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NOVEDADES PARA BAYREUTH 2026

24/07/2025

La tradicional rueda de prensa previa al Festival ha arrojado luz sobre la edición de 2026, que conmemora los 150 años del certamen.

        Mucho se ha rumoreado en los últimos años sobre la edición del Festival de Bayreuth de 2026, con el aniversario de sus 150 años de historia, incluyendo distensiones entre la dirección del Festival y la Asociación de Amigos. En la tradicional rueda de prensa ofrecida la víspera de la inauguración de las funciones, se ha anunciado con bastante detalle lo que vendrá para 2026. También se ha presentado un nuevo aspecto a la web, sobre la base de un fondo blanco, que se abre con la siguiente carta de presentación: El Festival de Bayreuth. Un teatro creado para un solo compositor: el Bayreuth Festspielhaus. Con un auditorio donde la música se despliega como ningún otro teatro del mundo. Sin pompa ni solemnidad, reducido a lo esencial: vivir sus obras como una celebración. En su prestaña Vista previa 2026 puede consultarse lo ya anunciado para la efeméride, incluyendo el calendario completo, que si bien en los últimos años se había ofrecido nada más finalizar el Festival, en esta ocasión se nos presenta previamente. La razón es que a partir del 25 de julio saldrán a la venta una serie de abonos para dicha temporada, un recurso probablemente creado para estimular la compra temprana de entradas, con precios especiales, y recuperar así el halo de élite que suponía para el Festival colgar el cartel de no hay entradas meses antes del comienzo de las funciones. No en vano, a veinticuatro horas del comienzo, aún quedan algunas entradas sueltas para ciertas funciones.

El Festival se abrirá el 25 de julio con la interpretación de la Novena Sinfonía de Beethoven, como marca la tradición ante los aniversarios redondos. Lo hace veinticinco años después de la última ocasión, en 2001, que sonó con motivo de los cincuenta años del Nuevo Bayreuth. En aquella ocasión y en ésta estará a su frente Christian Thielemann, que contará con cuatro solistas de su confianza: Elza van der Heever, Christa Mayer, Piotr Beczala y Georg Zeppenfeld. Los dos últimos ya participaron en la grabación que, del ciclo sinfónico beethoveniano, realizara Thielemann en 2010 con la Filarmónica de Viena (SONY).

Ya el día 26 se producirá el estreno de la nueva producción, que como se anunció, será de Rienzi, en la primera ocasión que suene en el Festspielhaus -ya se programó en 2013 con motivo del bicentenario del compositor, pero se escuchó fuera del Festspielhaus-. Habrá nada menos que diez funciones. En el podio estará Nathalie Stutzmann, uno de los nombres de confianza de Katharina Wagner, a quien ya encomendó Tannhäuser en 2023 y 2024, y cuyo nombre habíamos adelantado. La producción estará encomendada a dos mujeres: Magdolna Parditka y Alexandra Szemeredy, y se confirma también el rumor que habíamos apuntado de que Andreas Schager protagonizaría la obra. Como Irene estará Gabriela Scherer, actual Gutrune en el Anillo, ocupándose del rol de Adriano la debutante como Sieglinde este año, Jennifer Holloway. Paolo Orsini será Michael Nagy y Baroncelli Matthias Stier.

Si la presencia de Rienzi es una curiosidad, también lo es el Anillo especial para esta edición, semiescenificado con realidad virtual a cargo de Marcus Lobbes y con Christian Thielemann en el podio, que vuelve a dirigir la Tetralogía en la Verde Colina desde la producción de Tankred Dorst (2006-10). Regresamos a los habituales tres ciclos, y no cabe duda de que la presencia del berlinés hará agotar pronto las entradas. El elenco cuenta con cantantes de su confianza, comenzando con el Wotan de Michael Volle, que también estuvo presente en su Tetralogía en la Staatsoper de Berlín. Regresa a Bayreuth Gerhard Siegel como Mime y Christa Mayer vuelve a ser Erda y Waltraute. Mika Kares obtiene un gran protagonismo: al Hagen de los últimos años añade Fasolt y Hunding. Lo más discutible es la omnipresente presencia de Klaus Florian Vogt, que será nada menos que Loge, Sigmundo y Sigfrido, por lo que después de Thielemann, la Tetralogía es suya. Una voz demasiado lírica, como también son líricas la de la Sieglinde de Elza van der Heever y la de la Brunilda de Camilla Nylund, todo un premio de fidelidad a la casa, sumando este rol al de Isolda de esta temporada y la precedente. Anna Kissjudit, la Erda de este año, pasa a ser Fricka. Alexander Grassauer será Donner, Evelin Novak Freia, Peter Rose será Fafner y como Gunther repite Michael Kupfer-Radecky.

Entre Valquiria y Sigfrido podrá verse la reposición del Holandés Errante de Dmitri Tcherniakov, que obtiene una merecida prórroga -quinto año-, con cuatro funciones. Protagoniza Nicholas Brownlee, habida cuenta de que Michael Volle pasa a cantar Wotan. Ascenso tras encarnar a Donner, en consonancia con la carrera ascendente del bajo-barítono, quien triunfó con el rol  a principios de este año en Valencia y quien ha comenzado a cantar Wotan en la nueva producción del Anillo debida a Tobias Kratzer en la Ópera Estatal de Baviera, con dirección de Vladimir Jurowski. Regresa Asmik Grigorian como Senta, quien asumirá la segunda y la tercera representación -¿Elisabeth Teige se ocupará del estreno y de la última función?-. Mika Kares releva a Zeepenfeld como Daland. Benjamin Bruns, quien fuera celebrado Timonel en la anterior producción, regresa a Bayreuth, ahora como Erik. No se ha anunciado quien encarnará a Mary y al Timonel.

Entre Siegfried y el Ocaso podrá verse Parsifal, cuarto y último año de la producción de Jay Scheib con dirección musical de Pablo Heras-Casado, y cuyo reparto será similar al del presente año -Schager, Zeppenfeld, Volle, Shanahan-, a salvo Kundry, que será interpretada por Miina-Lisa Värelä.

En definitiva, una edición con importantes novedades, en la que se se regresa al idilio Thielemann -Novena y Anillo para él- y donde los cantantes fieles a la casa obtienen un importante protagonismo en la Tetralogía -Vogt, Volle, Nylund, Kares-.

EL HOLANDÉS ERRANTE / BAYREUTH 2023

EL HOLANDÉS ERRANTE / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2023, 18 horas.
Otras representaciones: 4, 11, 14 y 18 de agosto
Producción de Dmitri Tcherniakov estrenada en 2021 / Decorados: Dmitri Tcherniakov. Vestuario: Elena Zaytseva. Dramaturgia: Tatiana Werestchagina. Luces: Gleb Filshtinsky.
Dirección musical de Oksana Lyniv (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Georg Zeppenfeld (Daland), Elisabeth Teige (Senta), Tomislav Mužek (Erik), Nadine Weissmann (Mary), Attilio Glaser (timonel), Michael Volle (Holandés)
Minutación: 136'24 (2 horas 16 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Thriller nórdico

          Tercer año de la producción de Tcherniakov, planteada en clave de thriller y que resulta interesante por su construcción argumental y sus decorados, con giros de escenario que permiten ver distintas perspectivas. Repite Oksana Lyniv en el podio, quien declaró hace unos días en una entrevista en la Radio de Baviera que se siente muy unida a Bayreuth no sólo en lo musical sino como opción de desconexión veraniega, sobre todo con el conflicto armado que azota su país. En el reparto originalmente anunciado sólo había un cambio: Eric Cuttler no encarnaría a Erik en esta edición y sería sustituido por Andreas Schager. No es la opción más adecuada por tipología de voz, aunque ya cantó el rol en 2016, año de su debut en el Festival. Al tener que ocuparse de Parsifal, desistió de cantar esta breve parte y se anunció al croata 
Tomislav Mužek, quien ya cantó el papel en la anterior producción. El otro cambio se produjo antes de iniciarse los ensayos: John Lundgren comunicó no poder participar en el Festival por su situación personal, siendo sustituto por el veterano Michael Volle, que regresa así Bayreuth tras su Sachs en Maestros (2017-2021).

           Al igual que ocurriera con Tannhäuser, Radio Clásica ha decidido no retransmitir este Holandés. Desde la Radio de Baviera escuchábamos a Anna Greiter, quien se ocupó también de la retransmisión de Tannhäuser, al igual que el ingeniero de sonido Clemens Kamp.

          Oksana Lyniv repite su lectura briosa e incisiva, de precisa articulación -nótese la transición al tercer acto, de sonido desbordante y con presencia importante de las trompetas, pasandod espués a una magnífica escena de la fiesta, que va de lo festivo a lo explosivo, con una magnífica preparación y culminación del clímax-. Presencia habitual de las trompas. Parece que este año hay una mayor atención a lo que de folclórico hay en la obra -así, el tema de los marineros en el dúo de Daland y el Holandés, o la fiesta del tercer acto-. Magnífica introducción a la cavatina de Erik, paladeada y cargada de nostalgia, casi como un suspiro del personaje. Preocupantes intervenciones de las trompas, con más de una pifia, y también de alguna trompeta -y ya venimos con pifias en el Anillo en el solo de trompa-, lo cual es extraño porque consultada la plantilla en la web del Festival encontramos las habituales procedencias de las principales orquestas alemanas -en este caso, mayoritariamente de Berlín, Dresde y Leipzig-.

El Holandés (Volle) en el primer acto
          Tenía dudas sobre Michael Volle. Es un cantante que desde hace una década se ha lanzado a cantar los tres grandes roles para bajo-barítono: Wotan, Sachs y el Holandés, sin tener una voz de especial anchura y contando actualmente con 63 años. La voz es conocida: no es especialmente bella y por momentos con sonoridades ácidas -sobre todo cuando se trata de parlamentos, nótese en las palabras que intercambia con Daland en el primer acto-, pero posee buen color baritonal y es homogénea en toda la tesitura. Además, Volle es un cantante de buena técnica, musical, que frasea con elegancia compone un discurso con variedad de dinámicas y presenta atención al texto. En este sentido se nota su experiencia como liederista. Se ha mostrado vigoroso en el monólogo del primer acto y al final de la obra y su presencia dramática en este montaje tan peculiar, a la luz de las imágenes publicadas, es interesante.

Senta (Teige) y Erik (Mužek) en el segundo acto
        Elisabeth Teige es la voz femenina más importante de esta edición, donde ha encarnado a Sieglinde, al día siguiente a Elisabeth y ahora, a Senta, papel del que ya se ocupó el pasado año. Voz de verdadera lírico-dramática, con un centro ancho -oscuro en la balada- y subida al agudo con facilidad, sin pérdida de color. Si le añadimos una magnífica dicción y una presencia dramática importante, todo ello nos confirma que estamos ante la mejor encarnación del personaje en Bayreuth desde los años dorados, algo que ya dijimos el pasado año y ahora confirmamos.

          Georg Zeppenfeld compone un Daland noble y paternal, con voz redondeada, aterciopelada, línea cantábile y exquisito fraseo.

Erik (Mužek) en el segundo acto
          El Erik de Tomislav Mužek ya es conocido de la anterior producción. Posee una voz de lírico un tanto mate y de timbre blanquecino, por lo que el personaje resulta un tanto impersonal y emocionalmente débil aun cuando luzca bien en escena. No ha ayudado el inicio de su dúo con Senta, un tanto distante, si bien poco a poco ha ido entrando en el drama. Correcto en la cavatina. Cinco años han pasado de su última intervención en el Festival, cuenta ahora con 47 años y la voz ha perdido un punto de estabilidad.

          Nadine Weissmann es una Mary de corte tradicional -voz un punto ácida, madura y de tintes severos-, con aliento trágico. Como ya es conocido de años anteriores, en esta producción es la mujer de Daland e hija de Senta, además de poner fin a la trama disparando al Holandés cuando se descubre que todo es una venganza por el suicidio de su madre, por lo que su presencia escénica ha de exceder con mucho su participación vocal.

          Muy bien el Timonel de Attilio Glasser, con una emisión más diáfana que en el Oro y atento a los detalles, ofreciendo variedad de dinámicas. 

            En definitiva, un Holandés
Timonel (Glaser) en el tercer acto
 muy disfrutable y a un nivel notable, si bien un Erik con un 
poco más de personalidad hubiera redondeado el sólido reparto. Como curiosidad, el equipo escénico no salió a saludar. Quizás no estaban en Bayreuth en la primera representación. Esta producción debería verse el año que viene por cuarta y última vez -a salvo la eventual prórroga-, pero no sabemos si será así. La dirección del Festival ha indicado que el año que viene podrá verse de nuevo la producción de Tannhäuser de Tobias Kratzer, por quinto año, probablemente porque ha agotado las entradas rápidamente mientras que a este Holandés le ha costado llenar todas las funciones, si bien tradicionalmente es el título menos demandando en cuanto a entradas, a salvo cuando estrena nueva producción. No sabemos si en 2024 volverán a verse ocho títulos o esta producción descansará para reponerse después, aunque a la luz de los estrenos anunciados para 2024 y 2025, la reposición de la misma exigiría presentar de nuevo ocho títulos, si no en 2024, sí en 2025.

          Terminamos así las crónicas de Bayreuth en vivo, a la espera de que Tristán sea retransmitido en diferido, si bien comienza a circular por las redes que no se dará. Un Festival que ha traído novedades en los locutores de la Radio de Baviera y en las propias alocuciones, que abandonan el francés para realizarse exclusivamente en alemán e ingles, lo que aligera el tiempo de éstas. Una edición que en lo directorial no ha dejado el mismo sabor de boca que otros años, a reserva de lo que hará Markus Poschner en Tristán, que tras lo escuchado el pasado año seguro será exitoso. Inkinen ha pasado como un traductor más de la Tetralogía, mientras que la lectura de Stutzman de Tannhäuser no me ha hecho olvidar al tradicional pero siempre eficiente Kober. Heras-Casado no habrá desarrollado una dirección estelar, pero hay buenas maneras y el Festival ya ha confirmado que estará en el podio en 2024. Los resultados conseguidos han sido importantes, y podrán ir creciendo año a año. En cuanto a los solistas, los grandes entregados han sido Elisabeth Teige y Andreas Schager, además del habitual Georg Zeppenfeld. Se ha echado en falta a Stephen Gould y nos gustaría el pronto regreso de John Lundgren después de dos años de ausencia. De igual manera, Thielemann es una pieza fundamental del Festival y debe regresar, aun cuando no está previsto ni para 2024 ni para 2025. Andris Nelsons, tras su regreso en 2021 y 2022 para los conciertos de la época de la pandemia, debe tener a su cargo una producción.

Grabación digital procedente de la Radio de Baviera, en HD, en formato .mp3 a 256 kbps. 
Se incluyen las alocuciones iniciales y finales.

3 DE AGOSTO DE 2023

La nueva producción del Holandés (Bayreuth 2021)

EL HOLANDÉS ERRANTE / Festival de Bayreuth, 25 de julio de 2021, 18 horas
Otras representaciones: 31 de julio y 4, 8, 11, 14 y 20 de agosto
Nueva producción de Dmitri Tcherniakov / Decorados: Dmitri Tcherniakov. Vestuario: Elena Zaytseva. Dramaturgia: Tatiana Werestchagina. Luces: Gleb Filshtinsky.
Dirección musical de Oksana Lyniv (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Georg Zeppenfeld (Daland), Asmik Grigorian (Senta), Eric Cutler (Erik), Marina Prudenskaya (Mary), Attilio Glaser (timonel), John Lundgren (Holandés)
Minutación: 135'18 (2 horas 15 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Wagner verista

Analizamos la nueva producción del Holandés que Dmitri Tcherniakov ha estrenado el pasado 25 de julio en el Festival de Bayreuth. La crónica musical del evento puede leerse aquí, por lo que nos ocuparemos exclusivamente de los aspectos escénicos. La grabación ha sido producida por DG y previsiblemente saldrá al mercado el verano del año que viene, como ha venido sucediendo en los últimos años con las nuevas producciones. 

Nos encontramos ante una puesta en escena meta argumental, una forma de trabajar de Tcherniakov que ya ha sido utilizada por Tobias Kratzer para la actual producción de Tannhäuser estrenada en 2019. La diferencia es que Kratzer actualiza el drama del artista y propone una trama de teatro dentro del teatro, mientras que Tcherniakov crea una trama nueva que afecta a la propia esencia de la obra. Aquí, el Holandés es hijo extramatrimonial de Daland, casado con Mary y de cuya unión tiene a Senta. Una relación furtiva que llevó a la madre del protagonista al suicidio por el rechazo social que despertó en el pueblo. Años después, el Holandés regresa con intención de vengarse.

Así, al iniciarse la obertura podemos leer en pantalla El extraño sueño recurrente de H. Apenas se inician los primeros acordes, se levanta el telón y vemos un pueblo nórdico de estilo un punto naif, de maqueta, con su iglesia y su bar. De una esquina salen un niño -el Holandés- y su madre. A una indicación de ésta, el niño marcha y ella espera a Daland, fundiéndose en un apasionado beso mientras se escucha el motivo de la balada. Sin embargo, este romance es descubierto por el hijo de ambos. Cuando la obertura retoma el tema del Holandés, vemos la desesperación de la madre, quien intenta obtener ayuda de Daland sin éxito. Entre tanto, mientras suena el tema de los marineros, él disfruta con su familia -Mary su esposa y Senta su hija- y el resto de ciudadanos del pueblo. La madre del Holandés, en cambio, es objeto de las miradas de sus vecinos y, no obteniendo ayuda ni siquiera en la iglesia, decide acabar con su vida colgándose ante la mirada de su hijo -una escena de tremendo impacto por su naturalidad-. Al finalizar la obertura, leemos en pantalla: H. regresa a su ciudad natal después de muchos años.

El Holandés saluda a los parroquianos, que se marchan
agradecidos tras haber pagado éste la cuenta

            Cuando se abre de nuevo el telón, vemos el bar del pueblo muy concurrido y al Holandés adulto, frío y calculador, en una calle lateral, esperando. Por las vestimentas y, sobre todo, por las sillas naranjas -que a mí me recuerdan a las de una piscina donde iba de niño-, probablemente estemos en los años noventa. El reloj que hay en la puerta marca las cuatro y veinte, pero es de noche -estamos, por tanto, en la estación invernal-. Toda la primera escena sucede a modo de una historia que está contando Daland -quizás vivida por él-, haciendo coro los parroquianos, bebiendo cerveza. Entretanto, el Holandés se ha sentado en un extremo del bar y escucha impasible. Cuando Daland se va a ir -en el argumento original porque se va a dormir- ve al Holandés y le cambia el semblante. El Timonel ocupa el puesto de Daland en la mesa y continúa la historia de aquél mientras los parroquianos siguen bebiendo. Todas las risotadas que escuchábamos en la retransmisión durante la cavatina se deben a los parroquianos, que siguen el juego al timonel, y el estruendo al final de la primera estrofa se deba a que se cae de la silla donde está columpiándose -que conste que la postura de columpio con que tiene que afrontar el pasaje más comprometido no es nada cómoda para el canto-. El Timonel se duerme y el Holandés hace un gesto al camarero indicándole que invita a una ronda a los parroquianos, que escuchan extrañados su relato. Cuando termina, paga la cuenta y éstos se marchan agradecidos. Se queda solo con el camarero y el Timonel, que sigue durmiendo.

Vuelve Daland, que sigue mirando con una mezcla de curiosidad y sospecha al extraño, y finalmente inicia conversación con él. Ambos cierran el trato mientras una sombra espía desde la calle -Erik, quien luego expondrá a Senta sus temores-. Pasan de las cinco y media, el bar cierra y Daland cita al Holandés en su casa.

Las transiciones entre los actos se producen con giros de escenario, permitiendo ver distintas perspectivas de la calle, una opción que ya empleó Alecsandar Denic en la producción del Anillo de Frank Castorf (2013-18). Dada la enorme profundidad del escenario del Festspielhaus, esto permite obtener imágenes impactantes, delineadas en un entorno nocturno de ligera neblina, contrapuesta a las luces anaranjadas de los edificios, creando en algunos momentos ambientes muy sugerentes -así, en el dúo de Senta y Erik-.

Dúo de los protagonistas: cena familiar.

       En el segundo acto, desde otra perspectiva, vemos a Mary dirigiendo un ensayo del coro femenino del pueblo. Hay que reconocerle ingenio a Tcherniakov para dotar a uno de los personajes más intrascendentes de toda la producción wagneriana -junto con Melot- de una presencia dramática interesante. El cuadro del Holandés es un retrato que Mary guarda en su bolso y que no está muy claro quién es. El dúo entre Senta y Erik se produce también en otra perspectiva, y con un nuevo giro vemos el cenador de la casa de Daland, donde se desarrolla el dúo de los protagonistas en el contexto de una velada familiar en la que Mary se muestra fría y distante -¿sospecha algo?-.

En el tercer acto observamos otra perspectiva del pueblo, aquí con los edificios a la derecha, una esplanada en el centro y una niebla sobre un cielo color añil que se oscurece hacia la izquierda -se entiende que más allá está el mar-. Nada más iniciada la fiesta entra el Holandés con un grupo de hombres ataviados de traje y con el semblante muy serio. Se trata de matones que le acompañan para culminar su venganza contra el pueblo que cerró la puerta a su madre, en un tiroteo ante el cual salen despavoridos los habitantes de Sandwike ante la asustada mirada de Senta.

Aparece Erik y recrimina a Senta su actitud. El Holandés está escuchando y aquí la escena puede tener dos posibles interpretaciones. Una, la tradicional, que el Holandés pensara que, una vez cumplida su venganza, podía reconciliarse con el mundo a través del amor de Senta y, al escuchar a éstos, considera que es igual que su padre cuando abandonó a su madre. Otra, diferente: no es que el Holandés crea haber perdido el amor de Senta, sino que ya ha cumplido su objetivo y abandona Sandwike mientras sus matones incendian el pueblo. El Holandés desprecia a Senta en la misma forma en que Daland despreció a su madre y, en el último momento, cuando revela su identidad, aparece Mary, quien con una escopeta dispara por la espalda al Holandés ante las atónitas miradas de Daland y Erik. Sólo nos queda una incógnita: ¿por qué el Holandés no mata a Daland al final de la obra? ¿Reconoce a su padre años después y tiene compasión de él, o no le recuerda y es un mero instrumento, alguien a quien acercarse para iniciar vida en el pueblo y consumar la venganza?

Una rebelde Senta ante las miradas de Mary y Erik en el segundo acto

           En general, el elenco se pliega muy bien a la propuesta dramática: John Lundgren es un Holandés frío y calculador que sabe jugar sus cartas, aunque a sus 52 años no resulta del todo creíble como hijo de Daland, por mucho que se caracterice a Zeppenfeld, que encarna un Daland simpático entre los parroquianos y que lleva una vida tradicional junto a Mary. Senta, en cambio, es una adolescente rebelde y problemática, de cabellos rubios y mechas rosas y verdes -quizás la que tiene el rol más complejo en esta propuesta, y Grigorian convence plenamente-.

Por lo que respecta a la parte musical, poco que añadir a lo comentando en la retransmisión. Las voces suenan algo más redondeadas que por radio, lo que beneficia particularmente a Eric Cutler (Erik), cuyo timbre suena más natural y menos metálico. El público concedió sobrada aprobación, con unas atronadoras ovaciones a Asmik Grigorian, a quien se le saltan las lágrimas y se arrodilla en el escenario del Festspielhaus. El público de Bayreuth quiere y aprecia a Georg Zeppenfeld, un bajo de muchos quilates, concedió absoluta aprobación a Oksana Lyniv, quien a nuestro juicio ha desarrollado una magnífica dirección, y abucheó injustamente a Eberhard Friedrich, quien salió a saludar con mascarilla, por la idea de colocar el coro fuera de escena, pues el resultado ha sido, como de costumbre, impecable.

Nos encontramos ante una producción cuyo principal inconveniente es trazar una trama meta argumental que llega a modificar la esencia de la obra, hasta el punto de que el amor incondicional, abnegado y eterno, propio del drama wagneriano, deja paso al más terrenal verismo de una venganza planificada durante años. Entre sus ventajas, es una puesta en escena funcional y sorprendente, gracias a las transiciones con escenario giratorio, y que permite además manejar el coro con la seguridad que exige la pandemia. En el primer acto los parroquianos del bar son actores, y al final de acto, el coro se escucha mientras se produce la transición de decorados, por lo que está fuera de escena. De igual manera, en el tercer acto hay una parte de personas en la fiesta que no cantan, de manera que buena parte del coro está colocado fuera de escena, incluyendo el coro de marineros del Holandés, pues los hombres de éste en escena son actores. Es probable que sólo el coro de hilanderas esté totalmente en escena. La caracterización de los personajes está bien trabajada, y la dirección de actores es viva y natural, con atención a los pequeños detalles. 

Probablemente, en un momento en que los valores del drama wagneriano pueden estar un tanto trasnochados en la escala de valores de la sociedad actual, este montaje puede permitir acercar la ópera a nuevos públicos -¿puede que un adolescente a día de hoy quede más impresionado por este thriller que por una historia de amor eterno? sería interesante comprobarlo-. Además, hay que reconocer que a Tcherniakov le encajan bien las piezas del puzzle, a diferencia de otras producciones que han pretendido contar una historia paralela y han fracasado -el Tannhäuser de Sebastian Baumgarten (2011-14)- o que directamente sólo pretendían una reflexión genérica de contornos difusos, donde la música parece que estaba de banda sonora -el Parsifal de Christoph Schlingensief (2004-07)-. Incluso tiene más interés que puestas en escena que han pretendido la modernidad por la modernidad -el Tristán de Christoph Marthaler (2005-12), que convirtió el drama de los amantes en costumbrismo burgués de medio siglo XX, o el extraño futurismo de la anterior producción del Holandés, de Jan Philipp Gloger (2012-18), montajes por cierto que se mantuvieron en cartel durante seis ediciones no por su redondez sino por su funcionalidad y economía-.

En mi opinión es más interesante explorar una nueva vía que insistir en vías ya exploradas a modo de mala copia, como ocurrió con el psicodrama planteado por Claus Guth en su Holandés (2003-06), una idea ya plasmada con mayor mérito y originalidad por Harry Kupfer en su histórica producción (1978-85). El equipo de Tcherniakov fue abucheado en la velada del estreno, aunque creo que el director ruso ha tenido la valentía de proponer algo muy novedoso y trabajado. Se puede estar de acuerdo o no con la propuesta, pero hay que reconocer que sabe manejar la escena y tiene sentido del relato, algo que no ha conseguido Katharina Wagner con sus Maestros (2007-11) y Tristán (2015-19), montajes que presentaban claros altibajos de conjunto y ganas de enrevesar lo que el espectador ve sobre el escenario, algo que Tcherniakov no hace: coloca lo que necesita y le saca partido. Como ha ocurrido ya en otras ocasiones, veremos a ver cuánto tardan otros directores y teatros en imitar esta nueva vía escénica para el Holandés.

7 DE AGOSTO DE 2021.

Oksana Lyniv será la primera mujer en dirigir en Bayreuth

26/09/2020

Katharina Wagner ha sorprendido en una entrevista anunciando a la ucraniana Oksana Lyniv como directora de la nueva producción del Holandés que podrá verse en Bayreuth en 2021.

En la conferencia de prensa previa al Festival de 2019, Katharina Wagner anunció que en la nueva producción del Holandés prevista para 2021, una mujer ocuparía el podio. Las miradas estaban puestas en Simone Young, directora de la Ópera de Hamburgo y de la Orquesta Filarmónica de Hamburgo, quien tiene en su haber una sólida trayectoria wagneriana, incluyendo una Tetralogía grabada en Hamburgo para el sello Oehms. Sin embargo, la sorpresa ha sido mayúscula cuando Katharina Wagner ha aunciado a Oksana Lyniv. La directora ucraniana, de cuarenta y dos años, acaba de finalizar su contrato con la Ópera de Graz (Austria), donde llegó en 2017. Estudió en Dresde y, años atrás, en 2005, fue nombrada directora asistente de la Orquesta Sinfónica de Bamberg, formación muy ligada al Festival desde su reapertura en 1951, dada la proximidad de las dos ciudades. También ha sido asistente del director de la Orquesta Filarmónica de Berlín, Kirill Petrenko. La elección de Lyniv ha sorprendido por su relativa juventud y su escasa experiencia en el repertorio wagneriano -debutó en este ámbito en 2017, dirigiendo el Holandés en el Liceo de Barcelona-.

La directora ha confirmado en una entrevista que el primer contacto llegó en 2018, cuando recibió la invitación por correo electrónico, logrando que se mantuviera el secreto hasta ahora. Reconoció que, cuando le llegó la invitación, no pudo dormir durante cuatro noches. Ahora asume esta labor reconociendo que Wagner ha supuesto mucho para ella, aunque ha apuntado que el Holandés es una pieza complicada de adaptar a la peculiar acústica del foso del Festspielhaus.