Del 3 al 10 de agosto me encontraré en Bayreuth presenciando el segundo ciclo del Anillo, la segunda función del Holandés y la tercera de Rienzi. Tengo intención de redactar críticas detalladas de estas funciones cuando vuelva de vacaciones, pero he pensado en hacer un diario telemático de estos días, donde en forma de notas breves iré compartiendo con los lectores del blog lo que acontece en el Festspielhaus. También es una forma de sugerir posibles planes que hacer en Bayreuth y alrededores fuera de las representaciones. Este formato me permite escribir desde el móvil con comodidad, evitándome llevar conmigo otros dispositivos.
LUNES 3 DE AGOSTO
Llegada al aeropuerto de Munich a las 11:30, puntual. Eficiencia germánica en el despacho de maletas. Las obras que afectan últimamente a la infraestructura ferroviaria alemana hace que no haya servicio directo del aeropuerto de Munich a Nuremberg, lo que obliga a tomar el cercanías hasta la estación central de Munich. A las 11:55 ya estoy montado en el cercanías. Algo más de 40 minutos. Desde ahí tren a Nuremberg, que llegó a las 14:30. Aquí empieza la odisea, pues está cortada, también por obras, la línea que va a Bayreuth en el tramo entre Nuremberg y Pegnitz. Autobuses de tipo urbano cubren el recorrido, con una masiva afluencia de viajeros y un problema evidente para hacer frente a la demanda. Importante atasco para salir de la ciudad y viaje en un vehículo de estas características por una autobahn alemana. El autobús terminó el recorrido en la estación de tren de Pegnitz, donde efectué transbordo al tren. Llegada a Bayreuth a las 16:30. Si Munich disfrutaba de unos agradables 28°, en Núremberg había nada menos que 38°, y en Bayreurh 35°. La ciudad respira un calor agobiante. Paseo por el centro y cena. Esto acaba de empezar.
MARTES 4 DE AGOSTO
Excursión matinal a Lichtenfels, ciudad del mimbre, a menos de una hora de Bayreuth. Muñequitos hechos con mimbre trenzado saludan aquí y allá desde los balcones. Subida a la basílica de Vierzehnheiligen en bus urbano. Ojo con los horarios porque el regreso no cuadraba con los horarios de los carteles de la parada. Regreso andando, 45 minutos de paseo por la alegre campiña bávara. Seguimos con ola de calor, con treinta y tantos grados. Paseo por el centro de la localidad (las dos puertas históricas, la iglesia, el antiguo palacio...) y regreso a Bayreuth. Una pena no haber encontrado medio para llegar a la Abadía de Banz, que desde lo alto mira a la localidad. Una ducha no vendrá mal, al Festspielhaus se va limpio.
Segundo ciclo del Anillo IA. O del Anillo surrealista. Imágenes plásticamente sugerentes se descomponen y recolocan en transiciones muy naturales que recuerdan al surrealismo daliniano. Se mezclan con imágenes históricas (al comienzo de la primera, segunda y cuarta escenas vemos el Anillo de 1876). La IA consigue cosas interesantes en la primera y tercera escena, pero en la cuarta el batiburrillo no tiene sentido. Cuando Erda avisa a Wotan sobre el Anillo aparece una señal de peligro radioactivo y todo se tiñe de verde Chernobill, como también cuando las ondinas se lamentan mientras los dioses entran en el Walhalla (la naturaleza mutilada con el robo del oro?). Elenco a alto nivel. Las voces con más presencia y estabilidad que por radio, especialmente la radio coloca en peor posición a Volle (Wotan), Novak (Freia) y las ondinas. En cambio, si bien Alberich se maneja y ofrece una creación dramáticamente muy completa, en directo la voz no es muy grande y le falta grave (y anchura en la maldición). Maravillosa la Orquesta a las órdenes de Thielemann, dúctil y propicia a un sinfín de colores que la batuta moldea con absoluta convicción, con algunos detallitos marca de la casa (sonoridades originales, pausa dramática que corta el aliento antes de que Alberich culmine su maldición). El más aplaudido de la noche, con unas ovaciones estruendosas acompañadas de un pataleo que hizo vibrar el suelo del Festspielhaus. El público estaba esperando a la IA, y nada más acabar el último acorde prorrumpió en un importante abucheo. Se tornó en bravos con la salida de las ondinas, un trío muy compacto y muy cantábile. Los más aplaudidos de la noche fueron Novak (Freia, limpia y cálida, me sorprendió frente a la retransmisión), Kissjudit (Fricka de fuste absolutamente impresionante, en la línea de una Gorr o una Randová), Vogt (estruendosísima ovación, muy querido en Bayreuth, llegando a dar la mano al concertino a través de la concha) y Volle (muy firme, bien fraseado, vigoroso y con unas oscilaciones en piano contestando a Erda, pero menos perceptibles que por radio). Se confirma que Peter Rose no tiene voz para Fafner, un bajo rossiniano. Kares es un buen Fasolt, pero no llega aquí a la caracterización dramática de Hagen, un papel más agradecido, aunque la expresión que adopta cuando se lamenta de cambiar a Freia por el oro es muy destacada. Todos dos rondas de salidas en solitario y conjunta con el director al finalizar cada una. La IA puede ser una herramienta de gran utilidad, y la puesta en escena muestra el Anillo de Wagner y no otra cosa, lo cual se agradece. Pero encomendarle toda la labor es demasiada tarea. No todo lo que aparece en escena es útil para la obra. Lo más interesante, algunas mezclas surrealistas de gran impacto y plásticamente muy bellas. Agradezco que, por una vez, no haya konzept, aunque parece que algunos en el público lo necesitan para justificar un montaje. Parquedad de movimientos, se ha jugado todo a la carta de la IA: primera escena muy estática. En las demás dentro de la parquedad hay movimiento suficiente, en una línea un tanto hierática. La muerte de Fasolt mal trabajada: se queda inmóvil y luego sale por su propio pie.
Después de cenar, fui a ver el vídeomapping instalado en Wahnfried (hay tres pases cada día: a las 21:30, 22 y 23:30). Dura 15 minutos. Un montón de imágenes que se deconstruyen. Escasa presencia de la historia del Festival más allá de algunos planos del Festspielhaus y una foto de Hitler. Hecho en falta referencias a un momento tan importante como es la reapertura con el Nuevo Bayreurh, más interesante que sacar a Hitler y una maqueta de un edificio para Berlín de Albert Speer. La música se mueve entre el preludio de Parsifal deconstruido y la propia de un vídeojuego de los años noventa. Una pena no haber utilizado música del Maestro.
MIÉRCOLES 5 DE AGOSTO
Paseo matinal por la ciudad. Subida a la azotea del Ayuntamiento, piso doce (acceso libre en horario de 10 a 16 los días laborables). Buenas vistas. Me acerqué al museo de Historia de Bayreuth, en la Kircheplatz. Por desgracia no tienen expuesto el dormitorio de Wagner que en su día estuvo en el hotel Fantaisie en Eckersdorf. Tenía la idea de que había sido llevado al museo, pero parece que no es así. La persona de la entrada no me ha sabido decir si actualmente está expuesto y dónde está. Visita al anticuario de Rainer Schlicht, en la Richard Wagner Strasse. Inabarcables sus libros y partituras (qué edición de las partituras de las óperas de Richard Strauss!). Paseo hasta Rohrense. La temperatura va bajando, pero a mediodía ha llegado a los 32°. Finalmente, una vuelta por la Markplatz para comer y regreso al hotel.
Primer acto de Valquiria. La IA al principio parece que no encuentra coherencia con lo que se narra en escena. Para la entrada de Hunding utiliza la producción de Tankred Dorst que dirigiera Thielemann. Cuando Sigmundo habla de su soledad o de aspectos relativos a ésta se proyectan imágenes de hombres semidesnudos y desnutridos en blanco y negro (represaliados?). Con el Wintersturne es posible ver la producción de Jurgen Flinn de 2000, que protagonizarán Plácido Domingo y Waltraud Meier. En el Du bist der Lenz aparece el primer acto de la producción de Peter Hall que en 1983 estrenó George Soltó. La IA acierta en cuando a un fresno que prácticamente está presente en todo momento y donde se adivina la espada clavada en él (justo cuando arranca la recta final del acto y Sigmundo inicia su Siegmund...) se va en un momento el tronco, pero la máquina lo coloca a tiempo de nuevo. Cuando arranca la espada del tronco irrumpe un destello de luces multicolores. Vogt hace el gesto de sacar la espada. Thielemann mantiene el tempo vivo. Cuerda portentosa, muy fléxible y dúctil en un fraseo cantábile para una pareja demasiado lírica. Vogt en el modo habitual. Van den Heever encarna una Sieglinde de timbre aniñado y volumen justo, pero cantábile y de buenas maneras. En su relato falta grave al comienzo. En las ultimas frases falta anchura. Kares es un Hunding noble de muy buena presencia, tornado en oscuro y hosco al saber quién es el huésped que ha llegado a su casa. Final de acto frenético en la orquesta. Bravos sonoros del público. El trio de cantantes han salido juntos a saludar una única vez.
En el segundo acto la IA apenas encuentra reminiscencias a puestas en escena, optando por un prácticamente continuo caleidoscopio de perfectas transiciones pero neutro significado, por lo que por momentos me acuerdo del protector de pantalla del Windows de mi niñez. Durante los apremios de Fricka a Wotan aparece proyectado un hombre alto, de camisa blanca, tirantes y brazos abiertos (es Kna, invocado por la poderosa Kissjudit?). Denota clase el Wotan de Volle, con un monólogo donde el texto está dicho con gran saber, aunque en la zona baja el instrumento quedé algo mate. Tremendo reproche a Brunilda -Ha, freche du-, que ha puesto los pelos de punta. Cuando Brunilda se queda sola calculando qué hacer, sale el zar Nicolás II en una de sus ultimas imágenes ya preso (el destino de Sigmundo?). La Nylund procura no alargar las notas más de lo imprescindible para que no se nota que el instrumento oscila. Arrojados Hojotohos iniciales y aceptable en el dúo con Wotan. En su regreso cuando Wotan está con Fricka, la sonoridad que imprime Thielemann es clavada al del Anillo de Karajan. En el anuncio de la muerte se evidencia que el rol vocalmente le viene grande y existe un vibrato que, si bien no es tan acusado como por radio, sí es perceptible. Van den Heever aguantó el tipo en los delirios, pero el instrumento no es muy grande y se torna algo metálico en el agudo en los momentos más comprometidos, si bien no roza el grito. En general se puede decir que está siendo una función donde hay buen canto, aun cuando haya voces poco apropiadas en algunos roles. Saludos individuales. Kares apreciado por el público y Vogt ovacionado. En este segundo acto hay un movimiento escénico que cumple, y las imagenes con dos alturas o escarpadas dan sensación de profundidad efectiva. No se entiende por qué no muere nadie en escena, ayer Fasolt y hoy Sigmundo sale por su propio pie. Me ha gustado el detalle de que Sieglinde en su delirio al despertar se encuentre de repente con Hunding emergiendo de las sombras que entra dispuesto a matar a Sigmundo.
En este tercer acto la cabalgata es ilustrada con escenas militarizantes. Aquí la IA parece que se ha aprendido Apocalipse Now. En buena parte del acto se utiliza banco y negro y grises, con unas figuras que recuerdan a las más góticas siluetas de cuadros de Friedrich. Curiosamente tarda en salir el ábside en ruinas de la propuesta de Chéreau (los más avezados sabrán que no fue una idea original del montaje de 1976, sino una revisión del francés según ivan pasando las ediciones en cartel), no ocurre hasta el dúo de Wotan y Brunilda. El montaje de Tankred Dorst (2006-10) aparece un par de veces, y durante los adioses, tras aparecer un imponente Hans Hotter en el montaje de Wieland señalando con el brazo, mayestático, a su hija dormida, permanece largo rato el de Alfred Kirchner (1994-98), con ese panel en forma de vela que simbolizaba la roca de las valquirias. En el final, este montaje se mezcla con el cubo de rayos laser de Harry Kupfer. No se entiende por qué en el fuego mágico aparecen una suerte de iglesias o catedrales estilizadas, con cierto aire de castillos, en tonos rojizos. Parecen reminiscencias del Alcázar de Segovia y la Giralda de Sevilla. Notable conjunto de valquirias. Volle, el más aplaudido en los saludos finales, ha estado potente y ha culminado su intervención con unos adioses donde ha estado implicadísimo. Van den Heever ha estado al limite en su despedida, pero con buen gusto. La Nylund con vibrato perceptible en los momentos de bravura, faltando metal. Cuando aparece ante Wotan más que la valquiria orgullosa parece Eva Pogner como una niña buena con su padre al principio del segundo acto de Maestros. En todo caso, ha tenido una buena aceptación del público. Thielemann poderoso, con metales rugientes y un fraseo en las cuerdas cálido y elegante. Abucheos minoritarios a la puesta en escena. Han salido primero Volle y Nylund juntos a saludar y después ha habido dos salidas a saludar con salido conjunto al final de cada una. Thielemann ovacionadísimo, ha ido a tocar la madera del procesnio del Festspielhaus, como queriendo decir "la magia tambien la da el edificio". No cabe duda de qué la sala tiene una de las mejores acústicas del mundo, si no la mejor, pero dicha acústica es indomable y muy compleja de manejar, por lo que hace falta un buen director.
La Valquiria presenta movimientos naturales, teniendo menos estatismo que el Oro. De todas formas, no se entiende la querencia de los cantantes de permanecer casi todo el tiempo en el lado izquierdo del espectador y no se utiliza prácticamente nada el lado derecho. A lo largo de la tarde la temperatura se ha ido suavizando, quedándose una tarde muy agradable en el segundo descanso. Parece que la ola de calor remite.
JUEVES 6 DE AGOSTO
Excursión a Kronach, patria chica del pintor Lucas Cranach, quien tiene una estatua en la plaza del mercado. El director de orquesta Axel Kober también nació aquí. Cuidado casco antiguo, típicamente bávaro, al que se accede subiendo. Iglesia de San Juan Bautista y fortaleza de Rosenberg. La temperatura da tregua y hoy hay máximas de 28°. Hoy se ha inaugurado la Feria del Vino de Bayreuth en la plaza del Mercado. Como otros años está Daniel y su puesto de jamón de Teruel.
A las 6 función del Holandés. Segunda de las programadas, con la Senta de Asmik Grigorian (la primera función la cantó Elisabeth Teige). Producción de Tcherniakov que afronta su último año en cartel, apreciada por el público. Oksana Lyniv desarrolla un Holandés más flexible en tempi e intenciones, no tan inflexible y rotundo como en años anteriores, donde hay espacio para el fraseo cantábile y tierno de la cuerda, y para la ensoñación en el dúo de los protagonistas (de hecho el final del dúo suena más redondeado y suave en la orquesta y menos inflexible que en años anteriores). Elenco absolutamente referencial, encabezado por un Nicholas Brownlee de poderosos medios (ya lo dejó bien claro en su entrada y coronando con un impresionante y prolongado agudo su aria). A sus treinta y tantos años tenemos un bajo barítono imponente que podemos considerar la voz referente en su cuerda en la nueva generación. Quizás hubo una tendencia al mezzo forte y forte, pero tiene mucha carrera por delante e irá haciendo su propio personaje poco a poco. Vocalmente es un derroche incansable que sorprende. Frente a semejante instrumento, la Grigorian intentó sacar volumen para homologarse a su parteneire, lo que le llevó a rozar el grito en el final del dúo y de la obra. En todo caso, el acabado dramático del personaje está muy cuidado pese a ciertos ademanes veristas y forma de abordar la balada que no son de lo wagneriano más clásico, pero de gran calidad en todo caso. Las frases en piano tienen gran atractivo y hay filados muy bellos. El instrumento de Brownlee probablemente empareje mejor aún con Elisabeth Teige, que tiene una voz más ancha y poderosa. Excelente el Daland de Mika Kares, poderoso y rotundo sin merma de un fraseo redondeado. Benjamin Bruns es un aristocrático Erik de timbre luminoso cantado de forma modélica. El debutante Kieran Carrell es un Timonel de línea clásica, de agudo fácil e impoluta línea de canto que hace gala a la tradición de este rol en el Festival. Nadine Weissmann hace la acostumbrada Mary. Su aumento de peso es perceptible y confiemos que ello no se deba a ninguna dolencia, pues es una fiel secundaria de Bayreuth, siempre profesional y agradable. Importantísimas ovaciones al Coro, el primero en salir a saludar. El elenco ha hecho dos salidas completas, una telón abierto y otra a telón cerrado, saludando todos juntos al acabar cada ronda. También han salido en solitario los protagonistas, ovacionadísimos y con Grigorian recibiendo los bravos de rodillas en el escenario del Festspielhaus en sus dos salidas. Imperdonable que la Radio de Baviera no haya dado la primera función, además con la referencial Senta de Elisabeth Teige, probablemente la más importante de nuestros días. Vocalmente creo que estamos ante el mejor título de esta edición. El elenco escuchado hoy puede homologarse sin problema con el de los años dorados.
VIERNES 7 DE AGOSTO
La semana avanza. Por la mañana paseo por el barrio de Sankt Georgen (al otro lado de la estación), una zona de calles largas y edificios palaciegos al comienzo y después de casitas de planta baja, muy entrañable y tranquilo. Desde allí bajé al barrio de Sankt Johannes para enfilar toda la calle que llega al Eremitage. La temperatura ha quedado en 26° de máxima, una dulce estabilidad soleada que permite disfrutar del día sin pasar ni frío ni calor. Paseo por el Eremitage y regreso al centro en bus. Visita a tres anticuarios: el de la Bahnhoff Strasse y los dos de la Carl Schüller Strasse.
Prosigue la Tetralogía con Sigfrido. El Anillo va creando empatía entre los compañeros de fila en el Festspielhaus: unos esperan a otros para acceder a su sitio y no tener que levantar a los intermedios, y mi vecino me preguntó por mi procedencia. Cuando le respondí que España me indicó que ha hecho cinco veces el Camino de Santiago y que le encantaba nuestro país.
Thielemann planteó una dirección suave, redondeada y camerística los dos primeros actos, y más bombástica y dramática el tercero. Vogt en su linea y con su material, aunque hay que reconocer que frases, matiza, puede con el papel y llega ileso al final, permitiéndose incluso frases largas en los últimos minutos y sacar arrojo donde otros tenores no han podido. Gerhard Siegel no hay duda de que es un Mime antológico, muy atento al ritmo pero también con un montón de inflexiones, matices, dinámicas... Completísimo. Michael Volle volvió a imponerse como un Wotan noble, vigoroso en el forte, algo oscilante en el piano (llamadas a Erda y comienzo del dúo con ésta). Schmeckenbecher me ha sonado hoy con una voz más grande e incisiva que en el Oro (curiosamente en la retransmisión me gustó más en el Oro). La creación dramática es importante y entre él y Volle crearon una importante primera escena del segundo acto. Peter Rose no tiene voz para Fafner. Su intervención inicial la realiza desde fuera de escena, pero desde que Sigfrido le despierta sale al escenario en forma humana. Su complexión baja y su forma de salir a escena en un escenario boscoso recuerda más a un hosco guardabosques, una especie de señor Rufo de Maruxa malencarado. Victoria Randem estuvo algo insegura en su primera intervención, mejor en las dos siguientes. Christa Mayer evidenció clase vocal y dramatismo en su Erda. La Nylund comenzó con vibrato y se fue asentando. Transcurrido su despertar, más dramático, ofreció frases de buen lirismo y en conjunto tuvo una prestación aceptable. El agudo es firme.
La IA ofreció un primer acto con aparición de políticos aquí y allá. Se abrió con la puesta en escena original y durante buen rato presentó alusiones a un mundo primitivo, casi de las cavernas, con alusiones al fuego. Apareció dos veces la escuela abandonada que servía de escena en la producción de Tankred Dorst y también en varias ocasiones el Monte Rushmore comunista de Frank Castorf. La Alexanderplatz de aquel montaje también hizo aparición. En el segundo acto hubo momentos muy bellos, singularmente lo que puede verse durante la escena de Alberich y Wotan (en un momento apareció el segundo acto de Tankred Dorst, pero esto es anecdótico) y, especialmente, la explosión de tonos verdosos de los murmullos del bosque. Cuando Vogt empezó a cantar este pasaje, salió Windgassen en la producción de Wieland. Curiosamente, cuando salió Peter Rose como Fafner apareció la puesta en escena de Alfred Kirchner de los noventa con... Wolfgang Schmidt como Sigfrido. También la escena de Erda ofreció unos tonos morados de gran impacto. Cuando se menciona a la mujer rodeada de fuego en el encuentro entre Sigfrido y el Viandante, Astrid Varnay en la producción de Wieland hace aparición. El fuego mágico, sin embargo, me recuerda a diseño por ordenador para El señor de los Anillos. Brunilda aparece en el cubo futurista de la producción de Harry Kupfer. Los tontos fucsia y morados del final, con unos jóvenes enamorados resultan un tanto infantiloides.
Se ha mejorado la visión de los cantantes, que ya no quedan sepultados por las imágenes, si bien en ocasiones esto se produce dándoles otra luz, lo que provoca que parezcan bien el hombre de hojalata del Mago de Oz, bien un ente ectoplásmico. El movimiento es natural, si bien no comprendo por qué la posición tiene que ser exclusivamente de pie (no es posible tumbarse y nadie muere en escena). La muerte de Mime no es tal muerte, si no que se aleja de Sigfrido. Esto daría para un spin off: Mime se quedó de okupa en la cueva de Fafner tesoro incluido. Que nadie me robe la idea que a lo mejor la exploto. También Fafner cuando muere se limita a salir de escena. Como ocurriera al final del primer acto de la Valquiria, el amor que se profesan Sigfrido y Brunilda queda en una mirada y un acercamiento, pero el telón cae antes de que lleguen a tocarse. No es, sin embargo, el mayor inconveniente de la propuesta.
En los saludos se confunde a los cantantes por la falta de diferenciación de atuendos, por lo que el espectador se fija en la complexión. Volle por su altura es el más fácilmente identificable. Pero hubo perceptible confusión entre Gerhard Siegel y Peter Rose.
SÁBADO 8 DE AGOSTO
Conseguí despejar la duda del mobiliario de la habitación de Wagner del hotel Fantaisie de Eckersdorf (muchas gracias Nacho por tu ayuda!). La información que circula por internet de que el mobiliario pasó al museo histórico de Bayreuth tras el cierre del hotel está desactualizada: el mobiliario está de nuevo en el hotel (ya cerrado), y puede visitarse previa cita (www.wagnerzimmer.de). Les escribí y me contestaron rápido, si bien en los horarios que tenían no podía desplazarme hasta allá. Queda pendiente para el año que viene.
Visita matinal al cementerio de la ciudad, a la timbra de Liszt y a la de la familia Wagner. Descubrí que la soprano María Müller se encuentra también enterrada aquí. Puede ser un nombre común, pero no admite confusión, pues figura a continuación el título de "Kammersängerin". Cerca de la tumba de la familia Wagner se encuentra también la de Daniela con Bülow. No encontré, en cambio, la de Eva Wagner y su esposo Chamberlein, como tampoco la del director Hans Richter. Y eso que la de este último en foto es un monolito en forma de pequeño cubo y pregunté a un empleado del cementerio. La tumba del pintor Jean Paul es de fácil localización y está al otro lado del paseo, en el lado opuesto a la de la familia Wagner pero apenas a unos metros. Después, paseo por el Hofgarten, Wahnfried y casa de Liszt. A mediodía, feria del vino, que tenía un ambiente muy agradable.
Rienzi a las cuatro de la tarde. Me encantan las fanfarrias escogidas para la ocasión. Tenía curiosidad por escuchar cómo funciona la obra en el Festspielhaus. El resultado es magnífico. La amplitud y profundidad del foso dota a la partitura de una atmósfera grande, donde la cuerda grave respira y se expande, y donde metales y percusión se benefician del juego de distancia. Los coros adquieren resonancias de Tannhäuser, y las campanas, de Parsifal. Los más ovacionados fueron Nathalie Stutzmann y el coro (portentoso, desde el forte hasta los pianissimi y los sotto voces). La dirección es amplia, noble, limpia y con una dimensión sinfónica que huye del efectismo o la machaconeria percusiva. Hasta el ballet pantomima suena elegante pese a su carácter marcial. Controló muy bien los concertantes y tuvo en el final del tercer acto, como asimismo en todo el final de la obra, momentos para enmarcar. Cuando salga al mercado la grabación será la dirección de referencia.
Andreas Schager entregadísimo, con una voz enorme de tono broncíneo, acertó en la faceta de orador arengario (la plegaria en piano la salvó, pero no estaba cómodo). En los concertantes de los dos primeros actos se le escuchaba por encima de orquesta, coro y demás roles. Le produjo dos malas pasadas en el tercero, donde casi llega al gallo (en la segunda vez donde clama Sancto Spiritu Cavaliere y en su contestación a Adriano tras regresar de la batalla), por lo que bajó un punto el volumen, pero en el concertante final ya estaba repuesto. Muy arrojado en su intervención al final de la obra.
Los secundarios a gran nivel, si bien en vivo Mattias Stier tiene menos relieve que por radio como Baroncelli y Kupfer-Radecky, con una voz fuertemente timbrada, es un Cecco del Vecchio de timbre más agradable que por radio. No sé entienden las ovaciones a Gabriela Scherer, cantante de voz opaca, emisión dura y timbre mate, que pasó sin pena ni gloria hasta el quinto acto, donde hay que reconocer que en su dúo con Rienzi estuvo muy profesional. Digo esto porque fue bastante más ovacionada que Vitalij Kowaljow, que es una voz de entidad para el Cardenal Raimondo, o que los dos villanos encarnados por Andreas Bauer Kanabas y Michael Nagy, muy destacados. Jennifer Holloway no me termina de convencer tampoco como Adriano, siendo en todo caso una cantante competente. Creo que falta anchura para la parte, y ese vibrato a la italiana que tiene no me cuadra en la obra, aunque en sus recriminaciones a Rienzi al final del tercer acto tuvo su gran momento, cómo también en el quinto acto. Excelente Victoria Randem como el mensajero de la paz, con una voz muy bella y fraseo impoluto.
Aplausos cuidadosos y bien medidos por el público en los dos primeros actos (hay miedo de expresar que Rienzi es una gran obra y que la interpretación es de altura?). Al finalizar sí hubo ovaciones extendidas, con tres rondas individuales de saludos más las conjuntas. En el apartado vocal, Schager fue el más ovacionado.
DOMINGO 9 DE AGOSTO
Por la mañana paseo por el Bürgerreuth y subida a la Torre de la Victoria, monumento a los caídos en la guerra franco-prusiana, una esbelta torre cuyo diseño recuerda a una pieza de ajedrez. Por aquella zona los senderos entre el bosque son muy agradables y se respira tranquilidad. Regreso a Bayreuth por Sankt Georgen y parada en la feria del vino.
El Ocaso comenzó a las cuatro. Mi compañero de butaca (un Anillo forja una amistad) ironizaba diciendo que había que tener en cuenta que el prólogo y el primer acto duraban lo mismo que Elektra -yo le contesté: o Salomé -. Dirección suntuosa (un poco más de volumen que los dos primeros actos de Sigfrido, donde se apreció más intención camerística), rica en fraseo, detalles aquí y allá y con bien planificados clímax. Thielemann fue recibido en los saludos con todo el Festspielhaus en pie, siendo el más ovacionado de la noche. No subió al escenario la orquesta, supongo que Thielemann va a esperar al tercer ciclo. En el apartado vocal, los más ovacionados fueron Vogt (en su línea, dio el do4 en su contestación a la llamada de los gibichungos y su relato del tercer acto y muerte estuvieron muy matizadas y fueron elegantes) y Kares (poderoso Hacen, redondeado, rotundo, tonante arriba y bien sondeados los graves). Querida la Waltraute de Christa Mayer, que salió a saludar en solitario en el primer acto y fue aclamada, gran artista que lleva el sentido del texto en casa frase. Camilla Nylund desarrolló hoy su mejor prestación. Aunque quedara un tanto en paralelo con el sonido de la orquesta, no forzó el instrumento en el primer acto, lo que le permitió una emisión más estable y sacar a relucir su buen decir en las frases. En el segundo se notó la falta de anchura de la voz, si bien estuvo aceptable, como asimismo en una escena de la inmolación donde aunque faltara metal y el instrumento quedará a pequeña escala, no hubo descalabros vocales y todo estuvo en su sitio. Pese a ello, fue abucheada por un sector minoritario en todos sus saludos finales (incluso cuando, habiendo salido en solitario, optó por salir con Vogt). Al notarse los abucheos, un sector subió el volumen de sus bravos, por lo que los abucheos también subieron de intensidad. En los sucesivos saludos se mantuvo la proporción minoritaria de abucheos y mayoritaria de bravos sin que unos y otros intentarán sobreponerse. Kupfer-Radecky hizo su acostumbrado Gunther, funcionó bien como hombre resentido por los acontecimientos (temblón, eso sí, en su salutación a Brunilda en el segundo acto tras su entrada con el coro). Schekenberger correcto como Alberich. Se puso de manifiesto de nuevo una interpretación dramáticamente muy atenta al texto, pero con falta de graves. Limpia, luminosa y bien cantada la Gutrune de Magdalena Hinterdobler, a quien hay que destacar su expresividad en su escena del tercer acto y su doblete como una tercera norna de agudo fácil y punzante.
La IA a veces hace extrañas asociaciones: en la tercera norna y el futuro, imágenes de políticos de la reunificación alemana. En la muerte de Sigfrido aparece Obama. En otras no existe correlación: así, mientras la tercera norna expone el devenir, aparece el fuego mágico del final de La Valquiria en el montaje de Jürgen Flinn (2000-04l, y mientras Waltraute expone los acontecimientos a Brunilda vemos la escena inicial del Oro de la producción de Peter Hall (1983-86). En la escena central del segundo acto aparece en varias ocasiones la atalaya de Hagen de Harry Kupfer (1988-92). En la escena de la inmolación aparece de forma recurrente la Varnay. El final, que no es solo de la Tetralogía sino también, argumentalmente, el final de una era, carece visualmente de trascendencia. A diferencia del descenso al Nibelheim en el Oro, que se hizo a telón abierto con imágenes, aquí todos los interludios se hacen a telón cerrado, una idea en la que probablemente Thielemann haya tenido que ver, pues ya lo pidió en el Anillo que dirigió entre 2006 y 2010 en el Festival. Se agradece que Sigfrido muera en el escenario y caiga, y no que salga por su propio pie, como ocurre con Fasolt, Sigmundo o Mime. Hagen al final de la obra queda atrapado en la maraña de luz y se disuelve entre ella (una solución que me parece acertada y estética). Brunilda sale del escenario en la escena de la inmolación, y Gunther marcha como huyendo, algo inexplicable. El movimiento escénico, en todo caso, es natural, incluso con algunas soluciones originales (el gran Kares esconde detrás al mas menudo Schekenberger cuando comienza el segundo acto). Un día más, estaban esperando a la IA, con patentes abucheos nada más finalizar el último acorde.
LUNES 10 DE AGOSTO
Con pesar dejo Bayreuth. Una semana, pero se pasa tan rápido! El autobús sustitutivo del tren esperaba en la puerta de la estación y salió con diez minutos de adelanto, al llenarse. Ascendió hacia el Festspielhaus pero viró a la derecha, en búsqueda de la autovía. Con adelanto estaba en la Nelson Mandela Platz de Núremberg, donde tomé el tren a Munich. Esta tarde he ido a Sank Georg, la iglesia de Bogenhausen, barrio de Munich, en cuyo cementario está enterrado Kna y su esposa Marian. También se encuentra Emil Preetorius, dibujante, diseñador y decorador de los años treinta, que colaboró con Tiejten en Bayreurh y tuvo una situación comprometida con las autoridades nazis. Y como curiosidad, allí también está enterrado Lamont, el astrofísico del geomagnetismo. Después un paseo hasta el Teatro del Príncipe Regente, que dista 15 minutos andando, esa copia del Festspielhaus en piedra blanca que fue sede de la Ópera Estatal de Baviera en la posguerra. Y con estas curiosidades pongo fin a este diario de Bayreurh 2026. Espero que los que lo habéis leído lo hayáis disfrutado. Un abrazo para todos.





