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PARSIFAL / BAYREUTH 2019

PARSIFAL / Festival de Bayreuth, 30 de julio de 2019
Otras representaciones: 2, 5, 15, 19, 22 y 26 de agosto
Producción de Uwe Eric Laufenberg estrenada en 2016 / Decorados: Gisbert Jäkel. Vestuario: Jessica Karge. Dramaturgia: Richard Lorber. Iluminación: Reinhard Traub. Vídeo: Gérard Nizi
Dirección musical de Semyon Bychkov (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Ryan McKinny (Amfortas), Wilhelm Schwinghammer (Titurel), Günther Groissböck (Gurnemanz), Andreas Schager (Parsifal), Derek Welton (Klingsor), Elena Pankratova (Kundry), Martin Homrich (primer caballero del Grial), Timo Riihonen (segundo caballero del Grial), Alexandra Steiner (primer escudero y muchacha-flor), Mareike Morr (segundo escudero y muchacha-flor), Paul Kaufmann (tercer escudero), Stefan Heibach (cuarto escudero), Katharina Conradi (muchacha-flor), Ji Yoon (muchacha-flor), Bele Kumberger (muchacha-flor), Marie Henriette Reinhold (muchacha-flor), Simone Schröder (solo).
Minutación: Acto I: 103'09 / Acto II: 68'45 / Acto III: 76'36 / Total: 248'30 (4 h 8 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Drama y espiritualidad universal


               El pasado 20 de agosto la Radio de Baviera ofreció en diferido la retransmisión correspondiente a la primera representación de Parsifal, que tuvo lugar el 30 de julio. Ninguna emisora lo dio en directo, por lo que hemos tenido que esperar para poder escucharlo. Esta retransmisión tiene además la particularidad de que, no habiendo ninguna emisora en directo conectada el día de la representación, las alocuciones típicas cambian de forma. Sí se mantienen las tradicionales fanfarrias a su inicio, pero no estaban los locutores habituales ni se empleó la tradicional fórmula de citar a las emisoras conectadas en directo y la estructura tan característica con que, en alemán, inglés y francés, se citan a todos los intervinientes.

              Cuarto, y parece ser que último año, de la producción de Uwe Eric Laufenberg. Una producción que a lo largo de estos años ha destacado por su nivel vocal, por su concepción sencilla pero efectiva -el traslado de la obra a los conflictos actuales en Oriente Medio- y por estar en manos de dos buenos directores -Hartmut Haenchen los dos primeros años, quien por razones de edad dio paso a Semyon Bychkov al tercero- pero de concepciones diametralmente opuestas y a la vez complementarias y de interés. El montaje se hubiera merecido, como mínimo, un año de prórroga, sobre todo cuando montajes de menor nivel escénico y vocal, como el último Holandés o el presente Tristán, lo han conseguido -aunque en parte estos lo hayan logrado debido a las circunstancias de.

               La dirección de Semyon Bychkov mantiene la visión ascética del año anterior, pero gana gracias a un mayor dramatismo y una paleta de colores más rica. Parece que el director ha conseguido sacarle mayor partido al intrincado foso de Bayreuth. Los tempi son algo más vivos en esta ocasión, sobre todo en el tercer acto, cinco minutos más breve. Así, merece destacarse el acompañamiento a Gurnemanz en los actos primero y tercero -este último modélico en general-, la Verdwandlung -aunque ésta resultó un punto más extática el año pasado-, la espiritualidad que se respira al final del primer acto o un dúo de Parsifal y Kundry en el segundo que va ganando intensidad hasta el clímax.


Amfortas (McKinny) y Kundry
(Pankratova) en el primer acto.
               El reparto se mantiene en lo sustancial respecto a años anteriores -Thomas J. Mayer fue Amfortas el año pasado sustituyendo a Ryan McKinny, quien regresa este año-, con algún cambio en las muchachas-flor, en el solo -Wiebke Lehmkuhl se centra en el papel de Magdalena en Maestros y deja la breve parte a la veterana Simone Schröder, quien no la cantaba desde 2012 y que con esta edición hace un total de trece (todos los Parsifal entre 1999 y 2012)- y en el papel de Titurel -Tobias Kehrer es sustituido por Wilhelm Schwinghammer-. El elenco se muestra a buen nivel y es homogéneo, pero habría que destacar, por la dificultad que entraña encontrar cantantes de alto nivel para ciertos papeles, a Elena Pankratova, una verdadera soprano dramática de voz tersa, agudos brillantes y graves más que suficientes para la parte híbrida de Kundry, y que sin lugar a dudas es la mejor valedora del papel en la actualidad. En el extremo opuesto, sin deslucir el resultado global pero claramente inferior, Wilhelm Scwhinghammer como Titurel.

               Andreas Schager demuestra buenas maneras vocales como Parsifal, con una dimensión impetuosa y juvenil del personaje, un registro medio con anchura suficiente para la parte y agudos brillantes. Solidísimo en los dos primeros actos, y especialmente entregado en el dúo con Kundry del segundo, no dosifica del todo bien sus energías, y muestra fatiga en el tercero, con una emisión más inestable, un cierto vibrato amplio y menos generoso en el registro agudo.


Amfortas (McKinny) al final de la obra, frente al ataud de Titurel.
               Günther Groissböck encarna un Gurnemanz más guerrero que monje, con una voz vigorosa, tersa y potente que discurre por la partitura con rotundidad y naturalidad, con un fraseo elegante. Los dos primeros años de esta producción el papel lo cantó Georg Zeppenfeld, quien por voz y maneras ponía más acento en el aspecto más místico del personaje, por lo que este montaje se ha beneficiado de dos excelentes cantantes con interpretaciones diferentes del personaje.

               Elena Pankratova es una excelente Kundry de voz tersa, agradable, con la necesaria oscuridad, equilibrada línea de canto, atención a las dinámicas, y una impronta dramática que ha ido ganando año a año en esta producción. Es una delicia escucharla sortear los escarpados saltos de la partitura y los vibrantes Irre! al final del segundo acto.

               Ryan McKinny es un notable Amfortas de voz homogénea que corre bien por la partitura y muestra atención a las dinámicas. Su interpretación es doliente pero no cae en el histrionismo ni en el descontrol vocal. Su emisión es un punto nasal en su primera intervención cuando va hacia el lago.

               Wilhelm Swhinghammer no es una voz adecuada para Titurel. No es grande, no es especialmente generosa en el grave, y la emisión y el fraseo son toscos, falto de autoridad, a pesar de la tensión dramática que logra Bychkov.


Kundry (Pankratova) y Klingsor (Welton)
               Derek Welton vuelve a encarnar su sólido Klingsor, de voz homogénea y con un punto de nobleza, uno de los mejores cantados de nuestros días, sabiéndole sacar partido al poco agraciado papel.

               Simone Schröder, quien pasará a la Historia de Bayreuth como la intérprete más habitual del solo del final del primer acto, no tiene una voz con un registro grave especialmente destacado, pero su interpretación respira recogimiento. El resto de secundarios al habitual buen nivel.

               El coro dirigido por Eberhard Friedrich, como es norma, excepcional, desde las sonoridades más explosivas a las más sutiles.

               Con esta crónica finalizamos, este año más tarde de lo habitual, las retransmisiones desde Bayreuth. Una edición de indudable buen nivel musical y vocal pero que recordaremos como la de las sustituciones continuas, no sólo con respecto a los repartos inicialmente anunciados sino una vez comenzado el Festival. Para 2020 nos esperan importantes novedades con la nueva Tetralogía.


Grabación digital procedente de la Radio de Baviera en formato .mp3 a 128 kbps.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales.

31 DE AGOSTO DE 2019.

Anna Netrebko cancela su participación en Bayreuth

05/08/2019

La soprano rusa aduce agotamiento. En los últimos días en la Verde Colina se han producido algunas sustituciones debido a indisposición.

Anna Netrebko interpretando el papel de Elsa junto a Piotr Bezcala
como Lohengrin en las funciones queambos protagonizaron en
Dresde en 2016 bajo la dirección de Christian Thielemann.
               Anna Netrebko ha emitido en el día de hoy un comunicado oficial con parte médico que la prescribe un descanso de tres semanas, aunque se recalca que la voz no está afectado. Netrebko tenía que cantar el papel de Elsa en las dos últimas funciones del Lohengrin de Bayreuth, correspondientes al 14 y 18 de agosto.  Netrebko ya hubo de cancelar la segunda de las tres funciones de Adriana Lecrouvreur que tenía en el Festival de Salzburgo, la correspondiente al 31 de julio, aunque sí intervino en la del pasado día 3. Ya se ha anunciado su sustitución por Annette Dasch, la soprano alemana que cantó la anterior producción de Lohengrin en el Festival, y quien ya sustituyó a Camilla Nylund en la segunda de las funciones de la obra este año.

               Un Lohengrin el de este año que está marcado por las sustituciones. Como hemos indicado, Annette Dasch hubo de sustituir a Camilla Nylund en la segunda representación, la del 29 de julio. A su vez, en la tercera función, la del 3 de agosto, Elena Zhidkova -la Venus del actual Tannhäuser- reemplazó a Elena Pankratova como Ortrud; y hoy se ha anunciado también la indisposición de Tomasz Konieczny como Telramund para la función del próximo día 7, siendo sustituido por Thomas J. Mayer, un habitual del Festival, quien ya cantó el papel en algunas ediciones del anterior montaje de Lohengrin.

                Por su parte, Elena Zhidkova ha sido confirmada como Venus para todas las funciones de Tannhäuser, no reincorporándose Ekaterina Gubanova tras la lesión sufrida durante los ensayos.

               La presente edición del Festival, por los azares, está siendo una en la que han bailado más los elencos debido a las diferentes sustituciones. Tendríamos que remontarnos a 2000 para encontrar un caso similar, precisamente en el Lohengrin que dirigiera Antonio Pappano, donde tras la indisposición de Roland Wagenführer tras la segunda función hubo de ser sustituido por Robert Dean Smith -quien cantaba aquél año Walther en Maestros y por Raimo Sirkiä. Y en aquél año sólo hubo de ser sustituido el protagonista.

TRISTÁN E ISOLDA / BAYREUTH 2019

TRISTÁN E ISOLDA / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2019
Otras representaciones: 9, 16, 20, 23 y 28 de agosto
Producción de Katharina Wagner estrenada en 2015 / Decorados: Frank Philipp Schlössmann y Matthias Lippert. Vestuario: Thomas Kaiser. Dramaturgia: Daniel Weber. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Stephen Gould (Tristán), Georg Zeppenfeld (Rey Marke), Petra Lang (Isolda), Greer Grimsley (Kurwenal), Armin Kolarczyk (Melot), Christa Mayer (Brangäne), Tansel Akzeybek (joven marinero y pastor), Kay Stiefermann (timonel).
Minutación: Acto I: 77'59 / Acto II: 79'35 / Acto III: 75'12 / Total: 232'46 (3 h 52 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Luces y sombras

               Afrontamos la última jornada del primer ciclo de representaciones del Festival -nos falta Parsifal, pero ninguna emisora lo ha retransmitido en vivo, por lo que tocará esperar a su difusión en diferido-. Desde la Radio de Baviera se ocupaba de la retransmisión Anna Greiter, mientras que en Radio Clásica Ricardo de Cala estaba acompañado en los comentarios por Guillermo Carbonell, jefe de regiduría del Teatro Real de Madrid.

               Quinto y último año de la producción de Tristán e Isolda debida a Katharina Wagner. Un montaje desigual, con indudables buenas ideas en el tratamiento de la luz; otras que no molestan, como la división por colores -azul para la pareja protagonista, verde para Kurwenal, Brangania y los hombres fieles a Tristán, y amarillo para Marke y su séquito-, y otras más discutibles, frívolas o planteadas de forma demasiado obvia. Está grabada en vídeo (DG, 2015), por lo que es un montaje ya bien conocido, con su característico laberinto de escaleras en el primero, su foso en el segundo o el vacío del tercero. En estos cinco años el absoluto dueño y señor ha sido Christian Thielemann con una dirección sensual y hedonista de la partitura que este año creo que se torna algo más dramática, gracias a un brillante uso de tempi y dinámicas. También ha estado en todas las ediciones el Tristán de Stephen Gould -este año sólo en la mitad de las funciones debido a que canta todas las de Tannhäuser-, quien ha realizado un notabilísimo trabajo con el personaje y me atrevería a decir que, hoy por hoy, no tiene rival en el papel. También ha estado siempre la magnífica Brangania de Christa Mayer y, alternándose con René Pape algunos años, el noble Rey Marke de Georg Zeppenfeld. Los secundarios no han variado en estos años, si bien en esta ocasión escuchamos como Melot a Armin Kolarczyk por indisposición de Raimund Nolte -quien tampoco cantó Hermann Ortel en Maestros-. Este año tenemos la novedad del Kurwenal de Greer Grimsley, quien tras su buen trabajo el pasado año como segundo Holandés y Wotan -alternándose con John Lundgren en ambos papeles- se incorpora a esta producción en sustitución de Iain Paterson. Y, desde 2016, Isolda ha sido Petra Lang, a pesar de sus discutibles medios para la parte. El resultado es un Tristán magnífico en la batuta y solvente en lo vocal, con dos parejas de voces particularmente oscuras, pero no totalmente idóneas en el caso de Petra Lang (Isolda) y Greer Grimsley (Kurwenal).


Dúo de amor del segundo acto.
               Christian Thielemann brinda un excelente Tristán, combinando a partes iguales suntuosidad sonora y dramatismo. Al servicio de la obra variedad de dinámicas, perfecta exposición de temas y nitidez de planos sonoros -con alguna sonoridad original, como la nitidez de la cuerda por debajo de la última aparición del tema del filtro en el tercer acto cuando hace su entrada Isolda-.


               Stephen Gould encarna un notabilísimo Tristán, con la voz bien asentada desde el comienzo, con timbre baritonal, agudos resonantes y variedad de dinámicas, sin grandes alardes de lirismo, pero sabiendo replegar la voz cuando es necesario. Un punto comedido en general en su monólogo del tercer acto, sin arriesgar hasta bien avanzado éste, frente a los dos actos anteriores, pese a un Thielemann arrollador y cataclísmico en el podio.

               Petra Lang parte con dos limitaciones para el papel de Isolda: un registro agudo limitado, que provoca que algunos de los escarpados agudos sean gritados o calantes; y una voz mate, carente de armónicos, lo que hace perder brillo a su interpretación. Dramáticamente funciona bien, aunque sus contrapartidas vocales hacen que su interpretación sea desigual, destacando sobre todo la Isolda vengativa del primer acto -intentando disimular las carencias en el registro agudo-, frente a su entrada al final de la obra, asentada en el grito. Pese a todo, repliega la voz convincentemente en el LiebestodPersonalmente tenía ganas de escuchar en el papel a Catherine Foster, quien este año ya no cantaba Brunilda, y quien tiene material de auténtica soprano, si bien con una voz menos ancha que quizás no se hubiera complementado del todo bien con un instrumento grande y baritonal como el de Gould, frente a Lang, que tiene una voz grande y oscura gracias a su procedencia de la cuerda de mezzo.


Marke (Zeppenfeld), Isolda (Lang) y
Brangania (Mayer) al final de la obra.
                No parece Kurwenal el papel más adecuado para Greer Grimsley. La voz es de un verdadero bajo barítono, con un centro anchísimo, y emisión nasal. El año pasado lució bien como Holandés, donde la tesitura le beneficiaba, pero aquí parece un punto aguda para él. Grimsley es un cantante que pasa de los sesenta años, aunque actualmente se encuentra en el punto álgido de su carrera -ha sido Wotan en el Metropolitan este año-, y su registro agudo presenta limitaciones, con emisión abierta y pérdida de color, lo que se hace patente sobre todo en el tercer acto. Si a ello le añadimos la nasalidad, la voz no corre como debería y suena demasiado pesada. Según avanzan los delirios de Tristán su interpretación se torna afligida.

            Magnífica Christa Mayer como una Brangania de voz plateada e interpretación dramáticamente atenta. Sus llamadas resultan bellísimas, acompañadas de un Thielemann cristalino.

               Sobresaliente Georg Zeppenfed como un Rey Marke de noble línea de canto y elegante fraseo. Muy bien acompañado por Thielemann en su monólogo del segundo acto, con un discurso fluido y una sonoridad nítida ideal para que la voz de Zeppenfeld, no especialmente oscura, discurra bien.

        Competentes Armin Kolarczyk como Melot, Tansel Akzeybek como joven marinero y pastor, y Kay Stiefermann como timonel.

               Excelente el coro, explosivo pero dúctil y envolvente en sus intervenciones.

             En definitiva, un Tristán excelente en la batuta y solvente en vocal, pero con irregularidades en el reparto, que no luce con la brillantez que podía haberlo hecho.

               Con esta función Radio Clásica ha puesto fin a las retransmisiones del Festival de Bayreuth 2019, un Festival que ha exhibido por regla general un nivel vocal alto -quizás la función más desigual es precisamente este Tristán- y directorial altamente escogido -probablemente el menos implicado de los cuatro directores haya sido Valery Gergiev-. Hemos podido disfrutar de los acertados comentarios de Ricardo de Cala con un invitado diferente cada día. Y queremos tener en la memoria a Llorenç Casanova, gran wagneriano que falleció el año pasado, y que conocía como nadie el Festival de Bayreuth.


Grabación digital procedente de la Radio de Baviera en formato .mp3 a 128 kpbs.
Se incluyeron alocuciones iniciales y finales.


4 DE AGOSTO DE 2019.

Camilla Nylund sustituida en los Maestros Cantores de Bayreuth

02/08/2019

Emily Magee cantó Eva en la función del pasado 31 de julio.


               Parece ser que a Camilla Nylund no le ha sentado bien el maratón wagneriano de Elsa y Eva dos días seguidos. Tras ser sustituida el pasado 29 de julio en la segunda función de Lohengrin por Annette Dasch, en la función del día 31 hubo de ser sustituida en la segunda función de Maestros por Emily Magee, quien el año pasado cantó el papel de Eva. Se dio la circunstancia de que Magee hacía su función número cincuenta en el Festival, por lo que fue obsequiada con una botella de champán al finalizar la representación.

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / BAYREUTH 2019

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2018, 16:00 horas
Otras representaciones: 31 de julio y 6, 10, 24 y 27 de agosto
Producción de Barrie Kosky estrenada en 2017 / Decorados: Rebecca Ringst. Vestuario: Klaus Bruns. Dramaturgia: Ulrich Lenz. Luces: Franck Evin
Dirección musical de Philippe Jordan (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Michael Volle (Hans Sachs), Günther Groissböck (Veit Pogner), Tansek Akzeybek (Kunz Vogelgesang), Armin Kolarczyk (Konrad Nachtigal), Johannes Martin Kränzle (Sixtus Beckmesser), Daniel Schmutzhard (Fritz Kothner), Paul Kaufmann (Balthasar Zorn), Christopher Kaplan (Ulrich Eisslinger), Stefan Heibach (Augustin Moser), Ralf Lukas (Hermann Ortel), Andreas Hörl (Hans Schwarz), Timo Riihonen (Hans Foltz), Klaus Florian Vogt (Walther von Stolzing), Daniel Behle (David), Camilla Nylund (Eva), Wiebke Lehmkuhl (Magdalene), Wilhelm Schwinghammer (sereno).
Minutación: Acto I: 80'44 / Acto II: 58'43 / Acto III: 118'10 / Total: 257'37 (4 h 17 min).
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Sachs, Walther y David o la trinidad wagneriana en Maestros


               Tercer año de la producción de Barrie Kosky, al igual que en los dos años anteriores, muy bien acogida. Como ya explicamos el año del estreno, Kosky concibe toda la obra sobre la arrolladora imagen del Wagner artista, que se proyecta sobre las figuras de Sachs, Walther y David -los tres con evidentes atributos wagnerianos-, mientras que Eva encarna la personalidad de Cosima, Pogner la de Liszt y Beckmesser la de Hermann Levi. Toda la obra es un juicio a los Maestros Cantores de Núremberg, que empieza en la villa Wahnfried, casa del compositor en Bayreuth, y en el tercero nos muestra la sala de los Juicios de Nuremberg, tras haber pasado por un segundo acto a medio camino entre una y otra. Ya el año pasado se modificó el decorado del segundo acto, que el primer año mostraba un suelo de cesped en torno a las paredes de madera de la sala de los Juicios de Nuremberg que bien podía asemejarse a un patio interior entre dos viviendas, para eliminar el césped y pasar a un suelo de habitación normal, con mobiliario apilado en el lado izquierdo del escenario. Existen indicaciones temporales y ambientales en esta producción, que narra el locutor de la Radio de Baviera Frank Manhold antes de empezar cada uno de los actos.

               En lo musical, rotunda pero a la vez festiva e idiomática dirección de Philippe Jordan con un homogéneo reparto que trae los dos mismos cambios que el año pasado, esto es, en los papeles de Eva y el sereno. Si el pasado año fueron Emily Magee y Tobias Kehrer, este año tenemos a Camilla Nylund y a Wilhelm Schwinghammer. Además, en esta función se ha producido la sustitución de Raimund Nolte por Ralf Lukas en el papel de Hermann Ortel. Lukas ya fue Donner y Gunther en el Anillo de Thielemann y Melot en el Tristán de Peter Schneider y, como curiosidad, indicar que nació en Bayreuth.

               El trabajo de Philippe Jordan dirigiendo la obra es similar al del año pasado, con una visión festiva y dinámica, con metales de sonoridad redonda y muy tonantes en el tema de los maestros, pero con buena claridad de planos sonoros, lo que hace que el resultado resulte muy ligero en los numerosos contrapuntos de la partitura. Jordan además respeta escrupulosamente la partitura en toda su variedad de matices y dinámicas. De los tres años que ha dirigido la obra, este es el de tempi más rápidos, con un primer acto de ochenta minutos y un tercero que baja de las dos horas.


Eva (Nylund) y Sachs (Volle) en el segundo acto.
               Michael Volle vuelve a repetir su inteligente interpretación de Sachs. La voz no es muy grande y le falta peso en los momentos más grandiosos de la partitura; además, por momentos su timbre puede sonar algo falto de nobleza, pero su interpretación convence gracias a un uso inteligente de sus recursos, es dramáticamente atenta -socarrón en su Jerum! del segundo acto, distante y soñador al inicio del tercero-, frasea con elegancia y muestra variedad de dinámicas.

               El Walther de Klaus Florian Vogt es el gran conocido junto con su Lohengrin, papel que además hubo de cantar el día anterior. Vogt no muestra signos de fatiga y exhibe su habitual elegancia y fraseo. Afronta el papel con sobriedad, incluso con cierta cautela en su encuentro con los maestros en el primer acto -agudo final del primer acto incluido-, y se muestra más apasionado en el tercero, con agudos más brillantes. Al igual que en años anteriores, cuando en el dúo con Eva del segundo acto cita a Pogner y su idea de casar a su hija con un maestro cantor, imita de forma cómica la voz de bajo.


Beckmesser (Kränzle) entona su serenata en el segundo acto
mientras Eva (Nylund) y Walther (Vogt) se ocultan.
                 Al lado de Vogt hoy encontramos de nuevo a Camilla Nylund quien, tras cantar Elsa el día anterior, es Eva. Su interpretación está muy bien conseguida. Su voz suena fresca, sin signos de fatiga, y además el papel es muy adecuado a su vocalidad, sin tener que forzar su instrumento y, en consecuencia, su vibrato amplio en el registro agudo está prácticamente ausente. En lo dramático resulta una Eva muy completa, que se muestra temperamental cuando intentar sonsacarle a Sachs información sobre Walther y su examen, exhibe la faceta de muchacha enamorada con Walther y después, perspicaz cuando ve aparecer a Beckmesser. Su rostro no tiene unas facciones demasiado similares a las de Cósima, pero es un detalle menor.


Beckmesser (Kränzle) en el tercer acto, con las magulladuras del
tumulto del segundo, ve la canción del premio.
               Daniel Behle vuelve a ser un sobresaliente David de timbre viril e interpretación apasionada. Destaca su centro ancho frente a la voz más lírica de Vogt cuando ha de explicarle las normas de canto.

              Wiebke Lehmkuhl, con su atractiva voz oscura, encarna a una eficiente Magdalena que se contrapone muy bien a Nylund.

               Johannes Martin Kränzle vuelve a encarnar su excelente Beckmesser. A su voz homogénea, fresca y bien timbrada, se une una interpretación muy matizada del personaje y a la medida de lo que demanda la producción de Kosky, de la pedantería a la malicia o al victimismo, todo ello aderezado con ruidos, toses o gemidos según demande la situación.

               Günther Groissböck posee una excelente voz de bajo, sólida y homogénea en toda la tesitura y sin problemas en los extremos. Sin embargo, su monólogo del primer acto aparece cantado a un tempo vivo que hace perder algo de aliento dramático a la intervención y la dota de cierto automatismo.

               La corporación de Maestros, como en años anteriores, funciona muy bien tanto en conjunto como en separado. En conjunto, bien empastada; y por separado, con voces de diferente entidad y timbre que dotan de variedad al conjunto. Correcto el Kothner de Daniel Schmutzhard pasando lista y exponiendo las reglas de la tabulatura, de voz más bien clara y no especialmente sonora.

               Ramplón el sereno de Wilhelm Schwinghammer. La voz no es grande ni profunda, y no está del todo bien colocada. Canta su intervención a tempo animado, como evitando exhibir sus carencias.

               Excelente, como es habitual, el coro del Festival, con la particularidad de que en esta puesta en escena el coro canta fuera de escena en varios momentos -incluyendo la escena de la pradera, donde el escenario se llena con figurantes y bailarines que invaden la sala de los juicios de Nuremberg-, lo que produce que en la toma sonora el coro pueda sonar un punto más alejado que de costumbre, algo que probablemente en directo se mitiga con la buena acústica de la sala.


Grabación digital procedente de la Radio de Rumanía en formato .mp3 a 256 kbps.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales del locutor de la Radio de Baviera, obtenidas de Radio Clásica de Radio Nacional de España.

2 DE AGOSTO DE 2019.

Valery Gergiev se defiende ante las críticas recibidas en Bayreuth

01/08/2019

"Sólo soy responsable ante el compositor, no ante el que escribe algo sobre él", ha apuntado.

               Según la Radio de Baviera, el director ha hecho estas declaraciones tras las críticas recibidas por su Tannhäuser en Bayreuth, no todas buenas. Hay quien apunta que su lectura ha sido imprecisa, excesivamente brusca, con incertidumbre. Entre sus detractores se encuentra el crítico de la Radio de Baviera Bernhard Neuhoff, que en su crónica de la representación habla de una dirección sin ideas, borrosa y sin contorno. El sonido a menudo es barrido y lavado, en el piano no hay contorno. Muy poco tiempo de ensayo, muy pocas ideas de diseño y, sobre todo, muy poca preparación para las condiciones de sonido únicas en Bayreuth: no ha sido de clase mundial lo que Valery Gergiev ha entregado aquí.

               El director ruso afirmó en una ocasión que él no leía las críticas, algo que aprendió de Georg Solti. Sin embargo, como matiza el artículo de réplica, parece ser que en este caso sí las ha leído. Gergiev se defiende alegando un trabajo honesto y haber realizado los ensayos con arreglo a las condiciones contractuales pactadas, aunque en la rueda de prensa de la víspera del estreno, se apuntó que había llegado tarde a dos ensayos.

               En algunos medios se ha apuntado a críticas desproporcionadas hacia Gergiev por sus comentarios realizados hace algunos años, cuando comenzó su andadura wagneriana en el Mariinsky, donde defendió su manera de hacer Wagner y criticó el predominio alemán en la interpretación.

               Sea como fuere, ya se ha anunciado que Gergiev no estará el año que viene en el Festival. Se rumorea que será sustituido por el eficiente Axel Kober, quien ya dirigió la anterior producción de Tannhäuser en dos ediciones.

Sustituciones en Bayreuth

29/07/2019

Ekaterina Gubanova (Venus) sigue de baja en la función de hoy, mientras que Camilla Nylund (Elsa) será sustituida en la función de mañana por Annette Dasch.

Annette Dasch y Klaus Florian Vogt en una imagen de
2011 de la anterior producción de Lohengrin.
               Según informa el Festival de Bayreuth en su web, Elena Zhidkova ha tenido que volver a sustituir hoy a Ekaterina Gubanova como Venus en la nueva producción de Tannhäuser, mientras que Camilla Nylund, quien este año canta tanto Elsa en Lohengrin como Eva en Maestros -en el primer ciclo además con funciones seguida-, será sustituida en la función de mañana por Annette Dasch. La elección de Dasch no parece casual: por un lado, hizo pareja protagonista junto a Vogt en la anterior producción de Lohengrin; por otro, es la mujer del barítono Daniel Schmutzhard, Kothner en Maestros, por lo que es de prever que la soprano se encuentra en Bayreuth estos días.

LOHENGRIN / BAYREUTH 2019

LOHENGRIN / Festival de Bayreuth, 26 de julio de 2019
Otras representaciones: 29 de julio y 3, 7, 11, 14 y 18 de agosto
Producción de Yuval Sharon estrenada en 2018 / Decorados y vestuario: Neo Rauch y Rosa Loy. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Georg Zeppenfeld (Rey Enrique), Klaus Florian Vogt (Lohengrin), Camilla Nylund (Elsa von Bravant), Tomasz Konieczny (Friedrich von Telramund), Elena Pankratova (Ortrud), Egils Silins (Heraldo), Michael Gniffke (primer noble brabanzón), Tansel Akzeybek (segundo noble brabanzón), Marek Reichert (tercer noble brabanzón), Timo Riihonen (cuarto noble brabanzón)
Minutación: Acto I: 60'01 / Acto II: 84'58 / Acto III: 61'35 / Total: 206'34 (3 h 26 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Azul brillante

               Segundo año de la producción de Yuval Sharon con decorados y vestuario de Neo Rauch y Rosa Loy, el Lohengrin azul. Siete representaciones con varios cambios respecto al año pasado. Waltraud Meier se despedía de sus heroínas y enemigas wagnerianas en la pasada edición, y la vacante de su Ortrud la cubre Elena Pankratova, sobresaliente Kundry en años precedentes. Piotr Bezcala y Anja Harteros, la pareja que protagonizó el estreno, son cantantes muy versátiles, lo que les genera unas agendas muy abultadas -unido al hecho de que las temporadas de los teatros terminan cada vez más tarde y se inician cada vez antes-. Ello ha provocado que Beczala se incorpore al Festival el 7 de agosto, por tener hasta el 27 de julio Luisa Miller en el Liceo, y que las funciones de este Lohengrin se concentren en las primeras semanas de Festival, pues a finales de agosto marchará a cantar también Luisa Miller al Festival de Salzburgo -con James Conlon en el podio y Plácido Domingo como Miller-. Harteros ni siquiera estará presente en esta edición -por un lado, el Otello del Festival de Ópera de Munich con Petrenko ha coincidido con los últimos ensayos de Bayreuth, la última función del Andrea Chénier del mismo certamen con Asher Fisch ha sido el día 25, e inicia la temporada 2019/20 muy pronto, el 6 de septiembre, con Don Carlo en Viena bajo la batuta de Jonathan Darlington, por lo que asistir a Bayreuth le impediría descansar en agosto, único mes que tiene libre-. No nos olvidemos que el dúo Beczala-Harteros del pasado año fue la opción final motivada por las circunstancias y estos cantantes tienen agenda cerrada con varios años de antelación.

               Así las cosas, las tres primeras funciones tienen como protagonista a un wagneriano consumado, Klaus Florian Vogt, y como Elsa, inicialmente a Krassimira Stoyanova, salvo las dos últimas funciones, encomendadas a Anna Netrebko. El pasado once de julio, Stoyanova hubo de cancelar por motivos de saludsiendo sustituida por Camilla Nylund, que alternará el rol junto con el de Eva en Maestros. Nylund ya sonó en las quinielas para esta producción y además ha cantado el pasado mes de mayo con Thielemann la Emperatriz de La mujer sin sombra de Strauss en las funciones que han homenajeado los 150 años de la Staatsoper de Viena.

              Fuera de todo este vaivén, dos cambios anecdóticos: no repite como segundo noble brabanzón Eric Laporte, sustituido por el habitual secundario Tansel Akzeybek; mientras que Kay Stiefermann -tercer noble el año pasado-, pasa a cantar Biterolf en Tannhäuser y le sustituye el debutante Marek Reichert, joven barítono berlinés de carrera centrada en el recital.

               A las cuatro de la tarde, Barbara Malisch anunciaba la retransmisión desde la Radio de Baviera, con Ricardo de Cala en Radio Clásica. Le acompañaba Paloma Ortiz de Urbina, profesora titular de Filología Alemana de la Universidad de Alcalá de Henares, y que tiene entre sus líneas de investigación la obra de Richard Wagner en España.


La curiosa torre eléctrica que es es el eje
de esta producción.
            El resultado global de este Lohengrin ha sido sobresaliente. Thielemann realiza una lectura muy idiomática de la obra, en mi opinión superior a la del año pasado, acompañando a un reparto homogéneo y de alto nivel protagonizado, por las circunstancias, por la misma pareja que al día siguiente va a protagonizar Maestros -Vogt y Nylund-. Pareja, por tanto, de voces muy líricas y destacada dimensión etérea, contrapuesta a una robusta pareja de villanos y a unas sólidas voces graves. ¿Resultado global superior al del año pasado? Me atrevería a decir que sí. Batuta y reparto, en conjunto, rinden un punto por encima.

               Christian Thielemann desarrolla una extraordinaria lectura de la partitura en su segundo año al frente de la obra en Bayreuth. Ya el año pasado su trabajo fue muy bueno, pero en esta ocasión los tempi resultan más convencionales -en 2018 fueron veloces en algunos momentos, sobre todo con un primer acto que bajó de los 58 minutos-, por lo que todo se expone con mayor sosiego. La orquesta suena suntuosa, con perfecta diferenciación tímbrica de planos sonoros siempre sobre una cuerda carnosa y amasada que sirve de base al tejido orquestal -bellísimo vibrato en el preludio cuando se va disolviendo el clímax, las figuraciones de la cuerda nítidas cuando el coro ve llegar a Lohengrin en el primer acto o la línea de los violines en el segundo cuando Elsa va a entrar a la catedral-. Thielemann, como ya es norma en él, busca las sonoridades más recónditas de la partitura, y así, en el final del relato de sueño de Elsa, podemos escuchar los arpegios del arpa. El uso del rubato y la amplia gama de dinámicas alimenta la tensión dramática cuando es necesario.

               Inicialmente no me motivaba demasiado escuchar a Vogt como Lohengrin después del sobresaliente trabajo llevado a cabo por Beczala el año pasado. No porque Vogt sea mal cantante -desde 2007 lleva en el Festival ofreciendo veladas y veladas de éxito-, sino porque su caballero del cisne es archiconocido -existen cuatro grabaciones discográficas: con Kent Nagano en Baden-Baden (Opus Arte, 2006, en vídeo), con Andris Nelsons en Bayreuth (Opus Arte, 2011, en audio y vídeo), con Marek Janowski y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín (Pentatone, 2012) y con Mark Elder y el Concertgebouw (RCO Live, 2015)-. Sin embargo, ha sido hacer entrada en el primer acto y atraer toda mi atención, con una interpretación extraordinaria del personaje: voz homogénea en todo el registro, fraseo, dinámicas y control de la respiración en una demostración de canto puro. Puede hacer un caballero excesivamente etéreo y espiritual, pero es innegable su altura artística y ha demostrado que sigue siendo dueño y señor del papel.


Camilla Nylund como Elsa en el primer acto.
               Tampoco me motivaba mucho el cambio de Krassimira Stoyanova por Camilla Nylund. Stoyanova es una cantante de timbre muy personal y de maneras expresivas y, dados sus buenos resultados con Richard Strauss, tenía curiosidad por escuchar el que, salvo error, es su único papel wagneriano. Nylund, al igual que Vogt, es una cantante conocida en el Festival, donde ya ha cantado Elisabeth (2011-14) y Sieglinde (2017), además de escucharla este año también como Eva en Maestros. El papel lo tiene grabado -es la Elsa del Lohengrin de Mark Elder antes citado-. Con medios netamente líricos -incluso demasiado-, compone una interpretación convincente gracias a que conoce bien su materia prima y sabe sacarle partido. Su Elsa es muy cándida y espiritual, con buenas maneras en dicción y fraseo. Tiene un vibrato amplio en el registro agudo que a mí nunca me ha convencido, sobre todo en el primer acto -apareciendo más contenido en el segundo y tercero-, pero su interpretación en conjunto es notable y se compenetra bien con la voz y maneras de Vogt. A destacar su Euch Lüften, die mein Klagen con que inicia su aparición en el segundo acto, modélico, muy bien acompañado por Thielemann.


Telramund (Tomasz Konieczny) y Ortrud (Elena Pankratova).
               El Telramund de Tomasz Konieczny, sólido el pasado año, gana enteros este año en lo vocal y en lo dramático. En lo vocal porque la voz, que ya era tersa, ha ensanchado en el centro, adquiriendo una oscuridad muy atractiva si perder firmeza en al agudo. En lo dramático, su concepción del personaje está muy bien trabajada, un punto introspectiva en el primer acto, deliberadamente frío en sus respuestas al Rey, y con variedad de dinámicas y cuidada línea de canto en los parlamentos. En el segundo acto su interpretación desesperada en el dúo de Ortrud resulta electrizante.

                Elena Pankratova ha sido un buen recambio para Waltraud Meier como Ortrud, siendo inevitable hacer comparaciones. Meier el pasado año evidenciaba que su mejor momento vocal había pasado -pérdida de ese timbre cremoso y agudo brillante-, pese a lo cual el instrumento era aseado y compensaba sus carencias con un conocimiento absoluto del papel -incluyendo cómo maquillar los pasajes más comprometidos- y una personalidad dramática apabullante. Pankratova no cabe duda de que es una de las mejores sopranos dramáticas de nuestros días, con voz homogénea de timbre atractivo brillante -curiosamente más brillante que el de Nylund en momentos de gran impacto, como su discusión a la entrada de la catedral en el segundo acto-. Se siente cómoda en el papel sin comprometer la línea de canto ni necesidad de forzar el instrumento. Por tanto, en lo vocal se cuenta ahora con una voz más fresca. Cuestión distinta es la parte dramática, donde no tiene la profundidad psicológica de Meier, aunque tampoco es desdeñable, sonando persuasiva en sus explicaciones a Telramund.

               Georg Zeppenfeld vuelve a ser un sobresaliente Rey Enrique, de voz homogénea, timbre noble, dúctil en el fraseo y variedad de dinámicas, con alguna licencia de medida en algún final de frase, perfectamente calculado con Thielemann. Ataca los agudos con absoluta seguridad y generosidad y su interpretación adquiere tintes mayestáticos. Ha sido anecdótico el hecho de que le haya templado la voz en el primer acto en  Im Mittag hoch steht schon die Sonne, en un amago de gallo.

               Egils Silins posee una voz sólida, con centro ancho y agudo suficiente, componiendo un Heraldo tonante de personalidad ruda en el mejor sentido del término.

               Competentes los cuatro nobles brabanzones.

               Excelente el coro, desde la explosividad en las grandes escenas de conjunto a la sutileza en los momentos más recogidos.


Grabación digital procedente de la Radio de Rumanía en formato.mp3 a 256 kbps.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales de la locutora de la Radio de Baviera.
El 4 de agosto se ha retocado el audio del acto II.


28 DE JULIO DE 2019.

TANNHÄUSER / BAYREUTH 2019

TANNHÄUSER / Festival de Bayreuth, 25 de julio de 2019
Otras representaciones: 28 de julio y 13, 17, 21 y 25 de agosto
Nueva producción de Tobias Kratzer / Decorados y vestuario: Rainer Sellmaier. Iluminación: Reinhard Traub. Vídeo: Manuel Braun. Dramaturgia: Konrad Kuhn
Dirección musical de Valery Gergiev (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Stephen Milling (Landgraf Hermann), Stephen Gould (Tannhäuser), Markus Eiche (Wolfram von Eschenbach), Daniel Behle (Walther von der Vogelweide), Kay Stiefermann (Biterolf), Jorge Rodríguez-Norton (Heinrich der Schreiber), Wilhelm Schwinghammer (Reinmar von Zweter), Lise Davidsen (Elisabeth), Elena Zhidkova (Venus), Katharina Konradi (pastor)
Minutación:  Acto I: 55'26 / Acto II: 68'16 / Acto III: 49'33 / Total: 173'15 (2 h 53 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Porque la pasión es pasajera o haciendo el payaso con Venus

               Comenzamos por tercer año las crónicas de las retransmisiones del Festival de Bayreuth. Una labor que año a año me resulta un agradable pasatiempo veraniego y del que además tengo que dar las gracias por la enorme cantidad de seguidores que se enganchan a Discografía Wagneriana en estos días para leer, ver las imágenes de la producción de turno o escuchar la representación. La disponibilidad horaria no siempre es posible -y en algunos casos nos leen desde el otro lado del Atlántico, donde la diferencia horaria dificulta bastante seguir una retransmisión del viejo continente-, por lo que es habitual las personas que se enganchan al blog en estos días para poder escuchar las retransmisiones. Así las cosas, gracias a todos los seguidores.

               A las cuatro de la tarde, puntualmente, Frank Manhold desde la Radio de Baviera nos daba la bienvenida a la retransmisión inaugural. Minutos antes lo habían hecho desde Radio Clásica de Radio Nacional de España Ricardo de Cala y Miguel Ángel González Barrio, quienes en el primer entreacto han repasado a los españoles que, con anterioridad al debutante Jorge Rodríguez-Norton, han cantado en Bayreuth: Plácido Domingo -escuchando el final del acto primero de La Valquiria del año 2000, con Waltraud Meier y Giuseppe Sinopoli dirigiendo, grabación no publicada, y por tanto, procedente de los archivos radiofónicos- y Victoria de los Ángeles -escuchando el aria de la sala de Tannhäuser en la histórica grabación de Wolfgang Sawallisch de 1961-. El segundo entreacto ha estado dedicado al 150 aniversario del nacimiento de Siegfried Wagner (1869-2019) y al recuerdo de un español que podría haber cantado en Bayreuth pero que no lo hizo: el tenor Isidoro Fagoaga (1896-1976). González Barrio ha relatado su historia: parece ser que en 1928 el tenor navarro audicionó en Bayreuth con Siegfried Wagner para cantar Tannhäuser, papel que ya interpretaba en italiano. Por desgracia, el cantante no pudo con el alemán ni con la obra completa y Siegfried falleció en 1930, por lo que el proyecto se truncó.

               Una nueva producción en Bayreuth siempre atrae todos los focos, aunque la fama provocadora de Tobias Kratzer, a quien está encomendada la parte escénica, no había hecho hecho correr ríos de tinta en los medios. Incluso todo sonaba comedido en la entrevista que concedió hace unos días. El único contratiempo ha venido provocado por el accidente sufrido por Ekaterina Gubanova (Venus) el paso 12 de julio, que ha motivado su sustitución en la jornada del estreno por Elena Zhidkova. La también mezzosoprano rusa había cantado a principios de siglo algunos papeles secundarios en el Anillo que dirigiera Adam Fischer con producción de Jürgen Flinn. Actualmente tiene una carrera internacional bien asentada, con varios roles wagnerianos para mezzosoprano en el repertorio y con preferencia por la Staatsoper de Viena. Allí ha coincidido el pasado mes de abril con Gergiev en Parsifal interpretando Kundry, por lo que quizás la propuesta de hacer esta sustitución haya venido de la mano del director.


Tannhäuser canta el Himno a Venus mientras ella conduce una
furgoneta en lo que parece una pequeña compañía de circo.
               Por lo que respecta al montaje desconocemos en profundidad su hilo conductor, aunque por las imágenes parece que utiliza el trasfondo de la vida del artista -ejemplificado en el artista circense en este caso- y no es muy atractivo visualmente. Una producción que cuenta con dos artistas en escena de papel mudo -el texto y la partitura son intocables- cuya presencia anunciaba el Festival en su página web, lo cual es una novedad, pues nunca los figurantes constan en el reparto, aunque probablemente se haya hecho una excepción en esta ocasión por tratarse de personajes conocidos en Alemania. Son el travesti Le gateau chocolat -del cual circula por la red una grabación del aria de la sala con orquesta de teatro- y el enano Manni Laudenbach -que según la web del Festival interpreta el papel de Oskar-. El primer acto, según ha indicado la prensa, se desarrolla bajo la técnica de la road movie. Una compañía teatral formada por Tannhäuser (un payaso), Venus (una suerte de hippie), Le gateau chocolat (disfrazado de Blancanieves) y Oskar (un enano de circo) viajan por una carretera rural de Turingia en una furgoneta Critroën y paran a comer en lo que parece un Burger King. A Tannhäuser le entra el hastío y deja la compañía. El segundo acto, curiosamente, sí se desarrolla bajo cánones clásicos -imponente sala románica-, aunque en la parte superior del escenario se ubica una pantalla donde puede verse lo que se desarrolla entre bastidores -la idea de las cámaras y la pantalla ya fue explorada por Frank Castorf en su Anillo (2013-18) de forma redundante-. El tercer acto se desarrolla en lo que parece un vertedero de chatarra. En los próximos días esperamos conocer los entresijos de la nueva producción. Lo que sí hemos podido comprobar es que, tras dos actos con el público más centrado en la música, en el tercero se han escuchado perceptibles abucheos hacia el equipo escénico.

               El trabajo de Valery Gergiev ha sido notable. En algún foro de internet se hablaba de su apretada agenda para este verano y se llegaba a dudar de su implicación en los ensayos de Bayreuth. Así, los pasados 6 y 7 de julio se presentó en Baden Baden con el segundo concierto para piano de Tchaikovsky -siendo el solista Alexandre Kantorow- y la Patética, junto con las wagnerianas Marcha Funebre y Escena de la Inmolación del Ocaso -en esta última con la soprano Eva-Maria Westbroek-; el día 9 dirigió allí Simón Boccanegra; el 14 el concierto de la Filarmónica de Munich en la Odeonplatz, un monográfico de Beethoven -Obertura de CoriolanoEmperador con Daniil Trifonov y la Sinfonía número 5-; y los días 18 y 22 La mujer sin sombra en versión de concierto en Verbier-. Y alternará este Tannhäuser con Simón Boccanegra en el Festival de Salzburgo -también seis funciones, entre el 15 y el 29 de agosto-. No obstante, en el mes de junio programó tres funciones de Tannhäuser en el Mariinsky, con un reparto ruso, sin duda con la finalidad de refrescar la obra antes de los ensayos de Bayreuth.


Tobias Kratzer posa con el decorado del segundo acto.
               El reparto ha resultado solvente en conjunto, pero con diferencias. Sin lugar a dudas deslumbra la debutante Lise Davidsen como una Elisabeth vocal y dramáticamente excelente, junto con un veterano Stephen Milling que dibuja un tonante Landgrave de voz grande y rocosa que me recuerda por maneras a los de Josef Greindl -quien figura en las grabaciones de los Tannhäuser gloriosos de los Festivales de 1954, 1955, 1961 y 1962-. Notable trabajo el de Stephen Gould como un sólido Tannhäuser, llevando mejor las partes más dramáticas -imponente tercer acto- que los recovecos más líricos de la partitura -más frío en la escena del Venusberg-. Solvente trabajo el de Markus Eiche como Wolfram y el resto de cantores, así como el del pastor. Desluce un poco el resultado global la Venus monocromática e inflexible de Elena Zhidkova, carente de erotismo en su canto pese a su apabullante presencia física. Todo ello en una sala que ha alcanzado los 36º durante la representación.

               Como curiosidad, apuntar que entre los papeles principales se ha dado un curioso cruce de actuaciones previas en distintos teatros europeos: la pareja protagonista ha cantado la obra en Zurich en marzo y abril, con Axel Kober a la batuta; Gubanova y Milling lo hicieron en abril en Ámsterdan con Marc Albrecht; y Davidsen y Milling lo han hecho en mayo en Munich con Simone Young.

El segundo acto choca por su puesta en escena clásica.
               Entrando en la dirección, Gergiev ha conseguido un resultado global notable, dentro de una lectura muy personal de la partitura, más próxima a la tradición rusa que a la germana -muy rápida, de bruscos contrastes, con explosiones sonoras en los clímax y con mayor interés por los pasajes más electrizantes y sensuales que por los ascéticos-. No es habitual que Tannhäuser baje de las tres horas, aunque ya lo consiguió Axel Kober en 2014, en la última producción que se ofreció en el Festival, con 2 horas y 58 minutos. Gergiev consigue recortar cinco minutos más y hacer bajar el tercer acto de los 50 minutos. Una minutación que ha sido más veloz de lo previsto inicialmente, pues la información que manejaba la Radio de Baviera procedente del ensayo general daba un minuto más al primer acto y once al tercero. Ni siquiera la Obertura, iniciada a tempo contenido, parecía presagiar estas velocidades. Precisamente ya desde la Obertura se nota algo que es seña de identidad de su lectura, sobre todo en el primer acto, cual es el apoyo rítmico en la cuerda, muy marcada sobre el tema de los peregrinos en el metal, llegando a cuadricular el discurso, que no levanta el vuelo y se encorseta, en varios momentos del primer acto. Mucho más redondo el segundo, con una dirección más flexible y con más vuelo. El tercero está bien construido dramáticamente, pero con exceso de velocidad en el preludio -virtuosos pasajes de la cuerda- y menos inspirado en la dimensión espiritual de la partitura, aunque electrizante en el final. A su favor hay que destacar que acompaña muy bien a los cantantes, que a pesar del tempo que imprime respiran con comodidad, así como la nitidez de pizzicatti y arpa a lo largo de toda la obra.

               Stephen Gould demuestra su dominio y solvencia en el papel protagonista, que saca adelante con un resultado notable en conjunto. La voz no es especialmente bella, pero es grande y de color baritonal, homogénea por regla general y con agudos emitidos sin aparente esfuerzo. Comienza su intervención algo frío, aunque con una adecuada caracterización doliente del hastío que le produce el VenusbergSu canto gana vigor según avanza el dúo con Venus. No es un cantante especialmente musical en las tres estrofas del Himno a Venus, ni tampoco especialmente apasionado en sus intervenciones en el torneo de canto, pero aguanta el extenuante papel sin cansancio, no se muestra reservón en los concertantes del final del primer y segundo acto -al contrario, su participación es generosa-, y su narración de Roma es de altos vuelos.


Elisabeth (Lise Davidsen) en el tercer acto de la obra.
               Como Elisabeth, una joven revelación de un tiempo a esta parte: la soprano noruega Lise Davidsen, que a sus treinta y dos años ya canta en los teatros de primera fila y tiene discos grabados. Davidsen salió a la luz al ganar en 2015 el concurso Operalia creado por Plácido Domingo, a lo que rápidamente siguieron apariciones en teatros de primera fila -Staatsoper de Viena, Ópera de Zurich, Ópera Estatal de Baviera, Colón de Buenos Aires, Covent Garden, los Proms londinenses o los Festivales de Aix-en-Provence o Glyndebourne-. La voz es homogénea, con tintes de lírico-dramática y de timbre agradable. La maneja con absoluto control, ofreciendo gran variedad de matices, de la sobriedad de su plegaria al dolor en su defensa de Tannhäuser o cierta ingenuidad en su aria de la sala, por lo que su Elisabeth no puede calificarse sino de impecable. El Festival ya ha anunciado que el año que viene será Sieglinde en el nuevo Anillo, por lo que esperamos disfrutar mucho tiempo de una voz que deparará gratas interpretaciones. De momento Davidsen está cantando papeles líricos del repertorio wagneriano -Freia, Ortlinde, Elisabeth, Isabella en La prohibición de amar- y straussiano -Ariadne-, aunque en octubre hará incursión en Leonora de Fidelio en Montreal con Nézet-Séguin, papel que repetirá en febrero de 2020 con Pappano en el Covent Garden de Londres, y sin duda tiene material para adentrarse en roles de lírico-dramática.


Tannhäuser (Stephen Gould) y Venus (Elena Zhidkova).
               La Venus de Elena Zhidkova me ha decepcionado. Esperaba mucho más de una cantante de sólida carrera internacional. Su Venus es inflexible, tirana por momentos, escasa en dinámicas -continuo forte, lo que se hace patente incluso frente a un cantante como Gould, al que en los inicios de su carrera se le achacaba la falta de variedad de dinámicas y que ahora ha ganado en dinámicas- y exhibiendo una voz potente y bien timbrada pero con tendencia a la brusquedad, sobre todo en el agudo, donde se muestra calante en algunas notas. No hay sensualidad ni erotismo, sino posesión hacia el protagonista. Estos defectos se hacen aún más patentes en su intervención del tercer acto, con un Gergiev acelerado. Desconocemos si este resultado se debe a la propuesta escénica, a la falta de compenetración con el papel por la sustitución o a un poco de ambas. El resultado global, aunque correcto, no es el más idóneo para el papel de la diosa y su caracterización se acerca más a la Ortrud vengativa o a la locura de Kundry.

               Markus Eiche es un barítono solvente, de voz no muy grande, dúctil en el fraseo y musical, práctico en la interpretación del romántico Wolfram, sin un especial manierismo. Su Als du in kühnem Sange uns bestrittest del primer acto es cantado a tempo ligero, elegante pero sin cargas las tintas en la faceta más ensoñadora del personaje. En la romanza del lucero vespertino demuestra su buen saber hacer.

                Stephen Milling es sin duda el otro punto álgido de este Tannhäuser. De voz grande, de verdadero bajo negro, rocosa más que caballeresca, un punto mate, desciende al grave con absoluta facilidad creando un Landgrave poderoso.

               Daniel Behle suma un papel más a su carrera en el Festival. A sus exitosos David y Froh se suma Walther von der Vogelweide. Su timbre viril y apasionado resulta muy adecuado, si bien su frase en la intervención larga del segundo acto resulta algo cuadriculada, probablemente debido a la batuta. Resulta curiosa su contraposición a Kay Stiefermann como un Biterolf al que no le falta intención dramática, pero que tiene una voz demasiado clara para la parte. Como curiosidad, en esta producción, la primera frase de Biterolf -cuando los cantores y el Landgrave se encuentran a Tannhäuser-, Nach seiner Tracht ein Ritter (Por su aspecto parece un caballero) se dice con ironía, resonando una carcajada (no olvidemos que en esta propuesta el protagonista es un payaso).

        Muy buen trabajo el de Jorge Rodríguez-Norton como Heinrich der Schreiber y Wilhelm Schwinghammer como Reinmar von Zweter. El tenor español, además de deshacerse en elogios a su experiencia en el Festival en la prensa española, ha confirmado que repetirá papel el año que viene. Desde aquí le deseamos lo mejor y confiamos en que se convierta en una habitual del Festival.

               El pastor está muy bien cantado por la debutante Katharina Konradi, joven cantante de Kirguizistán que en 2016 ganó el concurso Deutscher Musikwettbewerb y actualmente su carrera está asentada en Alemania con papeles líricos -Susana en Las bodas de Fígaro, Zerlina en Don Giovanni, Despina en Cossì fan tutteMusetta en La bohème- y que es conocida en España, pues en 2018 inauguró la Subertiada de Vilabertrán. Como curiosidad, no es la primera cantante de Asia Central en el Festival, pues la precede el kazajo Oleg Bryjak, quien encarnó a Alberich en 2014 y falleció en 2015 en un accidente de avión.

               Excelente el Coro del Festival, preparado por Eberhard Friedrich, en esta ocasión con la particularidad -quizás por indicación de Gergiev- de la búsqueda de sonoridades originales en las segundas voces de los peregrinos a cappella en los actos primero y tercero.

               En definitiva, una buena representación, no totalmente redonda ni en batuta ni en elenco -Venus y Biterolf mejorables-, pero a buen nivel. Queda la duda de si Gergiev repetirá el año que viene, pues por la red ya circulan rumores que su compromiso no va a ser dirigirla los cuatro años de rigor.


Grabación digital procedente de la WDR (Radio del Oeste de Alemania, Colonia) en HD, 
en formato .mp3 a 320 kbps.
Se incluyen las alocuciones iniciales y finales del locutor de la Radio de Baviera.

27 DE JULIO DE 2019.