Mostrando entradas con la etiqueta mika kares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mika kares. Mostrar todas las entradas

EL OCASO DE LOS DIOSES / BAYREUTH 2026

EL OCASO DE LOS DIOSES / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2026, 16 horas.
Otra representación: 9 y 16 de agosto
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Klaus Florian Vogt (Sigfrido), Michael Kupfer-Radecky (Gunther), 
Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Mika Kares (Hagen), Camilla Nylund (Brunilda), Magdalena Hinterdobler (Gutrune), Christa Mayer (Waltraute), Anna Kissjudit (primera Norna), Alexandra Ionis (segunda Norna), Magdalena Hinterdobler (tercera Norna), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Rheinhold (Flosshilde)
Minutación: Acto I: 114:37 / Acto II: 66:18 / Acto III: 78:58 / Total: 259:53 (4 horas 19 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
______________________________ 

El final de una era, con cabreo por la IA

        Finaliza el primer ciclo del Anillo de los 150 años del Festival. Tres minutos antes de las 16 horas, Clemens Nicol saludaba desde la Radio de Baviera. Desde unos minutos antes, en Radio Clásica se encontraba Irene de Juan junto a Clara Corrales y con Pedro Gómez, dispuestos los tres a disfrutar de la larga velada. El musicólogo tuvo oportunidad de explicar al piano distintos intervalos y acordes propios de los leitmotivs de personajes del Anillo. También hubo un momento en el primer intermedio para hablar de asociaciones wagnerianas y, en particular, del Club Wagner de Barcelona, entrevistando a su presidente. En el segundo intermedio pudo hablarse con Alberto González Lapuente, crítico de ABC, que se encuentra asistiendo al primer ciclo de representaciones. Relató que la tarde había comenzado con importante calor, pero una tormenta había suavizado el ambiente.

        De entre todo lo que ha ido saliendo publicado de este Ocaso, me resulta simpática la conclusión a la que llega Bernhard Neuhoff, crítico de la Radio de Baviera:  La IA revuelve su ensalada visual. No sabe mejor ni es más nutritiva que en las once horas anteriores. Escenografías antiguas borrosas. Trazos abstractos de color. Ocasionalmente, una imagen de la historia política. Así, relata cómo en la escena de las nornas hicieron aparición Kohl, Reagan, Gorbachov, y alusiones a la reunificación alemana, al euro, al Tratado de Maastricht o las protestas climáticas. De las imágenes divulgadas por el propio Festival resulta curioso cómo en esta última entrega se reconocen varias puestas en escena precedentes de la obra. Así, del segundo acto podemos ver la atalaya metálica de la producción de Harry Kupfer (1988-92), el edificio con escaleras de Tankred Dorst (2006-10), el callejón neoyorquino de Frank Castorf (2013-17) o el gimnasio donde aparecía Hagen en la recién retirada propuesta de Valentin Schwarz (2022-25). Se dice que desde el equipo escénico se han realizado revisiones a la IA, pues en esta entrega hay más referencias a producciones históricas y recientes y las imágenes se prolongan y enlazan con mayor sosiego. También se ha apuntado que en esta última entrega hay mayor dinamismo en los movimientos de los cantantes -se dice, por ejemplo, que Hagen asesta un contundente golpe a Sigfrido en el momento en que le mata-. No sabemos si para los dos ciclos restantes van a replantearse cuestiones de movimiento.

Segundo acto con el escenario de la producción de Harry Kuper (1988-92)
        Christian Thielemann desarrolló una magnífica conjunción de música y drama a lo largo de la larga partitura, dosificando los clímax, acompañando con cuidado a los cantantes -mimó a Camila Nylund en la escena de la inmolación con una lectura suave y cómoda-. Brilló en los interludios y pasajes orquestales con un brillo y una sonoridad opulenta -muy emocionante tanto el viaje de Sigfrido por el Rhin como la marcha fúnebre y todo el largo pasaje orquestal final-. Maneja las transiciones orquestales demostrando el profundo conocimiento de la partitura. Los tempi, como ocurriera en los días anteriores, son más ligeros que en su Tetralogía anterior -así, por ejemplo, el primer año rozó las cuatro horas y media, en 2008 las superó y, en 2010, último año en que la dirigió en Bayreuth, invirtió ocho minutos más que en esta ocasión-.

        Solvente trío de nornas, destacando la primera, una excelente Anna Kissjudit que nos hace revivir viejos tiempos. Una voz grave y poderosa, con una interpretación de importante aliento dramático tanto por los medios como por la rotundez en la forma de expresar el tiempo. Alexandra Ionis, que ya estaba presente en la Tetralogía que, los dos años precedentes, dirigió Simone Young, ofreció una segunda norna potente. La debutante Magdalena Hinterdobler hace doblete como tercera norna y Gutrune, una combinación que no se producía desde el anterior Anillo de Thielemann, donde Edith Haller compaginaba ambos roles. Se agradece un instrumento de soprano lírica con punta en el agudo. Muy notable interpretación de ambos roles. Como norna, nerviosa y punzante por el devenir de los acontecimientos. Como Gutrune, una criatura alegre, pero frágil y de buenas intenciones. Hinterdobler es miembro del elenco estable de la Ópera de Frankfurt desde 2023 -antes estuvo en el de la Ópera de Leipzig-, y se vuelve a confirmar la teoría de que los teatros alemanes cuentan en sus elencos estables con cantantes de muy buen nivel medio. Bayreuth se ha beneficiado en los últimos años de varios cantantes de la Ópera de Frankfurt -Bauer Kanabas actualmente, y en el pasado reciente, Tanja Ariane Baumgartner o 

        Klaus Florian Vogt continuó con su particular Sigfrido, ciertamente bien cantado, arrojado y afrontando los distintos estados de ánimo del personaje. Su aparición al final del primer acto, haciéndose pasar por Gunther y con una escritura del rol en la parte baja de la tesitura no es lo que más se acomode a su instrumento, pero sale bien parado. Lo más destacado fue el relato sobre su vida y su muerte, donde ofreció una interpretación nostálgica y evocadora, propia de un muchacho inocente y gentil, muy bien cantada y fraseada, sorteando con facilidad los recovecos de la partitura. Como curiosidad, caló el do4 en su contestación a los gibichungos en el tercer acto.

        Camilla Nylund afronta la Brunilda más larga de las tres que aparecen en las sucesivas obras que componen el Anillo, si bien en el Ocaso su tesitura no es tan escarpada como la de Sigfrido. Hizo lo que pudo en el prólogo, donde el vibrato estuvo presente. En su escena con Waltraute ha estado bastante aseada, ofreciendo momentos de meridiana claridad en el instrumento, y donde se agradece un fraseo elegante y muy natural. Igualmente, ha estado correcta en la gran escena central del segundo acto, donde ha intentado sacar anchura aun a costa de instalarse por momentos en el forte, teniendo en cuenta que el material canoro no es el idóneo para la parte. En la escena final hizo su entrada con belleza y más que una autoridad imperiosa ofreció cierta resignación por el devenir de los acontecimientos. En todo caso, el vibrato es un inconveniente importante.

        Solvente el Gunther de Michael Kupfer-Radecky, de timbre mate no atractivo, pero con un volumen importante y una dicción muy clara. Su caracterización seca y cortante ya es bien conocida.

Escena de la vela de Hagen, al comienzo del segundo acto,
con la producción de Valentin Schwarz (2022-25)
        Mika Kares volvió a ofrecer su magnífico Hagen, de voz grande, redondeada, donde hay sarcasmo y manipulación a partes iguales. Un personaje brutal y despiadado dispuesto a todo por conseguir sus objetivos. Sin duda una creación homologable a las de los históricos y realizada de una manera muy personal. Tanto el monólogo del primer acto como la llamada a los gibichungos en el segundo deben contarse entre los mejores momentos vocales de este Anillo que, por desgria, no ha tenido muchos.

        Jochen Schmeckenbecher ofreció de nuevo su Alberich dramáticamente vivo, con una personalidad rallana en la locura.

        Christa Mayer fue una Waltraute serena, abatida por los acontecimientos, de hondura sincera y con especial atención al texto.

        Notable las hijas del Rhin: Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Rheinhold (Flosshilde) ofrecieron un trío bien empastado, cantábile y con buena intención dramática.

        Finalizado el tercer acto, los abucheos, muy perceptibles, no se hicieron esperar, si bien cesaron en cuanto el elenco inició sus saludos. Los aplausos y bravos llegaron al delirio con la salida de Thielemann, gran artífice en el foso estos días. Eso sí, en cuanto salió el equipo escénico los aplausos cesaron de golpe y se produjeron sonoros y palmarios abucheos. Irene de Juan, en el segundo intermedio, no tuvo inconveniente en decir lo que pensaba sobre la IA aplicada a la escena: puede ser una herramienta para plantear la escena, pero no puede sustituir al director de escena. Parece que hay consenso en que en esta propuesta se ofrece demasiada información visual y en bastantes momentos sin una conexión clara con lo que sucede en escena. Los trajes con esa especie de plumas, que posibilitan que las imágenes se reflejen también en los cantantes también han sido objeto de protesta. De hecho, al ser similares, se dice que dificultan la identificación de los distintos personajes, lo que llevó a que, en los saludos finales, las hijas del Rhin levantaran los brazos en forma de ola para diferenciarse de las nornas.

        Termina de esta manera un Anillo efímero, previsto sólo para el aniversario, y que sólo tendrá oportunidad de retocarse en el desarrollo escénico en los otro dos ciclos de esta edición. En general, esta Tetralogía deja un sabor agridulce, pues pese a la excepcional dirección de Thielemann, voces demasiado líricas han copado los personajes principales -Sigmundo, Sieglinde, Brunilda y Sigfrido-. Finalizan también de este modo las retransmisiones desde Bayreuth, pues la Radio de Baviera ha decidido no retransmitir ni el Holandés ni Parsifal. La primera, por lo que ha podido leerse, ha constituido un éxito importante con la pareja Brownlee-Teige en unión del Daland de Mika Kares, con una dirección de Oksana Lyniv ya conocida y una puesta en escena de Tcherniakov que se ha convertido en uno de los puntales del Bayreuth actual. Por su parte, el Parsifal de Heras-Casado contaba este año con la Kundry de Miina-Liisa Värelä y había también relevo en el Titurel -con Vitalij Kowaljow-. Ambos montajes contaban, a mi ver, con elencos más idiomáticos que la Tetralogía, y es previsible que los resultados vocales hayan sido más homogéneos en estos dos títulos, que además se retiran de cartel este año.

Grabación digital en HD, en formato .mp3 a 320 kbps, procedente de Bartok Radio.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

2 DE AGOSTO DE 2026.

LA VALQUIRIA / BAYREUTH 2026

LA VALQUIRIA / Festival de Bayreuth, 28 de julio de 2024, 16 horas.
Otras representaciones: 5 y 13 de agosto
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Klaus Florian Vogt (Siegmund), Mika Kares (Hunding), Michael Volle (Wotan), Elza van den Heever (Sieglinde), Camilla Nylund (Brünnhilde), Anna Kissjudit (Fricka), Martina Welschenbach (Gerhilde), Brit-Tone Müllertz (Ortlinde), Karis Tucker (Waltraute), Freya Apffelstaedt (Schwertleite), Magdalena Hinterdobler (Helmwige), Alexandra Ionis (Siegrune), Marie Henriette Reinhold (Grimgerde), Natalia Skrycka (Rossweisse).
Minutación: Acto I: 58:51  / Acto II: 86:51 / Acto III: 69:23  / Total: 215:05 (3 horas 35 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
______________________________ 

Entre tecnología y psicodelia

        Prosigue el Anillo IA con La Valquiria. Anna Greiter saludaba desde la Radio de Baviera pocos minutos antes de las cuatro de la tarde, y también hacía lo propio Clara Corrales desde Radio Clásica, contando con Arturo Reverter en los intermedios. Reparto discutible: pareja de welsungos demasiado lírica, Michael Volle con presencia y clase, pero con un par de quiebros hacia el final, mientras que Camilla Nylund es una Brunilda imposible. Frente a ellos, Mika Kares y Anna Kissjudit ofrecen, por vocalidad y maneras, interpretaciones perfectamente homologables a las de los años dorados. En una entrevista que Christian Thielemann concedió a la Radio de Baviera, manifestó que tenía muchas ganas de escuchar en esta obra a Vogt, Volle y Nylund. No en vano, los cuatro cantantes principales -los citados y van den Heever- fueron los escogidos por él para el Anillo de La Scala que tenía previsto dirigir entre 2024 y 2025 y que canceló, pasando a ser dirigido, en las dos primeras funciones, por Simone Young y en las restantes por el más doméstico director Alexander Soddy.

        El montaje ha cosechado más críticas que en el Oro. Se relata que, de vez en cuando aparece una foto de un libro de Historia de secundaria, si bien ligeramente distorsionado para que sea difícil reconocerlo, pero llega a aparecer desde el Emperador Guillermo II a africanos demacrados víctimas de crímenes coloniales o incluso Hitler. También aparece el escritor Thomas Mann con aspecto preocupado cuando Sieglinde se enamora de su hermano, probablemente debido a que escribió Wälsungenblut, una novela corta. La pregunta es si la IA lo tuvo en cuenta o fue el equipo escénico quien introdujo a la máquina esta idea, o bien ha sido una coincidencia entre la ingente cantidad de datos que aquélla maneja. Prosiguen también las críticas a los remolinos de colores, que se presentan aleatorios. Por la red se ha llegado a leer un comentario que habla de fiesta del LSD.

        Tras el excepcional prólogo del día de ayer, Thielemann ofreció un buen primer acto de La Valquiria, pero con una temperatura más contenida. El preludio se inició animado pero no agresivo. La primera escena ofreció suavidad, trazo fino en la cuerda y un fluir natural, pero sin dejar de paladear cada pasaje. El solo de cello ofreció un glissando un punto más acusado que de costumbre. Estuvo muy pendiente de los cantantes y fue a partir de la tercera escena donde despliegó todo su potencial. El primer acto más ágil de la última década -casi 59 minutos-, y que contrasta con el tempo más estándar de los otros dos actos. Con el material tan lírico de la pareja protagonista, era la opción más sensata.

Cabalgata de las valquirias
        La temperatura subió desde el preludio del segundo, desbordante, suntuoso en la redondez del sonido, denso y apabullante. Acompañó con atención a Volle en su monólogo, acumulando tensión e incandescencia en su tramo final, culminando en una apabullante salida del dios, dejando plantada a Brunilda en un mar de dudas. Sigue un interludio a medio camino entre la melancolía y el desasosiego y una anuncio de la muerte a Sigmundo de noble factura. El final, muy electrizante.

        El tercero acto es excepcional, ya desde una poderosa cabalgata, prosiguiendo con un foso rugiente en la despedida de Sieglinde, temible en la ira de Wotan y todo un derroche de brillo iridiscente en los adioses de Wotan -impresionante clímax orquestal reteniendo el tempo- y el fuego mágico. Los tempi en conjunto son globalmente más ligeros que en su Tetralogía anterior, esta Valquiria resulta aproximadamente 15 minutos más rápida.

        Cuesta acostumbrarse al Sigmundo blanquecino de Klaus Florian Vogt, frío como un témpano en la primera escena. Ha tardado en entrar en el rol, dándome la sensación de estar un tanto reservado. En lo vocal ha tenido mejores presentaciones de su relato a Hunding en la segunda escena, como asimismo en el Ein Schwert verhieß mir der Vater con que se inicia la tercera, aunque a partir de aquí parece que comenzó a pleno rendimiento: contestó con ardor al relato de Sieglinde y brindó un buen Winterstürme, cerrando bien el primer acto. Más redondo en el segundo acto, con una réplica al anuncio de la muerte que le trae Brunilda cargada de otoñalidad, con claras reminiscencias de sus intepretaciones de la despedida en el tercer acto de Lohengrin, que torna después en incisividad. En su beneficio hay que decir que su dicción es muy clara y se entiende en todo el momento el texto. Preguntado en una entrevista concedida a la Radio de Baviera de quién fue la idea de este particular maratón de Loge, Sigmundo y los dos Sigfridos, manifestó que fue una propueta de Thielemann.

        La sudafricana Elza van den Heever posee una voz demasiado lírica para el rol de Sieglinde, echándose en falta algo más de anchura en el registro medio, si bien la línea de canto es elegante y se maneja con oficio, por lo que en conjunto su creación es agradable, pese a una dicción bastante borrosa. Debutó el rol en 2024 en Rotterdam y su puesta de largo con él fue en las representaciones de La Scala, ya mencionadas. Compuso en la primera escena una limpia y atenta Sieglinde, si bien en su relato de la tercera se notó la escasez de graves, no encontrándose del todo cómoda y pasando de puntillas por las primeras frases, que no quedaron expuestas con la debida trascendencia. Consiguió asentarse ya hacia sus últimas frases, que expuso con ardor, recibiendo una contestación ardiente -dentro de sus maneras- por parte de Vogt y culminó el acto con un buen Du bist der Lenz. En el segundo acto la falta de anchura del instrumento es perceptible en sus delirios -Hinweg! Hinweg!- con una propensión a agudos un punto metálicos. La despedida del tercer acto es un momento que demanda una voz más ancha, y donde van den Heever estuvo al límite.

        Mika Kares afronta su cuarto rol en Bayreuth, Hunding, tras Hagen, el Rey Enrique y ayer, Fasolt-. Vocalmente tiene la entidad que requiere el personaje. Dramáticamente opta por un personaje noble y hospitalario al principio, que se torna hosco cuando llega a saber quién es el que ha llegado a su casa.

        Michel Volle como Wotan hizo su entrada noble y poderoso. En su dúo con Fricka puso de manifiesto que el instrumento luce más en las frases en forte que en piano: en las primeras hay vigor, si bien en la mezza voce existe propensión a la emisión oscilante, algo que se notó también al final de los adioses. El monólogo resultó plausible sin tener la voz más bella, oscura ni tonante, gracias a sus tablas y a una buena atención al texto, aunque por momentos puedan aparecer sonoridades un punto ácidas. Su réplica a Brunilda -Ha, Freche du! / Frevelst du mir?- sonó temible. Ofreció un acabado vocal más rotundo en el tercer acto, con una entrada poderosa y demostrando autoridad para con su hija. Ofreció unos adioses profesionales, en su sitio, si bien la voz se le quebró en un momento dato, como también en su última frase.

Camilla Nylund como Brunilda entre el fuego mágico
        La finlandesa Camilla Nylund, que en Bayreuth ha cantado la trilogía de protagonistas líricas -Elisabeth, Elsa y Eva-, así como una Sieglinde en 2017, abordó Isolda en 2024 y 2025 como premio de fidelidad a la casa y ahora corona su trayectoria en el Festival, donde debutó en 2011, con Brunilda. Ya en su entrada se puso de manifiesto su intento por sacar volumen y anchura al instrumento, como también ocurrió en el final del anuncio de la muerte a Sigmundo -una pena, pues la orquesta rugió incadescente-. Falta anchura y metal para la parte, con un instrumento netamente lírico que, si bien ha ganado anchura respecto a hace una década, no es ni tonante ni lacerante, más bien carnoso, al que hay que añadir el peculiar vibrato, que con los últimos años se ha vuelto acusado, si bien, 
como he podido comprobar, es más patente por radio que en vivo. Demostró más hechura en el tercer acto, y funcionó bien como la valquiria arrepentida ante Wotan, aunque en su intervención final estuvo al límite. En definitiva, una voz fuera de rol. Según pudo seguirse en la retransmisión, pues Anna Greiter va relatando quién comparece al escenario a saludar, no obtuvo abucheos, pero sí una reacción del público discreta.

        Anna Kissjudit compone una magnífica Fricka, como ocurrió en la tarde de ayer, oscura y poderosa, con mucho fuste, en una interpretación incandescente en sus demandas a Wotan, muy atenta al texto, cuyo único pero es que, por tesitura, sonó un poco apurada en sus frases finales al regreso de Brunilda.

        Notable octeto de valquirias, que conserva la mitad del año pasado e introduce a las debutantes en Bayreuth Martina Welschenbach, Karis Tucker y Freya Apffelstaedt, con la incorporación este año al conjunto de Natalia Skrycka, que venía formando parte del trío de ondinas desde el Anillo de Simone Young.

        La reacción del público no se hizo esperar, con abucheos a la parte escénica, más patentes que en el prólogo, y una reacción al elenco más discreta que el día anterior. Una Valquiria donde Thielemann se tomó con suavidad las dos primeras escenas del primer acto y después comenzó a subir la temperatura, excepcional en muchos momentos, destacadamente en el tercer acto. Una pena que el elenco deje un sabor agridulce, con una pareja de welsungos demasiado lírica y una Brunilda imposible. Volle aguanta el tipo con dignidad y es Wotan.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

28 DE JULIO DE 2026.

EL ORO DEL RHIN / BAYREUTH 2026

EL ORO DEL RHIN / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2026, 18 horas.
Otras representaciones: 4 y 12 de agosto.
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Michael Volle (Wotan), Alexander Grassauer (Donner), Siyabonga Maqungo (Froh), Klaus Florian Vogt (Loge), Anna Kissjudit (Fricka), Evelin Novak (Freia), Christa Mayer (Erda), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Mika Kares (Fasolt), Peter Rose (Fafner), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Reinhold (Flosshilde).
Minutación: 145:02 (2 h 25 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
______________________________

Oro virtual sin criptomonedas

        La producción especial del 150 aniversario del Festival está encomendada a Marcus Lobbes, nacido en 1966 y director de la Academia de Teatro y Digitalización de Dortmund, fundada en 2019, en un proyecto que utiliza la IA como punto de partida, de manera que lo que puede verse en escena es una síntesis de las producciones del Anillo de estos 150 años. Su propuesta ha sido titulada RING 10010110, que en lenguaje binario significaría RING 150. 
Lobbes lleva trabajando desde 1995 como director, escenógrafo y autor en teatro musical y hablado. Es poco conocido el dato de que estudió canto, tiene voz de barítono, y hacia el final de sus estudios trabajó en papeles como Don Giovanni y Eugene Oneguin.

        Las conversaciones con el Festival, como ha declarado el propio Lobbes en una entrevista concedida el pasado mes de abril en el diario Waz, se iniciaron en la primavera de 2023, con la intención de llevar a cabo un proyecto del Anillo para el 150 aniversario que contara con él como director, en un proyecto entroncado en la Academia que él dirige. Debido a la singularidad del proyecto, se ha preferido no emplear la palabra inszenierung, sino kurator -comisario- para referirse a la persona que está al frente de la propuesta.

        Como puede leerse en la propia página de la institución que dirige, mediante nuevas técnicas de imagen y una combinación de programación en vivo, inteligencia artificial y holografía, se creará una monumental Tetralogía: un mundo de poder, amor, traición, caída y, al mismo tiempo, un lugar de constante transformación. Bajo el título RING 10010110, el drama musical de Richard Wagner y su historia de recepción ocupan un lugar central, a través de una capa visual que cambia, se expande, se recompone y se contradice constantemente. Por primera vez en la historia del festival, la inteligencia artificial participará en vivo en el escenario, no como un personaje, sino como una fuerza visual. No estamos, sin embargo, ante una performance, como la Valquiria de pandemia del año 2021, encomendada al Hermann Nitsch, pues Lobbes ha declarado que hay vestuario -si bien adaptado a la propuesta, como luego indicaremos-, hay escenografía -si bien sin elementos físicos grandes, de manera que el espacio está completamente esculpido por la luz y hologramas tridimensionales-, y los cantantes interactuarán entre sí.

        En la entrevista concedida al diario Waz, Lobbes explica qué ha supuesto el proyecto: En definitiva, se trata de inteligencia artificial: durante los últimos tres años, hemos entrenado numerosos modelos de IA para analizar la legibilidad de una partitura, el tono cantado, pero también el historial de recepción y los enfoques de dirección. Luego, les proporcionamos imágenes de 150 años de historia de Festivales. Y ahora, como equipo, estamos trabajando en una máquina que, basándose en un conjunto de directrices, pregunta: ¿Qué puedes inventar o «imaginar», como diríamos nosotros, en respuesta a esta música y este texto?

        La propuesta ha sido sencilla de ensayar sobre el escenario, si bien a ello le han precedido años de preparación tecnológica y cinco semanas completas en el Festspielhaus, inicialmente sin cantantes.  En la entrevista citada, Lobbes declara: El truco está en lo siguiente: hay varios cientos de "marcadores" dentro de estas 14 o 15 horas de ópera. Cada uno, relevante para la escena, indica: esto es lo que se está discutiendo, esto es lo que sucede en la música, esto es lo que sucede en el mundo, hasta la grabación en vivo de la orquesta, y así sucesivamente. Todo esto se introduce en una máquina computacional. Y entonces sucede esto: establecemos los parámetros que deben aparecer. Y decimos: ahora puedes inventar algo que los acompañe. Y funciona así: la máquina establece el requisito para sí misma y luego lo resuelve por sí misma. Previamente se ha ensayado con esa tecnología qué es aceptable para la escena y que no. Relata Lobbes que no se trabaja con internet en abierto: no permitimos que el 98% de la basura que hay en internet llegue al escenario. Eso sería desastroso. Preguntado si la propuesta deja en manos de la IA si aparece una locomotora de la Revolución Industrial o un Godzilla en la escena de Fafner en Sigfrido, Lobbes declara:  No, no, somos muy claros en cuanto a la precisión histórica. Las directrices incluyen años específicos para las escenas, durante los cuales transcurre el tiempo. Con "Dragón en Siegfried", la señal para la máquina es clara: "Pase lo que pase, en este punto necesitamos algo que se parezca a un dragón, o a tu interpretación de un dragón". Creo que deberíamos poder manejar bien ese trabajo. Pero cada interpretación será ligeramente diferente; la IA no es un buscador. Esta última cuestión es algo que se ha venido anunciando: cada ciclo del Anillo será ligeramente diferente, gracias a esa aleatoriedad. Pero para ello se la introducido a la IA, según explicó Lobbes, todas las producciones del Festival, la partitura, el texto, eventos políticos e incluso temas de conversación durante los intermedios.

        Dada esta forma de trabajo, Lobbes declara que su mayor enemigo sería un ordenador averiado, que en el peor de los casos puede colapsar. Por eso, anuncia que se cuenta con dos sistemas paralelos. Entrevistado por la Radio de Baviera el día del estreno, fue preguntado qué era lo que esperaba con más ilusión, y respondió que las reacciones. Cuando presentamos el proyecto hace un año, hubo mucho escepticismo. Cuanto más se acerca el estreno, mayor parece ser la curiosidad. Tengo especial curiosidad por ver qué conexiones descubre el público y qué historias interpretan las personas en estas imágenes.

        La crítica ha sido bastante negativa. En general, se apunta a que la propuesta luce más que el resultado. El diario Kurier habla, sin ambages, de un completo error, y la web francesa Resonances Lyriques de genio musical y naufragio visual.

Saludos finales, donde puede apreciarse el particular vestuario
        Se ha criticado el vestuario en forma de sacos negros que llevan los cantantes, unos trajes reflectantes diseñados para que las proyecciones funcionen también sobre ellos. Ello ha llevado a la siguiente crítica: parece ser que las proyecciones y luces por momentos los sepultan entre tanto colorido, luces que para algunos han sido excesivas. También que la IA en ocasiones mezcla imágenes que no aportan un contenido a la escena, sino que se limitan a ser una pura decoración, lo que ha llevado a sentenciar a algunos que la IA no puede hacer teatro.

        Ahora bien, también ha habido reacciones positivas. La propuesta lleva como título en el programa El Anillo en movimiento: Un experimento. Una invitación, y se traduce en que los cantantes actúan con una quietud casi escultórica en torno a un cosmos visualmente burbujeante de luz y asociaciones que emerge desde el fondo -en palabras de la reseña publicada por Online Merker-. Prosigue: El objetivo no era presentar una única interpretación, sino hacer tangibles simultáneamente el mito nacional, las convulsiones sociopolíticas y la explosividad artística. Cada actuación es única gracias a la capa dinámica de IA. En este sentido, se ha podido leer también que se agradece la escasez de movimiento y el derroche de color para que el espactador pueda concertrarse en la música.

        Para cerrar la cuestión de la escenografía, una reflexión: resulta curioso cómo, por un lado, estamos cansados de regietheater y de que las obras tengan que tener un significado que poner de manifiesto y cuando se presenta una propuesta que prescinde de todo ello, un sector del público considera que no hay aliciente en ello.

        En cuanto al elenco, Thielemann ha mantenido el trío de ondinas que empleó Simone Young el año pasado -en 2024 contaba como Evelin Novak como Woglinde, ahora Freia-. En el resto se nota su mano -Volle, Vogt, Mayer, Maqungo, Siegel, Kares, la propia Novak-. En todo caso, el trío conformado por Katharina Konradi, Natalia Skrycka y Maria Henriette Reinhold ha sido notable: bien empastado, muy atento al drama y espoleado desde el foso -tengo la sensación de que este año su interpretación tiene mayor excitabilidad dramática gracias a la batuta-. El resto, como indicamos, es un elenco a su medida, tanto con habituales presentes -Volle, Vogt- como de la Tetralogía que hace veinte años estrenó en Bayreuth y que estuvo en cartel hasta 2010 -Gerhard Siegel, Christa Mayer-.

        Christian Thielemann ejecuta el preludio manejando a la orquesta como un orgánico compacto de sonoridad redondeada y opulenta. Si alguien esperaba una lectura hedonista, crepuscular o de análisis sinfónico, se equivocaba. Estamos ante una lectura épica, muy teatral, fluida, donde el drama se palpa en cada pasaje, pero sin merma de los detalles: la orquesta ruje con Alberich, celebra con Wotan, se lamenta con Fasolt, advierte con Erda... en fin, transmite en cada pasaje los sentimientos de los complejos personajes wagnerianos. Encontramos filigranas clásicas del berlinés, como la nítida línea del clarinete acompañando a Alberich en su seducción a las ondinas. Magnífica construcción del clímax, redondeado de forma opulenta en la aparición del oro -con unos violines nítidisimos en su descenso en forma de escalas-. Cuando el nibelungo arranca el oro del lecho del Rhin la orquesta se enciende, nerviosa, en un ataque absolutamente maravilloso. A partir de ahí, el interludio es un derroche de sonido y maravillosa articulación en las cuerdas. La serenidad de Wotan frente a la intranquilidad de Fricka se palpa en el comienzo de la segunda escena, que contiene una poderosa entrada de los gigantes a tempo vivo. El conflicto con los dioses resulta electrizante. El monólogo de Loge, se desarrolla a tempo vivo y en una línea muy cantábile.

        Recuerdo a José Luis Pérez de Arteaga decir, en la retransmisión del primer Anillo que Thielemann dirigiera en Bayreuth (2006), que las escenas primera y tercera eran las grandes creaciones del berlinés en el Oro. Escuchada la retransmisión de hoy, se cumple. Inconmesurable descenso al Nibelheim, con una orquesta de sonido redondo, homogéneo y opulento. Las amanezas de Alberich a los nibelungos tienen una respuesta poderosa en la orquesta. Su posterior encuentro con Wotan y Loge se beneficia de la precisión rítmica de la cuerda. En la cuarta escena el regreso de Freia es un sopolo de aire fresco. Presencia de las arpas en el pasaje del arco iris y un final épico. En genera, tengo la sensación de que en esta ocasión ha optado por un sonido orquestal más denso y afrutado. En cuanto a minutación, en torno a cinco minutos menos a lo invertido en los Anillos dirigidos entre 2006 y 2010.

        Se ha apuntado que la enorme pantalla transparente extendida frente a los cantantes altera la reverberación y el retorno de sonido del foso, si bien en la retransmisión no se ha percibido diferencia alguna.

        Era de esperar que Wotan recayera en Michael Volle, bajo-barítono de confianza de Thielemann a día de hoy y con quien ha desarrollado el Anillo de la Staatsoper en los últimos años. No cabe duda de que estamos ante un artista inteligente, que sin tener la voz más oscura ni la más tonante, saca adelante con éxito el complejo papel, como ha venido haciendo con el Holandés en los últimos años. Compone un Wotan orgulloso y cortante. Se agradece su dicción y atención al texto, aspectos éstos en los que su carrera como liederista no cabe duda de que le ayuda.

Las transformaciones de Alberich
        El único debutante en Bayreuth es el barítono alemán Jochen Schmeckenbecher (Alberich), discípulo de Kurt Moll en la Universidad de Música de Colonia, quien tras haber formado parte del elengo estable de la Komische Oper de Berlín, empezó a hacer carrera internacional. Su dedicación al papel del nibelungo ha sido destacada en los últimos años -lo ha cantado en Berlín, Hamburgo, Viena, París, Frankfurt, Leipzig o la Ópera del Rhin (Düsseldorf-Duisburg)-, y ha sido un acierto contar con él en esta Tetralogía. Su voz es más de barítono que de bajo barítono, homogénea -pierde un punto de color en el extremo agudo, pero sin desmerecer-, desarrollando una intervención nerviosa y neurótica, muy viva dramáticamente, que recuerda por voz y maneras a Otakar Kraus, el Alberich del primer Anillo de Wolfgang. En la maldición del anillo se echó en falta una voz más ancha.

        Atípico y personal, como son sus últimas encarnaciones en otros roles wagnerianos, el Loge de Klaus Florian Vogt. No quiere decir que esté mal cantado, todo lo contrario, pues el tenor alemán es un prodigio de dominio técnico y de aguante, y en esta Tetralogía lo pondrá de manifiesto apareciendo en las cuatro obras, pues a este Loge suma Sigmundo y los dos Sigfridos. Compone un semidiós del fuego de dicción muy clara y atento a la medida, con una emisión menos blanda y un punto más incisiva que cuando afronta al angelical Lohengrin o al caballeroso Walther, pero con su timbre ya conocido. Dramáticamente compone un personaje inteligente, donde puede faltar cierta mordacidad o comicidad. Por la red se hablaba de un Loge cantado como un lied de Schubert.

Nibelheim
        La contralto húngara Anna Kissjudit, Erda el pasado año, pasa a encarnar en esta Tetralogía a Fricka. Voz oscura y potente, de emisión un punto entubada -lo que se hace patente en su dúo con Wotan al comienzo de la segunda escena-, de ataque preciso y muy controlado, ofrece una diosa inflexible e implacable.

        Evelin Novak, soprano del elenco estable de la Staatsoper de Berlín, quien en los últimos años ha participado en Bayreuth en papeles menores, ha sido la escogida para interpretar a Freia. Competente en su cometido.

        Siyabonga Maqungo, también miembro del elenco estable de la Staatsoper de Berlín, hace uso de su buena técnica y su voz luminosa para encarnar a un Froh de línea clásica. De línea también clásica, tonante y bien dispuesto, el Donner de Alexander Grassauer, un cantante que el año pasado tuve ocasión de disfrutar en el Tristán de Bychkov como Melot y en los Maestros de Gatti como Hermann Ortel y que me llamó la atención por su presencia vocal.

        Magnífica Erda de Christa Mayer, el que, a mi juicio, ha sido su gran rol junto con el de Waltraute, gracias a una voz plateada de aliento trágico, componiendo una madre tierra que advierte a Wotan con autoridad, llegándole a estremecer.

Segunda escena
        El poderoso Mika Kares es un magnífico Fasolt, tonante y desbordante, homologable a los históricos. Regresa a Bayreuth el británico Peter Rose, quien cantó Daland en 2016 y 2018. La voz no es muy grande ni oscura, y Fafner no es un papel que se acomode especialmente a su vocalidad, pese a que ha aparecido con este rol en Berlín en varias ocasiones. En todo caso, cumple.

        Regresa a Bayreuth el bávaro Gerhard Siegel, estupendo Mime en la anterior Tetralogía de Thielemann. A sus 63 años conserva en buen estado su instrumento, una voz que tiene entidad, cierta anchura y que está bien timbrada, cualidades éstas a las que se une una magnífica dicción y atención a la medida. Como curiosidad, decir que Siegel, en sus años en el Teatro Estatal de Nuremberg (1999-2006) cantó Sigmundo, Sigfrido, Walther y Parsifal. Estamos, pues, ante un cantante muy versátil. No en vano, ha acaparado todo el protagonismo en su breve escena.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

28 DE JULIO DE 2026.

EL OCASO DE LOS DIOSES / BAYREUTH 2025

EL OCASO DE LOS DIOSES / Festival de Bayreuth, 31 de julio de 2025, 16 horas.
Otra representación: 20 de agosto
Producción de Valentin Schwarz estrenada en 2022 / Decorados: Andrea Cozzi. Vestuario: Andy Besuch. Dramaturgia: Konrad Kuhn. Iluminación: Nicol Hungsberg. Vídeo: Luis August Krawen
Dirección musical de Simone Young (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Klaus Florian Vogt (Sigfrido), Michael Kupfer-Radecky (Gunther), Olafur Sigurdarson (Alberich), Mika Kares (Hagen), Catherine Foster (Brunilda), Gabriela Scherer (Gutrune), Christa Mayer (Waltraute), Noa Beinart (primera Norna), Alexandre Ionis (segunda Norna), Dorothea Herbert (tercera Norna), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Rheinhold (Flosshilde)
Minutación: Acto I: 120:50 / Acto II: 66:23 / Acto III: 78:11 / Total: 265:24 (4 horas 25 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
______________________________ 

El final de un montaje

        Clemens Nicol desde la Radio de Baviera afrontaba la última jornada del Anillo. En Radio Clásica estaba Irene de Juan, en el primer entreacto junto a Luis Ángel de Benito, quien hizo un repaso sobre el wagnerismo, y en el segundo junto a Ricardo de Cala, con dos partes: una primera parte  con la musicóloga Rosa Fernández Portugal desde el Festspielhaus, donde se pudo poner de manifiesto los puntos de vista sobre esta Tetralogía, y después con Clara Bañuelos, presidenta de la Asociación Wagneriana de Madrid, para hablar sobre el mundo de las asociaciones wagnerianas.

        La dirección de Simone Young vuelve a ser algo más pausada que la del año pasado -casi dos minutos más en los actos primero y tercero y apenas unos pocos segundos más en el segundo-. Comenzó con ese aura contemplativa, crepuscular y melancólica en la escena de las nornas más que épica. Manejó el interludio que representa el amanecer con maestría, con unas cuerdas de gran belleza, y el dúo de los protagonistas se presentó festivo. Magnífico viaje de Sigfrido por el Rhin, en clave de poema sinfónico, siempre manteniendo el equilibrio entre secciones y alejada de cualquier atisbo de efectismo, con una orquesta en la que la cuerda siempre está presente. Teatral en toda la escena en la sala de los gibichungos, manejando con naturalidad accelerandi y ratardandi con propósitos dramáticos y una mayor presencia de los metales -aquí podemos acordarnos más de las maneras de su mentor Barenboim-. A destacar la transición orquestal que nos devuelve a la roca de la Valquiria, atenta a los juegos tímbricos de los vientos sin renunciar a una fluidez orgánica absolutamente natural. Dramáticamente electrizante en el dúo entre Brunilda y Waltraute y con un derroche sonoro en la aparición de Sigfrido a través del fuego -atención a la magnífica superposición de planos sonoros entre violines y metal grave hacia el final del pasaje-. 

        El segundo acto se inicia suave, se echa en falta algo más de brumosidad. Ya es tradicional en este Anillo escuchar los golpes al saco de boxeo por parte de Hagen. Con la entrada de los gibichungos y toda la escena central es de construcción dramática muy sólida. En el trío final se echa en falta un punto más de incisividad en el metal -no así en el final-, dejándose la batuta imbuir de la acústica redondeada del Festspielhaus.

        En el tercero acto, tras una ágil escena con las ondinas, lleva a buen pulso la escena de Sigfrido con Gunther y Hagen. La marcha fúnebre presenta una concepción en inicio un punto melancólica para luego crecer en el motivo principal -sin cargar en exceso las tintas-. Escena de la inmolación un tanto ascética y serena, con atención a los planos sonoros.

        Poco más que decir de Klaus Florian Vogt que no se haya dicho: voz blanquecina, inadecuada para la parte, pero suena juvenil, la dicción es clara, la interpretación resulta dramáticamente viva, puede con la parte sin dificultad y saca adelante el rol. El momento más conflictivo con este material es el juramento en el segundo acto, donde la absoluta carencia de metal en la voz no le hace resultar creíble en uno de los momentos de mayor intensidad dramática del Ocaso.

Brunilda (Foster) en el primer acto
        Catherine Foster empezó entregada desde el prólogo, con un agudo seguro y con metal, que mantuvo a lo largo de toda la representación, con un sólido segundo acto. Sereno en la escena
 de la inmolación, serena y sutil en el grave y firme en el agudo.

        Repito lo que dije el año pasado del Gunther de Michael Kupfer-Radecky: partiendo de una voz mate de timbre no especialmente atractivo, pero sí grande y con una dicción clara, con Young en el podio se han suavizado excesos dramáticos probablemente originados por la producción, que plantea un monarca no pusilánime, sino un caprichoso hombre rico, un punto desequilibrado e inquietante en su impulsibilidad. La encarnación vocal y dramática del personaje es solvente y tiene interés su evolución en el segundo acto, donde se nota su tránsito del desenfreno alegre al presentar a Brunilda al abatimiento en el trío final.

Sigfrido (Vogt) y Gutrune (Scherer)
en el primer acto
        Mika Kares es un solidísimo Hagen, de voz grande y sonora, bien timbrada, fraseo directo y dicción clara. 
En el primer acto tiene ciertas notas de sarcasmo en su interacción con Gunther y Sigfrido, revelando después sus verdaderas intenciones en un monólogo imponente. En el segundo acto se muestra frío y calculador en su dúo con Alberich y un punto distante en la llamada a los gibichungos -después al interactuar con ellos va ganando temperatura-, aunque en todo caso vocalmente sólido. Modélico en sus interacciones con Brunilda y Gunther. En el tercer acto le nota un poco más reservado -nótese en su entrada saludando a Gutrune-, y teniendo en cuenta que al día siguiente canceló su participación en Lohengrin probablemente no vaya desencaminado

        Ya el año pasado no me gustó la Gutrune de Gabriele Scherer y este año lo vuelvo a repetir. Partimos de que el material vocal es inadecuado para un papel que demanda una soprano lírica y de ademanes inocente, no una voz grande, tremolante y con agudo corto. Ahora bien, en el montaje de Schwarz, donde el mundo de los gibichungos es decadente y mafioso, quizás esta caracterización tenga buen encaje, pero musicalmente no lo tiene. Ya ha sido anunciada como Irene en Rienzi el año que viene. No sé hasta qué punto el escalado de esta cantante tiene algo que ver con que es la segunda mujer de Michael Volle, a día de hoy un indispensable de los elencos de Bayreuth -Sachs, el Holandés, ahora Amfortas, el año que viene Wotan-.

        Christa Mayer repite su Waltraute trágica, atentísima al texto y al fraseo, primero mayestática en su relato de cómo Wotan espera el fin de los dioses y después desesperada por los acontecimientos que se avecinan.

Olafur Sigurdarson como Alberich
        El Alberich de Olafur Sigurdarson presenta cierto temblor en el registro grave, aunque dramáticamente funciona con un decir atento al texto e incisivo. La puesta en escena le va haciendo envejecer paulatinamente.

        Bien las nornas, destacando la primera, encomendada a Noa Beinart, con un bello instrumento terso y oscuro, serena y con elegante línea de canto. Sería deseable que se le encomendaran papeles de mayor relieve. La segunda, encomendada a Alexandra Ionis presenta por momentos un vibrato no del todo agradable, y la primera, Dorothea Herbert se desenvuelve con profesionalidad, si bien yo prefiero una voz con más metal en el agudo para el trágico relato del fin del mundo.

            Notables las ondinas de Katharina Konradi, Natalia Skrycka y Maria Henriette Rheinhold, bien empastadas.

        El Coro dirigido por Thomas Eitler-de Lint desarrolla un magnífico trabajo. Como ya hemos apuntado, la sonoridad tiende a ser ahora más granítica frente a esos pianissimi envolvente de la etapa de Friedrich.

        Finaliza la Tetralogía de Valentin Schwarz, en su último año en cartel, y a salvo el segundo ciclo. Una propuesta escénica que ha obtenido críticas mayoritariamente negativas, que con los años no ha conseguido ganarse el aprecio de la crítica ni del público y que casi todos los medios califican de la misma forma: demasiadas ideas paralelas insertadas por Schwarz que complejizan la trama, la contradicen y que al final quedan sin solución en el desenlace del Ocaso. Musicalmente se ha salvado gracias a la presencia en el podio de Simone Young y de un elenco que la ha llevado a término con dignidad. Es difícil lograr un elenco redondo en la Tetralogía y se hacen inevitables los altibajos, pero el conjunto ha funcionado bien, eso sí, con distintos niveles vocales. En el haber hemos tenido un Sigmundo sobresaliente -Spyres-, como asimismo un plantel magnífico de voces graves -los bajos Zielke, Kehrer, Kowaljow y Kares-, también un Mime -Hung- y un plantel del dioses a considerar, destacando la debutante Anna Kissjudit como Erda, quien ha sido anunciada como Fricka para el año que viene. La notable Catherine Foster sigue siendo insustituible como Brunilda, papel que solventa siempre con profesionalidad y sin descalabros. Correcta sin más la sustituta de Davidsen como Sieglinde, Holloway, y ya sabemos que el Wotan de Konieczny, profesional ante todo, va de menos a más a lo largo del ciclo. No soy partidario del Alberich de Sigurdarson por las objeciones que los seguidores del blog ya conocen, pero creo que donde estuvo mejor ha sido en Sigfrido.

        En esta producción los roles de Wotan y Alberich han sido problemáticos. Inicialmente se anunció a Günther Groissböck y John Lundgren, respectivamente. El primero iba a debutar el rol después de haber cantado los adioses en concierto, y fue anunciado para las tres funciones de La Valquiria que en formato de perfomance se ofrecieron en el Festival de pandemia de 2021, con vistas a debutar las otras dos partes en 2022. El mismo día que se inauguraba el Festival Groissböck desistió de cantar el rol y fue sustituido in extremis por Tomasz Konieczny. A principios de agosto de 2021 se anunció que John Lundgren, magnífico Wotan en las Tetralogías de Janowski, se haría cargo del rol para 2022 -había sido el Holandés en 2021 y cedía esta parte a Konieczny-, por lo que Sigurdarson fue contratado como Alberich. La situación personal de Lundgren le impidió acudir a los ensayos de la nueva producción del Anillo, por lo que Konieczny, que tenía previsto cantar Gunther, asumió el rol del dios en Valquiria y Sigfrido -en el Oro el papel recayó en Egils Silins- y Lundgren regresó al Holandés, producción que ya conocía del año anterior. Avanzado el calendario la situación persistía, por lo que Lungren tuvo que desistir de acudir a Bayreuth, siendo sustituido como Holandés por Thomas J. Mayer. Finalmente Konieczny y Sigurdarson se quedaron con la Tetralogía y Michael Volle asumió el Holandés. Ya sabemos que Vogt no es voz adecuada para Sigfrido, pero saca el papel adelante con una facilidad pasmosa. Lo peor del elenco ha sido la Gutrune manifiestamente inadecuada de Scherer. 

        En cuanto a la batuta, este año la dirección ha sido más intelectualizada, recogida y centrada en la paleta de color y en una sonoridad redondeada y equilibrada, a su gusto, demostrando conocer el complejo entramado de la partitura, sin efectismos ni personalismos y al servicio de la dicción y rendimiento de los cantantes, que se han sentido cómodos en todo momento. Hay quien puede preferir una dirección más chispeante y desbordante, pero esta concepción de la Tetralogía ha beneficiado la dicción y el rendimiento de los cantantes. No nos olvidemos tampoco que las lecturas de Thielemann y Janowski andaban un punto sobradas de decibelios. El Ocaso ha sido la que ha tenido una conjunción vocal y dramática más alta, seguida de Valquiria. 

        Creo que es indispensable contar con Simone Young para proyectos futuros. Particularmente me hubiera gustado que se hubiera hecho cargo de Rienzi el año que viene, pues la australiana dirigió todas las óperas de Wagner durante su andadura en Hamburgo -Rienzi, en concreto, pudo verse en enero de 2013, con motivo del centenario del compositor-, si bien se ha preferido a Nathalie Stutzmann, quien goza de la total confianza de Katharina Wagner.

Grabación digital en HD, en formato .acc a 256 kpbs, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales.

3 DE AGOSTO DE 2025.

EL OCASO DE LOS DIOSES / BAYREUTH 2024

EL OCASO DE LOS DIOSES / Festival de Bayreuth, 2 de agosto de 2024, 16 horas.
Otra representación: 25 de agosto
Producción de Valentin Schwarz estrenada en 2022 / Decorados: Andrea Cozzi. Vestuario: Andy Besuch. Dramaturgia: Konrad Kuhn. Iluminación: Nicol Hungsberg. Vídeo: Luis August Krawen
Dirección musical de Simone Young (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Klaus Florian Vogt (Sigfrido), Michael Kupfer-Radecky (Gunther), Olafur Sigurdarson (Alberich), Mika Kares (Hagen), Catherine Foster (Brunilda), Gabriela Scherer (Gutrune), Christa Mayer (Waltraute), Noa Beinart (primera Norna), Alexandre Ionis (segunda Norna), Christina Nilsson (tercera Norna), Evelin Novak (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Rheinhold (Flosshilde)
Minutación: Acto I: 119'17 / Acto II: 66'13 / Acto III: 76'48 / Total: 262'18 (4 horas 22 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
______________________________ 

De nuevo el joven Sigfrido

        Finalizamos el 
Anillo y las retransmisiones desde Bayreuth, ya conocido el hecho de que la Radio de Baviera no recogerá y, por tanto, no se retransmitirá, el Parsifal de Pablo Heras-Casado. No han trascendido los motivos y nos quedamos con las ganas de escuchar lo que a buen seguro fue una importante velada. Clemens Nicol desde la Radio de Baviera daba puntual saludo a la larga retransmisión y Ricardo de Cala desde radio clásica, con intervenciones muy ilustrativas de Arturo Reverter (vocalidad), Paloma Ortiz de Urbina (filología), Guillermo Carbonell (escenografía), David López (filosofía) y Miguel Ángel González Barrio (dirección de orquesta).

        La Radio de Polonia no ha retransmitido en directo el Ocaso -curiosamente, la única jornada en la que no participa el polaco Tomasz Konieczny-, por lo que esperamos un día para recoger la retransmisión que, en diferido, dio RAI-3, con la misma calidad que la ofrecida por la Radio de Polonia. También hemos podido conocer que Michael Volle tuve un percance tras el primer acto del Holandés, terminando la función con una muleta. Mientras escribimos estas líneas el Festival ha anunciado que no cantará la segunda función del Holandés, siendo sustituido por Tomasz Konieczny. Segundo incidente de este tipo tras el que sufriera en 2022 el propio Konieczny en el segundo acto de La Valquiria del primer ciclo, que obligara a tomar parte a Michael Kupfer-Radecky en el tercer acto.

        Reparto con algunos cambios respecto al año pasado: Klaus Florian Vogt es Sigfrido y la debutante Gabriele Scherer asume el rol de Gutrune. Nornas completamente renovadas respecto de la Tetralogía anterior y respecto a las ondinas, como pasara en el Oro, sólo se mantiene Woglinde.

        Simone Young desarrolló un Ocaso de tempi casi idénticos a los de Pietari Inkinen en los dos primeros actos y dos minutos más breve en el segundo, pero con una construcción musical y dramática sobresaliente. Desarrolló un prólogo muy interesante, a tempo contenido de atmósfera sutil pero diáfana, alejada de brumosidades y procurando, ante todo la musicalidad. Intenso viaje de Sigfrido por el Rhin, muy marcado en la articulación de la cuerda. Primer acto llevado con buen sentido del drama. Hay detalles tímbricos de muy buena factura en el momento en que el fuego mágico se aparta para dejar pasar a Sigfrido con la apariencia de Gunther -maravillosas maderas y violines-. Segundo acto explosivo y oscuro, con metales poderosos. En el tercero desarrolló una lectura cantábile en la escena de las ondinas y rítmicamente atenta en el relato de Sigfrido, culminando en una poderosa y vibrante marcha fúnebre y en una escena de la inmolación de pathos espiritual y riquísima paleta orquestal, muy atenta a la sonoridad de los vientos, relevando toda una amalgama de sonidos que pasen desapercibidos.

Catherine Foster como Brunilda
        Klaus Florian Vogt prosigue con su aventura de cantar Sigfrido. No hay duda de que puede con el papel perfectamente, manteniendo una línea de canto elegante y equilibrada. Además, el papel aquí es menos extenuante, por lo que está, si cabe, más cómodo. No es la voz que demanda el rol, pero ya sabemos que con él estamos ante una rara avis, que pasará a la Historia del canto como todo un inclasificable. Su relato del tercer acto se beneficia de una línea cantábile.

        Catherine Foster volvió a ofrecer su solvente Brunilda. Tras calentar la voz en el prólogo, consiguió momentos notables tanto en su encuentro con Waltraute como en la escena de la inmolación. Sorteó con tablas y profesionalidad el temido segundo acto, muy arrojada en el agudo, con squillo, y que consiguió momentos notables tanto en su encuentro con Waltraute como en la escena de la inmolación.

        Tras dos años con mis reservas hacia Michael Kupfer-Radecky como Gunther, este año he de reconocer que me ha gustado, partiendo de su voz mate de timbre no especialmente atractivo. Ha cuidado más la línea de canto, procurando evitar esos sonidos abiertos de los que hacía gala en los dos años anteriores. También resulta menos histriónico. En esta producción Gunther no es un monarca pusilánime sino un caprichoso hombre rico un punto desequilibrado, inquietante en su impulsividad.

        Mika Kares volvió a repetir su excelente Hagen, este año más expansivo y desbordante. Ya desde su entrada exhibió un derroche de voz imponente, convirtiéndose en dueño y señor de la función en términos canoros y con una presencia dramática apabullante. Tonante pero sutil en los momentos más introspectivos, siempre temible, y con un instrumento que, a pesar de su anchura, volumen y profundidad, suena juvenil.

Vogt como Sigfrido y Scherer como Gutrune
    Si el año pasado Aile Asszonyi fue una pobre Gutrune, la de la suiza Gabriela Scherer ha sido para olvidar. Voz grande, matronil, con abundante vibrato y problemas de colocación. No es el nivel propio de Bayreuth y extrañan sus apariciones en Leipzig, Dresde, París y en la Staatsoper de Berlín en papeles de mayor relieve -Elsa, Ariadna, Arabella-. Tiene en repertorio papeles como la Condesa de Las bodas de Fígaro o Doña Elvira en Don Giovanni, roles mozartianos que exigen canto puro. De hecho, en otoño podrá vérsela en la Staatsoper de Berlín como Pamina junto al Tamino de Siyabonga Maqungo, éste sí excelente tenor lírico que ha demostrado siempre buenas maneras como secundario en Bayreuth. No se explica este patinazo dos años seguidos, después de Elisabeth Teige en 2022 como una Gutrune con presencia y entidad vocal, pero también la solvente Allison Oakes de la anterior producción o la dulce y sutil de Edith Haller con Christian Thielemann, una Gutrune a recordar.

        Christa Mayer volvió a encarnar a Waltraute. Como ya hemos indicado otras veces, la voz ha perdido esmalte y suena un punto ácida, si bien es indudable su aliento dramático y su atención al texto.

        No aporta mucho en lo vocal el Alberich de Olafur Sigurdarson, que suena pequeño contraponiendo su voz a la de Kares.

        Buen trío de nornas, más contemplativas que dramáticas, pero sutiles. Destaca la israelí Noa Beinart como primera norna por su bello instrumento, su elegante línea de canto y sus graves profundos -esta temporada apareció con el rol con Thielemann en la Staatsoper de Berlín y ha sido Erda tanto en el Anillo de la Staatsoper de Viena como en Sydney con Simone Young-, una voz sin duda a tener en cuenta-, la moldava Alexandra Ionis ofrece una interpretación con personalidad fuerte, con un instrumento fuertemente timbrado, y la sueca Christina Nilsson, a quien ya escuchamos como Freia, ofrece aliento dramático, si bien el agudo no ha sido especialmente generoso.

Brunilda (Foster) y Gunther (Kupfer-Radecky)
en su entrada en el segundo acto
        Notable el trío de ondinas formado por Evelin Novak, Natalia Skrycka y Maria Henriette Rheinhold, como ya indicamos en el Oro, con voces bellas y bien empastadas, en una línea cantábile muy atractiva.

        Poderoso, envolvente y dúctil el coro dirigido por Eberhard Friedrich, que convierten siempre su entrada en uno de los grandes momentos del Anillo.

        Vocalmente creo que este Anillo se coloca un punto por debajo del elenco que consiguió reunir Janowski -no así Petrenko-: John Lundgren (Wotan), Albert Dohmen (Alberich), Tanja Arianne Baumgartner (Fricka), Nadine Weissmann (Erda), Markus Eiche (Gunther) o Marina Prudenskaya (Waltraute) estuvieron a un nivel superior. Catherine Foster ya fue Brunilda entonces y Hagen estuvo en manos de Stephen Milling, también una voz a considerar. Janowski, eso sí, tuvo unos welsungos más discretos -Christopher Ventris como Sigmundo y Heidi Melton y Camilla Nylund como Sieglinde- y esta Tetralogía se ha beneficiado de mejores Sigfridos. En términos de dirección, Janowski ofreció un Anillo a buen nivel, pero con ciertos momentos de rutina, a tempi rápidos y con una orquesta por momentos arrolladora en cuando a volumen. Simone Young ha mostrado una construcción de la Tetralogía superior, tanto en lo que respecta a sonoridad orquestal, con una paleta variada y bien estudiada, tempi más convencionales pero mejor manejados en el drama y un volumen siempre atento a los cantantes. Su sonoridad compacta y poderosa en los metales, sus tempi y su pathos dramático recuerdan a las lecturas de Daniel Barenboim, ofreciendo una interesante alternativa a las concepciones de Thielemann y Petrenko. Ahí está la gracia del Festival y eso es lo que demanda el certamen: diferentes lecturas con personalidad. Esperemos que el año que viene siga al frente de la Tetralogía.

        Ponemos fin a las retransmisiones desde Bayreuth. Agradeceros a todos los que os acercáis al blog en esta época del año, la de mayor número de visitas.

Grabación digital procedente de RAI-3 en HD, en formato .aac a 330 kpbs. 
Se incluyen las alocuciones iniciales y finales, obtenidas de la Radio de Baviera.

6 DE AGOSTO DE 2024.