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SIGFRIDO / BAYREUTH 2025

SIGFRIDO / Festival de Bayreuth, 29 de julio de 2025, 16 horas.
Otra representación: 16 de agosto
Producción de Valentin Schwarz estrenada en 2022 / Decorados: Andrea Cozzi. Vestuario: Andy Besuch. Dramaturgia: Konrad Kuhn. Iluminación: Nicol Hungsberg
Dirección musical de Simone Young
Reparto: Klaus Florian Vogt (Sigfrido), Ya-Chung Huang (Mime), Tomasz Konieczny  (Viandante), Olafur Sigurdarson (Alberich), Tobias Kehrer (Fafner), Anna Kissjudit (Erda), Catherine Foster (Brunilda), Victoria Randem (pájaro del bosque).
Minutación: Acto I: 81:37 / Acto II: 76:33 / Acto III: 83:09 / Total: 241:19 (4 horas 1 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Sigfrido reposado

        Tras la preceptiva jornada de descanso, pasamos el ecuador de la Tetralogía con Sigfrido. El día anterior estaba programada la segunda sesión de Festspiele Open Air que, al igual que la primera, iba a ser dirigida por Pablo Heras-Casado. La climatología adversa impidió la celebración del concierto, una climatología que parece que continuará así en lo que resta de primer ciclo.

        Clemens Nicol desde la Radio de Baviera e Irene de Juan desde Radio Clásica nos daban la bienvenida minutos antes de las cuatro de la tarde. Irene de Juan ha estado acompañada en el primer descanso por Pedro Gómez, quien como en Valquiria el pasado domingo se ha ocupado de analizar algunos leitmotivs de Sigfrido, y en el segundo por el historiador Enrique Gavilán, quien ha hecho un repaso a las cuestiones artísticas y literarias de Wagner.

        Reparto idéntico al del año anterior con los cambios en Erda -Okka von der Damerau deja paso a Anna Kissjudit- y en el pájaro del bosque -Alexandra Steiner es reemplazada por la debutante Victoria Randem-. En conjunto notable, aunque como ocurriera en la jornada anterior, a distintos niveles: sobresalientes Ya-Chung Huang y Anna Kissjudit como Mime y Erda, dos voces de entidad que encajan a la perfección en sus respectivos roles. Muy notable, con presencia, el Fafner de Tobias Kehrer, como asimismo el pájaro del bosque de Victoria Randem. Notable Catherine Foster y el Viandante de Tomasz Konieczny. Cumple con solvencia Olafur Sigurdarson como Alberich y en cuanto al protagonista, el inclasificable Klaus Florian Vogt... pues es él mismo, con sus virtudes técnicas y su inadecuación tímbrica al personaje.

El peculiar segundo acto en la propuesta de Valentin Schwarz,
con Sigfrido (Vogt) abatiendo al anciano Fafner (Kehrer) ante
la mirada del pájaro del bosque (Randem), el Viandante (Konieczny)
y Alberich (Sigurdarson)
        Simone Young, al igual que los días previos, prosigue con una lectura un punto más pausada que la del año anterior -este Sigfrido dura seis minutos más, si bien la duración del segundo acto es apenas unos segundos mayor que la de 2024-. En general estamos ante una lectura contemplativa, muy atenta a la sonoridad de la orquesta, típicamente romántica, con una cuerda siempre presente, nunca ampulosa ni recargada, alejada de todo efectismo, incluso sobria por momentos, de volumen ajustado y huyendo del derroche sonoro, y con especial esmero en los planos sonoros, siempre bien calculados a la hora de exponer el complejo entramado sonoro. Comienza con un preludio no especialmente misterioso ni inquietante, que en la sección central, con el tema de Mime, deja escuchar con presencia la línea del grave. En la primera escena la batuta es briosa en la discusión entre Sigfrido y Mime, muy atenta a la articulación. En el torneo del saber en cambio resulta un tanto prosaica, sin la épica que asociamos a este pasaje. Mejor en los subsiguientes sueños de Mime y acompañando en su descripción del miedo a Sigfrido, con un entramado orquestal redondo y terso de clara impronta sinfónica. Lectura pulcra de la fragua, con atención a la línea del grave, que se presenta nítida, y una forja cómoda para Vogt.

        Bien planteado el preludio del segundo acto y con una escena del protagonista en el bosque muy atenta a la tímbrica. En el tercero puede echarse en falta más garra y épica -pensemos en ese preludio de metales rugientes que ofreció Marek Janowski en 2017, y toda la pirotecnia orquestal en el interludio y el despertar de Brunilda-, pero sin duda hay una batuta sabia y experta, que se recrea ofreciendo una pátina de dulzura con una orquesta dúctil y absolutamente plegada al planteamiento de la batuta.

        Lo más discutible del elenco es el Sigfrido de Klaus Florian Vogt, cuyo timbre blanquecino no casa con el que asociamos al rol, como tampoco el material de partida -voz mate y sin metal- pero que presenta elementos técnicos que le hacen salir triunfante donde un sin fin de tenores fracasan: respiración, resistencia, dicción... amén de un fraseo natural y variedad de dinámicas. En su voz el rol no parece que entrañe dificultad. Va bien de volumen en todo momento, el instrumento funciona bien en los momentos más líricos y saca adelante los más dramáticos: en los primeros opta por esa emisión blanda angelical que tan bien le ha funcionado como Lohengrin -así, en los murmullos del bosque- y en los segundos opta por un discurso preciso en medida y atención al texto. Por si fuera poco no muestra síntomas de cansancio y termina fresca la función. La dirección suave de Young, además, le beneficia.

        Ya-Chung Huang repite el sobresaliente Mime del año pasado, con una voz potente y bien timbrada, de cierta anchura -lo cual se hace patente al contraponerla a la de Vogt- preciso en la medida y dramáticamente equilibrado, sin recurrir a histrionismos.

        Como en años anteriores, Tomasz Konieczny realiza la mejor interpretación en esta jornada, donde la tesitura le es más cómoda y la emisión es más natural, sin estar tan engolada. Notable labor en conjunto, con presencia frente a Alberich y mostrándose poderoso en su encuentro con Sigfrido en el tercer acto.

        Olafur Sigurdarson comienza bien en su intervención en el segundo acto, con esa caracterización orgullosa que tan bien viene al personaje, tornándose vacilante según avanza el dúo con el Viandante, pero mostrándose firme en su intento de negociar con Fafner. La voz no es muy oscura pero en esta ocasión me resulta menos problemática, más allá de esa pérdida de color en el registro agudo.

Anna Kissjudit con la enigmática pirámide
que aparece en Oro, Valquiria y Sigfrido
y que el montaje no termina de aclarar qué es:
¿un trasunto del oro?
        Tobias Kehrer compone un convincente Fafner, con presencia y entidad, un punto vibrante y sin renunciar a ciertos ademanes animalescos en su contestación a Alberich -nótese como pronuncia el schlafen! final antes de volver a dormir, dejando desconcertado al nibelungo-, si bien en el montaje de Valentin Schwarz, como ya es conocido, Fafner es el moribundo patriarca familiar al que Wotan y Alberich acuden con la intención de hacerse con el control.

        Anna Kissjudit revalidó las buenas impresiones que suscitó en el Oro, componiendo una Erda modélica: por timbre oscuro, intención y fraseo. Una creación de la madre tierra a considerar.

        Catherina Foster demuestra que está en buena forma, con un instrumento terso y lacerante, con metal, en la parte más escarpada de las tres intervenciones en el Anillo. Estuvo entregada, aunque caló algún agudo comprometido, incluyendo el del final.

        La noruega Victoria Randem, de ascendencia nicaragüense tiene los mimbres ideales para el Pájaro del bosque, realizando una encarnación muy idiomática de la parte, si bien un punto dubitativa en algún agudo puntual.

        En definitiva, una dirección experta y un reparto cumplidor, si bien la batuta ha dejado mejor sabor en Valquiria y la dirección es más intelectualizada que emotiva, en todo caso de calidad por la buena comprensión del entramado sonoro y por la búsqueda de una sonoridad redonda y elegante.

Grabación digital en HD, en formato .acc a 256 kpbs, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales.

31 DE JULIO DE 2025.

LA VALQUIRIA / BAYREUTH 2025

LA VALQUIRIA / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2024, 16 horas.
Otra representación: 16 de agosto
Producción de Valentin Schwarz estrenada en 2022 / Decorados: Andrea Cozzi. Vestuario: Andy Besuch. Dramaturgia: Konrad Kuhn. Iluminación: Nicol Hungsberg
Dirección musical de Simone Young
Reparto: Michael Spyres (Siegmund), Vitalij Kowaljow (Hunding), Tomasz Konieczny (Wotan), Jennifer Holloway (Sieglinde), Catherine Foster (Brünnhilde), Christa Mayer (Fricka), Catharine Woodward (Gerhilde), Brit-Tone Müllertz (Ortlinde), Margaret Plummer (Waltraute), Christa Mayer (Schwertleite), Dorothea Herbert (Helmwige), Alexandra Ionis (Siegrune), Marie Henriette Reinhold (Grimgerde), Noa Beinart (Rossweisse).
Minutación: Acto I: 64:28 / Acto II: 92:25 / Acto III: 72:56 / Total: 229:49 (3 horas 49 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Un welsungo demasiado divino y un dios demasiado humano

        Prosigue la Tetralogía dirigida por Simone Young, en la jornada que trae más cambios sustanciales: el pluriempleado Georg Zeppenfeld, Hunding ininterrumpido desde 2016 -salvo en 2018- obtiene un descanso en la parte, tomando el relevo el ucraniano afincado en Suiza Vitalij Kowaljow, que debuta en el Festival. Para Sieglinde se anunció el regreso de Lise Davidsen, quien llevaba ausente dos temporadas por razones de agenda, pero en enero de este año comunicó que cesaba temporalmente su actividad artística por encontrarse embarazada de gemelos. El Festival no ha podido contar con Vida Miknevičiūtė, electrizante Sieglinde del pasado año, por tener ya cerradas unas actuaciones del mismo rol en Santa Fe,
y tampoco con Elisabeth Teige, que cantó el rol en 2023, pues se encuentra cantando Senta en las pintorescas representaciones operísticas que se llevan a cabo en Steinbruch, junto a los fiordos noruegos. Se ha optado para el cometido por la debutante Jennifer Holloway, oriunda de Ohio y que comenzó su carrera como mezzosoprano en roles de Haendel -como curiosidad, fue Irene en un Tamerlano que se ofreció en el Teatro Real de Madrid en 2008- y Mozart para desarrollar en los últimos años carrera de lírico-dramática: Sieglinde, Senta, Salomé en Viena, Chysothemis... y con algunos incursiones en roles de soprano dramática -Leonora en Zurich o su debut como Kundry el pasado mes de enero en Frankfurt-. Debutó el rol de Sieglinde en 2018 en la Ópera Estatal de Hamburgo. Finalmente, se produce un cambio anecdótico en el rol de Waltraute, que pasa de Claire Barnett-Jones a Margaret Plummer. En una entrevista concedida a la Radio de Baviera declaró que la propuesta de Schwarz, aunque no sea absolutamente coherente en su línea argumental, en conjunto le resulta interesante.

        Irene de Juan en Radio Clásica y Clemens Nicol en la Radio de Baviera se ocupan de la retransmisión, en el caso de la Radio de Baviera dando la representación en falso directo con dos horas de retraso. La conexión de Radio Clásica presentó un problema técnico que impidió conectar durante las fanfarrias. Mientras tanto, en Bayreuth caía una gran tormenta que impidió que se tocasen las fanfarrias en el primer acto.

        Reparto atractivo, pero a distintos niveles. Sobresalientes el Sigmundo de Michael Spyres y el Hunding de Vitalij Kowaljow, que nos hacen recordar los buenos tiempos. Notable Brunilda de Catherine Foster, en buena forma vocal, como también la Fricka de Christa Mayer pese a su timbre un punto ácido. Solvente Wotan de Konieczny e inadecuada por tesitura la Sieglinde de Jennifer Holloway, apurada en el agudo.

Spyres (Sigmundo) y Holloway (Sieglinde)
en el segundo acto
        Simone Young comienza con una visión contemplativa y por momentos camerística. Preludio misterioso e inquietante, pero alejado de aires tormentosos, manejado con gran precisión y articulación, predominando las dinámicas suaves y con una conclusión beneficiada por una cuerda densa de gran atractivo. La primera escena presenta una atmósfera evocadora y crepuscular, impregnada de una dulce serenidad. 
La segunda, con Hunding, presenta un aire sombrío y oscuro. Todo cambia con la tercera y, en particular, con la narración de Sieglinde, donde la chispa se enciende, desembocando en una fogosa contestación de Sigmundo. Tras un Winterstürme paladeado, la orquesta es un alarde de colorido y voluptuoso fraseo, incadescente en el final de acto.

        Segundo acto dramáticamente bien sustentado, con unos vibrantes preludio e interludio. El dúo de Wotan y Fricka mantiene bien la tensión entre ambos sin cargas las tintas. El anuncio de la muerte a Sigmundo se presenta sobrio y ascético. Vibrante final de acto.

        El tercero se abre con una cabalgata atenta a las línea de la madera, sin caer en el efectismo. En la despedida de Sieglinde la batuta se muestra un tanto más oscura de lo normal, enlentenciendo el tiempo y enrareciendo la atmósfera cuando las valquirias plantean las opciones sobre cómo ponerla a salvo. En la entrada de Wotan se echa en falta algo más de cataclismo, pues el sonido resulta demasiado limado para un pasaje de esta dimensión. Pasa parecido en la última intervención de Brunilda, donde parece que Young se deja seducir por las sonoridades redondeadas del Festspielhaus, esas de las que Thielemann en su libro Mi vida con Wagner previene, debido a la complicada acústica de la sala. Los adioses de Wotan se benefician de un sonido redondo, bien dosificado clímax y atención a la tímbrica en la música del fuego mágico.

        Pareja de welsungos norteamericana, con Michael Spyres y la debutante Jennifer Holloway. El primero ya es conocido del año pasado, su instrumento ancho se mueve con comodidad en la dirección serena de Young, ofreciendo un Sigmundo de noble estampa. La visión más contenida de Young este año le lleva a desarrollar una interpretación más tranquila frente a la intensidad apabullante del año pasado, aunque su contestación a la narración de Sieglinde en el primer acto es puro fuego. Cantábile en el Winterstürme, a tempo contenido y magnífico segundo acto, donde puede hacer gala de un fraseo largo en una tesitura baritonal. Modélico en sus contestaciones a Brunilda y en el ZauberfestEn cuanto a ella, se nota que procede de la cuerda de mezzo, con un centro ancho y un agudo limitado, manejado con prudencia y donde a veces es inevitable cierto vibrato no agradable en la zona alta -bastante destacado en el Du bist der lenz y en su despedida en el tercer acto- y pérdida de empaque del instrumento. Frasea con gusto y el timbre es idiomático para la parte, sin ser especialmente carismático, por lo que en conjunto estamos ante una competencia aseada, pero sin altos vuelos. No sabemos hasta qué punto en la contratación de Holloway se ha tenido en cuenta su Adriano en el Rienzi que podrá verse en 2026 -un rol de mezzo-, y probablemente ya estaba cerrado este compromiso cuando se le propuso sustituir a Davidsen.

Kowaljow como Hunding, en la propuesta
de Schwarz un vigilante de seguridad -quizás
de la mansión de Wotan- que vive en un sótano.
        Como Hunding escuchamos a Vitalij Kowaljow, bajo verdiano habitual de la Scala, el Covent Garden y la Ópera de Zurich. Sus incursiones en el repertorio wagneriano han sido menos habituales, aunque en 2010 se lanzó a preparar el Wotan de Valquiria para Barenboim en la Scala (Arthaus) que cantaría en 2017 en Salzburgo con Thielemann (C Major). También ha encarnado al Holandés en Toronto y en Hamburgo en 2022 y tiene en repertorio, además de Hunding, Pogner, el Rey Enrique y Gurnemanz. Poseedor de una voz grande, de emisión diáfana y que luce bien en toda la tesitura, recuerda en maneras al Hunding inflexible y cortante de Josef Greindl.

        Catherine Foster se encuentra en buena forma, con una Brunilda segura en los agudos, dramáticamente muy convincente en el anuncio de la muerte a Sigmundo y punzante en el tercer acto.

        El Wotan de Tomasz Konieczny, más villano que dios, se mueve entre los cambios de color según engole más o menos la voz. Con Fricka es un hombre derrotado desde prácticamente el inicio del dúo, y en el monólogo también adopta la posición de hombre abatido, si bien está bien fraseado y resulta convincente dentro de esta concepción. Lo mejor, unos adioses de Wotan muy competentes.

        Christa Mayer es una Fricka con fuste, inflexible y de fraseo muy atento al texto, con ese timbre un punto ácido.

        Bien el octeto de valquirias, con voces bien empastadas.

        En definitiva, una Valquiria con indudable atractivo por una dirección esmerada, atenta a las distintas atmósferas, sincera y alejada de cualquier efectismo, con una orquesta que se pliega sin reservas a la batuta y da lo mejor de sí. Young paladea más este año la Tetralogía -esta Valquiria dura cinco minutos más que la del año pasado-. También se nota el buen entendimiento entre batuta y cantantes y, en particular, que los tempi de Young favorecen una dicción más clara. Buen reparto en conjunto, pero donde se ponen de manifiesto diferencias.

Grabación digital en HD, en formato .acc a 256 kpbs, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales.

28 DE JULIO DE 2025.

EL ORO DEL RHIN / BAYREUTH 2025

EL ORO DEL RHIN / Festival de Bayreuth, 26 de julio de 2025, 18 horas.
Otra representación: 15 de agosto.
Producción de Valentin Schwarz estrenada en 2022 / Decorados: Andrea Cozzi. Vestuario: Andy Besuch. Dramaturgia: Konrad Kuhn. Iluminación: Nicol Hungsberg. Vídeo: Luis August Krawen.
Dirección musical de Simone Young
Reparto: Tomasz Konieczny (Wotan), Nicholas Brownlee (Donner), Mirko Roschkowski (Froh), Daniel Behle (Loge), Christa Mayer (Fricka), Christina Nilsson (Freia), Anna Kissjudit (Erda), Olafur Sigurdarson (Alberich), Ya-Chung Huang (Mime), Patrick Zielke (Fasolt), Tobias Kehrer (Fafner), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Reinhold (Flosshilde).
Minutación: 151:38 (2 h 31 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Contemplando el oro

        Se inicia, por cuarto y último año, el Anillo en producción de Valentin Schwarz, estrenado en 2022 y del que ya se ha dicho prácticamente todo. El Netflix-Ring, por su parecido con una serie de la popular plataforma, desmitifica el relato y centra todo en un culebrón familiar, con algunas vueltas de tuerca muy forzadas -Alberich, aquí hermano mellizo de Wotan, no roba el oro sino que rapta a un niño aprovechando una excursión a la piscina con las ondinas, aquí una suerte de cuidadoras-. En el podio no tuvo suerte, pues en 2022 cayó enfermo Pieteri Inkinen con los ensayos ya avanzados y tuvo que hacerse cargo de la obra Cornelius Meister, quien desarrolló un trabajo competente con el poco tiempo que tuvo. Un año después Inkinen se puso al frente y el resultado fue desigual y la batuta no extrajo de la orquesta del Festival todo el potencial que puede ofrecer. Antes de empezar la edición de 2023 ya se indicó que Inkinen no continuaría al frente del Anillo en temporadas posteriores, anunciándose a Philippe Jordan, quien por motivos de agenda declinó dirigirlo a principios de 2024, anunciándose a Simone Young, lo que a la postre resultó todo un acierto: una Tetralogía con pathos dramático, dirigida desde la experiencia de una sólida batuta wagneriana que extrajo todo el potencial a la orquesta. De hecho si el pasado año corría el rumor de que este Anillo sería retirado de cartel tras la edición de 2024, probablemente la presencia de Young en el podido haya motivado mantenerlo un año más, si bien en todo caso no disfrutará de los cinco años acostumbrados.

        Irene de Juan nos saludaba desde Radio Clásica a las seis menos cuarto de la tarde, en su estreno en las retransmisiones de Bayreuth. Instantes después lo hacía Clemens Nicol desde la Radio de Baviera para introducirnos a la Tetralogía. Al igual que ocurriera el pasado año, la emisora no ha colgado con retraso en su web las fotografías correspondientes a este Oro, que no han estado disponibles hasta la mañana siguiente, por lo que las hemos añadido después.

Fasolt (Zielke), Fafner (Kehrer) y Freia (Nilsson)
        El reparto es muy similar al del año anterior, pero pulido, según comentaremos. Sale el veterano John Daszak (Loge), quien evidenció algunos problemas de entonación, siendo sustituido por Daniel Behle, magnífico David en los Maestros de Barrie Kosky (2017-21). También sale Okka von der Damerau (Erda), quien estuvo un tanto prosaica, debutando en el Festival Anna Kissjudit. También hay cambios en los roles de Fasolt y Woglinde. Respecto al gigante, Jens-Erik Aasbø no está en esta edición, probablemente porque su esposa, la soprano Elisabeth Teige, no participa este año al no programarse ni el Holandés ni Tanhäuser, planificando así su agenda juntos. Pasa a ser sustituido por Patrick Zielke, a quien ya escuchamos ayer como Hans Foltz en Maestros. 
Por un reajuste en roles, Evelin Novak este año sólo se ocupará de una de las muchachas-flor en Parsifal, cediendo el rol de Woglinde a Woglinde Katharina Konradi, quie fue el Pastor en la producción de Tannhäuser de Tobias Kratzer.

        Simone Young plantea un prólogo más sereno y un punto más contemplativo que el del año pasado -la minutación excede en algo más de cinco minutos la de entonces-, desgranando el discurso sin prisa y con atención a las distintas atmósferas que ofrece la obra. En los últimos años habían predominado prólogos más bien ligeros y ninguno había pasado de las dos horas y media -aunque Inkinen se quedó a las puertas en 2023, con 2:29-. Debemos acudir a las Tetralogías de Thielemann de 2006, 2007 y 2008 para encontrar esa minutación -las de 2009 y 2010 son algo más ligeras-. También se aprecia una dirección un punto más limada, como si la australiana gustase de experimentar con la acústica redondeada del Festspielhaus -se nota especialmente en la entrada de los dioses en el Walhalla, donde no hallaremos el fragor de los metales-. Hay momentos de excelente factura: la precisión desestabilizadora de la transición hacia la segunda escena, la entrada de Loge, las transformaciones de Alberich, el regreso de Freia o las filigranas en la cuerda que preceden a la invocación de la tormenta por Donner.

        Reparto en conjunto notable y de línea clásica, si bien con un punto inferior en lo que respecta al Wotan de Tomasz Konieczny y al Alberich de Olafur Sigurdarson, que en todo caso realizan encarnaciones solventes.

Alberich (Sigurdarson) en el secuestro del niño
que en la propuesta de Schwarz simboliza el oro
        El Wotan de Tomasz Konieczny ya es conocido de estas Tetralogías, con voz oscura, recurso a la gola para ensanchar la voz y dicción un tanto borrosa. Apurado en el agudo en su intervención inicial y en su saludo a la fortaleza, dramáticamente funciona bien dentro de una interpretación más oscura que noble o mayestática, y con algunos momentos bien conseguidos -el interactuar con Alberich en la tercera escena o el pesimismo del que se imbuye tras ver matar a Fasolt y comprobar lo que ha desencadenado en la cuarta-.

        Del Alberich de Olafur Sigurdarson también hemos hablado en años anteriores, con sus virtudes y defectos. La interpretación es orgullosa, sin recurrir a histrionismos, por lo que dramáticamente convence, la dicción es clara y funciona bien en los pasajes ágiles que tiene que afrontar. La voz no es muy grande y pierde color y empaque en la zona superior, lo que se pone de manifiesto en las escenas tercera y cuarta. Tanto él como Konieczny han salido conjuntamente a saludar y han cosechado un aplauso cálido.

        Muy buena incorporación la de Daniel Behle, un Loge luminoso y juvenil, rítmicamente muy atento y que ha compuesto un semidiós del fuego fresco y punzante. Como anécdota, tuvo un amago de entrada en falso en el quinto verso de su entrada -In Tiefen und Höhen-.

Freia (Nilsson). En la propuesta de Schwarz,
los acontecimiento la llevan a plantearse el suicidio,
lo que ocurrirá cuando, en el segundo acto de Valquiria,
asistamos a su funeral.
        El resto de dioses se mueve a alto nivel, con voces de entidad. Christa Mayer compone una Fricka muy atenta al texto y al fraseo, siempre alerta y con un punto de tragedia. 
Michael Brownlee, ya anunciado como Holandés para el próximo año y actual Wotan en la Ópera Estatal de Baviera, es un Donner robusto y poderoso. Mirko Rochkovski es un Froh de línea clásica. Christina Nilsson es una Freia delicada y luminosa, con una limpia línea de canto, más afianzada en el rol que el año pasado. La joven contralto húngara Anna Kissjudit, de 28 años, es una Erda telúrica y serena.

        Muy buen tándem de gigantes de Patrick Zielke y Tobias Kehrer. El primero, Sarastro en Berlín y Hagen en la Tetralogía historicista que está desarrollando Kent Nagano por distintos escenarios, Gurnemanz, el Rey Enrique u Osch en El caballero de la rosa en distintos teatros alemanes, es un bajo aún joven de poderosos medios, que encaja en la tipología clásica del gigante. Quizás en su intervención larga de la segunda escena no sea demasiado ensoñador al aludir a Freia, un punto monocramático, pero es un detalle menor. El segundo, ya conocido de años anteriores, ofrece una interpretación calculadora y un punto introspectiva, muy adecuada al personaje.

        Repite Ya-Chung Huang el buen Mime del año pasado, con una interpretación precisa y matizada sin caer en el histrionismo, y cuyo vigor vocal empalidece el Alberich de Sigurdarson en las breves frases que intercambian al comienzo de la tercera escena.

        Buen trío de ondinas de Katharina Konradi, Natalia Skrycka y Maria Henriette Reinhold, empastado y fluido, aunque Evelin Novak era preferible como Woglinde, por tener una voz más dulce y redondeada.

        En definitiva, comienza con buen sabor la Tetralogía, que iremos escuchando jornada a jornada.

Grabación digital en HD, en formato .acc a 256 kpbs, procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales.

26 DE JULIO DE 2025.

SIGFRIDO / BAYREUTH 2024

SIGFRIDO / Festival de Bayreuth, 31 de julio de 2024, 16 horas.
Otra representación: 23 de agosto
Producción de Valentin Schwarz estrenada en 2022 / Decorados: Andrea Cozzi. Vestuario: Andy Besuch. Dramaturgia: Konrad Kuhn. Iluminación: Nicol Hungsberg
Dirección musical de Simone Young
Reparto: Klaus Florian Vogt (Sigfrido), Ya-Chung Huang (Mime), Tomasz Konieczny  (Viandante), Olafur Sigurdarson (Alberich), Tobias Kehrer (Fafner), Okka von der Damerau (Erda), Catherine Foster (Brunilda), Alexandra Steiner (pájaro del bosque).
Minutación: Acto I: 80'20 / Acto II: 73'26 / Acto III: 81'20 / Total: 235'06 (3 horas 55 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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El joven Sigfrido

        Prosigue el Anillo de Simone Young tras la preceptiva jornada de descanso, en la que tuvo lugar, por la mañana, el ensayo general del Holandés -la víspera de la primera función- y, por la tarde, 
la segunda función de Festspiele Open Air. No es habitual que un ensayo general se posponga hasta el comienzo de las representaciones, pues normalmente todos tienen lugar en los días previos, pero en este caso se trata de la obra más breve de cuantas se representan en el Festival y no tiene descansos, por lo que es posible colocar dicho ensayo por la mañana de una jornada de descanso con facilidad. Es también conocido que los músicos que interpretan unas u otras obras también son diferentes, por lo que es probable que los que tocan en el Holandés nada tengan que ver con los que están haciendo la Tetralogía. Desde la Radio de Baviera con Clemens Nicol y desde Radio Clásica con Ricardo de Cala hemos seguido la segunda jornada de este Anillo. En los intermedios españoles con los siempre precisos comentarios de Miguel Ángel González Barrio, gran wagneriano que viene acompañando en los últimos años una de las retransmisiones, y que hizo un interesante recorrido por la trayectoria artística de Simone Young, con distintos registros. 

        Este Sigfrido trae la gran curiosidad de esta edición -una curiosidad rayana en lo morboso por un sector de los melómanos-: escuchar a Klaus Florian Vogt cantar el rol protagonista. Se incorpora Catherine Foster como Brunilda -ya el año pasado interpretó a la valquiria en el título homónimo y en el Ocaso, pero Daniela Kohler se hizo cargo de la de Sigfrido debido a que la Foster cantaba también Isolda-. El reparto inicialmente anunciado preveía a Arnold Bezuyen como Mime, quien ya había cantado el rol en las dos ediciones anteriores, y la sustitución de Alexandra Steiner, pájaro del bosque en las dos anteriores ediciones, por la debutante Slávka Zámecnikova, soprano eslovaca habitual de la Staatsoper de Viena. Bezuyen fue sustituido por el taiwanés Ya-Chung Huang poco antes de comenzar los ensayos, mientras que de la segunda nada se ha sabido, en un discretísimo movimiento que no ha sido anunciado. Nosotros supimos que en l ensayo general de este Sigfrido cantó Steiner -no es algo inhabitual ante este tipo de contingencias, así, en el ensayo general de Parsifal, Amfortas fue cantado por Michael Kupfer-Radecky ante una indisposición de Derek Welton, que sí cantó el estreno-, pero pensamos que se debía a una indisposición puntual de la otra cantante. Y finalmente, en el reparto anunciado para hoy, figuraba Steiner. Se ha confirmado la presencia de Catherine Foster, quien ayer rehusó participar en el recital Festspiele Open Air por indisposición, siendo sustituida por las sopranos Brit-Tone Müllertz (Ortlinde) y Christina Nilsson (Freia). La ola de calor que estos días azota Europa se deja sentir en Bayreuth -durante la tarde se alcanzaron los 32º y la climatología ha sido todavía más agobiante en días previos, en una ciudad no acostumbrada a esas temperaturas y con una sala que carece de aire acondicionado-.

        Simone Young ha desarrollado una lectura de tempi cómodos -primer y tercer acto de más de ochenta minutos, y un tercero un punto más ágil, empleando tan sólo setenta y tres-, de trazo más sutil que en las obras precedentes -probablemente, como ya comentamos, va ganando experiencia con el foso una vez que se desarrolla una representación con el Festspielhaus lleno de público-. Dos minutos y algo menos que Inkinen, pero con importantes diferencias a la hora de exponer el drama. Ha comenzado el introspectivo preludio de una forma un tanto rutinaria., que se ha extendido a toda la primera escena. El drama ha ido creciendo en la segunda escena y en la tercera ha ofrecido una fragua y forja vigorosas y potentes. Magnífico segundo acto, en lo puramente musical y en lo dramático, ya desde un preludio cargado de pathos que se ha proyectado en una primera escena entre Alberich y el Viandante potentísima, pasando por una filigranas exquisitas en los murmullos del bosque y una muerte de Fafner épica. En el preludio del tercer acto no ha cargado las tintas en los metales, permitiendo escuchar en todo momento la línea de los violines y con atención a las maderas. La escena de Erda ha resultado un punto prosaica. Bien el encuentro entre el Viandante y Sigfrido y magnífico interludio y todo el dúo posterior, con importante nervio dramático y trascendencia.

Vogt como Sigfrido en el primer acto,
preguntando por su ascendencia
        Que Klaus Florian Vogt no tiene voz para Sigfrido ya era algo conocido. Debutó el rol juvenil en marzo del año pasado en Zurich con Noseda, llevándolo a Viena en junio con 
Welser-Möst. En otoño debutó el del Ocaso en Zurich también con Noseda. Ha aparecido a principios de año en Wiesbaden y de nuevo en Zurich en mayo. Antes del segundo ciclo, los días 18 y 20 de agosto, cantará en Graz la parte bajo la dirección de Markus Merchel en una selección denominada El Anillo en una tarde, junto a Michael Volle (Wotan) y Elena Pankratova (Brunilda). ¿Es un rol que vaya a cantar habitualmente? Pues es difícil de decir. Para la próxima temporada, además de Tannhäuser en la Deutsche Oper -otro rol pesado que se lanzó a cantar, además de en Bayreuth y en el Festival de Ópera de Munich-, tiene previsto el Sigmundo y el Sigfrido en el Anillo de La Scala que dirigirá Christian Thielemann. Desde luego esta temporada ha sido la de puesta de largo del rol, apareciendo en con él absolutamente interiorizado. Que Vogt es un trabajador incansable es indiscutible, no se presenta con un rol a medio hacer o como experimento -y frente a esto ya conocemos algunos ejemplos ocurridos en Bayreuth recientemente, donde con los ensayos ya comenzados o incluso avanzados, el tenor de turno se da cuenta de que no puede con el rol-. Vogt puede con el papel y lo demuestra con creces: está cómodo con la tesitura, con el fraseo, con la respiración, la dicción es buena, llega entero hasta el final, su instrumento le permite desarrollar una línea cantábile sin dificultad alguna... No es una voz idiomática para la parte, pero allí donde casi todos los tenores con voz para cantar el rol naufragan por uno u otro motivo, Vogt sale triunfante. Si a eso le añadimos la acústica diáfana y envolvente del Festspielhaus, es razonable entender los aplausos cosechados. Y, pese a que estemos acostumbrados a pesados tenores, Sigfrido no deja de ser un chaval de, como mucho, dieciocho años, inocente y guiado por sus impulsos. Con estos dos ciclos del Anillo habrá cantado en el Festival todos los roles protagónicos para tenor salvo Tristán, el último que ha preparado y con el que ha hecho aparición, casi sin esperar tras Sigfrido, en enero de 2024, con Thielemann en Dresde y la Isolda de Camilla Nylund-. Con motivo de aquél debut, un crítico sentenciaba: parece que no hay ningún papel wagneriano que ponga a prueba el timbre de Klaus Florian Vogt. Dada la trayectoria de Vogt en el Festival no sería de extrañar que, en alguna edición próxima, Schager vuelva a Sigfrido para permitir a Vogt cantar Tristán.

Las marionetas que parecen ser la afición de Mime en
esta producción, y con las que el personaje responde al
Viandante en el torneo del saber
        El taiwanés Ya-Chung Huang es un sobresaliente Mime. En su aparición parece que intentó buscar una emisión que generase el mayor volumen y anchura posible. Se dio cuenta de que no era necesario, que la voz fluía bien por la sala sin recurrir a ello y optó por una emisión más natural tras la entrada de Sigfrido. La voz es grande y tiene cierta anchura, lo que se hace más patente en presencia de Vogt. Estuvo preciso en la medida y ágil en sus parlamentos. Además su complexión menuda le hace un Mime ideal en escena. 
Haría también un buen Loge.

        De Tomas Konieczny repetir lo dicho el año pasado: es la jornada que mejor le resulta, componiendo un notable Viandante, con una voz que fluye libre, si estar asentada en la gola y sin sonar pastosa. Generoso en el torneo del saber y poderoso frente a Alberich en el segundo acto.

        El Alberich de Olafur Sigurdarson se enfrenta a su habitual problema del registro agudo: la
voz pierde color y se torna blanquecina. En todo caso, como actor ofrece una completa interpretación del malévolo personaje, en la propuesta de Valentin Schwarz nada menos que hermano de Wotan, con quien se encuentra en la vasta mansión de Fafner, una suerte de venerable patriarca que custodia el patrimonio con mano de hierro pero que es un anciano moribundo. El tesoro y el anillo convertidos en intrascendente lucha familiar.

Vogt (Sigfrido) y Foster (Brunilda)
        Bien sin más Tobias Kehrer como Fafner, pues el año pasado sonó un punto más generoso en su aparición inicial a Alberich y el Viandante, con un grave más prominente y resonante. Mejor cuando Sigfrido lo abate, demostrando su capacidad para desarrollar un fraseo elegante.

      Okka von der Damerau no tuvo buen día, componiendo una intrascendente Erda, con una emisión inestable por su amplio vibrato y una interpretación carente de misterio.

    Como ya he dicho en anteriores ocasiones, no es Alexandra Steiner mi pájaro del bosque favorito, con su voz afilada y metálica y no siempre controlada en el registro agudo, pero hace una lectura idiomática de la parte, alejada de ademanes operísticos.

    Catherine Foster comenzó con la voz no del todo templada, e incluso en O Siegfried! Siegfried! Seliger Held! estuvo a punto de hacer un gallo. El instrumento se templó rápido y compuso una buena Brunilda, entregada y apasionada.

Grabación digital procedente de la Radio de Polonia en HD, en formato .aac a 330 kpbs. 
Se incluyen las alocuciones iniciales y finales, obtenidas de la Radio de Baviera.

5 DE AGOSTO DE 2024.

LA VALQUIRIA / BAYREUTH 2024

LA VALQUIRIA / Festival de Bayreuth, 29 de julio de 2024, 16 horas.
Otra representación: 21 de agosto
Producción de Valentin Schwarz estrenada en 2022 / Decorados: Andrea Cozzi. Vestuario: Andy Besuch. Dramaturgia: Konrad Kuhn. Iluminación: Nicol Hungsberg
Dirección musical de Simone Young
Reparto: Michael Spyres (Siegmund), Georg Zeppenfeld (Hunding), Tomasz Konieczny (Wotan), Vida Miknevičiūtė (Sieglinde), Catherine Foster (Brünnhilde), Christa Mayer (Fricka), Catharine Woodward (Gerhilde), Brit-Tone Müllertz (Ortlinde), Claire Barnett-Jones (Waltraute), Christa Mayer (Schwertleite), Dorothea Herbert (Helmwige), Alexandra Ionis (Siegrune), Marie Henriette Reinhold (Grimgerde), Noa Beinart (Rossweisse).
Minutación: Acto I: 63'36 / Acto II: 90'33 / Acto III: 70'11 / Total: 224'20 (3 horas 44 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Pasión desenfrenada

            Continúa la Tetralogía de Simone Young. Clemens Nicol desde la Radio de Baviera y Ricardo de Cala desde Radio Clásica comenzaban la retransmisión poco antes de las cuatro de la tarde. Ricardo de Cala acompañado por Arturo Reverter, quien ya estaba presente en la era de José Luis Pérez de Arteaga.

            El cambio de batuta fue perceptible en el Prólogo y aquí más aún. Si bien en el Oro Simone Young redujo tres minutos los tempi de Pietari Inkinen, en este caso la diferencia es por pocos segundos -con un primer acto que incluso dura más-, y la sensación de tensión, dramatismo y arco melódico está presente en cada pasaje. No hay vacíos ni rutina. Optó por un preludio contenido, más evocador que tormentoso, como asimismo las dos primeras escenas del primer acto, que lucieron un punto crepusculares y reflexivas pero ciertamente atractivas. En la tercera escena, Spyres, que venía dispuesto a todo, comenzó a mostrarse cada vez más arrojado, Miknevičiūtė hizo lo propio en su relato y ambos arrastraron a la batuta a un torbellino de pasión incendidada. Vamos a analizar la minutación del primer acto: los 3:45 minutos de preludio no es un tempo especialmente ágil, y el Winterstürme comienza a los 48 minutos y medio. En definitiva, la recta final del primer acto se despacha a unos tempi agilísimos -Sigmundo afronta su intervención final, donde revela su identidad, transcurrida casi una hora-, en un final orquestal explosivo, vibrante e incandescente. Ha llevado con buen pulso el segundo acto después del derroche del primero, acompañando con atención a Konieczny en su monólogo y de forma sobria y contemplativa a Foster en el anuncio de la muerte. El tercer acto ha resultado el más vibrante, con unos adioses de Wotan explosivos y un clímax bien planificado, como asimismo el final. Cuerda musculada bien moldeada y metal siempre presente, el grave rugiente desde las profundidades del foso, señas todas ellas que recuerdan a Barenboim. Trazo menos grueso que en el Prólogo y con más detalle al timbre, probablemente por ir cogiendo la medida a la complejo abismo místico que es el foso del Festspielhaus. Aunque Young no es una alquimista del sonido, ha tenido detalles de interés, creando un tapiz sutil con maderas y arpas en el comienzo del Winterstürme y en el fuego final.

La pareja de welsungos
        Y vayamos a la otra novedad: el debut en Bayreuth de la pareja protagonista, Michael Spyres y 
Vida Miknevičiūtė. Éxito absoluto. El norteamericano fue a darlo todo, con una voz noble y redondeada, fraseo cantábile y variedad de dinámicas -ojo a los reguladores en el Winterstürme, respetados cuidadosamente-. Desde que salió a escena se mostró generosísimo -derroche de voz en su relato a Hunding- y ya iniciada la tercera escena no sabíamos si iba a llegar antero al final del acto. Quiso ofrecer un Sigmundo poderoso, con volumen y arrojo, por lo que la colocación de la voz no era homogénea -es perceptible en notas altas al final de su monólogo en la tercera escena, en su contestación al relato de Sieglinde y en su intervención final-. Era el debut, quiso impresionar y lo logró, se dosificará en próximas ocasiones. Hubo nervios e hizo una tercera por arriba en una de las notas en la frase en la que expresa la entrada de la primavera, si bien armónicamente encaja en el conjunto. En todo caso, magnífica interpretación. El Festival ha encontrado a un Sigmundo de categoría, tras varios años con voces inadecuadas -Ventris, Vogt-. Éxito también para la soprano lituana, que debutó el rol con Thielemann en la Staatsoper de Berlín en el otoño de 2022 con gran éxito y que aquí se ha confirmado como una Sieglinde atenta al detalle, sensible pero a la vez incandescente. La subida al agudo se realiza con un vibrato muy rápido que me recuerda al de Waltraud Meier. La voz es penetrante -un punto metálica en algún momento por la radio, algo que probablemente no ocurra en vivo- pero con un material netamente lírico. Puede con el papel, pero falta un punto de anchura en su despedida  en el tercer acto.

        El Festival ha tenido unas parejas de welsungos de altura a lo largo de los últimos veinticinco años y con material diverso. Repasemos los Sigmundos precedentes, con indicación del número de ediciones en que han intervenido: Plácido Domingo (1), Robert Dean Smith (4 completas y 2 más en el tercer ciclo), Endrik Wottrich (4, en dos apoyado por el anterior en el tercer ciclo), Johan Botha (4, interrumpidos por su fallecimiento), Christopher Ventris (2), Stephen Gould (1) y Klaus Florian Vogt (3). Ha habido distintos acercamientos: el inclasificable pero arrojado Domingo, el noble Smith en la línea de su compatriota James King, el baritonal y heterodoxo técnicamente pero efectivo en conjunto y con apabullante presencia escénica Wottrich, el noble Botha, dentro de la tipología de spinto, los líricos Ventris y Vogt y el heldentenor Gould. En conjunto el más flojo fue Ventris y probablemente el más acabado técnicamente fue Smith, aun no siendo el más expresivo. En cuanto a las sopranos: Waltraud Meier (1), Violeta Urmana (3), Eva Johansson (1), Adrianne Pieczonka (2), Eva Maria Westbroek (2), Edith Haller (1), Anja Kampe (4), Heidi Melton (1), Camilla Nylund (1), Lise Davidsen (2) y Elisabeth Teige (1). Urmana ha sido la más dramática. No era el papel más idóneo vocalmente para Meier pero hizo una Sieglinde incandescente sin merma de calidad vocal. Nylund fue la menos adecuada por material, demasiado lírica, aunque Melton no tuvo su mejor momento cuando interpretó el rol aun siendo una soprano dramática. Haller era netamente lírica pero dio toda una lección de canto y fraseo, absolutamente prístina. Johanssen, Westbroek, Kampe y Teige eran más prominentes en su condición de lírico-dramáticas y más arrojadas escénicamente, Pieczonka y Davidsen más contenidas y sobrias, pero técnicamente importantes. La química entre Spyres y Miknevičiūtė ha resultado impresionante, y vocalmente funcionan bien en sus respectivos roles. Sin duda, una pareja para recordar. La ovación recibida al acabar el acto lo demuestra.

        La Radio de Baviera ha entrevistado a Spyres, quien se define como baritenor y quien ha escalado hasta el repertorio wagneriano desde sus orígenes belcantistas. Reconoce que la producción es exigente frente a una propuesta tradicional donde todo es predecible, y aquí hay una dirección de actores completamente diferente al libreto.

    Buen Hunding de Georg Zeppenfeld, que no tiene la voz más profunda pero sí aterciopelada y muy rica en armónicos, con unas frases iniciales muy bien cantadas y una presencia importante.

Konieczny como Wotan al final de la obra
        Tomasz Konieczny comenzó el segundo acto más villano que noble para después ir construyendo un personaje creíble, bien fraseado, abatido por los acontecimientos, que lució bien en el monólogo y en los adioses. Ya sabemos que no es el cantante rítmicamente más preciso, que su emisión es pastosa por momentos y que tiene esa tendencia al ataque en piano de determinadas frases, pero en conjunto estamos ante un Wotan creíble.

        Catherine Foster volvió a exhibir su solvente Brunilda. La colocación de la voz no fue la mejor en los Hohotojo! iniciales, pero en su entrada posterior ya estaba a pleno rendimiento. Sobrina y elegante en el anuncio de la muerte a Sigmundo y arrojada en el tercer acto, con una buena intervención final.

        Christa Mayer ofreció su conocida Fricka, dramáticamente imponente, con fuste, y un fraseo muy atento, pero también con un cierto timbre ácido y matronil.

        Bien el octeto de valquirias, mejor conjuntado que el año pasado con la mitad renovada -debutaban Catherine Woodward, Dorothea Herbert, Alexandra Ionis y Noa Beinart-.

        Con esta Valquiria el Anillo de Simone Young ha ido a más. A la espera de escuchar las dos jornadas restantes, me atrevería a decir que el primer acto ha marcado, por las voces, su punto más alto, difícil de igualar o superar en lo que resta, aunque aún nos quedan momentos importantes.

Grabación digital procedente de la Radio de Polonia en HD, en formato .aac a 330 kpbs. 
Se incluyen las alocuciones iniciales y finales, obtenidas de la Radio de Baviera.

30 DE JULIO DE 2024.

EL ORO DEL RHIN / BAYREUTH 2024

EL ORO DEL RHIN / Festival de Bayreuth, 28 de julio de 2024, 18 horas.
Otra representación: 20 de agosto.
Producción de Valentin Schwarz estrenada en 2022 / Decorados: Andrea Cozzi. Vestuario: Andy Besuch. Dramaturgia: Konrad Kuhn. Iluminación: Nicol Hungsberg. Vídeo: Luis August Krawen.
Dirección musical de Simone Young
Reparto: Tomasz Konieczny (Wotan), Nicholas Brownlee (Donner), Mirko Roschkowski (Froh), John Daszak (Loge), Christa Mayer (Fricka), Christina Nilsson (Freia), Okka von der Damerau (Erda), Olafur Sigurdarson (Alberich), Ya-Chung Huang (Mime), Jens-Erik Aasbø (Fasolt), Tobias Kehrer (Fafner), Evelin Novak (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Maria Henriette Reinhold (Flosshilde)
Minutación: 146:26 (2 h 26 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Y desde Australia llegó el Oro

        Minutos antes de las seis de la tarde, Clemens Nicol desde la Radio de Baviera anunciaba el inicio de la Tetralogía, con Ricardo de Cala a los micrófonos de Radio Clásica. Pasaba minuto y medio cuando sonaba el mi bemol 1 en los contrabajos, la nota pedal que origina el preludio de El Oro del Rhin y que, por tanto, hace comenzar la Tetralogía. Contrafagot... Cuerdas... y hacían su entrada las ondinas, rotundas y brillantes. Simone Young lleva a buen pulso la primera escena, con aliento dramático. Es la misma partitura, pero la obra en sus manos parece otra. Inkinen no despertó entusiasmo en el prólogo y ahora la cosa cambia. Que la directora australiana tenía que dirigir en Bayreuth era algo obligado. Ya desde mediados de los noventa era la mujer en podio que disfrutaba de un mayor reconocimiento mundial. Grabó la Tetralogía durante su periodo en Hamburgo -producción de Claus Guth- y allí dirigió todo el canon con motivo 
del bicentenario del Maestro en 2013. Por supuesto ha paseado su lectura por Viena y Berlín. Tras la cancelación del inicialmente previsto Philippe Jordan se la anunció y no cabe duda de que ha sido una acertadísima elección. Su lectura se presenta a tempi un punto vivos, muy atenta dramáticamente y con una construcción del edificio orquestal compacto y granítico -por momentos un punto grueso frente a lecturas más luminosas- que recuerda a la de Barenboim -no en vano, fue el propio Barenboim quien la contrató en 1993 como kapellmeister de la Staatsoper de Berlín, donde aquél era Director Musical General-. La primera escena fluye sin dar tregua al oyente, mientras que en la segunda disfrutamos de una cuerda vibrante y unos metales poderosos y rugientes con los gigantes. Imponente descenso al Nibelheim por la densidad del entramado orquestal y bien trabajada la escena con Alberich. En la cuarta a destacar el apilamiento del tesoro y todo el final de la obra, poderoso y vibrante.

        Desconocemos que ocurre este año con las fotografías, pues la web de la Radio de Baviera sólo ha ofrecido una galería completa de la nueva producción de Tristán. De las reposiciones no ofrece nada. Si bien la producción ya es conocida, es interesante ver fotografías por algunos cambios de cantantes así como retoques en el montaje.

        Tras una primera frase un poco tosca, Tomasz Konieczny pone de manifiesto que es un Wotan oscuro, de emisión un punto engolada, pero efectivo. Un portamento poco elegante en hehrer, herrlicher Bau!, apenas comenzada la segunda escena, pero convincente dramáticamente. En el saludo final al Walhalla se le ha notado apurado de fiato.

        Tras un poco convincente Kurwenal y un indiferente Biterolf, escuchamos a Olafur Sigurdarson su Alberich, conocido de las dos anteriores ediciones de esta Tetralogía. En la primera escena no tiene problemas, por la tesitura eminentemente central y una interpretación orgullosa pero noble, atento a la medida, ágil en los parlamentos y con una dicción clara. Dentro de sus limitaciones por los aspectos ya conocidos -falta de anchura, pérdida de color en el registro agudo-, ha planteado una buena entrada en la tercera escena, más descolorido en su conversación con Wotan y Loge y en las subsiguientes transformaciones, como asimismo en la maldición. Sigurdarson cae en gracia en el público de Bayreuth. El año pasado asistí al segundo ciclo de la Tetralogía y comentaba con otro español que se sentaba cerca de mí mis reservas sobre su Alberich: mi interlocutor salió en su defensa, por una dicción es clara y tener un instrumento flexible para los abundantes pasajes de arioso que tiene, con momentos que se aproximan al sprechgesang. No olvidemos que Wagner es, ante todo, teatro cantado, y los alemanes ya llevan años quejándose de que la dicción del canto wagneriano se ha emborronado con el tiempo.

        Regreso del británico John Daszak a Bayreuth con su icónico Loge, recordado del Anillo que en 2015 dirigiera Kirill Petrenko. Tiene 57 años y el instrumento no es tan firme como hace nueve años, con alguna oscilación en notas largas del monólogo y en su intervención final, pero componiendo un acabadísimo retrato del semidiós del fuego y con una dicción y precisión rítmica impecables, por lo que se le disculpan esos pequeños inconvenientes.

        Así como el año pasado me decepcionó Christa Mayer, una cantante de indudables buenas maneras vocales pero a la que se la escuchó ácida, este año su Fricka tiene fuste y entidad.

        Lírica, muy lírica, más bien ligera, la Freia de la debutante Christina Nilsson, soprano sueca cuyo apellido, por razones obvias, llama la atención. En su biografía podemos leer que recibió la beca de la fundación de su compatriota Birgit Nilsson y fue primer premio del Concurso Internacional de Canto Renata Tebaldi en 2017. Compone un competente retrato frágil.

        El también debutante norteamericano Nicholas Brownlee viene de cantar este año el rol de Donner en la Ópera Estatal de Baviera bajo la dirección de Vladimir Jurowski y producción de Tobias Kratzer, aunque mantiene una relación estrecha con la Ópera de Frankfurt, donde canta papeles protagónicos -Sachs, Don Giovanni, Juan el Bautista- y con teatros de su país -ha hecho Wotan en Dallas y el Holandés en Santa Fe-. Es una voz de entidad y con carrera pese a su juventud. Como curiosidad, ganó el premio Operalia en la categoría de zarzuela. Otro debutante, el alemán Mirko Rochkowski, hace carrera en distintos teatros secundarios alemanes y destaca en papeles protagónicos del repertorio francés. De Wagner tiene en repertorio, además de Froh, el Timonel y Erik del Holandés, Lohengrin, Walther en Maestros y el inhabitual y complicado Claudio de La prohibición de amar, que preparó en 2022 para la Ópera de Leipzig. Ha compuesto un dios de línea clásica.

        Tengo la sensación de que la batuta ha tenido algo que ver con el poderío vocal y dramático de los gigantes, el noble y ensoñador Jens-Erik Aasbø (Fasolt), de frase dúctil y línea cantábile, y el oscuro y calculador Tobias Kehrer (Fafner), dos magníficas encarnaciones.

        Efectiva la Erda de Okka von der Damerau, este año con una atmósfera menos oscura y más fluida. Muy bien el Mime del debutante Ya-Chung Huang (Mime), con una interpretación precisa y afilada sin caer en histrionismos.

        Magnífico trío de ondinas en las voces de Evelin Novak, Natalia Skrycka y Maria Henriette Reinhold, tersas, brillantes y con un fraseo cantábile y fluido.

        Bayreuth vuelve a tener una dirección de altura para el Anillo tras el decepcionante de Pietari Inkinen, lo cual repercutió asimismo en el rendimiento de los cantantes en el prólogo el año pasado. Ahora se entiende el por qué de programar la Tetralogía para 2025: Young ha salvado el Anillo. Es cierto que ha habido algunos cambios, pero la mayoría del reparto se mantiene del año anterior, y el resultado es más homogéneo. Esperamos con impaciencia el resto de jornadas.

Grabación digital procedente de MDR Kultur, en HD, en formato .acc a 265 kbps.
Se incluyen las alocuciones iniciales y finales, obtenidas de la Radio de Baviera.

28 DE JULIO DE 2024.