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LOS MAESTROS CANTORES DE NUREMBERG / BAYREUTH 2021

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / Festival de Bayreuth, 26 de julio de 2021, 16:00 horas
Otras representaciones: 1, 8, 12, 17 y 24 de agosto
Producción de Barrie Kosky estrenada en 2017 / Decorados: Rebecca Ringst. Vestuario: Klaus Bruns. Dramaturgia: Ulrich Lenz. Luces: Franck Evin
Dirección musical de Philippe Jordan (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Michael Volle (Hans Sachs), Georg Zeppenfeld (Veit Pogner), Tansek Akzeybek (Kunz Vogelgesang), Armin Kolarczyk (Konrad Nachtigal), Bo Skovhus (en sustitución de Johannes Martin Kränzle como Sixtus Beckmesser), Werner Van Mechelen (Fritz Kothner), Martin Homrich (Balthasar Zorn), Christopher Kaplan (Ulrich Eisslinger), Ric Furman (Augustin Moser), Raimund Nolte (Hermann Ortel), Andreas Hörl (Hans Schwarz), Timo Riihonen (Hans Foltz), Klaus Florian Vogt (Walther von Stolzing), Daniel Behle (David), Camilla Nylund (Eva), Christa Mayer (Magdalene), Günther Groissböck (Sereno).
Minutación: Acto I: 80'04 / Acto II: 58'11 / Acto III: 117'02 / Total: 255'17 (4 h 15 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Dice Kosky que Wagner es uno y trino

               Cuarto y último año de la producción de Maestros debida a Barrie Kosky, en cartel desde 2017 y que previsiblemente no obtendrá una prórroga pese que el simpático montaje ha cosechado alabanzas año tras año, siendo el que mejor acogida a tenido de todas las producciones ofrecidas en los últimos años, pese a ser una propuesta arriesgada. 
Fino humor, desparpajo y una vuelta de tuerca al Wagner artista, cuya obra es juzgada en la sala de los Juicios de Nuremberg y absuelta, y en el que Sachs, Wather y David se muestran como alter ego del propio Wagner -como Eva lo es de Cósima, Pogner de Franz Liszt y Beckmesser del director judío Hermann Levi, encargado de estrenar Parsifal-. Tras un primer acto desarrollado en la biblioteca de la villa Wahnfried, casa del compositor en Bayreuth, el segundo acto ha venido pecando de cierto simplismo escénico -el primer año con una suerte de patio entre dos viviendas, demarcado por las paredes de la sala de los Juicios de Nuremberg y con hierba y, los años siguientes, una suerte de habitación, también demarcada por las paredes de la sala y con muebles apilados-, como si fuese una mera transición al desenlace cuando es, sin duda, el acto que tiene mayor carga teatral. La sala de los Juicios de Nuremberg invadida por el tumulto de aldeanos, burgueses y artesanos de época ha sorprendido todos los años por la perfecta coreografía de la gran masa.

               Desde la Radio de Baviera nos saludaba una nueva voz, la de Konstanze Benel, que tomaba el relevo de Barbara Malish para esta retransmisión. 

Pogner (Zeppenfeld) y Eva (Nylund)
en el primer acto de la obra, una licencia
de Kosky para el preludio, pues padre
e hija no coinciden en el primer acto.
             El elenco trae una serie de cambios respecto a las ediciones anteriores. El más significativo 
es la sustitución de Günther Groissböck por Georg Zeppenfeld como Pogner, rol que ya cantó hace una década en el Festival. Groissböck asume el más discreto rol de Sereno para descargarse de actividad -al día siguiente será el Landgrave en Tannhäuser- y tener más tranquilidad de cara a su debut del rol de Wotan en La Valquiria, debut que el pasado día 25 se confirmó no tendrá lugar, pues el bajo alemán ha decidido posponerlo aduciendo que la caída de la actividad artística debida a la pandemia ha hecho que no se encuentre en las condiciones vocales que él desearía -no obstante, sí cantará los adioses de Wotan en el concierto que dirigirá Andris Nelsons el 25 de agosto, un fragmento que ya ha cantado en recital con anterioridad. Wiebke Lehmkuhl (Magdalena) se cayó de cartel hace unas semanas sin que se haya dado explicación, siendo sustituida por la veterana Christa Mayer. En la corporación de Maestros se producen tres cambios: Daniel Schmutzhard (Kothner) es sustituido por Werner Van Mechelen, quien en 2017 ya fue Klingsor en algunas funciones de Parsifal; Paul Kaufmann (Balthasar Zorn), quien también era uno de los escuderos en la última producción de Parsifal, deja paso al debutante Martin Homrich; y Stefan Heibach, habitual secundario del Festival desde 2007, y ya Augustin Moser en la producción de Maestros de Katharina Wagner (2007-11), es reemplazado por el debutante Ric Furman. El último cambio se ha producido pocas horas antes de levantarse el telón, y es que debido a una indisposición de Johannes Martin Kränzle, el rol de Beckmesser ha tenido que ser asumido in extremis por el danés Bo Skovhus. Se ha dicho que, una hora y media antes de iniciarse la representación, el barítono seguía sentado en un avión. No ha trascendido desde donde venía, pero su residencia habitual está en Viena desde hace años. Dado que la producción de Kosky es muy detallada en movimientos, se ha optado porque cante colocado en un lateral del proscenio mientras Kränzle se ocupaba de la parte escénica. En términos sonoros, el resultado ha sido bueno.

              Muy buena dirección de Philippe Jordan, animada y bien articulada. El director ha ido restándole a la minutación año a año, notándose especialmente entre 2018 y 2019 -entonces empleó 4 horas y 24 minutos y pasó después a las 4'17-. El año del estreno, esto es, 2017, fueron 4 horas y 21 minutos, algo más ligero, y en esta ocasión consigue los tempi más rápidos, con 4 horas y 15 minutos. Tanto en 2019 como en esta ocasión, el tercer acto bajó de las dos horas. La sonoridad de Jordan es bastante característica, redondeada, con perceptible presencia de trompas y metales nobles. En esta ocasión, quizás menos tonante y más dada al lirismo en los momentos más íntimos de la partitura. El preludio y la escena de la pradera están expuestos con nobleza y evocación, y a lo largo de todo el discurso hay especial atención a los contrapuntos y detalles que ofrece la partitura. Absoluta limpieza y frescura en el tumulto con que finaliza el segundo acto y un preludio del acto tercero con una preponderancia del metal -muy redondo y noble, eso sí- algo más acusada de lo que estamos acostumbrados. Hay sonoridad original en la respuesta rítmica del viento en la arenga final de Sachs, sobre los versos Das unsre Meister sie gepflegt / grad recht nach ihrer Art, que resuena muy nítida y marcada, alcanzando por acumulación el clímax hasta la entrada del coro. Fanfarrias de trompeta nítidas en los últimos compases de la obra.

Sachs (Volle) y Eva (Nylund) en el
segundo acto.
             Notable elenco, muy homogéneo, que conoce bien sus roles y realiza una buena recreación, bien plegada a la propuesta de Kosky. En lo estrictamente vocal, destacan el Walther personal de Klaus Florian Vogt, el juvenil David de Daniel Behle -también magnífico actor- y el nobilísimo Pogner de Georg Zeppenfeld. Bo Skovhus realiza una tradicional encarnación de Beckmesser, dramáticamente irreprochable.

              El Sachs de Michael Volle es ya conocido. La voz no es especialmente bella, sonando en algunos momentos un punto ácida y falta de nobleza, pero la psicología del personaje es magnífica. Hay complicidad y picardía -escúchese la socarronería en el Jerum! del segundo acto-, hay humanidad en el Wahnmonolog. A sus 61 años no hay signos de fatiga, sabiendo dosificar sus fuerzas hasta el final sin sonar reservón, e incluso su instrumento me ha resultado un punto más oscuro que en años anteriores, lo que supone una mayor adecuación a la parte. En estos años ha acometido siempre la arenga final con cierta suavidad, lejos de la tradicional sonoridad estentórea, probablemente por sus medios, más como consejo o consigna dirigida al público -en esta puesta en escena Sachs-Wagner queda solo en la escena final, como justificando al público su obra de arte para, en el coro final, dirigir una orquesta en el escenario-.

Walther (Vogt) obtiene la mano de Eva (Nylund) con la 
aprobación de los Maestros.
             También es muy conocido el Walther de Klaus Florian Vogt, quien desde 2007 ha sido dueño y señor del rol en Bayreuth, cantándolo en todas las ediciones en que se ha programado la obra excepto en 2011, cuando al hacerse cargo de Lohengrin fue reemplazado por Burkhard Fritz. La voz es blanquecina y la interpretación desprende más candidez que pasión -con los años su canto se ha ido volviendo más sobrio si cabe- con una voz emitida con blandura, pero el fraseo es exquisito y los juegos de medias voces le hacen a día de hoy imbatible en un rol para el cual no hay muchos candidatos disponibles. Aunque parece que Vogt tiene cada día más detractores -parece que nos olvidamos de la sensación que despertó en 2005 cuando apareció con el personaje del caballero del cisne en el Festival de Baden-Baden, o en 2007 cuando debutó en Bayreuth como Walther-, siendo realistas, no hay otro cantante que pueda colocarse a su altura en este rol en los mismos términos de compromiso -impoluta presentación a los Maestros y canción del premio con una técnica irreprochable-. Teniendo en cuenta que Piotr Beczala no ha preparado el personaje -aunque por material vocal estoy seguro de que haría un gran Walther-, el único que podría hacerle competencia es Jonas Kaufmann, pero ha cantado el rol de manera anecdótica, sólo en cinco funciones a lo largo de toda su carrera: tres en septiembre de 2018 en Munich y dos en junio de 2019 en el Festival de Ópera de la misma ciudad -iba a cantar dos funciones más allí en junio de 2020, pero fueron suspendidas por la pandemia-, por lo que no se le puede considerar representativo en el personaje. Además, si consultamos las agendas de los principales teatros entre 2018 y 2022, Vogt acapara todas las funciones de la Deustche Oper de Berlín, del Metropolitan de Nueva York, de la Semperoper de Dresde, de la Ópera de Budapest y del Festival de Pascual de Salzburgo -sin un segundo cantante, él exclusivamente hace todas las funciones-, aunque también hay otros que están en el Festival -Magnus Vigilius (Leipzig) o han participado en él -Tomislav Mužek (Munich) o Norbert Ernst (Tokio)- que están asumiendo el rol actualmente.

             Camilla Nylund es una soprano lírica que en los últimos años ha hecho una serie de incursiones en roles wagnerianos que a mi ver no le van por tipología de voz -Sieglinde, Senta o incluso el segundo acto de Tristán en versión de concierto, con próximo debut del rol completo el año que viene-. Como Eva acierta plenamente por vocalidad, realizando una interpretación sensible y de delicada línea de canto, si bien con un cierto vibrato agresivo en el registro agudo en forte. Su caracterización de muchacha enamorada de Walther y a la vez temperamental con Sachs está muy bien conseguida.

             Daniel Behle repite su magnífico David de años anteriores, un rol que ha hecho suyo gracias a una voz juvenil pero viril y con una interpretación apasionada, con unas explicaciones a Walther en el primer acto muy teatrales sin renunciar a una buena línea de canto.

Magdalena (Mayer) y Eva (Nylund) en el tercer acto.
          Christa Mayer realiza una buena encarnación de Magdalena, de tonos oscuros y sonoridades un punto matroniles, a veces ácidas, pero con buena línea de canto y atención al texto.

          Bo Skovhus es un barítono de dilatada carrera, muy versátil, con algunas incursiones wagnerianas más en el pasado que a día de hoy -fue Kurwenal en la grabación del Tristán de Jiri Belohlavek en Glyndebourne (2007, Opus Arte)-. A sus 59 años, su carrera se centra en la ópera del siglo XX y en el repertorio ruso, siendo Beckmesser el único rol que mantiene en agenda, papel que cantó junto a Philippe Jordan en París en 2016. Su caracterización de Beckmesser es muy clásica, con esa emisión caracterizada de tintes secos, aunque su serenata está cantada con gran belleza, y finaliza su dúo con Sachs en el tercer acto con un largo y seguro agudo. En todo momento ha estado muy compenetrado con el resto de personajes y con la orquesta pese a haber hecho aparición en el último momento, por lo que su interpretación es doblemente meritoria.

            Excelente el Pogner de Georg Zeppenfeld, rol que ya abordó en el Festival hace una década, de voz noble y redondeada, puro terciopelo y paternalismo. Magnífico su monólogo del primer acto.

Tumulto al final del segundo acto, con Beckmesser
(Kränzle) en el suelo
               Notable corporación de Maestros, como viene siendo norma, bien empastada. Correcto Wener van Mechelen como Kothner, sin una voz especialmente personal, aunque matizando la exposición de las reglas de la tabulatura, y excelente el Sereno poderoso y terso de Günther Groissböck. Se da la circunstancia de que Zeppenfeld y Groissböck ya coincidieron en esta producción el año del estreno con los papeles invertidos: Groissböck como Pogner y Zeppenfeld como Sereno.

            Magnífico, como siempre, el coro del Festival, en una obra más complicada que la de ayer por la gran masa coral.

            Se despide una producción querida, apreciada y muy homogénea musicalmente. En lo estrictamente vocal, me atrevería a decir que la mejor que ha ofrecido el Festival desde la clásica de Wolfgang Wagner estrenada en 1981 -Bernd Weikl, Siegfried Jerusalem, Graham Clark y Hermann Prey en los roles principales-. En cuanto a la batuta, la presencia de Thielemann al frente de la obra entre 2000 y 2002 proyecta una sombra muy alargada y difícilmente superable, pues nos llevaría a aquéllos históricos Maestros que dirigiera Kna en 1960, pero el berlinés entonces contó con un elenco inferior en conjunto al que hemos venido escuchando estos años.

Grabación digital procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales de la locutora de la Radio de Baviera.

28 DE JULIO DE 2021.

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / BAYREUTH 2019

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2018, 16:00 horas
Otras representaciones: 31 de julio y 6, 10, 24 y 27 de agosto
Producción de Barrie Kosky estrenada en 2017 / Decorados: Rebecca Ringst. Vestuario: Klaus Bruns. Dramaturgia: Ulrich Lenz. Luces: Franck Evin
Dirección musical de Philippe Jordan (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Michael Volle (Hans Sachs), Günther Groissböck (Veit Pogner), Tansek Akzeybek (Kunz Vogelgesang), Armin Kolarczyk (Konrad Nachtigal), Johannes Martin Kränzle (Sixtus Beckmesser), Daniel Schmutzhard (Fritz Kothner), Paul Kaufmann (Balthasar Zorn), Christopher Kaplan (Ulrich Eisslinger), Stefan Heibach (Augustin Moser), Ralf Lukas (Hermann Ortel), Andreas Hörl (Hans Schwarz), Timo Riihonen (Hans Foltz), Klaus Florian Vogt (Walther von Stolzing), Daniel Behle (David), Camilla Nylund (Eva), Wiebke Lehmkuhl (Magdalene), Wilhelm Schwinghammer (sereno).
Minutación: Acto I: 80'44 / Acto II: 58'43 / Acto III: 118'10 / Total: 257'37 (4 h 17 min).
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Sachs, Walther y David o la trinidad wagneriana en Maestros


               Tercer año de la producción de Barrie Kosky, al igual que en los dos años anteriores, muy bien acogida. Como ya explicamos el año del estreno, Kosky concibe toda la obra sobre la arrolladora imagen del Wagner artista, que se proyecta sobre las figuras de Sachs, Walther y David -los tres con evidentes atributos wagnerianos-, mientras que Eva encarna la personalidad de Cosima, Pogner la de Liszt y Beckmesser la de Hermann Levi. Toda la obra es un juicio a los Maestros Cantores de Núremberg, que empieza en la villa Wahnfried, casa del compositor en Bayreuth, y en el tercero nos muestra la sala de los Juicios de Nuremberg, tras haber pasado por un segundo acto a medio camino entre una y otra. Ya el año pasado se modificó el decorado del segundo acto, que el primer año mostraba un suelo de cesped en torno a las paredes de madera de la sala de los Juicios de Nuremberg que bien podía asemejarse a un patio interior entre dos viviendas, para eliminar el césped y pasar a un suelo de habitación normal, con mobiliario apilado en el lado izquierdo del escenario. Existen indicaciones temporales y ambientales en esta producción, que narra el locutor de la Radio de Baviera Frank Manhold antes de empezar cada uno de los actos.

               En lo musical, rotunda pero a la vez festiva e idiomática dirección de Philippe Jordan con un homogéneo reparto que trae los dos mismos cambios que el año pasado, esto es, en los papeles de Eva y el sereno. Si el pasado año fueron Emily Magee y Tobias Kehrer, este año tenemos a Camilla Nylund y a Wilhelm Schwinghammer. Además, en esta función se ha producido la sustitución de Raimund Nolte por Ralf Lukas en el papel de Hermann Ortel. Lukas ya fue Donner y Gunther en el Anillo de Thielemann y Melot en el Tristán de Peter Schneider y, como curiosidad, indicar que nació en Bayreuth.

               El trabajo de Philippe Jordan dirigiendo la obra es similar al del año pasado, con una visión festiva y dinámica, con metales de sonoridad redonda y muy tonantes en el tema de los maestros, pero con buena claridad de planos sonoros, lo que hace que el resultado resulte muy ligero en los numerosos contrapuntos de la partitura. Jordan además respeta escrupulosamente la partitura en toda su variedad de matices y dinámicas. De los tres años que ha dirigido la obra, este es el de tempi más rápidos, con un primer acto de ochenta minutos y un tercero que baja de las dos horas.


Eva (Nylund) y Sachs (Volle) en el segundo acto.
               Michael Volle vuelve a repetir su inteligente interpretación de Sachs. La voz no es muy grande y le falta peso en los momentos más grandiosos de la partitura; además, por momentos su timbre puede sonar algo falto de nobleza, pero su interpretación convence gracias a un uso inteligente de sus recursos, es dramáticamente atenta -socarrón en su Jerum! del segundo acto, distante y soñador al inicio del tercero-, frasea con elegancia y muestra variedad de dinámicas.

               El Walther de Klaus Florian Vogt es el gran conocido junto con su Lohengrin, papel que además hubo de cantar el día anterior. Vogt no muestra signos de fatiga y exhibe su habitual elegancia y fraseo. Afronta el papel con sobriedad, incluso con cierta cautela en su encuentro con los maestros en el primer acto -agudo final del primer acto incluido-, y se muestra más apasionado en el tercero, con agudos más brillantes. Al igual que en años anteriores, cuando en el dúo con Eva del segundo acto cita a Pogner y su idea de casar a su hija con un maestro cantor, imita de forma cómica la voz de bajo.


Beckmesser (Kränzle) entona su serenata en el segundo acto
mientras Eva (Nylund) y Walther (Vogt) se ocultan.
                 Al lado de Vogt hoy encontramos de nuevo a Camilla Nylund quien, tras cantar Elsa el día anterior, es Eva. Su interpretación está muy bien conseguida. Su voz suena fresca, sin signos de fatiga, y además el papel es muy adecuado a su vocalidad, sin tener que forzar su instrumento y, en consecuencia, su vibrato amplio en el registro agudo está prácticamente ausente. En lo dramático resulta una Eva muy completa, que se muestra temperamental cuando intentar sonsacarle a Sachs información sobre Walther y su examen, exhibe la faceta de muchacha enamorada con Walther y después, perspicaz cuando ve aparecer a Beckmesser. Su rostro no tiene unas facciones demasiado similares a las de Cósima, pero es un detalle menor.


Beckmesser (Kränzle) en el tercer acto, con las magulladuras del
tumulto del segundo, ve la canción del premio.
               Daniel Behle vuelve a ser un sobresaliente David de timbre viril e interpretación apasionada. Destaca su centro ancho frente a la voz más lírica de Vogt cuando ha de explicarle las normas de canto.

              Wiebke Lehmkuhl, con su atractiva voz oscura, encarna a una eficiente Magdalena que se contrapone muy bien a Nylund.

               Johannes Martin Kränzle vuelve a encarnar su excelente Beckmesser. A su voz homogénea, fresca y bien timbrada, se une una interpretación muy matizada del personaje y a la medida de lo que demanda la producción de Kosky, de la pedantería a la malicia o al victimismo, todo ello aderezado con ruidos, toses o gemidos según demande la situación.

               Günther Groissböck posee una excelente voz de bajo, sólida y homogénea en toda la tesitura y sin problemas en los extremos. Sin embargo, su monólogo del primer acto aparece cantado a un tempo vivo que hace perder algo de aliento dramático a la intervención y la dota de cierto automatismo.

               La corporación de Maestros, como en años anteriores, funciona muy bien tanto en conjunto como en separado. En conjunto, bien empastada; y por separado, con voces de diferente entidad y timbre que dotan de variedad al conjunto. Correcto el Kothner de Daniel Schmutzhard pasando lista y exponiendo las reglas de la tabulatura, de voz más bien clara y no especialmente sonora.

               Ramplón el sereno de Wilhelm Schwinghammer. La voz no es grande ni profunda, y no está del todo bien colocada. Canta su intervención a tempo animado, como evitando exhibir sus carencias.

               Excelente, como es habitual, el coro del Festival, con la particularidad de que en esta puesta en escena el coro canta fuera de escena en varios momentos -incluyendo la escena de la pradera, donde el escenario se llena con figurantes y bailarines que invaden la sala de los juicios de Nuremberg-, lo que produce que en la toma sonora el coro pueda sonar un punto más alejado que de costumbre, algo que probablemente en directo se mitiga con la buena acústica de la sala.


Grabación digital procedente de la Radio de Rumanía en formato .mp3 a 256 kbps.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales del locutor de la Radio de Baviera, obtenidas de Radio Clásica de Radio Nacional de España.

2 DE AGOSTO DE 2019.

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / BAYREUTH 2018

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / Festival de Bayreuth, 28 de julio de 2018, 16:00 horas
Otras representaciones: 5, 11, 17, 21 y 27 de agosto
Producción de Barrie Kosky estrenada en 2017 / Decorados: Rebecca Ringst. Vestuario: Klaus Bruns. Dramaturgia: Ulrich Lenz. Luces: Franck Evin
Dirección musical de Philippe Jordan (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Michael Volle (Hans Sachs), Günther Groissböck (Veit Pogner), Tansek Akzeybek (Kunz Vogelgesang), Armin Kolarczyk (Konrad Nachtigal), Johannes Martin Kränzle (Sixtus Beckmesser), Daniel Schmutzhard (Fritz Kothner), Paul Kaufmann (Balthasar Zorn), Christopher Kaplan (Ulrich Eisslinger), Stefan Heibach (Augustin Moser), Raimund Nolte (Hermann Ortel), Andreas Hörl (Hans Schwarz), Timo Riihonen (Hans Foltz), Klaus Florian Vogt (Walther von Stolzing), Daniel Behle (David), Emily Magee (Eva), Wiebke Lehmkuhl (Magdalene), Tobias Kehrer (sereno).
Minutación: Acto I: 82'27 / Acto II: 60'12 / Acto III: 122'10 / Total: 264'49 (4 h 24 min)
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Beckmesser, qué complejo eres

               Con Barbara Malisch desde la Radio de Baviera se nos introducían estos Maestros, segundo año de la producción del australiano Barrie Kosky con dirección musical, festiva, idiomática y un punto musculada del que es el director de la Ópera Nacional de París y electo de la Staatsoper de Viena, Philippe Jordan. Como ya analizamos el año pasado, Kosky concibe la obra como una metáfora de los postulados artísticos y políticos de Wagner -cuestión judía incluida-, que son juzgados en el concurso de canto del tercer acto, utilizando para ello la sala de los Juicios de Nuremberg. El tratamiento es el de verdadera comedia, con un aire fresco, jovial, atención a los detalles, magnífico vestuario -inspirado en la época, en lo que parecen atuendos de los cuadros de Durero- y absoluto respeto hacia la obra. Sachs, Walther y David son tres alter ego del propio Wagner, mientras Eva lo es de Cósima, Pogner de Franz Liszt -yerno del compositor- y Beckmesser del director judío Hermann Levi -quien dirigió el estreno de Parsifal en 1882 y quien sufre verdadero escarnio en el tumulto nocturno del segundo acto-. El año pasado la crítica internacional alabó por regla general este planteamiento tan original, con algunos comentarios muy entusiastas, y este año se repiten las mismas reacciones.


Nuevo aspecto del segundo acto. El jardín ha desaparecido para dar
paso a una estancia donde se apila mobiliario del primer acto.
               En este segundo año la producción está más rodada, y aspectos musicales que el año pasado podían sonar más académicos, así como reacciones de los personajes, se nota que están más personalizados hacia el montaje de Kosky -hay más alboroto en el concurso de canto, tras el fracaso de la canción de Beckmesser-. Éste ha introducido algunos retoques, siendo el más destacado la modificación del escenario en el que se desarrolla el segundo acto. El año pasado era una suerte de jardín en medio de una amplia estancia con paneles de madera -en realidad la sala de los Juicios de Nuremberg, que vemos perfectamente detallada en el acto tercero-. Este año el jardín ha desaparecido y nos encontramos con una estancia en la que se apila el mobiliario de la villa Wahnfried. Ciertamente es más creíble esta posibilidad que un jardín en medio de una estancia, pero la opción primigenia me resultaba más sugerente y funcional con el drama -una suerte de patio, pues este acto se desarrolla en la calle, junto a las casas de Sachs y Pogner-.

                Se repite el elenco del año pasado, a excepción de Eva y el sereno. El año pasado Eva fue interpretada por Anne Schwanewilms y ahora por Emily Magee. Schwanewilms, que fue objeto de críticas el año pasado, un tanto exageradas, que consideraron su interpretación como endeble, fue inicialmente anunciada como Eva para este año y, finalmente sustitutida por Emily Magee cuando se anunciaron los repartos completos. La producción de Kosky exige una Eva deliberadamente madura, en cuanto alter ego de Cósima. Por eso se recurrió el año anterior a Schwanewilms -que contaba con cincuenta años- y éste, a Magee, de cincuenta y dos. La soprano neoyorquina cuenta con cincuenta y dos años y ya cantó Eva entre 1997 y 2002, en la última producción de Wolfgang Wagner, que dirigieron Barenboim y Thielemann. Como sereno, Karl-Heinz Lehner ha dado paso al debutante Tobias Kehrer, a quien ya escuchamos como Titurel en Parsifal y que también se hará cargo de Hunding en La Valquiria.

               Philippe Jordan hace un trabajo sobresaliente al frente de la obra, llevada con pulso animado, frescura y atención a lo que acontece en escena. La sonoridad, muy francesa, es redondeada y elegante, si bien un punto musculada -sobre todo el metal grave en el tema de los Maestros, muy estentóreo-.


Final del primer acto. En el medio, Beckmesser (Kränzle) muestra las
faltas cometidas por Walther (Vogt), mientras Sachs (Volle), se muestra
desolado.
               Michael Volle (Sachs) se encuentra inmerso en los grandes roles para bajo-barítono: Wotan -en la Staatsoper de Berlín con Barenboim en 2016, y el año que viene en el Met con el propio Jordan-; Holandés -también en el Met en 2017, con Nézet-Séguin-, Sachs en La Scala con Gatti, Mandryka en Munich, Juan el Bautista en la Deustche Oper... A la voz le falta un punto de peso, pero Volle es un buen cantante que con técnica, fraseo y dinámicas -logradas medias voces- saca adelante el papel con dignidad. Y este año llegando incluso a hacer un trabajo muy notable, pues parece más asentado en el papel, con una voz más redondeada y los dos monólogos muy bien cantados -muy dramático el Wahnmonologe- . Es cierto que en la arenga final no tiene esa rotundidad de los Sachs tradicionales, pero lo afronta con suavidad, como una especie de consejo, y no empaña el resultado global.

              El Walther de Klaus Florian Vogt es elegante, juvenil, con exquisito fraseo y absoluto dominio del papel. Marca personal es lo cómico que resulta en el acto segundo cuando se burla de la idea de Pogner de casar a su hija con un maestro cantor, imitando la voz de un bajo. A su lado, Daniel Behle como David suena con un centro viril y apasionado, frente al canto más frío de Vogt.


Quinteto: Magdalena (Lehmkhul),David (Behle), Sachs (Volle),
Walther (Vogt) y Eva (Magee).
                Johannes Martin Kränzle tiene todo un papel como Beckmesser en la producción de Kosky, y da la impresión que el cantante ha ido caracterizando el personaje a la medida de esta producción, a medio camino entre la pedantería, la malicia y el ser víctima del escarnio público: sus gemidos de dolor en el tercer acto después de la riña nocturna, sus risotadas, sus toses antes de empezar a cantar la canción en el concurso de canto o sus deliberados gallos -al final de su dúo con Sachs en el tercer acto o a lo largo de la canción-. Uno de los grandes Beckmesser actuales.

              Emily Magee disfruta de una carrera larga, desde mediados de los años noventa en que, de la mano de Barenboim, comenzó a brillar en los papeles wagnerianos líricos. Así, con Barenboim grabó Elsa en estudio (Teldec, 1998), después de haber interpretado el papel varios años seguidos en la Staatsoper de Berlín, y Eva en Bayreuth (Teldec, 1999). Con los años la voz ensanchó, afrontando con éxito papeles de soprano dramática -Adriadna, Sieglinde, incluso ha cantado Isolda-. Su instrumento está saneado, pero como Eva me suena un punto matronil, con un centro demasiado ancho para la parte. Además, sería deseable un agudo algo más ligero. No obstante, su actuación es competente, destacando el O Sachs! Mein Freund! y el quinteto, todo ello en el tercer acto.

             Wiebke Lehmkhul (Magdalena), poseedora de una atractiva voz oscura, al tener que oponer su voz en numerosas ocasiones a la de Magee, no produce el mismo contraste que con Schwanewilms el pasado año, que tenía un instrumento mucho más lírico. En algún momento se produce una cierta confusión en el oyente entre las voces de ambas.

                 Magnífico el noble Pogner de Günther Groissböck, de voz sólida, noble y tersa, pero con una interpretación matizada.

           Competente la corporación de Maestros, bien empastados en conjunto pero con voces de suficiente personalidad para lograr su adecuada diferenciación. Correcto Daniel Schmutzhard como Kothner, secretario encargado de pasar lista y leer las normas de la tabulatura, de voz más bien liviana y dúctil.

                Competente Tobias Kehrer como sereno.

                Excelente el coro, empastado, envolvente, de sonoridades juveniles y jocosas.


Grabación digital procedente de la Radio de Rumanía en formato .mp3 a 256 kbps.
Se incluyen las alocuciones iniciales y finales de la locutora de la Radio de Baviera, obtenidas de Radio Clásica de Radio Nacional de España, en formato .mp3 a 128 kbps.

31 DE JULIO DE 2018.

LA NUEVA PUESTA EN ESCENA DE MAESTROS CANTORES DE BARRIE KOSKY PARA BAYREUTH (2017)


Tres Wagner y un solo genio o unos Maestros Cantores de donde salen dos

Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.


            El pasado 25 de julio se inauguraba el Festival de Bayreuth con una nueva producción de Los maestros cantores de Nuremberg firmada en lo escénico por Barrie Kosky, director de la Ópera Cómica de Berlín, y en lo musical por Philippe Jordan, director de la Ópera de París. La Radio de Baviera ofreció en su página web en directo el estreno, imagen y sonido, pero a diferencia del año pasado, sólo para Alemania, por razones legales. También los cines han tenido la oportunidad de emitirla en varios países, pero no en España. Así las cosas, ha habido que esperar unos días para poder ver en la red esta producción, con curiosidad, pues en las últimas semanas la alemana ha publicado información casi a diario de los últimos ensayos, y de lo que podía leerse se evidenciaba una perfecta comunicación entre director de escena y director musical, unos cantantes elogiados y un clima de trabajo envidiable, lejos de las polémicas que otros años han adornado las semanas previas al inicio del Festival.

              Por desgracia, ningún medio ha ofrecido aún una crónica detallada de la puesta en escena, y por lo que se refiere a España, sólo se han limitado a repetir, una y otra vez, dos datos: que Kosky tiene ascendencia judía y que es homosexual. Esto último carece de relevancia alguna en su trabajo, pero lo primero sí es interesante indicarlo en este caso -siempre que no se use, como también ha hecho algún medio, para volver a ese tono morboso donde con dos frases se generaliza sobre Wagner y el nazismo-. Se ha podido leer y releer que Maestros era la ópera favorita de Hitler. No soy un experto en esta etapa histórica -y personalmente me parece mucho más interesante el Nuevo Bayreuth y los grandes retos que supuso para Wieland y Wolfgang Wagner-, pero hasta donde tengo entendido, Hitler se sentía más identificado con Lohengrin, por la idea de un lider que sienta un régimen de orden y guía al pueblo a la victoria. La vinculación de Maestros con el nazismo procede más bien de haber sido programada una y otra vez en los Festivales de guerra en sesiones especiales para miembros del ejército, dado su tono positivo y su exaltación de lo alemán.

            ¿Por qué es importante el dato judío? Porque Kosky ha venido rechazando en su trayectoria personal el Wagner persona, mientras que ha alabado al Wagner artista. Cuando se celebró en 2013 el bicentenario del compositor, la Ópera Cómica no programó nada suyo y cuando Katharina Wagner se puso en contacto con él, su primera reacción fue negativa. Después -ha relatado en entrevistas- le pudo el gusanillo de tratar el tema semita en la obra de Wagner y finalmente, encontrada una idea, aceptó la propuesta.

             La producción de Kosky sigue la línea marcada por Stefan Herheim para Parsifal en 2008 y que tan buen resultado dio: utilizar la obra como metáfora de sucesos históricos o políticos a partir de los elementos que subyacen en la misma. En aquélla, la Historia de Alemania, desde la I Guerra Mundial al régimen de Bonn, con el que concluye la obra. Aquí, dos elementos -por eso lo de unos Maestros Cantores de donde salen dos-: los postulados artísticos de Wagner y su relación con el judaísmo, que se concretan en lo siguiente:

                              1. Maestros es una comedia. Nuremberg es un lugar idealizado que obedece más al espíritu de lo que representa que a un lugar físico.

                                2. Wagner volcó en Maestros sus postulados artísticos. Hans Sachs es un alter ego del compositor y ejerce influencia absoluta sobre toda la obra, política y estilística.

                         3.  Walther von Stolzing y David no son sino proyecciones del propio compositor, pero sólo en lo musical: el primero es el Wagner de mediana edad que busca hacerse camino contra corriente y sorteando absurdos formalismos estilísticos pero que, sin embargo, acaba triunfando tal cual es; el segundo es el Wagner juvenil, inquieto e impetuoso. Por eso, los tres personajes tendrán una estética propia del Wagner juvenil, de mediana edad y adulto.

                                 4. Wagner volcó en Beckmesser sus frustraciones. Tradicionalmente se ha dicho que no es sino un alter ego de Eduard Hanslick, su crítico más feroz. Si habitualmente habíamos visto en Beckmesser una crítica musical a lo que es rigurosamente formalista pero que tiene escaso valor artístico, Kosky añade la crítica racial -en El judaísmo en la música, Wagner escribió que el crítico tenía ascendencia judía, algo que éste trató de desmentir-. Además, este ensayo, escrito en 1850 fue ampliado y vuelto a publicar en 1869, con lo que es probable que estas ideas rondaran por la cabeza del compositor en el momento del estreno de Maestros, un 21 de junio de 1868.

                        5. Debido a lo anterior, Maestros es una obra que debe ser sometida a juicio, a los Juicios de Nuremberg.

                La obra se apoya en dos momentos temporales, sobre la base de citas del diario de Cósima: 13 de agosto de 1875 para el primer acto y 27 de noviembre de 1870 para el segundo. El tercero ocurre en un atemporal Juicio de Nuremberg.

               El telón se abre segundos antes de que comience el preludio. Vemos la biblioteca de Wahnfried en penumbra, son las 12:45 y hace una temperatura de 23º, nos indica una proyección -risas del público-. Al sonar el primer acorde, entra Wagner (Michael Volle, Sachs en la ópera) con su perro terranova, en una escena que recuerda a la homóloga en la película Luis II (Luchino Visconti, 1972). Mientras suena el tema principal van entrando en la sala Cósima (Anne Schwanewilms, luego Eva), Liszt (Günther Groissböck, luego Pogner) y Hermann Levi, el director judío que estrenó Parsifal y de quien Wagner dijo que mejor hubiera sido que se hubiera bautizado para dirigirla (Johannes Martin Kränzle, luego Beckmesser). Los criados -entre ellos Wiebke Lehmkuhl, luego Magadalena- entran y salen y Wagner se sienta al piano -a interpretar Maestros, se entiende-. Cuando suena el animado tema de Beckmesser se une Liszt en histriónico dúo que recuerda a otra escena del cine: la de Mozart en Amadeus (Milos Forman, 1984), interpetando animadamente al piano el segundo tema de la obertura de La Flauta Mágica con Emmanuel Schikaneder (cantante-actor y director del Theater auf der Wieden, donde se estrenaría la obra), en medio de una reunión nocturna con mujeres y vino. Wagner hace partícipe a Levi de la partitura y también le vemos compartiendo su modo de vida: llega una tela de seda que ha encargado, perfumes o un cuadro de Cósima. Así las cosas, se acerca el final del preludio y Walther emerge de dentro del propio piano. Todo el primer acto será teatro dentro del teatro, una suerte de representación de Maestros en la biblioteca, con Wagner controlando la escena -le da los objetos que Magdalena recoge durante el encuentro entre Eva y Walther, apunta a algún cantante, dirige con la mano... 

Eva (Anne Schwanewilms) y Walther (Klaus Florian Vogt), bajo la
atenta mirada del apuntador Wagner-Sachs (Michael Volle).
               La escena en la iglesia de Santa Catalina se nos presenta como un momento de oración de los presentes, a media luz, como si la biblioteca tuviera un oratorio en la boca del escenario. Liszt -que no era sacerdote pero sí franciscano y había recibido las órdenes menores-, Wagner y Cósima son expresivos en los gestos de la liturgia, frente a Levi, quien permanece sentado sin saber que hacer. Wagner y Liszt le apremian para que siga el protocolo, lo que acaba haciendo, no sin confusión. Liszt y Levi saldrán de la estancia, mientras que los presentes siguen representando la obra. Poco después también saldrá David del piano, muy activo en sus movimientos. Liszt y Levi volverán a entrar a la sala, ahora como Pogner y Beckmesser -el primero ataviado como en el siglo XVI- y poco después los maestros -todos con magníficos atuendos del siglo XVI- irán saliendo del piano. A lo largo del primer acto se irá poniendo de relieve la personalidad de Beckmesser, algo retraída y un poco panfilillo -se pone a comer mientras pasan lista-. La dirección de actores es meticulosa en un espacio pequeño para tanta gente y donde hay que escenificar Maestros como en el salón de casa -y nunca mejor dicho-. La biblioteca está cuidadosamente reproducida, con bustos de Beethoven y Cósima, cuadros de Luis II, Cósima, Wagner, Schopenhauer, Schiller... La cámara no nos alcanza a leer las letras de los lomos de los libros, pero probablemente nos depararían alguna sorpresa. Hilo conductor en el montaje será el mazo, presentado primero por David al explicar la tablatura, emplada después en la prueba de Walther, en el segundo acto por Sachs para arreglar los zapatos -y marcar los defectos de Beckmesser y al final de la obra en el concurso de canto.

David (Daniel Behle) le explica las reglas a Walther
(Klaus Florian Vogt) bajo la atenta mirada
de Sachs-Wagner
             El telón vuelve abrirse antes de que suenen las primeras notas del segundo acto. Cósima y Richard aparecen tumbados en la hierba iluminados por un foco de luz en lo que parece una merienda campestre. Comienza la música y se hace la luz: efectivamente, el suelo es todo de césped, pero aparece delimitado por cuatro paredes forradas de madera, cual una suerte de patio, y, en el medio, lo que parece una sencilla tribuna de orador, también de madera, cubierta de hiedra. Mientras meriendan, primero aparece Hermann Levi, a quien el compositor le da un laúd para marcharse inmediatamente después. David y Magdalena, ahora ataviados con ropas del siglo XVI, hablan de Walther, mientras los aprendices corretean por el césped muy animados, también con ropas de época. Wagner se pone el mandil de zapatero y el acto pasa a desarrollarse normalmente en este espacio, donde poco después aparecerán Eva y Pogner, elegantemente vestido en tonos granates, en el mismo estilo de los demás, y después lo hará Walther con un jubón azul oscuro. La dirección de actores, bien calculada, funciona bien en ese espacio tan simple. Sendas puertas, una a la izquierda de la boca del escenario y otra al fondo a la derecha, hacen de acceso a las casas de Sachs y Pogner, mientras que en el cuerpo superior hay ventanas que permiten ver el espacio desde arriba.

           La tribuna es utilizada poco después por Beckmesser para cantar su serenata mientras Sachs se afana en su trabajo de zapatero. La situación que se genera entre ambos es fiel a las acotaciones y el tumulto colectivo se ceba con el escribano, a quien le colocan un cabezón de inequívocos estereotipos judíos: nariz aguileña, barba oscura y kipa en la cabeza. Un reloj en el fondo da locamente vueltas hacia atrás. No vemos al sereno, que canta fuera de escena -Georg Zeppenfeld, que salió a saludar con un elegantísimo frac y que por cierto, se nota que es querido en Bayreuth-.

En el tumulto del segundo acto, el pueblo se ceba con Beckmesser, colocándole un cabezón con estereotipados rasgos judíos.

El pueblo de Nuremberg festeja San Juan con algarabía.
                En el tercer acto nos damos cuenta de que las paredes forradas de madera y la tribuna no son otra cosa que elementos de la sala donde se celebraron los Juicios de Nuremberg, fielmente representada y con todas las bancadas dispuestas para una sesión. Allí se desarrolla todo el acto, sin cambio de escena y sin pradera. En la primera parte es como si Sachs y compañía estuvieran preparando la defensa de la obra -todos salvo Sachs-Wagner aparecen ataviados con atuendos del siglo XVI- y en la segunda todo el pueblo de Nuremberg, en coloristas atuendos que parecen sacados de las obras de su conciudadano Alberto Durero, invade la sala con algarabía, estandartes de los gremios incluidos. El certamen se desarrolla con los maestros sentados en las bancadas correspondientes a los jueces. Beckmesser, mostrando las señales de la paliza propinada la noche anterior y con unas formas bastante simpáticas, sube a la tribuna canta la canción ante una Eva que protesta rápidamente a su padre dando saltitos. Le sigue Walther, vestido con el traje negro que aparece en una de las fotografías de Wagner, que consigue convencer al jurado. Con las bendiciones de Pogner, se marcha con Eva de la sala entre la alegría del gentío. Pasamos a la arenga final: en la sala sólo quedan Sachs-Wagner y Cósima (la Schwanewilms rápidamente cambiada de ropa). Sachs sube a la tribuna para exponer sus planteamientos políticos para con el arte y finalmente dirige a una orquesta y a un coro de actores -alguno, como el que hace de jefe de cellos, muy expresivo en movimientos y con un vibrato que parece auténtico, otros, como algún violinista, dando señales de saber coger el arco pero no de manejarlo. ¿La conclusión? El Wagner músico es aclamado y sale absuelto de los Juicios de Nuremberg; el Wagner político no es condenado, pues no ha intervenido en el nazismo, pero sus ideas no interesan. Fondo negro y fuertes aplausos.

Arenga final de Sachs (en realidad es Wagner quien la pronuncia). A la derecha, Cósima escucha.

Klaus Bruns.
             De todo lo visto, en primer lugar hay que elogiar el extraordinario vestuario de Klaus Bruns, miembro de la Deutsche Oper de Berlín y que estudió Diseño de vestuario en el Mozarteum de Salzburgo, todo un alarde de buen gusto y de rigor histórico, tanto los del siglo XVI como los correspondientes a los personajes históricos del siglo XIX. Su experiencia es muy dilatada y ha trabajado con grandes de la escenografía, como Götz Friedrich o Harry Kupfer.

            En segundo lugar, alabar la dinámica y natural dirección de actores de Ulrich Lenz, miembro de la Ópera Cómica de Berlín y estrecho colaborador de Kosky. No es nada fácil llevar a la práctica la cantidad de matices y psicología que exige este montaje, aunque no cabe duda de que los cantantes están cómodos con los planteamientos. En general la mayoría de ellos parten de una concepción tradicional a la que se le añade matizar movimientos o actitudes aquí y allá. Exceptuamos a Michael Volle y Anne Schwanewilms, quienes tienen un papel añadido como Wagner y Cósima en los tres actos, sobre todo el primero, que ejerce de auténtico alma mater en escena. Sería deseable que el montaje no tuviera cambios de reparto en los próximos años, pues reensayar todo lo hecho sería una pena.

             El principal fallo, dentro del buenísimo resultado escénico viene, a mi ver, de los decorados de Rebecca Ringst. No tiene sentido utilizar la misma sala en dos actos completos que entrañan tres lugares distintos. Si a la biblioteca no se le puede reprochar nada, sí al segundo acto, donde bien podría haber ocurrido en los jardines de Wahnfried -ya se vieron en el Parsifal de Herheim, aunque quizás por eso se han evitado- en lugar de un anticipo de la sala de los Juicios de Nuremberg. Tampoco tiene mucho sentido, más allá de la economía de medios, utilizar la sala de vistas en la primera parte del tercer acto, la cual bien podría haber aparecido directamente en la escena de la pradera. Sobre todo cuando hay bajada de luz entre las dos partes. El resultado no es malo, pero denota cierta simpleza dentro de una producción en la que todo está milimétricamente calculado.

              En cuanto a los cantantes en escena, no es de extrañar que Kosky estuviera tan contento en los ensayos, pues se pliegan perfectamente a su planteamiento y se les ve convencidos de ello. Además, al haber trabajado con detalle el movimiento de actores, es de suponer que éstos se encuentren cómodos, evitando cualquier tipo de improvisación -lo que no es raro tratándose de puestas en escena de concepto: la producción tiene sesudas interpretaciones pero escasa dirección de actores, dejando a éstos a su libre albedrío-.

              En cuanto a la respuesta del público, la retransmisión contiene la media hora larga de aplausos y pueden verse las reacciones con detalle. Respuesta entusiasta general a los cantantes, en algunos casos muy entusiasta, excepción hecha a Anne Schwanewilms, que en el primer saludo recibió algunos abucheos perceptibles. Escuchada por radio y vista en vídeo me parece una cantante más que solvente, vocalmente saneada, con buenas maneras en el canto y escénicamente convincente -no teniendo un papel nada fácil en esa dualidad Cósima-Eva-. Ya quisieran muchas cantantes mantener esa frescura a los cincuenta años. Con lo cual, por descarte, el problema quizás venga en el volumen de su voz, dado que es la única variable que una grabación en directo puede camuflar. También Jordan recibió un par de abucheos aislados -objetivamente injustificados-, en medio del entusiasmo general. Kosky también los recibió de un sector del público, minoritario eso sí.

              En conclusión, una puesta en escena muy original, interesantísima, que presenta una visión no explorada antes -y que, como ha ocurrido con otras pioneras, no tardará en ser copiada por otros directores, con mayor o menor fortuna-. No creo que sea una propuesta provocadora o rompedora como los amantes del escándalo han querido ver, pues es muy respetuosa con las acotaciones y la dirección de actores se desarrolla con gran naturalidad. Como puntos flacos, la austeridad rallana en la tacañería de mantener el mismo espacio en los actos segundo y tercero, y que parece que Kosky ha querido contar demasiado en una única producción. Dos Maestros en uno: la obra como visión musical y política del compositor (en el primer acto y en la arenga final) y la cuestión judía (al final del segundo acto). Quizás el montaje hubiera ganado en cohesión tratando sólo uno de los dos temas. También me plantea la duda de cómo queda el personaje de Beckmesser al final, una víctima que no recibe reparación.

            Así las cosas, nos encontramos ante la producción más redonda que ha estrenado el Festival desde el Parsifal de Herheim (2008) y después de despropósitos que ya han caído en el olvido, como el Tannhäuser en una planta de biogás de Sebastian Baumgarten (2011-14) -una pena, pues pese al patinazo vocal del primer año, después tuvo buenos mimbres-. Si el elenco se mantiene estable, quizás nos encontremos ante uno de los hitos modernos del Festival.

31 DE JULIO DE 2017.

MAESTROS CANTORES / BAYREUTH 2017

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / Festival de Bayreuth, 25 de julio de 2017, 16:00
Otras representaciones: 31 de julio y 7, 15, 19 y 27 de agosto
Nueva producción de Barrie Kosky / Decorados: Rebecca Ringst. Vestuario: Klaus Bruns. Dramaturgia: Ulrich Lenz. Luces: Franck Evin
Dirección musical de Philippe Jordan (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Michael Volle (Hans Sachs), Günther Groissböck (Veit Pogner), Tansek Akzeybek (Kunz Vogelgesang), Armin Kolarczyk (Konrad Nachtigal), Johannes Martin Kränzle (Sixtus Beckmesser), Daniel Schmutzhard (Fritz Kothner), Paul Kaufmann (Balthasar Zorn), Christopher Kaplan (Ulrich Eisslinger), Stefan Heibach (Augustin Moser), Raimund Nolte (Hermann Ortel), Andreas Hörl (Hans Schwarz), Timo Riihonen (Hans Foltz), Klaus Florian Vogt (Walther von Stolzing), Daniel Behle (David), Anne Schwanewilms (Eva), Wiebke Lehmkuhl (Magdalene), Georg Zeppenfeld (en sustitución de Karl-Heinz Lehner como sereno).
Minutación: Acto I: 81'59 / Acto II: 58'46 / Acto III: 120'25 / Total: 261'10 (4 h 21 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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            Así como el año pasado la Radio de Baviera permitió visionar desde su página web la jornada inaugural del Festival, con Parsifal, los Maestros de este año por razones legales, dice su web, sólo pueden verse en Alemania. Una pena, pues en las últimas dos semanas gran cantidad de entrevistas y reportajes a Barrie Kosky y Philippe Jordan han removido la curiosidad, sobre todo porque, después de la turbulenta inauguración de la pasada edición, en ésta todo se ha presentado tranquilo a los medios. Es más, tanto uno como otro han declarado sentirse encantados de trabajar codo con codo, del clima que se respira en el Festspielhaus y del reparto vocal del que han dispuesto.

            Quince minutos antes de las cuatro de la tarde, Rafael Banús tomaba el micrófono en Radio Clásica de Radio Nacional de España presentándose con cierta timidez al respetable wagneriano, elogiando la labor de su predecesor, el tristemente fallecido José Luis Pérez de Arteaga, y pidiendo disculpas anticipadas por los posibles errores que pudiera cometer en la tarea. Se ha echado de menos la perfecta dicción y elegante oratoria de Pérez de Arteaga, pero Banús ha estado a la altura en lo que se refiere a contenido e información en los entreactos -centrados en los 500 años de la reforma protestante y los corales del Sachs histórico-. Además, ha mantenido las sinopsis argumentales de Ángel Fernando Mayo en la voz de Ana Vega Toscano introducidas por Pérez de Arteaga, una de las señas de identidad de estas retransmisiones.

            Puntualmente, tres minutos antes de las cuatro de la tarde, Barbara Malisch comenzaba la locución desde la Radio de Baviera y anunciaba el reparto con un cambio de último momento -ni siquiera figuraba en la web del Festival cuando se ha hecho público-: la sustitución de Karl-Heinz Lehner por Georg Zeppenfeld, ya un habitual pluriempleado en el Festival, en el breve papel de sereno.

Barrie Kosky en uno de los ensayos.
            A las cuatro de la tarde, la web de la Radio de Baviera y la web del Festival han ofrecido una galería de fotografías tomadas en el ensayo general. En ellas se pueden ver las constantes alusiones a Wagner, Liszt, Cósima, Luis II, retratados en cuadros colgados en una pared de una estancia que corresponde a Wahnfried (¿seguirá esta puesta en escena el hilo histórico con reminiscencias a la familia Wagner que ya exploró Stefan Herheim en su producción de Parsifal estrenada en 2008 y que tan buen resultado dio?). El vestuario tiene un eclecticismo entre el siglo XIX para los protagonistas y el XVI para los maestros. Éstos toman el té en unas clásicas tazas con cucharillas que hacen sonar para pasar lista y elevan para votar. Tendremos que esperar a próximos días para conocer el hilo conductor de esta propuesta, simpática a juzgar por las risas que se escuchaban en la sale, y bien acogida -ni un sólo abucheo, lo que tratándose de una inauguración es todo un éxito-.

            El reparto combina, en los papeles principales, cantantes habituales del Festival con los regresos de algunos otros y un debut, el de Daniel Behle como David. En los secundarios, se ha optado en su gran mayoría por habituales de la casa. Casi todos alemanes, salvo algunos miembros de la corporación de maestros. Tres de ellos participaron en el estreno de la anterior producción de 2007, debida a Katharina Wagner y en cartel hasta 2011: Klaus Florian Vogt (Walther), Michael Volle (entonces Beckmesser, ahora Sachs) y Stefan Heibach (Augustin Moser). Georg Zeppenfeld, hoy sereno, fue Pogner en la última reposición. El resultado es homogéneo, ofreciendo unas prestaciones de calidad difícilmente mejorables en conjunto con un reparto actual.

           Philippe Jordan opta por una sonoridad redondeada y homogénea, explosiva por momentos (metal en la obertura), otros elegante (coro de aprendices al inicio del segundo acto), tendente a dejar escuchar las segundas voces, dinámica, bien articulada, con tempi convencionales y atento al texto. Él mismo reconoció hace unos días en una entrevista que Maestros es una obra complicada para el profundo foso de Bayreuth debido a la cantidad de pasajes contrapuntísticos en las maderas, frente a Parsifal, la obra con la que debutó en 2012, mucho más vertical y concebida para este teatro. Se le disculpa el arrastre, media parte antes, de la primera entrada del metal en fanfarria en el preludio, motivada por el ritardando progresivo en la bajada de la cuerda.

              Aunque el propio Jordan en una entrevista declarase no sentirse wagneriano sino un director al que le gusta la obra de Wagner, no puede negarse su claro estilo wagneriano. Hay detalles de sonoridad original en el metal aquí y allá (por ejemplo, el acompañamiento al final del dúo entre Sachs y Beckmesser de segundo acto previamente a la entrada del coro que protagoniza el tumulto) y, en general, su interpretación tiene personalidad. Se le puede poner algún pero, como la contestación general de los maestros a Pogner tras su intervención explicando las intenciones para con su hija en el primer acto, donde cabría esperar una mayor brillantez, pero desde luego la labor es muy notable. Acompaña cuidadosamente los dos monólogos de Sachs o la canción del premio, mientras que resultan originales los contrastes de dinámicas entre coro y orquesta en la escena de la pradera.

Reunión de la corporación de maestros.

        El Walther von Stolzing de Klaus Florian Vogt es muy conocido. Debutó con este papel en el Festival precisamente en la anterior producción de la obra y, junto con Lohengrin, son los dos más adecuados a su atípica vocalidad. El cantante se mantiene en la misma forma con que debutó hace once años en el Festival, donde ha venido participando año a año sin excepción. Canta el papel con absoluta facilidad y una técnica envidiable, aunque 
con una sobriedad a veces un poco fría, sobre todo en el primer acto. Más dramático en el segundo, cuando se queja de los maestros a Eva caricaturizando la voz de su padre. Interesante la forma en que expone la canción del premio las dos primeras veces, como si verdaderamente la fuera pensando sobre la marcha, cuidadosamente acompañado por Jordan, frente a su interpretación ante el jurado al final de la obra, con más arrojo. Dejando aparte las cuestiones vocales, resulta curioso verle en las fotos tan modosito y tradicional después del aspecto con que le caracterizó Katharina en el anterior montaje, rebelde fanfarrón con chupa de cuero y gafas de sol.

Sachs (Volle) y Stolzing (Vogt) preparan la canción del premio.
            Michael Volle regresa a Bayreuth después de haber cantado Beckmesser en dos ediciones. En estos años, el cantante ha dado el salto a los grandes papeles para bajo-barítono (Wotan, Holandés, Sachs, Juan el Bautista en Salomé de Strauss...). A la voz le falta un punto de peso en comparación con los Sachs tradicionales, algo que se hace especialmente patente al final de la obra, donde estamos acostumbrados a una arenga estentórea. Además, la voz no es especialmente bella y en algún pasaje puntual se torna fea, pero a su favor hay que decir que se encuentra cómodo en la tesitura, convence interpretativamente y hace alarde de un buen fraseo y medias voces que otros cantantes desde luego no tienen, sobre todo en el monólogo del segundo acto -más inspirado que en el del tercero-. Su arenga final se sale de lo habitual, optando por una dinámica suave. Puede ser exigencia del montaje o quizás una forma de sacarle partido a una voz liviana para este pasaje.

             Anne Schwanewilms encarna una Eva tímida, un tanto retraída, pero bien cantada, fresca de voz y ágil en el dúo con Sachs del segundo acto. Más espontánea en el tercero y con buen saber hacer en el quinteto. En una entrevista, Barrie Kosky comentó que había trabajado especialmente con ella, pues la cantante no se había atrevido antes con el papel debido a que no sabía como abordarlo dramáticamente, al parecerle demasiado unidimensional. Adecuado regreso de la cantante al Festival después de casi dos décadas.


Stolzing, Eva y Magdalena en el segundo acto.
      Wiebke Lehmkhul (Magdalena) aborda en Bayreuth su primer papel de cierta relevancia tras haber interpretado el pasado año nada menos que cinco menores (el solo de Parsifal, Flosshilde en Oro y Ocaso, Grimgerde en Valquiria y la primera Norna en el Ocaso). Discípula de una de las mezzos habituales del Festival durante más de dos décadas, Hanna Schwarz, posee una atractiva voz oscura, lo que permite el adecuado contraste con la voz de Eva. Un meritorio trabajo más duro que el del año anterior, pues compaginará Magdalena con los papeles del año pasado a excepción de Grimgerde.



Sachs y Beckmesser discutiendo en el segundo
acto. Se agradece ver los zapatos y el laúd
elementos  que, debido a las puestas en 
escena modernas, muchas veces desaparecen.
            Excelente el Beckmesser de Johannes Martin Kränzle, con bella voz de barítono bien timbrada, buena dicción y sobresaliente como actor sin perder la línea de canto. También excelente Daniel Behle como David (a quien también escucharemos como Froh en el Oro). Este tenor lírico, bastante todoterreno (de Mozart a Strauss pasando por el repertorio romántico alemán y algunos papeles barrocos), además de un timbre agradable es puro arrojo cantando -la descripción a Walther de las reglas de canto es encomiable, chocante frente a un Vogt que, quizás por exigencia dramática, se muestra un tanto distante y despreocupado-.

            Günther Groissböck (Pogner) tiene una poderosa voz de bajo, firme en toda la tesitura y sin problemas en los extremos. Interpretativamente en el primer acto sonó un tanto inflexible y en un continuo forte. Más matizado en el segundo, en el dúo con Eva. 

          La corporación de maestros, como viene siendo habitual en el Festival, homogénea y bien empastada en los conjuntos y solventes todos ellos por separado. Daniel Schmtuzhard (marido de la soprano Annette Dasch) es Fritz Kothner, encargado de pasar lista y leer la tablatura. Su voz no es muy grande y de un color claro, pero saneada y flexible, corriendo mejor por la partitura que el Donner de El Oro del Rhin que cantó hace dos años.

              Solemne y vibrante el sereno de Georg Zeppenfeld, un complemento de lujo para esta función.

            Excelente el coro, con importantes contrastes dinámicos en el acto tercero y juegos con la orquesta muy bien trabajados por Jordan.

         En conclusión, una muy disfrutable jornada inaugural, donde todas las buenas espectativas que se venían poniendo de manifiesto en las últimas semanas se han cumplido. Por tipo de puesta en escena y sinergia director de escena-director musical, puede que estos Maestros sigan el mismo camino que el elogiado Parsifal que Daniele Gatti y Stefan Herheim estrenaron en 2008.

(toma digital estéreo sin pérdida de calidad, en formato .flac, procedente de la Radio de Baviera)

26 DE JULIO DE 2017.