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DIARIO BAYREUTH 2026

        Del 3 al 10 de agosto me encontraré en Bayreuth presenciando el segundo ciclo del Anillo, la segunda función del Holandés y la tercera de Rienzi. Tengo intención de redactar críticas detalladas de estas funciones cuando vuelva de vacaciones, pero he pensado en hacer un diario telemático de estos días, donde en forma de notas breves iré compartiendo con los lectores del blog lo que acontece en el Festspielhaus. También es una forma de sugerir posibles planes que hacer en Bayreuth y alrededores fuera de las representaciones. Este formato me permite escribir desde el móvil con comodidad, evitándome llevar conmigo otros dispositivos.



LUNES 3 DE AGOSTO

Llegada al aeropuerto de Munich a las 11:30, puntual. Eficiencia germánica en el despacho de maletas. Las obras que afectan últimamente a la infraestructura ferroviaria alemana hace que no haya servicio directo del aeropuerto de Munich a Nuremberg, lo que obliga a tomar el cercanías hasta la estación central de Munich. A las 11:55 ya estoy montado en el cercanías. Algo más de 40 minutos. Desde ahí tren a Nuremberg, que llegó a las 14:30. Aquí empieza la odisea, pues está cortada, también por obras, la línea que va a Bayreuth en el tramo entre Nuremberg y Pegnitz. Autobuses de tipo urbano cubren el recorrido, con una masiva afluencia de viajeros y un problema evidente para hacer frente a la demanda. Importante atasco para salir de la ciudad y viaje en un vehículo de estas características por una autobahn alemana. El autobús terminó el recorrido en la estación de tren de Pegnitz, donde efectué transbordo al tren. Llegada a Bayreuth a las 16:30. Si Munich disfrutaba de unos agradables 28°, en Núremberg había nada menos que 38°, y en Bayreurh 35°. La ciudad respira un calor agobiante. Paseo por el centro y cena. Esto acaba de empezar.

MARTES 4 DE AGOSTO

Excursión matinal a Lichtenfels, ciudad del mimbre, a menos de una hora de Bayreuth. Muñequitos hechos con mimbre trenzado saludan aquí y allá desde los balcones. Subida a la basílica de Vierzehnheiligen en bus urbano. Ojo con los horarios porque el regreso no cuadraba con los horarios de los carteles de la parada. Regreso andando, 45 minutos de paseo por la alegre campiña bávara. Seguimos con ola de calor, con treinta y tantos grados. Paseo por el centro de la localidad (las dos puertas históricas, la iglesia, el antiguo palacio...) y regreso a Bayreuth. Una pena no haber encontrado medio para llegar a la Abadía de Banz, que desde lo alto mira a la localidad. Una ducha no vendrá mal, al Festspielhaus se va limpio.

Segundo ciclo del Anillo IA. O del Anillo surrealista. Imágenes plásticamente sugerentes se descomponen y recolocan en transiciones muy naturales que recuerdan al surrealismo daliniano. Se mezclan con imágenes históricas (al comienzo de la primera, segunda y cuarta escenas vemos el Anillo de 1876). La IA consigue cosas interesantes en la primera y tercera escena, pero en la cuarta el batiburrillo no tiene sentido. Cuando Erda avisa a Wotan sobre el Anillo aparece una señal de peligro radioactivo y todo se tiñe de verde Chernobill, como también cuando las ondinas se lamentan mientras los dioses entran en el Walhalla (la naturaleza mutilada con el robo del oro?). Elenco a alto nivel. Las voces con más presencia y estabilidad que por radio, especialmente la radio coloca en peor posición a Volle (Wotan), Novak (Freia) y las ondinas. En cambio, si bien Alberich se maneja y ofrece una creación dramáticamente muy completa, en directo la voz no es muy grande y le falta grave (y anchura en la maldición). Maravillosa la Orquesta a las órdenes de Thielemann, dúctil y propicia a un sinfín de colores que la batuta moldea con absoluta convicción, con algunos detallitos marca de la casa (sonoridades originales, pausa dramática que corta el aliento antes de que Alberich culmine su maldición). El más aplaudido de la noche, con unas ovaciones estruendosas acompañadas de un pataleo que hizo vibrar el suelo del Festspielhaus. El público estaba esperando a la IA, y nada más acabar el último acorde prorrumpió en un importante abucheo. Se tornó en bravos con la salida de las ondinas, un trío muy compacto y muy cantábile. Los más aplaudidos de la noche fueron Novak (Freia, limpia y cálida, me sorprendió frente a la retransmisión), Kissjudit (Fricka de fuste absolutamente impresionante, en la línea de una Gorr o una Randová), Vogt (estruendosísima ovación, muy querido en Bayreuth, llegando a dar la mano al concertino a través de la concha) y Volle (muy firme, bien fraseado, vigoroso y con unas oscilaciones en piano contestando a Erda, pero menos perceptibles que por radio). Se confirma que Peter Rose no tiene voz para Fafner, un bajo rossiniano. Kares es un buen Fasolt, pero no llega aquí a la caracterización dramática de Hagen, un papel más agradecido, aunque la expresión que adopta cuando se lamenta de cambiar a Freia por el oro es muy destacada. Todos dos rondas de salidas en solitario y conjunta con el director al finalizar cada una. La IA puede ser una herramienta de gran utilidad, y la puesta en escena muestra el Anillo de Wagner y no otra cosa, lo cual se agradece. Pero encomendarle toda la labor es demasiada tarea. No todo lo que aparece en escena es útil para la obra. Lo más interesante, algunas mezclas surrealistas de gran impacto y plásticamente muy bellas. Agradezco que, por una vez, no haya konzept, aunque parece que algunos en el público lo necesitan para justificar un montaje. Parquedad de movimientos, se ha jugado todo a la carta de la IA: primera escena muy estática. En las demás dentro de la parquedad hay movimiento suficiente, en una línea un tanto hierática. La muerte de Fasolt mal trabajada: se queda inmóvil y luego sale por su propio pie.

Después de cenar, fui a ver el vídeomapping instalado en Wahnfried (hay tres pases cada día: a las 21:30, 22 y 23:30). Dura 15 minutos. Un montón de imágenes que se deconstruyen. Escasa presencia de la historia del Festival más allá de algunos planos del Festspielhaus y una foto de Hitler. Hecho en falta referencias a un momento tan importante como es la reapertura con el Nuevo Bayreurh, más interesante que sacar a Hitler y una maqueta de un edificio para Berlín de Albert Speer. La música se mueve entre el preludio de Parsifal deconstruido y la propia de un vídeojuego de los años noventa. Una pena no haber utilizado música del Maestro. 

MIÉRCOLES 5 DE AGOSTO

Paseo matinal por la ciudad. Subida a la azotea del Ayuntamiento, piso doce (acceso libre en horario de 10 a 16 los días laborables). Buenas vistas. Me acerqué al museo de Historia de Bayreuth, en la Kircheplatz. Por desgracia no tienen expuesto el dormitorio de Wagner que en su día estuvo en el hotel Fantaisie en Eckersdorf. Tenía la idea de que había sido llevado al museo, pero parece que no es así. La persona de la entrada no me ha sabido decir si actualmente está expuesto y dónde está. Visita al anticuario de Rainer Schlicht, en la Richard Wagner Strasse. Inabarcables sus libros y partituras (qué edición de las partituras de las óperas de Richard Strauss!). Paseo hasta Rohrense. La temperatura va bajando, pero a mediodía ha llegado a los 32°. Finalmente, una vuelta por la Markplatz para comer y regreso al hotel.

Primer acto de Valquiria. La IA al principio parece que no encuentra coherencia con lo que se narra en escena. Para la entrada de Hunding utiliza la producción de Tankred Dorst que dirigiera Thielemann. Cuando Sigmundo habla de su soledad o de aspectos relativos a ésta se proyectan imágenes de hombres semidesnudos y desnutridos en blanco y negro (represaliados?). Con el Wintersturne es posible ver la producción de Jurgen Flinn de 2000, que protagonizarán Plácido Domingo y Waltraud Meier. En el Du bist der Lenz aparece el primer acto de la producción de Peter Hall que en 1983 estrenó George Soltó. La IA acierta en cuando a un fresno que prácticamente está presente en todo momento y donde se adivina  la espada clavada en él (justo cuando arranca la recta final del acto y Sigmundo inicia su Siegmund...) se va en un momento el tronco, pero la máquina lo coloca a tiempo de nuevo. Cuando arranca la espada del tronco irrumpe un destello de luces multicolores. Vogt hace el gesto de sacar la espada. Thielemann mantiene el tempo vivo. Cuerda portentosa, muy fléxible y dúctil en un fraseo cantábile para una pareja demasiado lírica. Vogt en el modo habitual. Van den Heever encarna una Sieglinde de timbre aniñado y volumen justo, pero cantábile y de buenas maneras. En su relato falta grave al comienzo. En las ultimas frases falta anchura. Kares es un Hunding noble de muy buena presencia, tornado en oscuro y hosco al saber quién es el huésped que ha llegado a su casa. Final de acto frenético en la orquesta. Bravos sonoros del público. El trio de cantantes han salido juntos a saludar una única vez. 

En el segundo acto la IA apenas encuentra reminiscencias a puestas en escena, optando por un prácticamente continuo caleidoscopio de perfectas transiciones pero neutro significado, por lo que por momentos me acuerdo del protector de pantalla del Windows de mi niñez. Durante los apremios de Fricka a Wotan aparece proyectado un hombre alto, de camisa blanca, tirantes y brazos abiertos (es Kna, invocado por la poderosa Kissjudit?). Denota clase el Wotan de Volle, con un monólogo donde el texto está dicho con gran saber, aunque en la zona baja el instrumento quedé algo mate. Tremendo reproche a Brunilda -Ha, freche du-, que ha puesto los pelos de punta. Cuando Brunilda se queda sola calculando qué hacer, sale el zar Nicolás II en una de sus ultimas imágenes ya preso (el destino de Sigmundo?). La Nylund procura no alargar las notas más de lo imprescindible para que no se nota que el instrumento oscila. Arrojados Hojotohos iniciales y aceptable en el dúo con Wotan. En su regreso cuando Wotan está con Fricka, la sonoridad que imprime Thielemann es clavada al del Anillo de Karajan. En el anuncio de la muerte se evidencia que el rol vocalmente le viene grande y existe un vibrato que, si bien no es tan acusado como por radio, sí es perceptible. Van den Heever aguantó el tipo en los delirios, pero el instrumento no es muy grande y se torna algo metálico en el agudo en los momentos más comprometidos, si bien no roza el grito. En general se puede decir que está siendo una función donde hay buen canto, aun cuando haya voces poco apropiadas en algunos roles. Saludos individuales. Kares apreciado por el público y Vogt ovacionado. En este segundo acto hay un movimiento escénico que cumple, y las imagenes con dos alturas o escarpadas dan sensación de profundidad efectiva. No se entiende por qué no muere nadie en escena, ayer Fasolt y hoy Sigmundo sale por su propio pie. Me ha gustado el detalle de que Sieglinde en su delirio al despertar se encuentre de repente con Hunding emergiendo de las sombras que entra dispuesto a matar a Sigmundo.

En este tercer acto la cabalgata es ilustrada con escenas militarizantes. Aquí la IA parece que se ha aprendido Apocalipse Now. En buena parte del acto se utiliza banco y negro y grises, con unas figuras que recuerdan a las más góticas siluetas de cuadros de Friedrich. Curiosamente tarda en salir el ábside en ruinas de la propuesta de Chéreau (los más avezados sabrán que no fue una idea original del montaje de 1976, sino una revisión del francés según ivan pasando las ediciones en cartel), no ocurre hasta el dúo de Wotan y Brunilda. El montaje de Tankred Dorst (2006-10) aparece un par de veces, y durante los adioses, tras aparecer un imponente Hans Hotter en el montaje de Wieland señalando con el brazo, mayestático, a su hija dormida, permanece largo rato el de Alfred Kirchner (1994-98), con ese panel en forma de vela que simbolizaba la roca de las valquirias. En el final, este montaje se mezcla con el cubo de rayos laser de Harry Kupfer. No se entiende por qué en el fuego mágico aparecen una suerte de iglesias o catedrales estilizadas, con cierto aire de castillos, en tonos rojizos. Parecen reminiscencias del Alcázar de Segovia y la Giralda de Sevilla. Notable conjunto de valquirias. Volle, el más aplaudido en los saludos finales, ha estado potente y ha culminado su intervención con unos adioses donde ha estado implicadísimo. Van den Heever ha estado al limite en su despedida, pero con buen gusto. La Nylund con vibrato perceptible en los momentos de bravura, faltando metal. Cuando aparece ante Wotan más que la valquiria orgullosa parece Eva Pogner como una niña buena con su padre al principio del segundo acto de Maestros. En todo caso, ha tenido una buena aceptación del público. Thielemann poderoso, con metales rugientes y un fraseo en las cuerdas cálido y elegante. Abucheos minoritarios a la puesta en escena. Han salido primero Volle y Nylund juntos a saludar y después ha habido dos salidas a saludar con salido conjunto al final de cada una. Thielemann ovacionadísimo, ha ido a tocar la madera del procesnio del Festspielhaus, como queriendo decir "la magia tambien la da el edificio". No cabe duda de qué la sala tiene una de las mejores acústicas del mundo, si no la mejor, pero dicha acústica es indomable y muy compleja de manejar, por lo que hace falta un buen director.

La Valquiria presenta movimientos naturales, teniendo menos estatismo que el Oro. De todas formas, no se entiende la querencia de los cantantes de permanecer casi todo el tiempo en el lado izquierdo del espectador y no se utiliza prácticamente nada el lado derecho. A lo largo de la tarde la temperatura se ha ido suavizando, quedándose una tarde muy agradable en el segundo descanso. Parece que la ola de calor remite.


JUEVES 6 DE AGOSTO

Excursión a Kronach, patria chica del pintor Lucas Cranach, quien tiene una estatua en la plaza del mercado. El director de orquesta Axel Kober también nació aquí. Cuidado casco antiguo, típicamente bávaro, al que se accede subiendo. Iglesia de San Juan Bautista y fortaleza de Rosenberg. La temperatura da tregua y hoy hay máximas de 28°. Hoy se ha inaugurado la Feria del Vino de Bayreuth en la plaza del Mercado. Como otros años está Daniel y su puesto de jamón de Teruel.

A las 6 función del Holandés. Segunda de las programadas, con la Senta de Asmik Grigorian (la primera función la cantó Elisabeth Teige). Producción de Tcherniakov que afronta su último año en cartel, apreciada por el público. Oksana Lyniv desarrolla un Holandés más flexible en tempi e intenciones, no tan inflexible y rotundo como en años anteriores, donde hay espacio para el fraseo cantábile y tierno de la cuerda, y para la ensoñación en el dúo de los protagonistas (de hecho el final del dúo suena más redondeado y suave en la orquesta y menos inflexible que en años anteriores). Elenco absolutamente referencial, encabezado por un Nicholas Brownlee de poderosos medios (ya lo dejó bien claro en su entrada y coronando con un impresionante y prolongado agudo su aria). A sus treinta y tantos años tenemos un bajo barítono imponente que podemos considerar la voz referente en su cuerda en la nueva generación. Quizás hubo una tendencia al mezzo forte y forte, pero tiene mucha carrera por delante e irá haciendo su propio personaje poco a poco. Vocalmente es un derroche incansable que sorprende. Frente a semejante instrumento, la Grigorian intentó sacar volumen para homologarse a su parteneire, lo que le llevó a rozar el grito en el final del dúo y de la obra. En todo caso, el acabado dramático del personaje está muy cuidado pese a ciertos ademanes veristas y forma de abordar la balada que no son de lo wagneriano más clásico, pero de gran calidad en todo caso. Las frases en piano tienen gran atractivo y hay filados muy bellos. El instrumento de Brownlee probablemente empareje mejor aún con Elisabeth Teige, que tiene una voz más ancha y poderosa. Excelente el Daland de Mika Kares, poderoso y rotundo sin merma de un fraseo redondeado. Benjamin Bruns es un aristocrático Erik de timbre luminoso cantado de forma modélica. El debutante Kieran Carrell es un Timonel de línea clásica, de agudo fácil e impoluta línea de canto que hace gala a la tradición de este rol en el Festival. Nadine Weissmann hace la acostumbrada Mary. Su aumento de peso es perceptible y confiemos que ello no se deba a ninguna dolencia, pues es una fiel secundaria de Bayreuth, siempre profesional y agradable. Importantísimas ovaciones al Coro, el primero en salir a saludar. El elenco ha hecho dos salidas completas, una telón abierto y otra a telón cerrado, saludando todos juntos al acabar cada ronda. También han salido en solitario los protagonistas, ovacionadísimos y con Grigorian recibiendo los bravos de rodillas en el escenario del Festspielhaus en sus dos salidas. Imperdonable que la Radio de Baviera no haya dado la primera función, además con la referencial Senta de Elisabeth Teige, probablemente la más importante de nuestros días. Vocalmente creo que estamos ante el mejor título de esta edición. El elenco escuchado hoy puede homologarse sin problema con el de los años dorados. 

VIERNES 7 DE AGOSTO

La semana avanza. Por la mañana paseo por el barrio de Sankt Georgen (al otro lado de la estación), una zona de calles largas y edificios palaciegos al comienzo y después de casitas de planta baja, muy entrañable y tranquilo. Desde allí bajé al barrio de Sankt Johannes para enfilar toda la calle que llega al Eremitage. La temperatura ha quedado en 26° de máxima, una dulce estabilidad soleada que permite disfrutar del día sin pasar ni frío ni calor. Paseo por el Eremitage y regreso al centro en bus. Visita a tres anticuarios: el de la Bahnhoff Strasse y los dos de la Carl Schüller Strasse.

Prosigue la Tetralogía con Sigfrido. El Anillo va creando empatía entre los compañeros de fila en el Festspielhaus: unos esperan a otros para acceder a su sitio y no tener que levantar a los intermedios, y mi vecino me preguntó por mi procedencia. Cuando le respondí que España me indicó que ha hecho cinco veces el Camino de Santiago y que le encantaba nuestro país.

Thielemann planteó una dirección suave, redondeada y camerística los dos primeros actos, y más bombástica y dramática el tercero. Vogt en su linea y con su material, aunque hay que reconocer que frases, matiza, puede con el papel y llega ileso al final, permitiéndose incluso frases largas en los últimos minutos y sacar arrojo donde otros tenores no han podido. Gerhard Siegel no hay duda de que es un Mime antológico, muy atento al ritmo pero también con un montón de inflexiones, matices, dinámicas... Completísimo. Michael Volle volvió a imponerse como un Wotan noble, vigoroso en el forte, algo oscilante en el piano (llamadas a Erda y comienzo del dúo con ésta). Schmeckenbecher me ha sonado hoy con una voz más grande e incisiva que en el Oro (curiosamente en la retransmisión me gustó más en el Oro). La creación dramática es importante y entre él y Volle crearon una importante primera escena del segundo acto. Peter Rose no tiene voz para Fafner. Su intervención inicial la realiza desde fuera de escena, pero desde que Sigfrido le despierta sale al escenario en forma humana. Su complexión baja y su forma de salir a escena en un escenario boscoso recuerda más a un hosco guardabosques, una especie de señor Rufo de Maruxa malencarado. Victoria Randem estuvo algo insegura en su primera intervención, mejor en las dos siguientes. Christa Mayer evidenció clase vocal y dramatismo en su Erda. La Nylund comenzó con vibrato y se fue asentando. Transcurrido su despertar, más dramático, ofreció frases de buen lirismo y en conjunto tuvo una prestación aceptable. El agudo es firme.

La IA ofreció un primer acto con aparición de políticos aquí y allá. Se abrió con la puesta en escena original y durante buen rato presentó alusiones a un mundo primitivo, casi de las cavernas, con alusiones al fuego. Apareció dos veces la escuela abandonada que servía de escena en la producción de Tankred Dorst y también en varias ocasiones el Monte Rushmore comunista de Frank Castorf. La Alexanderplatz de aquel montaje también hizo aparición. En el segundo acto hubo momentos muy bellos, singularmente lo que puede verse durante la escena de Alberich y Wotan (en un momento apareció el segundo acto de Tankred Dorst, pero esto es anecdótico) y, especialmente, la explosión de tonos verdosos de los murmullos del bosque. Cuando Vogt empezó a cantar este pasaje, salió Windgassen en la producción de Wieland. Curiosamente, cuando salió Peter Rose como Fafner apareció la puesta en escena de Alfred Kirchner de los noventa con... Wolfgang Schmidt como Sigfrido. También la escena de Erda ofreció unos tonos morados de gran impacto. Cuando se menciona a la mujer rodeada de fuego en el encuentro entre Sigfrido y el Viandante, Astrid Varnay en la producción de Wieland hace aparición. El fuego mágico, sin embargo, me recuerda a diseño por ordenador para El señor de los Anillos. Brunilda aparece en el cubo futurista de la producción de Harry Kupfer. Los tontos fucsia y morados del final, con unos jóvenes enamorados resultan un tanto infantiloides.

Se ha mejorado la visión de los cantantes, que ya no quedan sepultados por las imágenes, si bien en ocasiones esto se produce dándoles otra luz, lo que provoca que parezcan bien el hombre de hojalata del Mago de Oz, bien un ente ectoplásmico. El movimiento es natural, si bien no comprendo por qué la posición tiene que ser exclusivamente de pie (no es posible tumbarse y nadie muere en escena). La muerte de Mime no es tal muerte, si no que se aleja de Sigfrido. Esto daría para un spin off: Mime se quedó de okupa en la cueva de Fafner tesoro incluido. Que nadie me robe la idea que a lo mejor la exploto. También Fafner cuando muere se limita a salir de escena. Como ocurriera al final del primer acto de la Valquiria, el amor que se profesan Sigfrido y Brunilda queda en una mirada y un acercamiento, pero el telón cae antes de que lleguen a tocarse. No es, sin embargo, el mayor inconveniente de la propuesta.

En los saludos se confunde a los cantantes por la falta de diferenciación de atuendos, por lo que el espectador se fija en la complexión. Volle por su altura es el más fácilmente identificable. Pero hubo perceptible confusión entre Gerhard Siegel y Peter Rose.

SÁBADO 8 DE AGOSTO

Conseguí despejar la duda del mobiliario de la habitación de Wagner del hotel Fantaisie de Eckersdorf (muchas gracias Nacho por tu ayuda!). La información que circula por internet de que el mobiliario pasó al museo histórico de Bayreuth tras el cierre del hotel está desactualizada: el mobiliario está de nuevo en el hotel (ya cerrado), y puede visitarse previa cita (www.wagnerzimmer.de). Les escribí y me contestaron rápido, si bien en los horarios que tenían no podía desplazarme hasta allá. Queda pendiente para el año que viene.

Visita matinal al cementerio de la ciudad, a la timbra de Liszt y a la de la familia Wagner. Descubrí que la soprano María Müller se encuentra también enterrada aquí. Puede ser un nombre común, pero no admite confusión, pues figura a continuación el título de "Kammersängerin". Cerca de la tumba de la familia Wagner se encuentra también la de Daniela con Bülow. No encontré, en cambio, la de Eva Wagner y su esposo Chamberlein, como tampoco la del director Hans Richter. Y eso que la de este último en foto es un monolito en forma de pequeño cubo y pregunté a un empleado del cementerio. La tumba del pintor Jean Paul es de fácil localización y está al otro lado del paseo, en el lado opuesto a la de la familia Wagner pero apenas a unos metros. Después, paseo por el Hofgarten, Wahnfried y casa de Liszt. A mediodía, feria del vino, que tenía un ambiente muy agradable.

Rienzi a las cuatro de la tarde. Me encantan las fanfarrias escogidas para la ocasión. Tenía curiosidad por escuchar cómo funciona la obra en el Festspielhaus. El resultado es magnífico. La amplitud y profundidad del foso dota a la partitura de una atmósfera grande, donde la cuerda grave respira y se expande, y donde metales y percusión se benefician del juego de distancia. Los coros adquieren resonancias de Tannhäuser, y las campanas, de Parsifal. Los más ovacionados fueron Nathalie Stutzmann y el coro (portentoso, desde el forte hasta los pianissimi y los sotto voces). La dirección es amplia, noble, limpia y con una dimensión sinfónica que huye del efectismo o la machaconeria percusiva. Hasta el ballet pantomima suena elegante pese a su carácter marcial. Controló muy bien los concertantes y tuvo en el final del tercer acto, como asimismo en todo el final de la obra, momentos para enmarcar. Cuando salga al mercado la grabación será la dirección de referencia. 

Andreas Schager entregadísimo, con una voz enorme de tono broncíneo, acertó en la faceta de orador arengario (la plegaria en piano la salvó, pero no estaba cómodo). En los concertantes de los dos primeros actos se le escuchaba por encima de orquesta, coro y demás roles. Le produjo dos malas pasadas en el tercero, donde casi llega al gallo (en la segunda vez donde clama Sancto Spiritu Cavaliere y en su contestación a Adriano tras regresar de la batalla), por lo que bajó un punto el volumen, pero en el concertante final ya estaba repuesto. Muy arrojado en su intervención al final de la obra.

Los secundarios a gran nivel, si bien en vivo Mattias Stier tiene menos relieve que por radio como Baroncelli y Kupfer-Radecky, con una voz fuertemente timbrada, es un Cecco del Vecchio de timbre más agradable que por radio. No sé entienden las ovaciones a Gabriela Scherer, cantante de voz opaca, emisión dura y timbre mate, que pasó sin pena ni gloria hasta el quinto acto, donde hay que reconocer que en su dúo con Rienzi estuvo muy profesional. Digo esto porque fue bastante más ovacionada que Vitalij Kowaljow, que es una voz de entidad para el Cardenal Raimondo, o que los dos villanos encarnados por Andreas Bauer Kanabas y Michael Nagy, muy destacados. Jennifer Holloway no me termina de convencer tampoco como Adriano, siendo en todo caso una cantante competente. Creo que falta anchura para la parte, y ese vibrato a la italiana que tiene no me cuadra en la obra, aunque en sus recriminaciones a Rienzi al final del tercer acto tuvo su gran momento, cómo también en el quinto acto. Excelente Victoria Randem como el mensajero de la paz, con una voz muy bella y fraseo impoluto.

Aplausos cuidadosos y bien medidos por el público en los dos primeros actos (hay miedo de expresar que Rienzi es una gran obra y que la interpretación es de altura?). Al finalizar sí hubo ovaciones extendidas, con tres rondas individuales de saludos más las conjuntas. En el apartado vocal, Schager fue el más ovacionado.


DOMINGO 9 DE AGOSTO

Por la mañana paseo por el Bürgerreuth y subida a la Torre de la Victoria, monumento a los caídos en la guerra franco-prusiana, una esbelta torre cuyo diseño recuerda a una pieza de ajedrez. Por aquella zona los senderos entre el bosque son muy agradables y se respira tranquilidad. Regreso a Bayreuth por Sankt Georgen y parada en la feria del vino.

El Ocaso comenzó a las cuatro. Mi compañero de butaca (un Anillo forja una amistad) ironizaba diciendo que había que tener en cuenta que el prólogo y el primer acto duraban lo mismo que Elektra -yo le contesté: o Salomé -. Dirección suntuosa (un poco más de volumen que los dos primeros actos de Sigfrido, donde se apreció más intención camerística), rica en fraseo, detalles aquí y allá y con bien planificados clímax. Thielemann fue recibido en los saludos con todo el Festspielhaus en pie, siendo el más ovacionado de la noche. No subió al escenario la orquesta, supongo que Thielemann va a esperar al tercer ciclo. En el apartado vocal, los más ovacionados fueron Vogt (en su línea, dio el do4 en su contestación a la llamada de los gibichungos y su relato del tercer acto y muerte estuvieron muy matizadas y fueron elegantes) y Kares (poderoso Hacen, redondeado, rotundo, tonante arriba y bien sondeados los graves). Querida la Waltraute de Christa Mayer, que salió a saludar en solitario en el primer acto y fue aclamada, gran artista que lleva el sentido del texto en casa frase. Camilla Nylund desarrolló hoy su mejor prestación. Aunque quedara un tanto en paralelo con el sonido de la orquesta, no forzó el instrumento en el primer acto, lo que le permitió una emisión más estable y sacar a relucir su buen decir en las frases. En el segundo se notó la falta de anchura de la voz, si bien estuvo aceptable, como asimismo en una escena de la inmolación donde aunque faltara metal y el instrumento quedará a pequeña escala, no hubo descalabros vocales y todo estuvo en su sitio. Pese a ello, fue abucheada por un sector minoritario en todos sus saludos finales (incluso cuando, habiendo salido en solitario, optó por salir con Vogt). Al notarse los abucheos, un sector subió el volumen de sus bravos, por lo que los abucheos también subieron de intensidad. En los sucesivos saludos se mantuvo la proporción minoritaria de abucheos y mayoritaria de bravos sin que unos y otros intentarán sobreponerse. Kupfer-Radecky hizo su acostumbrado Gunther, funcionó bien como hombre resentido por los acontecimientos (temblón, eso sí, en su salutación a Brunilda en el segundo acto tras su entrada con el coro). Schekenberger correcto como Alberich. Se puso de manifiesto de nuevo una interpretación dramáticamente muy atenta al texto, pero con falta de graves. Limpia, luminosa y bien cantada la Gutrune de Magdalena Hinterdobler, a quien hay que destacar su expresividad en su escena del tercer acto y su doblete como una tercera norna de agudo fácil y punzante.

La IA a veces hace extrañas asociaciones: en la tercera norna y el futuro, imágenes de políticos de la reunificación alemana. En la muerte de Sigfrido aparece Obama. En otras no existe correlación: así, mientras la tercera norna expone el devenir, aparece el fuego mágico del final de La Valquiria en el montaje de Jürgen Flinn (2000-04l, y mientras Waltraute expone los acontecimientos a Brunilda vemos la escena inicial del Oro de la producción de Peter Hall (1983-86). En la escena central del segundo acto aparece en varias ocasiones la atalaya de Hagen de Harry Kupfer (1988-92). En la escena de la inmolación aparece de forma recurrente la Varnay. El final, que no es solo de la Tetralogía sino también, argumentalmente, el final de una era, carece visualmente de trascendencia. A diferencia del descenso al Nibelheim en el Oro, que se hizo a telón abierto con imágenes, aquí todos los interludios se hacen a telón cerrado, una idea en la que probablemente Thielemann haya tenido que ver, pues ya lo pidió en el Anillo que dirigió entre 2006 y 2010 en el Festival. Se agradece que Sigfrido muera en el escenario y caiga, y no que salga por su propio pie, como ocurre con Fasolt, Sigmundo o Mime. Hagen al final de la obra queda atrapado en la maraña de luz y se disuelve entre ella (una solución que me parece acertada y estética). Brunilda sale del escenario en la escena de la inmolación, y Gunther marcha como huyendo, algo inexplicable. El movimiento escénico, en todo caso, es natural, incluso con algunas soluciones originales (el gran Kares esconde detrás al mas menudo Schekenberger cuando comienza el segundo acto). Un día más, estaban esperando a la IA, con patentes abucheos nada más finalizar el último acorde.

LUNES 10 DE AGOSTO

Con pesar dejo Bayreuth. Una semana, pero se pasa tan rápido! El autobús sustitutivo del tren esperaba en la puerta de la estación y salió con diez minutos de adelanto, al llenarse. Ascendió hacia el Festspielhaus pero viró a la derecha, en búsqueda de la autovía. Con adelanto estaba en la Nelson Mandela Platz de Núremberg, donde tomé el tren a Munich. Esta tarde he ido a Sank Georg, la iglesia de Bogenhausen, barrio de Munich, en cuyo cementario está enterrado Kna y su esposa Marian. También se encuentra Emil Preetorius, dibujante, diseñador y decorador de los años treinta, que colaboró con Tiejten en Bayreurh y tuvo una situación comprometida con las autoridades nazis. Y como curiosidad, allí también está enterrado Lamont, el astrofísico del geomagnetismo. Después un paseo hasta el Teatro del Príncipe Regente, que dista 15 minutos andando, esa copia del Festspielhaus en piedra blanca que fue sede de la Ópera Estatal de Baviera en la posguerra. Y con estas curiosidades pongo fin a este diario de Bayreurh 2026. Espero que los que lo habéis leído lo hayáis disfrutado. Un abrazo para todos.

EL OCASO DE LOS DIOSES / BAYREUTH 2026

EL OCASO DE LOS DIOSES / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2026, 16 horas.
Otra representación: 9 y 16 de agosto
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Klaus Florian Vogt (Sigfrido), Michael Kupfer-Radecky (Gunther), 
Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Mika Kares (Hagen), Camilla Nylund (Brunilda), Magdalena Hinterdobler (Gutrune), Christa Mayer (Waltraute), Anna Kissjudit (primera Norna), Alexandra Ionis (segunda Norna), Magdalena Hinterdobler (tercera Norna), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Rheinhold (Flosshilde)
Minutación: Acto I: 114:37 / Acto II: 66:18 / Acto III: 78:58 / Total: 259:53 (4 horas 19 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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El final de una era, con cabreo por la IA

        Finaliza el primer ciclo del Anillo de los 150 años del Festival. Tres minutos antes de las 16 horas, Clemens Nicol saludaba desde la Radio de Baviera. Desde unos minutos antes, en Radio Clásica se encontraba Irene de Juan junto a Clara Corrales y con Pedro Gómez, dispuestos los tres a disfrutar de la larga velada. El musicólogo tuvo oportunidad de explicar al piano distintos intervalos y acordes propios de los leitmotivs de personajes del Anillo. También hubo un momento en el primer intermedio para hablar de asociaciones wagnerianas y, en particular, del Club Wagner de Barcelona, entrevistando a su presidente. En el segundo intermedio pudo hablarse con Alberto González Lapuente, crítico de ABC, que se encuentra asistiendo al primer ciclo de representaciones. Relató que la tarde había comenzado con importante calor, pero una tormenta había suavizado el ambiente.

        De entre todo lo que ha ido saliendo publicado de este Ocaso, me resulta simpática la conclusión a la que llega Bernhard Neuhoff, crítico de la Radio de Baviera:  La IA revuelve su ensalada visual. No sabe mejor ni es más nutritiva que en las once horas anteriores. Escenografías antiguas borrosas. Trazos abstractos de color. Ocasionalmente, una imagen de la historia política. Así, relata cómo en la escena de las nornas hicieron aparición Kohl, Reagan, Gorbachov, y alusiones a la reunificación alemana, al euro, al Tratado de Maastricht o las protestas climáticas. De las imágenes divulgadas por el propio Festival resulta curioso cómo en esta última entrega se reconocen varias puestas en escena precedentes de la obra. Así, del segundo acto podemos ver la atalaya metálica de la producción de Harry Kupfer (1988-92), el edificio con escaleras de Tankred Dorst (2006-10), el callejón neoyorquino de Frank Castorf (2013-17) o el gimnasio donde aparecía Hagen en la recién retirada propuesta de Valentin Schwarz (2022-25). Se dice que desde el equipo escénico se han realizado revisiones a la IA, pues en esta entrega hay más referencias a producciones históricas y recientes y las imágenes se prolongan y enlazan con mayor sosiego. También se ha apuntado que en esta última entrega hay mayor dinamismo en los movimientos de los cantantes -se dice, por ejemplo, que Hagen asesta un contundente golpe a Sigfrido en el momento en que le mata-. No sabemos si para los dos ciclos restantes van a replantearse cuestiones de movimiento.

Segundo acto con el escenario de la producción de Harry Kuper (1988-92)
        Christian Thielemann desarrolló una magnífica conjunción de música y drama a lo largo de la larga partitura, dosificando los clímax, acompañando con cuidado a los cantantes -mimó a Camila Nylund en la escena de la inmolación con una lectura suave y cómoda-. Brilló en los interludios y pasajes orquestales con un brillo y una sonoridad opulenta -muy emocionante tanto el viaje de Sigfrido por el Rhin como la marcha fúnebre y todo el largo pasaje orquestal final-. Maneja las transiciones orquestales demostrando el profundo conocimiento de la partitura. Los tempi, como ocurriera en los días anteriores, son más ligeros que en su Tetralogía anterior -así, por ejemplo, el primer año rozó las cuatro horas y media, en 2008 las superó y, en 2010, último año en que la dirigió en Bayreuth, invirtió ocho minutos más que en esta ocasión-.

        Solvente trío de nornas, destacando la primera, una excelente Anna Kissjudit que nos hace revivir viejos tiempos. Una voz grave y poderosa, con una interpretación de importante aliento dramático tanto por los medios como por la rotundez en la forma de expresar el tiempo. Alexandra Ionisque ya estaba presente en la Tetralogía que, los dos años precedentes, dirigió Simone Young, ofreció una segunda norna potente. La debutante Magdalena Hinterdobler hace doblete como tercera norna y Gutrune, una combinación que no se producía desde el anterior Anillo de Thielemann, donde Edith Haller compaginaba ambos roles. Se agradece un instrumento de soprano lírica con punta en el agudo. Muy notable interpretación de ambos roles. Como norna, nerviosa y punzante por el devenir de los acontecimientos. Como Gutrune, una criatura alegre, pero frágil y de buenas intenciones. Hinterdobler es miembro del elenco estable de la Ópera de Frankfurt desde 2023 -antes estuvo en el de la Ópera de Leipzig-, y se vuelve a confirmar la teoría de que los teatros alemanes cuentan en sus elencos estables con cantantes de muy buen nivel medio. Bayreuth se ha beneficiado en los últimos años de varios cantantes de la Ópera de Frankfurt -Bauer Kanabas actualmente, y en el pasado reciente, Tanja Ariane Baumgartner o 

        Klaus Florian Vogt continuó con su particular Sigfrido, ciertamente bien cantado, arrojado y afrontando los distintos estados de ánimo del personaje. Su aparición al final del primer acto, haciéndose pasar por Gunther y con una escritura del rol en la parte baja de la tesitura no es lo que más se acomode a su instrumento, pero sale bien parado. Lo más destacado fue el relato sobre su vida y su muerte, donde ofreció una interpretación nostálgica y evocadora, propia de un muchacho inocente y gentil, muy bien cantada y fraseada, sorteando con facilidad los recovecos de la partitura. Como curiosidad, caló el do4 en su contestación a los gibichungos en el tercer acto.

        Camilla Nylund afronta la Brunilda más larga de las tres que aparecen en las sucesivas obras que componen el Anillo, si bien en el Ocaso su tesitura no es tan escarpada como la de Sigfrido. Hizo lo que pudo en el prólogo, donde el vibrato estuvo presente. En su escena con Waltraute ha estado bastante aseada, ofreciendo momentos de meridiana claridad en el instrumento, y donde se agradece un fraseo elegante y muy natural. Igualmente, ha estado correcta en la gran escena central del segundo acto, donde ha intentado sacar anchura aun a costa de instalarse por momentos en el forte, teniendo en cuenta que el material canoro no es el idóneo para la parte. En la escena final hizo su entrada con belleza y más que una autoridad imperiosa ofreció cierta resignación por el devenir de los acontecimientos. En todo caso, el vibrato es un inconveniente importante.

        Solvente el Gunther de Michael Kupfer-Radecky, de timbre mate no atractivo, pero con un volumen importante y una dicción muy clara. Su caracterización seca y cortante ya es bien conocida.

Escena de la vela de Hagen, al comienzo del segundo acto,
con la producción de Valentin Schwarz (2022-25)
        Mika Kares volvió a ofrecer su magnífico Hagen, de voz grande, redondeada, donde hay sarcasmo y manipulación a partes iguales. Un personaje brutal y despiadado dispuesto a todo por conseguir sus objetivos. Sin duda una creación homologable a las de los históricos y realizada de una manera muy personal. Tanto el monólogo del primer acto como la llamada a los gibichungos en el segundo deben contarse entre los mejores momentos vocales de este Anillo que, por desgria, no ha tenido muchos.

        Jochen Schmeckenbecher ofreció de nuevo su Alberich dramáticamente vivo, con una personalidad rallana en la locura.

        Christa Mayer fue una Waltraute serena, abatida por los acontecimientos, de hondura sincera y con especial atención al texto.

        Notable las hijas del Rhin: Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Rheinhold (Flosshilde) ofrecieron un trío bien empastado, cantábile y con buena intención dramática.

        Finalizado el tercer acto, los abucheos, muy perceptibles, no se hicieron esperar, si bien cesaron en cuanto el elenco inició sus saludos. Los aplausos y bravos llegaron al delirio con la salida de Thielemann, gran artífice en el foso estos días. Eso sí, en cuanto salió el equipo escénico los aplausos cesaron de golpe y se produjeron sonoros y palmarios abucheos. Irene de Juan, en el segundo intermedio, no tuvo inconveniente en decir lo que pensaba sobre la IA aplicada a la escena: puede ser una herramienta para plantear la escena, pero no puede sustituir al director de escena. Parece que hay consenso en que en esta propuesta se ofrece demasiada información visual y en bastantes momentos sin una conexión clara con lo que sucede en escena. Los trajes con esa especie de plumas, que posibilitan que las imágenes se reflejen también en los cantantes también han sido objeto de protesta. De hecho, al ser similares, se dice que dificultan la identificación de los distintos personajes, lo que llevó a que, en los saludos finales, las hijas del Rhin levantaran los brazos en forma de ola para diferenciarse de las nornas.

        Termina de esta manera un Anillo efímero, previsto sólo para el aniversario, y que sólo tendrá oportunidad de retocarse en el desarrollo escénico en los otro dos ciclos de esta edición. En general, esta Tetralogía deja un sabor agridulce, pues pese a la excepcional dirección de Thielemann, voces demasiado líricas han copado los personajes principales -Sigmundo, Sieglinde, Brunilda y Sigfrido-. Finalizan también de este modo las retransmisiones desde Bayreuth, pues la Radio de Baviera ha decidido no retransmitir ni el Holandés ni Parsifal. La primera, por lo que ha podido leerse, ha constituido un éxito importante con la pareja Brownlee-Teige en unión del Daland de Mika Kares, con una dirección de Oksana Lyniv ya conocida y una puesta en escena de Tcherniakov que se ha convertido en uno de los puntales del Bayreuth actual. Por su parte, el Parsifal de Heras-Casado contaba este año con la Kundry de Miina-Liisa Värelä y había también relevo en el Titurel -con Vitalij Kowaljow-. Ambos montajes contaban, a mi ver, con elencos más idiomáticos que la Tetralogía, y es previsible que los resultados vocales hayan sido más homogéneos en estos dos títulos, que además se retiran de cartel este año.

Grabación digital en HD, en formato .mp3 a 320 kbps, procedente de Bartok Radio.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

2 DE AGOSTO DE 2026.

SIGFRIDO / BAYREUTH 2026

SIGFRIDO / Festival de Bayreuth, 30 de julio de 2026, 16 horas.
Otras representaciones: 7 y 15 de agosto
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Klaus Florian Vogt (Sigfrido), Gerhard Siegel (Mime), Michael Volle  (Viandante), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Peter Rose (Fafner), Christa Mayer (Erda), Camilla Nylund (Brunilda), Victoria Randem (pájaro del bosque).
Minutación: Acto I: 78:47 / Acto II: 73:31  / Acto III:  80:20 / Total: 232:38  (3 horas 52 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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El héroe que se codeaba con los mandatarios del siglo XX
      
        Pasamos el ecuador de la Tetralogía del 150 aniversario, llegando a Sigfrido. Clemens Nicol, indispensable en las retransmisiones del Festival, saludaba desde la Radio de Baviera unos minutos antes de las cuatro de la tarde. En Radio Clásica hoy estaba Clara de Juan, quien contó en el primer intermedio con Darío Fernández Ruiz, escritor que ha publicado este año el libro La invención de Bayreuth, dedicada a los primeros años de Festival, mientras que en el segundo, 
Lourdes Jiménez se ocupó de la relación de Wagner con las artes plásticas. Ola de calor en Bayreuth, con temperaturas que superaban los 30º. Ello quizás haya podido influir en alguna nota con afinación dudosa aquí y allá, pues no en vano la temperatura del foso es problemática en la afinación e influye en el rendimiento de los músicos. Sin perjuicio de ello, los músicos evidencian la clase y el apabullante poderío acostumbrado.

        La IA sigue generando imágenes sorprendentes. Así, ha circulado la imagen del dúo final entre Sigfrido y Brunilda donde, en un momento dado, aparece una de las fotos clásicas de la reapertura de 1951: esa en la que aparecen Wieland y Wolfgang Wagner con el cartel del Festival al fondo. Pero también en esa escena ha aparecido, según ha relatado la Radio de Baviera, un cartel de la crisis del petróleo de 1973 que indica hoy no hay gasolina. Ciertamente, aparecían también imágenes de la producción de Frank Castorf, estrenada e 2013, donde el oro era sustituido por el petróleo como hilo conductor -en particular, ha circulado en el segundo acto una en tonos rojizos donde se vislumbra el monte Rushmore comunista que presidía el segundo acto de aquél Sigfrido-. Hay quien considera que cuando las imágenes son abstractas tienen cierto atractivo, pero también hay quejas de que aparecen sin motivo acontecimientos históricos que poco tienen que ver con la obrar: la llegada a la luna en 1969, los Juicios de Nuremberg, o personas como Konrad Adenauer, Kennedy, Isabel II o Willy Brandt.

        Christian Thielemann dirige un Sigfrido de tempi algo más ligeros que en su anterior Tetralogía, donde hubo años que rebasó las cuatro horas (4 horas y 4 minutos en 2006 y 2008), si bien respecto a su último Sigfrido en Bayreuth, el de 2010, la diferencia no alcanza, en conjunto, los tres minutos. No planteó un preludio ni excesivamente oscuro ni excesivamente brumoso, más bien limpio y diáfano. Acompañó la primera escena con un punto de nostalgia -las vivencias del joven Sigfrido en la búsqueda de su identidad- y en el torneo del saber no cargó los tintas -en su anterior Anillo, con Albert Dohmen, era uno de los puntos incandescentes de la batuta-, permitiendo a Volle frasear con comodidad, lo que ha sido todo un acierto, hasta el punto de que la segunda escena del primer acto ha sido, en lo vocal, lo mejor de este Anillo hasta el momento. Arrollador y épico en la tercera escena.

        Comenzó Klaus Florian Vogt omitiendo las notas más elevadas de la subida escrita en su entrada, incluido el do4. Tras una primera escena un tanto introvertido, en la tercera estuvo arrojado, con una fragua a tempo dilatado, como siempre le ha gustado a Thielemann. La forja fue a tempo ligero. Ambos pasajes, de importante complejidad, fueron despachados por Vogt con pasmosa facilidad. En los últimos compases del acto tiraba del tempo, acelerando. He tenido la sensación de que ha ido de menos a más a lo largo de la función: ha sabido reservarse en el acto primero para llegar a un tercero donde ha estado generoso -nótense los Sei mein!, cantados con elegancia -y ternura, por la voz cándida de Vogt-. Su gran baza son las partes más líricas, como los murmullos del bosque, donde saca a relucir una interpretación un tanto melancólica.

Sigfrido (Vogt) y Mime (Siegel) en el segundo acto, frente
a una proyección del monte Rushmore comunista que presidía
el segundo acto en la producción de Frank Castorf (2013-17)
        Gerhard Siegel exhibe una voz compacta, atención a la medida y absoluto dominio de un rol que ha hecho suyo y que sigue dominando a la perfección. Un Mime absolutamente referencial. Con este instrumento resulta curioso escuchar al cándido Sigfrido de Vogt.

        Michael Volle compuso un notable Viandante, vocal y dramáticamente. Su entrada fue poderosa y en el torneo del saber se desempeñó con nobleza y autoridad. Arriesgó con los matices, ofreciendo detalles de gran clase en sus inflexiones, incluyendo una mezza voce muy estable. En el segundo acto se impuso con nobleza en la escena nocturna en el bosque frente a un Alberich desatado. En el tercer acto se le notó algo oscilante en sus llamadas a Erda, pero a lo largo del dúo estuvo firme, como asimismo en su encuentro con Sigfrido, donde exhibió autoridad. Volle a lo largo de este Anillo, y teniendo en cuenta la materia primera -el timbre no es el más bello ni la voz la más oscura- ha exhibido clase, técnica, compromiso con el rol y saber decir, en un Wotan netamente baritonal, notable en conjunto.

Wieland y Wofgang Wagner preparando la reapertura
del Festival en 1951. Uno de los fondos que ofrece
la IA para el dúo final de Sigfrido y Brunilda
        Rayano en la obsesión y la locura el Alberich de Jochen Schmeckenbecher, que empezó un tanto desabrido en su entrada del segundo acto. Competente, pero ofreció una vocalidad más completa en el Oro.

        Fafner es un papel que demanda un bajo profundo. Peter Rose tiene una voz liviana y descolorida en las profundidades de la tesitura, por lo que el resultado es bastante deslucido. Ya en su primera intervención desde la cueva sonó tremolante y gris. Una voz completamente inadecuada para la parte.

        Limpia, brillante y de agradable timbre el pájaro del bosque de Victoria Randem.

        Magnífica Erda de Christa Mayer, de sonoridad plateada, con atención al texto y aliento trágico.

        Camilla Nylund no empezó bien, con un vibrato acusado y tendencia a calar en el O Siegfried! Sólo se estabilizó muy al final, tras cantar su larga intervención del Idilio

        Ya en el primer acto, junto a los bravos se escuchó algún abucheo lejano para la puesta en escena. Con la salida de los cantantes, los bravos subieron enteros, pese a que el reparto resulta muy desigual, con dos nombres a destacar: Gerhard Siegel y Michael Volle. Ni Peter Rose ni Camilla Nylund son voces adecuadas para sus respectivos roles. Vogt, siempre inclasificable.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

1 DE AGOSTO DE 2026.

LA VALQUIRIA / BAYREUTH 2026

LA VALQUIRIA / Festival de Bayreuth, 28 de julio de 2024, 16 horas.
Otras representaciones: 5 y 13 de agosto
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Klaus Florian Vogt (Siegmund), Mika Kares (Hunding), Michael Volle (Wotan), Elza van den Heever (Sieglinde), Camilla Nylund (Brünnhilde), Anna Kissjudit (Fricka), Martina Welschenbach (Gerhilde), Brit-Tone Müllertz (Ortlinde), Karis Tucker (Waltraute), Freya Apffelstaedt (Schwertleite), Magdalena Hinterdobler (Helmwige), Alexandra Ionis (Siegrune), Marie Henriette Reinhold (Grimgerde), Natalia Skrycka (Rossweisse).
Minutación: Acto I: 58:51  / Acto II: 86:51 / Acto III: 69:23  / Total: 215:05 (3 horas 35 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Entre tecnología y psicodelia

        Prosigue el Anillo IA con La Valquiria. Anna Greiter saludaba desde la Radio de Baviera pocos minutos antes de las cuatro de la tarde, y también hacía lo propio Clara Corrales desde Radio Clásica, contando con Arturo Reverter en los intermedios. Reparto discutible: pareja de welsungos demasiado lírica, Michael Volle con presencia y clase, pero con un par de quiebros hacia el final, mientras que Camilla Nylund es una Brunilda imposible. Frente a ellos, Mika Kares y Anna Kissjudit ofrecen, por vocalidad y maneras, interpretaciones perfectamente homologables a las de los años dorados. En una entrevista que Christian Thielemann concedió a la Radio de Baviera, manifestó que tenía muchas ganas de escuchar en esta obra a Vogt, Volle y Nylund. No en vano, los cuatro cantantes principales -los citados y van den Heever- fueron los escogidos por él para el Anillo de La Scala que tenía previsto dirigir entre 2024 y 2025 y que canceló, pasando a ser dirigido, en las dos primeras funciones, por Simone Young y en las restantes por el más doméstico director Alexander Soddy.

        El montaje ha cosechado más críticas que en el Oro. Se relata que, de vez en cuando aparece una foto de un libro de Historia de secundaria, si bien ligeramente distorsionado para que sea difícil reconocerlo, pero llega a aparecer desde el Emperador Guillermo II a africanos demacrados víctimas de crímenes coloniales o incluso Hitler. También aparece el escritor Thomas Mann con aspecto preocupado cuando Sieglinde se enamora de su hermano, probablemente debido a que escribió Wälsungenblut, una novela corta. La pregunta es si la IA lo tuvo en cuenta o fue el equipo escénico quien introdujo a la máquina esta idea, o bien ha sido una coincidencia entre la ingente cantidad de datos que aquélla maneja. Prosiguen también las críticas a los remolinos de colores, que se presentan aleatorios. Por la red se ha llegado a leer un comentario que habla de fiesta del LSD.

        Tras el excepcional prólogo del día de ayer, Thielemann ofreció un buen primer acto de La Valquiria, pero con una temperatura más contenida. El preludio se inició animado pero no agresivo. La primera escena ofreció suavidad, trazo fino en la cuerda y un fluir natural, pero sin dejar de paladear cada pasaje. El solo de cello ofreció un glissando un punto más acusado que de costumbre. Estuvo muy pendiente de los cantantes y fue a partir de la tercera escena donde despliegó todo su potencial. El primer acto más ágil de la última década -casi 59 minutos-, y que contrasta con el tempo más estándar de los otros dos actos. Con el material tan lírico de la pareja protagonista, era la opción más sensata.

Cabalgata de las valquirias
        La temperatura subió desde el preludio del segundo, desbordante, suntuoso en la redondez del sonido, denso y apabullante. Acompañó con atención a Volle en su monólogo, acumulando tensión e incandescencia en su tramo final, culminando en una apabullante salida del dios, dejando plantada a Brunilda en un mar de dudas. Sigue un interludio a medio camino entre la melancolía y el desasosiego y una anuncio de la muerte a Sigmundo de noble factura. El final, muy electrizante.

        El tercero acto es excepcional, ya desde una poderosa cabalgata, prosiguiendo con un foso rugiente en la despedida de Sieglinde, temible en la ira de Wotan y todo un derroche de brillo iridiscente en los adioses de Wotan -impresionante clímax orquestal reteniendo el tempo- y el fuego mágico. Los tempi en conjunto son globalmente más ligeros que en su Tetralogía anterior, esta Valquiria resulta aproximadamente 15 minutos más rápida.

        Cuesta acostumbrarse al Sigmundo blanquecino de Klaus Florian Vogt, frío como un témpano en la primera escena. Ha tardado en entrar en el rol, dándome la sensación de estar un tanto reservado. En lo vocal ha tenido mejores presentaciones de su relato a Hunding en la segunda escena, como asimismo en el Ein Schwert verhieß mir der Vater con que se inicia la tercera, aunque a partir de aquí parece que comenzó a pleno rendimiento: contestó con ardor al relato de Sieglinde y brindó un buen Winterstürme, cerrando bien el primer acto. Más redondo en el segundo acto, con una réplica al anuncio de la muerte que le trae Brunilda cargada de otoñalidad, con claras reminiscencias de sus intepretaciones de la despedida en el tercer acto de Lohengrin, que torna después en incisividad. En su beneficio hay que decir que su dicción es muy clara y se entiende en todo el momento el texto. Preguntado en una entrevista concedida a la Radio de Baviera de quién fue la idea de este particular maratón de Loge, Sigmundo y los dos Sigfridos, manifestó que fue una propueta de Thielemann.

        La sudafricana Elza van den Heever posee una voz demasiado lírica para el rol de Sieglinde, echándose en falta algo más de anchura en el registro medio, si bien la línea de canto es elegante y se maneja con oficio, por lo que en conjunto su creación es agradable, pese a una dicción bastante borrosa. Debutó el rol en 2024 en Rotterdam y su puesta de largo con él fue en las representaciones de La Scala, ya mencionadas. Compuso en la primera escena una limpia y atenta Sieglinde, si bien en su relato de la tercera se notó la escasez de graves, no encontrándose del todo cómoda y pasando de puntillas por las primeras frases, que no quedaron expuestas con la debida trascendencia. Consiguió asentarse ya hacia sus últimas frases, que expuso con ardor, recibiendo una contestación ardiente -dentro de sus maneras- por parte de Vogt y culminó el acto con un buen Du bist der Lenz. En el segundo acto la falta de anchura del instrumento es perceptible en sus delirios -Hinweg! Hinweg!- con una propensión a agudos un punto metálicos. La despedida del tercer acto es un momento que demanda una voz más ancha, y donde van den Heever estuvo al límite.

        Mika Kares afronta su cuarto rol en Bayreuth, Hunding, tras Hagen, el Rey Enrique y ayer, Fasolt-. Vocalmente tiene la entidad que requiere el personaje. Dramáticamente opta por un personaje noble y hospitalario al principio, que se torna hosco cuando llega a saber quién es el que ha llegado a su casa.

        Michel Volle como Wotan hizo su entrada noble y poderoso. En su dúo con Fricka puso de manifiesto que el instrumento luce más en las frases en forte que en piano: en las primeras hay vigor, si bien en la mezza voce existe propensión a la emisión oscilante, algo que se notó también al final de los adioses. El monólogo resultó plausible sin tener la voz más bella, oscura ni tonante, gracias a sus tablas y a una buena atención al texto, aunque por momentos puedan aparecer sonoridades un punto ácidas. Su réplica a Brunilda -Ha, Freche du! / Frevelst du mir?- sonó temible. Ofreció un acabado vocal más rotundo en el tercer acto, con una entrada poderosa y demostrando autoridad para con su hija. Ofreció unos adioses profesionales, en su sitio, si bien la voz se le quebró en un momento dato, como también en su última frase.

Camilla Nylund como Brunilda entre el fuego mágico
        La finlandesa Camilla Nylund, que en Bayreuth ha cantado la trilogía de protagonistas líricas -Elisabeth, Elsa y Eva-, así como una Sieglinde en 2017, abordó Isolda en 2024 y 2025 como premio de fidelidad a la casa y ahora corona su trayectoria en el Festival, donde debutó en 2011, con Brunilda. Ya en su entrada se puso de manifiesto su intento por sacar volumen y anchura al instrumento, como también ocurrió en el final del anuncio de la muerte a Sigmundo -una pena, pues la orquesta rugió incadescente-. Falta anchura y metal para la parte, con un instrumento netamente lírico que, si bien ha ganado anchura respecto a hace una década, no es ni tonante ni lacerante, más bien carnoso, al que hay que añadir el peculiar vibrato, que con los últimos años se ha vuelto acusado, si bien, 
como he podido comprobar, es más patente por radio que en vivo. Demostró más hechura en el tercer acto, y funcionó bien como la valquiria arrepentida ante Wotan, aunque en su intervención final estuvo al límite. En definitiva, una voz fuera de rol. Según pudo seguirse en la retransmisión, pues Anna Greiter va relatando quién comparece al escenario a saludar, no obtuvo abucheos, pero sí una reacción del público discreta.

        Anna Kissjudit compone una magnífica Fricka, como ocurrió en la tarde de ayer, oscura y poderosa, con mucho fuste, en una interpretación incandescente en sus demandas a Wotan, muy atenta al texto, cuyo único pero es que, por tesitura, sonó un poco apurada en sus frases finales al regreso de Brunilda.

        Notable octeto de valquirias, que conserva la mitad del año pasado e introduce a las debutantes en Bayreuth Martina Welschenbach, Karis Tucker y Freya Apffelstaedt, con la incorporación este año al conjunto de Natalia Skrycka, que venía formando parte del trío de ondinas desde el Anillo de Simone Young.

        La reacción del público no se hizo esperar, con abucheos a la parte escénica, más patentes que en el prólogo, y una reacción al elenco más discreta que el día anterior. Una Valquiria donde Thielemann se tomó con suavidad las dos primeras escenas del primer acto y después comenzó a subir la temperatura, excepcional en muchos momentos, destacadamente en el tercer acto. Una pena que el elenco deje un sabor agridulce, con una pareja de welsungos demasiado lírica y una Brunilda imposible. Volle aguanta el tipo con dignidad y es Wotan.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

28 DE JULIO DE 2026.

EL ORO DEL RHIN / BAYREUTH 2026

EL ORO DEL RHIN / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2026, 18 horas.
Otras representaciones: 4 y 12 de agosto.
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Michael Volle (Wotan), Alexander Grassauer (Donner), Siyabonga Maqungo (Froh), Klaus Florian Vogt (Loge), Anna Kissjudit (Fricka), Evelin Novak (Freia), Christa Mayer (Erda), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Mika Kares (Fasolt), Peter Rose (Fafner), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Reinhold (Flosshilde).
Minutación: 145:02 (2 h 25 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Oro virtual sin criptomonedas

        La producción especial del 150 aniversario del Festival está encomendada a Marcus Lobbes, nacido en 1966 y director de la Academia de Teatro y Digitalización de Dortmund, fundada en 2019, en un proyecto que utiliza la IA como punto de partida, de manera que lo que puede verse en escena es una síntesis de las producciones del Anillo de estos 150 años. Su propuesta ha sido titulada RING 10010110, que en lenguaje binario significaría RING 150. 
Lobbes lleva trabajando desde 1995 como director, escenógrafo y autor en teatro musical y hablado. Es poco conocido el dato de que estudió canto, tiene voz de barítono, y hacia el final de sus estudios trabajó en papeles como Don Giovanni y Eugene Oneguin.

        Las conversaciones con el Festival, como ha declarado el propio Lobbes en una entrevista concedida el pasado mes de abril en el diario Waz, se iniciaron en la primavera de 2023, con la intención de llevar a cabo un proyecto del Anillo para el 150 aniversario que contara con él como director, en un proyecto entroncado en la Academia que él dirige. Debido a la singularidad del proyecto, se ha preferido no emplear la palabra inszenierung, sino kurator -comisario- para referirse a la persona que está al frente de la propuesta.

        Como puede leerse en la propia página de la institución que dirige, mediante nuevas técnicas de imagen y una combinación de programación en vivo, inteligencia artificial y holografía, se creará una monumental Tetralogía: un mundo de poder, amor, traición, caída y, al mismo tiempo, un lugar de constante transformación. Bajo el título RING 10010110, el drama musical de Richard Wagner y su historia de recepción ocupan un lugar central, a través de una capa visual que cambia, se expande, se recompone y se contradice constantemente. Por primera vez en la historia del festival, la inteligencia artificial participará en vivo en el escenario, no como un personaje, sino como una fuerza visual. No estamos, sin embargo, ante una performance, como la Valquiria de pandemia del año 2021, encomendada al Hermann Nitsch, pues Lobbes ha declarado que hay vestuario -si bien adaptado a la propuesta, como luego indicaremos-, hay escenografía -si bien sin elementos físicos grandes, de manera que el espacio está completamente esculpido por la luz y hologramas tridimensionales-, y los cantantes interactuarán entre sí.

        En la entrevista concedida al diario Waz, Lobbes explica qué ha supuesto el proyecto: En definitiva, se trata de inteligencia artificial: durante los últimos tres años, hemos entrenado numerosos modelos de IA para analizar la legibilidad de una partitura, el tono cantado, pero también el historial de recepción y los enfoques de dirección. Luego, les proporcionamos imágenes de 150 años de historia de Festivales. Y ahora, como equipo, estamos trabajando en una máquina que, basándose en un conjunto de directrices, pregunta: ¿Qué puedes inventar o «imaginar», como diríamos nosotros, en respuesta a esta música y este texto?

        La propuesta ha sido sencilla de ensayar sobre el escenario, si bien a ello le han precedido años de preparación tecnológica y cinco semanas completas en el Festspielhaus, inicialmente sin cantantes.  En la entrevista citada, Lobbes declara: El truco está en lo siguiente: hay varios cientos de "marcadores" dentro de estas 14 o 15 horas de ópera. Cada uno, relevante para la escena, indica: esto es lo que se está discutiendo, esto es lo que sucede en la música, esto es lo que sucede en el mundo, hasta la grabación en vivo de la orquesta, y así sucesivamente. Todo esto se introduce en una máquina computacional. Y entonces sucede esto: establecemos los parámetros que deben aparecer. Y decimos: ahora puedes inventar algo que los acompañe. Y funciona así: la máquina establece el requisito para sí misma y luego lo resuelve por sí misma. Previamente se ha ensayado con esa tecnología qué es aceptable para la escena y que no. Relata Lobbes que no se trabaja con internet en abierto: no permitimos que el 98% de la basura que hay en internet llegue al escenario. Eso sería desastroso. Preguntado si la propuesta deja en manos de la IA si aparece una locomotora de la Revolución Industrial o un Godzilla en la escena de Fafner en Sigfrido, Lobbes declara:  No, no, somos muy claros en cuanto a la precisión histórica. Las directrices incluyen años específicos para las escenas, durante los cuales transcurre el tiempo. Con "Dragón en Siegfried", la señal para la máquina es clara: "Pase lo que pase, en este punto necesitamos algo que se parezca a un dragón, o a tu interpretación de un dragón". Creo que deberíamos poder manejar bien ese trabajo. Pero cada interpretación será ligeramente diferente; la IA no es un buscador. Esta última cuestión es algo que se ha venido anunciando: cada ciclo del Anillo será ligeramente diferente, gracias a esa aleatoriedad. Pero para ello se la introducido a la IA, según explicó Lobbes, todas las producciones del Festival, la partitura, el texto, eventos políticos e incluso temas de conversación durante los intermedios.

        Dada esta forma de trabajo, Lobbes declara que su mayor enemigo sería un ordenador averiado, que en el peor de los casos puede colapsar. Por eso, anuncia que se cuenta con dos sistemas paralelos. Entrevistado por la Radio de Baviera el día del estreno, fue preguntado qué era lo que esperaba con más ilusión, y respondió que las reacciones. Cuando presentamos el proyecto hace un año, hubo mucho escepticismo. Cuanto más se acerca el estreno, mayor parece ser la curiosidad. Tengo especial curiosidad por ver qué conexiones descubre el público y qué historias interpretan las personas en estas imágenes.

        La crítica ha sido bastante negativa. En general, se apunta a que la propuesta luce más que el resultado. El diario Kurier habla, sin ambages, de un completo error, y la web francesa Resonances Lyriques de genio musical y naufragio visual.

Saludos finales, donde puede apreciarse el particular vestuario
        Se ha criticado el vestuario en forma de sacos negros que llevan los cantantes, unos trajes reflectantes diseñados para que las proyecciones funcionen también sobre ellos. Ello ha llevado a la siguiente crítica: parece ser que las proyecciones y luces por momentos los sepultan entre tanto colorido, luces que para algunos han sido excesivas. También que la IA en ocasiones mezcla imágenes que no aportan un contenido a la escena, sino que se limitan a ser una pura decoración, lo que ha llevado a sentenciar a algunos que la IA no puede hacer teatro.

        Ahora bien, también ha habido reacciones positivas. La propuesta lleva como título en el programa El Anillo en movimiento: Un experimento. Una invitación, y se traduce en que los cantantes actúan con una quietud casi escultórica en torno a un cosmos visualmente burbujeante de luz y asociaciones que emerge desde el fondo -en palabras de la reseña publicada por Online Merker-. Prosigue: El objetivo no era presentar una única interpretación, sino hacer tangibles simultáneamente el mito nacional, las convulsiones sociopolíticas y la explosividad artística. Cada actuación es única gracias a la capa dinámica de IA. En este sentido, se ha podido leer también que se agradece la escasez de movimiento y el derroche de color para que el espactador pueda concertrarse en la música.

        Para cerrar la cuestión de la escenografía, una reflexión: resulta curioso cómo, por un lado, estamos cansados de regietheater y de que las obras tengan que tener un significado que poner de manifiesto y cuando se presenta una propuesta que prescinde de todo ello, un sector del público considera que no hay aliciente en ello.

        En cuanto al elenco, Thielemann ha mantenido el trío de ondinas que empleó Simone Young el año pasado -en 2024 contaba como Evelin Novak como Woglinde, ahora Freia-. En el resto se nota su mano -Volle, Vogt, Mayer, Maqungo, Siegel, Kares, la propia Novak-. En todo caso, el trío conformado por Katharina Konradi, Natalia Skrycka y Maria Henriette Reinhold ha sido notable: bien empastado, muy atento al drama y espoleado desde el foso -tengo la sensación de que este año su interpretación tiene mayor excitabilidad dramática gracias a la batuta-. El resto, como indicamos, es un elenco a su medida, tanto con habituales presentes -Volle, Vogt- como de la Tetralogía que hace veinte años estrenó en Bayreuth y que estuvo en cartel hasta 2010 -Gerhard Siegel, Christa Mayer-.

        Christian Thielemann ejecuta el preludio manejando a la orquesta como un orgánico compacto de sonoridad redondeada y opulenta. Si alguien esperaba una lectura hedonista, crepuscular o de análisis sinfónico, se equivocaba. Estamos ante una lectura épica, muy teatral, fluida, donde el drama se palpa en cada pasaje, pero sin merma de los detalles: la orquesta ruje con Alberich, celebra con Wotan, se lamenta con Fasolt, advierte con Erda... en fin, transmite en cada pasaje los sentimientos de los complejos personajes wagnerianos. Encontramos filigranas clásicas del berlinés, como la nítida línea del clarinete acompañando a Alberich en su seducción a las ondinas. Magnífica construcción del clímax, redondeado de forma opulenta en la aparición del oro -con unos violines nítidisimos en su descenso en forma de escalas-. Cuando el nibelungo arranca el oro del lecho del Rhin la orquesta se enciende, nerviosa, en un ataque absolutamente maravilloso. A partir de ahí, el interludio es un derroche de sonido y maravillosa articulación en las cuerdas. La serenidad de Wotan frente a la intranquilidad de Fricka se palpa en el comienzo de la segunda escena, que contiene una poderosa entrada de los gigantes a tempo vivo. El conflicto con los dioses resulta electrizante. El monólogo de Loge, se desarrolla a tempo vivo y en una línea muy cantábile.

        Recuerdo a José Luis Pérez de Arteaga decir, en la retransmisión del primer Anillo que Thielemann dirigiera en Bayreuth (2006), que las escenas primera y tercera eran las grandes creaciones del berlinés en el Oro. Escuchada la retransmisión de hoy, se cumple. Inconmesurable descenso al Nibelheim, con una orquesta de sonido redondo, homogéneo y opulento. Las amanezas de Alberich a los nibelungos tienen una respuesta poderosa en la orquesta. Su posterior encuentro con Wotan y Loge se beneficia de la precisión rítmica de la cuerda. En la cuarta escena el regreso de Freia es un sopolo de aire fresco. Presencia de las arpas en el pasaje del arco iris y un final épico. En genera, tengo la sensación de que en esta ocasión ha optado por un sonido orquestal más denso y afrutado. En cuanto a minutación, en torno a cinco minutos menos a lo invertido en los Anillos dirigidos entre 2006 y 2010.

        Se ha apuntado que la enorme pantalla transparente extendida frente a los cantantes altera la reverberación y el retorno de sonido del foso, si bien en la retransmisión no se ha percibido diferencia alguna.

        Era de esperar que Wotan recayera en Michael Volle, bajo-barítono de confianza de Thielemann a día de hoy y con quien ha desarrollado el Anillo de la Staatsoper en los últimos años. No cabe duda de que estamos ante un artista inteligente, que sin tener la voz más oscura ni la más tonante, saca adelante con éxito el complejo papel, como ha venido haciendo con el Holandés en los últimos años. Compone un Wotan orgulloso y cortante. Se agradece su dicción y atención al texto, aspectos éstos en los que su carrera como liederista no cabe duda de que le ayuda.

Las transformaciones de Alberich
        El único debutante en Bayreuth es el barítono alemán Jochen Schmeckenbecher (Alberich), discípulo de Kurt Moll en la Universidad de Música de Colonia, quien tras haber formado parte del elengo estable de la Komische Oper de Berlín, empezó a hacer carrera internacional. Su dedicación al papel del nibelungo ha sido destacada en los últimos años -lo ha cantado en Berlín, Hamburgo, Viena, París, Frankfurt, Leipzig o la Ópera del Rhin (Düsseldorf-Duisburg)-, y ha sido un acierto contar con él en esta Tetralogía. Su voz es más de barítono que de bajo barítono, homogénea -pierde un punto de color en el extremo agudo, pero sin desmerecer-, desarrollando una intervención nerviosa y neurótica, muy viva dramáticamente, que recuerda por voz y maneras a Otakar Kraus, el Alberich del primer Anillo de Wolfgang. En la maldición del anillo se echó en falta una voz más ancha.

        Atípico y personal, como son sus últimas encarnaciones en otros roles wagnerianos, el Loge de Klaus Florian Vogt. No quiere decir que esté mal cantado, todo lo contrario, pues el tenor alemán es un prodigio de dominio técnico y de aguante, y en esta Tetralogía lo pondrá de manifiesto apareciendo en las cuatro obras, pues a este Loge suma Sigmundo y los dos Sigfridos. Compone un semidiós del fuego de dicción muy clara y atento a la medida, con una emisión menos blanda y un punto más incisiva que cuando afronta al angelical Lohengrin o al caballeroso Walther, pero con su timbre ya conocido. Dramáticamente compone un personaje inteligente, donde puede faltar cierta mordacidad o comicidad. Por la red se hablaba de un Loge cantado como un lied de Schubert.

Nibelheim
        La contralto húngara Anna Kissjudit, Erda el pasado año, pasa a encarnar en esta Tetralogía a Fricka. Voz oscura y potente, de emisión un punto entubada -lo que se hace patente en su dúo con Wotan al comienzo de la segunda escena-, de ataque preciso y muy controlado, ofrece una diosa inflexible e implacable.

        Evelin Novak, soprano del elenco estable de la Staatsoper de Berlín, quien en los últimos años ha participado en Bayreuth en papeles menores, ha sido la escogida para interpretar a Freia. Competente en su cometido.

        Siyabonga Maqungo, también miembro del elenco estable de la Staatsoper de Berlín, hace uso de su buena técnica y su voz luminosa para encarnar a un Froh de línea clásica. De línea también clásica, tonante y bien dispuesto, el Donner de Alexander Grassauer, un cantante que el año pasado tuve ocasión de disfrutar en el Tristán de Bychkov como Melot y en los Maestros de Gatti como Hermann Ortel y que me llamó la atención por su presencia vocal.

        Magnífica Erda de Christa Mayer, el que, a mi juicio, ha sido su gran rol junto con el de Waltraute, gracias a una voz plateada de aliento trágico, componiendo una madre tierra que advierte a Wotan con autoridad, llegándole a estremecer.

Segunda escena
        El poderoso Mika Kares es un magnífico Fasolt, tonante y desbordante, homologable a los históricos. Regresa a Bayreuth el británico Peter Rose, quien cantó Daland en 2016 y 2018. La voz no es muy grande ni oscura, y Fafner no es un papel que se acomode especialmente a su vocalidad, pese a que ha aparecido con este rol en Berlín en varias ocasiones. En todo caso, cumple.

        Regresa a Bayreuth el bávaro Gerhard Siegel, estupendo Mime en la anterior Tetralogía de Thielemann. A sus 63 años conserva en buen estado su instrumento, una voz que tiene entidad, cierta anchura y que está bien timbrada, cualidades éstas a las que se une una magnífica dicción y atención a la medida. Como curiosidad, decir que Siegel, en sus años en el Teatro Estatal de Nuremberg (1999-2006) cantó Sigmundo, Sigfrido, Walther y Parsifal. Estamos, pues, ante un cantante muy versátil. No en vano, ha acaparado todo el protagonismo en su breve escena.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

28 DE JULIO DE 2026.