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SIGFRIDO / BAYREUTH 2026

SIGFRIDO / Festival de Bayreuth, 30 de julio de 2026, 16 horas.
Otras representaciones: 7 y 15 de agosto
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Klaus Florian Vogt (Sigfrido), Gerhard Siegel (Mime), Michael Volle  (Viandante), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Peter Rose (Fafner), Christa Mayer (Erda), Camilla Nylund (Brunilda), Victoria Randem (pájaro del bosque).
Minutación: Acto I: 78:47 / Acto II: 73:31  / Acto III:  80:20 / Total: 232:38  (3 horas 52 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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El héroe que se codeaba con los mandatarios del siglo XX
      
        Pasamos el ecuador de la Tetralogía del 150 aniversario, llegando a Sigfrido. Clemens Nicol, indispensable en las retransmisiones del Festival, saludaba desde la Radio de Baviera unos minutos antes de las cuatro de la tarde. En Radio Clásica hoy estaba Clara de Juan, quien contó en el primer intermedio con Darío Fernández Ruiz, escritor que ha publicado este año el libro La invención de Bayreuth, dedicada a los primeros años de Festival, mientras que en el segundo, 
Lourdes Jiménez se ocupó de la relación de Wagner con las artes plásticas. Ola de calor en Bayreuth, con temperaturas que superaban los 30º. Ello quizás haya podido influir en alguna nota con afinación dudosa aquí y allá, pues no en vano la temperatura del foso es problemática en la afinación e influye en el rendimiento de los músicos. Sin perjuicio de ello, los músicos evidencian la clase y el apabullante poderío acostumbrado.

        La IA sigue generando imágenes sorprendentes. Así, ha circulado la imagen del dúo final entre Sigfrido y Brunilda donde, en un momento dado, aparece una de las fotos clásicas de la reapertura de 1951: esa en la que aparecen Wieland y Wolfgang Wagner con el cartel del Festival al fondo. Pero también en esa escena ha aparecido, según ha relatado la Radio de Baviera, un cartel de la crisis del petróleo de 1973 que indica hoy no hay gasolina. Ciertamente, aparecían también imágenes de la producción de Frank Castorf, estrenada e 2013, donde el oro era sustituido por el petróleo como hilo conductor -en particular, ha circulado en el segundo acto una en tonos rojizos donde se vislumbra el monte Rushmore comunista que presidía el segundo acto de aquél Sigfrido-. Hay quien considera que cuando las imágenes son abstractas tienen cierto atractivo, pero también hay quejas de que aparecen sin motivo acontecimientos históricos que poco tienen que ver con la obrar: la llegada a la luna en 1969, los Juicios de Nuremberg, o personas como Konrad Adenauer, Kennedy, Isabel II o Willy Brandt.

        Christian Thielemann dirige un Sigfrido de tempi algo más ligeros que en su anterior Tetralogía, donde hubo años que rebasó las cuatro horas (4 horas y 4 minutos en 2006 y 2008), si bien respecto a su último Sigfrido en Bayreuth, el de 2010, la diferencia no alcanza, en conjunto, los tres minutos. No planteó un preludio ni excesivamente oscuro ni excesivamente brumoso, más bien limpio y diáfano. Acompañó la primera escena con un punto de nostalgia -las vivencias del joven Sigfrido en la búsqueda de su identidad- y en el torneo del saber no cargó los tintas -en su anterior Anillo, con Albert Dohmen, era uno de los puntos incandescentes de la batuta-, permitiendo a Volle frasear con comodidad, lo que ha sido todo un acierto, hasta el punto de que la segunda escena del primer acto ha sido, en lo vocal, lo mejor de este Anillo hasta el momento. Arrollador y épico en la tercera escena.

        Comenzó Klaus Florian Vogt omitiendo las notas más elevadas de la subida escrita en su entrada, incluido el do4. Tras una primera escena un tanto introvertido, en la tercera estuvo arrojado, con una fragua a tempo dilatado, como siempre le ha gustado a Thielemann. La forja fue a tempo ligero. Ambos pasajes, de importante complejidad, fueron despachados por Vogt con pasmosa facilidad. En los últimos compases del acto tiraba del tempo, acelerando. He tenido la sensación de que ha ido de menos a más a lo largo de la función: ha sabido reservarse en el acto primero para llegar a un tercero donde ha estado generoso -nótense los Sei mein!, cantados con elegancia -y ternura, por la voz cándida de Vogt-. Su gran baza son las partes más líricas, como los murmullos del bosque, donde saca a relucir una interpretación un tanto melancólica.

Sigfrido (Vogt) y Mime (Siegel) en el segundo acto, frente
a una proyección del monte Rushmore comunista que presidía
el segundo acto en la producción de Frank Castorf (2013-17)
        Gerhard Siegel exhibe una voz compacta, atención a la medida y absoluto dominio de un rol que ha hecho suyo y que sigue dominando a la perfección. Un Mime absolutamente referencial. Con este instrumento resulta curioso escuchar al cándido Sigfrido de Vogt.

        Michael Volle compuso un notable Viandante, vocal y dramáticamente. Su entrada fue poderosa y en el torneo del saber se desempeñó con nobleza y autoridad. Arriesgó con los matices, ofreciendo detalles de gran clase en sus inflexiones, incluyendo una mezza voce muy estable. En el segundo acto se impuso con nobleza en la escena nocturna en el bosque frente a un Alberich desatado. En el tercer acto se le notó algo oscilante en sus llamadas a Erda, pero a lo largo del dúo estuvo firme, como asimismo en su encuentro con Sigfrido, donde exhibió autoridad. Volle a lo largo de este Anillo, y teniendo en cuenta la materia primera -el timbre no es el más bello ni la voz la más oscura- ha exhibido clase, técnica, compromiso con el rol y saber decir, en un Wotan netamente baritonal, notable en conjunto.

Wieland y Wofgang Wagner preparando la reapertura
del Festival en 1951. Uno de los fondos que ofrece
la IA para el dúo final de Sigfrido y Brunilda
        Rayano en la obsesión y la locura el Alberich de Jochen Schmeckenbecher, que empezó un tanto desabrido en su entrada del segundo acto. Competente, pero ofreció una vocalidad más completa en el Oro.

        Fafner es un papel que demanda un bajo profundo. Peter Rose tiene una voz liviana y descolorida en las profundidades de la tesitura, por lo que el resultado es bastante deslucido. Ya en su primera intervención desde la cueva sonó tremolante y gris. Una voz completamente inadecuada para la parte.

        Limpia, brillante y de agradable timbre el pájaro del bosque de Victoria Randem.

        Magnífica Erda de Christa Mayer, de sonoridad plateada, con atención al texto y aliento trágico.

        Camilla Nylund no empezó bien, con un vibrato acusado y tendencia a calar en el O Siegfried! Sólo se estabilizó muy al final, tras cantar su larga intervención del Idilio

        Ya en el primer acto, junto a los bravos se escuchó algún abucheo lejano para la puesta en escena. Con la salida de los cantantes, los bravos subieron enteros, pese a que el reparto resulta muy desigual, con dos nombres a destacar: Gerhard Siegel y Michael Volle. Ni Peter Rose ni Camilla Nylund son voces adecuadas para sus respectivos roles. Vogt, siempre inclasificable.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

1 DE AGOSTO DE 2026.

LA VALQUIRIA / BAYREUTH 2026

LA VALQUIRIA / Festival de Bayreuth, 28 de julio de 2024, 16 horas.
Otras representaciones: 5 y 13 de agosto
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Klaus Florian Vogt (Siegmund), Mika Kares (Hunding), Michael Volle (Wotan), Elza van den Heever (Sieglinde), Camilla Nylund (Brünnhilde), Anna Kissjudit (Fricka), Martina Welschenbach (Gerhilde), Brit-Tone Müllertz (Ortlinde), Karis Tucker (Waltraute), Freya Apffelstaedt (Schwertleite), Magdalena Hinterdobler (Helmwige), Alexandra Ionis (Siegrune), Marie Henriette Reinhold (Grimgerde), Natalia Skrycka (Rossweisse).
Minutación: Acto I: 58:51  / Acto II: 86:51 / Acto III: 69:23  / Total: 215:05 (3 horas 35 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Entre tecnología y psicodelia

        Prosigue el Anillo IA con La Valquiria. Anna Greiter saludaba desde la Radio de Baviera pocos minutos antes de las cuatro de la tarde, y también hacía lo propio Clara Corrales desde Radio Clásica, contando con Arturo Reverter en los intermedios. Reparto discutible: pareja de welsungos demasiado lírica, Michael Volle con presencia y clase, pero con un par de quiebros hacia el final, mientras que Camilla Nylund es una Brunilda imposible. Frente a ellos, Mika Kares y Anna Kissjudit ofrecen, por vocalidad y maneras, interpretaciones perfectamente homologables a las de los años dorados. En una entrevista que Christian Thielemann concedió a la Radio de Baviera, manifestó que tenía muchas ganas de escuchar en esta obra a Vogt, Volle y Nylund. No en vano, los cuatro cantantes principales -los citados y van den Heever- fueron los escogidos por él para el Anillo de La Scala que tenía previsto dirigir entre 2024 y 2025 y que canceló, pasando a ser dirigido, en las dos primeras funciones, por Simone Young y en las restantes por el más doméstico director Alexander Soddy.

        El montaje ha cosechado más críticas que en el Oro. Se relata que, de vez en cuando aparece una foto de un libro de Historia de secundaria, si bien ligeramente distorsionado para que sea difícil reconocerlo, pero llega a aparecer desde el Emperador Guillermo II a africanos demacrados víctimas de crímenes coloniales o incluso Hitler. También aparece el escritor Thomas Mann con aspecto preocupado cuando Sieglinde se enamora de su hermano, probablemente debido a que escribió Wälsungenblut, una novela corta. La pregunta es si la IA lo tuvo en cuenta o fue el equipo escénico quien introdujo a la máquina esta idea, o bien ha sido una coincidencia entre la ingente cantidad de datos que aquélla maneja. Prosiguen también las críticas a los remolinos de colores, que se presentan aleatorios. Por la red se ha llegado a leer un comentario que habla de fiesta del LSD.

        Tras el excepcional prólogo del día de ayer, Thielemann ofreció un buen primer acto de La Valquiria, pero con una temperatura más contenida. El preludio se inició animado pero no agresivo. La primera escena ofreció suavidad, trazo fino en la cuerda y un fluir natural, pero sin dejar de paladear cada pasaje. El solo de cello ofreció un glissando un punto más acusado que de costumbre. Estuvo muy pendiente de los cantantes y fue a partir de la tercera escena donde despliegó todo su potencial. El primer acto más ágil de la última década -casi 59 minutos-, y que contrasta con el tempo más estándar de los otros dos actos. Con el material tan lírico de la pareja protagonista, era la opción más sensata.

Cabalgata de las valquirias
        La temperatura subió desde el preludio del segundo, desbordante, suntuoso en la redondez del sonido, denso y apabullante. Acompañó con atención a Volle en su monólogo, acumulando tensión e incandescencia en su tramo final, culminando en una apabullante salida del dios, dejando plantada a Brunilda en un mar de dudas. Sigue un interludio a medio camino entre la melancolía y el desasosiego y una anuncio de la muerte a Sigmundo de noble factura. El final, muy electrizante.

        El tercero acto es excepcional, ya desde una poderosa cabalgata, prosiguiendo con un foso rugiente en la despedida de Sieglinde, temible en la ira de Wotan y todo un derroche de brillo iridiscente en los adioses de Wotan -impresionante clímax orquestal reteniendo el tempo- y el fuego mágico. Los tempi en conjunto son globalmente más ligeros que en su Tetralogía anterior, esta Valquiria resulta aproximadamente 15 minutos más rápida.

        Cuesta acostumbrarse al Sigmundo blanquecino de Klaus Florian Vogt, frío como un témpano en la primera escena. Ha tardado en entrar en el rol, dándome la sensación de estar un tanto reservado. En lo vocal ha tenido mejores presentaciones de su relato a Hunding en la segunda escena, como asimismo en el Ein Schwert verhieß mir der Vater con que se inicia la tercera, aunque a partir de aquí parece que comenzó a pleno rendimiento: contestó con ardor al relato de Sieglinde y brindó un buen Winterstürme, cerrando bien el primer acto. Más redondo en el segundo acto, con una réplica al anuncio de la muerte que le trae Brunilda cargada de otoñalidad, con claras reminiscencias de sus intepretaciones de la despedida en el tercer acto de Lohengrin, que torna después en incisividad. En su beneficio hay que decir que su dicción es muy clara y se entiende en todo el momento el texto. Preguntado en una entrevista concedida a la Radio de Baviera de quién fue la idea de este particular maratón de Loge, Sigmundo y los dos Sigfridos, manifestó que fue una propueta de Thielemann.

        La sudafricana Elza van den Heever posee una voz demasiado lírica para el rol de Sieglinde, echándose en falta algo más de anchura en el registro medio, si bien la línea de canto es elegante y se maneja con oficio, por lo que en conjunto su creación es agradable, pese a una dicción bastante borrosa. Debutó el rol en 2024 en Rotterdam y su puesta de largo con él fue en las representaciones de La Scala, ya mencionadas. Compuso en la primera escena una limpia y atenta Sieglinde, si bien en su relato de la tercera se notó la escasez de graves, no encontrándose del todo cómoda y pasando de puntillas por las primeras frases, que no quedaron expuestas con la debida trascendencia. Consiguió asentarse ya hacia sus últimas frases, que expuso con ardor, recibiendo una contestación ardiente -dentro de sus maneras- por parte de Vogt y culminó el acto con un buen Du bist der Lenz. En el segundo acto la falta de anchura del instrumento es perceptible en sus delirios -Hinweg! Hinweg!- con una propensión a agudos un punto metálicos. La despedida del tercer acto es un momento que demanda una voz más ancha, y donde van den Heever estuvo al límite.

        Mika Kares afronta su cuarto rol en Bayreuth, Hunding, tras Hagen, el Rey Enrique y ayer, Fasolt-. Vocalmente tiene la entidad que requiere el personaje. Dramáticamente opta por un personaje noble y hospitalario al principio, que se torna hosco cuando llega a saber quién es el que ha llegado a su casa.

        Michel Volle como Wotan hizo su entrada noble y poderoso. En su dúo con Fricka puso de manifiesto que el instrumento luce más en las frases en forte que en piano: en las primeras hay vigor, si bien en la mezza voce existe propensión a la emisión oscilante, algo que se notó también al final de los adioses. El monólogo resultó plausible sin tener la voz más bella, oscura ni tonante, gracias a sus tablas y a una buena atención al texto, aunque por momentos puedan aparecer sonoridades un punto ácidas. Su réplica a Brunilda -Ha, Freche du! / Frevelst du mir?- sonó temible. Ofreció un acabado vocal más rotundo en el tercer acto, con una entrada poderosa y demostrando autoridad para con su hija. Ofreció unos adioses profesionales, en su sitio, si bien la voz se le quebró en un momento dato, como también en su última frase.

Camilla Nylund como Brunilda entre el fuego mágico
        La finlandesa Camilla Nylund, que en Bayreuth ha cantado la trilogía de protagonistas líricas -Elisabeth, Elsa y Eva-, así como una Sieglinde en 2017, abordó Isolda en 2024 y 2025 como premio de fidelidad a la casa y ahora corona su trayectoria en el Festival, donde debutó en 2011, con Brunilda. Ya en su entrada se puso de manifiesto su intento por sacar volumen y anchura al instrumento, como también ocurrió en el final del anuncio de la muerte a Sigmundo -una pena, pues la orquesta rugió incadescente-. Falta anchura y metal para la parte, con un instrumento netamente lírico que, si bien ha ganado anchura respecto a hace una década, no es ni tonante ni lacerante, más bien carnoso, al que hay que añadir el peculiar vibrato, que con los últimos años se ha vuelto acusado, si bien, 
como he podido comprobar, es más patente por radio que en vivo. Demostró más hechura en el tercer acto, y funcionó bien como la valquiria arrepentida ante Wotan, aunque en su intervención final estuvo al límite. En definitiva, una voz fuera de rol. Según pudo seguirse en la retransmisión, pues Anna Greiter va relatando quién comparece al escenario a saludar, no obtuvo abucheos, pero sí una reacción del público discreta.

        Anna Kissjudit compone una magnífica Fricka, como ocurrió en la tarde de ayer, oscura y poderosa, con mucho fuste, en una interpretación incandescente en sus demandas a Wotan, muy atenta al texto, cuyo único pero es que, por tesitura, sonó un poco apurada en sus frases finales al regreso de Brunilda.

        Notable octeto de valquirias, que conserva la mitad del año pasado e introduce a las debutantes en Bayreuth Martina Welschenbach, Karis Tucker y Freya Apffelstaedt, con la incorporación este año al conjunto de Natalia Skrycka, que venía formando parte del trío de ondinas desde el Anillo de Simone Young.

        La reacción del público no se hizo esperar, con abucheos a la parte escénica, más patentes que en el prólogo, y una reacción al elenco más discreta que el día anterior. Una Valquiria donde Thielemann se tomó con suavidad las dos primeras escenas del primer acto y después comenzó a subir la temperatura, excepcional en muchos momentos, destacadamente en el tercer acto. Una pena que el elenco deje un sabor agridulce, con una pareja de welsungos demasiado lírica y una Brunilda imposible. Volle aguanta el tipo con dignidad y es Wotan.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

28 DE JULIO DE 2026.

EL ORO DEL RHIN / BAYREUTH 2026

EL ORO DEL RHIN / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2026, 18 horas.
Otras representaciones: 4 y 12 de agosto.
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Michael Volle (Wotan), Alexander Grassauer (Donner), Siyabonga Maqungo (Froh), Klaus Florian Vogt (Loge), Anna Kissjudit (Fricka), Evelin Novak (Freia), Christa Mayer (Erda), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Mika Kares (Fasolt), Peter Rose (Fafner), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Reinhold (Flosshilde).
Minutación: 145:02 (2 h 25 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Oro virtual sin criptomonedas

        La producción especial del 150 aniversario del Festival está encomendada a Marcus Lobbes, nacido en 1966 y director de la Academia de Teatro y Digitalización de Dortmund, fundada en 2019, en un proyecto que utiliza la IA como punto de partida, de manera que lo que puede verse en escena es una síntesis de las producciones del Anillo de estos 150 años. Su propuesta ha sido titulada RING 10010110, que en lenguaje binario significaría RING 150. 
Lobbes lleva trabajando desde 1995 como director, escenógrafo y autor en teatro musical y hablado. Es poco conocido el dato de que estudió canto, tiene voz de barítono, y hacia el final de sus estudios trabajó en papeles como Don Giovanni y Eugene Oneguin.

        Las conversaciones con el Festival, como ha declarado el propio Lobbes en una entrevista concedida el pasado mes de abril en el diario Waz, se iniciaron en la primavera de 2023, con la intención de llevar a cabo un proyecto del Anillo para el 150 aniversario que contara con él como director, en un proyecto entroncado en la Academia que él dirige. Debido a la singularidad del proyecto, se ha preferido no emplear la palabra inszenierung, sino kurator -comisario- para referirse a la persona que está al frente de la propuesta.

        Como puede leerse en la propia página de la institución que dirige, mediante nuevas técnicas de imagen y una combinación de programación en vivo, inteligencia artificial y holografía, se creará una monumental Tetralogía: un mundo de poder, amor, traición, caída y, al mismo tiempo, un lugar de constante transformación. Bajo el título RING 10010110, el drama musical de Richard Wagner y su historia de recepción ocupan un lugar central, a través de una capa visual que cambia, se expande, se recompone y se contradice constantemente. Por primera vez en la historia del festival, la inteligencia artificial participará en vivo en el escenario, no como un personaje, sino como una fuerza visual. No estamos, sin embargo, ante una performance, como la Valquiria de pandemia del año 2021, encomendada al Hermann Nitsch, pues Lobbes ha declarado que hay vestuario -si bien adaptado a la propuesta, como luego indicaremos-, hay escenografía -si bien sin elementos físicos grandes, de manera que el espacio está completamente esculpido por la luz y hologramas tridimensionales-, y los cantantes interactuarán entre sí.

        En la entrevista concedida al diario Waz, Lobbes explica qué ha supuesto el proyecto: En definitiva, se trata de inteligencia artificial: durante los últimos tres años, hemos entrenado numerosos modelos de IA para analizar la legibilidad de una partitura, el tono cantado, pero también el historial de recepción y los enfoques de dirección. Luego, les proporcionamos imágenes de 150 años de historia de Festivales. Y ahora, como equipo, estamos trabajando en una máquina que, basándose en un conjunto de directrices, pregunta: ¿Qué puedes inventar o «imaginar», como diríamos nosotros, en respuesta a esta música y este texto?

        La propuesta ha sido sencilla de ensayar sobre el escenario, si bien a ello le han precedido años de preparación tecnológica y cinco semanas completas en el Festspielhaus, inicialmente sin cantantes.  En la entrevista citada, Lobbes declara: El truco está en lo siguiente: hay varios cientos de "marcadores" dentro de estas 14 o 15 horas de ópera. Cada uno, relevante para la escena, indica: esto es lo que se está discutiendo, esto es lo que sucede en la música, esto es lo que sucede en el mundo, hasta la grabación en vivo de la orquesta, y así sucesivamente. Todo esto se introduce en una máquina computacional. Y entonces sucede esto: establecemos los parámetros que deben aparecer. Y decimos: ahora puedes inventar algo que los acompañe. Y funciona así: la máquina establece el requisito para sí misma y luego lo resuelve por sí misma. Previamente se ha ensayado con esa tecnología qué es aceptable para la escena y que no. Relata Lobbes que no se trabaja con internet en abierto: no permitimos que el 98% de la basura que hay en internet llegue al escenario. Eso sería desastroso. Preguntado si la propuesta deja en manos de la IA si aparece una locomotora de la Revolución Industrial o un Godzilla en la escena de Fafner en Sigfrido, Lobbes declara:  No, no, somos muy claros en cuanto a la precisión histórica. Las directrices incluyen años específicos para las escenas, durante los cuales transcurre el tiempo. Con "Dragón en Siegfried", la señal para la máquina es clara: "Pase lo que pase, en este punto necesitamos algo que se parezca a un dragón, o a tu interpretación de un dragón". Creo que deberíamos poder manejar bien ese trabajo. Pero cada interpretación será ligeramente diferente; la IA no es un buscador. Esta última cuestión es algo que se ha venido anunciando: cada ciclo del Anillo será ligeramente diferente, gracias a esa aleatoriedad. Pero para ello se la introducido a la IA, según explicó Lobbes, todas las producciones del Festival, la partitura, el texto, eventos políticos e incluso temas de conversación durante los intermedios.

        Dada esta forma de trabajo, Lobbes declara que su mayor enemigo sería un ordenador averiado, que en el peor de los casos puede colapsar. Por eso, anuncia que se cuenta con dos sistemas paralelos. Entrevistado por la Radio de Baviera el día del estreno, fue preguntado qué era lo que esperaba con más ilusión, y respondió que las reacciones. Cuando presentamos el proyecto hace un año, hubo mucho escepticismo. Cuanto más se acerca el estreno, mayor parece ser la curiosidad. Tengo especial curiosidad por ver qué conexiones descubre el público y qué historias interpretan las personas en estas imágenes.

        La crítica ha sido bastante negativa. En general, se apunta a que la propuesta luce más que el resultado. El diario Kurier habla, sin ambages, de un completo error, y la web francesa Resonances Lyriques de genio musical y naufragio visual.

Saludos finales, donde puede apreciarse el particular vestuario
        Se ha criticado el vestuario en forma de sacos negros que llevan los cantantes, unos trajes reflectantes diseñados para que las proyecciones funcionen también sobre ellos. Ello ha llevado a la siguiente crítica: parece ser que las proyecciones y luces por momentos los sepultan entre tanto colorido, luces que para algunos han sido excesivas. También que la IA en ocasiones mezcla imágenes que no aportan un contenido a la escena, sino que se limitan a ser una pura decoración, lo que ha llevado a sentenciar a algunos que la IA no puede hacer teatro.

        Ahora bien, también ha habido reacciones positivas. La propuesta lleva como título en el programa El Anillo en movimiento: Un experimento. Una invitación, y se traduce en que los cantantes actúan con una quietud casi escultórica en torno a un cosmos visualmente burbujeante de luz y asociaciones que emerge desde el fondo -en palabras de la reseña publicada por Online Merker-. Prosigue: El objetivo no era presentar una única interpretación, sino hacer tangibles simultáneamente el mito nacional, las convulsiones sociopolíticas y la explosividad artística. Cada actuación es única gracias a la capa dinámica de IA. En este sentido, se ha podido leer también que se agradece la escasez de movimiento y el derroche de color para que el espactador pueda concertrarse en la música.

        Para cerrar la cuestión de la escenografía, una reflexión: resulta curioso cómo, por un lado, estamos cansados de regietheater y de que las obras tengan que tener un significado que poner de manifiesto y cuando se presenta una propuesta que prescinde de todo ello, un sector del público considera que no hay aliciente en ello.

        En cuanto al elenco, Thielemann ha mantenido el trío de ondinas que empleó Simone Young el año pasado -en 2024 contaba como Evelin Novak como Woglinde, ahora Freia-. En el resto se nota su mano -Volle, Vogt, Mayer, Maqungo, Siegel, Kares, la propia Novak-. En todo caso, el trío conformado por Katharina Konradi, Natalia Skrycka y Maria Henriette Reinhold ha sido notable: bien empastado, muy atento al drama y espoleado desde el foso -tengo la sensación de que este año su interpretación tiene mayor excitabilidad dramática gracias a la batuta-. El resto, como indicamos, es un elenco a su medida, tanto con habituales presentes -Volle, Vogt- como de la Tetralogía que hace veinte años estrenó en Bayreuth y que estuvo en cartel hasta 2010 -Gerhard Siegel, Christa Mayer-.

        Christian Thielemann ejecuta el preludio manejando a la orquesta como un orgánico compacto de sonoridad redondeada y opulenta. Si alguien esperaba una lectura hedonista, crepuscular o de análisis sinfónico, se equivocaba. Estamos ante una lectura épica, muy teatral, fluida, donde el drama se palpa en cada pasaje, pero sin merma de los detalles: la orquesta ruje con Alberich, celebra con Wotan, se lamenta con Fasolt, advierte con Erda... en fin, transmite en cada pasaje los sentimientos de los complejos personajes wagnerianos. Encontramos filigranas clásicas del berlinés, como la nítida línea del clarinete acompañando a Alberich en su seducción a las ondinas. Magnífica construcción del clímax, redondeado de forma opulenta en la aparición del oro -con unos violines nítidisimos en su descenso en forma de escalas-. Cuando el nibelungo arranca el oro del lecho del Rhin la orquesta se enciende, nerviosa, en un ataque absolutamente maravilloso. A partir de ahí, el interludio es un derroche de sonido y maravillosa articulación en las cuerdas. La serenidad de Wotan frente a la intranquilidad de Fricka se palpa en el comienzo de la segunda escena, que contiene una poderosa entrada de los gigantes a tempo vivo. El conflicto con los dioses resulta electrizante. El monólogo de Loge, se desarrolla a tempo vivo y en una línea muy cantábile.

        Recuerdo a José Luis Pérez de Arteaga decir, en la retransmisión del primer Anillo que Thielemann dirigiera en Bayreuth (2006), que las escenas primera y tercera eran las grandes creaciones del berlinés en el Oro. Escuchada la retransmisión de hoy, se cumple. Inconmesurable descenso al Nibelheim, con una orquesta de sonido redondo, homogéneo y opulento. Las amanezas de Alberich a los nibelungos tienen una respuesta poderosa en la orquesta. Su posterior encuentro con Wotan y Loge se beneficia de la precisión rítmica de la cuerda. En la cuarta escena el regreso de Freia es un sopolo de aire fresco. Presencia de las arpas en el pasaje del arco iris y un final épico. En genera, tengo la sensación de que en esta ocasión ha optado por un sonido orquestal más denso y afrutado. En cuanto a minutación, en torno a cinco minutos menos a lo invertido en los Anillos dirigidos entre 2006 y 2010.

        Se ha apuntado que la enorme pantalla transparente extendida frente a los cantantes altera la reverberación y el retorno de sonido del foso, si bien en la retransmisión no se ha percibido diferencia alguna.

        Era de esperar que Wotan recayera en Michael Volle, bajo-barítono de confianza de Thielemann a día de hoy y con quien ha desarrollado el Anillo de la Staatsoper en los últimos años. No cabe duda de que estamos ante un artista inteligente, que sin tener la voz más oscura ni la más tonante, saca adelante con éxito el complejo papel, como ha venido haciendo con el Holandés en los últimos años. Compone un Wotan orgulloso y cortante. Se agradece su dicción y atención al texto, aspectos éstos en los que su carrera como liederista no cabe duda de que le ayuda.

Las transformaciones de Alberich
        El único debutante en Bayreuth es el barítono alemán Jochen Schmeckenbecher (Alberich), discípulo de Kurt Moll en la Universidad de Música de Colonia, quien tras haber formado parte del elengo estable de la Komische Oper de Berlín, empezó a hacer carrera internacional. Su dedicación al papel del nibelungo ha sido destacada en los últimos años -lo ha cantado en Berlín, Hamburgo, Viena, París, Frankfurt, Leipzig o la Ópera del Rhin (Düsseldorf-Duisburg)-, y ha sido un acierto contar con él en esta Tetralogía. Su voz es más de barítono que de bajo barítono, homogénea -pierde un punto de color en el extremo agudo, pero sin desmerecer-, desarrollando una intervención nerviosa y neurótica, muy viva dramáticamente, que recuerda por voz y maneras a Otakar Kraus, el Alberich del primer Anillo de Wolfgang. En la maldición del anillo se echó en falta una voz más ancha.

        Atípico y personal, como son sus últimas encarnaciones en otros roles wagnerianos, el Loge de Klaus Florian Vogt. No quiere decir que esté mal cantado, todo lo contrario, pues el tenor alemán es un prodigio de dominio técnico y de aguante, y en esta Tetralogía lo pondrá de manifiesto apareciendo en las cuatro obras, pues a este Loge suma Sigmundo y los dos Sigfridos. Compone un semidiós del fuego de dicción muy clara y atento a la medida, con una emisión menos blanda y un punto más incisiva que cuando afronta al angelical Lohengrin o al caballeroso Walther, pero con su timbre ya conocido. Dramáticamente compone un personaje inteligente, donde puede faltar cierta mordacidad o comicidad. Por la red se hablaba de un Loge cantado como un lied de Schubert.

Nibelheim
        La contralto húngara Anna Kissjudit, Erda el pasado año, pasa a encarnar en esta Tetralogía a Fricka. Voz oscura y potente, de emisión un punto entubada -lo que se hace patente en su dúo con Wotan al comienzo de la segunda escena-, de ataque preciso y muy controlado, ofrece una diosa inflexible e implacable.

        Evelin Novak, soprano del elenco estable de la Staatsoper de Berlín, quien en los últimos años ha participado en Bayreuth en papeles menores, ha sido la escogida para interpretar a Freia. Competente en su cometido.

        Siyabonga Maqungo, también miembro del elenco estable de la Staatsoper de Berlín, hace uso de su buena técnica y su voz luminosa para encarnar a un Froh de línea clásica. De línea también clásica, tonante y bien dispuesto, el Donner de Alexander Grassauer, un cantante que el año pasado tuve ocasión de disfrutar en el Tristán de Bychkov como Melot y en los Maestros de Gatti como Hermann Ortel y que me llamó la atención por su presencia vocal.

        Magnífica Erda de Christa Mayer, el que, a mi juicio, ha sido su gran rol junto con el de Waltraute, gracias a una voz plateada de aliento trágico, componiendo una madre tierra que advierte a Wotan con autoridad, llegándole a estremecer.

Segunda escena
        El poderoso Mika Kares es un magnífico Fasolt, tonante y desbordante, homologable a los históricos. Regresa a Bayreuth el británico Peter Rose, quien cantó Daland en 2016 y 2018. La voz no es muy grande ni oscura, y Fafner no es un papel que se acomode especialmente a su vocalidad, pese a que ha aparecido con este rol en Berlín en varias ocasiones. En todo caso, cumple.

        Regresa a Bayreuth el bávaro Gerhard Siegel, estupendo Mime en la anterior Tetralogía de Thielemann. A sus 63 años conserva en buen estado su instrumento, una voz que tiene entidad, cierta anchura y que está bien timbrada, cualidades éstas a las que se une una magnífica dicción y atención a la medida. Como curiosidad, decir que Siegel, en sus años en el Teatro Estatal de Nuremberg (1999-2006) cantó Sigmundo, Sigfrido, Walther y Parsifal. Estamos, pues, ante un cantante muy versátil. No en vano, ha acaparado todo el protagonismo en su breve escena.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

28 DE JULIO DE 2026.

Crítica: Parsifal en Bayreuth (2025)

PARSIFAL / Festival de Bayreuth, segunda representación, 8 de agosto de 2025
Producción de Jay Scheib estrenada en 2023 / Decorados: Mimi Lien. Vestuario: Meentje Nielsen. Dramaturgia: Marlene Schleicher. Iluminación: Rainer Casper. Vídeo: Joshua Giggason
Dirección musical de Pablo Heras-Casado (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Michael Volle (Amfortas), Tobias Kehrer (Titurel), Georg Zeppenfeld (Gurnemanz), Andreas Schager (Parsifal), Jordan Shanahan (Klingsor), Ekaterina Gubanova (Kundry), Daniel Jenz (primer caballero del Grial), Tijl Faveyts (segundo caballero del Grial), Lavinia Dames (primer escudero y muchacha-flor), Margaret Plummer (segundo escudero y muchacha-flor), Gideon Poppe (tercer escudero), Matthew Newlin (cuarto escudero), Evelin Novak (muchacha-flor), Catalina Bertucci (muchacha-flor), Victoria Randem (muchacha-flor), Lavinia Dames (muchacha-flor), Marie Henriette Reinhold (muchacha-flor y solo).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Un Parsifal para el fin de los tiempos

        Regresaba a Bayreuth dos años después de mi última visita, en 2023, cuando presencié el Anillo y el Holandés. Este año, a la vista de que no pude encontrar entradas en 2024 en la última tanda de venta -algo que sí había conseguido en 2018 y en 2023-, y como hice en 2019, decidí comprarlas desde que salió el formulario. Escogí Lohengrin, Tristán y Maestros. La primera por ver a Thielemann con Beczala en un montaje que, me temo, se retirará este año. Los otros dos por la circunstancia de que no se ofrecerán en 2026 y para verlas habría que esperar a 2027. Tenía ganas de escucharle Maestros a Gatti y Tristán a Bychkov -y de este último me daba miedo esperar a 2027, pues el ruso hará este año 73 años y, si bien es factible que vuelva en 2027, el foso de Bayreuth no es el espacio más cómodo para hacer música a ciertas edades, si bien Boulez acudió por última vez a Bayreuth con 80, Janowski con 78 o Haenchen con 74, por no hablar de Karl Böhm, que cuando dirigió en el Festival por última vez, en 1976, tenía 82-. Lohengrin directamente no me lo asignaron y sí me hicieron propuesta para los otras dos, los días 10 y 11 de agosto. No cejé en mi empeño y, cuando salió la venta online, ahí estaba puntualmente. Aunque entré a la hora, la cola era dilatada y en unos pocos minutos volaron las entradas que quedaban para Lohengrin. Quizás dos títulos me sabían a poco para la visita a Bayreuth y cogí Parsifal, para el día 8. Tenía ganas de presenciar la producción de Jay Scheib con Heras-Casado, pero como se verá también en 2026, no era la prioridad absoluta. En todo caso, con la nueva combinación me quedaba así libre el sábado 9, que aproveché para visitar Cheb y Karlovy Vary, en la vecina República Checa.

        Este año hice el viaje vía Frankfurt en lugar de vía Munich, por probar, en la mañana del 7 de agosto. La duración del vuelo es algo mayor, y aunque existe cierta opinión de que el aeropuerto de la ciudad del Meno es un desbarajuste organizativo, mi experiencia ha sido altamente positiva. Maletas desembarcadas con rapidez, todo bien señalizado y sin un recorrido excesivamente largo a la estación de tren del propio aeropuerto, pese a encontrarme en la terminal 2 y tener que coger el trenecito que une ambas terminales. Desde la estación del propio aeropuerto puede cogerse un tren a Nuremberg vía Würzburg -la ciudad de Waltraud Meier- con frecuencias de en torno a veinte minutos-media hora que hace el recorrido en algo menos de dos horas y media. Eso sí, el tren acumuló a lo largo del recorrido media hora de retraso y el aire acondicionado no funcionaba en mi vagón -un empleado de DB, muy diligente, se preocupada de ofrecernos agua-, por lo que el plan inicial de coger en Nuremberg el tren a Bayreuth a las tres de la tarde no fue posible. Los regionales que hacen el recorrido tardan en torno a cincuenta minutos, y mi plan inicial era coger el que sale poco después de las tres de la tarde para llegar a Bayreuth antes de las cuatro, pero finalmente recalé en la ciudad francona a las cinco menos algo. Instalado en el hotel, una cabezada y, sobre las seis y algo, paseo por el centro de la ciudad y cena a una hora temprana. La mañana siguiente, sin prisas, la dediqué a darme una vuelta por los anticuarios de la ciudad, donde adquirí, en el de Christine Schlinder, en la Bahnhofstraße, un facsímil numerado de una lámina conmemorativa de la reapertura, una pintura a lápiz de colores donde aparece Furtwängler ensayando la Novena de Beethoven y fechada el 27 de julio de 1951, como asimismo la biografía de Wolfgang Wagner escrita por Bauer, y cuyas fotografías de montajes, cantantes y directores, junto a las fichas artísticas de los montajes del nieto del Maestro, tanto en Bayreuth como fuera de Bayreuth, ya justifican la compra. He acudido dos días diferentes a Der Liber-Mann, en la Brautgasse, a pocos metros del mítico restaurante Eule, y lo he encontrado cerrado. Espero que se trate de unos días de vacaciones, si bien el aspecto de la entrada daba la sensación de que llevaba tiempo cerrado. Comida frugal tras algo de lluvia, copa de vino en la feria del vino, cambio de ropa en el hotel -sin traje- y a ascender la Colina Verde y a encontrar mi asiento en la fila 24 de Parkett.

Jay Scheib
        La producción de Jay Scheib tiene la particularidad, ya conocida, de contar con gafas de realidad aumentada, que permiten ver distintos niveles de profundidad en el escenario y una serie de elementos en tres dimensiones a lo largo, ancho y alto de la sala, incluyendo el cisne, pero también una serie de objetos acordes a la propuesta del americano, singularmente basura. Scheib ubica Parsifal en una sociedad propia del final de los tiempos, en algún lugar austral, donde la sobreexplotación de los recursos y las catástrofes naturales han dado lugar a un paisaje agreste, con cielos de colores chillones que bien nos puede recordar a los de ciertas regiones de España con el drama de los incendios. La trama está bien contada: presenciamos Parsifal -hay cisne, hay ceremonial y objetos religiosos (si bien el Grial está abstraído en una especie de cristal de roca), hay jardín mágico de Klingsor...-. Hay ciertas licencias, como la compañera de Gurnemanz -quien hace el solo-, el hecho de que Parsifal y Kundry marchan juntos al final de la obra o que Parsifal rompa al final de la obra el cristal de roca que representa el Grial, una suerte de nuevo orden y que ya tiene un antecedente en la producción anterior, de Eric Uwe Laufenberg, con su final panreligioso -en aquél montaje la humanidad dejaba sus símbolos religiosos identitarios en el ataúd de Titurel y marchaba junta hacia un futuro común pero incierto por el conflicto de Oriente Medio-. Aquí, como se relata en el programa de mano, trata de ponerse de manifiesto el contraste entre la cerrada sociedad del Grial, que ante la adversidad prefiere cerrarse en sí mismo aun a riesgo de desaparecer, y la aparición de Parsifal como un nuevo guía hacia un futuro mejor.

Final de la obra. La fotografía corresponde a 2023.
        Existe cierta propensión a pantallas grandes que proyectan detalle de lo que sucede en escena, en ocasiones con un cameraman por el escenario -¿una suerte de periodismo de documental?-. Lo más destacado es el segundo acto, donde contrasta el mundo inquietante de Klingsor en gris con su atuendo rosa -irrumpiendo Parsifal en modo barranquismo desde lo alto, a modo de moderno deportista, en lo que probablemente sea un doble y no el propio Schager-. La escena de las muchachas-flor es colorida y con reminiscencias que en fotografía asociaba al por art pero que en directo me transmitió más vinculación a los cuadros de Gauguin. 
En el tercer acto vemos como el mundo se ha degradado aún más, con una enorme tuneladora en el lado derecho del escenario, donde parece vivir -más bien malvivir- Gurnemanz. En los actos primero y tercero sube una enorme lámpara fluorescente desde el lago hacia el techo en las ceremonias del Grial. El vestuario de Mimi Lein, en modo isla remota del Pacífico, puede resultar cómico por momentos, pero encaja en el conjunto de la propuesta -una sociedad que lucha por sobrevivir en un recóndito lugar del mundo y donde las texturas tienen algo de camuflaje con la naturaleza-. Respecto al atuendo de Kundry, Scheib declara en el programa de mano que se inspiraron en la obra de la pintora sueca Hilma af Klint (1862-1944), quien publicara en 1916 una serie titulada Parsifal, consistente en 144 pinturas que exploran el viaje de Parsifal. La iluminación del fallecido Rainer Casper sorprende por sus tonalidades chillonas y apocalípticas.

        En el programa de mano se explica que la extracción de materiales como el litio, cobalto, niquel o grafito, necesarios para las baterías consumidas en la sociedad moderna, requieren una gran cantidad de agua potable que dejan tras de sí paisajes devastados. La cuestión es hasta que punto se utiliza el texto como pretexto: el mensaje, interesante y con un decorado sugerente, no deja de estar solapado al argumento de la obra de forma un tanto forzada, si bien se agradece que se respete en esencia el argumento de la obra.

        La segunda función de Parsifal empezó con una cuerda de magnífica sonoridad, tersa, en una articulación precisa de Pablo Heras-Casado. De hecho, el punto fuerte de su dirección es la articulación, cuidada hasta el detalle en el modelado sonoro, y la búsqueda de ciertas sonoridades originales en los metales con sordina. El preludio estuvo marcado por la anécdota: antes de que sonaran las fanfarrias con el motivo de la Fe parece que una señora tuvo un desvanecimiento y hubo que sacarla de la sala como buenamente se pudo. Salieron también un par de personas, deduzco que médicos, para echar una mano. También un señor salió por su propio pie de la platea hacia el final del preludio -estaba situado cerca de la puerta-. Más allá de eso, la función se desarrolló con tranquilidad, quizás un poco más tosida de lo que suele ser habitual en el Festspielhaus -un silencio sepulcral-, pero las temperaturas habían sido inestables los días anteriores y aún se notaba ese día -en los siguientes, preludio de la ola de calor, la temperatura fue ascendiendo-.

        El granadino tiene trabajada la acústica del Festspielhaus y desarrolla una lectura ecléctica, que abarca tempi casi alla Boulez en el primer acto con un modelado sonoro cuidado y clara atención al componente dramático de los monólogos de Gurnemanz, que escapan de las lecturas de oratorio. No obstante, creo que ha tenido funciones con mayor garra dramática en el dúo del segundo acto, donde la temperatura vino de mano de los cantantes -dos electrictantes Schager y Gubanova, absolutamente entregados al drama-, y en el tercero optó por unos tempi para mi gusto demasiado ligeros, echándose en falta un monólogo de Gurnemanz más paladeado y contemplativo.

Zeppenfeld como Gurnemanz en el tercer acto.
La fotografía corresponde a 2023.
        El elenco es redondo y sin fisuras. Vaya por delante que lo que se escucha por radio a veces no suena exactamente igual en directo, y en este Parsifal tenemos algunos ejemplos. No es el caso de Georg Zeppenfeld, que tanto por radio como en vivo resultó un Gurnemanz sobresaliente por intención y fraseo, al que creo que una dirección algo más pausada le permitiría desarrollar una interpretación más contemplativa, que creo le resulta más acorde con el enfoque que le da al personaje, más de venerable monje que de guerrero, y siendo un cantante que gusta del fraseo paladeado más que del parlato ágil. 
Cómodo en toda la tesitura, genoroso en el agudo -mi3 final en la unción a Parsifal en el tercer acto largo y resonante- con un timbre aterciopelado, su voz corre fenomenal por el Festspielhaus. La función se benefició de un cronista de alto nivel.

Escena de las muchachas-flor. La fotografía corresponde a 2023
        Andreas Schager, en el que es su décimo año desde su debut en Bayreuth, ofreció su conocido Parsifal, el papel que más ha cantado en el Festival. Curiosamente es un rol que preparó relativamente tarde en su carrera, debutándolo en 2016, antes que Tristán y Tannhäuser pero ya como wagneriano consumado y con varios años encarnando a Sigfrido. En el Festival cantó por primera vez el rol en 2017 y lo ha abordado desde entonces en todas las ediciones en que se ha programado la obra a excepción de 2021, en ese atípico Festival de pandemia, en que se ofreció una única función y en el que el rol recayó en Stephen Gould. 
Schager hizo una entrada desbordante gracias a ese timbre broncíneo y un centro ancho. El problema del austríaco es que Parsifal tiene una tesitura eminentemente central y su instrumento brilla especialmente en la zona alta. En la zona baja pierde proyección, la emisión se enturbia y resulta mate, algo que se hace especialmente patente al comienzo del dúo con Kundry en el segundo acto. Estuvo muy arrojado en el Amfortas, die Wunde!, y no sólo en términos vocales, pues llegó a resbalarse con el agua del estanque que hay en escena -el montaje hace entrar y salir de este estanque a Kundry y a Parsifal, con el consiguiente rastro de agua sobre el escenario que puede causar un disgusto, de hecho también Gubanova tuvo un leve traspiés poco después-. Ante el suceso, se escuchó entre en el público un ¡oh!, si bien la representación siguió con normalidad. En el descanso me acordaba del suceso ocurrido en la Tetralogía de 2022, cuando Tomasz Konieczny tuvo una caída de un sillón en el segundo acto de La Valquiria y tuvo que ser sustituido por Michael Kupfer-Radecky en el tercero. No fue el caso, Schager apareció sin problema en escena. Hacia el final del segundo acto sí mostraba cierto vibrato en la zona baja y llegó perceptiblemente cansado a los Encantamientos de Viernes Santo, si bien tuvo detalles entregados -mezza voce incluida-. Acabó bien la función, si bien ha tenido finales más generosos.

Michael Volle como Amfortas
        Ekaterina Gubanova fue una Kundry sobresaliente en lo dramático y notable en lo estrictamente vocal. Resultó un verdadero animal escénico, absolutamente desenvuelta en la propuesta de Scheib, con una voz de sonoridades plateadas, aterciopelada en el registro medio, seductora y cálida en todo momento. Tuvo una gran noche y estuvo sólida en los escarpados agudos del final del segundo acto, más convincente que en la retransmisión radiofónica.

        Michael Volle presentó en vivo un timbre mucho más terso que por radio. Si bien en la zona baja existe un cierto vibrato en notas largas, menos perceptible que por radio, el registro agudo es muy sólido -impresionantes Erbarmen!, el segundo desgarrador-, y la línea de canto siempre resulta bien manejada. El cantante es querido y apreciado en Bayreuth, y la calurosa ovación recibida lo demostró.

        Tobias Kehrer fue un Titurel noble, con volumen suficiente y graves oscuros, en una producción en la que aparece físicamente y se acerca a su hijo.

        Jordan Shanaham es un Klingsor muy sólido e imponente. Quizás la voz no es tan grande como por radio, y la emisión resulta un punto rocosa, pero en todo caso tiene entidad y su encarnación del personaje es importante.

        Muy bien los secundarios, con voces de entidad. En particular, las muchachas-flor conforman un grupo bien empastado y cálido, alejado de sonoridades chillonas. Como curiosidad, en este montaje vemos a Marie Henriette Reingold en el fondo del escenario cantando el solo que cierra el primer acto.

        El Coro se encontraba bien preparado para este Parsifal. Sonoridad explosiva, en algún momento quizás un punto de más -el rodaje con el nuevo director corregirá seguramente esto en próximas temporadas-. Redondo, cálido y dulce en las sutilezas de la Sala del Grial, con las alturas y distancias perfectamente diferenciadas. Todo un placer escucharle. El trabajo de Thomas Eitler de Lint fue justamente ovacionado. No hubo nada que reprochar a la reestructuración del Coro ni al trabajo del nuevo director. Ya en la retransmisión radiofónica dio esa impresión.

        Al final del primer acto hubo escuetos aplausos, acallados por quienes enseguida siseamos para conseguir el emocionante silencio que ha de reinar en este momento especial. A mi izquierda había un alemán que sonreía cuando yo siseaba y comentó: "no lo entienden". En el segundo acto hubo claras ovaciones para Schager y Gubanova y, en el tercero, aprobación general para una propuesta vocalmente sólida, personal de Heras-Casado, que podrá gustar más o menos pero que no copia a nadie -su Parsifal es una apuesta personal- y para una producción cuya temática está un tanto metida con calzador pero que se deja ver con interés. Salida del Festspielhaus apenas pasadas las diez de la noche, con una temperatura fresca y cena en una terraza -era viernes y la hora no era demasiado intempestiva como para encontrar casi todo cerrado-.

20 DE AGOSTO DE 2025.

PARSIFAL / BAYREUTH 2025

PARSIFAL / Festival de Bayreuth, 30 de julio de 2025
Otras representaciones: 8, 17, 24 y 26 de agosto
Producción de Jay Scheib estrenada en 2023 / Decorados: Mimi Lien. Vestuario: Meentje Nielsen. Dramaturgia: Marlene Schleicher. Iluminación: Rainer Casper. Vídeo: Joshua Giggason
Dirección musical de Pablo Heras-Casado (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Michael Volle (Amfortas), Tobias Kehrer (Titurel), Georg Zeppenfeld (Gurnemanz), Andreas Schager (Parsifal), Jordan Shanahan (Klingsor), Ekaterina Gubanova (Kundry), Daniel Jenz (primer caballero del Grial), Tijl Faveyts (segundo caballero del Grial), Lavinia Dames (primer escudero y muchacha-flor), Margaret Plummer (segundo escudero y muchacha-flor), Gideon Poppe (tercer escudero), Matthew Newlin (cuarto escudero), Evelin Novak (muchacha-flor), Catalina Bertucci (muchacha-flor), Victoria Randem (muchacha-flor), Lavinia Dames (muchacha-flor), Marie Henriette Reinhold (muchacha-flor y solo).
Minutación: Acto I: 98:55 / Acto II: 63:06 / Acto III: 70:14 / Total: 232:15 (3 h 52 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Parsifal austral

        Jornada de descanso del Anillo en la que se inserta Parsifal. Tercer año de Pablo Heras-Casado al frente de la producción de Jay Scheib con gafas de realidad aumentada y amientación austral. Una producción que tiene como principal seña de identidad un colorido muy vivo -la escena de las muchachas-flor con reminiscencias del pop art-. En la Radio de Baviera escuchábamos a Constanze Fennel y en Radio Clásica a Ricardo de Cala, quien contaba con Paloma Ortiz de Urbina como contertulia para los entreactos.

        El reparto mantiene el elenco principal, a salvo el cambio en el rol de Amfortas: Michel Volle es recuperado para esta edición al no haber Holandés y desplaza a Derek Welton. Volle ya había cantado el rol en el Parsifal de pandemia que se ofreció en versión concierto en 2021 bajo la dirección de Christian Thielemann, una única función que no fue registrada por la Radio de Baviera. Sí hay cambios en prácticamente todos los roles menores, utilizando a secundarios de otros títulos. Así, este año no participa Jorge Rodríguez-Norton, quien en años anteriores encarnaba a Heinrich der Schreiber en Tannhäuser.

        La presencia del español gusta en Radio Clásica, como no podía ser de otra manera, y en el primer descanso Ricardo de Cala ofreció la entrevista que se le había realizado el día anterior. También la Radio de Baviera le ha hecho una, donde el granadino recuerda que acudió a Bayreuth por primera vez con 22 o 23 años, al haber sido becado para un encuentro coral que le permitió cantar en la catedral de Bamberg -un lugar que desea poder volver a visitar este verano-. Presenció el Anillo de Adam Fischer tomando el relevo de Giuseppe Sinopoli tras su fallecimiento -2001-. El director granadino recuerda con ilusión su etapa cantando en coros, y la herencia religiosa recibida, una cultura del hecho religioso que dice puede ahora verter en la dirección de Parsifal. En cuanto a los ensayos, indicó en la entrevista que le realizó Ricardo de Cala, se desarrollaron con un calendario peculiar, pues comenzaron el 6 de junio pero después hubo un parón de tres semanas, y este año el ensayo general de Parsifal se colocó al principio.

        Había ganas de escuchar este Parsifal después de que el pasado año la Radio de Baviera no lo incluyera en las retransmisiones, algo similar a lo que ocurre este año con el Tristán de Bychkov, y cuyo origen parece que hay que buscarlo en la existencia de ocho títulos y no en los siete acostumbrados cuando hay AnilloPablo Heras-Casado se tomaba unos segundos antes de comenzar y, a la inversa, los aplausos comenzaban sin solución de continuidad con la música, como si el público estuviera deseoso de expresar su opinión. El granadino se ha afianzado tanto en la acústica y posibilidades del Festspielhaus como en visión del Festival Escénico Sacro: primer acto de tempi ágiles, pero bien manejados, sin sensación de apresuramiento y con sentido teatral en el monólogo de Gurnemanz. La minutación del segundo acto prácticamente idéntica a la de 2023 -apenas unos segundos más-, con una entrada de las muchachas-flor ágil y que poco a poco parece que nos introduce en un torbellino, pasando a un dúo cálido dramáticamente. En el tercer acto no ha estirado tanto los tempi, por lo que en conjunto la lectura resulta internamente más coherente. Dirección muy articulada, muy atento a las dinámicas y a los juegos tímbricos -sobre todo a los metales con sordina-, con un sonido suntuoso atractivo y logrando un discurso dramáticamente muy convincente sin merma de espiritualidad en la Sala del Grial del primer acto o en el tercero. Previamente al estreno en 2023 declaró en una entrevista que pathos no significa pesado, lento u oscuro. Si en el estreno -no así en la grabación discográfica- el primer acto resultó un tanto atropellado con un tercero que miraba a Knappertsbusch, ahora encontramos una concepción interna más personal del conjunto y también más coherente.

Gurnemanz observa el cisne abatido que le presenta uno de los escuderos
        El Gurnemanz de Georg Zeppenfeld es ya muy conocido, con su timbre aterciopelado y su
cuidado fraseo, con una línea de canto noble con variedad de dinámicas.

        Andreas Schager ofrece su habitual Parsifal, broncíneo y juvenil, muy entregado. Ya desde su entrada evidencia su solidez y derroche sonoro y así continuó en el segundo acto, con un Amfortas! Die Wunde! arrollador y un fraseo generoso, si bien hacia el final del dúo exhibió por momentos un vibrato amplio. Afrontó fervoroso el tercero, con un atractivo registro medio, si bien también llegó cansado al final, con ese vibrato amplio. Como curiosidad, indicar que tuvo un despiste en el primer verso de su entrada en el segundo acto con las muchachas-flor, no diciendo Ihr schönen Kinder -hermosas muchachas- sino otra cosa que no he conseguido identificar.

        Este año se vuelven a repartir el rol de Kundry Elīna Garanča y Ekaterina Gubanova, ocupándose la letona de las dos últimas funciones y la rusa de las tres primeras, por lo que es a esta última a la que escuchamos en el estreno. Demuestra sus tablas como una Kundry seductora y con ribetes de la Venus del Tannhäuser, desde su vocalidad de mezzo, siempre bien manejada, con un atractivo registro medio de sonoridades plateadas y un agudo suficiente -calante el si4 con que cierra su intervención en el segundo acto, pero es un detalle menor-.

Michael Volle como Amfortas
        Sólido Amfortas de Michael Volle, quizás más desesperado que doliente en su intervención en la Sala del Grial -durísimos Erbarmen!, como pocas veces se han escuchado-, seguro en el agudo y muy atento al fraseo aunque a veces con una sonoridad un punto ácida y un, vibrato un punto agresivo en notas largas. En todo caso, el cantante mantiene un buen estado vocal a sus 65 años -para el año que viene ha sido anunciado como Wotan-.

        Titurel vibrante de Tobias Kehrer, primero sereno y después inquisitivo, pero con una voz que denota autoridad, adecuadísimo al cometido.

        Magnífico Klingsor de Jordan Shanaham, imponente en lo vocal y en lo dramático. En este último aspecto ha ganado en patetismo y configuración dramática. Voz ancha, tersa y grande que bien le permitiría hacer un Alberich a considerar.

        A muy buen nivel caballeros y escuderos, con voces de entidad, como suele ser habitual en Bayreuth. Empastadas y precisas las muchachas-flor. Serena Marie Henriette Reinhold en el solo.

Parsifal (Schager) con las muchachas-flor
        He de confesar que en Maestros tuve miedo del coro con su reestructuración y si Thomas Eitler-de Lint iba a estar al nivel de su predecesor, Eberhard Friedrich, quien a lo largo de sus 25 años como titular moldeó la formación a su gusto, con un sonido suave y envolvente capaz de afrontar desde el pianissimo más sutil al fortísimo más explosivo. Parsifal era la prueba de fuego, y podemos decir que el Coro de Bayreuth sigue luciendo al glorioso nivel que le ha catapultado al calificativo de mejor coro del mundo. Se ha dicho que cara director ha aportado su visión personal, y Eitler-de Lint, aunque ha sido asistente de su predecesor, no copia a aquél. La sonoridad ahora quizás ahora no es tan sedosa y a cambio un punto más densa, atractiva en todo caso.

        En definitiva, un Parsifal muy notable por batuta y un elenco sólido que, eso sí, no supera a la grabación oficial publicada el año pasado por DG -Garanča ofrece un agudo más firme, aunque los tonos plateados de Gubanova no están exentos de atractivo, y Derek Welton presenta una voz más tersa y firme, si bien Volle tiene gran presencia dramática-. En cuanto a la batuta, hay quien pueda preferir un tercer acto más fluido como el ofrecido aquí o quien prefiera el más pausado ofrecido en la grabación oficial.

Grabación digital en HD, en formato .acc a 256 kpbs, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales.

31 DE JULIO DE 2025.