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Los Maestros Cantores de Sawallisch (Ópera Estatal de Baviera, 1993)

 Analizamos una grabación de estudio que habitualmente pasa desapercibida: la que Wolfgang Sawallisch realizara de Maestros con los conjuntos de la Ópera Estatal de Baviera en 1993.

LOS MAESTROS CANTORES DE NUREMBERG

Coro y Orquesta de la Ópera Estatal de Baviera
(grabación de estudio realizada en abril de 1993)
Wolfgang Sawallisch

Hans Sachs: Bernd Weikl
Walther von Stolzing: Ben Heppner
David: Deon van der Walt
Eva: Cheryl Studer
Magdalena: Cornelia Kallisch
Sixtus Beckmesser: Siegfried Lorenz
Veit Pogner: Kurt Moll
Kunz Vogelgesang: Michael Schade
Konrad Nachtigall: Hans Wilbrink
Fritz Kothner: Hans-Joachim Ketelsen
Balthasar Zorn: Ulrich Ress
Augustin Moser: Roland Wagenführer
Hermann Ortel: Rainer Buese
Ulrich Eisslinger: Hermann Sapell
Hans Schwarz: Guido Götzen
Hans Foltz: Friedemann Kunder
Ein Nachwächter: René Pape


Dirección:
Elenco:
Sonido:

La que fuera la última grabación operística de estudio de Sawallisch -un año después grabaría en vivo El príncipe de Henze- es un título clásico en la Ópera Estatal de Baviera, de la que fue director titular durante dos décadas. Contó con un reparto formado por veteranos  -Weikl, Moll-, cantantes consolidados del momento -Studer, Lorenz- y jóvenes promesas -Heppner, Pape-, junto a miembros del elenco estable del teatro. El resultado destaca más por su homogeneidad que por su brillantez, siendo en todo caso notable.

Tras las grabaciones de estudio de Maestros que Jochum (DG) y Solti (DECCA) realizaran en 1975, hubieron de transcurrir 18 años hasta la siguiente. Las razones fueron varias: por un lado, el erial vocal existente desde los años ochenta hasta final de siglo, por otro, los desiguales repartos que hubieron de afrontar las dos grabaciones antecitadas y, finalmente, en lo que concierne a EMI, porque tenía en su haber tres importantes grabaciones de la obra: las dos de Karajan -en vivo en Bayreuth (1951) y en estudio en Dresde (1970)- y la de Kempe en estudio (1956), indiscutiblemente superiores a las producidas en 1975. A principios de los noventa, ya fallecido Karajan, el sello británico decidió embarcarse en un proyecto de grabación digital en CD de la comedia wagneriana. A finales de los ochenta ya había trasvasado a soporte compacto los dos registros mencionados, pero probablemente vio tirón comercial en la cuestión digital. El panorama vocal y directorial no era muy favorable, el primero con carácter general y, el segundo, por la cuestión contractual: las estrellas de la dirección wagneriana aparecidas en los años ochenta pertenecían a otros sellos: Levine y Sinopoli a DG y Barenboim a Teldec. Por su parte, el veterano Solti era fiel a DECCA desde que en 1958 comenzara a grabar su histórica Tetralogía. Wolfgang Sawallisch era un kapellmeister destacado, no sólo por su larga andadura al frente de la Ópera Estatal de Baviera, a la que había llegado en 1972, sino por toda una vida dedicada a la ópera, paso por Bayreuth incluido -comenzó su carrera en el Teatro de Augsburgo en 1947 con 24 años-. Nunca tuvo una relación apegada al mundo de la grabación. EMI, que quería subirse al carro de las Tetralogías en vídeo, registró en 1989 en vivo la que dirigió en Munich, por lo que para este proyecto volvió a contar con él. Además, en 1992 había anunciado su retirada no sólo de la Ópera Estatal de Baviera sino de la dirección operística en general, para centrarse en el repertorio de concierto -marchó a la Filarmónica de Filadelfia, de la que fue titular hasta 2003, dirigiendo hasta 2006, año en que se retiró por problemas de salud derivados de la presión sanguínea-, por lo que este registro supone la culminación de una carrera operística de nada menos que 45 años. 

La elección de los conjuntos de la Ópera Estatal de Baviera no podía ser más apropiada: el teatro estrenó la obra en vísperas de San Juan un 21 de junio de 1868, y la representa anualmente por esas fechas ininterrumpidamente desde 1949. La grabación se realizó en el mes de abril de 1993 en una doble ubicación: el Estudio 1 de la Radio de Baviera y la histórica Herkulessaal, ambos en la ciudad de Munich -el librillo no específica qué se grabó en cada lugar, pero esta doble ubicación probablemente tenga algo que ver con la aparatosa escena de la pradera del tercer acto-. Sawallisch no había registrado la obra con anterioridad y, además, iba a dirigirla en Bayreuth en 1963 cuando las diferencias con Wieland Wagner le llevaron a abandonar el Festival, por lo que es probable que tuviera un interés especial en este proyecto.

La grabación presenta un sonido demasiado pulido y muy calculado. Se nota que estamos ante un registro de estudio, con sus trucos habituales: se entresacan planos sonoros en la obertura, en los compases finales del primer acto -esa figuración en las trompetas (CD2, pista 4, 3:25- y al final del Wahnmonolog el arpa (CD3, pista 4, 4:10), como asimismo en la tercera estrofa de la canción del premio (pista 13)-, se atenúa la sonoridad orquestal en el concertante del final del primer acto -se echa en falto algo más de explosión sonora-. Esa artificiosidad hace que no se lleve el sobresaliente en este aspecto.

Wolfgang Sawallisch
        Wolfgang Sawallisch es un kapellmeister eficiente, llevando aquí a sus espaldas décadas de experiencia, quizás incluso de rutina con una obra que dirigía habitualmente. Se trataba de un prodigio musical con oído absoluto, muy destacado técnicamente, menos en términos exclusivamente artísticos. Este registro es un buen ejemplo de su estilo: tempi ágiles, sonoridades livianas, cierta suavidad y claridad de líneas, sin la finura exquisita de un Kleiber ni la transparencia y el fraseo de un Karajan. El discurso fluye con naturalidad, sin sensación de apresuramiento, pero sin ser tampoco especialmente detallista. Hay algún detalle interesante, pero son los menos -la línea de la trompa al pasar lista Kothner (CD1, pista 10, a partir de 1:44) o las maderas y trompas en las explicaciones de Sachs a Walther en el tercer acto, brillantes y precisas (CD3, pista 6, 6, desde 0:12)-, por lo que todo queda en una competencia aseada.

El preludio se nos presenta fluido y con claridad de líneas, en el punto justo entre solemnidad y festividad, entresacando algunas planos sonoros gracias al estudio -nótese los metales en las fanfarrias del tema de los maestros-. El coro inicial se nos presenta suave, sin el pathos de Kna, como asimismo la transición al encuentro de los protagonistas, que no presenta tensión. La escena de David no resulta especialmente chispeante ni cómica, y toda la reunión de los maestros antes de juzgar a Walther se mueve con buena dosis de rutina y sin contrastes -se echa en falta una mayor progresión al pasar lista o mayor explosividad en la contestación de la corporación a la propuesta de Pogner-. Más metido en drama a partir de que éste presente a Walther, a quien Sawallisch acompaña con una bella cuerda que aúna legato para el protagonista con articulación marcada para las faltas que va señalando Beckmesser -curioso estéreo, que separa a Beckmesser y su tiza a un canal y a Walther a otro-. Por desgracia la confrontación Beckmesser-Sachs resulta una pulcra sucesión de notas y todo resulta demasiado relajado. También el concertante final carece de la garra de las grandes versiones.

El segundo acto se abre con elegancia y equilibrio. Buen acompañamiento a los cantantes, pero se echa en falta algo más de atmósfera en todas las andanzas nocturnas de los personajes. Poco partido le saca al dúo de Sachs y Beckmesser y la fuga final deja indiferente.

El más interesante es el tercero, que hace que la dirección, en conjunto, llegue al notable bajo. Se abre con un preludio rutinario, pero hay buen acompañamiento hacia el final del monólogo de la ilusión, hay frescura en las explicaciones finales de Sachs a Walther y la transición orquestal a la entrada de Beckmesser (CD3, pistas 8 y 9), como asimismo todo el acompañamiento del encuentro entre el escribano y el zapatero, chispeante y con una conclusión brillante sin merma de la claridad de planos sonoros. Se muestra asimismo poderoso en el acompañamiento a Walther en la tercera estrofa de la canción del premio (pista 13) y refinado en el quinteto (CD4, pista 1). La transición a la escena de la pradera mantiene ese estilo claro y ligero, alejado de explosiones sonoras tan habituales en este pasaje, ligereza que se mantiene durante toda la primera parte, hasta la entrada de los maestros, donde la batuta se impregna de una mayor solemnidad. Muy buen Wach auf! (CD4, pista 6), cargado de recogimiento y culminando en un personal ritardando, un punto forzado, al que siguen unos poderosos Heil! Correcto acompañamiento en el concurso y buen final, chispeante y triunfante.

Bernd Weikl se convirtió en los años ochenta en el Sachs de referencia debido a la exitosa producción de Wolfgang Wagner en Bayreuth, estrenada en 1981: contaba entonces con 39 años, se encontraba en un momento vocal importantísimo y el nieto del Maestro quería relatar una fábula juvenil, donde el zapatero no era una personalidad venerable sino un joven viudo que bien podía tener posibilidades con una Eva adolescente. Weikl interiorizó el rol encarnando a un personaje simpático y paternalista. Si lo comparamos con el áspero Norman Bailey de Solti y el intelectualizado Dietrich Fischer-Dieskau de Jochum, Weikl crea un personaje superior -aun sin tener la belleza de timbre ni la técnica de este último- y a considerar a lo largo de la Historia de la interpretación del personaje. Contaba en esta grabación con 50 años y aunaba experiencia sin merma sustancial de estado vocal: timbre con un punto de brillo sin ser especialmente atractivo y un fraseo fluido que le permite manejar bien el texto. Su sencillez y bonhomía se ponen de manifiesto en su contestación a la propuesta de Pogner en la reunión de la corporación de maestros, ironía fresca con Beckmesser cada vez que interactúan y una interpretación en el tercer acto ensoñadora durante su contestación a David y en el monólogo de la ilusión, así como paternalista con Walther. Flojea en la presentación del concurso y en la arenga final, con apuros en la zona alta y en este última además con una medida un tanto libre, si bien no empañan una encarnación del zapatero a considerar.

La gran novedad de esta grabación fue el tenor canadiense Ben Heppner, que contaba con 37 años y comenzaba su andadura en el repertorio wagneriano más lírico, desarrollando su siempre bien planificada y calculada carrera. Su estado vocal es magnífico, si bien no encontramos la perfección de la que a veces se habla: la voz en el registro medio pierde brillo y resulta más bien mate -se nota especialmente en las primeras frases que dirige a Eva al comienzo de la obra o en sus respuestas a las explicaciones de Sachs en el tercer acto (CD3, pista 6)- y la emisión adolece de cierta nasalidad por momentos. Destacada presentación ante los maestros, si bien en algún momento puntual suena levemente forzado. Interpretación muy bien fraseada y planteada, escrupulosa en médica y dinámicas, culminando con una muy destacada técnicamente canción del premio, si bien con una emoción calculada. El do4 que tiene que afrontar en el segundo acto resulta muy apurado y con una pausa previa (CD2, pista 11, 4:03), no descartando que exista algún truco de estudio -quizás superpuesto después-. Asimismo, en las frases que intercambia en pianissimo con Eva cuando ambos plantean huir, el instrumento pierde empaque y proyección (pista 14).

La norteamericana Cheryl Studer llegó a Europa para perfeccionarse en el verano de 1979, con 23 años. Entre sus maestros tuvo a Hans Hotter, quien la convenció para que no regresara a los Estados Unidos. El bajo-barítono habló con Sawallisch para que la audicionara y éste la contrató para el elenco estable de la Ópera Estatal de Baviera. La andadura duró poco, pues dos años después pasó al Teatro de Darmstadt y, dos después, a la Deutsche Oper de Berlín, pero Sawallisch siempre la tuvo aprecio, grabando Las Hadas, RienziLa mujer sin sombra y estos MaestrosEn Bayreuth apareció desde mediados de los ochenta como Elisabeth y como Elsa, y como Senta a finales de los noventa. Ciertamente su carrera no fue demasiado larga y antes de cumplir los cincuenta ya estaba en franco declive, pero su versatilidad, su amplísimo repertorio -dominó también papeles del repertorio francés e italiano además de los roles lírico-dramáticos del repertorio alemán, interpretando en conjunto unos setenta, no todos en vivo- y su buen saber hacer la convirtieron en un valor seguro en los ochenta y noventa. El instrumento es terso, a veces un punto de más para este rol, y su fraseo es natural, con un punto de excitación en los momentos de mayor inquietud.

El para mí desconocido tenor sudafricano Deon van der Walt, miembro del elenco de la Ópera Estatal de Baviera y asesinado en una disputa familiar en 2005, contaba aquí 35 años y compone un competente David de sonoridades livianas y sin resultar especialmente cómico o histrión. Tampoco Sawallisch resulta especialmente chispeante acompañándole en sus explicaciones del primer acto.

La joven mezzo Cornelia Kallisch, oriunda de Baden-Wurternberg, integrada también en el elenco de la Ópera Estatal de Baviera al tiempo de esta grabación y después en el de la Ópera de Zurich, ofrece una Magdalena clásica, sobria y con buena línea de canto. Se muestra nerviosa y con aliento un punto trágico al relatar a Eva el rechazo de los maestros a Walther (CD2, pista 6, 4:29).

Kurt Moll es un Pogner de calidad. Ya sabemos que la voz no es muy grande, pero está manejada con técnica impecable y su timbre terso es un aliciente. Acababa de cumplir 55 años y no resulta tan desbordante como en los setenta y ochenta -compárese con su intervención en los Maestros de Solti (1975, DECCA)- pero, en todo caso, su encarnación ha de ser considerada y es uno de los alicientes de este registro.

El barítono Siegfried Lorenz, miembro del elenco estable de la Staatsoper de Berlín desde 1978 y fallecido a finales de agosto de 2024, es un cantante de buenas maneras vocales pero sin demasiada compenetración dramática con el rol de Beckmesser. Un escribano agradable al oído, con voz netamente lírica, que no cae en el histrionismo, pero de escasa personalidad y sin variedad en el discurso. Lo más interesante es el encuentro con Sachs en el tercer acto, pese a algún apuro en las agilidades rítmicas pero donde desarrolla una actitud de acomplejamiento muy efectiva. Por los pelos, pero da el la3 en Daß Nürnberg schusterlich blüh und wachs(CD3, pista 11, 5:45). Su intervención en el concurso no es especialmente cómica.

Un René Pape de 28 años es un poderoso sereno. A pesar de su juventud, ya tenía éxitos a sus espaldas, pues dos años antes había aparecido en la Staatsoper de Viena como Sarastro con Solti.

Correcta corporación de maestros, procedente del elenco estable del teatro, sin nada especialmente destacable. El Kothner de Hans Joachim Ketelsen no pasa de la mera corrección -pese a lo cual le escuchamos en su mejor momento, pues ya en el siglo XXI seguía cantando con un estado vocal bastante pobre-. Buen hacer al pasar lista, pero en la exposición de las reglas de la tabulatura exhibe una emisión fea por momentos, con vocales abiertas no agradables. Como curiosidad, encontramos a Roland Wagenführer como Augustin Moser, quien poco después y auspiciado por Barenboim, desarrollaría una carrera tan estelar como efímera como Erik y Lohengrin.

Este registro pasa habitualmente desapercibido, probablemente porque cuando se repasa la interpretación wagneriana rara vez se acude a los años noventa y la obra está bien servida desde los años de la guerra -Abendroth y Furtwängler en el Festival de Bayreuth de 1943- hasta mediados de los ochenta -Horst Stein en el Festival de Bayreuth de 1984, con la icónica puesta en escena de Wolfgang Wagner-. Incluso se suele tener más presente el registro de Jochum, pues aunque tenga un reparto desigual su dirección es superior y su sonido más natural. Pese a ello, algunos críticos la han dado un peso importante, a nuestro juicio excesivo: Ángel Carrascosa en El libro de la ópera grabada y Roger Alier en su Guía universal de la ópera la colocan nada menos que en un tercer puesto. Ambos colocan en segundo lugar el segundo registro de Karajan (1970, EMI) y obvian al gran Kna (cuatro registros). Carrascosa, por su parte, posterga a un quinto puesto al destacado Kempe (dos registros). Coincidimos más con Ángel Fernando Mayo, que en su Guía Wagner coloca este registro en la amplia zona media. No compartimos, eso sí, el colocarlo por delante del de Karajan de 1951, algo que denota la fobia que tenía al salzburgués.

FEBRERO DE 2025.

El perdido Parsifal de Kubelik (Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, 1980)

Con motivo del fallecimiento de Franz Mazura, comentamos este registro de estudio que durante años no fue publicado y que hoy, desgraciadamente, se encuentra descatalogado, y en el que Mazura interpretaba a Klingsor.


PARSIFAL

Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera
Coro de la Radio de Baviera
Tölzer Knabenchor
Rafael Kubelik

(grabación de estudio realizada en mayo de 1980)

Amfortas: Bernd Weikl
Titurel: Matti Salminen
Gurnemanz: Kurt Moll
Parsifal: James King
Klingsor: Franz Mazura
Kundry: Yvonne Minton
1. Gralsritter: Norbert Orth
2. Gralsritter: Roland Bracht
1. Knappe: Regina Marheineke
2. Knappe: Claudia Hellmann
3. Knappe: Helmut Holzapfel
4. Knappe: Karl Heinz Eichler
Klingsors Zaubermädchen: Lucia Popp
Klingsors Zaubermädchen: Carmen Reppel
Klingsors Zaubermädchen: Suzanne Sonnenschein
Klingsors Zaubermädchen: Marianne Seibel
Klingsors Zaubermädchen: Marga Schmil
Klingsots Zaubermädchen: Doris Soffel
Altsolo: Julia Falk
Dirección:
Elenco:
Sonido:

               Pocos registros en estudio se han realizado de Parsifal. Tras el primero, realizado por Solti en Viena en 1972, Karajan preparó el suyo para 1980 con la Filarmónica de Berlín y, pocos meses después, en el mismo año, Kubelik grabaría el que nos ocupa. Por desgracia, y pese a su cuidado reparto y a su dirección esmerada, la grabación no fue finalmente editada y hubieron de pasar unos cuantos años, hasta que, en 2003, el sello Arts Archives lo publicase.

Rafael Kubelik
                 Las circunstancias de este Parsifal no resultan del todo claras. Parece ser que DG se interesó en llevar a cabo una grabación de estudio con Rafael Kubelik y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, de la que era titular desde 1961, en un momento, 1979, en que el director iba a cumplir 65 años y dejaba la titularidad para tener un ritmo de trabajo más pausado -seguiría colaborando como invitado en la década de los ochenta y de hecho seguiría siendo titular unos años más, pues su sucesor, Kirill Kondrashin, falleció antes de tomar posesión y el nuevo titular, Colin Davis, no llegaría al cargo hasta septiembre de 1983-. La grabación, digital, se llevó a cabo en mayo de 1980 en la Herkulessaal de Munich, sede de la orquesta, con el Coro y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, el Tölzer Knabenchor (coro de niños) para las partes de coro femenino y un reparto seleccionado para la ocasión. Una vez terminada, no llegó a publicarse y durmió el sueño de los justos hasta 2003, en que fue publicada por el sello Arts Archives. ¿Qué ocurrió? Han circulado diversas teorías, y ninguna ofrece una respuesta totalmente clara.

                   En una web que recopila toda la discografía de Kubelik se indica que su no publicación coincidió con el fin del contrato de Kubelik con DG y que probablemente se debiera a la publicación de la grabación de Karajan. Sin embargo, Karajan comenzó a grabar antes y lo hizo en un tiempo relativamente rápido -diciembre de 1979 y enero de 1980-. Además, cuando comentamos aquél registro, ya indicamos que estas grabaciones wagnerianas se hacían paralelamente a las representaciones que tenían lugar en el Festival de Pascua de Salzburgo, por lo que DG ya sabía que se iba a publicar. Su salida al mercado coincidía con el propio Festival, pero en este caso concreto, las copias no estuvieron listas para la Pascua de aquél año y se dilataron hasta el Festival de 1981, desconociendo las razones. O dicho de otra manera, cuando Kubelik empieza a grabar, Karajan ya ha terminado, pero aún no ha salido al mercado la grabación.

               Circula por la red la teoría de que este Parsifal fue directamente vetado por Karajan, teoría del veto que también circula en relación con los Maestros de Kubelik. Éstos, grabados en estudio por DG en 1967 para ser publicados en 1968, año del centenario del estreno de la obra, parece ser que no vieron la luz porque el sello consultó sobre su oportunidad al barítono Dietrich Fischer-Dieskau, quien respondió que no tenían interés. Fischer-Dieskau grabaría otros para DG en 1975, con Jochum en el podio, y el registro de Kubelik hubo de esperar hasta 1997, en que sería publicado por el sello Calig y, en 2003, por Arts Archives.

               Una tercera teoría apunta a que la grabación no fue publicada porque Kubelik no quedó contento con el resultado y pidió que se destruyera, cosa que no se hizo. Y hay quien apunta a razones contractuales de Kurt Moll, Gurnemanz tanto en este Parsifal como en el de Karajan. Por desgracia, el librillo que acompaña a la edición -que trae el libreto completo- no aporta información al respecto y se limita a una breve reseña de las circunstancias de la obra a cargo de Daniel Brandenburg. Tampoco hay fotografías de las sesiones de grabación.

               Sea como fuere, Kubelik desarrolló un trabajo meticuloso y fiel a la partitura, eso sí, dentro de una visión personal de la obra, lírica, sincera, sencilla y un punto otoñal. No hallaremos efectismos ni explosiones sonoras, sí un fraseo cantabile y natural. No obstante, su concepción no funciona igual en todos los momentos de la larga partitura. Así, se encuentra más cómodo en los momentos más sutiles y místicos, mientras que los más terrenales y convulsos, como el dúo Parsifal-Kundry del segundo acto, no terminan de desplegar toda su fuerza. También puede que haya quien espere una mayor estentoreidad en la Sala del Grial o en el preludio del segundo acto, pero no cabe duda de que misticismo y drama están presentes.

               En cuanto al reparto, podríamos dividirlo en tres bloques: una serie de cantantes que hicieron suyos los personajes en los años ochenta y que, no siendo los históricos, defienden sobradamente sus papeles sin desmerecer -Moll, Weikl, Salminen y Mazura-; el protagonista, James King, veterano de la segunda generación de cantantes que dio el Nuevo Bayreuth en los años sesenta y que aporta lustre a la grabación por sus medios vocales aun cuando ya hubiera pasado su mejor momento vocal; y la Kundry de Yvonne Minton, inadecuada por voz y escasa de presencia dramática.

              La toma sonora, es nítida, diáfana y clara. Respeta las indicaciones de Wagner en lo que respecta a la distancia de los coros en la escena de la Sala del Grial.

                 Entrando con más detalle en la dirección de Kubelik, el Preludio resulta desigual. Su inicio, con una cuerda tersa muy atenta a las dinámicas y plena de recogimiento religioso, sobre la que se eleva la trompeta con el tema del Grial, nos demuestra buen oficio, pero las fanfarrias con el tema de la fe suenan algo estridentes y demasiado agresivas en la conclusión de cada una de ellas, y el posterior pasaje en la madera resulta algo aséptico. Falsa alarma, pues toda la escena en el bosque, con los monólogos de Gurnemanz, está cargada de recogimiento, con sonoridades redondeadas, tempi un punto pausados pero sin excesos, y con atención a la articulación del discurso, cuya tensión no decae.

                 La Verwandlungmusik y la entrada y salida de los coros en la Sala del Grial se desarrollan con fervor, aunque sin las sonoridades profundas del metal grave que podemos escuchar en los registros de Bayreuth gracias al foso del Festspielhaus, por lo que habrá quien eche de menos algo más de explosividad. Kubelik retiene un punto el pulso en la conclusión del Amen de Dresde, pero de forma muy natural, y hay sonoridades originales en las trompas, que por un momento se superponen al coro (CD 2, pista 2, 3:13). El final del primer acto es suave y reposado.

                La falta de ese metal grave pastoso que emerge del foso del Festspielhaus se nota de nuevo en el preludio del segundo acto, que presenta una lectura más bien diáfana, pese a lo cual Kubelik nos introduce en seguida en la atmósfera inquietante que envuelve a Klingsor. El clímax de la escena, con el tema del protagonista, está muy bien preparado (CD3, pista 4). Claridad y equilibrio presiden la escena de las muchachas-flor para pasar a un dúo un tanto aséptico que no termina de despuntar en el momento en que el protagonista recuerda la herida de Amfortas y nos lleva hasta el final del acto sin tensión. Final en el que es de destacar la nitidez del arpa (CD3, pista 15, 0:43), pero no el derrumbe del castillo de Klingsor, que de cataclismo pasa a ordenado derribo a ritmo ligero.

               Lo más logrado es un tercer acto modélico, que comienza con una introducción que delinea con claridad los diferentes planos sonoros. Los tempi reposados y la visión otoñal le vienen muy bien a este acto y Kubelik extrae algunas sonoridades muy bellas (así, CD4, pista 6, 0:33; pista 7, 2:57; pista 9, 4:20). El clímax del monólogo de Gurnemanz está muy bien planificado (así, desde pista 8, 3:00) y el interludio y la subsiguiente entrada de los coros en la Sala del Grial destacan por su claridad de lineas, luminosidad y homogeneidad. El final es sincero, lírico y luminoso.

James King
           Una de las pegas que se ha pretendido poner a esta grabación es el Parsifal de James King, de quien se ha dicho que estaba demasiado mayor. Es cierto que participó por última vez en Bayreuth en 1975 y que en 1980 tenía 55 años, pero también es cierto que estamos ante una grabación de estudio y que Parsifal tiene una tesitura fundamentalmente central, todo lo cual le permite realizar una buena interpretación del personaje, compensando la falta de frescura con un inteligente uso de los medios. Estuvo activo hasta principios de los noventa, por lo que tampoco es una de sus últimas grabaciones, aunque sí su última grabación wagneriana1Además, pese a que fue un papel que interpretó habitualmente, aparte de este registro sólo nos ha llegado el del Festival de 1970, con Pierre Boulez en el podio (DG), dirección ligera y vanguardista, por lo que compensa poder escucharle en un registro con una batuta tradicional. Su voz era ancha, de volumen considerable y de color baritonal2. En este registro conserva bastante bien sus cualidades y frasea con elegancia, si bien en el primer acto la voz suena algo añeja y en el dúo del segundo acto en algún momento se nota que no tiene la agilidad de los años dorados, pese a lo cual en el Amfortas, die wunde! (CD3, pista 11) da el resto, con apuros bien sorteados en las notas agudas. Lo más logrado de su interpretación es el acto tercero, donde su voz baritonal y su fraseo sereno se avienen muy bien con el protagonista ya maduro -y donde los agudos, más puntuales, están emitidos con mayor comodidad-.

                 Aliciente de este registro es escuchar el Gurnemanz de Kurt Moll en el que es, en nuestra opinión, su mejor registro del papel. Moll había grabado el personaje meses antes con Karajan y, a principios de los noventa, lo volvería a grabar con Levine en estudio (DG, 1991) y en vivo (DG, 1993, en vídeo), pero su interpretación no alcanzaría el mismo nivel debido a unas batutas que lo encorsetan en el manierismo sonoro o en los tempi lastrados. De voz tersa y un punto aterciopelada, su Gurnemanz es recio pero no agresivo, noble en el fraseo aunque un punto distanciado en emotividad. Su técnica es impoluta y hace gala de hermosas medias voces -Dir ward es aus Arabia hergeführt (CD1, pista 4, 4:45)-. Nótese el halo de misterio con que inquiere a Parsifal al final del primer acto Was stehst du noch da? / Weißt du, was du sahst? (CD2, pista 6). En el tercer acto recrea un personaje sencillo y sincero.

Yvonne Minton
                 La otra pega que se le ha puesto a este registro, y aquí con razón, es la Kundry de Yvonne Minton, fuera de rol. El personaje está mal plantado desde el punto de vista vocal, con sonidos fijos que no vienen nada bien a una rol de amplia tesitura que requiere recurrir necesariamente al pasaje. Minton es una cantante versátil, que ha abordado Mozart, Bizet, Berlioz, Wagner y Strauss. En el caso de Wagner, su Brangania y su Fricka han sido buenas creaciones, y no se entiende muy bien qué le llevó a dar el paso a cantar Kundry -no sólo en estudio sino también en directo-. El primer acto está bien resuelto, pero en el segundo la voz resulta mate, deshilachada en los agudos, y la interpretación carece de ese punto de seducción-locura que requiere el personaje. La complicada intervención del final del segundo acto está resuelta como buenamente puede.

                Bernd Weikl es un Amfortas equilibrado, de voz firme en todo el registro y comedido en lo dramático, sin una interpretación especialmente doliente. De hecho, dramáticamente está más exultante en su registro en vídeo en Bayreuth un año después con Horst Stein (DG), si bien Kubelik tampoco desarrolla un especial dramatismo en sus intervenciones en los actos primero y tercero.

                 Excelente el Titurel de Matti Salminen, de voz noble, redondeada y bellamente timbrada, con el aliciente de que la toma sonora le da un punto de reverberación. Es una lástima que en su época dorada de los años ochenta apareciese más como Titurel que como Gurnemanz. Así, en Bayreuth encarnó al anciano rey en diez temporadas, mientras que nunca cantó al anciano caballero debido al monopolio que ostentó sobre el papel Hans Sotin desde 1976 hasta 1999, y si queremos escuchar su Gurnemanz tenemos que acudir a registros realizados en el siglo XXI3.

                Excelente igualmente el Klingsor de Franz Mazura, de voz potente y homogénea, emisión gutural de las erres que le da una cierta fiereza, y muy completo dramáticamente.

               Correcto el solo de la desconocida Julia Falk, de voz liviana, no la más adecuada para una parte que demanda una voz más oscura.

                   Los caballeros y escuderos se desempañan a un nivel competente. Sobresalientes las muchachas-flor, con nombres destacados como Lucía Popp, Carmen Reppel, Marga Schiml o Doris Soffel.

                 La prestación coral corre a cargo del Coro de la Radio de Baviera y el Tölzer Knabenchor para los coros femeninos, y su nivel es sobresaliente, sin llegar al estratosférico del Coro del Festival de Bayreuth. El primero está dirigido por Heinz Mende y el segundo por el que fuera su fundador y director hasta hoy, Gerhard Schmidt-Gaden. Salvo error, los únicos registros que emplean niños son el de Solti (DECCA, 1972) y el que nos ocupa.

                   En definitiva, un registro a tener en cuenta, con una lectura personal de Kubelik de gran interés y un reparto que rinde a buen nivel. Notable alto para todos ellos -que no es poco teniendo en cuenta el nivel wagneriano existente en los años ochenta-, no alcanzando el sobresaliente debido a que la batuta decae en el dúo del segundo acto y por la Kundry inadecuada de Yvonne Minton, aspectos estos que, sin embargo, no empañan un buen resultado general, con algunos momentos de gran belleza. Dado el selecto reparto con que contó Kubelik, es una pena no haberle dado a Leonie Rysanek la oportunidad de grabar el papel de Kundry -algo que nunca hizo, si bien por la red circulan grabaciones radiofónicas de sus interpretaciones en Bayreuth a principios de los ochenta, con James Levine, antes de que hiciera aparición Waltraud Meier-. Otra opción hubiera sido contar con Christa Ludwig, quien ya había grabado Kundry con Solti en 1972 (DECCA) y probablemente en 1980 aun poseía un estado vocal que le permitía enfrentarse al papel con buen nivel.

FEBRERO DE 2020.
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1 Su última aparición en concierto fue en la gala en honor a James Levine que tuvo lugar en el Metropolitan en 1996. En todo caso, tiene grabaciones solventes posteriores a la presente, como su participación como Baco en dos Ariadnas en vivo: en la Staatsoper de Viena con Wolfgang Sawallisch (Orfeo, 1982) y en el Metropolitan con James Levine (DG, 1988, en vídeo). Su última grabación de una ópera completa data de 1989, en vídeo, donde interpreta a Egisto en Elektra en la Staatsoper de Viena con Abbado (Arthaus).
2 Sus registros wagnerianos más importantes son Sigmundo en los Anillos de Solti en estudio con la Filarmónica de Viena (DECCA, 1965) y Böhm en Bayreuth (DG, 1966), y Lohengrin con Kempe en Bayreuth (Orfeo, 1967) y con Kubelik en estudio (DG, 1971).
3 Salminen ha disfrutado de una prolongada carrera y su instrumento ha conservado su belleza, pero hubiera sido interesante escucharle el personaje en su plenitud. Disponemos de dos registros en vídeo: uno de 2004, en el Festival de Baden-Baden, con Kent Nagano y la Filarmónica de Berlín (Opus Arte) -Christopher Ventris es Parsifal y Waltraud Meier es Kundry-; y otro de 2007 en la Ópera de Zurich con Bernard Haitink (DG) -Christopher Ventris es Parsifal e Yvonne Naef es Kundry-.