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Novedades Bayreuth 2027

26/06/2026 

Aunque el Festival no ha emitido comunicado oficial, por la red circulan una serie de avances sobre la edición de 2027.

Yuval Sharon, Rosa Loy y Neo Rauch, equipo del
último Lohengrin que pudo verse en el Festival

        Según circula por las redes, se confirma una nueva producción de Parsifal para 2027, con Christian Thielemann en el podio. Es conocido que ciertos malentendidos entre el director berlinés y Katharina Wagner motivaron la ausencia del primero en la edición de 2023 y la adjudicación de la entonces nueva producción de Parsifal -encomendada a Jay Scheib- a Pablo Heras-Casado. Tras dos años de ausencia, resueltas las diferencias, Thielemann regresó al Festival en 2025 con la reposición del montaje de Lohengrin de Yuval Sharon, cuyos decorados y vestuario firmaron el matrimonio Neo Rauch y Rosa Loy. Este dato es importante, porque parece ser que la nueva producción del Festival Escénico Sacro, encomendada a Ersan Mondtag, artista multidisciplinal berlinés, lleva también decorados y vestuario de la pareja sajona. Parece que Thielemann se entiende bien con ellos, quizás por su larga etapa en Dresde (2012-24). Ciertamente, el vestuario y los decorados del Lohengrin azul llamaron la atención y elevaron puntos a un konzept de Yuval Sharon muy inconsistente en su desenlace. Se desconoce el reparto, pero suena cada vez con más fuerza que Piotr Beczala protagonizará la obra, tras debutar el rol en marzo de 2027 en la Staatsoper de Viena con Simone Young en el podio. Se repartirá las funciones con el norteamericano Christopher Sokolowski, uno de los heldentenores más importantes de la nueva generación -tiene 35 años-.

Vuelve Maestros, en la producción de Matthias Davids, tras un año de descanso. Se dice que Daniele Gatti no estará a su frente y que toma el relevo Simone Young, quien dirigió los dos últimos años de la Tetralogía de Valentin Schwarz y contribuyó a elevar el interés de un montaje fuertemente criticado. Las circunstancias extramusicales que rodean a Daniele Gatti, unido a ciertas desaprobaciones que se escucharon en a sala el año pasado -a nuestro juicio, extramusicales también- puede que hayan contribuido a ello.

Thomas Guggeis

        Como ya anunciamos desde que finalizó la edición de 2025, regresa el Tannhäuser de Tobias Kratzer, una producción pre pandemia estrenada en 2019 y que ha podido verse además entre 2021 y 2024. Un sexto año en cartel que probablemente genere alta demanda de entradas. Un cuarto director para una producción que ha pasado primero por Valery Gergiev (2019), Axel Kober (2021 y 2022) y Nathalie Stutzmann (2023 y 2024), el debutante Thomas Guggeis, que al tiempo de su debut contará con 34 años. Oriundo de Dachau (Baviera), comenzó como asistente de Daniel Barenboim en la Staatsoper de Berlín, donde sería nombrado kapellmeister en 2020, convirtiéndose en el director más joven en alcanzar este rango en la prestigiosa institución. En 2023 comenzó su andadura como Director Musical General de la Ópera de Frankfurt, un teatro que habitualmente pasa desapercibido frente a Berlín, Munich, Dresde o Hamburgo, pero que cuenta con una importante programación operística y unos cuerpos estables y solistas de mucha calidad.

Y, finalmente, parece ser que el Festival contará con un nuevo estreno, un Lohengrin debido a la regista italiana Ilaria Lanzino, primera directora de escena italiana en el Festival. Muy vinculada a la Deustche Oper am Rheim (Düsseldorf-Duisburg), donde se ha ocupado de la reposición de la Tetralogía, tiene una amplísima experiencia escénica en teatros alemanes y es profesora en la Universidad de la Música de Würzburg. En el podio estará el finlandés Tarmo Peltokoski, titular de la Orquesta del Capitolio de Toulosse, cargo que compaginará a partir del mes de septiembre con el de titular de la Filarmónica de Hong-Kong, y que contará con 27 años al tiempo de su debut. Peltokoski comparte con Klaus Mäkelä nacionalidad y una carrera inusualmente juvenil. Peltokoski, que salió a la luz durante la pandemia Filarmónica de Camaran de Bremen, ha desarrollado una carrera meteórica que incluye las orquestas de Letonia, Rotterdam, San Diego o los PROMS.

Al tratarse de un año sin Anillo lo habitual es que se programen cinco títulos, por lo que restaría uno, que correspondería al Tristán de Thorleifur Örn Arnarsson, con dirección musical de Semyon Bychkov, pero nada se ha anunciado aún.

En definitiva, el Festival apuesta de nuevo por batutas jóvenes, si bien ahora de fulgurantes trayectorias, después de no haber cosechado éxito la presencia de Cornelius Meister y de Pietari Inkinen, que se hicieron cargo del Anillo un año cada uno. Se sacarán de nuevo a la venta paquetes de entradas en forma de abono a principios del mes de julio, una práctica que se inició el año pasado y que tuvo una gran acogida.

Salen a subasta los objetos de la actual producción de Lohengrin de Bayreuth

23/08/2025

El Festival de Bayreuth ha anunciado en redes sociales hace apenas dos horas que el próximo mes de septiembre saldrán a subasta los objetos del Lohengrin de Yuval Sharon.

Primer acto de este Lohengrin, en una imagen correspondiente a 2022

        Una selección de trajes, accesorios y partes del escenario, diseñados por los pintores alemanes Neo Rauch y Rosa Loy y que han podido verse en la producción de Lohengrin de Yuval Sharon, estrenada en 2018, saldrán a subasta en el próximo mes de septiembre en Grisebach, la casa de subastas sita en Berlín. Los beneficios irán destinados a financiar la ópera infantil del próximo año.

El Festival ha comunicado, asimismo, que hasta el 28 de agosto y con cita previa, podrán examinarse en Bayreuth los objetos que van a ser subastados.

La subasta del atrezzo de este Lohengrin confirma que será retirado de cartel, como veníamos apuntado. Ello cierra el calendario para la temporada de 2027, año de transición sin Anillo y donde a la nueva producción de Parsifal podrán verse las reposiciones de Maestros, Tristán, Holandés y Tannhäuser. Los fans de esta última producción, debida a Tobias Kratzer y estrenada en 2019, tendrán una oportunidad más de presenciarla.

LOHENGRIN / BAYREUTH 2025

LOHENGRIN / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2025, 16 horas. Otras representaciones: 4, 6 y 9 de agosto
Producción de Yuval Sharon estrenada en 2018 / Decorados y vestuario: Neo Rauch y Rosa Loy. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Thomas Eitler-de Lint)
Reparto: Andreas Bauer Kanabas (Rey Enrique, en sustitución de Mika Kares), Piotr Beczala (Lohengrin), Elza van den Heever (Elsa von Bravant), Olafur Sigurdarson (Friedrich von Telramund), Miina-Liisa Värelä (Ortrud), Michael Kupfer-Radecky (Heraldo), Martin Koch (primer noble brabanzón), Gideon Poppe (segundo noble brabanzón), Felix Pacher (tercer noble brabanzón), Markus Suihkonen (cuarto noble brabanzón)
Minutación: Acto I: 59:20 / Acto II: 82:47 / Acto III: 60:46 / Total: 202:53 (3 h 22 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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El regreso del mago. Y sobre el Coro de Bayreuth


        Se esperaba con impaciencia: el regreso de Christian Thielemann a Bayreuth después de dos temporadas ausente, con
diferencias ya arregladas con Katharina Wagner y no sin presión desde el Consejo de Administración y la Asociación de Amigos del Festival, que consideraban la vuelta del berlinés como una prioridad. Ciertamente la retirada prematura de este Lohengrin no dejó buen sabor de boca, y ha sido una alegría que haya completado su andadura en cartel. Bien merecería una prórroga, algo que podría suceder en 2027, pero parece que los vientos soplan por concedérsela tanto al Holandés de Dmitri Tcherniakov como al Tannhäuser de Kratzer, logrando ambos de esta forma seis años en cartel. Juega en contra el hecho de que Thielemann se ocupará de la nueva producción de Parsifal -aunque ya dirigió dos títulos en 2001 (Parsifal y Maestros) y 2012 (Tannhäuser y Holandés)- y que esta producción se arrastra desde 2018 -no se programó en 2021 aduciéndose que, en pandemia, la colocación del coro en el montaje era problemática-.

        El Lohengrin azul Delft diseñado por Neo Rach y Rosa Loy ha sido alabado por el público pese a un protagonista que es el hombre de la luz -¿de ahí quizás que todos sean una especie de insectos con alas que revolotean en torno a la instalación?- y a quien esa superioridad se le acaba subiendo a la cabeza en el tercer acto. Un montaje que tiene más interés en cuanto al decorado -ese maravilloso comienzo del segundo acto con atmósfera nocturna azulada- y al vestuario que al mensaje de fondo, que queda un tanto cojo. El público ha aclamado fervorosamente la representación, si bien creo que no ha sido ni el mejor Lohengrin de Beczala ni la mejor dirección de Thielemann, ambos dentro del sobresaliente. Quizás la función tiene algo de misticismo por el regreso de ambos, sobre todo tras la salida abrupta del berlinés, y teniendo en cuenta que ya tiene apalabrado Parsifal para 2027, sumado a lo que a continuación diremos del polaco.

        Del reparto original sólo queda el protagonista, el polaco Piotr Beczala, que por agenda no pudo acudir a Bayreuth en 2022 -debutaba Radamés en Salzburgo- pero quien deslumbró en 2018 y 2019. Ha llegado a Bayreuth tras dos funciones en el Festival de Ópera de Munich, si bien para 2026 lo tiene programado para Baden-Baden en primavera. Tras un 2024 sin abordarlo, fue un rol recurrente en su agenda en 2023: se le escuchó en el Bolshoi, Viena, París, Nueva York y Budapest. Su regreso a Bayreuth alienta las expectativas de que pueda ser el próximo Parsifal para 2027 con Thielemann: en septiembre de 2020 el tenor declaró en una entrevista que estaba preparando el rol para cantarlo en la producción que tenía previsto dirigir Thielemann en 2023. Finalmente el tenor decidió no preparar el rol y, asimismo, el director salió de Bayreuth y el Festival Escénico Sacro recayó en Pablo Heras-Casado. Pero es que últimamente se ha vuelto a escuchar que el polaco va a preparar el papel. Por lo tanto se espera en Bayreuth verle en 2027.

        El resto de roles se reparten entre debutantes y habituales procedentes del Anillo. Debutan Elsa van den Heever como Elsa y Miina-Liisa Värelä como Ortrud. Entre los habituales se han incorporado a este montaje Olafur Sigurdarson como Telramund y Michael Kupfer-Radecky como Heraldo. Mika Kares se iba a ocupar del Rey Enrique, pero por indisposición ha cedido el testigo en esta función a Andreas Bauer Kanabas. En los años anteriores el rol recayó en Georg Zeppenfeld, pero probablemente haya declinado hacerse cargo del rol por tener mañana la segunda representación de Maestros.

        El mago Thielemann desarrolla una lectura suave y redondeada, con un sonido de indudable belleza. Comienza con un preludio suave y etéreo, provisto de cierta melancolía y creciendo hasta el clímax. Aquí y allá hay detalles de sonoridades originales, comenzando por el preludio, donde entresaca detalles de las maderas entre la melodía de los violines.

        Hay originalidades: en la introducción el metal está presente sobre la cuerda para luego ir creciendo la cuerda -ocurre también en el interludio que representa el amanecer en el segundo acto-, la bajada a piano subito en una de las frases finales del coro, el impulso con que se pronuncian los versos Preis deinem Kommen! / Heil deiner Art... o un accelerando final. En el segundo acto tras una sutil escena nocturna, demostró explosividad en la  escena de las tropas. Nótese el detalle original de los clarinetes, seguido del arpa, en la transición que va de la entrada de las mujeres al pasaje que acompaña a Elsa a la catedral, este último por cierto con una madera de sonoridades preciosistas-. La temperatura dramática ha ido subiendo a lo largo de la escena frente a la catedral, con momentos de verdadera incandescencia -el enfrentamiento entre Elsa y Ortrud, las contestaciones del coro y la entrada del Rey con Lohengrin-. Otro detalle: el ritardando en el tema de Telramund en los trombones cuando pregunta, altivo, su identidad al protagonista. La primera intervención del órgano ha sonado con bastante más presencia de lo habitual, desconozco si se debe a la colocación de los micrófonos para la retransmisión o efectivamente ha sonado así en la sala. En el tercer acto se muestra limpio y elegantísimo, y un largo silencio dramático se produce después de que Telramund irrumpe en la cámara nupcias y el protagonista lo mata. Nótese el redoble bastante presente cuando introducen el cadáver de Telramund a presencia del Rey.

        En cuanto a la minutación, nos encontramos ante la segunda más ágil a lo largo de los cuatro años en que ha dirigido este montaje: 3 horas y 22 minutos, frente a las 3 horas y 17 minutos el año del estreno (2018), siendo la más lenta en 2019, con 3 horas y 26 minutos.

Elsa (van den Heever) y Lohengrin (Beczala)
        Piotr Beczala compone un sobresaliente Lohengrin a sus 58 años: 
bello timbre, interpretación viril y arrojada, fraseo bien planteado y agudos brillantes. Tengo la sensación, no obstante, que en sus dos apariciones anteriores en el Festival ofreció una mayor variedad de dinámicas. Su intervención aquí me resulta demasiado asentada en el mezzoforte-forte -en esto recuerda a Sándor Kónya, si bien el húngaro ofrecía un Lohengrin más etéreo y el de Beczala es más viril y con ciertas resonancias heroicas-. Puede que haya influido un poco la rutina: el polaco venía del Festival de Ópera de Munich, donde había cantado dos funciones, que se suceden a éstas casi sin interrupción -la segunda en Munich fue dos días antes y las cuatro que se ofrecen en Bayreuth van también bastante seguidas-, y a su vez los ensayos finales de Bayreuth precedieron a las funciones de Munich. No obstante, en el dúo con Elsa del tercer acto exhibió cierta suavidad y, en general, un punto de melancolía. En el inicio del In fernem land faltó un punto de misterio, iniciado en mezzo piano y como sin atreverse a afrontarlo en mezza voce, a la que luego se animó unos versos después. En todo caso, vocalmente es la voz más importante de todo el elenco, por materia, técnica y fraseo.

        La sudafricana Elsa van den Heever -por el apellido probablemente de ascendencia bóer-. estudió en el Conservatorio de San Francisco y debutó tempranamente en el Metropolitan, donde precisamente el pasado mes de mayo apareció como Salomé, junto Peter Mattei y Gerhard Siegel. Comenzó como mozartiena y belcantista, y es una lírica pura. La línea de canto es elegante y frasea con gusto, pero el timbre es un tanto monjil y metálico y hay un cierto vibrato nervioso en la zona alta. Empezó fría, con poco cuerpo y temblona en el agudo, con propensión a sonidos abiertos. Estuvo más convincente en el segundo en el dúo con Ortrud. En el tercer acto la voz pequeña y metálica contrasta con la calidez de Beczala. En otoño será Sieglinde en el Anillo que está desarrollando Pablo Heras-Casado en París, papel que llevará a Bayreuth el año que viene. No sé qué tal estará en esa nueva aventura.

Telramund (Sigurdarson) y Ortrud (Värelä), quienes
físicamente encajan bien
        Olafur Sigurdarson es un Telramund carente de nobleza, con un timbre blanquecino y emisión poco elegante que no le va a un personaje que, ante todo, es un conde. No admite comparación con lo conseguido por Tomasz Konieczny en 2018 y 2019 y creo que Martin Gantner en 2022, aun teniendo una voz mate y descolorida, era más tersa y la línea de canto más estable.

        Debut en Bayreuth de la finlandesa Miina-Liisa Värelä como Ortrud, notable en lo vocal, cómoda en la tesitura -un punto metálica en su imprecación a Elsa frente a la catedral en el segundo acto-, menos en cuanto a presencia dramática, componiendo una villana estándar, sin una especial profundización psicológica.

        El bajo Andreas Bauer Kanabas, oriundo de Jena, fue miembro del elenco estable de la Staatsoper de Berlín entre 2007 y 2012 y, desde 2013, lo es de la Ópera de Frankfurt, desarrollando un repertorio variado, de Mozart a Verdi y música sacra, teniendo en repertorio los roles wagnerianos de Daland, Landgrave, Rey Enrique y Rey Marke. Además, ha hecho apariciones en teatros importantes: en Dresde con Thielemann hizo de Eremita en El cazador furtivo en 2015 -hay grabación en vídeo de C Major-, en Londres, Budapest o en las Óperas Cómicas de Berlín y París-. Ha sustituido in extremis a Mika Kares como Rey Enrique. Tenía ganas de escuchar a Kares, excelente Hagen y una voz de relieve, pero Bauer Kanabas se ha desempeñado con solvencia. Bajo cantante, de volumen suficiente, cómodo en la tesitura pero no tonante en el agudo, de acentos más bien suaves, con algún detalle interesante en el fraseo y componiendo un monarca venerable, un punto condescendiente. Personalmente soy gran defensor de los cantantes de elencos estables de teatros alemanes, pues son una garantía de solvencia y profesionalidad, como es el caso.

Michael Kupfer Radecky como Heraldo
        Michael Kupfer-Radecky, el Gunther del Anillo, ha sido un Heraldo tonante, más dado al volumen que a la sutiliza, con alguna estridencia puntual, pero efectivo. La voz tiene volumen y anchura, y en algún momento se confunde con la de Bauer Kanabas -no ocurrirá así con Kares, con quien ha hecho en los últimos años el Anillo-. Curiosamente, en su llamada a las tropas en el segundo acto ha tenido algunas frases en piano más detalladas.

        Muy bien los cuatro nobles brabanzones, con voces de entidad.

        El Coro ha demostrado su nivel, si bien en el primer acto un punto inferior respecto a lo ofrecido en Parsifal y el Ocaso, con algún leve desajuste en el complicado pasaje del sotto voce cuando ven aparecer a Lohengrin. En la escena de las tropas en el segundo acto quedó patente que la sonoridad no es tan sedosa como la de Eberhard Friedrich, optando por una textura un punto más granítica, que recuerda a los tiempos de Wilhelm Pitz -nótese en las contestaciones explosivas a Elsa frente a la catedral-. Al final de acto ha hecho gala de una suavidad que va creciendo hasta lo explosivo y se ha manejado muy bien en el tercero.

        A mi juicio estamos ante el año más flojo de los cuatro en que se ha visto este montaje -le aventajan con diferencia los de 2018 y 2019-, sin que sea malo, pues es una representación que se disfruta.

        La Radio de Baviera no emitirá el Tristán de Semyon Bychkov. Una pena, pues la dirección del ruso fue magnífica el pasado año y este año tenía buenas expectativas respecto a la Brangania de Ekaterina Gubanova y al Kurwenal de Jordan Shanahan. Tendré oportunidad de presenciar la función del 10 de agosto. Con este Lohengrin, por tanto, finalizan las retransmisiones del Festival de Bayreuth. Una edición donde el nivel directorial ha sido muy alto y que, en general, ha habido también un alto nivel vocal. Desde que comento las retransmisiones y, en general, desde que escucho el Festival, es el primer año en que hay que hacer alguna advertencia en cuanto al Coro. Es un tema del que no se quiere hablar, pero creo que es necesario poner de manifiesto una serie de datos. Nada más finalizar el Festival de 2024 se abrió el periodo para que los candidatos pudieran postularse -recibimos una cantidad increíble de solicitudes, declaró el Director artístico Guido Hackhausen-. El 15 de octubre se cerró el plazo de presentación de candidaturas y se convocaron audiciones en siete fechas distintas en siete ciudades europeas -entre ellas Ámsterdam, Londres, Leipzig o Dortmund, explicó Hackhausen- y, por supuesto, los que ya formaban parte del Coro pudieron también postularse. El resultado es que el ochenta por ciento de los coristas son nuevos. Y aquí llega la cuestión: ¿sólo un veinte por ciento han conseguido revalidar la plaza o es que ha habido mucha gente veterana que se ha negado a pasar por el aro de una nueva audición? El tenor Jörg Golombek, miembro del elenco estable del Teatro de Friburgo y desde 2002 y hasta el pasado verano miembro del Coro, criticó duramente a Katharina Wagner por el trato que dispensaba al Coro al obligar a pasar a todos sus miembros por una nueva audición. Respondió Hubertus Herrmann, jefe de prensa del Festival, declarando: Es un proceso complemetamente transparente y necesario para un nuevo director de coro escuchar primero cada voz individualmente en una audición para obtener una visión general de las voces disponibles, con las que luego trabajará intensamente durante los meses de verano. Golombek se negó a acudir a la audición, y es factible pensar que unos cuantos más. Adució que supone un menosprecio al coro y que ningún director se ha quejado nunca de la falta de rendimiento del Coro del Festival más allá del proceso normal de ensayo; al contrario: una y otra vez, directores e incluso directores de orquesta acudieron a la sala del coro para expresar su gratitud por la colaboración especial. En su carta enfatizaba la disposición de los miembros a permanecer fieles al Festival en condiciones difíciles y a hacer sacrificios económicos, denominando el Coro del Festival como el Olimpo entre los coros de ópera, pero la disolución al acabar la edición de 2024 sin previo aviso no le parecido correcta. A esta crítica el Festival responde con un argumento formal: la invitación a formar parte del Coro es por un año y se renueva anualmente, por lo que no existe un derecho adquirido a permanecer en él. No hay, en definitiva, miembros permanentes. También han circulado voces que critican que, por el hecho de llegar un nuevo director haya que hacer audiciones generales, algo que no ocurre habitualmente. Desconozco si cuando Eberhard Friedrich sustituyó a Norbert Balatsch en 2000 hubo un proceso similar. En todo caso, el pasado mes de febrero Gerrit-Michael Wedel, Director General de la Asociación Alemana de Conjuntos de Ópera y Danza advirtió del riesgo de la pérdida de calidad del Coro.

        Creo que el hecho de que el ochenta por ciento de los coralistas sean nuevos es la causa de ese sonido tan macizo y menos envolvente en piano frente al sonido trabajado por Friedrich durante su andadura. Es de prever que sus integrantes vayan cogiendo experiencia en la compleja acústica del Festspielhaus. Antonia Goldhammer en su crítica para la Radio de Baviera se hace eco de ese exceso de volumen en algunos momentos -dice que los miembros del coro tenían muchas ganas de impresionar-. Es optimista, pidiendo que se dé tiempo hasta que todo se tranquilice. En todo caso, es una alarma importante. Espero y deseo que sea una cuestión de la recién efectuada reestructuración y nueva dirección, y que en años próximos volvamos a calificar de excepcional sin salvedades el que siempre ha sido gloria indiscutible del Festival.

Grabación digital en HD, en formato .acc a 256 kpbs, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales.

6 DE AGOSTO DE 2025.

LOHENGRIN / BAYREUTH 2018

LOHENGRIN / Festival de Bayreuth, 25 de julio de 2018
Otras representaciones: 29 de julio y 2, 6 y 10 de agosto
Nueva producción de Yuval Sharon / Decorados y vestuario: Neo Rauch y Rosa Loy. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Georg Zeppenfeld (Rey Enrique), Piotr Beczala (Lohengrin), Anja Harteros (Elsa von Bravant), Tomasz Konieczny (Friedrich von Telramund), Waltraud Meier (Ortrud), Egils Silins (Heraldo), Michael Gniffke (primer noble brabanzón), Eric Laporte (segundo noble brabanzón), Kay Stiefermann (tercer noble brabanzón), Timo Riihonen (cuarto noble brabanzón)
Minutación: Acto I: 57'50 / Acto II: 81'07 / Acto III: 60'16 / Total: 199'13 (3 h 19 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Lohengrin es azul, es polaco, y su adversario también


               Un año más, llegado el 25 de julio, se inaugura el Festival de Bayreuth. Salvado el escollo de la renuncia de Roberto Alagna, nada más ha trascendido sino elogios hacia el Festival y a Christian Thielemann por parte de Yuval Sharon, encargado de la nueva producción. Sharon también se ha mostrado muy contento con el trabajo de Neo Rauch y Rosa Loy, responsables de decorados y vestuario, quienes, quizás por ser pintores conocidos en Alemania, han acaparado la misma atención que el propio director de la producción, algo que no es lo habitual, aunque ya ha habido algún caso antes -estoy pensando en la diseñadora Rosalie, encargada del vestuario del Anillo de Alfred Kirchner, que dirigió James Levine (1994-98), aunque en este caso fue tras el estreno y debido a la peculiar estética de su trabajo-.

               Desde la Radio de Baviera Barbara Malisch y desde Radio Clásica de Radio Nacional de España Rafael Banús, han retransmitido este Lohengrin en una tarde en que en Bayreuth se han mantenido invariables los 32º durante gran parte de las horas que dura la representación, por lo que es posible que en la sala se hayan alcanzado los 35º -recordemos que por cuestiones de protección del patrimonio, el Festspielhaus carece de aire acondicionado-. Banús centró el primer intermedio en la carrera de Waltraud Meier, ofreciendo fragmentos de un recital de los años noventa, y el segundo en Siegfried Wagner, ofreciendo su Sinfonía en do mayor. Es de agradecer su labor de presentación y sus comentarios, en un trabajo de documentación en que ha estado asesorado por Isabel Zamorano. Como curiosidad, la diligentísima Barbara Malisch se ha despistado en sus comentarios en el tercer acto y no se ha dado cuenta de que daba comienzo el preludio, callando inmediatamente.


Primer acto. Lohengrin (Beczala), Ortrud (Meier), Telramund (Konieczny),
Rey Enrique (Zeppenfeld) y Heraldo (Silins). Delante, Elsa (Harteros).
                  La producción de Yuval Sharon, a la espera de poder obtener información completa sobre su propuesta, efectivamente es absolutamente en color azul -Lohengrin es azul ha sido la consigna de Neo Rauch a la prensa y en los anuncios de la retransmisión- y con una estética próxima al cuento de hadas -de hecho los personajes llevan unas elegantes alas a sus espaldas, salvo Lohengrin a su llegada-, por lo que las imágenes de conjunto tienen una especial belleza plástica. El vestuario también parece sacado de un cuento de hadas, recordándome a los cuadros de Vermeer. El escenario, bastante ambiguo, parece trasladarnos a un bosque con una estación eléctrica en el centro y un poste de la luz. Lohengrin, de hecho, aun con toda la elegancia de su atuendo azul, es el único que viste diferente, pues bien parece un electricista -en lugar de espada lleva un rayo de alta tensión-. La idea de un Lohengrin azul ya viene de las producciones de Wolfgang y Wieland Wagner, unos Lohengrin azul y plata, tonalidades que encajan bien con lo etéreo de la música. En cualquier caso, esta producción ha venido marcada por el perfecto entendimiento entre Thielemann y Sharon, ajeno a cualquier polémica -frecuentes en los estrenos de los últimos años-, con Rauch y Loy realmente interesados en Lohengrin a lo largo de los años en que se ha ido fraguando la producción, y el público la ha acogido con agrado. Algunas imágenes en vídeo del montaje pueden verse aquí.


Segundo acto. Entrada de Ortrud en la procesión (Meier).
               En cuanto a la parte musical, hay varias características muy definidas: lectura solemne y monumental de Thielemann, con tempi ligeros -el primer acto con algo menos de 58 minutos-, sonoridades redondeadas, pero atento a la articulación y a los contrastes de dinámicas. Preciso acompañamiento a un elenco sobresaliente y homogéneo, en algunos casos realizando interpretaciones absolutamente matizadas de la parte que encarnan. Es el caso de Konieczny (Telramund) en sus alegaciones al Rey Enrique, o de Harteros (Elsa) y Meier (Ortrud) en el dúo del segundo acto. En todo caso, en mi opinión, este estreno constituye un documento fonográfico importante, por varias razones. Por supuesto, la culminación del Canon de Bayreuth por Thielemann, pero también el tratarse de la última intervención wagneriana de Waltraud Meier, como declaró al diario Merkur hace unas semanas -al menos la última intervención de relieve, pues tiene anunciada una ocasión posterior el 20 de enero de 2019 en la Staatsoper de Viena, donde cantará la breve parte de Waltraute en el Ocaso, bajo la dirección de Axel Kober-. Además, ha supuesto el debut en Bayreuth, por primera vez en su Historia, de dos cantantes polacos -Konieczny (Telramund, anunciado desde el primer momento) y Beczala (Lohengrin)-, con grandes resultados en ambos casos.

                   Christian Thielemann desarrolla un Lohengrin monumental, en los momentos más apoteósicos marmóreo, en los más íntimos, dúctil y manierista. Lectura precisa, de sonido redondo y con atención a las filigranas camerísticas que puede obtener de la partitura -así, el arpa en el sueño de Elsa del primer acto o en la marcha nupcial del tercero-. La construcción de los clímax es perfecta, destacando los finales de acto -final del primero, acentuando la parte final de las frases del coro- y el preludio y el interludio del tercero -electrizantes ambos y con precisión y brillo en los metales-.

Lohengrin (Beczala) junto al peculiar poste de la luz.
                Piotr Beczala realiza una sólida interpretación de Lohengrin. El tenor polaco ha tenido que cancelar otros compromisos para poder incorporarse desde el inicio de los ensayos y en todo momento se ha manifestado como un artista comprometido. Beczala es un cantante versátil, que ha abordado con éxito desde el verismo a la ópera eslava. Debutó Lohengrin con Thielemann en Dresde en mayo de 2016 con gran éxito -grabado por DG, que ya comentamos-. Se hace inevitable una comparación, y ésta resulta a favor de su interpretación en Bayreuth. Beczala tiene cualidades indudables para abordar el repertorio wagneriano. Su centro es ancho y viril, tiene graves, ataca el agudo con arrojo y franquea la zona de pasaje de manera impercetible. Además, tiene aire juvenil y es un cantante musical. En su interpretación de Dresde se le achacaba un mezzoforte casi continuo y algún momento de emisión tosca. Ciertamente, el primer acto está prácticamente cantado en mezzoforte, pero hay una mayor matización en el tercero y está más compenetrado con el papel. En los piano la voz parece perder brillo, por lo que procura evitarlos. Sobresale en su larga intervención del tercer acto. En conjunto, uno de los mejores cantantes actuales para la parte y, aunque ha declarado no querer adentrarse más en los papeles wagnerianos, por poderle resultar demasiado pesados para su voz, Erik y Walther son roles que creo se adecúan a sus medios y en los que podría cosechar también gran éxito.

               También debutaba en Bayreuth Anja Harteros como Elsa, probablemente el que es su papel más destacado del repertorio wagneriano. Ha demostrado maneras y técnica, pero no ha estado a la altura del resto del elenco. Algo curioso, pues los críticos más feroces con Bayreuth venían repitiendo su nombre en los últimos años y consideraban un síntoma de decadencia del Festival que Harteros no cantara allí. El timbre no es especialmente bello, un punto aniñado y chillón, y la soprano tuvo problemas con el registro agudo, con un vibrato nervioso, sobre todo en el primer acto. Quizás pudo ser el calor de la sala, pues ofreció variedad de de dinámicas y un fraseo elegante y fue ganando enteros según avanzó la representación, con un buen dúo con Beczala en el tercer acto.


Tomasz Konieczny
caracterizado como Telramund.
               Sentía curiosidad por el debut de Tomasz Konieczny, quien comenzó su carrera en el elenco estable de la Ópera de Mannheim y desde hace siete años es un cantante habitual de Thielemann -Alberich en el Anillo de la Staatsoper de Viena (DG, 2011) y Telramund en Dresde (DG, 2016)-. Desde 2013 es el Wotan del Anillo de esa producción. Si en el Anillo vienés de Thielemann me parece que como Alberich suena demasiado liviano, con los años la voz ha ido ganando peso y proyección. Su Wotan en 2016 en la Staatsoper de Viena, bajo la dirección de Adam Fischer, sin duda constituía un atractivo -circula por la red grabación en vídeo, procedente de la retransmisión que por televisión llevó a cabo la ORF-. La voz es tersa, firme, generosa en la tesitura, dúctil en los pasajes que requieren agilidad y rico en dinámicas. Destacan sus matizadísimas alegaciones al Rey Enrique en el primer acto, donde si bien la medida es algo libre en algún momento, muestra variedad de dinámicas y elegancia en los parlamentos, algo no demasiado habitual, pues no es infrecuente encontrarse con cantantes que prácticamente ladran esa parte. Ciertamente su dicción no es perfecta, pero no empaña su buen saber hacer.

             Waltraud Meier regresa a Bayreuth con 62 años y al final de su carrera. Y demuestra que tras casi cuatro décadas en los escenarios tiene mucho más que ofrecer que muchas sopranos dramáticas en su mejor momento. La voz ha perdido cuerpo, sin resultar tan cremosa como en sus mejores años, y también estabilidad y volumen, pero aun así realiza una notable recreación de Ortrud gracias a su técnica y sus extraordinarias dotes como actriz -convenientemente caracterizada, no aparentando tal edad-. Thielemann parece consciente de ello y la acompañó con atención, favoreciendo los puntos fuertes -fraseo, intención dramática- y sorteando con profesionalidad los más comprometidos -invocación a los dioses paganos en el segundo acto e intervención final en el tercero-. Un gran trabajo, dejando la escena wagneriana con porte y dignidad musical y dramática.

Rey Enrique (Zeppenfeld), Telramund (Konieczny)
y Ortrud (Meier).
               Georg Zeppenfeld, habitual en Bayreuth, vuelve a ser el Rey Enrique, papel que ya cantó en la anterior producción de Hans Neuenfels dirigida por Andris Nelsons. Es uno de sus papeles señeros, pues se beneficia de su timbre noble y de la tesitura de su instrumento, que le permite subir al agudo sin dificultad. El Rey Enrique es un papel de tesitura especialmente extensa, y Zeppenfeld acomete la parte con una voz homogénea en toda la tesitura, incluyendo agudos perfectamente colocados y graves bien proyectados. Un valor seguro del Bayreuth de nuestros días.

            Como Heraldo debutaba en Bayreuth el letón Egils Silins. Bajo-barítono de sólida carrera, su repertorio habitual son papeles más pesados -Holandés, Wotan, Juan el Bautista en Salomé de Strauss- y, por medios, no me cabe duda de que le van bien. La voz es potente, con centro ancho y agudo suficiente, y afronta la parte desde la línea más clásica, encarnando un Heraldo vibrante y sonoro.

         Bien los cuatro nobles brabanzones en sus breves intervenciones. Como curiosidad, el Festival reasignó hace una semana el papel del tercero, pues inicialmente estaba previsto que Raimund Nolte se hiciera cargo de la parte. Fue sustituido por Kay Stiefermann, probablemente por equilibrar las intervenciones de los cantantes secundarios -Nolte canta Melot en Tristán y Hermann Ortel en Maestros, mientras que Stiefermann sólo cantaba el timonel en Tristán-.

         Extraordinario el coro, como es norma en Bayreuth, dúctil -desde los pianissimo envolvente a los fortisimo explosivos- y maravillosamente empastado.

               En definitiva, una vibrante sesión inaugural, con un magnífico reparto, una extroardinaria dirección y una producción que no parece que sea clásica, pero sí respetuosa con la obra, a la espera de poder ofrecer más datos. Lohengrin es azul gracias a los sugerentes decorados de Neo Rauch y Rosa Loy, es polaco gracias a Beczala, y su adversario Konieczny también lo es.

               Es previsible que el reparto se mantenga el año que viene -aunque sólo está confirmado oficialmente Beczala-, si bien entrará en escena Anna Netrebko como Elsa, quien no cantará todas las funcionas, y Waltraud Meier no regresará, al poner fin a su carrera wagneriana, coronada de éxitos. Se dice que Elena Pankratova -actual Kundry en Parsifal- será quien la sustituya.


Grabación digital procedente de la WDR (Radio del Oeste de Alemania, Colonia) en HD,
en formato .flac. Admite estéreo 5.1.
Por petición de un seguidor del blog realizada el año pasado, se incluye la alocución inicial y final de la locutora de la Radio de Baviera.

26 DE JULIO DE 2018.

YUVAL SHARON HABLA SOBRE LA NUEVA PRODUCCIÓN DE LOHENGRIN EN BAYREUTH

11/07/2018

El diario alemán NMZ ha publicado una extensa entrevista al director de escena Yuval Sharon, encargado de la nueva producción de Lohengrin en Bayreuth.

Yuval Sharon.
              La entrevista completa puede leerse aquí. Yuval Sharon (Naperville, Illinois, Estados Unidos, 1979), norteamericano de ascendencia judía -vivió de niño en Israel, tiene pasaporte israelí y habla hebreo-, lleva las riendas de la nueva producción de Lohengrin que podrá verse en Bayreuth el próximo 25 de julio. Estudió Arte Dramático en Berkeley y fue director asistente en la Deustche Oper de Berlín. Después se trasladó a Nueva York, donde fundó una compañía de teatro llamada Theater Faction y dirigió el programa VOX de la New York City Opera entre 2006 y 2009, año en que se trasladó a Los Ángeles. Allí fue ayudante de Achim Freyer en el Anillo que se diseñó para la ópera de esta ciudad -colorista y futurista a partes iguales, espadas láser incluidas- y en 2016 dirigió una Valquiria en Karsruhe. Ganador del premio Götz Friedrich en 2014 y del premio MacCarthur Genius Grant en 2017, Sharon se ha convertido en el primer norteamericano en desarrollar un montaje en Bayreuth. No era el inicialmente propuesto, pues primero se pensó en el letón Alvis Hermanis, quien si bien ha tenido éxitos -Amor de Danae en el Festival de Salzburgo o Madama Butterfly en la Scala-, también trabajos controvertidos, como su Parsifal para Viena ambientando en un manicomio y que se estrenó en marzo del año pasado.

               Sharon es un artista con unas ideas muy claras. Gusta del acercamiento al público, a través de montajes al aire libre y de búsqueda multidisciplinar, y para él, Bayreuth supone un hito en su carrera. Ya había estado en el Festival en 2005, donde pudo ver el Tristán de Oue/Marthaler, el Holandés de Albrecht/Guth y el abucheado Parsifal de Boulez/Schlingensief. Se siente muy a gusto con el modo de trabajar y está muy contento con el director musical, Christian Thielemann, con quien mantiene perfecta cooperación. Thielemann ha estado presente en los ensayos escénicos con el coro para ajustar aspectos relativos a la acústica y Sharon se siente muy agradecido por su ayuda.

               No ha dado muchas pistas sobre por dónde irá su trabajo. Ha indicado que Neo Rauch y Rosa Loy, la pareja de pintores alemanas surrealistas encargados de los decorados y del vestuario, habían trabajo con Alvis Hermanis -¿quizás ya tenían en mente alguna idea para este montaje?-. Sí ha indicado su preferencia por la figura de Ortrud, alejada de una simple hechicera para ser una mujer con personalidad, y le agrada que Waltraud Meier encarne el rol, ya que ella es una cantante con una fuerte personalidad. Poco más se sabe de este montaje, aparte de que, como dio a entender Neo Rauch en el vídeo promocional de la retransmisión de Lohengrin en cines: Lohengrin es azul. Ciertamente, todas las imágenes alusivas a esta producción son de tonos azules.