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EL ORO DEL RHIN / BAYREUTH 2026

EL ORO DEL RHIN / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2026, 18 horas.
Otras representaciones: 4 y 12 de agosto.
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Michael Volle (Wotan), Alexander Grassauer (Donner), Siyabonga Maqungo (Froh), Klaus Florian Vogt (Loge), Anna Kissjudit (Fricka), Evelin Novak (Freia), Christa Mayer (Erda), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Mika Kares (Fasolt), Peter Rose (Fafner), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Reinhold (Flosshilde).
Minutación: 145:02 (2 h 25 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Oro virtual sin criptomonedas

        La producción especial del 150 aniversario del Festival está encomendada a Marcus Lobbes, nacido en 1966 y director de la Academia de Teatro y Digitalización de Dortmund, fundada en 2019, en un proyecto que utiliza la IA como punto de partida, de manera que lo que puede verse en escena es una síntesis de las producciones del Anillo de estos 150 años. Su propuesta ha sido titulada RING 10010110, que en lenguaje binario significaría RING 150. 
Lobbes lleva trabajando desde 1995 como director, escenógrafo y autor en teatro musical y hablado. Es poco conocido el dato de que estudió canto, tiene voz de barítono, y hacia el final de sus estudios trabajó en papeles como Don Giovanni y Eugene Oneguin.

        Las conversaciones con el Festival, como ha declarado el propio Lobbes en una entrevista concedida el pasado mes de abril en el diario Waz, se iniciaron en la primavera de 2023, con la intención de llevar a cabo un proyecto del Anillo para el 150 aniversario que contara con él como director, en un proyecto entroncado en la Academia que él dirige. Debido a la singularidad del proyecto, se ha preferido no emplear la palabra inszenierung, sino kurator -comisario- para referirse a la persona que está al frente de la propuesta.

        Como puede leerse en la propia página de la institución que dirige, mediante nuevas técnicas de imagen y una combinación de programación en vivo, inteligencia artificial y holografía, se creará una monumental Tetralogía: un mundo de poder, amor, traición, caída y, al mismo tiempo, un lugar de constante transformación. Bajo el título RING 10010110, el drama musical de Richard Wagner y su historia de recepción ocupan un lugar central, a través de una capa visual que cambia, se expande, se recompone y se contradice constantemente. Por primera vez en la historia del festival, la inteligencia artificial participará en vivo en el escenario, no como un personaje, sino como una fuerza visual. No estamos, sin embargo, ante una performance, como la Valquiria de pandemia del año 2021, encomendada al Hermann Nitsch, pues Lobbes ha declarado que hay vestuario -si bien adaptado a la propuesta, como luego indicaremos-, hay escenografía -si bien sin elementos físicos grandes, de manera que el espacio está completamente esculpido por la luz y hologramas tridimensionales-, y los cantantes interactuarán entre sí.

        En la entrevista concedida al diario Waz, Lobbes explica qué ha supuesto el proyecto: En definitiva, se trata de inteligencia artificial: durante los últimos tres años, hemos entrenado numerosos modelos de IA para analizar la legibilidad de una partitura, el tono cantado, pero también el historial de recepción y los enfoques de dirección. Luego, les proporcionamos imágenes de 150 años de historia de Festivales. Y ahora, como equipo, estamos trabajando en una máquina que, basándose en un conjunto de directrices, pregunta: ¿Qué puedes inventar o «imaginar», como diríamos nosotros, en respuesta a esta música y este texto?

        La propuesta ha sido sencilla de ensayar sobre el escenario, si bien a ello le han precedido años de preparación tecnológica y cinco semanas completas en el Festspielhaus, inicialmente sin cantantes.  En la entrevista citada, Lobbes declara: El truco está en lo siguiente: hay varios cientos de "marcadores" dentro de estas 14 o 15 horas de ópera. Cada uno, relevante para la escena, indica: esto es lo que se está discutiendo, esto es lo que sucede en la música, esto es lo que sucede en el mundo, hasta la grabación en vivo de la orquesta, y así sucesivamente. Todo esto se introduce en una máquina computacional. Y entonces sucede esto: establecemos los parámetros que deben aparecer. Y decimos: ahora puedes inventar algo que los acompañe. Y funciona así: la máquina establece el requisito para sí misma y luego lo resuelve por sí misma. Previamente se ha ensayado con esa tecnología qué es aceptable para la escena y que no. Relata Lobbes que no se trabaja con internet en abierto: no permitimos que el 98% de la basura que hay en internet llegue al escenario. Eso sería desastroso. Preguntado si la propuesta deja en manos de la IA si aparece una locomotora de la Revolución Industrial o un Godzilla en la escena de Fafner en Sigfrido, Lobbes declara:  No, no, somos muy claros en cuanto a la precisión histórica. Las directrices incluyen años específicos para las escenas, durante los cuales transcurre el tiempo. Con "Dragón en Siegfried", la señal para la máquina es clara: "Pase lo que pase, en este punto necesitamos algo que se parezca a un dragón, o a tu interpretación de un dragón". Creo que deberíamos poder manejar bien ese trabajo. Pero cada interpretación será ligeramente diferente; la IA no es un buscador. Esta última cuestión es algo que se ha venido anunciando: cada ciclo del Anillo será ligeramente diferente, gracias a esa aleatoriedad. Pero para ello se la introducido a la IA, según explicó Lobbes, todas las producciones del Festival, la partitura, el texto, eventos políticos e incluso temas de conversación durante los intermedios.

        Dada esta forma de trabajo, Lobbes declara que su mayor enemigo sería un ordenador averiado, que en el peor de los casos puede colapsar. Por eso, anuncia que se cuenta con dos sistemas paralelos. Entrevistado por la Radio de Baviera el día del estreno, fue preguntado qué era lo que esperaba con más ilusión, y respondió que las reacciones. Cuando presentamos el proyecto hace un año, hubo mucho escepticismo. Cuanto más se acerca el estreno, mayor parece ser la curiosidad. Tengo especial curiosidad por ver qué conexiones descubre el público y qué historias interpretan las personas en estas imágenes.

        La crítica ha sido bastante negativa. En general, se apunta a que la propuesta luce más que el resultado. El diario Kurier habla, sin ambages, de un completo error, y la web francesa Resonances Lyriques de genio musical y naufragio visual.

Saludos finales, donde puede apreciarse el particular vestuario
        Se ha criticado el vestuario en forma de sacos negros que llevan los cantantes, unos trajes reflectantes diseñados para que las proyecciones funcionen también sobre ellos. Ello ha llevado a la siguiente crítica: parece ser que las proyecciones y luces por momentos los sepultan entre tanto colorido, luces que para algunos han sido excesivas. También que la IA en ocasiones mezcla imágenes que no aportan un contenido a la escena, sino que se limitan a ser una pura decoración, lo que ha llevado a sentenciar a algunos que la IA no puede hacer teatro.

        Ahora bien, también ha habido también reacciones positivas. La propuesta lleva como título en el programa El Anillo en movimiento: Un experimento. Una invitación, y se traduce en que los cantantes actúan con una quietud casi escultórica en torno a un cosmos visualmente burbujeante de luz y asociaciones que emerge desde el fondo -en palabras de la reseña publicada por Online Merker-. Prosigue: El objetivo no era presentar una única interpretación, sino hacer tangibles simultáneamente el mito nacional, las convulsiones sociopolíticas y la explosividad artística. Cada actuación es única gracias a la capa dinámica de IA. En este sentido, se ha podido leer también que se agradece la escasez de movimiento y el derroche de color para que el espactador pueda concertrarse en la música.

        Para cerrar la cuestión de la escenografía, una reflexión: resulta curioso cómo, por un lado, estamos cansados de regietheater y de que las obras tengan que tener un significado que poner de manifiesto y cuando se presenta una propuesta que prescinde de todo ello, un sector del público considera que no hay aliciente en ello.

        En cuanto al elenco, Thielemann ha mantenido el trío de ondinas que empleó Simone Young el año pasado -en 2024 contaba como Evelin Novak como Woglinde, ahora Freia-. En el resto se nota su mano -Volle, Vogt, Mayer, Maqungo, Siegel, Kares, la propia Novak-. En todo caso, el trío conformado por Katharina Konradi, Natalia Skrycka y Maria Henriette Reinhold ha sido notable: bien empastado, muy atento al drama y espoleado desde el foso -tengo la sensación de que este año su interpretación tiene mayor excitabilidad dramática gracias a la batuta-. El resto, como indicamos, es un elenco a su medida, tanto con habituales presentes -Volle, Vogt- como de la Tetralogía que hace veinte años estrenó en Bayreuth y que estuvo en cartel hasta 2010 -Gerhard Siegel, Christa Mayer-.

        Christian Thielemann ejecuta el preludio manejando a la orquesta como un orgánico compacto de sonoridad redondeada y opulenta. Si alguien esperaba una lectura hedonista, crepuscular o de análisis sinfónico, se equivocaba. Estamos ante una lectura épica, muy teatral, fluida, donde el drama se palpa en cada pasaje, pero sin merma de los detalles: la orquesta ruje con Alberich, celebra con Wotan, se lamenta con Fasolt, advierte con Erda... en fin, transmite en cada pasaje los sentimientos de los complejos personajes wagnerianos. Encontramos filigranas clásicas del berlinés, como la nítida línea del clarinete acompañando a Alberich en su seducción a las ondinas. Magnífica construcción del clímax, redondeado de forma opulenta en la aparición del oro -con unos violines nítidisimos en su descenso en forma de escalas-. Cuando el nibelungo arranca el oro del lecho del Rhin la orquesta se enciende, nerviosa, en un ataque absolutamente maravilloso. A partir de ahí, el interludio es un derroche de sonido y maravillosa articulación en las cuerdas. La serenidad de Wotan frente a la intranquilidad de Fricka se palpa en el comienzo de la segunda escena, que contiene una poderosa entrada de los gigantes a tempo vivo. El conflicto con los dioses resulta electrizante. El monólogo de Loge, se desarrolla a tempo vivo y en una línea muy cantábile.

        Recuerdo a José Luis Pérez de Arteaga decir, en la retransmisión del primer Anillo que Thielemann dirigiera en Bayreuth (2006), que las escenas primera y tercera eran las grandes creaciones del berlinés en el Oro. Escuchada la retransmisión de hoy, se cumple. Inconmesurable descenso al Nibelheim, con una orquesta de sonido redondo, homogéneo y opulento. Las amanezas de Alberich a los nibelungos tienen una respuesta poderosa en la orquesta. Su posterior encuentro con Wotan y Loge se beneficia de la precisión rítmica de la cuerda. En la cuarta escena el regreso de Freia es un sopolo de aire fresco. Presencia de las arpas en el pasaje del arco iris y un final épico. En genera, tengo la sensación de que en esta ocasión ha optado por un sonido orquestal más denso y afrutado. En cuanto a minutación, en torno a cinco minutos menos a lo invertido en los Anillos dirigidos entre 2006 y 2010.

        Se ha apuntado que la enorme pantalla transparente extendida frente a los cantantes altera la reverberación y el retorno de sonido del foso, si bien en la retransmisión no se ha percibido diferencia alguna.

        Era de esperar que Wotan recayera en Michael Volle, bajo-barítono de confianza de Thielemann a día de hoy y con quien ha desarrollado el Anillo de la Staatsoper en los últimos años. No cabe duda de que estamos ante un artista inteligente, que sin tener la voz más oscura ni la más tonante, saca adelante con éxito el complejo papel, como ha venido haciendo con el Holandés en los últimos años. Compone un Wotan orgulloso y cortante. Se agradece su dicción y atención al texto, aspectos éstos en los que su carrera como liederista no cabe duda de que le ayuda.

Las transformaciones de Alberich
        El único debutante en Bayreuth es el barítono alemán Jochen Schmeckenbecher (Alberich), discípulo de Kurt Moll en la Universidad de Música de Colonia, quien tras haber formado parte del elengo estable de la Komische Oper de Berlín, empezó a hacer carrera internacional. Su dedicación al papel del nibelungo ha sido destacada en los últimos años -lo ha cantado en Berlín, Hamburgo, Viena, París, Frankfurt, Leipzig o la Ópera del Rhin (Düsseldorf-Duisburg)-, y ha sido un acierto contar con él en esta Tetralogía. Su voz es más de barítono que de bajo barítono, homogénea -pierde un punto de color en el extremo agudo, pero sin desmerecer-, desarrollando una intervención nerviosa y neurótica, muy viva dramáticamente, que recuerda por voz y maneras a Otakar Kraus, el Alberich del primer Anillo de Wolfgang. En la maldición del anillo se echó en falta una voz más ancha.

        Atípico y personal, como son sus últimas encarnaciones en otros roles wagnerianos, el Loge de Klaus Florian Vogt. No quiere decir que esté mal cantado, todo lo contrario, pues el tenor alemán es un prodigio de dominio técnico y de aguante, y en esta Tetralogía lo pondrá de manifiesto apareciendo en las cuatro obras, pues a este Loge suma Sigmundo y los dos Sigfridos. Compone un semidiós del fuego de dicción muy clara y atento a la medida, con una emisión menos blanda y un punto más incisiva que cuando afronta al angelical Lohengrin o al caballeroso Walther, pero con su timbre ya conocido. Dramáticamente compone un personaje inteligente, donde puede faltar cierta mordacidad o comicidad. Por la red se hablaba de un Loge cantado como un lied de Schubert.

Nibelheim
        La contralto húngara Anna Kissjudit, Erda el pasado año, pasa a encarnar en esta Tetralogía a Fricka. Voz oscura y potente, de emisión un punto entubada -lo que se hace patente en su dúo con Wotan al comienzo de la segunda escena-, de ataque preciso y muy controlado, ofrece una diosa inflexible e implacable.

        Evelin Novak, soprano del elenco estable de la Staatsoper de Berlín, quien en los últimos años ha participado en Bayreuth en papeles menores, ha sido la escogida para interpretar a Freia. Competente en su cometido.

        Siyabonga Maqungo, también miembro del elenco estable de la Staatsoper de Berlín, hace uso de su buena técnica y su voz luminosa para encarnar a un Froh de línea clásica. De línea también clásica, tonante y bien dispuesto, el Donner de Alexander Grassauer, un cantante que el año pasado tuve ocasión de disfrutar en el Tristán de Bychkov como Melot y en los Maestros de Gatti como Hermann Ortel y que me llamó la atención por su presencia vocal.

        Magnífica Erda de Christa Mayer, el que, a mi juicio, ha sido su gran rol junto con el de Waltraute, gracias a una voz plateada de aliento trágico, componiendo una madre tierra que advierte a Wotan con autoridad, llegándole a estremecer.

Segunda escena
        El poderoso Mika Kares es un magnífico Fasolt, tonante y desbordante, homologable a los históricos. Regresa a Bayreuth el británico Peter Rose, quien cantó Daland en 2016 y 2018. La voz no es muy grande ni oscura, y Fafner no es un papel que se acomode especialmente a su vocalidad, pese a que ha aparecido con este rol en Berlín en varias ocasiones. En todo caso, cumple.

        Regresa a Bayreuth el bávaro Gerhard Siegel, estupendo Mime en la anterior Tetralogía de Thielemann. A sus 63 años conserva en buen estado su instrumento, una voz que tiene entidad, cierta anchura y que está bien timbrada, cualidades éstas a las que se une una magnífica dicción y atención a la medida. Como curiosidad, decir que Siegel, en sus años en el Teatro Estatal de Nuremberg (1999-2006) cantó Sigmundo, Sigfrido, Walther y Parsifal. Estamos, pues, ante un cantante muy versátil. No en vano, ha acaparado todo el protagonismo en su breve escena.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera


RIENZI / BAYREUTH 2026

RIENZI / Festival de Bayreuth, 26 de julio de 2026, 16 horas.
Otras representaciones: 3, 8, 14, 17, 19, 22, 24 y 26 de agosto.
Nueva producción de Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka / Escenario y vestuario: Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka / Iluminación: Bernd Gallasch / Vídeo: Leonard Koch / Dramaturgia: Murkus Kiesel
Dirección musical de Simone Young (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Andreas Schager (Rienzi), Gabriela Scherer (Irene), Andreas Bauer Kanabas (Steffano Colonna), Jennifer Holloway (Adriano), Michael Nagy (Paolo Orsini), Vitalij Kowaljow (Cardenal Raimondo), Matthias Stier (Baroncelli), Michael Kupfer-Radecky (Cecco del Vecchio), Victoria Randem (mensajero de la paz).
Minutación: Acto I: 55:56 / Acto II: 58:07 / Acto III: 49:14 / Acto IV: 28:45 / Acto V: 25:10 / Total: 217:12 (3 h 37 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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¿Hay que tener fe en los políticos de hoy en día?

        Estreno de la nueva producción de Rienzi en el Festival, debida al equipo húngaro conformado por Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka. Desde las tres de la tarde, Constanze Fennel se encontraba a los mandos en la Radio de Baviera anticipando algunos elementos del montaje. Escuchar las fanfarrias que se estrenan este año para la ocasión constituye un aliciente adicional. En Radio Clásica, la encargada de la retransmisión era Clara Corrales, quien comenzó anticipando también algunos elementos del montaje: un espacio conformado por tres altos edificios en la actualidad, predominio del gris, y Rienzi convertido en un moderno líder político. Las directoras de escena ya comentaron que su propuesta iba a utilizar la idea del frágil paso que hay de la utopía a la distopía, pero como es habitual en Discografía Wagneriana, dejaremos los detalles escénicos para un artículo específico. En Radio Clásica, el 
primero de los intermedios se ha dedicado al análisis de la obra, tanto desde el original literario de Bulwer-Lytton como desde el musical wagneriano, contando para este cometido con el profesor Rafael Fernández Larrinoa, que ha ofrecido unos acertadísimos comentarios, incluyendo concomitancias con obras de otros autores. Asimismo, la Radio de Baviera retransmitía en vídeo la velada a partir de las 18 horas, como igualmente en cines.

        La Dirección del Festival ha optado por redistribuir los cinco actos de la obra en los dos primeros, primer intermedio, tercer acto, segundo intermedio, y actos cuarto y quinto. Existe una breve pausa entre los actos primero y segundo, como asimismo entre el cuarto y quinto. Entre el primer y segundo acto ha habido un breve aplauso, lo que no ha ocurrido entre el cuarto y el quinto. La partitura no ha sido sometida a redistribuciones a salvo el preludio del quinto acto y la subsiguiente plegaria del protagonista, que se han colocado para abrir el cuarto acto, como ya hiciera Wieland Wagner en su producción de Stuttgart. La razón se explica en propósitos dramáticos: el cuarto acto tiene una breve introducción lúgubre, y con la recolocación la excomunión enlaza sin solución de continuidad con el dúo de Rienzi e Irene.

La Roma bajo medieval convertida en escenario político
        La edición adoptada para esta ocasión está prácticamente completa: se recupera la normalmente suprimida exposición del tema de la plegaria en cellos y contrabajos antes de que la tome la cuerda -puede escucharse así interpretada en el registro completo de Edward Downes con los conjuntos de la BBC de 1976-. También está la introducción orquestal -del Adriano, du! del protagonista -
bellísimo el tema en la trompa-La tocata de órgano que precede al coro Gegrüßt, gegrüßt sei en el primer acto se escucha completa y con un instrumento que tiene la necesaria resonancia para una sala grande como es la del Festspielhaus, como el ballet y pantomima del segundo acto, las marchas del tercero o la procesión de entrada a San Juan de Letrán en el cuarto. El concertante final del primero, sin embargo, se recorta en la forma acostumbrado, suprimiendo reiteraciones. La escena del mensajero de la paz se presenta completa, sin cortar frases del protagonista. Escuchamos también el preludio del acto tercero, que habitualmente se suprime. Se omite la excomunión que el Cardenal Raimondo anuncia a Rienzi en el acto cuarto, probablemente con propósitos dramáticos, habida cuenta de que el montaje sitúa la obra en la actualidad y enfoca la trama en una contienda entre líderes políticos. En todo caso, con sus 3 horas y 37 minutos, se ofrece un Rienzi que bien puede considerarse canónico, con la trampa de alterar de lugar la plegaria.

        Quienes seguís el blog sabéis mis reservas a la dirección de Nathalie Stutzmann en Tannhäuser en 2023 y 2024. La directora francesa, antes mezzo, llega a Bayreuth a punto de ocupar la titularidad de la Filarmónica de Montecarlo, cometido que iniciará el próximo mes de septiembre, puesto que alternará con el de titular de la Sinfónica de Atlanta, respecto de la cual tiene contrato, al menos, hasta 2029. Cuando fue anunciada, expresé mi deseo de que hubiera preferido a cualquiera de los otros directores del Festival: Thielemann, Simone Young, Bychkov o Gatti. Pues bien, debo tragarme mis palabras y decir, sin ambajes, que Stutzmann ha ofrecido un Rienzi absolutamente referencial -teniendo en cuenta que es una obra escasamente representada y donde normalmente la batuta lleva a cabo un trabajo de honrado kapellmeister-. De principio, la francesa no se ha dejado seducir por estéticas historicistas, y la sonoridad de la orquesta del Festival luce plena, brillante en los metales y con una cuerda vigorosa que echa músculo cuando es necesario, con un fraseo de gesto amplio y noble. El inicio de la obertura, con ese pasaje en cellos y contrabajo, poderosos y solemnes, era una declaración de principios. Una obertura redondeada, opulenta, con tempi dilatados -le ha durado 13:43-, que tiene su reminiscencia en la que dirigiera en el otoño de 1957 el croata Lovro von Matačić en la Ópera de Stuttgart, producción de Wieland Wagner y arreglo musical de Maximilian Kojetinski (Andromeda, Opera Depot). El primer acto ha sido modélico, ya desde una animada entrada de los villanos en escena, dispuestos a raptar a Irene. El discurso musical fluye cantábile y sin apartarse del drama en momento alguno, con un dúo de Irene y Adriano intenso. El extenso concertante del final del primer acto, desde el toque de la trompeta, suena opulento y arrollador.

        En el segundo acto, tras un preludio que destaca por la belleza de sus líneas, acompaña con sutileza al mensajero de la paz, y procura no resultar excesivamente machacona o estentórea con un ballet que se ofrece completa y que más bien es una suerte de desfile. El tercero se inicia con tensión y unas campanas poderosas, y la Stutzmann ha optad por una lectura clásica y directa de la sucesión de marchas y el largo concertante final. En el acto cuarto, en cambio, toda la escena frente a San Juan de Letrán resulta un tanto lineal y un punto automática, sin entrar del todo en el drama. Ha acompañado bien a la pareja protagonista en su dúo del quinto acto, en una línea fresca que evidencia lo que hay aquí de la ópera romántica alemana. Con la aparición primero de Adriano y después del pueblo, la atmósfera orquestal se torna más cruel y despiadada, recordando al número final del Holandés con la entrada de Adriano y, con la del pueblo, a los marineros del Holandés cuando hacen aparición en la fiesta del puerto. Rotundo y poderoso final, épico, con la aparición del tema del protagonista en los metales, con una cuerda briosa y sobrevolando a un pueblo enfurecido que clama venganza contra su líder. En conjunto, una dirección notabilísima.

        El reparto de esta obra es relativamente extenso, y si bien unos cuantos personajes carecen de momentos en solitario -los jefes de las familia Orsini y Colonna o los ciudadanos Baroncelli y Cecco del Vecchio- sí que les demanda Wagner una presencia dramática. Son personajes unidimensionales, pero tiene que notarse su presencia. Bayreuth ha reunido a un notable elenco de secundarios, que cumplen al nivel esperado. Más discutible es el trío protagonista, como pasaremos a exponer.

Scherer (Irene) y Schager (Rienzi), en el quinto acto
        Andreas Schager es un veterano en el repertorio wagneriano. Preparó el rol protagonista para el Teatro Estatal de Meiningen hace catorce años, y con él se ha presentado, hace ya más de una década, en Madrid y en Berlín. Es indudable que tiene un buen conocimiento del personaje, convenciendo en la faceta orgullosa y de orador persuasivo con el pueblo gracias a su arrojo y un forte muy potente. Empezó temblón, con un instrumento que necesitaba templarse. En los momentos más líricos ha habido problemas de colocación y ciertos sonidos fijos, y en la plegaria del quinto acto no ha estado cómodo, solventándola cómo buenamente ha podido, con una mezza voce de escasa proyección. Los años no pasan en balde -tiene 54-, sobre todo en un tenor que afronta un repertorio tan exigente como él, con una emisión que se ha vuelto más estrangulada, existen oscilaciones y se aprecia mayor dificultad para componer frases largas en legato.

        No se explica la contratación de Gabriela Scherer como Irene, una cantante que, de entrada, no tiene el perfil vocal que exige el rol. Scherer es una mezzo que, desde hace relativamente poco, aborda papeles de soprano. Es una voz de agudo limitado, de timbre no especialmente destacable y con un fraseo rudimentario, con cierto vibrato no agradable. La esposa de Michael Volle ha preparado el rol ex profeso para estas funciones y, honestamente, creo que el Festival podía haber buscado bien a una soprano que tuviera en agenda el rol, bien a una soprano de instrumento más adecuado. Tampoco termino de entender la reacción positiva del público.

        Me ha decepcionado el Adriano de Jennifer Holloway. La norteamericana es también una mezzo que en los últimos años se ha lanzado a la cuerda de soprano. El año pasado debutó en Bayreuth como Sieglinde sustituyendo a Lise Davidsen, por su embarazo. No destacó, pero cumplió. En aquél momento se anunció que se iba a hacer cargo de Adriano, de ahí que se entendiera el por qué se le había dado la sustitución de la Davidsen. Creo que hizo mejor papel como Sieglinde que con este Adriano. El timbre se confunde con el de Scherer y tampoco es la voz que demanda el rol, que es el de una soprano falcon. Wagner encomendó el rol a una mujer para beneficiarse de las capacidades dramáticas de Wihelmine Schöder-Devriant, quien también sería la primera Senta y la primera Venus. El timbre y material de la Holloway, bastante impersanales, recuerdan más a un muchacho, un Oktavian de El caballero de la rosa, por lo que en el importantísimo monólogo del tercer acto falta temperamento. Encima hay una propensión a vibrato en el registro agudo. Probablemente donde más aseado ha quedado el resultado, tanto ella como la Scherer, ha sido en el dúo del tercer acto. Pese a ello, ha cosechado un aplauso importante.

Andreas Bauer Kanabas como Colonna
        El elenco de secundarios sí ha estado a la altura. Andreas Bauer Kanabas apareció el año pasado sustituyendo a Mika Kares por indisposición como el Rey Enrique en Lohengrin y este año es un convincente Colonna, de voz grande, con altivez y desprecio hacia Rienzi. Michael Nagy es, asimismo, un inteligente Orsini. Vitalij Kowaljow, Hunding oscuro el pasado año y éste el Cardenal Raimondo y Titurel en Parsifal, compone un personaje poderoso, mientras que Matthias Stier es un Baroncelli de línea clásica. Un punto por debajo Michael Kupfer-Radecky como Cecco del Vecchio, empeñándose por momentos en esa línea de canto incisiva que parece gustarle, que conduce a un timbre feo.

        Muy bien el mensajero de la paz de Victoria Randem, sencilla y de voz limpia, que sortea con pulcritud las apoyaturas que Wagner escribió para el personaje en algunos de los finales de frase.

        Lo más destacable de la velada ha sido una Orquesta y un Coro absolutamente plegados a la obra, interpretada sin fisuras, con una opulencia y una seguridad apabullantes para ser la primera vez que se lleva al Festival, en una sala de acústica caprichosa donde no puede saberse a ciencia cierta cómo se iba a comportar en términos de sonido. Thomas Eitler-de-Lint ha presentado un coro que va desde la suavidad y calidez de las voces femeninas que coronan el coro del primer acto -Erwacht- a las explosiones del pueblo triunfante o enfurecido -nótese la atmósfera asfixiante del acto quinto, en una interpretación que recuerda a los marineros del Holandés cuando irrumpen en la fiesta del tercer acto-. Excepcionales, absolutamente. Atronadora ovación se ha escuchado cuando el Coro ha aparecido en el escenario, avivado con la aparición de Eitler-de-Lint. Otro pico de aplausos del mismo calibre se ha producido con la aparición de Stutzmann.

        El resultado logrado en cuanto a cuerpos estables y secundarios ha sido de altos vuelos, y me gustaría que el Festival se replantease mantener la producción en cartel el tiempo acostumbrado -una esperanza a esta posibilidad me la da el hecho de haber anunciado sólo cuatro títulos para 2027, como si se estuviera valorando mantener Rienzi a expensas de los resultados de este año-. Creo que este Rienzi merecería una oportunidad con otras dos damas en los papeles principales.


Grabación digital en HD, en formato .aac a 192 kbps, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales

27 DE JULIO DE 2026.

NOVENA DE BEETHOVEN / BAYREUTH 2026

NOVENA DE BEETHOVEN / Festival de Bayreuth, 25 de julio de 2025, 18 horas.
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Elza van den Heever (soprano), Christa Mayer (contralto), Klaus Florian Vogt -en sustitución de Piotr Beczala- (tenor) y Georg Zeppenfeld (bajo).
Minutación: Preludio de Maestros Cantores: 9:52; Entrada de los invitados de Tannhäuser: 9:02; Novena Sinfonía de Beethoven: 73:12.
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Novena para los anales de la Historia

        Veinticinco años después de que se escuchara por última vez, en 2001, la Novena de Beethoven regresó al Palacio de Festivales para conmemorar los 150 años del certamen. El elegido, por derecho propio, ha sido Christian Thielemann, quien debutó en la Verde Colina en 2000 siendo director de la Deutsche Oper de Berlín y ahora se pone al frente de este aniversario como director de la Staatsoper de Berlín. Un doblete nada usual, como tampoco lo es dirigir dos veces la obra, un privilegio que comparte con Wilhelm Furtwängler, quien lo hiciera en 1951 y 1954.

        De su Novena de 2001 no hay registro oficial. De adolescente conseguí, años después y en la red, grabación procedente de la retransmisión que hizo la Radio de Baviera. En Radio Clásica, para aquél histórico acontecimiento -50 años del Nuevo Bayreuth-, estaba a los micrófonos Ángel Fernando Mayo. ¡Esa retransmisión merecería ser recuperada por Radio Clásica y colocada en su archivo de la web! Con motivo de la mudanza a la que hoy es mi casa, el CD en que contenía esa Novena desapareció (confío en que se encuentre en alguna caja que todavía no he localizado). Afortunadamente he comprobado que la grabación sigue en la red y que puede escucharse. Una Novena que, por la acústica expansiva del Festspielhaus, la nutrida cuerda -leí en su momento que numerosos miembros de la Orquesta de la Deutsche Oper quisieron unirse a la efeméride- y la interpretación grandiosa y detallista a partes iguales del berlinés, ha constituido a mi juicio -a salvo lo que diremos hoy-, por derecho propio, la interpretación por excelencia de la obra en el último medio siglo, y que es digna sucesora de las que dirigiera Furtwängler en 1951 y 1954. Una versión que es superior a la registrada por Thielemann en Viena para su integral de SONY en 2010.

        Si el elenco de 2001 utilizaba a cuatro cantantes procedentes de los Maestros que el berlinés dirigía en aquél momento -Emily Magee, Michelle Breedt, Robert Dean Smith y Robert Holl-, ahora emplea a cuatro cantantes de su confianza: las damas son la Sieglinde y Erda/Waltraute de su Anillo, Elza van der Heever y Christa Mayer, mientras que con los hombres, Piotr Beczala y Georg Zeppenfeld, Thielemann ha tenía una dilatadísima colaboración mano a mano -en Bayreuth en su Lohengrin-, y de hecho ambos aparecieron en la Novena de su integral para SONY. Ahora bien, todos los años han imprevistos y noticias de última hora en el Festival. Este año no iba a ser menos. En el último momento, Beczala anunció su cancelación debido a una afección de laringe, anunciándose a Klaus Florian Vogt. Quizás la providencia ha puesto las cosas en su sitio: Vogt debutó en Bayreuth en 2007 y ha sido un indispensable en el Festival: ha cantado -por orden de participación- Walther, Lohengrin, Parsifal, Sigmundo, Tannhäuser y Sigfrido- y este año cantará, asimismo, Loge. El tenor que, en el siglo XXI, se ha presentado con un mayor número de roles en el Festspielhaus.

        Por la mañana tuvo lugar la tradicional ofrenda del Coro en la tumba del Maestro, con la presencia también habitual de un conjunto de metales, donde se escucharon coros de Rienzi.

        En la Radio de Baviera ha estado al frente de la retransmisión Constanze Fennel. La emisora ha optado por el falso directo, iniciando la retransmisión a las 20 horas, evitando de esta manera el descanso de 50 minutos entre las dos partes, ofreciendo la retransmisión sin solución de continuidad. En cambio, Radio Nacional de España y la RAI italiana han optado por el rigusoro directo a las 18 horas. La retransmisión de Radio Clásica ha corrido a cargo de Irene de Juan, con la traducción de los discursos de Gracia Terrén, que ha hecho una encomiable labor. Hay que achacarle a la Radio de Baviera haber omitido en su retransmisión las fanfarrias, que han sonado desde el balcón del Festspielhaus: en la primera parte la correspondiente al primer acto de Maestros y en la segunda, la propia de la Novena. Esta última es inhabitual y mercería la pena haberla rescatado para la retransmisión. 

        La presencia de la Orquesta y el Coro junto a Thielemann, ha sido recibida por el público con un cálido aplauso. El escenario de negro, exhibía al fondo el mural gigante obra del artista húngaro de graffiti Fat Heat. En él, Luis II de Baviera aparece en el centro de la escena, en concreto en una estancia que recuerda a la Sala del Grial -precisamente, sostiene una copa-, arropado por la bandera de Baviera y la alemana, y rodeado de personalidades de distinta condición pero que, de una manera u otra, han tenido que ver con estos 150 años de Festival: Wagner, Cósima, Siegfried, Katharina, Furtwängler, Toscanini, las actuales directoras Oksana Lyniv y Natalie Stutmann y, a la izquierda, entre otros, encontramos a Hitler, que muestra una carcajada un tanto malévola.


        El discurso de bienvenida ha correspondido a Katharina Wagner como Directora del Festival. La hija menor de Wolfgang ha sorprendido por su delgadez y cambio de aspecto frente a años anteriores. Ha comenzado su intervención con unas palabras dirigidas a su hermana Eva, codirectora del certamen entre 2009 y 2015 -fecha en que cumplió los setenta años-. No he podido saber si Eva, de 81 años, se encontraba en el público. Sí se encontraba Nike Wagner, hija de Wieland, a quien le ha correspondido cerrar las intervenciones.

        Tras el discurso de Katharina se ha sucedido la interpretación del preludio de Maestros, en una lectura bombástica, opulenta en el fraseo y con un apabullante rubato. Desde los primeros compases se notaba que Thielemann era consciente de que no estaba ante una interpretación cotidiana, estaba ante un acontecimiento histórico, y dirige con absoluta unción, concentración y devoción. Todo un prodigio de la dirección el ir rallentando en la reexposición de forma casi imperceptible si no es cuando ya estamos casi al final de la misma y crear un clímax explosivo. Nota común a las lecturas de Thielemann en esta ocasión ha sido el riesgo: un riesgo elevado, con cambios de tempo, rubatos, búsqueda de sonoridades, etc... que exige una orquesta de extraordinaria precisión y un entendimiento con los músicos absoluto. Aspectos estos que se ponen de manifiesto sin reservas en lo escuchado.

        A la pieza han seguido los discursos del Canciller alemán y del Presidente de Baviera, Fiedrich Merz y Markus Söder, respectivamente. El primero ha tenido ocasión de referirse a la polémica suscitada por la conferencia del periodista y publicista judío Michel Friedman, que inicialmente iba a tener lugar a finales de junio, fue suspendida por la polémica suscitada y, finalmente, se desarrollará en la mañana del día 26 en el Festspielhaus, en el contexto de un acto denominado Verstummte Stimmen (Voces silenciadas), con intervenciones musicales dirigidas por Semyon Bychkov. También Katharina ha utilizado su intervención para defender este acto.

        Tras estos discursos, ha sonado la entrada de los invitados del segundo acto de Tannhäuser, en una lectura que se ha iniciado suave, camerística y elegantísima, con la fanfarria de las trompetas en piano. Tempo dilatado y fraseo ensoñador en la cuerda. Su desarrollo ha sido atentísimo, con un coro que siente el texto en cada frase y con un absoluto control de dinámicas en cada frase. Culminó con un final explosivo y rotundo.

        Siguió el discurso de Nike Wagner
Katharina y Nike Wagner
, que en el programa figuraba como el inaugural, propiamente. Por ello ha sido 
el más extenso y también el más profundo, donde tuvo ocasión de poner de manifiesto tanto la trayectoria del Festival a lo largo de su Historia como la figura singular de su bisabuelo, con mención expresa a su tatarabuelo Franz Liszt. Concluyó contando la anécdota de que el manuscrito de Tristán fue enviado por Wieland a Barcelona en 1945, en las postrimetrías de la Guerra, regresando a Bayreuth en 1973 a solicitud de Wolfgang, cuando se constituyó la Fundación Nacional Richard Wagner. Puede haber comentarios discutibles, como cuando al final ha sugerido que habría que lamentar que el certamen ya no esté bajo el control familiar sino de organismos de financiación estatal. Es evidente que el Festival, como cualquier otro evento cultural de estas características, no puede funcionar a coste de mercado, y la financiación pública se hace imprescindible. Tampoco parece que el poder público se haya inmiscuido nunca en los criterios artísticos de la Dirección, por lo que no se entiende el disgusto expresado. En todo caso, parece que las divisiones de ramas, que tantos ríos de tinta han hecho correr en el último medio siglo, aparecen ahora atenuadas en los bisnietos.

        Tras un descanso de cincuenta minutos, donde Irene de Juan en Radio Clásica ilustró la relación de Wagner con la Novena de Beethoven. Especialmente destacado ha sido rescatar las notas a la Novena que Wagner redactó en su etapa de Dresde.

        Y llegó la Novena. Vamos a anticiparnos y dar previamente el veredicto final: estamos ante una lectura histórica, absolutamente referencial, y que por el minucioso tratamiento de cada pasaje, el rubato, la atención a las filigranes sonoras de los distintos instrumentos y un coro explosivo, apabullante y triunfal, entronca directamente con Furtwängler y, en particular, con su última interpretación de la obra, aquella que dirigió el 22 de agosto de 1954 frente al lago de Lucerna, junto a la casa de Wagner, con la Philharmonia de Londres (Tahra). Desde entonces, Karajan, Böhm, Bernstein y Barenboim han desarrollado interpretaciones sobresalientes de la Novena en varias ocasiones, pero es de justicia reseñar que Thielemann las supera en esta ocasión. Una interpretación que supera, asimismo, la llevada a cabo en la Musikverein de Viena en 2010 con la Filarmónica (SONY) que, a su vez, era superada por la que dirigió en el Festspielhaus hace veinticinco años, y que no ha sido publicada. Es razonable pensar que DG publicará para el próximo verano lo escuchado aquí.

Thielemann en un momento del concierto
        La Novena de 2001 le duró a Thielemann 72'40 -más lenta que la que dirigiera Böhm en 1963, con 70'29, y más rápida que las de Furtwängler, quien en 1951 se movió en el entorno de los 74'30 y, tres años más tarde, en 1954, pasó los 75-. En todo caso, el planteamiento beethoveniano de Thielemann siempre ha mirado a Furtwängler -Karajan era más ágil y no sobrepasaba los 70 min-. En esta ocasión la minutación es de 73:13.
Por movimientos: 16'48 (I), 14 (II), 17'25 (III) y 25'35 (IV). En 2001, el desglose fue: 16'36 (I), 12'56 (II, si bien en esta ocasión se omitió la repetición de la primera sección), 17'34 (III) y 25'12 (IV). No hay, por tanto, diferencias significativas, apenas unos segundos más en esta ocasión, salvo el tercer movimiento, que fue nueve segundos más rápido en esta ocasión. Me detengo en la cuestión de las minutaciones porque he leído por la red algún comentario expresando la excesiva lentitud de Thielemann en los dos primeros movimientos frente a la mayor ligereza del cuarto. Pues si consideramos como canónicas las interpretaciones de Furtwängler, Thielemann es ligeramente más rápido, y aunque efectivamente el primer movimiento resultó de un pathos opulento y recargado y el cuarto denotó mayor chispa y frenesí, en realidad en este último movimiento el berlinés superó la minutación de Furtwängler tanto de 1951 como de 1954. Valgan estas indicaciones para hacer patente que una cosa es la concepción que el director puede tener de uno u otro movimiento y otro muy diferente el tiempo que invierte en él, hasta el punto de que ni el primer movimiento es tan lento como parece ni el último tan ligero como la batuta nos transmite. El director sí ha conseguido transmitir la contraposición entre el pathos del primer movimiento y la sincera alegría del cuarto.

Klaus Florian Vogt y Georg Zeppenfeld
        Thielemann tardó unos instantes en poner en marcha ese mecanismo preciso que es la nota de la trompa (13 compases) junto con los seisillos en violines II
-quinta justa la2-mi3-, que a mí particularmente siempre me ha emocionado al interpretar la obra. Desde el primer momento evidenció un sonido dúctil, envolvente, musculado, apoyado en una cuerda de magnífico empaste pero nada brumoso, cristalino en todo el entramado, afrutado, en un Beethoven que bien mira al Brahms más crepuscular y el Bruckner más lírico. No encontraremos aquí las lecturas duras y graníticas apoyadas en percusivas trompetas y timbales que tanto se asocian a Beethoven. La articulación es magnifica, con momentos excepcionales: el juego de fuerzas cuerda-maderas en la reexposición en el primer movimiento, previa a la coda o el ritmo marcado por las trompetas, suave pero presente, en el tema de la Oda con el coro. Las trompas estuvieron magníficas, destacando en suavidad, elegancia y nitidez en los solos de los dos primeros movimientos.

        El segundo movimiento resultó más frenético que en 2001 y que en la grabación vienesa de 2010. Al llegar al clímax de la sección central enlentenció el tempo, como es seña de identidad, pero no de forma tan acusada como en la interpretación de 2010 -un detalle absolutamente excepcional de aquella grabación-. La audiencia apaludió tras este segundo movimiento.

Elza van den Heever y Christa Mayer
        El tercer movimiento ofreció dulzura, en una lectura cargada de lirismo y ensoñación, muy 
humana. El propio Wagner en sus notas a la Novena describió este movimiento con la metáfora Tejer el hilo hasta que se deshace. Y eso es lo que hizo Thielemann. Poco importa la anecdótica pifia de la trompeta en la primera fanfarria que interrumpe la última variación -fanfarrias que se resultaron más blandas de lo que estamos acostumbrados-. Una pifia que concede sabor y magia de directo a una interpretación que se ofrece en vivo, de una vez, de un tirón, sin trampa ni cartón.

        El cuarto movimiento, tras un comienzo que no se caracterizó por el cataclismo ni la dureza, ofreció una línea cantábile de tempo vivo en el tema de la Oda a la Alegría desde la aparición del tema en cellos y contrabajos. El fagot se muestra muy nítido y presente y, con la aparición del bajo, el oboe sonó nítido y brillante. El control de las distintas secciones, su mayor presencia o su mayor discreción estuvo controlado al milímetro, ofreciendo un sonido de una homogeneidad apabullante, rotundo y elegante, del terciopelo más denso y suave que se puede imaginar.

        El cuarteto vocal, de voces netamente líricas, un punto más de lo que se estila, funcionó bien, empastado y plegado a las exigencias del director. En su entrada, Zeppenfeld sonó perceptiblemente emocionado -al borde de un quiebro vocal-.

        El Coro, dirigido por Thomas Eitler-de-Lint, dejó claro que es el mejor coro del mundo, ya desde su primera entrada, con un Freide! rotundo, cortante y mayestático. Eitler-de-Lint se estrenó el pasado año como director, y un año después parece evidenciar que su proyecto para con el Coro del Festival es seguir la estela del histórico Wilhelm Pitz: un sonido poderoso, granítico, rotundo, frente a su predecesor Eberhard Friedrich, que buscó un sonido más suave y limado, aterciopelado. En todo caso, dos formas magníficas de entender la dirección coral, como depositarios de una tradición centenaria. En esta Novena el Coro del Festival ha evidenciado que no tiene rival.

        La interpretación finalizó con estruendosas ovaciones, comenzando acto seguido un importante pataleo, máximo signo de aprobación. No ha sido esta una interpretación de rutina o compromiso por parte de Thielemann. Lo evidenciado tanto en las dos primeras obras como en la Novena es un compromiso absoluto, con una dirección absolutamente arriesgada, de quien conoce las obras y conoce a los músicos y los músicos al director. Música con mayúsculas.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 192 kbps, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales

Detalles sobre la nueva producción de Rienzi

25/07/2026

La Radio de Baviera ha entrevistado a Andreas Schager y Gabriela Scherer, quienes encarnarán a Rienzi e Irene en la nueva producción de Rienzi, y también a la directora francesa Nathalie Stutzmann, que lleva las riendas desde el podio.

Nathalie Stutzmann posa en uno de los
ensayos con un Wagner de Playmobil,
conmemorativo de los 150 años del Festival, 

        El hecho de que Rienzi haya estado a cargo del heldentenor de la casa ha sido fruto de un cúmulo de circunstancias: en la entrevista concedida a la Radio de Baviera, Andreas Schager relató que hace catorce años preparó el rol para el Teatro Estatal de Meiningen. Después lo cantó en la Deutsche Oper de Berlín con poca antelación, y también en versión concierto en el Teatro Real de Madrid. Su visión del personaje no es la de un dictador, sino la de un hombre carismático y leal que pretende buscar soluciones a una Roma que ama. Considera que es el único gran héroe wagneriano que no está motivado por el amor a una mujer, sino que se trata más bien de política, de amor a Roma y, quizás, también a su pueblo. El tenor austriaco declara sentirse fascinado por la figura de Rienzi, porque él estudio Historia y estamos ante un personaje histórico. Además, ha despejado las dudas acerca de si la obra funciona en la compleja acústica del Festspielhaus: La acústica es sensacional. Esta música, las potentes secciones de viento, los coros, los coros lejanos: en el Festspielhaus, todo se despliega con un efecto completamente único. En cambio, para la soprano Gabriela Scherer, estamos ante su primera aproximación al personaje de Irene, que ha preparado para estas funciones. En otra entrevista concedida a la Radio de Baviera, adelante que en esta producción Irene está en el centro de la compleja red de relaciones entre Rienzi y Adriano y, en cierta medida, también crea a Rienzi, quien posteriormente pierde cada más el contacto con la realidad. La soprano recalca la situación entre los hermanos, próxima al incesto que luego se pondrá de manifiesto entre los welsungos en La Valquiria. Considera que estamos ante una obra maestra que bien merecería que permaneciera en Bayreuth.

        Si en Rienzi ha sido una propuesta recurrente de los directores de escena asociar el notario papal a Hitler o a Mussolini, la producción de Szemerédy y Parditka opta por un enfoque diferente, centrada en Rienzi como persona. Declara Schager en la citada entrevista para la Radio de Baviera: Se nota que la adoración incondicional del pueblo lo asusta. En realidad, no quiere ser rey. Lo dice explícitamente: "Quería que fueran libres". Inicialmente se ve a sí mismo como un servidor del pueblo.

        Nathalie Stutzmann afronta su tercera temporada en Bayreuth, tras su Tannhäuser de 2023 y 2024. Confiesa que sólo conocía la obertura y la famosa oración del protagonista del quinto acto, pero la ópera en su conjunto era nueva para ella. Declara que cuando comenzó a estudiarla, le sorprendió la cantidad de momentos maravillosos que contiene: no sólo la famosa oración del protagonista, sino también la oración del coro femenino en el tercer acto, que es increíblemente conmovedora. Y luego están las magníficas escenas con Adriano y Orsini. Hay muchísimas música grandiosa en esta obra. La historia también me fascina. En esencia, es profundamente humanista. Incluso diría que es una ópera por la paz. Hace ver cómo la ópera, a partir del tercer acto, tiene muchas escenas íntimas, experimentando un amplio espectro de emociones humanas. Musicalmente, el reto reside en mantener esta enorme diversidad a lo largo de muchas horas. La ópera debe conservar la tensión desde la primera hasta la última nota. Sobre la obertura, declara: Al principio, se escucha la fanfarria de trompetas, seguida por el maravilloso tema de violonchelo que evoca una oración. Esta música implora por una humanidad mejor y por la paz. Así es como debe interpretarse.

        Stutzmann también recalca que Rienzi es un humanista que creía en la paz: La verdad sobre esta figura no tiene nada que ver con quienes posteriormente se apropiaron de su historia y la utilizaron indebidamente para sus propios fines. En el arte, debemos distinguir entre una obra maestra y quienes la utilizan posteriormente para sus ideologías.

FESTIVAL DE BAYREUTH 2026


        Diez años llevamos comentando en el blog el Festival de Bayreuth. Celebramos este año los 150 años de su primera edición, con el estreno del Anillo en 1876. Comentarios y opiniones son siempre bien recibidos, pero siempre hay más actividad en el blog en esta época del año. Siete títulos en cartel, regresando a la situación habitual en los años con Anillo

Debido a la efeméride, y como es tradición, el Festival se inaugurará el 25 de julio con la Novena de Beethoven, que dirigirá Christian Thielemann. La última ocasión en que sonó en el Festspielhaus fue en 2001, con motivo de los cincuenta años de la reapertura, y fue también Thielemann quien estuvo en el podio, en aquél momento director de la Deutsche Oper de Berlín y, un cuarto de siglo después, hoy director de la Staatsoper de Berlín. Será a las 18 horas y previamente a la obra de Beethoven se escuchará el preludio de Maestros y la entrada de los invitados del segundo acto de TannhäuserComo en años anteriores, un día antes, 24 de julio, tendrá lugar la primera de las dos funciones de Festspiele Open Air -la segunda será el 2 de agosto-. Además, como ocurriera el año pasado, habrá también un concierto específico para el coro, llamado Chor-Open-Air, que tendrá lugar en la mañana del 1 de agosto.

El 26 de julio tendrá lugar el estreno de la nueva producción de Rienzi, en la única edición del Festival en que podrá verse y con motivo del aniversario. Los días 27, 28 y 30 de julio y 1 de agosto se ofrecerá la Tetralogía. El Holandés y Parsifal se ofrecerán los días 29 y 31 de julio, respectivamente, aprovechando las jornadas de descanso del Anillo.

Como cada año, en Discografía Wagneriana seguiremos atentamente el Festival, jornada a jornada, con crónica de las retransmisiones del primer ciclo, imágenes de cada producción, y los enlaces para su descarga. Además, quien escribe este blog tiene entradas para el segundo ciclo del Anillo (4, 5, 7 y 9 de agosto), el Holandés (6 de agosto) y Rienzi (8 de agosto), por lo que también se colgará la crítica de estas funciones.

La Radio de Baviera ha anunciado que retransmitirá la Novena de Beethoven, Rienzi y el Anillo. No se retransmitirán Parsifal ni el Holandés, una decisión muy discutible, pues los cambios de reparto presentan interés: Miina-Liisa Värelä como Kundry y el Holandés de Nicholas Brownlee, con algunos cambios atractivos en otros roles. En riguroso directo sólo será Rienzi -el programa empezará a las 15:05 y Sylvia Schreiber ofrecerá información sobre el Festival y detalles de la nueva producción-. El resto de días la retransmisión será en falso directo a partir de las 20 horas, lo que hará que terminen bien entrada la noche, pues otros años el falso directo comenzaba a las 18. Tras la Novena inaugural, Bettina Volksdorf y Bernd Künzig realizarán un programa especial sobre los 150 años del Festival. Además, la Radio de Baviera ofrecerá en su web en vídeo, pero sólo para Alemania, el estreno de la nueva producción de Rienzi. Ahora bien, el canal de YouTube de ARD Klassik retransmitirá también en vídeo este estreno. En los cines de Alemania podrá verse a las 18 horas.

Radio Clásica de Radio Nacional de España retransmitirá en directo las citadas funciones, a partir de las 16 horas, salvo la Novena de Beethoven y el Oro, que comenzarán a las 18. Este año las retransmisiones correrán a cargo de Irene de Juan y Clara Corrales. La primera ya se ocupó el año pasado del Anillo y la segunda se estrena en este cometido. Irene de Juan se hará cargo de la Novena inaugural, Clara Corrales de Rienzi y ambas del Anillo. La Tetralogía contará en los descansos con invitados como Arturo Reverte, Darío Fernández Ruiz, Lourdes Jiménez, Pedro Gómez, Ricardo de Cala -presentador de estas retransmisiones entre 2019 y el pasado año- o Rafael Fernández de Larrinoa. La Radio de Baviera puede escucharse aquí. Radio Clásica de Radio de Nacional de España puede escucharse aquí. Un listado completo de emisoras que retransmiten el Festival puede encontrarse aquí.


LAS NOVEDADES DEL FESTIVAL 2026

25 DE JULIO, 16 HORAS


Dirección musical de Christian Thielemann.

Elza van der Heeven / Christa Mayer / Piotr Beczala / Georg Zeppenfeld.


26 DE JULIO, 16 HORAS


Nueva producción de Alexandra Szemerédy y Magdolna Parditka.

Dirección musical de Natalie Stutzmann.

Andreas Schager / Gabriela Scherer / Jennifer Holloway / Andreas Bauer Kanabas / Michael Nagy / Vitalij Kowaljow / Matthias Stier / Michael Kupfer-Radecky / Victoria Randem.


27 DE JULIO, 18 HORAS


Nueva producción de Marcus Lobbes.

Dirección musical de Christian Thielemann

Michael Volle / Jochen Schmeckenbecher / Klaus Florian Vogt / Anna Kissjudit / Alexander Grassauer / Siyabonga Maqungo / Evelin Novak / Christa Mayer / Mika Kares / Peter Rose / Gerhard Siegel.


28 DE JULIO, 16 HORAS

LA VALQUIRIA

Nueva producción de Marcus Lobbes.

Dirección musical de Christian Thielemann.

Klaus Florian Vogt / Elza van den Heever / Mika Kares / Michael Volle / Camilla Nylund / Anna Kissjudit.


29 DE AGOSTO, 18 HORAS

EL HOLANDÉS ERRANTE

Producción de Dmitri Tcherniakov estrenada en 2021.

Dirección musical de Oksana Lyniv.

Nicholas Brownlee / Elisabeth Teige / Mika Kares / Benjamin Bruns / Nadine Weissmann / Kieran Carrel.



30 DE JULIO, 16 HORAS

SIGFRIDO

Nueva producción de Marcus Lobbes.

Dirección musical de Christian Thielemann.

Klaus Florian Vogt / Gerhard Siegel / Michael Volle / Jochen Schmeckenbecher / Peter Rose / Christa Mayer / Camilla Nylund / Victoria Randem.


31 DE JULIO, 16 HORAS

PARSIFAL

Producción de Jay Scheib, entrenada en 2023.

Dirección musical de Pablo Heras-Casado.

Andreas Schager / Georg Zeppenfeld / Miina-Liisa Värelä / Michael Volle / Vitalij Kowaljow / Jordan Shanahan.


1 DE AGOSTO, 16 HORAS

EL OCASO DE LOS DIOSES

Nueva producción de Marcus Lobbes.

Dirección musical de Christian Thielemann.

Klaus Florian Vogt / Camilla Nylund / Michael Kupfer-Radecky / Mika Kares / Magdalena Hinterdobler / Jochen Schmeckenbecher / Christa Mayer.