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La Novena de Beethoven y el Festival de Bayreuth

La Novena sinfonía de Beethoven ha tenido siempre una relación especial con el Festival de Bayreuth, constituyendo la única obra no wagneriana que puede escucharse en el Festspielhaus. Te contamos la historia de esta vinculación.


Wagner siempre consideró la Novena sinfonía de Beethoven como una obra visionaria, que anticipada la obra de arte del futuro. A los 17 años preparó una reducción para piano y quedó profundamente impresionado por una interpretación en el Conservatorio de París en 1839. En su etapa de Dresde la interpretó tres veces entre 1846 y 1848, con gran éxito y habiendo publicado una introducción para el público para facilitar su comprensión.

LA NOVENA DE LA PRIMERA PIEDRA (1872): RICHARD WAGNER

La idea de interpretar la obra con motivo de la colocación de la primera piedra del Festspielhaus, el 22 de mayo de 1872 (día de su cumpleaños) fue de Cosima, expresada en Tribschen. Tras su etapa de Dresde, Wagner sólo había podido dirigir la obra en otra ocasión: en 1855 en Londres. Lo había intentado en Zurich en 1854, pero razones logísticas del teatro lo impidieron.

El acto estaba fijado para las 11 de la mañana, con intervención de banda de música y bendición. Luis II de Baviera no acudió, enviando una misiva que fue empedrada con la piedra fundacional junto con un mensaje del propio Wagner que decía: Encierro aquí un secreto para que repose cientos de años. En tanto lo custodie la piedra será revelado al mundo. ¿Quizás una referencia al propio Festival?

El tiempo lluvioso motivó que los discursos se trasladaran a la Ópera de los Margraves. Fue allí, a las cinco de la tarde, cuando se escucharon la Marcha del emperador de Wagner y la Novena sinfonía de Beethoven. Dirigió el Maestro, si bien los ensayos habían estado a cargo de Hans Richter, quien para suplir alguna baja de última hora hubo de tocar la segunda trompeta en la Marcha y los timbales en el último movimiento de la Novena. 

El cuarteto solista estuvo conformado por Maria Lehmann, Johanna Jachmann-Wagner, Albert Niemann y Franz Betz. Los nombres parecen cuidadosamente escogidos por Wagner. Su sobrina Johanna fue la primera Elisabeth, si bien las crónicas relatan que su voz no era la de treinta años atrás, y aceptó cantar pero la parte de contralto. De igual manera, encarnó a Schwertleite y la primera norna en el estreno del Anillo en 1876. Lehmann encarnaría a Wellgunde y Waltraute -ésta solo en Valquiria- en el primer Anillo -su hermana Lili se ocupó del rol de Woglinde-. Betz, por su parte, estrenó el rol de Hans Sachs y fue el primer Wotan del Anillo, gozando de la confianza inquebrantable del Maestro. No ocurrió así con Albert Niemann, quien se ocupó del Tannhäuser parisino con cierta indiferencia hacia el compositor, repitiendo su interpretación en Munich ya con Wagner instalado en la ciudad, como también el rol de Lohengrin. En 1866 se integró en el elenco estable de la Ópera de Berlín, donde se ocupó del rol de Walther. Envejecido Tichatschek -el primer Rienzi y Tannhäuser- y fallecido Schnorr poco después del estreno de Tristán, Niemann se había convertido en uno de los tenores wagnerianos más experimentados, por lo que se explica que Wagner contara con él para esta Novena. Niemann quería hacerse con el rol de Sigfrido en el estreno del Anillo, pero el compositor quería a alguien más joven, por lo que tal cometido recayó en Georg Unger, recomendado por Hans Richter, y quien sólo tenía seis años menos. Niemann se enfureció, pero finalmente aceptó encarnar a Sigmundo. En el funeral de Wagner en Wahnfried fue uno de los doce portadores de su féretro.

Tras este acontecimiento, la Novena ha sonado para conmemorar efemérides. Aunque no tenemos la plantilla de todas las interpretaciones, de lo que se escucha y de algunas fotografías que nos han llegado, resulta que se opta por interpretarla con los vientos doblados, ello gracias a una nutrida cuerda, a un coro enorme y a un escenario de dimensiones extraordinarias.

Vista del escenario del Festspielhaus en la Novena de Böhm (1963)


LOS CINCUENTA AÑOS DE LA MUERTE DE WAGNER (1933): RICHARD STRAUSS

Programa de la Novena de Strauss

            Con motivo de los cincuenta años de la muerte del Maestro, en 1933, y ya con Winnifred al frente del Festival, se interpretó por primera vez la Novena en el Festspielhaus. Dirigió Richard Strauss, quien aquél año se había hecho cargo del Parsifal más rápido escuchado hasta la fecha, sustituyendo a Toscanini, quien declinó acudir a Bayreuth debido al nombramiento de Hitler como Canciller. La fecha elegida fue el 4 de agosto, día en que, tres años atrás, había fallecido repentinamente Siegfried Wagner. El evento tuvo lugar a las siete de la tarde y el coro estuvo dirigido por Hugo Rüdel, el que fue director del Coro de la Ópera Real de Berlín -después Staatsoper- y director del Coro del Festival entre 1906 y 1934. El cuarteto solista fue histórico: Kirsten Flagstad, Lilly Neitzer, Fritz Wolff y Rudolf Bockelmann. En el programa de mano puede leerse que el concierto fue en apoyo de la Fundación de becas. Dicho programa, de cuatro páginas, incluía un facsímil de la transcripción de la Novena realizada por Wagner y su presentación de la obra de 1846. No nos ha llegado grabación del evento, del que parece que es la última Novena que cantó la Flagstad. La existencia de una grabación de la Quinta de Beethoven dirigida por Strauss en Berlín en 1927 evidencia unos tempi muy ágiles y nerviosos, que probablemente también aparecieron en su interpretación de esta Novena.


LA REAPERTURA: EL NUEVO BAYREUTH (1951): WILHELM FURTWÄNGLER

        Como signo de una nueva era, el Nuevo Bayreuth se inauguró con la Novena de Beethoven, el 29 de julio de 1951, a las ocho de la tarde. El director fue Wilhelm Furtwängler, director de la Filarmónica de Berlín y la batuta más importante de la Alemania del momento. Los hermanos Wagner quisieron contar con él en el Nuevo Bayreuth junto a Hans Knappertsbusch y Joseph Keilberth -Berlín, Munich y Bamberg, tres ciudades capitales en lo que ha significado el Festival de Bayreuth-. Sin embargo, Keilberth declinó participar en ese primer Festival debido a que ya tenía compometrida una Salomé en el Festival de Ópera de Munich. Wieland recurrió a Herbert von Karajan por sugerencia de su esposa Gertrud, quien admiraba al director después de haberle escuchado varios conciertos en Munich durante la guerra. La presencia de Karajan, a quien Furtwängler llamaba, despectivamente, "señor K", hizo que este último restringiera su participación a la Novena inaugural, y no sin dudas. Se dice que dijo que no tres veces y cinco que sí y, finalmente, accedió a participar. Esa misma mañana se había producido un homenaje en la tumbra de Wagner, depositándose coronas de flores y cantando el coro Der Glaube lebt de Parsifal. Para esta ocasión, la fanfarria que anunció el comienzo de las funciones en el Festspielhaus fue la del toque con que comienza la entrada de los invitados en el segundo acto de Tannhäuser. Relata Bauer que un muerciélago sobrevoló a la orquesta y al coro colocados en el escenario del Festspielhaus, lo que fue interpretado como un buen presagio (p. 18). Wilhelm Pitz, recién nombrado director del Coro del Festival, se estrenó por todo lo alto, siendo quien más veces se ha ocupado de la parte coral en la obra: cuatro (1951, 1953, 1954 y 1963).

Furtwängler ensaya la Novena en Bayreuth (1951)

        La crítica internacional fue enormemente positiva. El New York Times proclamó que esta Novena suponía el comienzo de una nueva era. Los abrumadores aplausos a Furtwängler fueron entendidos no solo como aprecio a su interpretación sino como una demostración política de apoyo (BAUER, p. 18). A la conclusión de la interpretación, los hermanos Wagner dieron a su madre, sentada en primera fila, un ramo de flores.

Pese a lo histórico del evento, Furtwängler no quedó contento con la representación. Se cuenta que, al finalizar, le dijo resueltamente a su esposa Elisabeth que fueran a buscar una cervecería donde tomar algo. A la mañana siguiente, abandonando Bayreuth en coche y conduciendo su esposa, le mandó parar en un momento dado para serenarse admirando la naturaleza. Todavía seguía decepcionado por la interpretación del día anterior. Este hecho se relata en las memorias de Georg Solti, quien refiere que se lo contó la propia Elisabeth.

Furtwängler tenía contrato con EMI, y el productor Walter Legge acudió aquél año a Bayreuth para registrar tanto esta Novena como el Anillo y los Maestros de Karajan, colocando a su esposa, la soprano Elisabeth Schwarzkopf, en la parte solita y, además, como Eva en Maestros y Woglinde en el Anillo. Elisabeth Höngen se ocupó de la parte de contralto, y Hans Hopf y Otto Edelmann, como tenor y bajo, también cantantes de EMI -se ocuparon también de los roles de Walther y Sachs en Maestros-. El director no autorizó la publicación, pero un año después de su muerte, su viuda lo hizo. Transcurridos cincuenta años, Naxos reprodujo la edición de EMI acudiendo a una transferencia procedente de vinilos en buen estado. En 2008, Orfeo tuvo acceso a las cintas originales de la Radio de Baviera, y al publicar la retransmisión, se observó que el material difería de la edición de EMI: Walter Legge había grabado también el ensayo general del día anterior, y para publicar la Novena, habida cuenta del descontento del director, había parcheado aquellos pasajes que se consideraban más frágiles con material procedente de aquél ensayo. Dado que la edición de EMI recoge ruido inicial de ambiente, los aplausos finales y las pausas entre movimientos, todo parecía indicar que lo publicado era fiel reflejo de aquella tarde. Lo curioso es que cuando se ha publicado esta Novena en la caja de Furtwängler publicada por Warner en 2021, se sigue indicando en el librillo una única fecha: 29 de julio de 1951, en lugar de 28 y 29 de julio.

La edición Orfeo posee un sonido monoaural correcto para la época, si bien en los primeros segundos se aprecia un zumbido que probablemente proceda de los giros de la cinta original. Emilio José Gómez Rodríguez considera que los micrófonos de la Radio de Baviera estaban colocados más cerca, lo que hace que la edición Orfeo tenga un sonido más apelmazado en el último movimiento1. Yo poseo ambas ediciones: interpretativamente no hay diferencias significativas y el reprocesado de Warner para la edición Furtwängler, publicada en 2021, es muy bueno, obteniendo un resultado sonoro superior a la toma publicada por Orfeo.

 (Gómez Rodríguez, p. 390). De una y otra edición se llega a la conclusión de que hubo distinta colocación de micrófonos. Como apunta Emilio José Gómez Rodríguez, los micrófonos de la Radio de Baviera estaban colocados más cerca, lo que permite en los tres primeros movimientos captar más detalles, pero en los conjuntos del cuarto movimiento EMI, que colocó los micrófonos más alejados, obtiene una mayor fidelidad.


OCHENTA AÑOS DE LA MUERTE DE WAGNER (1953): PAUL HINDEMITH

Da la impresión de que Wieland Wagner, en los primeros años del Nuevo Bayreuth, quiso normalizar la presencia de la Novena de Beethoven en el programa. Una forma de añadir así un título más al reducido programa del Festival. Aduciendo que se conmemoraban los ochenta años del fallecimiento de su abuelo -una cifra no escogida habitualmente para las efemérides-, programó de nuevo la obra. Se escogió como director a Paul Hindemith, el compositor de la Nueva Música. En el fondo parece que los ochenta años fueron una excusa para acercarse a la vanguardia, un grupo perseguido durante el nazismo, y el nombre del director lo corrobora. Poco ha trascendido de la función, que tuvo lugar el 11 de agosto de aquél año, a mitad de Festival, y siempre se remarca que la dirección de Hindemith no estuvo a la altura. Algunas fuentes incluso hablan del desinterés del compositor. No sabemos si la Radio de Baviera grabó o retransmitió esta función, pero lo cierto es que no circula fuente alguna, ni oficial ni no oficial. El elenco, conformado por Birgit Nilsson en su debut en Bayreuth, Ira Malaniuk, Anton Dermota (en su única aparición en el Festival) y Ludwig Weber, despierta interés.


UNA NOVENA PARA FURTWÄNGLER (1954):

            Un paso más en la normalización de la Novena que, sin embargo, no llegó a consolidarse más allá de efemérides. Karajan había confirmado que regresaría para 1953 a dirigir la reposición de Tristán, pero poco después declinó sin explicaciones. Eugen Jochum fue el encargado de reemplazarle en aquél título. Visto que Karajan no tenía más interés por Bayreuth, Wieland quiso recuperar a Furtwängler, quien se mantenía ausente del certamen precisamente por la presencia de Karajan. Se llegó al acuerdo de programar una Novena para el 9 de agosto, con la debutante Gré van Brouwenstijn, y los habituales del Festival Ira Malaniuk, Wolfgang Windgassen y Ludwig Weber. Las reacciones del público fueron aún mayores que en 1951, con más de treinta minutos de aplausos. Por desgracia, Furtwängler falleció el 30 de noviembre y no fue posible concretar planes futuros. Aunque ambas Novenas, la de 1951 y la de 1954, tienen una duración prácticamente similar -dura medio minuto más la de 1954, principalmente debido al último movimiento-, encontramos aquí una interpretación un punto más rotunda y monumental (ya desde los primeros forte en el primer tema del movimiento inicial, también en el final del segundo movimiento, al comienzo del cuarto, este último verdaderamente turbulento, o el final de la obra), aunque por momentos pueda resultar algo marcial y rígida, en parte por la toma sonora. Así, consideramos preferible el segundo movimiento de 1951, sobre todo la sección central, que presenta un bellísimo vuelo elegíaco y, en general, el tercero. El cuarteto vocal es superior gracias a las voces masculinas: Windgassen y Weber son mucho más poéticos, tienen voces más bellas y matizan más el texto que Hopf y Edelmann. Curiosamente, Windgassen se quejó de lo mal que lo pasó cantando su parte y se dice que nunca volvió a interpretar la obra.

Esta interpretación circuló de forma no oficial, con fuentes secundarias. Apareció en Japón en los años noventa, publicada por Refrain y SWF. En 2003 fue publicada por Music & Arts y, un año después, por Archipel -probablemente una copia de la edición Music & Arts-. Tras haber sacado a la luz Orfeo en 2008 el documento original de 1951, cuatro años más tarde publicó la de 1954. En el librillo que se acompaña, Orfeo reconoce que las cintas originales de la Radio de Baviera se han perdido, habiéndose llevado a cabo, con el material que circula -con autorización de la emisora-, una remasterización con técnicas innovadoras a cargo de Christoph Stickel. El sonido monoural no pasa de la mera corrección (seco, más filtrado, sin atmósfera), si bien evidencia detalles -nótese la flauta acompañando el tema de la Oda a la alegría en la intervención del bajo-. Por la red circulan 43 minutos de ensayo, de pobre sonido, pero con un altísimo valor documental.

Esta interpretación, si bien es superior a la de tres años antes, no llega a superar a la que probablemente sea no sólo la mejor Novena de Furtwängler sino de toda la historia de la discografía: la que dirigiera en el Festival de Lucerna apenas dos semanas después, el 22 de agosto. La función de Lucerna, registrada por la Radio Suiza, fue convenientemente restaurada por el sello Tahra en 1994 con autorización de la viuda del director, ofreciendo una toma privilegiada para la época, en un cálido sonido monouaral.


LOS 150 AÑOS DEL NACIMIENTO DE WAGNER Y 80 DE SU MUERTE (1963): KARL BÖHM

            La Novena no se volvió a programar hasta llegar a una efeméride. En 1963 se conmemoraban los ciento cincuenta años del nacimiento de Wagner y los ochenta de su muerte, y Wieland tuvo la idea de invitar a Otto Klemperer y su Philharmonia Orchestra de Londres a abrir el Festival con la obra. Los músicos de la Orquesta del Festival protestaron, Klemperer hubo de hacerse a un lado y fue Karl Böhm, director de cabecera de Wieland en aquél momento, con quien estaba desarrollando su histórico Tristán, el que finalmente se puso al frente de la obra, con los conjuntos del Festival, por supuesto. Abrió el Festival el 23 de julio, y el elenco, conformado por habituales del Festival, fue histórico: Gundula Janowitz (quien se desempeñaba, por tipología vocal, en roles secundarios), Grace Bumbry, Jess Thomas y George London. Wieland tenía a Thomas como sucesor de Windgassen y poco a poco le iba confiriendo tareas más importantes en el Festival: tras su Parsifal y su Lohengrin, aquél año estrenaba la segunda producción de Wieland de Maestros.

Esta Novena apareció de forma no oficial en dos vinilos en 1983, de mano del sello Melodram, que incluyó la atípica fanfarria con que se anuncia el comienzo de la función -el tema de la Oda a la Alegría-. El segundo vinilo incluía fragmentos de London en Bayreuth -Amfortas en Parsifal con Krauss (1953), y Holandés con Keilberth (1956) y Sawallisch (1960)-. Después fue publicada por Orfeo en CD de forma oficial, mejorando el sonido. Con sus 71 minutos, aquí se aprecia el concepto luminoso y fluido de Böhm como director latino que tanto gustaba a Wieland, donde la música es empujada hacia adelante, un concepto muy diferente de su último registro, de 1980, en Viena, con sus 79 minutos.

Wilhelm Pitz y Karl Böhm saludan al término de la Novena

LOS 125 AÑOS DEL FESTIVAL Y LOS 50 DEL NUEVO BAYREUTH (2001): CHRISTIAN THIELEMANN

El año 2001 era providencial. Un nuevo siglo, un nuevo director estrella en el firmamento wagneriano (Christian Thielemann, en aquél momento director de la Deutsche Oper de Berlín y debutado en Bayreuth el verano anterior), la presencia de un nuevo director de coro, Eberhard Friedrich, procedente de Berlín, quien tras ser asistente de su predecesor Norbert Balatsch, le había sucedido el año anterior, y un doble aniversario: los 125 años del Festival y los 50 del Nuevo Bayreuth. Había mucha expectación, pues la Novena no había sonado ni en el centenario del Festival (1976) ni el centenario de la muerte de Wagner (1983). En 1976 Wolfgang Wagner había optado por una gala con discursos seguidos de la representación de la escena de la pradera del tercer acto de Maestros en su segunda producción, dirigida por un veterano Karl Böhm (81 años) y las voces de Theo Adam, René Kollo, Hannelore Bode, Frieder Stricke, Hans Sotin y Klaus Hirte. Tuvo lugar el 23 de julio. En 1982 no hubo un homenaje especial, más allá de la nueva producción del Anillo encargada a Peter Hall con dirección musical de Georg Solti que, como es conocido, tuvo bastantes contratiempos.

El comienzo del nuevo siglo avivó el debate de la renuncia de Wolfgang Wagner, con la cuestión de la sucesión. No condujo a nada. En todo caso, Wolfgang tuvo aquí uno de los éxitos de sus últimos años: Thielemann dirigió una Novena histórica, y uno de los grandes debe de la discografía es, precisamente, contar con su edición. Circula por la red y el resultado es superior al de la registrada en 2010 con la Filarmónica de Viena para su integral sinfónica para Sony, con una concepción monumental y una cuerda musculada y redondeada que es puro terciopelo. Pese a la importancia del aniversario, esta Novena no abrió el Festival, sino que tuvo lugar el 8 de agosto. El cuarteto solista procedía de la producción de Maestros, tercera de Wolfgang Wagner, que Thielemann se encontraba dirigiendo: Emily Magee, Michelle Breedt, Robert Dean Smith y Robert Holl. Un buen cuarteto vocal, en el que destaca la excelente interpretación de Smith, noble y cantábile, y cuyo único inconveniente menor es la nasalidad de Holl.


LA NON NATA NOVENA POR EL BICENTENARIO DE BEETHOVEN (2020): MAREK JANOWSKI

Con motivo de los 250 años del nacimiento de Beethoven, Katharina Wagner decidió clausurar el Festival el 30 de agosto programando la Novena bajo la batuta de Marek Janowski, quien se había ocupado con éxito en 2016 y 2017 del Anillo. En la tarde del 31 de marzo Katharina anunció la suspensión de la edición de 2020 debido a la pandemia, y en aquella fecha ni siquiera se había anunciado el cuarteto solista, aunque por los nombres de quienes iban a participar aquél año era probable que estuviera conformado por los cantantes de La Valquiria: Lise Davidsen, Christa Mayer, Klaus Florian Vogt y Georg Zeppenfeld. Tampoco eran descartables Andreas Schager en la parte de tenor y Gunther Groissböck en la de bajo. La presencia de Janowski probablemente se debió a la intención de buscar otro director en el Festival con experiencia en el repertorio beethoveniano que no fuera Thielemann, al haber dirigido éste la Novena en 2001.

JULIO DE 2026.

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1 GÓMEZ RODRÍGUEZ, Emilio José, El Nuevo Bayreuth de Wieland y Wolfgang Wagner, Ediciones Karussell, 4ª ed., 2014, p. 390.

DECCA: Dieciocho años de ediciones dedicadas a Bayreuth

El sello DECCA publicó en 2025 una caja de 25 CDs titulada Richard Wagner Edition Bayreuther Festspiele, con un amplio legado discográfico procedente del Festival. Tiene lugar casi dieciocho años después de que, en 2008, publicara la caja The great operas from the Bayreuth Festival. Ambas ediciones han supuesto un hito discográfico y en este artículo procedemos a comentarlas.

La portada de la flamante caja amarilla que, con 33 CDs, DECCA publicó en 2008 con todo el Canon de Bayreuth, utilizando registros estéreo procedentes fundamentalmente de los años dorados del Nuevo Bayreuth. Escuchar a cantantes de los de siempre como Windgassen, Nilsson, Hotter, Neidlinger y Greindl en las mejores condiciones sonoras posibles era un auténtico placer.


En 2008, el sello DECCA publicó una flamante caja amarilla con el Canon de Bayreuth, presidida en la portada por el cuadro Das Rheingold de Hermann Hendrich (1854-1931). La portada del librillo, en un sereno tono azul, estaba presidida por un dibujo de Bayreuth de noche con el Festspielhaus rodeado de árboles al fondo de la composición, obra de Otto Flechtner en 1931. Era la segunda edición completa del Canon procedente de Bayreuth publicada de forma oficial, y sin duda superó a la primera, la Richard Wagner Edition que publicó Philips en CD en 1992 con la bendición de Wolfgang Wagner, que no contenía lo mejor del Nuevo Bayreuth -esto exasperaba a Ángel Fernando Mayo en su Guía Wagner-: ciertamente contenía un Tristán histórico, el de Karl Böhm (1966), cedido por DG, y un Tannhäuser vocalmente referencial, el de Wolfgang Sawallisch (1962), pero junto a estos dos registros se encontraba el Holandés de Nelsson (1985), el Lohengrin de Schneider (1990), los Maestros de Varviso (1974), el Anillo de Boulez (1979-80) y el Parsifal de Levine (1985), registros todos ellos que no pueden competir con los antecitados. No era la primera vez que se completaba el Canon con registros de Bayreuth, pues ya existían grabaciones oficiales y extraoficiales circulando -Philips, por su parte, ya había registrado Holandés en 1961 y Tannhäuser (incluido en esta colección), Lohengrin y Parsifal en 1962, y antes que ella EMI y DECCA habían colocado micrófonos en el Festspielhaus-, pero sí fue la primera vez que se presentaba de manera oficial y como conjunto. Todas las grabaciones eran en vivo y procedían de varias tomas de las funciones.

Exterior de la Richard Wagner Edition de Philips

Interior de la Richard Wagner Edition de Philips

Desconozco si el proyecto de 2008 tuvo algo de homenaje a Wolfgang Wagner con su despedida de la dirección de la dirección del Festival después de 57 años, pero lo cierto es que esta caja fue desde el primer momento un indispensable. La etiqueta -en inglés- pegada en la portada no podía ser más explícita: Interpretaciones clásicas de las óperas completas de repertorio de Wagner. (...) Con cantantes legendarios incluyendo: Birgit Nilsson, Wolfgang Windgassen, Gustav Neidlinger, Theo Adam, Anja Silja, Jess Thomas y Karl Ridderbusch. Grabaciones en vivo definitivas procedentes del Festival de Bayreuth. (...). Aún me acuerdo cuando vi esta caja en el verano de 2009, siendo estudiante, en una tienda de discos de Salzburgo. Me lancé a su compra inmediatamente. Y no era cara, creo que me costó en torno a los 50 euros. Ahora bien, el librillo se limita a elencos y listas de pistas, y los CDs se guardan en sobrecitos de papel.

Que las grabaciones eran definitivas nadie lo duda: no porque sean indiscutiblemente las mejores de toda la discografía -si bien el nivel global es de sobresaliente pese a algún altibajo leve que tendremos oportunidad de comentar-, sino porque contenía, prácticamente, todo lo grabado en las mejores condiciones sonoras de los años dorados del Nuevo Bayreuth: el estéreo era un indispensable. A día de hoy esta caja sigue a la venta por internet, tanto de segunda mano como de stock de algunas tiendas online, si bien ya está descatalogada. Un breve comentario sobre su contenido:

Como primera aproximación, hay que tener en cuenta que esta caja utiliza buena parte de los registros procedentes de Philips, compañía holandesa que consiguió colocar micrófonos en el Festspielhaus a partir de 1961, pasadas las turbulentas relaciones que los hermanos Wagner habían tenido con EMI y su cláusula blindaje, y el desinterés que DECCA tuvo respecto a Bayreuth después de 1955, cuando John Culshaw comenzó a gestar la idea de grabar la Tetralogía en estudio. Así, para las óperas románticas esta caja utiliza los registros que con Wolfgang Sawallisch, llevó a cabo Philips en 1961-62. Otro tanto ocurre con el Anillo de Böhm (1966-67), los Maestros de Varviso (1974) o el Parsifal de Levine (1985). Procedente del fondo de DG encontramos el Tristán de Böhm (1966).

Las tres óperas románticas -Holandés (1961), Tannhäuser (1962) y Lohengrin (1962)- aparecen bajo la batuta de Wolfgang Sawallisch, en lecturas ágiles de las producciones de Wieland Wagner -el Tannhäuser demasiado- y con atención a los cantantes. Sawallisch funciona muy bien en el Holandés, se queda en la superficie del Tannhäuser y construye un solvente Lohengrin. El Tannhäuser es el único en estéreo de los años dorados del Nuevo Bayreuth, no así el Holandés, que cuenta con el de 1955 (Keilberth) en sonido DECCA (Testament, ahora recuperado por DECCA en la caja que despues comentaremos) y el Lohengrin de 1967 (Kempe), publicado por Orfeo utilizando las cintas de la Radio de Baviera, con esa atmósfera tan fiel y característica de la emisora. Las direcciones de Keilberth y Kempe se alzan con las cinco estrellas -y el segundo con el excepcional-. En cuanto a los elencos, son sobresalientes, y si bien ninguno se lleva el codiciado excepcional, son buena muestra del insuperable nivel de aquél momento -la predilecta de Wieland, Anja Silja, es protagonista en los tres, aunque en lo que respecta al Tannhäuser se debe a que EMI no cedió a su cantante Victoria de los Ángeles, quien en aquél momento era la Elisabeth de Bayreuth, razón por la que Silja tuvo que ocuparse de las funciones que iban a grabarse, y razón también por la que Victoria declinó cantar aquél año Elsa-. En definitiva, unos registros muy sólidos, ampliamente recomendados como primeras opciones para conocer estas obras y también apetecibles para el wagneriano consumado. Curiosamente, el Holandés, que a mi juicio es el registro más destacado de los tres -con la particularidad de que ofrece la versión original de 1843 en tres actos-, no ha tenido reedición separada de DECCA: sólo en los noventa fue publicado por Philips en CD y después apareció en esta caja1. A día de hoy puede conseguirse en la edición completa de los registros de Sawallisch en DECCA, aparecida en 2024, con los otros dos registros comentados. El Tannhäuser ha sido publicado por ZYX Music y el Lohengrin sigue estando publicado por DECCA de manera separada.

El punto más alto de la caja es el Tristán de Karl Böhm (1966), en la ya rodada segunda producción de Wieland, estrenada en 1962, con un reparto de lujo: Windgassen, Nilsson, Waechter, Ludwig y Talvela. Ex aqueo en lo que respecta a las referencias absolutas con el registro de Furtwängler en estudio (1952, con sonido monoural), aquí con la magia del directo. Único Tristán en estéreo de los años dorados del Nuevo Bayreuth y donde la altura del elenco sólo es homologable al conseguido en 1959 (Orfeo), con la misma pareja protagonista más joven pero con sonido monoaural -Sawallisch en el podio, sobresaliente pero no excepcional-.

Los Maestros de Silvio Varviso (1974) ya son fruto de otra generación, sistemáticamente denostada por la crítica y, sin embargo, aún destacada frente a lo que vendría en los ochenta y noventa. El director suizo desarrolla una dirección competente, más festiva y amigable que solemne o exaltada, que bien puede recomendarse para iniciarse en la obra. El elenco no es sobresaliente, pero cuenta con el Sachs por excelencia de aquél momento, Karl Ridderbusch, acompañado del Pogner de Hans Sotin y el Walther de Jean Cox -habitualmente denostado, pero correcto-, con Hannelore Bode como Eva. Klaus Hirte es Beckmesser y podemos escuchar la curiosidad que supone el Sereno de Bernd Weikl, Sachs por excelencia en los años ochenta y aún en los primeros noventa. Este registro, tras aparecer en CD en la antedicha Richard Wagner Edition de Philips, apareció por separado de forma efímera en DECCA y hoy está descatalogado2.

El otro gran aliciente de esta caja es el Anillo de Karl Böhm (1966-67), en la segunda producción de Wieland, con un buen número de cantantes de la primera generación del Nuevo Bayreuth (Windgassen, Nilsson, Rysanek, Neidlinger, Greindl, Mödl -como Waltraute- y la histórica Dorothea Siebert como Woglinde) acompañados de los de la segunda (Adam, King, Silja, Höffgen, Stewart). En conjunto, la otra Tetralogía de estos años registrada en estéreo -la de 1955, grabada por DECCA y publicada por Testament- es superior en cuanto a batuta (un Keilberth reconocido como director wagneriano por derecho propio), como igualmente en cuanto a rendimiento vocal como conjunto, salvo -y ciñéndonos exclusivamente a lo roles principales-, en lo que respecta a la pareja de welsungos, la histórica formada por King y Rysanek. Ahora bien, el estéreo de mediados de los sesenta mejora el de mediados de los cincuenta.

Si cabría esperar que la caja se completase con el Parsifal de Knappertsbusch registrado por Philips en 1962 y con un reparto de cinco estrellas -Thomas, Hotter, Dalis, London, Talvela y Neidlinger-, los de DECCA probablemente pensaron que con esta grabación se sobredimensionaba la caja y optaron por el Parsifal de James Levine, registrado por Philips en 1985 con un notable reparto de la época, el mejor de aquél momento, a salvo el protagonista, un Peter Hofmann que ya acusaba desgaste-: Sotin, Meier, Estes, Salminen y Mazura. La dirección de Levine es plúmbea. Este registro no volvió a ser reeditado y hoy se encuentra descatalogado. En todo caso, no es peor que el que registró en 1991 con los conjuntos del Metropolitan, pues si bien Plácido Domingo es superior a Peter Hofmann y Kurt Moll pueda ser más poético, Meier, Estes, Salminen y Mazura se imponen.


La novedad de 2025: una segunda caja de DECCA que incluye todo el Canon de Bayreuth a excepción del Anillo y ofrece dos Parsifales de Kna. Nivel artístico sobresaliente en interpretaciones históricas con las portadas de las primeras ediciones de cada título y un interesante librillo. 


Casi dieciocho años después, DECCA, en su serie Eloquence, saca al mercado la Richard Wagner Edition Bayreuther Festspiele, una caja verde de 25 CDs que, sin embargo, no contiene todo el Canon de Bayreuth, pues falta el Anillo. La edición prioriza las grabaciones que el sello inglés llevó a cabo en el Festspielhaus a través de su filial alemana TELDEC entre 1951 y 1955, con John Culshaw al frente -el artífice del Anillo de Solti en estudio y, a su vez, quien desestimó volver a grabar en Bayreuth-. Resulta curiosa la inclusión de estos registros, pues a principios de siglo DECCA y TELDEC tuvieron una disputa legal sobre los derechos comerciales de los mismos, fallando los tribunales a favor de esta última -recordamos las ediciones de TELDEC del Parsifal de Kna de 1951 y del Lohengrin de Keilberth de 1953, registros que ahora aparecen en esta caja-. Resulta curioso que aparezca también el Holandés de Keilberth de 1955, cuyo registro en estéreo publicó Testament en 2006. Ahora bien, como el sello inglés se retiró del Festival en 1955 y no regresó, no llegó a registral ni Tannhäuser, ni Tristán ni Maestros. ¿Qué se ha hecho? Pues recurrir a los registros de Sawallisch, Böhm y Varviso que ya aparecieron en la caja anterior y que proceden de DG y de Philips. La aparición nuevamente del registro de Varviso puede parecer discutible, pero es que los únicos Maestros de los años dorados del Nuevo Bayreuth grabados por discográfica fueron los de Karajan de 1951, que obran en el fondo de EMI y han aparecido ya en sellos secundarios (Naxos, Membran, ZYX Music). Hay otras dos grabaciones publicadas de modo oficial por Orfeo, pero utilizando las cintas de la Radio de Baviera: Kna en 1960 y Böhm en 1968, este último en estéreo. Evidentemente, la calidad de los citados es muy superior al registro que nos ocupa.

Como bien es conocido, el Anillo de DECCA en Bayreuth es el de 1955 de Keilberth, al que hay que añadir el fallido de Kna de 1951 -del que sólo ha salido a la luz el Ocaso-, registros ambos que han sido publicados por Testament. ¿Por qué ha aparecido el Holandés y no el Anillo? Misterios. Quizás Testament no haya dado su beneplácito. ¿Y por qué, si se ha acudido a registros que no son de DECCA, no se ha completado esta caja con el Anillo de Böhm? Probablemente razones comerciales: DECCA tiene publicado este Anillo por separado, y la caja ya ilusiona al melómano con suficientes joyas. Incluso, para compensar, se ofrecen dos Parsifales, pues al de 1951 se suma el de 1962, también de Kna y en estéreo, la gran deuda de la caja de 2008.

Esta caja contiene dos registros en sonido monoaural: el Parsifal de Kna y el Lohengrin de Keilberth, dos registros que, para la época y teniendo en cuenta que proceden de representaciones en vivo, están bien grabados y resisten el paso del tiempo pese a las limitaciones de la época. Dicho esto, vamos a repasar el contenido completo:

El Holandés de Keilberth (1955) es el registro más destacado de esta obra en el Nuevo Bayreuth si conjugamos simultáneamente las variables artísticas y sonoras -indiscutiblemente la cima es el de Kna del mismo año, con el Erik de Windgassen, pero el sonido es monoaural y la edición de Orfeo, aunque profesional, no oculta la antigüedad de la toma-. Aquí encontramos un milagroso sonido estéreo y un reparto de cinco estrellas, con una pareja cargada de patetismo y humanidad en Hermann Uhde y Astrid Varnay. Emplea la versión revisada de 1864. Si hubiera que escoger un solo registro de esta obra, esta opción es la más plausible.

Del Tannhäuser de Sawallisch (1962) ya hemos hablado. Vocalmente es un registro importantísimo, si bien superado por el de un año antes (Orfeo). En batuta no es especialmente destacado y se ve claramente superado por los dos de Cluytens -1955 oficial (Orfeo) y 1965 (Opera Depot, no oficial)- y el de Keilberth (1954, no oficial, Archipel, Andromeda, Pan Classics)-. Versión de Viena adaptada en el primer acto y corte de unos compases en el final del dúo de los protagonistas en el segundo acto.

El Lohengrin de Keilberth (1953) había quedado relegado a un segundo plano en las dos últimas décadas, debido a la aparición de distintos registros -primero el de 1954 con Jochum, después los de 1958 y 1959 (este con edición oficial de Orfeo) debidos a Cluytens y von Matacic, respectivamente, y más tarde el de Kempe de 1967 en estéreo (también con edición oficial de Orfeo)-. Es un registro monoaural con elenco de los de siempre -Windgassen, Steber, Uhde, Varnay, Greindl, Braun-. La edición Teldec se encontraba descatalogada, y fue publicado en 2005 por Membran y después por ZYX Music.  La inclusión en esta caja pone en valor un registro que hay conocer.

Sobre el Tristán de Böhm (1966) ya hemos hablado, como también de los Maestros de Varviso (1974), un imprescindible el primero y una solución el segundo.

El gran aliciente de la caja son los dos Parsifales de Kna (1951 y 1962), los secularmente recomendados registros, no sólo del Sumo Sacerdote wagneriano, sino de toda la discografía. El de 1962 se beneficia de una toma que capta con fidelidad la acústica del Festspielhaus, con una atmósfera amplia y donde se aprecian las distancias en la escena de la Sala del Grial del primer acto. El de 1951 evidencia lo que DECCA consiguió llevar a cabo tras seis años sin Festival, una nueva etapa y enfrentándose a una grabación en vivo. Un resultado que a los oídos de hoy es más que aceptable. El elenco de 1951 se ha considerado siempre como el ideal: Windgassen, Weber, Mödl, London, van Mill y Uhde, todos en un magnífico estado vocal y con el Kna más ascético posible. El de 1962, que dura 21 minutos menos, presenta a un Kna más flexible en los tempi y más atento al drama. El cambio de elenco -sólo repite London como Amfortas-, pero con grandes nombres, aumenta el atractivo: Thomas, Hotter, Dalis, Talvela y Neidlinger. Ahora bien, el altísimo nivel de todos los Parsifales de Kna (de 1951 a 1964 excepto el de 1953) hace que esta elección obedezca a que son los únicos registros llevados a cabo por compañía discográfica y al hecho de que el de 1962 es el único registrado en estéreo. Así, y por despertar la curiosidad del lector, le apuntaré que mi favorito de los primeros años es el de 1952, con el mismo reparto de principales que el de 1951 -cambia Titurel, ahora Kurt Böhme-, la pareja protagonista se compenetra mejor dramáticamente, la toma sonora tiene más atmósfera y el discurso musical resulta más natural -también lento, pero 9 minutos menos-. De la última etapa, mi elección sería para el de 1961, con el mismo reparto de principales que el de 1962 -cambia Titurel, aquí encarnado por Weber en su despedida del Festival- y el debut en Bayreuth de Gundula Janowitz como una de las muchachas-flor. Hotter está en mejor estado vocal, hay una dulce religiosidad en la batuta -que invierte 5 minutos mas- y el sonido monoaural no es un inconveniente. En todo caso, tenemos una guía comparativa de todos los Parsifales de Kna.

Esta segunda caja se completa con un CD bonus que incluye una entrevista inédita con Irene Dalis y George London -Kundry y Amfortas- a propósito del Parsifal de 1962 y una secuencia de ensayo del Tristán de Karl Böhm que apareció en la época del vinilo y no había sido trasladada con anterioridad en las ediciones en CD. Los CDs se guardan en fundas de cartón que reproducen las portadas originales. El librillo, más completo que el de la primera caja, incluye un ensayo de Peter Quantill relativo al Bayreuth de postguerra y a las circunstancias de cada grabación.

En definitiva, ambas cajas constituyen magníficas primeras opciones para tener todo el Canon de Bayreuth. La primera está completa y tiene mejor sonido -todo en estéreo-, mientras que en la segunda falta el Anillo y hay dos grabaciones -Lohengrin y Parsifal- que son monoaurales. Ahora bien, artísticamente es superior la segunda caja: los dos Parsifales de Kna se justifican por sí solos frente al de Levine, y si bien el Holandés y el Lohengrin de Sawallisch son dos grabaciones sobresalientes, los cinco estrellas que suponen el Holandés y el Lohengrin de Keilberth, con elencos y batuta un punto más altos, orientan la balanza a la segunda caja. A ello, finalmente, debemos añadir la presentación de las fundas de los CDs y el librillo.

Ahora bien, el wagneriano avezado seguro que tiene todos los registros de esta segunda caja, pues el último en aparecer -el Holandés de Keilberth- llegó en 2006, y los demás han estado prácticamente omnipresentes en la era del CD. Pero no olvidemos que los años pasan -yo era un adolescente cuando apareció la caja anterior- y que la vorágine de nuevas ediciones que tuvieron lugar a principios del siglo XXI se han ido atemperando -probablemente más del 80% de los años dorados del Nuevo Bayreuth esté publicado-. Para las nuevas generaciones que se inician en Wagner, esta caja es un indispensable. Y para el melómano generalista que no se haya acercado mucho a Wagner, es una magnífica opción para tener todo el Canon menos el Anillo en registros históricos.

Las dos cajas que comentamos son las mejores del mercado si ponderamos nivel artístico con calidad sonora. Con motivo del bicentenario del nacimiento del Maestro, el sello Membran publicó en 2013 una mega caja de 50 CDs titulada Wagner's Vision Bayreuth Heritage, que recogía todo el Canon -con Tannhäuser y Maestros por partida doble, por incluir un registro del Nuevo Bayreuth y otro de los años cuarenta-, añadiéndose un CD por cada título con fragmentos de interpretaciones históricas. La caja se encuentra a día de hoy descatalogada y utilizaba para algunos títulos fuentes no oficiales cuando esos mismos registros ya habían sido publicados de forma oficial -el Tannhäuser de Cluytens (1955), el Lohengrin de von Matacic (1959), el Tristán de Karajan (1952) y el Oro de Krauss (1953)- o lo han sido con posterioridad -el Holandés de Sawallisch (1959)-. Además, para el Anillo no se ofrecía un ciclo, sino cuatro registros independientes.

Con indudable atractivo, DECCA tiene también publicado todo el Canon en las grabaciones de Solti llevadas a cabo entre 1958 y 1985, sin lugar a dudas el mejor trabajo wagneriano en estudio. También TELDEC ha publicado todo el Canon grabado por Barenboim, combinando grabaciones de Bayreuth con las llevadas a cabo en estudio en Berlín, pero al estar realizadas entre finales de los ochenta y comienzos de siglo, el nivel canoro baja. Por supuesto, EMI y DG publicaron sendas ediciones con todas las óperas del Maestro con motivo del bicentenario de su nacimiento, pero con un nivel mucho más variable y combinando registros de aquí y de allá sin una unidad de época ni lugar.

JUNIO DE 2026.

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1 Probablemente haya tenido que ver el hecho de que en 2018 se publicara por Orfeo grabación oficial procedente de la Radio de Baviera del estreno de esta producción en 1959, con una pareja protagonista superior -Georges London y Leonie Rysanek-, si bien con sonido monoaural.
2 Opera Depot ha publicado de forma no oficial la toma de la retransmisión de la Radio de Baviera, con el mismo reparto a excepción de Sachs, que es Theo Adam.