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LA VALQUIRIA / BAYREUTH 2026

LA VALQUIRIA / Festival de Bayreuth, 28 de julio de 2024, 16 horas.
Otras representaciones: 5 y 13 de agosto
Nueva producción de Marcus Lobbes / Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Escenario: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Narración digital y mediante IA: Roman Senkl. Código creativo / Arte visual: Nils Corte, Phil Hagen Jungschläger.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Klaus Florian Vogt (Siegmund), Mika Kares (Hunding), Michael Volle (Wotan), Elza van den Heever (Sieglinde), Camilla Nylund (Brünnhilde), Anna Kissjudit (Fricka), Martina Welschenbach (Gerhilde), Brit-Tone Müllertz (Ortlinde), Karis Tucker (Waltraute), Freya Apffelstaedt (Schwertleite), Magdalena Hinterdobler (Helmwige), Alexandra Ionis (Siegrune), Marie Henriette Reinhold (Grimgerde), Natalia Skrycka (Rossweisse).
Minutación: Acto I: 58:51  / Acto II: 86:51 / Acto III: 69:23  / Total: 215:05 (3 horas 35 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Entre tecnología y psicodelia

        Prosigue el Anillo IA con La Valquiria. Anna Greiter saludaba desde la Radio de Baviera pocos minutos antes de las cuatro de la tarde, y también hacía lo propio Clara Corrales desde Radio Clásica, contando con Arturo Reverter en los intermedios. Reparto discutible: pareja de welsungos demasiado lírica, Michael Volle con presencia y clase, pero con un par de quiebros hacia el final, mientras que Camilla Nylund es una Brunilda imposible. Frente a ellos, Mika Kares y Anna Kissjudit ofrecen, por vocalidad y maneras, interpretaciones perfectamente homologables a las de los años dorados. En una entrevista que Christian Thielemann concedió a la Radio de Baviera, manifestó que tenía muchas ganas de escuchar en esta obra a Vogt, Volle y Nylund. No en vano, los cuatro cantantes principales -los citados y van den Heever- fueron los escogidos por él para el Anillo de La Scala que tenía previsto dirigir entre 2024 y 2025 y que canceló, pasando a ser dirigido, en las dos primeras funciones, por Simone Young y en las restantes por el más doméstico director Alexander Soddy.

        El montaje ha cosechado más críticas que en el Oro. Se relata que, de vez en cuando aparece una foto de un libro de Historia de secundaria, si bien ligeramente distorsionado para que sea difícil reconocerlo, pero llega a aparecer desde el Emperador Guillermo II a africanos demacrados víctimas de crímenes coloniales o incluso Hitler. También aparece el escritor Thomas Mann con aspecto preocupado cuando Sieglinde se enamora de su hermano, probablemente debido a que escribió Wälsungenblut, una novela corta. La pregunta es si la IA lo tuvo en cuenta o fue el equipo escénico quien introdujo a la máquina esta idea, o bien ha sido una coincidencia entre la ingente cantidad de datos que aquélla maneja. Prosiguen también las críticas a los remolinos de colores, que se presentan aleatorios. Por la red se ha llegado a leer un comentario que habla de fiesta del LSD.

        Tras el excepcional prólogo del día de ayer, Thielemann ofreció un buen primer acto de La Valquiria, pero con una temperatura más contenida. El preludio se inició animado pero no agresivo. La primera escena ofreció suavidad, trazo fino en la cuerda y un fluir natural, pero sin dejar de paladear cada pasaje. El solo de cello ofreció un glissando un punto más acusado que de costumbre. Estuvo muy pendiente de los cantantes y fue a partir de la tercera escena donde despliegó todo su potencial. El primer acto más ágil de la última década -casi 59 minutos-, y que contrasta con el tempo más estándar de los otros dos actos. Con el material tan lírico de la pareja protagonista, era la opción más sensata.

Cabalgata de las valquirias
        La temperatura subió desde el preludio del segundo, desbordante, suntuoso en la redondez del sonido, denso y apabullante. Acompañó con atención a Volle en su monólogo, acumulando tensión e incandescencia en su tramo final, culminando en una apabullante salida del dios, dejando plantada a Brunilda en un mar de dudas. Sigue un interludio a medio camino entre la melancolía y el desasosiego y una anuncio de la muerte a Sigmundo de noble factura. El final, muy electrizante.

        El tercero acto es excepcional, ya desde una poderosa cabalgata, prosiguiendo con un foso rugiente en la despedida de Sieglinde, temible en la ira de Wotan y todo un derroche de brillo iridiscente en los adioses de Wotan -impresionante clímax orquestal reteniendo el tempo- y el fuego mágico. Los tempi en conjunto son globalmente más ligeros que en su Tetralogía anterior, esta Valquiria resulta aproximadamente 15 minutos más rápida.

        Cuesta acostumbrarse al Sigmundo blanquecino de Klaus Florian Vogt, frío como un témpano en la primera escena. Ha tardado en entrar en el rol, dándome la sensación de estar un tanto reservado. En lo vocal ha tenido mejores presentaciones de su relato a Hunding en la segunda escena, como asimismo en el Ein Schwert verhieß mir der Vater con que se inicia la tercera, aunque a partir de aquí parece que comenzó a pleno rendimiento: contestó con ardor al relato de Sieglinde y brindó un buen Winterstürme, cerrando bien el primer acto. Más redondo en el segundo acto, con una réplica al anuncio de la muerte que le trae Brunilda cargada de otoñalidad, con claras reminiscencias de sus intepretaciones de la despedida en el tercer acto de Lohengrin, que torna después en incisividad. En su beneficio hay que decir que su dicción es muy clara y se entiende en todo el momento el texto. Preguntado en una entrevista concedida a la Radio de Baviera de quién fue la idea de este particular maratón de Loge, Sigmundo y los dos Sigfridos, manifestó que fue una propueta de Thielemann.

        La sudafricana Elza van den Heever posee una voz demasiado lírica para el rol de Sieglinde, echándose en falta algo más de anchura en el registro medio, si bien la línea de canto es elegante y se maneja con oficio, por lo que en conjunto su creación es agradable, pese a una dicción bastante borrosa. Debutó el rol en 2024 en Rotterdam y su puesta de largo con él fue en las representaciones de La Scala, ya mencionadas. Compuso en la primera escena una limpia y atenta Sieglinde, si bien en su relato de la tercera se notó la escasez de graves, no encontrándose del todo cómoda y pasando de puntillas por las primeras frases, que no quedaron expuestas con la debida trascendencia. Consiguió asentarse ya hacia sus últimas frases, que expuso con ardor, recibiendo una contestación ardiente -dentro de sus maneras- por parte de Vogt y culminó el acto con un buen Du bist der Lenz. En el segundo acto la falta de anchura del instrumento es perceptible en sus delirios -Hinweg! Hinweg!- con una propensión a agudos un punto metálicos. La despedida del tercer acto es un momento que demanda una voz más ancha, y donde van den Heever estuvo al límite.

        Mika Kares afronta su cuarto rol en Bayreuth, Hunding, tras Hagen, el Rey Enrique y ayer, Fasolt-. Vocalmente tiene la entidad que requiere el personaje. Dramáticamente opta por un personaje noble y hospitalario al principio, que se torna hosco cuando llega a saber quién es el que ha llegado a su casa.

        Michel Volle como Wotan hizo su entrada noble y poderoso. En su dúo con Fricka puso de manifiesto que el instrumento luce más en las frases en forte que en piano: en las primeras hay vigor, si bien en la mezza voce existe propensión a la emisión oscilante, algo que se notó también al final de los adioses. El monólogo resultó plausible sin tener la voz más bella, oscura ni tonante, gracias a sus tablas y a una buena atención al texto, aunque por momentos puedan aparecer sonoridades un punto ácidas. Su réplica a Brunilda -Ha, Freche du! / Frevelst du mir?- sonó temible. Ofreció un acabado vocal más rotundo en el tercer acto, con una entrada poderosa y demostrando autoridad para con su hija. Ofreció unos adioses profesionales, en su sitio, si bien la voz se le quebró en un momento dato, como también en su última frase.

Camilla Nylund como Brunilda entre el fuego mágico
        La finlandesa Camilla Nylund, que en Bayreuth ha cantado la trilogía de protagonistas líricas -Elisabeth, Elsa y Eva-, así como una Sieglinde en 2017, abordó Isolda en 2024 y 2025 como premio de fidelidad a la casa y ahora corona su trayectoria en el Festival, donde debutó en 2011, con Brunilda. Ya en su entrada se puso de manifiesto su intento por sacar volumen y anchura al instrumento, como también ocurrió en el final del anuncio de la muerte a Sigmundo -una pena, pues la orquesta rugió incadescente-. Falta anchura y metal para la parte, con un instrumento netamente lírico que, si bien ha ganado anchura respecto a hace una década, no es ni tonante ni lacerante, más bien carnoso, al que hay que añadir el peculiar vibrato, que con los últimos años se ha vuelto acusado, si bien, 
como he podido comprobar, es más patente por radio que en vivo. Demostró más hechura en el tercer acto, y funcionó bien como la valquiria arrepentida ante Wotan, aunque en su intervención final estuvo al límite. En definitiva, una voz fuera de rol. Según pudo seguirse en la retransmisión, pues Anna Greiter va relatando quién comparece al escenario a saludar, no obtuvo abucheos, pero sí una reacción del público discreta.

        Anna Kissjudit compone una magnífica Fricka, como ocurrió en la tarde de ayer, oscura y poderosa, con mucho fuste, en una interpretación incandescente en sus demandas a Wotan, muy atenta al texto, cuyo único pero es que, por tesitura, sonó un poco apurada en sus frases finales al regreso de Brunilda.

        Notable octeto de valquirias, que conserva la mitad del año pasado e introduce a las debutantes en Bayreuth Martina Welschenbach, Karis Tucker y Freya Apffelstaedt, con la incorporación este año al conjunto de Natalia Skrycka, que venía formando parte del trío de ondinas desde el Anillo de Simone Young.

        La reacción del público no se hizo esperar, con abucheos a la parte escénica, más patentes que en el prólogo, y una reacción al elenco más discreta que el día anterior. Una Valquiria donde Thielemann se tomó con suavidad las dos primeras escenas del primer acto y después comenzó a subir la temperatura, excepcional en muchos momentos, destacadamente en el tercer acto. Una pena que el elenco deje un sabor agridulce, con una pareja de welsungos demasiado lírica y una Brunilda imposible. Volle aguanta el tipo con dignidad y es Wotan.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 323 kbps, procedente de la Radio de Polonia.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales de la Radio de Baviera

28 DE JULIO DE 2026.

NOVENA DE BEETHOVEN / BAYREUTH 2026

NOVENA DE BEETHOVEN / Festival de Bayreuth, 25 de julio de 2025, 18 horas.
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Elza van den Heever (soprano), Christa Mayer (contralto), Klaus Florian Vogt -en sustitución de Piotr Beczala- (tenor) y Georg Zeppenfeld (bajo).
Minutación: Preludio de Maestros Cantores: 9:52; Entrada de los invitados de Tannhäuser: 9:02; Novena Sinfonía de Beethoven: 73:12.
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Novena para los anales de la Historia

        Veinticinco años después de que se escuchara por última vez, en 2001, la Novena de Beethoven regresó al Palacio de Festivales para conmemorar los 150 años del certamen. El elegido, por derecho propio, ha sido Christian Thielemann, quien debutó en la Verde Colina en 2000 siendo director de la Deutsche Oper de Berlín y ahora se pone al frente de este aniversario como director de la Staatsoper de Berlín. Un doblete nada usual, como tampoco lo es dirigir dos veces la obra, un privilegio que comparte con Wilhelm Furtwängler, quien lo hiciera en 1951 y 1954.

        De su Novena de 2001 no hay registro oficial. De adolescente conseguí, años después y en la red, grabación procedente de la retransmisión que hizo la Radio de Baviera. En Radio Clásica, para aquél histórico acontecimiento -50 años del Nuevo Bayreuth-, estaba a los micrófonos Ángel Fernando Mayo. ¡Esa retransmisión merecería ser recuperada por Radio Clásica y colocada en su archivo de la web! Con motivo de la mudanza a la que hoy es mi casa, el CD en que contenía esa Novena desapareció (confío en que se encuentre en alguna caja que todavía no he localizado). Afortunadamente he comprobado que la grabación sigue en la red y que puede escucharse. Una Novena que, por la acústica expansiva del Festspielhaus, la nutrida cuerda -leí en su momento que numerosos miembros de la Orquesta de la Deutsche Oper quisieron unirse a la efeméride- y la interpretación grandiosa y detallista a partes iguales del berlinés, ha constituido a mi juicio -a salvo lo que diremos hoy-, por derecho propio, la interpretación por excelencia de la obra en el último medio siglo, y que es digna sucesora de las que dirigiera Furtwängler en 1951 y 1954. Una versión que es superior a la registrada por Thielemann en Viena para su integral de SONY en 2010.

        Si el elenco de 2001 utilizaba a cuatro cantantes procedentes de los Maestros que el berlinés dirigía en aquél momento -Emily Magee, Michelle Breedt, Robert Dean Smith y Robert Holl-, ahora emplea a cuatro cantantes de su confianza: las damas son la Sieglinde y Erda/Waltraute de su Anillo, Elza van der Heever y Christa Mayer, mientras que con los hombres, Piotr Beczala y Georg Zeppenfeld, Thielemann ha tenía una dilatadísima colaboración mano a mano -en Bayreuth en su Lohengrin-, y de hecho ambos aparecieron en la Novena de su integral para SONY. Ahora bien, todos los años han imprevistos y noticias de última hora en el Festival. Este año no iba a ser menos. En el último momento, Beczala anunció su cancelación debido a una afección de laringe, anunciándose a Klaus Florian Vogt. Quizás la providencia ha puesto las cosas en su sitio: Vogt debutó en Bayreuth en 2007 y ha sido un indispensable en el Festival: ha cantado -por orden de participación- Walther, Lohengrin, Parsifal, Sigmundo, Tannhäuser y Sigfrido- y este año cantará, asimismo, Loge. El tenor que, en el siglo XXI, se ha presentado con un mayor número de roles en el Festspielhaus.

        Por la mañana tuvo lugar la tradicional ofrenda del Coro en la tumba del Maestro, con la presencia también habitual de un conjunto de metales, donde se escucharon coros de Rienzi.

        En la Radio de Baviera ha estado al frente de la retransmisión Constanze Fennel. La emisora ha optado por el falso directo, iniciando la retransmisión a las 20 horas, evitando de esta manera el descanso de 50 minutos entre las dos partes, ofreciendo la retransmisión sin solución de continuidad. En cambio, Radio Nacional de España y la RAI italiana han optado por el rigusoro directo a las 18 horas. La retransmisión de Radio Clásica ha corrido a cargo de Irene de Juan, con la traducción de los discursos de Gracia Terrén, que ha hecho una encomiable labor. Hay que achacarle a la Radio de Baviera haber omitido en su retransmisión las fanfarrias, que han sonado desde el balcón del Festspielhaus: en la primera parte la correspondiente al primer acto de Maestros y en la segunda, la propia de la Novena. Esta última es inhabitual y mercería la pena haberla rescatado para la retransmisión. 

        La presencia de la Orquesta y el Coro junto a Thielemann, ha sido recibida por el público con un cálido aplauso. El escenario de negro, exhibía al fondo el mural gigante obra del artista húngaro de graffiti Fat Heat. En él, Luis II de Baviera aparece en el centro de la escena, en concreto en una estancia que recuerda a la Sala del Grial -precisamente, sostiene una copa-, arropado por la bandera de Baviera y la alemana, y rodeado de personalidades de distinta condición pero que, de una manera u otra, han tenido que ver con estos 150 años de Festival: Wagner, Cósima, Siegfried, Katharina, Furtwängler, Toscanini, las actuales directoras Oksana Lyniv y Natalie Stutmann y, a la izquierda, entre otros, encontramos a Hitler, que muestra una carcajada un tanto malévola.


        El discurso de bienvenida ha correspondido a Katharina Wagner como Directora del Festival. La hija menor de Wolfgang ha sorprendido por su delgadez y cambio de aspecto frente a años anteriores. Ha comenzado su intervención con unas palabras dirigidas a su hermana Eva, codirectora del certamen entre 2009 y 2015 -fecha en que cumplió los setenta años-. No he podido saber si Eva, de 81 años, se encontraba en el público. Sí se encontraba Nike Wagner, hija de Wieland, a quien le ha correspondido cerrar las intervenciones.

        Tras el discurso de Katharina se ha sucedido la interpretación del preludio de Maestros, en una lectura bombástica, opulenta en el fraseo y con un apabullante rubato. Desde los primeros compases se notaba que Thielemann era consciente de que no estaba ante una interpretación cotidiana, estaba ante un acontecimiento histórico, y dirige con absoluta unción, concentración y devoción. Todo un prodigio de la dirección el ir rallentando en la reexposición de forma casi imperceptible si no es cuando ya estamos casi al final de la misma y crear un clímax explosivo. Nota común a las lecturas de Thielemann en esta ocasión ha sido el riesgo: un riesgo elevado, con cambios de tempo, rubatos, búsqueda de sonoridades, etc... que exige una orquesta de extraordinaria precisión y un entendimiento con los músicos absoluto. Aspectos estos que se ponen de manifiesto sin reservas en lo escuchado.

        A la pieza han seguido los discursos del Canciller alemán y del Presidente de Baviera, Fiedrich Merz y Markus Söder, respectivamente. El primero ha tenido ocasión de referirse a la polémica suscitada por la conferencia del periodista y publicista judío Michel Friedman, que inicialmente iba a tener lugar a finales de junio, fue suspendida por la polémica suscitada y, finalmente, se desarrollará en la mañana del día 26 en el Festspielhaus, en el contexto de un acto denominado Verstummte Stimmen (Voces silenciadas), con intervenciones musicales dirigidas por Semyon Bychkov. También Katharina ha utilizado su intervención para defender este acto.

        Tras estos discursos, ha sonado la entrada de los invitados del segundo acto de Tannhäuser, en una lectura que se ha iniciado suave, camerística y elegantísima, con la fanfarria de las trompetas en piano. Tempo dilatado y fraseo ensoñador en la cuerda. Su desarrollo ha sido atentísimo, con un coro que siente el texto en cada frase y con un absoluto control de dinámicas en cada frase. Culminó con un final explosivo y rotundo.

        Siguió el discurso de Nike Wagner
Katharina y Nike Wagner
, que en el programa figuraba como el inaugural, propiamente. Por ello ha sido 
el más extenso y también el más profundo, donde tuvo ocasión de poner de manifiesto tanto la trayectoria del Festival a lo largo de su Historia como la figura singular de su bisabuelo, con mención expresa a su tatarabuelo Franz Liszt. Concluyó contando la anécdota de que el manuscrito de Tristán fue enviado por Wieland a Barcelona en 1945, en las postrimetrías de la Guerra, regresando a Bayreuth en 1973 a solicitud de Wolfgang, cuando se constituyó la Fundación Nacional Richard Wagner. Puede haber comentarios discutibles, como cuando al final ha sugerido que habría que lamentar que el certamen ya no esté bajo el control familiar sino de organismos de financiación estatal. Es evidente que el Festival, como cualquier otro evento cultural de estas características, no puede funcionar a coste de mercado, y la financiación pública se hace imprescindible. Tampoco parece que el poder público se haya inmiscuido nunca en los criterios artísticos de la Dirección, por lo que no se entiende el disgusto expresado. En todo caso, parece que las divisiones de ramas, que tantos ríos de tinta han hecho correr en el último medio siglo, aparecen ahora atenuadas en los bisnietos.

        Tras un descanso de cincuenta minutos, donde Irene de Juan en Radio Clásica ilustró la relación de Wagner con la Novena de Beethoven. Especialmente destacado ha sido rescatar las notas a la Novena que Wagner redactó en su etapa de Dresde.

        Y llegó la Novena. Vamos a anticiparnos y dar previamente el veredicto final: estamos ante una lectura histórica, absolutamente referencial, y que por el minucioso tratamiento de cada pasaje, el rubato, la atención a las filigranes sonoras de los distintos instrumentos y un coro explosivo, apabullante y triunfal, entronca directamente con Furtwängler y, en particular, con su última interpretación de la obra, aquella que dirigió el 22 de agosto de 1954 frente al lago de Lucerna, junto a la casa de Wagner, con la Philharmonia de Londres (Tahra). Desde entonces, Karajan, Böhm, Bernstein y Barenboim han desarrollado interpretaciones sobresalientes de la Novena en varias ocasiones, pero es de justicia reseñar que Thielemann las supera en esta ocasión. Una interpretación que supera, asimismo, la llevada a cabo en la Musikverein de Viena en 2010 con la Filarmónica (SONY) que, a su vez, era superada por la que dirigió en el Festspielhaus hace veinticinco años, y que no ha sido publicada. Es razonable pensar que DG publicará para el próximo verano lo escuchado aquí.

Thielemann en un momento del concierto
        La Novena de 2001 le duró a Thielemann 72'40 -más lenta que la que dirigiera Böhm en 1963, con 70'29, y más rápida que las de Furtwängler, quien en 1951 se movió en el entorno de los 74'30 y, tres años más tarde, en 1954, pasó los 75-. En todo caso, el planteamiento beethoveniano de Thielemann siempre ha mirado a Furtwängler -Karajan era más ágil y no sobrepasaba los 70 min-. En esta ocasión la minutación es de 73:13.
Por movimientos: 16'48 (I), 14 (II), 17'25 (III) y 25'35 (IV). En 2001, el desglose fue: 16'36 (I), 12'56 (II, si bien en esta ocasión se omitió la repetición de la primera sección), 17'34 (III) y 25'12 (IV). No hay, por tanto, diferencias significativas, apenas unos segundos más en esta ocasión, salvo el tercer movimiento, que fue nueve segundos más rápido en esta ocasión. Me detengo en la cuestión de las minutaciones porque he leído por la red algún comentario expresando la excesiva lentitud de Thielemann en los dos primeros movimientos frente a la mayor ligereza del cuarto. Pues si consideramos como canónicas las interpretaciones de Furtwängler, Thielemann es ligeramente más rápido, y aunque efectivamente el primer movimiento resultó de un pathos opulento y recargado y el cuarto denotó mayor chispa y frenesí, en realidad en este último movimiento el berlinés superó la minutación de Furtwängler tanto de 1951 como de 1954. Valgan estas indicaciones para hacer patente que una cosa es la concepción que el director puede tener de uno u otro movimiento y otro muy diferente el tiempo que invierte en él, hasta el punto de que ni el primer movimiento es tan lento como parece ni el último tan ligero como la batuta nos transmite. El director sí ha conseguido transmitir la contraposición entre el pathos del primer movimiento y la sincera alegría del cuarto.

Klaus Florian Vogt y Georg Zeppenfeld
        Thielemann tardó unos instantes en poner en marcha ese mecanismo preciso que es la nota de la trompa (13 compases) junto con los seisillos en violines II
-quinta justa la2-mi3-, que a mí particularmente siempre me ha emocionado al interpretar la obra. Desde el primer momento evidenció un sonido dúctil, envolvente, musculado, apoyado en una cuerda de magnífico empaste pero nada brumoso, cristalino en todo el entramado, afrutado, en un Beethoven que bien mira al Brahms más crepuscular y el Bruckner más lírico. No encontraremos aquí las lecturas duras y graníticas apoyadas en percusivas trompetas y timbales que tanto se asocian a Beethoven. La articulación es magnifica, con momentos excepcionales: el juego de fuerzas cuerda-maderas en la reexposición en el primer movimiento, previa a la coda o el ritmo marcado por las trompetas, suave pero presente, en el tema de la Oda con el coro. Las trompas estuvieron magníficas, destacando en suavidad, elegancia y nitidez en los solos de los dos primeros movimientos.

        El segundo movimiento resultó más frenético que en 2001 y que en la grabación vienesa de 2010. Al llegar al clímax de la sección central enlentenció el tempo, como es seña de identidad, pero no de forma tan acusada como en la interpretación de 2010 -un detalle absolutamente excepcional de aquella grabación-. La audiencia apaludió tras este segundo movimiento.

Elza van den Heever y Christa Mayer
        El tercer movimiento ofreció dulzura, en una lectura cargada de lirismo y ensoñación, muy 
humana. El propio Wagner en sus notas a la Novena describió este movimiento con la metáfora Tejer el hilo hasta que se deshace. Y eso es lo que hizo Thielemann. Poco importa la anecdótica pifia de la trompeta en la primera fanfarria que interrumpe la última variación -fanfarrias que se resultaron más blandas de lo que estamos acostumbrados-. Una pifia que concede sabor y magia de directo a una interpretación que se ofrece en vivo, de una vez, de un tirón, sin trampa ni cartón.

        El cuarto movimiento, tras un comienzo que no se caracterizó por el cataclismo ni la dureza, ofreció una línea cantábile de tempo vivo en el tema de la Oda a la Alegría desde la aparición del tema en cellos y contrabajos. El fagot se muestra muy nítido y presente y, con la aparición del bajo, el oboe sonó nítido y brillante. El control de las distintas secciones, su mayor presencia o su mayor discreción estuvo controlado al milímetro, ofreciendo un sonido de una homogeneidad apabullante, rotundo y elegante, del terciopelo más denso y suave que se puede imaginar.

        El cuarteto vocal, de voces netamente líricas, un punto más de lo que se estila, funcionó bien, empastado y plegado a las exigencias del director. En su entrada, Zeppenfeld sonó perceptiblemente emocionado -al borde de un quiebro vocal-.

        El Coro, dirigido por Thomas Eitler-de-Lint, dejó claro que es el mejor coro del mundo, ya desde su primera entrada, con un Freide! rotundo, cortante y mayestático. Eitler-de-Lint se estrenó el pasado año como director, y un año después parece evidenciar que su proyecto para con el Coro del Festival es seguir la estela del histórico Wilhelm Pitz: un sonido poderoso, granítico, rotundo, frente a su predecesor Eberhard Friedrich, que buscó un sonido más suave y limado, aterciopelado. En todo caso, dos formas magníficas de entender la dirección coral, como depositarios de una tradición centenaria. En esta Novena el Coro del Festival ha evidenciado que no tiene rival.

        La interpretación finalizó con estruendosas ovaciones, comenzando acto seguido un importante pataleo, máximo signo de aprobación. No ha sido esta una interpretación de rutina o compromiso por parte de Thielemann. Lo evidenciado tanto en las dos primeras obras como en la Novena es un compromiso absoluto, con una dirección absolutamente arriesgada, de quien conoce las obras y conoce a los músicos y los músicos al director. Música con mayúsculas.

Grabación digital en HD, en formato .aac a 192 kbps, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y formales

LOHENGRIN / BAYREUTH 2025

LOHENGRIN / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2025, 16 horas. Otras representaciones: 4, 6 y 9 de agosto
Producción de Yuval Sharon estrenada en 2018 / Decorados y vestuario: Neo Rauch y Rosa Loy. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Andreas Bauer Kanabas (Rey Enrique, en sustitución de Mika Kares), Piotr Beczala (Lohengrin), Elza van den Heever (Elsa von Bravant), Olafur Sigurdarson (Friedrich von Telramund), Miina-Liisa Värelä (Ortrud), Michael Kupfer-Radecky (Heraldo), Martin Koch (primer noble brabanzón), Gideon Poppe (segundo noble brabanzón), Felix Pacher (tercer noble brabanzón), Markus Suihkonen (cuarto noble brabanzón)
Minutación: Acto I: 59:20 / Acto II: 82:47 / Acto III: 60:46 / Total: 202:53 (3 h 22 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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El regreso del mago. Y sobre el Coro de Bayreuth


        Se esperaba con impaciencia: el regreso de Christian Thielemann a Bayreuth después de dos temporadas ausente, con
diferencias ya arregladas con Katharina Wagner y no sin presión desde el Consejo de Administración y la Asociación de Amigos del Festival, que consideraban la vuelta del berlinés como una prioridad. Ciertamente la retirada prematura de este Lohengrin no dejó buen sabor de boca, y ha sido una alegría que haya completado su andadura en cartel. Bien merecería una prórroga, algo que podría suceder en 2027, pero parece que los vientos soplan por concedérsela tanto al Holandés de Dmitri Tcherniakov como al Tannhäuser de Kratzer, logrando ambos de esta forma seis años en cartel. Juega en contra el hecho de que Thielemann se ocupará de la nueva producción de Parsifal -aunque ya dirigió dos títulos en 2001 (Parsifal y Maestros) y 2012 (Tannhäuser y Holandés)- y que esta producción se arrastra desde 2018 -no se programó en 2021 aduciéndose que, en pandemia, la colocación del coro en el montaje era problemática-.

        El Lohengrin azul Delft diseñado por Neo Rach y Rosa Loy ha sido alabado por el público pese a un protagonista que es el hombre de la luz -¿de ahí quizás que todos sean una especie de insectos con alas que revolotean en torno a la instalación?- y a quien esa superioridad se le acaba subiendo a la cabeza en el tercer acto. Un montaje que tiene más interés en cuanto al decorado -ese maravilloso comienzo del segundo acto con atmósfera nocturna azulada- y al vestuario que al mensaje de fondo, que queda un tanto cojo. El público ha aclamado fervorosamente la representación, si bien creo que no ha sido ni el mejor Lohengrin de Beczala ni la mejor dirección de Thielemann, ambos dentro del sobresaliente. Quizás la función tiene algo de misticismo por el regreso de ambos, sobre todo tras la salida abrupta del berlinés, y teniendo en cuenta que ya tiene apalabrado Parsifal para 2027, sumado a lo que a continuación diremos del polaco.

        Del reparto original sólo queda el protagonista, el polaco Piotr Beczala, que por agenda no pudo acudir a Bayreuth en 2022 -debutaba Radamés en Salzburgo- pero quien deslumbró en 2018 y 2019. Ha llegado a Bayreuth tras dos funciones en el Festival de Ópera de Munich, si bien para 2026 lo tiene programado para Baden-Baden en primavera. Tras un 2024 sin abordarlo, fue un rol recurrente en su agenda en 2023: se le escuchó en el Bolshoi, Viena, París, Nueva York y Budapest. Su regreso a Bayreuth alienta las expectativas de que pueda ser el próximo Parsifal para 2027 con Thielemann: en septiembre de 2020 el tenor declaró en una entrevista que estaba preparando el rol para cantarlo en la producción que tenía previsto dirigir Thielemann en 2023. Finalmente el tenor decidió no preparar el rol y, asimismo, el director salió de Bayreuth y el Festival Escénico Sacro recayó en Pablo Heras-Casado. Pero es que últimamente se ha vuelto a escuchar que el polaco va a preparar el papel. Por lo tanto se espera en Bayreuth verle en 2027.

        El resto de roles se reparten entre debutantes y habituales procedentes del Anillo. Debutan Elsa van den Heever como Elsa y Miina-Liisa Värelä como Ortrud. Entre los habituales se han incorporado a este montaje Olafur Sigurdarson como Telramund y Michael Kupfer-Radecky como Heraldo. Mika Kares se iba a ocupar del Rey Enrique, pero por indisposición ha cedido el testigo en esta función a Andreas Bauer Kanabas. En los años anteriores el rol recayó en Georg Zeppenfeld, pero probablemente haya declinado hacerse cargo del rol por tener mañana la segunda representación de Maestros.

        El mago Thielemann desarrolla una lectura suave y redondeada, con un sonido de indudable belleza. Comienza con un preludio suave y etéreo, provisto de cierta melancolía y creciendo hasta el clímax. Aquí y allá hay detalles de sonoridades originales, comenzando por el preludio, donde entresaca detalles de las maderas entre la melodía de los violines.

        Hay originalidades: en la introducción el metal está presente sobre la cuerda para luego ir creciendo la cuerda -ocurre también en el interludio que representa el amanecer en el segundo acto-, la bajada a piano subito en una de las frases finales del coro, el impulso con que se pronuncian los versos Preis deinem Kommen! / Heil deiner Art... o un accelerando final. En el segundo acto tras una sutil escena nocturna, demostró explosividad en la  escena de las tropas. Nótese el detalle original de los clarinetes, seguido del arpa, en la transición que va de la entrada de las mujeres al pasaje que acompaña a Elsa a la catedral, este último por cierto con una madera de sonoridades preciosistas-. La temperatura dramática ha ido subiendo a lo largo de la escena frente a la catedral, con momentos de verdadera incandescencia -el enfrentamiento entre Elsa y Ortrud, las contestaciones del coro y la entrada del Rey con Lohengrin-. Otro detalle: el ritardando en el tema de Telramund en los trombones cuando pregunta, altivo, su identidad al protagonista. La primera intervención del órgano ha sonado con bastante más presencia de lo habitual, desconozco si se debe a la colocación de los micrófonos para la retransmisión o efectivamente ha sonado así en la sala. En el tercer acto se muestra limpio y elegantísimo, y un largo silencio dramático se produce después de que Telramund irrumpe en la cámara nupcias y el protagonista lo mata. Nótese el redoble bastante presente cuando introducen el cadáver de Telramund a presencia del Rey.

        En cuanto a la minutación, nos encontramos ante la segunda más ágil a lo largo de los cuatro años en que ha dirigido este montaje: 3 horas y 22 minutos, frente a las 3 horas y 17 minutos el año del estreno (2018), siendo la más lenta en 2019, con 3 horas y 26 minutos.

Elsa (van den Heever) y Lohengrin (Beczala)
        Piotr Beczala compone un sobresaliente Lohengrin a sus 58 años: 
bello timbre, interpretación viril y arrojada, fraseo bien planteado y agudos brillantes. Tengo la sensación, no obstante, que en sus dos apariciones anteriores en el Festival ofreció una mayor variedad de dinámicas. Su intervención aquí me resulta demasiado asentada en el mezzoforte-forte -en esto recuerda a Sándor Kónya, si bien el húngaro ofrecía un Lohengrin más etéreo y el de Beczala es más viril y con ciertas resonancias heroicas-. Puede que haya influido un poco la rutina: el polaco venía del Festival de Ópera de Munich, donde había cantado dos funciones, que se suceden a éstas casi sin interrupción -la segunda en Munich fue dos días antes y las cuatro que se ofrecen en Bayreuth van también bastante seguidas-, y a su vez los ensayos finales de Bayreuth precedieron a las funciones de Munich. No obstante, en el dúo con Elsa del tercer acto exhibió cierta suavidad y, en general, un punto de melancolía. En el inicio del In fernem land faltó un punto de misterio, iniciado en mezzo piano y como sin atreverse a afrontarlo en mezza voce, a la que luego se animó unos versos después. En todo caso, vocalmente es la voz más importante de todo el elenco, por materia, técnica y fraseo.

        La sudafricana Elsa van den Heever -por el apellido probablemente de ascendencia bóer-. estudió en el Conservatorio de San Francisco y debutó tempranamente en el Metropolitan, donde precisamente el pasado mes de mayo apareció como Salomé, junto Peter Mattei y Gerhard Siegel. Comenzó como mozartiena y belcantista, y es una lírica pura. La línea de canto es elegante y frasea con gusto, pero el timbre es un tanto monjil y metálico y hay un cierto vibrato nervioso en la zona alta. Empezó fría, con poco cuerpo y temblona en el agudo, con propensión a sonidos abiertos. Estuvo más convincente en el segundo en el dúo con Ortrud. En el tercer acto la voz pequeña y metálica contrasta con la calidez de Beczala. En otoño será Sieglinde en el Anillo que está desarrollando Pablo Heras-Casado en París, papel que llevará a Bayreuth el año que viene. No sé qué tal estará en esa nueva aventura.

Telramund (Sigurdarson) y Ortrud (Värelä), quienes
físicamente encajan bien
        Olafur Sigurdarson es un Telramund carente de nobleza, con un timbre blanquecino y emisión poco elegante que no le va a un personaje que, ante todo, es un conde. No admite comparación con lo conseguido por Tomasz Konieczny en 2018 y 2019 y creo que Martin Gantner en 2022, aun teniendo una voz mate y descolorida, era más tersa y la línea de canto más estable.

        Debut en Bayreuth de la finlandesa Miina-Liisa Värelä como Ortrud, notable en lo vocal, cómoda en la tesitura -un punto metálica en su imprecación a Elsa frente a la catedral en el segundo acto-, menos en cuanto a presencia dramática, componiendo una villana estándar, sin una especial profundización psicológica.

        El bajo Andreas Bauer Kanabas, oriundo de Jena, fue miembro del elenco estable de la Staatsoper de Berlín entre 2007 y 2012 y, desde 2013, lo es de la Ópera de Frankfurt, desarrollando un repertorio variado, de Mozart a Verdi y música sacra, teniendo en repertorio los roles wagnerianos de Daland, Landgrave, Rey Enrique y Rey Marke. Además, ha hecho apariciones en teatros importantes: en Dresde con Thielemann hizo de Eremita en El cazador furtivo en 2015 -hay grabación en vídeo de C Major-, en Londres, Budapest o en las Óperas Cómicas de Berlín y París-. Ha sustituido in extremis a Mika Kares como Rey Enrique. Tenía ganas de escuchar a Kares, excelente Hagen y una voz de relieve, pero Bauer Kanabas se ha desempeñado con solvencia. Bajo cantante, de volumen suficiente, cómodo en la tesitura pero no tonante en el agudo, de acentos más bien suaves, con algún detalle interesante en el fraseo y componiendo un monarca venerable, un punto condescendiente. Personalmente soy gran defensor de los cantantes de elencos estables de teatros alemanes, pues son una garantía de solvencia y profesionalidad, como es el caso.

Michael Kupfer Radecky como Heraldo
        Michael Kupfer-Radecky, el Gunther del Anillo, ha sido un Heraldo tonante, más dado al volumen que a la sutiliza, con alguna estridencia puntual, pero efectivo. La voz tiene volumen y anchura, y en algún momento se confunde con la de Bauer Kanabas -no ocurrirá así con Kares, con quien ha hecho en los últimos años el Anillo-. Curiosamente, en su llamada a las tropas en el segundo acto ha tenido algunas frases en piano más detalladas.

        Muy bien los cuatro nobles brabanzones, con voces de entidad.

        El Coro ha demostrado su nivel, si bien en el primer acto un punto inferior respecto a lo ofrecido en Parsifal y el Ocaso, con algún leve desajuste en el complicado pasaje del sotto voce cuando ven aparecer a Lohengrin. En la escena de las tropas en el segundo acto quedó patente que la sonoridad no es tan sedosa como la de Eberhard Friedrich, optando por una textura un punto más granítica, que recuerda a los tiempos de Wilhelm Pitz -nótese en las contestaciones explosivas a Elsa frente a la catedral-. Al final de acto ha hecho gala de una suavidad que va creciendo hasta lo explosivo y se ha manejado muy bien en el tercero.

        A mi juicio estamos ante el año más flojo de los cuatro en que se ha visto este montaje -le aventajan con diferencia los de 2018 y 2019-, sin que sea malo, pues es una representación que se disfruta.

        La Radio de Baviera no emitirá el Tristán de Semyon Bychkov. Una pena, pues la dirección del ruso fue magnífica el pasado año y este año tenía buenas expectativas respecto a la Brangania de Ekaterina Gubanova y al Kurwenal de Jordan Shanahan. Tendré oportunidad de presenciar la función del 10 de agosto. Con este Lohengrin, por tanto, finalizan las retransmisiones del Festival de Bayreuth. Una edición donde el nivel directorial ha sido muy alto y que, en general, ha habido también un alto nivel vocal. Desde que comento las retransmisiones y, en general, desde que escucho el Festival, es el primer año en que hay que hacer alguna advertencia en cuanto al Coro. Es un tema del que no se quiere hablar, pero creo que es necesario poner de manifiesto una serie de datos. Nada más finalizar el Festival de 2024 se abrió el periodo para que los candidatos pudieran postularse -recibimos una cantidad increíble de solicitudes, declaró el Director artístico Guido Hackhausen-. El 15 de octubre se cerró el plazo de presentación de candidaturas y se convocaron audiciones en siete fechas distintas en siete ciudades europeas -entre ellas Ámsterdam, Londres, Leipzig o Dortmund, explicó Hackhausen- y, por supuesto, los que ya formaban parte del Coro pudieron también postularse. El resultado es que el ochenta por ciento de los coristas son nuevos. Y aquí llega la cuestión: ¿sólo un veinte por ciento han conseguido revalidar la plaza o es que ha habido mucha gente veterana que se ha negado a pasar por el aro de una nueva audición? El tenor Jörg Golombek, miembro del elenco estable del Teatro de Friburgo y desde 2002 y hasta el pasado verano miembro del Coro, criticó duramente a Katharina Wagner por el trato que dispensaba al Coro al obligar a pasar a todos sus miembros por una nueva audición. Respondió Hubertus Herrmann, jefe de prensa del Festival, declarando: Es un proceso complemetamente transparente y necesario para un nuevo director de coro escuchar primero cada voz individualmente en una audición para obtener una visión general de las voces disponibles, con las que luego trabajará intensamente durante los meses de verano. Golombek se negó a acudir a la audición, y es factible pensar que unos cuantos más. Adució que supone un menosprecio al coro y que ningún director se ha quejado nunca de la falta de rendimiento del Coro del Festival más allá del proceso normal de ensayo; al contrario: una y otra vez, directores e incluso directores de orquesta acudieron a la sala del coro para expresar su gratitud por la colaboración especial. En su carta enfatizaba la disposición de los miembros a permanecer fieles al Festival en condiciones difíciles y a hacer sacrificios económicos, denominando el Coro del Festival como el Olimpo entre los coros de ópera, pero la disolución al acabar la edición de 2024 sin previo aviso no le parecido correcta. A esta crítica el Festival responde con un argumento formal: la invitación a formar parte del Coro es por un año y se renueva anualmente, por lo que no existe un derecho adquirido a permanecer en él. No hay, en definitiva, miembros permanentes. También han circulado voces que critican que, por el hecho de llegar un nuevo director haya que hacer audiciones generales, algo que no ocurre habitualmente. Desconozco si cuando Eberhard Friedrich sustituyó a Norbert Balatsch en 2000 hubo un proceso similar. En todo caso, el pasado mes de febrero Gerrit-Michael Wedel, Director General de la Asociación Alemana de Conjuntos de Ópera y Danza advirtió del riesgo de la pérdida de calidad del Coro.

        Creo que el hecho de que el ochenta por ciento de los coralistas sean nuevos es la causa de ese sonido tan macizo y menos envolvente en piano frente al sonido trabajado por Friedrich durante su andadura. Es de prever que sus integrantes vayan cogiendo experiencia en la compleja acústica del Festspielhaus. Antonia Goldhammer en su crítica para la Radio de Baviera se hace eco de ese exceso de volumen en algunos momentos -dice que los miembros del coro tenían muchas ganas de impresionar-. Es optimista, pidiendo que se dé tiempo hasta que todo se tranquilice. En todo caso, es una alarma importante. Espero y deseo que sea una cuestión de la recién efectuada reestructuración y nueva dirección, y que en años próximos volvamos a calificar de excepcional sin salvedades el que siempre ha sido gloria indiscutible del Festival.

Grabación digital en HD, en formato .acc a 256 kpbs, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales.

6 DE AGOSTO DE 2025.