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LOHENGRIN / BAYREUTH 2022

LOHENGRIN / Festival de Bayreuth, 4 de agosto de 2022, 16 horas. Ofrecido en diferido por diversas emisoras europeas. La primera, la Radio de Rumanía, el 11 de septiembre a las 20 horas (hora española). Emitido por la Radio de Baviera el 24 de septiembre a las 20 horas.
Otras representaciones: 7, 14, 19 y 22 de agosto.
Producción de Yuval Sharon estrenada en 2018 / Decorados y vestuario: Neo Rauch y Rosa Loy. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Georg Zeppenfeld (Rey Enrique), Klaus Florian Vogt (Lohengrin), Camilla Nylund (Elsa von Bravant), Martin Gantner (Friedrich von Telramund), Petra Lang (Ortrud), Derek Welton (Heraldo), Michael Gniffke (primer noble brabanzón), Tansel Akzeybek (segundo noble brabanzón), Raimund Nolte (tercer noble brabanzón), Jens-Erik Aasbø (cuarto noble brabanzón)
Minutación: Acto I: 59'12 / Acto II: 83'50 / Acto III: 61'51 / Total: 204'53 (3 h 24 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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El cisne que nadaba por la corriente eléctrica

             Tercer y último año -confirmado por el Festival- de la producción de Lohengrin debida a Yuval Sharon, que en su andadura ha permanecido prácticamente inalterada en ese retoque año a año que es el taller de Bayreuth, y que será retirada de cartel un año antes de lo acostumbrado, contra sus propios méritos. Hablemos claro: el resultado artístico conseguido en 2018 y 2019 ha sido el mejor en esta obra desde el Festival de 1967, en que Rudolf Kempe bajó al foso del Festspielhaus para acompañar a Sándor Kónya y James King en el papel protagonista, Heather Harper como Elsa, Donald McIntyre como Telramund, Grace Hoffmann como Ortrud, Karl Ridderbusch como Rey Enrique y Thomas Tipton como Heraldo, un hito que ha sido publicado por Orfeo. La producción de Sharon no es la segunda de Wolfgang Wagner que pudo verse en aquella ocasión, pero también es azul y se beneficia de contar con escenas de bella estampa pese a no tener una línea argumental especialmente consistente -aquí Lohengrin es una suerte de electricista que llega a un pueblecito mágico que tiene estética de la Alemania del siglo XVII- y el tercer acto no termina de estar bien resuelto. Dado que ninguna emisora ofreció la velada en directo -la primera en hacerlo fue la Radio de Rumanía el 18 de septiembre-, la Radio de Baviera no ha ofrecido los vistosos toques de fanfarria en su retransmisión en diferido, introduciendo el locutor directamente la velada. Radio Clásica de Radio Nacional de España no ha retransmitido por el momento esta función y no parece que tenga intención de hacerlo.

Ortrud (Lang) y Gantner (Telramund)
en el primer acto.
               El elenco ha tenido un buen número de cambios, debido a distintos motivos, cubriéndose con cantantes más o menos adecuados pero todos con un denominador común: gozan de la confianza de Thielemann. Así, Tomasz Koniczny (Telramund) y Egils Silins (Heraldo) han dado paso a Martin Gantner y Derek Welton al tener que repartirse el rol de Wotan en el Anillo tras confirmar baja John Lundgren. Petra Lang, quien desde 2019 había terminado su Isolda en el Tristán de Thielemann, ha conseguido entrar en cartel en las siguientes temporadas gracias a su relación profesional con Thielemann, de quien es una de sus cantantes de confianza. Ya en 2020 fue rescatada para Brunilda en la Valquiria del suspendido Festival de 2020, pasando a ser Kundry el pasado año en el Parsifal en versión de concierto que ofreciera el director berlinés, y ahora aparece como Ortrud, desplazando a Elena Pankratova. Finalmente, dos cambios anecdóticos en los nobles tercero y cuarto: el debutante Marek Reichert no repito, siendo sustituido por el habitual en la casa Raimund Nolte, mientras que Tiimo Rihonen no está presente este año en el Festival por haber finalizado las producciones de Parsifal y Maestros, en las que también participaba, siendo sustituido por el debutante Jens-Erik Aasbø, quien canta además los roles de Fasolt y Reinmar.

               Tampoco está en esta ocasión Piotr Beczala, una ausencia ya anunciada por el tenor desde hace un año, por coincidirle las fechas con su debut como Radamés en el Festival de Salzburgo en la Aída dirigida por Alain Altinoglu. El polaco no se ha prodigado mucho como caballero del cisne pese a los magníficos resultados conseguidos, probablemente por la dificultad y longitud del papel frente a los personajes italianos que suele frecuentar: tras su debut en 2016 en Dresde de la mano de Thielemann, cantó dos funciones en Zurich con Fabio Luisi en julio del año siguiente, y después llegaron sus intervenciones en Bayreuth en 2018 y 2019. Su última aparición en el rol antes de la pandemia tuvo lugar en dos funciones en la Staatsoper de Viena con Valery Gergiev, en enero de 2020, y el pasado año cantó otras dos en la Deustche Oper de Berlín bajo la dirección de Donald Runnicles. En septiembre de 2020 anunció su intención de preparar Parsifal a fin de debutarlo en 2022 en Cleveland con Welser-Möst y cantarlo un año después en Bayreuth, pero se ha quedado en proyecto y no hay noticias de que vaya a estudiar el rol a corto plazo. Así las cosas, el experimentado Klaus Florian Vogt asume el rol, quien ya apoyara a Beczala en 2019 en tres de las funciones del Festival y quien normalmente se turna cuando el polaco canta el rol -pues no es rentable para un teatro programar dos funciones-.

               Thielemann se despide de Bayreuth -no sabemos si de forma breve o definitiva- entre vítores indiscutibles del público, aún más acusados debido a un rendimiento superlativo de la orquesta, que se pliega sin fisuras a su planteamiento, tras la lectura de la Tetralogía, competente pero no genial, de Cornelius Meister. El nivel vocal es bueno, pero no alcanza el de los dos años anteriores por la pareja de villanos, que si bien convencen dramáticamente, vocalmente no llegan al nivel de Konieczny y Pankratova en la última edición que pudo verse del montaje. Tampoco Welton como Heraldo tiene el derroche vocal de Silins, si bien es una voz adecuada para la parte y que cumple con buena solvencia.

               Magnífica dirección de Christian Thielemann, que opta por tempi ligeros que dejan fluir constantemente el discurso, aunque sin sensación de apresuramiento -nótese la llegada de Elsa a la arrastra al oyente, sin renunciar a la sutileza en el dúo de los protagonistas y un cie catedral en el segundo acto-, con buen pulso dramático -nótese cómo va creciendo la tensión en el dúo de los protagonistas en el tercer acto- y con algunos puntos donde hace aparición una cierta ensoñación -inicio del preludio, concertante final del primer acto que no tiene la explosividad de los dos años precedentes o el final de la obra-. Atención absoluta a los planos sonoros y a las múltiples filigranas de la partitura, que lucen preciosistas con absoluta naturalidad y sin renunciar a un sonido rotundo y homogéneo y a unos clímax magníficamente preparados -final del segundo acto, explosivo interludio del tercero-. El nivel es muy homogéneo, pero el tercer acto descuella claramente por un brío dramático verdaderamente apabullante e hipnótico, con algunos momentos de éxtasis casi místico en la intervención larga del protagonista.

Vogt como Lohengrin.
               El veterano Klaus Florian Vogt demuestra que sigue siendo el Lohengrin de nuestros días, pese a que las características tímbricas de su instrumento no entusiasmen a algunos frente a los parabienes indiscutibles que recibía en los primeros años de éxito con el personaje. Su fraseo, su absoluto control de la respiración y su imperceptible zona de pasaje son características a considerar, si bien creo que su interpretación fue más aquilatada en 2019, pese a regalar una bellísima mezza voce en el In fernem land y Mein lieber schwan, pasaje este último en el que Vogt siempre ha realizado una interpretación matizadísima, consiguiendo unos pianisimi extraordinarios que son seña de identidad.

               Camilla Nylund vuelve a ser Elsa, ahora sí anunciada oficialmente en el rol, pues en 2019 hubo de reemplazar a catorce días del comienzo del Festival a Krassimira Stoyanova, prevista para las cinco primeras representaciones, por problemas de salud. La anunciada para los dos últimas no era otra que Anna Netrebko, quien el 5 de agosto de aquél año y con el primer ciclo de representaciones ya finalizado, suspendió su actividad durante tres semanas por recomendación médica. Dado que Nylund estaba anunciada oficialmente como Eva en Maestros, hacerse cargo de las siete funciones de Lohengrin era demasiado, por lo que el Festival hubo de recurrir a Annette Dasch, quien encarnó a la doncella de Brabante en la anterior producción. A sus 54 años y más de una década después de su debut en el Festival, donde ha cantado además Elisabeth, Sieglinde y Eva, su instrumento se conserva en buena forma vocal, si bien con acentos por momentos un punto matroniles -al igual que su presencia en el escenario, que evidencia que ya no es una jovencita-. Su vibrato amplio tan característicos aparece aquí contenido, lo que contribuye a elevar su interpretación. Destaca su sensibilidad en la plegaria y sobre todo la prestación ofrecida en el dúo -pese a atacar la primera nota de forma un poco agria-.

El Heraldo (Welton), Telramund (Gantner) y el Rey Enrique
(Zeppenfeld) en el primer acto.
               El veterano barítono suizo Martin Gantner, de 57 años de edad y condecorado como Kammersänger de la Ópera Estatal de Baviera en 2005, posee una voz mate de timbre descolorido, aunque manejada con oficio, con una correcta línea de canto. No es la voz ideal para Telramund, demasiado liviana y carente de nobleza, si bien presenta una dicción clara, medida precisa -lo que se agradece en los parlamentos del primer acto- y dramáticamente funciona, exhibiendo un buen equilibrio entre su intensidad en el primer acto y su desesperación en el segundo, con una pincelada de personalidad escurridiza. Tras la salida de Konieczny para reemplazar a Lundgren -primero como Holandés y después como Wotan-, Gantner contaba con todas las papeletas para hacerse cargo del rol, por dos razones: una, ha sido reemplazo del Festival en 2019 y 2021 como Beckmesser -rol que se acomoda más a sus particularidad vocales, como probablemente también el de Klingsor-, teniendo además que hacer prácticamente suyo el rol del escribano el pasado año debido a los problemas de salud que atravesó Johannes Martin Kränzle; otra, y definitiva, el hecho de que ha cantado el rol con Thielemann en la última edición del Festival de Pascua de Salzburgo -curiosamente con Pankratova como Ortrud-. Gantner también lo cantó en 2019 en la Deustche Oper de Berlín en la producción de Kasper Holten, con la misma pareja protagonista y bajo la dirección de Runnicles, y apareció también en el Lohengrin que sirvió de debut a Roberto Alagna como caballero del cisne en diciembre de 2020 en la Staatsoper de Berlín, con  Matthias Pintscher en el podio, en unas condiciones mucho menos estelares que las que preveía en inicio, en el Festival de Bayreuth de 2018. El registro de aquellas representaciones circula por la red, y a parte de mostrar la inadecuación de medios de Alagna, también permite escuchar a Gantner con unas prestaciones similares a las ofrecidas aquí.

Llegada de Lohengrin en el primer acto
               Tras la discutida Isolda de Petra Lang, la alemana regresa al rol de Ortrud, que cantó en la anterior producción de la obra con Andris Nelsons y que es, a mi juicio, su rol más interesante. Con los años, el instrumento ha perdido cierto brillo -nunca fue especialmente brillante, pero la diferencia tímbrica es apreciable frente al registro de Nelsons (Opus Arte, 2011)- y las sonoridades mates y pastosas se han hecho más evidentes, si bien dramáticamente no es algo problemático en el rol que nos ocupa. A sus 59 años no presenta problemas de tesitura, resolviendo con dignidad tanto la invocación a los dioses paganos como su intervención final, si bien el ataque de este tipo de notas ha perdido enfoque.

            Tras la salida de Egils Silins para afrontar el Wotan del Oro, Derek Welton ha tomado su lugar como Heraldo. El australiano fue un sobresaliente Klingsor en la última producción de Parsifal y ha cantado el rol en producciones tan destacadas como la veterana de Christine Mielitz en Dresde con Thielemann (2016) o la ya citada de la Deustche Oper en 2017 y 2019. La voz no es destacadamente tonante, pero suena fresca y juvenil y cumple con solvencia su cometido, con una prestación superior a la ofrecida en el registro de las representaciones de Dresde.

              Como de costumbre, magnífico el Coro del Festival dirigido por Eberhard Friedrich, dúctil, de la sutileza a la explosividad.

           A título de curiosidad, pues cuando escribimos estas líneas el Festival ya ha finalizado, la segunda representación contó con un problema técnico tras el preludio, no levantándose el telón, si bien el Heraldo realizó completa su intervención. Al entrar el coro, aun con el telón bajado, se produjo un desajuste y Thielemann paró la representación, reanudándose instantes después con él subido y desde la introducción orquestal que precede a la entrada del Heraldo.

              En definitiva, se despide un Lohengrin que merecía no ya los cuatro años de rigor, sino como mínimo una prórroga de un año, y probablemente dos no hubieran cansado al personal. El montaje ha discurrido estos años sin polémica e incluso ha sido visto como atractivo, y vocalmente ha lucido a alto nivel.

Grabación digital procedente de la Radio de Rumanía en formato .mp3 a 256 kbps.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales del locutor de la Radio de Baviera.

27 DE SEPTIEMBRE DE 2022.

TRISTÁN E ISOLDA / BAYREUTH 2019

TRISTÁN E ISOLDA / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2019
Otras representaciones: 9, 16, 20, 23 y 28 de agosto
Producción de Katharina Wagner estrenada en 2015 / Decorados: Frank Philipp Schlössmann y Matthias Lippert. Vestuario: Thomas Kaiser. Dramaturgia: Daniel Weber. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Stephen Gould (Tristán), Georg Zeppenfeld (Rey Marke), Petra Lang (Isolda), Greer Grimsley (Kurwenal), Armin Kolarczyk (Melot), Christa Mayer (Brangäne), Tansel Akzeybek (joven marinero y pastor), Kay Stiefermann (timonel).
Minutación: Acto I: 77'59 / Acto II: 79'35 / Acto III: 75'12 / Total: 232'46 (3 h 52 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Luces y sombras

               Afrontamos la última jornada del primer ciclo de representaciones del Festival -nos falta Parsifal, pero ninguna emisora lo ha retransmitido en vivo, por lo que tocará esperar a su difusión en diferido-. Desde la Radio de Baviera se ocupaba de la retransmisión Anna Greiter, mientras que en Radio Clásica Ricardo de Cala estaba acompañado en los comentarios por Guillermo Carbonell, jefe de regiduría del Teatro Real de Madrid.

               Quinto y último año de la producción de Tristán e Isolda debida a Katharina Wagner. Un montaje desigual, con indudables buenas ideas en el tratamiento de la luz; otras que no molestan, como la división por colores -azul para la pareja protagonista, verde para Kurwenal, Brangania y los hombres fieles a Tristán, y amarillo para Marke y su séquito-, y otras más discutibles, frívolas o planteadas de forma demasiado obvia. Está grabada en vídeo (DG, 2015), por lo que es un montaje ya bien conocido, con su característico laberinto de escaleras en el primero, su foso en el segundo o el vacío del tercero. En estos cinco años el absoluto dueño y señor ha sido Christian Thielemann con una dirección sensual y hedonista de la partitura que este año creo que se torna algo más dramática, gracias a un brillante uso de tempi y dinámicas. También ha estado en todas las ediciones el Tristán de Stephen Gould -este año sólo en la mitad de las funciones debido a que canta todas las de Tannhäuser-, quien ha realizado un notabilísimo trabajo con el personaje y me atrevería a decir que, hoy por hoy, no tiene rival en el papel. También ha estado siempre la magnífica Brangania de Christa Mayer y, alternándose con René Pape algunos años, el noble Rey Marke de Georg Zeppenfeld. Los secundarios no han variado en estos años, si bien en esta ocasión escuchamos como Melot a Armin Kolarczyk por indisposición de Raimund Nolte -quien tampoco cantó Hermann Ortel en Maestros-. Este año tenemos la novedad del Kurwenal de Greer Grimsley, quien tras su buen trabajo el pasado año como segundo Holandés y Wotan -alternándose con John Lundgren en ambos papeles- se incorpora a esta producción en sustitución de Iain Paterson. Y, desde 2016, Isolda ha sido Petra Lang, a pesar de sus discutibles medios para la parte. El resultado es un Tristán magnífico en la batuta y solvente en lo vocal, con dos parejas de voces particularmente oscuras, pero no totalmente idóneas en el caso de Petra Lang (Isolda) y Greer Grimsley (Kurwenal).


Dúo de amor del segundo acto.
               Christian Thielemann brinda un excelente Tristán, combinando a partes iguales suntuosidad sonora y dramatismo. Al servicio de la obra variedad de dinámicas, perfecta exposición de temas y nitidez de planos sonoros -con alguna sonoridad original, como la nitidez de la cuerda por debajo de la última aparición del tema del filtro en el tercer acto cuando hace su entrada Isolda-.


               Stephen Gould encarna un notabilísimo Tristán, con la voz bien asentada desde el comienzo, con timbre baritonal, agudos resonantes y variedad de dinámicas, sin grandes alardes de lirismo, pero sabiendo replegar la voz cuando es necesario. Un punto comedido en general en su monólogo del tercer acto, sin arriesgar hasta bien avanzado éste, frente a los dos actos anteriores, pese a un Thielemann arrollador y cataclísmico en el podio.

               Petra Lang parte con dos limitaciones para el papel de Isolda: un registro agudo limitado, que provoca que algunos de los escarpados agudos sean gritados o calantes; y una voz mate, carente de armónicos, lo que hace perder brillo a su interpretación. Dramáticamente funciona bien, aunque sus contrapartidas vocales hacen que su interpretación sea desigual, destacando sobre todo la Isolda vengativa del primer acto -intentando disimular las carencias en el registro agudo-, frente a su entrada al final de la obra, asentada en el grito. Pese a todo, repliega la voz convincentemente en el LiebestodPersonalmente tenía ganas de escuchar en el papel a Catherine Foster, quien este año ya no cantaba Brunilda, y quien tiene material de auténtica soprano, si bien con una voz menos ancha que quizás no se hubiera complementado del todo bien con un instrumento grande y baritonal como el de Gould, frente a Lang, que tiene una voz grande y oscura gracias a su procedencia de la cuerda de mezzo.


Marke (Zeppenfeld), Isolda (Lang) y
Brangania (Mayer) al final de la obra.
                No parece Kurwenal el papel más adecuado para Greer Grimsley. La voz es de un verdadero bajo barítono, con un centro anchísimo, y emisión nasal. El año pasado lució bien como Holandés, donde la tesitura le beneficiaba, pero aquí parece un punto aguda para él. Grimsley es un cantante que pasa de los sesenta años, aunque actualmente se encuentra en el punto álgido de su carrera -ha sido Wotan en el Metropolitan este año-, y su registro agudo presenta limitaciones, con emisión abierta y pérdida de color, lo que se hace patente sobre todo en el tercer acto. Si a ello le añadimos la nasalidad, la voz no corre como debería y suena demasiado pesada. Según avanzan los delirios de Tristán su interpretación se torna afligida.

            Magnífica Christa Mayer como una Brangania de voz plateada e interpretación dramáticamente atenta. Sus llamadas resultan bellísimas, acompañadas de un Thielemann cristalino.

               Sobresaliente Georg Zeppenfed como un Rey Marke de noble línea de canto y elegante fraseo. Muy bien acompañado por Thielemann en su monólogo del segundo acto, con un discurso fluido y una sonoridad nítida ideal para que la voz de Zeppenfeld, no especialmente oscura, discurra bien.

        Competentes Armin Kolarczyk como Melot, Tansel Akzeybek como joven marinero y pastor, y Kay Stiefermann como timonel.

               Excelente el coro, explosivo pero dúctil y envolvente en sus intervenciones.

             En definitiva, un Tristán excelente en la batuta y solvente en vocal, pero con irregularidades en el reparto, que no luce con la brillantez que podía haberlo hecho.

               Con esta función Radio Clásica ha puesto fin a las retransmisiones del Festival de Bayreuth 2019, un Festival que ha exhibido por regla general un nivel vocal alto -quizás la función más desigual es precisamente este Tristán- y directorial altamente escogido -probablemente el menos implicado de los cuatro directores haya sido Valery Gergiev-. Hemos podido disfrutar de los acertados comentarios de Ricardo de Cala con un invitado diferente cada día. Y queremos tener en la memoria a Llorenç Casanova, gran wagneriano que falleció el año pasado, y que conocía como nadie el Festival de Bayreuth.


Grabación digital procedente de la Radio de Baviera en formato .mp3 a 128 kpbs.
Se incluyeron alocuciones iniciales y finales.


4 DE AGOSTO DE 2019.

El Lohengrin de Andris Nelsons (Bayreuth 2011)

El letón Andris Nelsons dirigió durante cinco años Lohengrin en Bayreuth (2010-2014), en la controvertida producción de Hans Neuenfels. Opus Arte registró en vídeo la representación del 14 de agosto de 2011 y la publicó al año siguiente. En junio de 2018, el sello británico editó este registro en CD, de gran interés, pues dejando aparte la escena, cuenta con una dirección musical excepcional y un competente reparto encabezado por Klaus Florian Vogt, el Caballero del cisne por excelencia de nuestros días.

LOHENGRIN

Festspielhaus Bayreuth, 14 de agosto de 2011
Andris Nelsons

Heinrich der Vogler: Georg Zeppenfeld
Lohengrin: Klaus Florian Vogt
Elsa von Bravant: Annette Dasch
Friedrich von Telramund: Jukka Rasilainen
Ortrud: Petra Lang
Der Heerrufer des Königs: Samuel Youn
Dirección:Excepcional
Elenco:
Sonido:Excepcional

               Andris Nelsons debutó en Bayreuth en 2010, con tal solo 32 años pero con una sólida carrera a sus espaldas. Entre 2003 y 2007 había sido el director de la Ópera Nacional de Letonia y, en 2008, fue nombrado director de la Orquesta Sinfónica de Birmingham, puesto que ocuparía hasta 2014, en que pasó a dirigir la Sinfónica de Boston. Su dirección fue enormemente alabada en el Festival durante los cinco años que estuvo al frente de la obra, por su rotundidad, brillantez y sentido dramático. Vocalmente contó con uno de los mejores repartos contemporáneos posibles y la toma sonora de Opus Arte es magnífica, espaciosa y captando con fidelidad la acústica del Festspielhaus. Dada la particular producción de Neuenfels, era difícil colocar este registro entre los a considerar, pero habiendo sido editado en CD, evitando así la puesta en escena, su interés es indudable.
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Andris Nelsons en el foso de Bayreuth.
               Wolfgang Wagner, nieto del compositor, se despedía de la dirección del Festival en 2008 con la exitosa producción de Parsifal debida a Stefan Herheim y dirigida musicalmente por Daniele Gatti. Sus dos hijas, Eva y Katharina, ocuparían su lugar al año siguiente -la primera encargada de lo musical y la segunda de lo escénico-. En su primer año al frente del certamen no se estrenó ninguna producción, anunciándose para 2010 un nuevo Lohengrin que resultó ser toda una declaración de intenciones sobre la dirección que iba a tomar Bayreuth. En lo musical se anunciaba a Andris Nelsons, joven estrella al alza en el repertorio sinfónico alemán, y a un reparto con algunas figuras destacadas del panorama wagneriano del momento: Jonas Kaufmann como protagonista, la posibilidad de que Anna Netrebko debutase un papel wagneriano interpretado a Elsa, Georg Zeppenfeld -que ya comenzaba a llamar la atención como uno de los mejores bajos del momento- como Rey Enrique, Samuel Youn como Heraldo, Lucio Gallo como Telramund y el regreso a Bayreuth de Evelyn Herlitzius como Ortrud -papel que había cantado con gran éxito en el Festival de Ópera de Munich-. No obstante, los acontecimientos provocaron algunos cambios en el elenco final. Por un lado, las negociaciones con Netrebko no prosperaron, descartando debutar el papel -no lo haría hasta mayo de 2016 en Dresde, con Thielemann-, por lo que se anunció finalmente a Anette Dasch como Elsa, joven soprano lírica muy popular en Alemania.  Por otro, a escasas semanas del estreno, Lucio Gallo declinó cantar Telramund sin que trascendieran los motivos de su renuncia. Aunque centrado fundamentalmente en el repertorio italiano, el barítono ya había realizado algunas incursiones en el repertorio wagneriano en Roma y Bolonia (Telramund y Klingsor). Fue sustituido por un veterano en el repertorio, Hans-Joachim Ketelsen, miembro del cuerpo estable de la Semperoper de Dresde y que entre 1996 y 2001 había cantado en Bayreuth Kothner, Donner y Gunther. 

               Para la escena, Katharina llamó a Hans Neuenfels, uno de los más famosos enfant terribles del Regietheater alemán. Alumno del Max Reinhardt Seminar de Viena, a sus sesenta y nueve años contaba con una dilatadísima experiencia teatral y de escándalos. Por tanto, en lo musical Bayreuth buscaba un repunte de calidad, escogiendo con más atención a directores y cantantes, mientras que en lo escénico se optaba por las tendencias más vanguardistas e incluso polémicas. Una constante que ha llegado hasta nuestros días, pues mientras han empuñado la batuta los mejores directores wagnerianos -Thielemann, Gatti, Nelsons, Jordan, Petrenko, Janowski- y cantantes como el fallecido Johan Botha, Klaus Florian Vogt, Stephen Gould, Andreas Schager, Iain Paterson, John Lundgren, Georg Zeppenfeld, Günther Groissböck, Anja Kampe, Camilla Nylund, Petra Lang, Catherine Foster, Elena Pankratova, Michelle Breedt o Christa Mayer han sido los habituales del certamen actual-, las puestas en escena han generado abucheos y feroces críticas por regla general, atemperadas eso sí tras sucesivas reposiciones en cartel. Los Maestros de Barrie Kosky (2017) y el Lohengrin de Yuval Sharon (2018) parecen haber atemperado esta tendencia, no siendo tampoco montajes clásicos.

               Los resultados de la primera edición de este Lohengrin en 2010 fueron desiguales. Indiscutiblemente alabados, a un nivel homologable a los históricos, fueron Andris Nelsons en el podio, vibrante y dramáticamente electrizante, y Jonas Kaufmann (Lohengrin baritonal), Georg Zeppenfeld (mayestático Rey Enrique de voz bellísima) y Samuel Youn (sólido Heraldo de sonoridades épicas). Por desgracia, la pareja de villanos resultó ramplona, pues Ketelsen ya había pasado su mejor momento vocal y su instrumento lucía destimbrado y falto de vigor, mientras que Herlitzius fue una Ortrud carente de graves y tendente al grito en el agudo. Neuenfels enfocó Lohengrin como un experimento sociológico, convirtiendo al pueblo de Brabante en ratas y los decorados en fríos espacios blancos que recordaban a un laboratorio. Ciertamente, la dirección de actores estaba bien trabajada y se notaba la experiencia de Neuenfels, pero parece excesivo recurrir a los ratones para desarrollar la idea de Lohengrin como experimento. El público abucheó la puesta en escena los primeros años, aunque finalmente parece que se resignó a ella.

               No es nuestra intención hacer un comentario extenso del montaje, que tras un par de visualizaciones queda como algo anecdótico -es frío, carece de épica y contradice las acotaciones y el espíritu del compositor, nada recomendable para iniciarse en la obra y sin ofrecer tampoco una experiencia muy disfrutable para los wagnerianos consumados-. Si comentamos este registro es por su calidad musical. De hecho, Opus Arte, quien entre 2008 y 2014 tuvo un acuerdo con el Festival para grabar una ópera al año -a partir de 2015 DG ha tomado el relevo-, parece haberse dado cuenta de ello y ha editado en 2018 en CD todos los registros que realizó en vídeo. Despojado de imagen, este Lohengrin tiene muchos puntos fuertes y es uno de los registros más importantes de la obra realizado en los últimos años. El reparto se pulió -Ketelsen y Herlitzius dieron paso a Jukka Rasilainen y Petra Lang como la pareja de villanos- mientras que Kaufmann, quien decidió no volver -se dice que el tenor estrella no se adaptó del todo bien a los disciplinados ensayos de Bayreuth-, fue sustituido por Klaus Florian Vogt.

               En pocas palabras: en lo directoral y coral estamos ante el mejor registro, en Bayreuth y fuera de Bayreuth, desde aquella gloria que fue el Lohengrin que Rudolf Kempe dirigiera en el Festival de 1967 (Orfeo), un nivel que con posterioridad sólo ha igualado Thielemann en el Festival de 2018 (DG). Las escenas corales, los interludios orquestales y el pulso dramático de la obra son excepcionales de todo punto. También se coloca esta opción como la mejor en términos de sonido, con una toma de Opus Arte espaciosa y natural, captando con fidelidad la acústica del Festspielhaus y permitiendo escuchar perfectamente a distinta distancia orquesta y fanfarrias, tan importantes en esta obra. Y todo ello en un registro en directo de una única función.

               En cuanto al elenco, es desigual y resta puntos a un registro que, con algún cambio de cantante, se hubiera convertido en una referencia para todos los tiempos -en este sentido, le adelantan los que consiguió reunir Thielemann para Dresde y Bayreuth-. Nelsons pudo contar con tres voces de indiscutible valía -Klaus Florian Vogt (Lohengrin), Georg Zeppenfeld (Rey Enrique) y Samuel Youn (Heraldo)- y una solvente Elsa en la voz de Annette Dasch, pero la pareja de villanos flaquea, con Petra Lang como una Ortrud de buena construcción dramática, pero voz mate y limitaciones en los agudos más comprometidos, y Jukka Rasilainen como un Telramund de voz poco atractiva y de maneras toscas. 

               Comenzando por la dirección de Andris Nelsons, hemos de calificarla como de excepcional. Todo el trabajo es absolutamente magistral, tanto en los momentos orquestales como acompañando a los cantantes, con tempi vivos, siempre atento al drama, calculando perfectamente los clímax, aunando épica y lirismo a partes iguales. La Orquesta del Festival demuestra que es absoluta conocedora de la obra, sonando tersa, granítica y explosiva en los clímax. El preludio se inicia sutil y Nelsons frasea con naturalidad para ir poco a poco ganando volumen y fuerza (CD1, pista 1, 4:34, hasta el clímax, que se inicia en 5:15) y después diluyéndose poco a poco (6:03). La cuerda es densa y vigorosa, la madera nítida y el metal brillante. A lo largo del primer acto, Nelsons maneja con absoluta maestría la creación y desarrollo de los clímax, alternando tensión y relajación para culminar en un concertante final explosivo.

               En el segundo acto, tras el dúo de villanos con un pulso atento al drama y un etéreo acompañamiento a Elsa en su salida al balcón de tempo más contenido y un cierto preciosismo en los violines que acompañan la parte final del dúo de Elsa y Ortrud (CD2, pista 8), se inicia un largo arco de continuidad dramático-musical histórica. Desde aquí, la construcción global de Nelsons, alternando lirismo, preciosismo, ensoñación y explosividad, es prodigiosa: interludio del amanecer (pista 9), escena del Heraldo con los hombres de Brabante, entrada de Elsa a la catedral, discusión con Ortrud, entrada del Rey y Lohengrin... 

              Modélico también el tercer acto, con brillante preludio, marcha nupcial ligera e interludio solemne y vibrante. Los últimos compases presentan un bello aire nostálgico, desde la aparición del cisne.

Dash (Elsa), Vogt (Lohengrin) y Lang (Ortrud) en el segundo acto.
               El reparto está encabezado por Klaus Florian Vogt, Lohengrin por excelencia de nuestros días. Vogt, que comenzó su carrera musical como trompista para después pasar a cantar como tenor, se inició en el elenco de la Ópera de Bremen, donde cantó bastantes veces los roles de Lohengrin y Max en El cazador furtivo de Carl Maria von Weber. Saltó al panorama internacional con el papel del caballero del cisne debido a una sustitución que realizó en 2005 en el Teatro Real de Madrid, bajo la dirección de Jesús López Cobos, y se consagró definitivamente al año siguiente en Baden-Baden, en el Lohengrin dirigido por Kent Nagano (editado en vídeo por Opus Arte). Su voz, de tenor lírico puro, resulta peculiar por lo aniñado y etéreo de su timbre, aunque es muy voluminosa y se alza por encima de coro y orquesta con absoluta facilidad. De sólida técnica, fraseo impecable y total atención a las dinámicas de la partitura, sin duda sus interpretaciones se han ganado un lugar en la Historia del canto wagneriano, en la línea de los Lohengrin líricos -Franz Völker, Sándor Kónya-, pese a que algunos no gusten de la sonoridad de su timbre.

               Vogt hace gala de sus extraordinarias dotes desde su primera intervención, con un Nun sei bedankt, mein lieber Schwan! (CD1, pista 10) de timbre limpio y maravilloso piano. Su Heil, König Heinrich! Segenvoll, más de cuento de hadas que de caballero heroico, podrá despertar opiniones encontradas (pista 11), pero en su actuación no se puede negar belleza a su canto. Su Durch Gottes Sieg / ist jetzt dein Leben mein con que perdona la vida a Telramund es verdaderamente piadoso (pista 16). A destacar sobre todo su larga intervención en el tercer acto, con envidiable fiato y bella mezza voce: un In fernem Land etéreo (CD3, pista 14) y un Mein lieber Schwan! muy romántico (pista 16) -nótese la mezza voce, bellísima, en wollt' ich dich anders wieder sehn!-.


La peculiar marcha nupcial de esta producción.
               Vogt ha sido y es un habitual de Bayreuth, donde canta ininterrumpidamente desde 2007 -Walther en Maestros (2007-2010), Lohengrin (2011-2015), Parsifal (2016) y Walther de nuevo (2017-2018). En 2019 alternará Lohengrin y Walther. Su Lohengrin está muy bien documentado en disco, con cuatro registros en vivo: el citado de Baden-Baden con Kent Nagano en vídeo -que cuenta con el Rey Enrique de Hans-Peter König, la Ortrud de Waltraud Meier y el Heraldo de Roman Trekel-; el que nos ocupa; un tercero con Janowski y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín en 2012 procedente de una toma realizada en concierto (Pentatone), también con Annette Dasch como Elsa; y un cuarto dirigido por Mark Elder en el Concertgebouw de Amsterdam, registrando dos interpretaciones en concierto en diciembre de 2015 (RCO Live) con Camilla Nylund (Elsa), Falk Struckmann abordando la cuerda de bajo como Rey Enrique, Evgeny Nikitin (Telramund), Katarina Dalayman (Ortrud) y Samuel Youn (Heraldo). El de Bayreuth se beneficia de la fantástica sonoridad de la sala, la brillantez de la orquesta y la extraordinaria batuta.

               Annette Dasch ha sido y es una soprano querida y reconocida en Alemania, gozando de popularidad tanto por sus dotes vocales como por sus apariciones en televisión y su bella presencia física. De instrumento lírico puro, su repertorio habitual es el mozartiano, con algunas incursiones en la ópera románica -Genoveva de Schumann, Elsa en Lohengrin y Elisabeth en Tannhäuser-. Su voz no es muy grande, lo que se hace patente en algunos momentos en que se tiene que hacer oír por encima de la orquesta -nótese, por ejemplo en la narración del sueño, en weit in die Lüfte schwoll (CD1, pista 6, 0:54), donde tiene que hacerse oír por encima de la cuerda forte en trémolo-, pero es una cantante con excelente dicción, gran sensibilidad para transmitir la inquietud y desesperación del personaje en unos momentos y la devoción que siente por el protagonista en otros -excelente expresión en el concertante final del primer acto-. En el segundo acto, su intervención desde el balcón destaca por su dulzura (CD2, pista 4) -sutilmente acompañada por unas maderas limpísimas-, así como su inocencia en el subsiguiente dúo con Ortrud. En el tercero desarrolla una buena progresión dramática en el dúo con Lohengrin, desde la abnegación al miedo. En definitiva, una competente Elsa, que compensa sus limitaciones de volumen con un instrumento bello y buena dosis de expresividad.

Lang (Ortrud), Rasilainen (Telramund), Vogt (Lohengrin), Dash (Elsa)
y Zeppenfeld (Rey Enrique) en el segundo acto.
               Georg Zeppenfeld compone un Rey Enrique homologable a los históricos en la parte -Franz Crass, Karl Ridderbusch-, mayestático, de noble timbre y línea de canto, perfecto fraseo y adecuación a la amplia tesitura del papel, que demanda un agudo generoso para un bajo. A lo largo del primer acto tiene detalles de excelente factura por su noble canto: el Gott grüß' euch, liebe Männer von Brabant! (CD1, pista 2, 1:11) inicial, o como lo termina con Dann schmäht wohl niemand mehr das Deutsche Reich! (3:22), y el Mein Herr und Gott (pista 15) -con maravilloso acompañamiento en el metal por parte de Nelsons, verdaderamente solemne-. Igualmente excelente en Habt Dank, ihr Lieben von Brabant! con que saluda en el tercer acto al pueblo de Brabante (CD3, pista 12).


Jukka Rasilainen (Telramund).
               En 2011, el papel de Telramund lo compartieron Tomás Tómasson y Jukka Rasilainen a razón de tres funciones cada uno, pues Rasilainen cantaba también el papel de Kurwenal en Tristán. La primera función, retransmitida por radio, correspondió a Tómasson, pero para la grabación se prefirió a Rasilainen, de trayectoria wagneriana mucho más consolidada. El finés, aunque nunca ha tenido unos medios excepcionales, sí ha tenido mejores veladas en el pasado -en el Festival, su Holandés en 2005 o su Amfortas en Parsifal en 2007-. Pasado su mejor momento vocal, la voz se tornó más mate y con Telramund no consigue frasear con elegancia, sonando ácido en varios momentos y constituyendo sin duda lo más flojo de este registro. En lo dramático funciona mejor como hombre derrumbado en el segundo acto que como hombre digno en el primero en sus alegaciones al rey -muy bien acompañado con fuerza, eso sí, por Nelsons (CD1, pista 3)-. Incluso en su segunda intervención, tras el sueño de Elsa, la medida de las notas en los primeros versos es imprecisa (pista 7). Afortunadamente, en los momentos de conjunto del resto del acto no desentona y en el segundo convence algo más. Probablemente lo más logrado de su actuación sean las breves interpelaciones y respuestas a su mujer, donde su voz evidencia menos los defectos, dado que se trata de frases cortas y en el registro medio (CD2, pista 1). En su intervención inicial en el segundo acto y en So zieht das Unheil in dies Haus! (pista 9) hace lo que puede, como también en su aparición en la entrada de la catedral en los momentos previos a la boda.

               Petra Lang regresó en 2011 a Bayreuth como Ortrud después de haber cantado Brangania en Tristán. Su voz es homogénea, de timbre mate -lo que para el papel de la villana funciona bien-, con un centro ancho y extremos suficientes. Su dúo con Telramund en el segundo acto resulta muy convincente, con una personalidad fría y despiadada -su risotada tras la primera intervención de su marido o tras su Gott?-. Se encuentra más limitada en los momentos más comprometidos del agudo, pero sin descalabros -invocación a los dioses paganos (CD2, pista 6) o intervención final (CD3, pista 17)-, tendente al grito en las notas más escarpadas, pero con un arrollador acompañamiento orquestal.


Samuel Youn (Heraldo) anuncia las nuevas noticias a los soldados en
el segundo acto, aquí convertidos en ratas.
               Samuel Youn, tras venir cantando papeles menores en el Festival, se consagró como una voz a considerar con este Heraldo ya desde el primer año, lo que le permitió cantar también el Holandés durante cuatro ediciones (2012-2015). Bajo-barítono de voz juvenil y firme en toda la tesitura, es un solidísimo Heraldo de tintes épicos. De su actuación hay que destacar sus intervenciones con el coro de hombres de Brabante en el segundo acto (CD2, pista 11), donde aúna solidez vocal y lirismo para transmitir tanto el destierro de Telramund como el nombramiento de Lohengrin como protector de Brabante.

              El tratamiento coral es, asimismo, magnífico. A la excelencia habitual del Coro del Festival, dirigido por Ebehard Friedrich, se suma la especial atención de Nelsons, sonando envolvente y esponjoso, maravillosamente empastado entre sí y con la orquesta, dúctil desde los pianísimos a los fortísimos, explosivos. El coro murmura ante Elsa en el primer acto con gran belleza -nótese cuando Elsa suplica la venida de su paladín (CD1, pista 9, 2:40) o cuando se ve llegar al cisne (3:05)-, y en otros ruge -final del primer acto, amanecer con los soldados en el segundo-.

               En definitiva, un registro moderno a considerar, con una excepcional batuta y un excelente sonido, que pierde un poco por un desigual reparto en el que la pareja de villanos está a un nivel inferior. Es una lástima que Nelsons sólo haya grabado este Lohengrin y un Holandés en versión concierto con los conjuntos del Concertgebouw.

FEBRERO DE 2019.

ACTUALIZADO A AGOSTO DE 2021.

TRISTÁN E ISOLDA / BAYREUTH 2016

TRISTÁN E ISOLDA / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2016
Otras representaciones: 5, 9, 13, 17 y 22 de agosto
Producción de Katharina Wagner estrenada en 2015 / Decorados: Frank Philipp Schlössmann y Matthias Lippert. Vestuario: Thomas Kaiser. Dramaturgia: Daniel Weber. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Stephen Gould (Tristán), Georg Zeppenfeld (Rey Marke), Petra Lang (Isolda), Iain Paterson (Kurwenal), Raimund Nolte (Melot), Claudia Manhke (Brangäne), Tansel Akzeybek (joven marinero y pastor), Kay Stiefermann (timonel).
Minutación: Acto I: 77'08 / Acto II: 78'30 / Acto III: 75'46 / Total: 231'24 (3 h 51 min).
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               A petición de un seguidor del blog compartimos esta grabación de Tristán e Isolda del Festival de Bayreuth 2016, que cerró el primer ciclo de representaciones. Fue también la última retransmisión  del Festival que, desde Radio Clásica, realizó José Luis Pérez de Arteaga, pues fallecería en febrero del año siguiente.

               El revuelo ocasionado en junio de 2015 por la votación para elegir nuevo director en la Orquesta Filarmónica de Berlín provocó el enfrentamiento entre Christian Thielemann y Kirill Petrenko. El primero partía como favorito, pero en segunda vuelta y por muy poco margen, el segundo salió vencedor. Petrenko se encontraba dirigiendo en ese momento el Anillo en el Festival y su compañera sentimental, la soprano Anja Kampe, cantaba Sieglinde. Ella era la oficialmente anunciada para estrenar la nueva producción de Tristán e Isolda que conmemoraría los 150 años del estreno de la obra (1865-2015), bajo la dirección de Thielemann. Éste parece que, tras perder la votación, tuvo diferencias con el director y la soprano, que acabó desistiendo de cantar el papel, haciendo únicamente Sieglinde. El Festival hubo de recurrir in extremis a Evelyn Herlitzius, quien había sido una competente Brunilda en el Anillo de Adam Fischer de principios de siglo. Su Ortrud en 2010 en el Lohengrin de Andris Nelsons no dejó buen sabor de boca, como tampoco su Isolda -emisión abierta, dificultades en el agudo, tendencia al grito en los pasajes más comprometidos-. Así las cosas, Thielemann buscó otra cantante al año siguiente y optó por Petra Lang. La mezzo alemana, que ya cantaba papeles de soprano -Sieglinde y Brunilda- nunca había hecho Isolda y se embarcó en la empresa convencida por Thielemann. Curiosamente, Petra Lang ya había reemplazado a Herlitzius como Ortrud en el citado Lohengrin. El resultado es una voz potente, con un centro oscuro, graves destacados y un agudo apurado. El timbre es demasiado mate, lo que resta atractivo a la voz.

               Repitió el resto del elenco del estreno, si bien Christa Mayer (Brangania) se encontró indispuesta los primeros días de Festival, por lo que hubo de ser sustituida en las dos primeras funciones por Claudia Manhke, la Fricka del Anillo de Petrenko, de voz liviana, por lo que se da la curiosidad de que Isolda tiene una voz más oscura que Brangania.


TRISTÁN E ISOLDA / BAYREUTH 2018

TRISTÁN E ISOLDA / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2017
Otras representaciones: 13, 16, 20, 24 y 28 de agosto
Producción de Katharina Wagner estrenada en 2015 / Decorados: Frank Philipp Schlössmann y Matthias Lippert. Vestuario: Thomas Kaiser. Dramaturgia: Daniel Weber. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Stephen Gould (Tristán), René Pape (Rey Marke), Petra Lang (Isolda), Iain Paterson (Kurwenal), Raimund Nolte (Melot), Christa Mayer (Brangäne), Tansel Akzeybek (joven marinero y pastor), Kay Stiefermann (timonel).
Minutación: Acto I: 77'06 / Acto II: 79'26 / Acto III: 75'49 / Total: 232'21 (3 h 52 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Sonidos y sensaciones

               Tercera jornada de Festival con Tristán e Isolda en la producción de Katharina Wagner, con Anna Greiter desde la Radio de Baviera y Rafael Banús desde Radio Clásica de Radio Nacional de España. Estrenada con motivo de los 150 años de la obra (1865-2015), es un montaje oscuro y simbolista, con algunos aciertos y estampas plásticamente sugerentes y otras menos afortunadas. Se trata de una producción de sensaciones más que de escenarios concretos, con algunas señas de identidad muy concretas: el entramado agobiante de escaleras que llena el escenario en el primer acto, la asociación de los personajes por colores -azul para los protagonistas, verdes para sus sirvientes y amarillo para el rey y su séquito- y la caracterización fría y despiadada del monarca, que lejos de reconocer el amor de los amantes al final de la obra, se lleva a Isolda sin contemplaciones una vez concluido el Liebestod -uno de los aspectos que más polémica ha generado estos años-.

               Sobresaliente dirección de Thielemann, más centrada en el hedonismo sonoro que en la teatralidad. El elenco es el mismo de la anterior edición, sólido a excepción de la Isolda de Petra Lang, inadecuada por material para la parte -voz demasiado mate y carente de agudos- y que lastra el resultado general, sólido por lo demás.

               Christian Thielemann plantea un Tristán sutil, elegante, hedonista, lejos de las concepciones más asfixiantes de la partitura, este año un poco más dilatado -siete minutos de diferencia respecto al año anterior-, con algunos ritardandos de tiempo en los momentos más sutiles verdaderamente magníficos -final del dúo de amor o final de la obra- y algunas reminiscencias de su maestro Karajan -contraste abrupto de sonoridades en las fanfarrias finales del primer acto, éstas en piano, el resto de la orquesta en forte, emulando el eco del exterior del barco-.


La pareja protagonista en el primer acto.
               Stephen Gould es un Tristán baritonal, de voz enorme y timbre peculiar. El cantante ha ido matizando el personaje a lo largo de los años, con una interpretación bien cantada. Vocalmente capaz de aguantar la extenuante obra con total facilidad.

           La Isolda de Petra Lang es una apuesta personal del propio Thielemann, ya por tercer año y, al igual que los dos anteriores, no exenta de polémica, aunque parece que la crítica alemana es favorable a esta opción. La voz es grande y oscura, con un centro ancho, pero muy apurada en el agudo. El timbre es demasiado mate, carente de armónicos que hagan brillar la voz a la par de una orquesta que es pura filigrana, lo que resta atractivo. Dramáticamente funciona muy bien desde la perspectiva de la venganza en el primer acto, transformada en desesperación en el tercero, pero hay agudos mal colocados, cuando no gritados, en los momentos más intensos de la parte -intervención inicial en el tercer acto, inicio del dúo con Tristán en el segundo-.

               Solvente Iain Paterson como Kurwenal, con su particular timbre y sobresaliente Brangania de Christa Mayer, de bello timbre plateado y dramáticamente alerta, con sonoridades de tragedia.


El gran complejo de escaleras que llena el escenario en el primer acto.
             René Pape vuelve a ser el Rey Marke, su papel por excelencia. De voz granítica y absoluta experiencia con el personaje, ofrece una interpretación magnánima y sensible -¿quizás un poco más de lo que pide Katharina para su inflexible rey?-, con un fraseo cuidadoso y unos graves potentes y bien timbrados. Llegando al final de su monólogo en el segundo acto se le ha quebrado ligeramente la voz en meiner Ehren Ende erreiche? (...que puso fin a mi honor?), algo anecdótico pero curiosamente en una palabra donde dramáticamente funciona. A continuación, el Die kein Himmel erlöst / warum mir diese Hölle? (Si ningún cielo puede redimirme / ¿por qué crearme tal infierno?) ha sonado con desesperación rabiosa.

               Muy bien Raimund Nolte como Melot, incluso excesivamente poético en su interpelación al Rey en el segundo acto, tras descrubir a los protagonistas. Competentes Tansel Akzeybek en su doble papel de joven marinero y pastor y Kay Stiefermann como timonel.

              No sabemos si este será el último año en que podrá verse esta producción. Dado que 2019 es también un año de transición, sin Anillo -que llegará en 2020 de la batuta de Daniele Gatti-, son cinco las obras a representar y lo normal sería que esta producción figurase en cartel, retirándose definitivamente el Holandés de Jan Philipp Gloger, ya amortizadísimo -se estrenó en 2012- y que dirige Axel Kober. La cuestión es dudosa, pues ya se ha anunciado que Stephen Gould será Tannhäuser en la nueva producción dirigida por Valery Gergiev, lo que provocaría su sustitución como Tristán. Además, Thielemann, salvo sustitución -poco probable- dirigiría de nuevo dos títulos. Una nueva reposición del Holandés no interferiría en repartos ni provocaría duplicidades en la dirección. Habrá que esperar al calendario.

Grabación digital procedente de la radio de Rumanía en formato .mp3 a 256 kbps.
Se incluyen las alocuciones iniciales y finales de la locutora de la Radio de Baviera, obtenidas de Radio Clásica de Radio Nacional de España, en formato .mp3 a 128 kbps.


28 DE JULIO DE 2018.