo, la Radio de Baviera retransmitía en vídeo la velada a partir de las 18 horas, como igualmente en cines.

        La Dirección del Festival ha optado por redistribuir los cinco actos de la obra en los dos primeros, primer intermedio, tercer acto, segundo intermedio, y actos cuarto y quinto. Existe una breve pausa entre los actos primero y segundo, como asimismo entre el cuarto y quinto. Entre el primer y segundo acto ha habido un breve aplauso, lo que no ha ocurrido entre el cuarto y el quinto. La partitura no ha sido sometida a redistribuciones a salvo el preludio del quinto acto y la subsiguiente plegaria del protagonista, que se han colocado para abrir el cuarto acto, como ya hiciera Wieland Wagner en su producción de Stuttgart. La razón se explica en propósitos dramáticos: el cuarto acto tiene una breve introducción lúgubre, y con la recolocación la excomunión enlaza sin solución de continuidad con el dúo de Rienzi e Irene.

La Roma bajo medieval convertida en escenario político
        La edición adoptada para esta ocasión está prácticamente completa: se recupera la normalmente suprimida exposición del tema de la plegaria en cellos y contrabajos antes de que la tome la cuerda -puede escucharse así interpretada en el registro completo de Edward Downes con los conjuntos de la BBC de 1976-. También está la introducción orquestal -del Adriano, du! del protagonista -
bellísimo el tema en la trompa-La tocata de órgano que precede al coro Gegrüßt, gegrüßt sei en el primer acto se escucha completa y con un instrumento que tiene la necesaria resonancia para una sala grande como es la del Festspielhaus, como el ballet y pantomima del segundo acto, las marchas del tercero o la procesión de entrada a San Juan de Letrán en el cuarto. El concertante final del primero, sin embargo, se recorta en la forma acostumbrado, suprimiendo reiteraciones. La escena del mensajero de la paz se presenta completa, sin cortar frases del protagonista. Escuchamos también el preludio del acto tercero, que habitualmente se suprime. Con sus 3 horas y 37 minutos, se ofrece un Rienzi que bien puede considerarse canónico, con la trampa de alterar de lugar la plegaria.

        Quienes seguís el blog sabéis mis reservas a la dirección de Nathalie Stutzmann en Tannhäuser en 2023 y 2024. La directora francesa, antes mezzo, llega a Bayreuth a punto de ocupar la titularidad de la Filarmónica de Montecarlo, cometido que iniciará el próximo mes de septiembre, puesto que alternará con el de titular de la Sinfónica de Atlanta, respecto de la cual tiene contrato, al menos, hasta 2029. Cuando fue anunciada, expresé mi deseo de que hubiera preferido a cualquiera de los otros directores del Festival: Thielemann, Simone Young, Bychkov o Gatti. Pues bien, debo tragarme mis palabras y decir, sin ambajes, que Stutzmann ha ofrecido un Rienzi absolutamente referencial -teniendo en cuenta que es una obra escasamente representada y donde normalmente la batuta lleva a cabo un trabajo de honrado kapellmeister-. De principio, la francesa no se ha dejado seducir por estéticas historicistas, y la sonoridad de la orquesta del Festival luce plena, brillante en los metales y con una cuerda vigorosa que echa músculo cuando es necesario, con un fraseo de gesto amplio y noble. El inicio de la obertura, con ese pasaje en cellos y contrabajo, poderosos y solemnes, era una declaración de principios. Una obertura redondeada, opulenta, con tempi dilatados -le ha durado 13:43-, que tiene su reminiscencia en la que dirigiera en el otoño de 1957 el croata Lovro von Matačić en la Ópera de Stuttgart, producción de Wieland Wagner y arreglo musical de Maximilian Kojetinski (Andromeda, Opera Depot). El primer acto ha sido modélico, ya desde una animada entrada de los villanos en escena, dispuestos a raptar a Irene. El discurso musical fluye cantábile y sin apartarse del drama en momento alguno, con un dúo de Irene y Adriano intenso. El extenso concertante del final del primer acto, desde el toque de la trompeta, suena opulento y arrollador.

        En el segundo acto, tras un preludio que destaca por la belleza de sus líneas, acompaña con sutileza al mensajero de la paz, y procura no resultar excesivamente machacona o estentórea con un ballet que se ofrece completa y que más bien es una suerte de desfile. El tercero se inicia con tensión y unas campanas poderosas, y la Stutzmann ha optad por una lectura clásica y directa de la sucesión de marchas y el largo concertante final. En el acto cuarto, en cambio, toda la escena frente a San Juan de Letrán resulta un tanto lineal y un punto automática, sin entrar del todo en el drama. Ha acompañado bien a la pareja protagonista en su dúo del quinto acto, en una línea fresca que evidencia lo que hay aquí de la ópera romántica alemana. Con la aparición primero de Adriano y después del pueblo, la atmósfera orquestal se torna más cruel y despiadada, recordando al número final del Holandés con la entrada de Adriano y, con la del pueblo, a los marineros del Holandés cuando hacen aparición en la fiesta del puerto. Rotundo y poderoso final, épico, con la aparición del tema del protagonista en los metales, con una cuerda briosa y sobrevolando a un pueblo enfurecido que clama venganza contra su líder. En conjunto, una dirección notabilísima.

        El reparto de esta obra es relativamente extenso, y si bien unos cuantos personajes carecen de momentos en solitario -los jefes de las familia Orsini y Colonna o los ciudadanos Baroncelli y Cecco del Vecchio- sí que les demanda Wagner una presencia dramática. Son personajes unidimensionales, pero tiene que notarse su presencia. Bayreuth ha reunido a un notable elenco de secundarios, que cumplen al nivel esperado. Más discutible es el trío protagonista, como pasaremos a exponer.

Scherer (Irene) y Schager (Rienzi), en el quinto acto
        Andreas Schager es un veterano en el repertorio wagneriano. Preparó el rol protagonista para el Teatro Estatal de Meiningen hace catorce años, y con él se ha presentado, hace ya más de una década, en Madrid y en Berlín. Es indudable que tiene un buen conocimiento del personaje, convenciendo en la faceta orgullosa y de orador persuasivo con el pueblo gracias a su arrojo y un forte muy potente. Empezó temblón, con un instrumento que necesitaba templarse. En los momentos más líricos ha habido problemas de colocación y ciertos sonidos fijos, y en la plegaria del quinto acto no ha estado cómodo, solventándola cómo buenamente ha podido, con una mezza voce de escasa proyección. Los años no pasan en balde -tiene 54-, sobre todo en un tenor que afronta un repertorio tan exigente como él, con una emisión que se ha vuelto más estrangulada, existen oscilaciones y se aprecia mayor dificultad para componer frases largas en legato.

        No se explica la contratación de Gabriela Scherer como Irene, una cantante que, de entrada, no tiene el perfil vocal que exige el rol. Scherer es una mezzo que, desde hace relativamente poco, aborda papeles de soprano. Es una voz de agudo limitado, de timbre no especialmente destacable y con un fraseo rudimentario, con cierto vibrato no agradable. La esposa de Michael Volle ha preparado el rol ex profeso para estas funciones y, honestamente, creo que el Festival podía haber buscado bien a una soprano que tuviera en agenda el rol, bien a una soprano de instrumento más adecuado. Tampoco termino de entender la reacción positiva del público.

        Me ha decepcionado el Adriano de Jennifer Holloway. La norteamericana es también una mezzo que en los últimos años se ha lanzado a la cuerda de soprano. El año pasado debutó en Bayreuth como Sieglinde sustituyendo a Lise Davidsen, por su embarazo. No destacó, pero cumplió. En aquél momento se anunció que se iba a hacer cargo de Adriano, de ahí que se entendiera el por qué se le había dado la sustitución de la Davidsen. Creo que hizo mejor papel como Sieglinde que con este Adriano. El timbre se confunde con el de Scherer y tampoco es la voz que demanda el rol, que es el de una soprano falcon. Wagner encomendó el rol a una mujer para beneficiarse de las capacidades dramáticas de Wihelmine Schöder-Devriant, quien también sería la primera Senta y la primera Venus. El timbre y material de la Holloway, bastante impersanales, recuerdan más a un muchacho, un Oktavian de El caballero de la rosa, por lo que en el importantísimo monólogo del tercer acto falta temperamento. Encima hay una propensión a vibrato en el registro agudo. Probablemente donde más aseado ha quedado el resultado, tanto ella como la Scherer, ha sido en el dúo del tercer acto. Pese a ello, ha cosechado un aplauso importante.

Andreas Bauer Kanabas como Colonna
        El elenco de secundarios sí ha estado a la altura. Andreas Bauer Kanabas apareció el año pasado sustituyendo a Mika Kares por indisposición como el Rey Enrique en Lohengrin y este año es un convincente Colonna, de voz grande, con altivez y desprecio hacia Rienzi. Michael Nagy es, asimismo, un inteligente Orsini. Vitalij Kowaljow, Hunding oscuro el pasado año y éste el Cardenal Raimondo y Titurel en Parsifal, compone un personaje poderoso, mientras que Matthias Stier es un Baroncelli de línea clásica. Un punto por debajo Michael Kupfer-Radecky como Cecco del Vecchio, empeñándose por momentos en esa línea de canto incisiva que parece gustarle, que conduce a un timbre feo.

        Muy bien el mensajero de la paz de Victoria Randem, sencilla y de voz limpia, que sortea con pulcritud las apoyaturas que Wagner escribió para el personaje en algunos de los finales de frase.

        Lo más destacable de la velada ha sido una Orquesta y un Coro absolutamente plegados a la obra, interpretada sin fisuras, con una opulencia y una seguridad apabullantes para ser la primera vez que se lleva al Festival, en una sala de acústica caprichosa donde no puede saberse a ciencia cierta cómo se iba a comportar en términos de sonido. Thomas Eitler-de-Lint ha presentado un coro que va desde la suavidad y calidez de las voces femeninas que coronan el coro del primer acto -Erwacht- a las explosiones del pueblo triunfante o enfurecido -nótese la atmósfera asfixiante del acto quinto, en una interpretación que recuerda a los marineros del Holandés cuando irrumpen en la fiesta del tercer acto-. Excepcionales, absolutamente. Atronadora ovación se ha escuchado cuando el Coro ha aparecido en el escenario, avivado con la aparición de Eitler-de-Lint. Otro pico de aplausos del mismo calibre se ha producido con la aparición de Stutzmann.

        El resultado logrado en cuanto a cuerpos estables y secundarios ha sido de altos vuelos, y me gustaría que el Festival se replantease mantener la producción en cartel el tiempo acostumbrado -una esperanza a esta posibilidad me la da el hecho de haber anunciado sólo cuatro títulos para 2027, como si se estuviera valorando mantener Rienzi a expensas de los resultados de este año-. Creo que este Rienzi merecería una oportunidad con otras dos damas en los papeles principales.


Grabación digital en HD, en formato .aac a 192 kbps, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales

27 DE JULIO DE 2026.

Detalles sobre la nueva producción de Rienzi

25/07/2026

La Radio de Baviera ha entrevistado a Andreas Schager y Gabriela Scherer, quienes encarnarán a Rienzi e Irene en la nueva producción de Rienzi, y también a la directora francesa Nathalie Stutzmann, que lleva las riendas desde el podio.

Nathalie Stutzmann posa en uno de los
ensayos con un Wagner de Playmobil,
conmemorativo de los 150 años del Festival, 

        El hecho de que Rienzi haya estado a cargo del heldentenor de la casa ha sido fruto de un cúmulo de circunstancias: en la entrevista concedida a la Radio de Baviera, Andreas Schager relató que hace catorce años preparó el rol para el Teatro Estatal de Meiningen. Después lo cantó en la Deutsche Oper de Berlín con poca antelación, y también en versión concierto en el Teatro Real de Madrid. Su visión del personaje no es la de un dictador, sino la de un hombre carismático y leal que pretende buscar soluciones a una Roma que ama. Considera que es el único gran héroe wagneriano que no está motivado por el amor a una mujer, sino que se trata más bien de política, de amor a Roma y, quizás, también a su pueblo. El tenor austriaco declara sentirse fascinado por la figura de Rienzi, porque él estudio Historia y estamos ante un personaje histórico. Además, ha despejado las dudas acerca de si la obra funciona en la compleja acústica del Festspielhaus: La acústica es sensacional. Esta música, las potentes secciones de viento, los coros, los coros lejanos: en el Festspielhaus, todo se despliega con un efecto completamente único. En cambio, para la soprano Gabriela Scherer, estamos ante su primera aproximación al personaje de Irene, que ha preparado para estas funciones. En otra entrevista concedida a la Radio de Baviera, adelante que en esta producción Irene está en el centro de la compleja red de relaciones entre Rienzi y Adriano y, en cierta medida, también crea a Rienzi, quien posteriormente pierde cada más el contacto con la realidad. La soprano recalca la situación entre los hermanos, próxima al incesto que luego se pondrá de manifiesto entre los welsungos en La Valquiria. Considera que estamos ante una obra maestra que bien merecería que permaneciera en Bayreuth.

        Si en Rienzi ha sido una propuesta recurrente de los directores de escena asociar el notario papal a Hitler o a Mussolini, la producción de Szemerédy y Parditka opta por un enfoque diferente, centrada en Rienzi como persona. Declara Schager en la citada entrevista para la Radio de Baviera: Se nota que la adoración incondicional del pueblo lo asusta. En realidad, no quiere ser rey. Lo dice explícitamente: "Quería que fueran libres". Inicialmente se ve a sí mismo como un servidor del pueblo.

        Nathalie Stutzmann afronta su tercera temporada en Bayreuth, tras su Tannhäuser de 2023 y 2024. Confiesa que sólo conocía la obertura y la famosa oración del protagonista del quinto acto, pero la ópera en su conjunto era nueva para ella. Declara que cuando comenzó a estudiarla, le sorprendió la cantidad de momentos maravillosos que contiene: no sólo la famosa oración del protagonista, sino también la oración del coro femenino en el tercer acto, que es increíblemente conmovedora. Y luego están las magníficas escenas con Adriano y Orsini. Hay muchísimas música grandiosa en esta obra. La historia también me fascina. En esencia, es profundamente humanista. Incluso diría que es una ópera por la paz. Hace ver cómo la ópera, a partir del tercer acto, tiene muchas escenas íntimas, experimentando un amplio espectro de emociones humanas. Musicalmente, el reto reside en mantener esta enorme diversidad a lo largo de muchas horas. La ópera debe conservar la tensión desde la primera hasta la última nota. Sobre la obertura, declara: Al principio, se escucha la fanfarria de trompetas, seguida por el maravilloso tema de violonchelo que evoca una oración. Esta música implora por una humanidad mejor y por la paz. Así es como debe interpretarse.

        Stutzmann también recalca que Rienzi es un humanista que creía en la paz: La verdad sobre esta figura no tiene nada que ver con quienes posteriormente se apropiaron de su historia y la utilizaron indebidamente para sus propios fines. En el arte, debemos distinguir entre una obra maestra y quienes la utilizan posteriormente para sus ideologías.

Rienzi en la Musikverein: Josef Krips (1960)

Analizamos una grabación de Rienzi de los años dorados que conjuga buen sonido monoaural con un reparto de alto nivel: la que Josef Krips dirigiera el 14 de junio de 1960 en la Musikverein de Viena, con la Sinfónica de Viena con cantantes de la vieja escuela y nombres que comenzaban a despuntar. Se trata de una versión reducida a dos horas, pero que sigue el orden de la partitura. Actualmente este registro se encuentra descatalogado.

RIENZI

Wiener Musikverein, 14 de junio de 1960

Orquesta Sinfónica de Viena
Wiener Singverein
Wiener Sängerknaben
Männenchor der Musikalischen Jugend

Cola Rienzi: Set Svanholm
Irene: Anne Lund Christiansen
Steffano Colonna: Paul Schöffler
Adriano: Christa Ludwig
Paolo Orsini: Walter Berry
Kardinal Raimondo: Heinz Holecek
Baroncelli: Karl Terkal
Cecco del Vecchio: Alois Pernerstorfer
Ein Friedensbote: Terese Stich-Randall

Dirección:
Elenco:
Sonido:


            Josef Krips era un director bien apreciado en la Viena de posguerra, con apariciones frecuentes en el foso de la Staatsoper. En este caso se puso al frente de Rienzi en versión de concierto en la Musikverein. El reparto aprovecha los grandes nombres del elenco estable de la Staatsoper junto a una pareja protagonista nórdica. La dirección es profesional, pero no termina de plasmar toda la grandeza dramática de la partitura. Los coros, asimismo, presentan altibajos.

Tras la II Guerra Mundial, la aparición de Rienzi fue muy reducida. Dejando de lado los registros radiofónicos de las orquestas de la Radio de Hesse (Frankfurt) y de la RAVAG (antecedente de la ORF), con Günther Treptow de protagonista y muy recortados, en 1957 se estrenó en Stuttgart una versión recortada (algo más de dos horas y cuarto) debida al impulso dramático de Wieland Wagner y musical de Maximiliam Kojetinski, el repetidor del Bayreuth de aquellos años (Andromeda, Opera Depot). Con motivo de las Semanas Festivas de Viena de 1960, la Sinfónica de Viena ofreció, en versión de concierto y con los coros Wiener Singverein, Wiener Sängerknaben y Männenchor der Musikalischen Jugend, un Rienzi con Josef Krips en el podio y un reparto modélico, con el añadido de que la obra había desaparecido de la programación y que la práctica totalidad de los cantantes de la nueva generación nunca se habían acercado a ella. Por desgracia, no he conseguido localizar ninguna fotografía.

A diferencia de la reordenación dramática que propuso Wieland, aquí se opta por una versión muy recortada (de las 4 horas y 40 minutos que dura completa, se ofrecen 2), pero que mantiene el orden propuesto por Wagner y la unidad dramática. Nótese que la edición crítica de la obra no llegó hasta 1976, con la grabación de Edward Downes y los conjuntos de la BBC Northern.

El primer acto está prácticamente completo. Sólo hay un corte hacia el final de la segunda escena, suprimiendo el trío de Irene, Adriano y Rienzi, y enlazando directamente con la marcha del protagonista encomendando a Adriano la protección de Irene. Las escenas primera, tercera y cuarta se ofrecen completas -con el tradicional corte en el dúo de Irene y Adriano en la tercera y, en la cuarta, con los recortes tradicionales en el concertante final, sólo el registro de Edward Downes recoge estas partes verdaderamente completas-.

El segundo acto mantiene prácticamente toda la primera escena (hay algún recorte en el protagonista y en el coro de mensajeros de la paz). En la segunda mantiene el dúo entre Colonna y Orsini relativo al plan contra Rienzi, pero simplifica su desarrollo, llevándose también consigo las intervenciones de Adriano, que quedan reducida a un par de frases. También desaparecen las intervenciones del coro de nobles. La tercera tiene importantes cortes a partir del saludo de Rienzi a los embajadores: el atentado a éste se produce inmediatamente después de su saludo, suprimiéndose la fiesta y, por consiguiente, el ballet. Desde ahí, el perdón del tribuno es prácticamente inmediato y se pasa al concertante final. 

En el tercer acto la primera escena queda recortada en lo que respecta a intervenciones secundarias; la segunda se ofrece completa -el monólogo de Adriano, con una Ludwig incandescente que es aplaudida larga y calurosamente-; pero la tercera está muy recortada: se suprime la marcha, así como intervenciones del coro y el dúo entre Adriano y Rienzi cuando el primero le pide que recapacite en cuanto a la batalla. El subsiguiente dúo entre Adriano e Irene se reduce a un par de frases y ello ya enlaza con el regreso victorioso del protagonista. Sí se mantiene la recriminación que Adriano le hace, pero la contestación de Rienzi queda muy recortada, enlazando con el coro final.

En el cuarto acto, la primera escena (la conjura nocturna) se ofrece prácticamente completa -se recortan algunos versos de la intervención larga de Adriano, las intervenciones finales y la procesión que se aproxima a San Juan de Letrán para celebrar el Te Deum-. La segunda, en cambio, se reduce a la mínima expresión: sólo la intervención larga de Rienzi y la excomunión que le transmite el cardenal Raimondo, suprimiendo los cánticos de los sacerdotes. Se mantienen las últimas frases que intercambian Irene y Adriano y la frase final del protagonista, con la que se cierra el acto sin el coro de sacerdotes final.

El mayor recorte se produce en el quinto acto, pues sólo se ofrece completa la primera escena (la plegaria de Rienzi). La segunda y la tercera se omiten y de la cuarta, del coro inicial se pasa directamente a la última intervención del protagonista y la intervención final del coro y de Adriano.

Este registro apareció en el mercado procedente de una toma de la ORF publicada de modo no oficial, primero en vinilo bajo el sello Melodram (1982) y después en el sello soviético Melodia (1986). La edición Melodram, en tres LPs, se completaba con otros fragmentos wagnerianos de Svanholm. En la era del CD apareció en dos discos en Laudis (1988) y luego, con un sonido mejorado, en Golden Melodram (2000) y Andromeda (2011) -esta segunda es copia de la anterior-. El sonido de estas últimas, si bien sigue siendo monoaural, es bueno para la época. Opera d'Oro también publicó este registro en 2000, pero desconozco si es copia de la edición de Golden Melodram o no. Indicar que en la introducción de la tercera escena del tercer acto, con la cuerda y las campanas previas a la batalla, existe un corte sin pérdida de música (CD2, pista 3), probablemente de la cinta original.

El reparto en conjunto es sobresaliente, con nombres de la vieja escuela -protagoniza Set Svanholm, y Colonna es Paul Schöffler, en las que son sus últimas apariciones discográficas de su carrera- junto con recién aparecidos en la escena que harían carreras importantes. Salvo la pareja protagonista, nórdica -la soprano danesa Anne Lund-Christiansen (32), apenas conocida, pues desarrolló prácticamente toda su carrera en la Ópera Real de Estocolmo-, el reparto está conformado por cantantes del elenco estable de la Staatsoper: el propio Schöffler, Christa Ludwig como Adriano (32 años), su esposo Walter Berry como Orsini (31), como asimismo Terese Stich-Randall (32) -la Sophie del primer Caballero de la Rosa de Karajan- como mensajero de la paz, Karl Terkal (Barencelli) o Alois Pernerstorfer (Cecco del Vecchio). Un jovencísimo Heinz Holecek de 22 años da vida al cardenal Raimondo. Aún no había cantado en la Staatsoper, donde debutaría dos años más tarde, pero después también se integraría en su elenco.

El vienés Josef Krips ya había dirigido Rienzi antes de la guerra: circula por la red un fragmento del Heil, Roma, dir! correspondiente a una función en la Staatsoper del 15 de mayo de 1933, con Franz Völker. Ausente de su país desde la anexión y hasta el final de la guerra, fue uno de los nombres en que se apoyó la reorganización de la Staatsoper y la Filarmónica de Viena -fue elegido para dirigir el Concierto de Año Nuevo en sustitución de Clemens Krauss en 1946 y 1947-. En aquél momento era titular de la Orquesta Sinfónica de Buffalo, pero su presencia en su ciudad natal debía ser recurrente. Tras la guerra fue el primero en programar de nuevo en la Staatsoper el Palestrina de Pfitzner (1948) y, además de su aparición con títulos mozartianos y straussianos, allí dirigió el Holandés, Lohengrin, Tristán y Maestros -obra que dirigió en Bayreuth en 1961-. La dirección de este Rienzi no es muy wagneriana, resultando un tanto sobria y falta de épica en algunos momentos, pero sí cálida y eficaz para los cantantes. Tras una obertura profesional, con un fraseo y articulación bien dibujados, lo más destacado de su propuesta es un primer acto llevado a un tempo animado. Sereno y elegante en toda la primera escena del segundo acto, en el saludo de Rienzi en el Capitolio en la tercera, no carga las tintas. Sin embargo, el cierre del segundo acto resulta un tanto atropellado, como asimismo la conclusión orquestal del monólogo de Adriano del tercero. La tercera escena del tercer acto, con la arenga del protagonista al pueblo para marchar a la batalla, así como su regreso victorioso, resultan lineales y con una épica muy limitada. La victoria resulta demasiado seria y poco festiva. En los actos cuarto y quinto todo está en su sitio sin que destaque especialmente ningún momento. Acompaña, eso sí, con buena mano, al protagonista en la plegaria del quinto acto. La orquesta funciona bien, si bien los violines van apurados en algunos momentos puntuales. Impresiona el órgano de la Musikverein en el final del primer acto, un detalle a tener en cuenta.

Set Svanholm

El tenor sueco Set Svanholm no apareció demasiado en Viena sino hasta después de la II Guerra Mundial. Para 1960 contaba con 56 años y tenía una actividad muy reducida, pues estaba centrado en su puesto de director artístico de la Ópera Real de Estocolmo, cargo para el que había sido nombrado cuatro años antes. En 1958 había sido Loge en el Oro del Anillo de Solti en estudio por recomendación de la Flagstad, que cantaba Fricka, y si allí le encontramos mimetizado en el rol del semidiós del fuego, aquí le escuchamos con toda su nobleza y presencia heroica. La voz presenta un razonable estado vocal. Es cierto que frente a sus años dorados el instrumento ha perdido algo de color, la emisión es más estrangulada y la línea de canto menos generosa -apurada en algún momento-, pero conserva el indudable dominio de la vocalidad wagneriana y su poder interpretativo es importante -hay nobleza en el Zur Ruhe con que hace su entrada (CD1, pista 2, 2:55) y seguridad y fuerza en cómo asegura al cardenal Raimondo que tomará la iniciativa contra los nobles: Wohlan, so mag es sein! / Die Nobili verlassen bald / die Stadt (7:46)-. Dada su edad, los ariosos y parlamentos resultan más efectivos que aquéllos pasajes melódicos -nótese cuando en el pasaje anteriormente dicho existe melodía, o en el Seid mir gegrüßt, ihr Römer all! en la tercera escena del segundo acto (CD1, pista 8, 2:48, apurado en el agudo), o en la plegaria del quinto (CD2, pista 6), si bien se lleva una sonora ovación al finalizar la misma-.

Anne Lund-Christiansen como Senta
en el Teatro Real de Copenhague (1961)

        Anne Lund-Christiansen es una convincente Irene, lástima que los cortes simplifiquen en demasía su papel -desaparece prácticamente el dúo con Adriano en el tercer acto y la totalidad del que tiene con Rienzi en el quinto, manteniendo, afortunadamente, el dúo con Adriano del primero-. La voz presenta un timbre delicado y es manejada con oficio. Nótese el ataque sobre Jener war's al identificar a Adriano como su salvador (CD1, pista 3, 0:24). Por lo que he podido encontrar, fue una cantante versátil, encarnando roles mozartianos y verdianos y algunos wagnerianos, incluyendo el de Senta.

Christa Ludwig ofrece el mejor Adriano original de toda la discografía: poderosa, cargada de aliento dramático y con una importante interiorización del papel. Su timbre, además, hace buen contraste con la voz delicada de Lund-Christiansen. La ovación que le dedica el público en su monólogo del tercer acto es impresionante (CD2, pista 2).

Los villanos, jefes de los clanes rivales, Paul Shöffler (Colonna) y Walter Berry (Orsini) ofrecen buenas encarnaciones, manteniendo su carácter noble. Schöffler, a punto de cumplir los 63, mantiene buena forma y ofrece presencia y buen saber hacer dramático -se notan las tablas, nótese cómo se dirige a Rienzi de forma despectiva como señor Notario (CD1, pista 2, 5:38)-. Berry, asimismo, funciona bien, en el que no es su primer acercamiento al rol, pues lo cantó con 23 años en el registro radiofónico de Leopold Heger (Walhall). Por desgracia sus intervenciones tienen recortes aquí y allá, provocando que Karl Terkel (Baroncelli) y Alois Pernrstorfer (Cecco del Vecchio) tengan mayor presencia en este registro, voces de entidad que cumplen sobradamente sus cometidos, y aunque no tienen intervenciones largas en solitario, se hace notar su presencia.

Mención especial para Heinz Holecek, que a sus 22 años compone un magnífico cardenal Raimondo, poderoso, terso y con entidad.

Excelente Terese Stich-Randall como mensajero de la paz, de timbre luminoso y fraseo exquisito. Probablemente la mejor interpretación de la breve parte de toda la discografía.

Los coros, dirigidos por Reinhold Schmid, titular del Wiener Singverein y del Wiener Sängerknaben, resultan competentes pero en algunos momentos no alcanzan el nivel que cabría esperar de estas formaciones -nótese en el coro a capella de la cuarta escena del primer acto, titubeante por momentos-. Probablemente la falta de experiencia con la obra contribuyera a ello.

En definitiva, un Rienzi que recoge, aunque de forma fragmentaria, la partitura que concibió Wagner, con un elenco sobresaliente. La dirección musical, sin embargo, no es destacable, y Krips llega al 7 gracias a su profesionalidad y tablas, pero sin que resulte idiomático. Con un sonido algo inferior disponemos de un registro superior en el Rienzi de Wieland Wagner de Stuttgart, con un gran Lovro von Matačić en el podio y un elenco con nombres de los de siempre -Windgassen, Neidlinger, Traxel...-. Sin embargo, este Rienzi no es el de Richard Wagner, sino el de Wieland -reordenación de escenas y retoques de la orquestación para acercar la partitura a Tannhäuser y Lohengrin-, por lo que si queremos escuchar la obra con un elenco dorado y con las intenciones originales del Maestro, debemos acudir a este registro.

JULIO DE 2026.