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El ORO DEL RHIN / STAATSOPER UNTER DEN LINDEN

EL ORO DEL RHIN / Staatsoper Unter den Linden, 2 de octubre de 2022, 18 horas.
Otras representaciones: 10 y 25 de agosto.
Nueva producción de Dmitri Tcherniakov / Decorados: Dmitri Tcherniakov. Vestuario: Elena Zaytseva. Dramaturgia: Tatiana Werestchagina y Christoph Lang. Iluminación: Gleb Filshtinsky. Vídeo: Alexey Poluboyarinov.
Dirección musical de Christian Thielemann
Reparto: Michael Volle (Wotan), Lauri Vasar (Donner), Siyabonga Maqungo (Froh), Rolando Villazón (Loge), Claudia Manhke (Fricka), Anett Fritsch (Freia), Anna Kissjudit (Erda), Johannes Martin Kränzle (Alberich), Stephan Rügamer (Mime), Mika Kares (Fasolt), Peter Rose (Fafner), Evelin Novak (Woglinde), Natalia Skrycka (Wellgunde), Anna Lapkovskaja (Flosshilde)
Minutación: 139'37 (2 h 39 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad de la Staatsoper Unter den Linden (staatsoper-berlin.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Anillo en el laboratorio

               El maestro argentino-israelí Daniel Barenboim cumplirá ochenta años el próximo 15 de noviembre y, para celebrarlo, la que es su casa desde hace treinta años, la Staatsoper Unter den Linden de Berlín, de la que es además director vitalicio desde el año 2000, programó una nueva producción de la Tetralogía que venía a sustituir a la vigente en el coso berlinés desde hace casi una década, la debida a Guy Cassiers, coproducida con la Scala de Milán y estrenada sucesivamente entre octubre de 2010 y marzo de 2013. 
Una producción que no terminó de gozar de las simpatías del público y que ha tenido una presencia limitada en la Staatsoper, subiendo a escena por última vez en el otoño de 2019. El elegido para este cometido ha sido Dmitri Tcherniakov, con quien Barenboim mantiene una colaboración artística homologable a la que tuvo en los ochenta y noventa con Harry Kupfer. Tcherniakov ya ha llevado a la escena de la Staatsoper junto con el argentino Parsifal (2015) y Tristán (2018). La dirección del Festival de Bayreuth le propuso para la actual producción del Anillo, pero declinó el ofrecimiento aduciendo que quería primero llevarlo a escena con Barenboim en Berlín, aceptando un año después hacerse cargo del Holandés. Así, tras el Parsifal del manicomio y el Tristán contemporáneo llegó el Holandés en clave de thriller para Bayreuth, el trabajo que más me convence de todos los que ha hecho hasta ahora por contener una meta historia plausible y creíble dentro del argumento de la obra y sin renunciar a un cierto buen gusto. Dicho en otras palabras: la escena no ofende a la vista. No es que sea amigo de este tipo de puestas en escena, pero si se hacen, que sean creíbles y encajen razonablemente bien, y creo que en el Holandés lo consigue. Un año después se presenta este Anillo, tras el estreno el pasado otoño en la Deustche Oper de Berlín de uno nuevo debido a Stefan Herheim, bajo la dirección de Runnicles, que debía llegar en 2020 y que fue suspendido debido a la pandemia, y que viene a sustituir a la histórica producción de Götz Friedrich.

           A finales de agosto, y con todo preparado, la Staatsoper hubo de anunciar que Barenboim no podría hacerse cargo de la dirección por problemas de salud -hace unos días hemos sabido que padece una enfermedad neurológica-, optando por Thielemann para los ciclos primero y tercero y, para el segundo, por Tomas Guggeis, kapellmeister de la casa desde la temporada 2020-2021. Thielemann recibió en su casa una llamada del propio Barenboim pidiéndole que se hiciera cargo de esta producción. El berlinés hubo de pensárselo, pues ya llevaba a sus espaldas unas cuantas semanas a caballo entre Bayreuth y Salzburgo y había decidido tomarse unos días de vacaciones. Sin embargo, decidió aceptar. Tradicionalmente se ha dicho que entre los dos directores existía cierto distanciamiento debido a la polémica que saltó en 2004 con motivo de las subvenciones que la Staatsoper recibía frente a la Deustche Oper, de la que Thielemann era director desde 1997, provocando que los músicos de la primera tuvieran salarios más elevados que los de la segunda. Thielemann exigió la equiparación de presupuestos entre los dos teatros y, al no conseguirlo, presentó su dimisión y marchó a la Filarmónica de Munich. Pese a la dilatada trayectoria de Thielemann, que ha dirigido en prácticamente todos los teatros de primera fila, hasta el año pasado no había pisado la otra ópera de su ciudad natal. Y fue también por una sustitución: Herbert Blomstedt, director honorario de la Staatskapelle Dresden -de la que Thieleman es titular- no pudo dirigir la séptima sinfonía de Bruckner que tenía inicialmente en agenda en el colisero berlinés, por lo que Thielemann le cubrió. Ahora, después de la sustitución de Barenboim, ambos han declarado que estaban en conversaciones desde hacía tiempo para que Thielemann dirigiera en la Staatsoper, pero que los problemas de agenda de éste habían impedido cuadrar fechas. Barenboim no ha acudido al estreno, pero sí presenció el ensayo general y se mostró entusiasmado con el resultado.

El particular Alberich de esta producción.
               Centrándonos en la nueva producción, y basándonos en lo que han contado los medios, la propuesta de Tcherniakov se desarrolla en un laboratorio llamado "ESCHE" del que Wotan es el jefe Esta idea se irá desarrollando a lo largo de toda la Tetralogía a través de ocho espacios diferentes que abarcan desde la década de los sesenta del siglo pasado hasta la actualidad. Dichos espacios, que giran sobre sí mismos, son diferentes pisos que suben y bajan: así, un laboratorio de estrés, una sala de espera, una sala de conferencias -donde los gigantes negocian el precio por el Walhalla-, un pasillo, una entreplanta con conejos en jaulas o un taller subterráneo al que Wotan y Loge bajan en ascensor para visitar a los nibelungos, una suerte de esclavos al servicio de los experimentos de los dioses. Tcherniakov realiza un homenaje al vestíbulo de mármol de la Universidad Humboldt, situada a unos metros de la Staatsoper. Así, en la primera escena vemos a Alberich como objeto de experimentación, dentro de una cabina y bajo observación de tres científicas, las hijas del Rhin, que someten al personaje a diferentes estímulos.

            La Staatskapelle Berlin es una orquesta disciplinada y bregada en las lides wagnerianas con Barenboim, con trompas de bella sonoridad. A título de curiosidad, una pifia anecdótica en la trompeta en el momento en que Alberich va a arrancar el oro, al final de la primera escena.

              Personal lectura de Thielemann, solemne y un tanto distante más que dramática, de tempi muy dilatados -casi 2 horas y 40 minutos, con los aplausos no cabría en 2 CDs estándar, al superar los 160 minutos-, es más lenta que la ofrecida por Knappertsbusch en Bayreuth en 1958, y también servida con bastante menos épica que aquél. Sonoridad de contornos redondeados y atenta en todo momento al orgánico sonoro que puede ofrecer la masa orquestal, sin cargar las tintas en los clímax y con un volumen en todo momento bien controlado, permitiendo a los cantantes cantar con comodidad. En definitiva, no hallaremos aquí la lectura épica y desbordante que realizara en Bayreuth. Algún medio ha apuntado que esta opción tan particular ha sido escogida por el berlinés debido a las particularidades acústicas de la Staatsoper. El Preludio se beneficia de esa búsqueda tímbrica del detalle, pero en contra pierde impulso en el fluir del río, y además los vientos tienden a hacer menos visible las figuraciones de los violines, que son las principales encargadas de este cometido en el tramo final. La primera escena se desarrolla bajo un noble equilibrio, sin cargar las tintas de forma artificiosa en los clímax, que se construyen por acumulación de forma natural. Como es costumbre en Thielemann, tenemos algunos detalles originales, como las maderas incisivas que recalcan la rabia del nibelungo al sentirse rechazado por las ondinas o la presencia pastosa y tonante del metal grave en la entrada de los gigantes. El descenso al Nibelheim se ofrece en una lectura redonda, con una orquesta que exhibe sonoridades suntuosas. Thielemann ofrece un magnifica traducción del momento en que Alberich usa el Tarnhelm contra los nibelungos, con una nítida línea en el grave. También el retorno de Freia en la cuarta escena o la perfecta conjunción de todas las líneas en juego, vocales e instrumentales, en la aparición final de las hijas del Rhin.

Wotan (Volle) frente a lo que entendemos es el Fresno del mundo
          Michael Volle ha ido escalando puestos en el repertorio operístico y, desde hace unadécada, se presenta como heldenbaryton en los principales teatros del mundo, con roles como Wotan, Sachs, el Holandés, Mandryka o Juan el Bautista. En Bayreuth debutó como Beckmesser en los Maestros de Weigle/Wagner de 2007, y después fue Sachs en la siguiente producción de la obra, la de Jordan/Kosky estrenada en 2017. Es un cantante que me despierta sensaciones encontradas para este tipo de roles. Ya a lo largo de las crónicas que he realizado de los citados Maestros de Bayreuth -la producción pudo verse en 2017, 2018, 2019 y 2021-, apuntaba que a su Sachs le faltaba un punto de peso y que su timbre no era especialmente bello, con inflexiones que lo tornaban feo. En cambio, a su favor, indicábamos que se sentía cómodo con la tesitura y que era un cantante musical -es un reputado liederista-, ofreciendo detalles en las medias voces que otros cantantes no ofrecen. Algo similar puede decirse de su Wotan, aquí teniendo en cuenta que el rol demanda una presencia más mayestática, pues si bien en Sachs puede camuflarse con una visión más humana y popular del personaje, la presencia vocal del padre de los dioses ha de ser incuestionable. Volle debutó el rol hace unos años en el Met y lo presentó en Europa en 2019 precisamente en este teatro, en 2019, en la última ocasión en que subió a escena el montaje de Guy Cassiers. Se siente cómodo con la tesitura y denota clase en su fraseo -no es ese tipo de Wotan gritón y que se limita a escupir el texto que de vez en cuanto aparece-, pero su material presenta evidentes limitaciones: la voz no es mayestática o tonante y pierde vigor por momentos -tendiendo a camuflar este problema cantando en piano, como si fueran apartes que tiene el personaje o una concepción más introspectiva de determinadas frases-. El timbre, además, no es especialmente grato. Se nota el cansancio según avanza la representación, pues si bien en la segunda escena ofrece momentos de buena solvente, en la cuarta la emisión empieza a abrirse -sin llegar al descalabro- y no puede con el saludo a la fortaleza, que pasa totalmente desapercibido por absoluta falta de vigor, graves inexistentes e imposibilidad de mantener el agudo. Con todo ello, el Wotan juvenil es el menos dramático de los tres, veremos qué tal con los otros dos.

         Johannes Martin Kränzle hace un Alberich clásico en el mejor sentido del término, con evidentes reminiscencias del que legó Gustav Neidlinger, con una voz tersa y de pulcra articulación, y una visión del personaje alejada de todo histrionismo o exageración. El único pero que puede ponérsele es que tiende a clarear en las notas altas, lo que se hace más patente en la tercera escena.

Loge (Villazón) y Wotan (Volle)
se encuentran a Mime (Rügamer)
en el Nibelheim.
           Rolando Villazón debutaba el rol de Loge y fue abucheado sin piedad la noche del estreno. Se presentó con la credencial de haber preparado el rol con Heinz Zednik -el Loge del Anillo del Centenario en Bayreuth- Sus ademanes italianizantes no terminan de casar en un rol que demanda, por regla general y a salvo en su monólogo de la segunda escena, una articulación rápida y precisa, aquí ausente y con una medida por momentos aproximativa. Además, su voz ya ha pasado su mejor momento vocal, con una emisión rígida y agudos golpeados. Dramáticamente cargó las tintas en un falso histrionismo un tanto acartonado.

          Claudia Manhke, quien ya fuera Fricka en el Anillo de Petrenko en Bayreuth (2013-15), exhibe sus habituales credenciales con su instrumento de soprano corta: dicción clara, e interpretación un punto nerviosa, dramáticamente atenta.

          Solvente la Freia de Anett Fritsch, sin demasiada personalidad. Ramplón el Donner de Lauri Vasar, falto de entidad y temblón en el He da! He do!. Poco pudo hacer Thielemann en este pasaje -a salvo de una original presencia nítida del trino de las maderas hacia el final, que habitualmente pasa desapercibida-. El momento quedó deslucido también por una serie de ruidos procedentes de escena que hace perder toda la magia en este pasaje, primero con ruidos de asombro y después con aplausos dos veces, resultando rídiculo. El Froh de Siyabonga Maqungo -joven marinero este año en el Tristán de Bayreuth- posee una voz de lírico puro, bien manejada pero para mi gusto un punto escasa para este rol -más aplausos de escena cuando terminó su intervención del arco iris-. La Erda de Anna Kissjudit cuenta con medios adecuados para la parte, aunque su intervención adolece de cierto vibrato amplio no agradable.

Reunión para discutir el pago del Walhalla.
          Muy bien el finlandés Mika Kares como Fasolt, en la línea tradicional de los grandes bajos que ha dado este país: voz grande, tersa, de timbre denso y manejada con elegancia. No le conocía y ha sido una gratísima sorpresa en el elenco. Por contra, Peter Rose, quien debuta la parte de Fafner, es totalmente inadecuado, con una voz liviana y descolorida y sin penetrar en la profundidad psicológica del calculador gigante. El bajo británico es un habitual en Berlín y aparecía hasta hace no mucho en papeles bufos de Mozart y Rossini. El único rol wagneriano que tenía en repertorio era Daland, que cantó en Bayreuth en 2016 y 2018 con mera corrección. Fafner es otra cosa, aun cuando el rol sea más corto, uno de los papeles de tesitura más profunda de toda la Historia de la ópera, y es evidente que su instrumento no se acomoda a las particularidades del gigante.

          Correcto el Mime de Stephan Rügamer, muy bregado en los roles de carácter, y quien en la anterior Tetralogía de la Staatsoper encarnara a Loge.

            Muy bueno el trío de ondinas, conformado por Evelin Novak, Natalia Skrycka y Anna Lapokovskaja, bien empastado, con voces tersas y de adecuada diferenciación tímbrica.

            Cada vez es más habitual que el Oro flaquee en dos roles pequeños pero que demandan voces de entidad: Donner y Fafner, probablemente porque los barítonos y los bajos más prestigiosos prefieren lanzarse a otros papeles que ofrecen más brillo. En el caso de Fasolt tiene el relato de la segunda escena, pero Fafner carece de un momento similar, y aunque el He da! He do! de Donner sea uno de los momentos más atractivos de la obra, puede saber a poco a un cantante.

            El plato fuerte de esta Tetralogía es la presencia inesperada de Thielemann y el Oro se ha iniciado con una lectura demasiado personal, no apta para todos los gustos. En lo vocal ha resultado ser muy desigual. Aun frente a bazas fuertes en los roles de Alberich (Kränzle), Fricka (Manhke) y Fasolt (Kares), restan bastante Villazón (Loge), Rose (Fafner), Vasar (Donner) y el superado por el rol Volle (Wotan). Sorprenden las críticas positivas que ha conseguido la producción de Tcherniakov, una vuelta de tuerca aún más absurda que la que este verano ha propuesto Valentin Schwarz en Bayreuth y con una estética similar. La retirada producción de Cassiers, si bien no era perfecta, con escasa dirección de actores sobre el escenario, sí era reconocible como el Anillo. Esto es otra cosa. Además, la idea del laboratorio no es novedosa, pues ya la llevó a la práctica Hans Neunfels en su Lohengrin de las ratas en Bayreuth (2010-15). Quizás la emoción de una nueva producción que sirve para homenajear a Barenboim haya tenido algo que ver. Cuando Thielemann fue preguntado por la puesta en escena dijo que el trabajo había sido ya ultimado cuando él se incorporó al proyecto, pero que le parecía concisa y directa, quizás con la intención de evitar cualquier tipo de polémica. La cadena franco-alemana Arte retransmitirá este Anillo, más o menos al mismo tiempo que Deutsche Grammophon ofrezca en su plataforma el de Bayreuth. Dos propuestas del mismo estilo, ese del que algunos melómanos estamos ya cansados.

Grabación digital procedente de RBB Kultur en formato .mp3 a 192 kbps.

12 DE OCTUBRE DE 2022.

EL OCASO DE LOS DIOSES / BAYREUTH 2015

EL OCASO DE LOS DIOSES / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2015, 16 horas. Reposición de la Radio de Baviera, 28 de julio de 2020, 18 horas.
Producción de Frank Castorf estrenada en 2013 / Decorados: Alecsandar Denic. Vestuario: Adriana Braga Peretzki. Iluminación: Rainer Casper. Vídeo: Andreas Deinert y Jens Crull
Dirección musical de Kirill Petrenko
Reparto: Stefan Vinke (Siegfried), Alejandro Marco-Buhrmester (Gunther), Stephen Milling (Hagen), Catherine Foster (Brünnhilde), Allison Oakes (Gutrune), Claudia Mahnke (Waltraute), Anna Lapkovskaja (primera Norna y Flosshilde), Claudia Mahnke (segunda Norna), Christiane Kohl (tercera Norna), Mirella Hagen (Woglinde), Julia Rutigliano (Wellgunde).
Minutación: Acto I: 113'28 / Acto II: 65'15 / Acto III: 73'38 / Total: 252'21 (4 h 12 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Ocaso en Nueva York

               El cierre del Anillo de Petrenko se produjo con un Ocaso notable en el que destaca el Hagen oscuro y tonante, de verdadero bajo profundo, de Stephen Milling, junto con el poderoso Alberich de Albert Dohmen, una solidísima pareja de villanos. La pareja protagonista realiza un solvente trabajo. Solvente también la Gutrune de Allison Oakes y algo deslucida la Waltraute de Claudia Mahnke, a nuestra juicio fuera de rol por tesitura. Decepcionante el Gunther escaso de medios de Alejandro Marco-Buhrmester, el único lunar evidente del reparto.

                La producción de Frank Castorf nos trasladaba a Nueva York, donde Sigfrido parece que intenta hacerse un hueco en una sociedad hostil y peligrosa. Por la noche las Nornas se dan cita en un callejón para hacer un ritual de vudú, ataviadas con ropas coloridas, mientras que Gunther es dueño de un puesto ambulante de comida turca. Los gibichungos, aquí reducidos a una suerte de banda callejera, se dan cita en una calle oscura y destartalada. No se puede negar que la escena final, con la bolsa de Nueva York al fondo, resulta visualmente impresionante.

              Kirill Petrenko dirige un Ocaso de sonido opulento y musculado, con metales resonantes ya desde el primer acorde, un punto ácido en sonoridad. Hay presencia destacada de líneas secundarias en la madera, muy atractivas, y momentos realmente impresionantes, como el clímax con que finaliza el Prólogo, el viaje de Sigfrido por el Rhin o toda la escena de los gibichungos en el segundo acto. El tercer acto es absolutamente modélico: la escena de Sigfrido con las ondinas se beneficia de un acompañamiento muy atento rítmica y tímbricamente, la escena con los gibichungos rezuma luminosidad, la marcha fúnebre es explosiva y la escena de la inmolación es arrolladora. Me atrevería a decir que su labor aquí es la más alta de toda la Tetralogía.

Brunilda (Foster) y Sigfrido (Vinke) en su dúo inicial.
              Stefan Vinke realiza una actuación parecida a la de la jornada anterior, aquí como el Sigfrido maduro. Muy arrojado en el Prólogo y solvente a lo largo de todo el primer acto, en su entrada en el segundo se echa en falta más elegancia. Tiene el temido do4 al comienzo del segundo acto y en el tercero y su narración final es muy convincente, con un inteligente uso de la mezza voce. Muy emotiva la escena de la muerte.

           Catherine Foster afronta con suma competencia la Brunilda del Ocaso, con un instrumento saneado y agudos brillantes. Sale victoriosa de todos sus escarpados agudos en el segundo acto, aunque en el trío final se echa en falta una voz más ancha y oscura, para un momento de gran intención dramática. Encomiable la inmolación.

Sigfrido (Vinke), Hagen (Milling) y Gunther (Marco-Buhrmester) en el
pacto de sangre del primer acto.
               Alejandro Marco-Buhrmester en su última aparición en Bayreuth no dice mucho como Gunther y es, con diferencia, lo más flojo del reparto. Funciona bien dramáticamente pero vocalmente es ramplón, con escasos momentos interesantes -el pacto de sangre con Sigfrido en el primer acto o el trío con que finaliza el segundo-. La emisión se produce desde atrás y no siempre es limpia, afectada a veces por un vibrato temblón. El cantante, de madre alemana y padre español, castellanizó su nombre en torno a 2010 -antes era Alexander Marco-Buhrmester-. Debutó en Bayreuth en 2001 y en esa década cantó pequeños papeles en Maestros y Tannhäuser, Amfortas en Parsifal tres años (2004-06) y Gunther en el primer año del Anillo de Thielemann (2006). Regresaría con Petrenko en 2013 con este papel, en el que no ofrece mucho.

Gutrune (Oakes), Hagen (Milling) y Gunther (Marco-Buhrmester) en el
primer acto.
               Solvente Allison Oakes como Gutrune, que acomete su primera intervención algo destemplada pero que gana en su bienvenida a Sigfrido. Muy convincente en su escena del tercer acto.

               Stephen Milling es un excelente Hagen, en la rica tradición de bajos profundos que han abordado el papel. Voz tonante, oscura, que desciende al grave con absoluta facilidad e interpretación misteriosa y calculada del malévolo personaje. Sobrado de medios para los momentos clave de la parte, como su llamada a Sigfrido en el primer acto o a los gibichungos en el segundo.

              Claudia Manhke se encuentra un poco fuera de rol como Waltraute, un papel que suele ir emparejado con el de Erda en un reparto de la Tetralogía y no con el de Fricka. Si además como Fricka tenemos una soprano corta, la falta de idoneidad se hace patente. Manhke tiene su elegante fraseo y su buen saber hacer, pero se echan en falta unos graves más prominentes, quedando su Waltraute demasiado liviana.

Brunilda (Foster) y Waltraute (Manhke).
               Albert Dohmen vuelve a ser un sobresaliente Alberich, oscuro y perverso, con un grave generoso.

               Notables las normas de Anna Lapkovskaja, Claudia Manhke y Christiane Kohl, destacando la segunda por su atento fraseo y cuidada línea de canto y la tercera por su interpretación arrojada. Igualmente notables las ondinas de Mirella Hagen, Julia Rutigliano y Anna Lapkovskaja, bien empastadas en su intervención inicial y dulces en sus intervenciones por separado.

              Excelente el coro del Festival, dirigido por Eberhard Friedrich. Es todo un placer escuchar el sonido envolvente que generan las voces y su apabullante ductilidad, de la suavidad de los pianos a la explosividad en el forte.

             Concluye así este Anillo de Kirill Petrenko de 2015, bastante homogéneo, muy bueno en lo orquestal y con un reparto que en conjunto puede calificarse de notable, con algunos altibajos que hubieran sido fácilmente solventables, como la pareja de gigantes o el Gunther. Más complicado era encontrar un Wotan de más entidad y, desde luego, se salvó con solvencia el bache casi ineludible que suponen los papeles de Sigfrido y Brunilda.


Grabación digital procedente de la WDR (Radio del Oeste de Alemania, Colonia) en HD en formato .mp3 a 256 kbps.

17 DE AGOSTO DE 2020.

LA VALQUIRIA / BAYREUTH 2015

LA VALQUIRIA / Festival de Bayreuth, 28 de julio de 2015, 16 horas. Reposición de la Radio de Baviera, 26 de julio de 2020, 18 horas.
Producción de Frank Castorf estrenada en 2013 / Decorados: Alecsandar Denic. Vestuario: Adriana Braga Peretzki. Iluminación: Rainer Casper. Vídeo: Andreas Deinert y Jens Crull
Dirección musical de Kirill Petrenko
Reparto: Johan Botha (Siegmund), Kwangchul Youn (Hunding), Wolfgang Koch (Wotan), Anja Kampe (Sieglinde), Catherine Foster (Brünnhilde), Claudia Manhke (Fricka), Allison Oakes (Gerhilde), Dara Hobbs (Ortlinde), Claudia Manhke (Waltraute), Nadine Weissmann (Schwertleite), Christiane Kohl (Helmwige), Julia Rutigliano (Siegrune), Simone Schröder (Grimgerde), Alexandra Petersamer (Rossweisse).
Minutación: Acto I: 60'59 / Acto II: 85'04 / Acto III: 65'04 / Total: 211'07 (3 horas 29 min)
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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La despedida de Johan Botha

              El primer acto de La Valquiria vino marcando año a año el nivel vocal más alto del Anillo de Petrenko. La pareja de welsungos, una de las mejores cantadas y de mayor sensibilidad de los últimos años, cosechó gran éxito en las tres ediciones. Un primer acto el de 2015 que tiene algo de histórico, pues fue el último Sigmundo en Bayreuth del tenor sudafricano Johan Botha. Aquél año se le diagnosticaría un cáncer que suprimiría prácticamente toda su actividad. No fue su último Sigmundo, pues tengo constancia al menos de otro posterior, el que cantó en la Ópera de Budapest en junio de 2016 bajo la batuta de Adam Fischer. No obstante, ya no acudiría a Bayreuth aquél año y fallecería el 8 de septiembre. El Festival de 2015 también fue el último en el que participó Kwangchul Youn tras dos décadas de puntual asistencia -debutó en 1996 como el Sereno en los Maestros de Barenboim-, aquí interpretando a Hunding. Aunque en 2013 Petrenko contó con un cavernoso Franz-Josef Selig para la parte, excepcional, el Hunding de Youn, aunque no tiene los mismos medios, tiene también buena presencia dramática.

              El elenco de esta Valquiria es notable y bien parejo, con cantantes de buenas maneras vocales, aunque pierde un poco por el Wotan de Wolfgang Koch, de escaso relieve en el segundo acto y más interesante en el tercero. En todo caso, estamos ante la mejor jornada de este Anillo.


Sigmundo (Botha) al final del primer acto.
                 La producción de Frank Castorf tuvo en esta Valquiria la jornada más lograda, con unos escenarios de gran impacto, construcciones de madera que se erigen bajo la noche en el Azarbayán de los años sesenta, que no descolocan tanto como las otras jornadas e incluso tienen su atractivo, como ya comentamos en 2017 y 2018.

               La dirección de Petrenko es viva e intensa ya desde el Preludio, de marcada precisión rítmica y con metales incisivos en la sección central. Una cuerda musculosa y bien articulada marca la primera escena. En la segunda, las fanfarrias de Hunding son oscuras y tonantes, mientras que en la tercera la llegada de la primavera está expuesto con una atmósfera envolvente gracias a una cuerda bellísima. En el segundo acto, acompaña con atención y sin caídas de tensión la dispuesta entre Wotan y Fricka y recrea con intimismo la atmósfera de la escena del anuncio de la muerte de Sigmundo. La cabalgata es brillante, con trompas resonantes, y todo el dúo entre Wotan y Brunilda, culminando en los adioses, está dirigido a un pulso atento y sin caídas de tensión.

              Johan Botha es un Sigmundo de noble estampa, un poco retraído en el primer acto, melancólico y otoñal. Muy convincente gracias a su timbre agradable, su elegante fraseo y el uso de una efectiva mezza voce, ha sido el Sigmundo por antonomasia en el Festival de la última década y no ha sido fácil encontrarle sustituto, pues para 2016 y 2017 se optó por el lírico Christopher Ventris y, en 2018, por Stephen Gould, todoterreno wagneriano. En 2020 el papel lo tenía que haber cantado Klaus Florian Vogt, más como premio de fidelidad a la casa que por idoneidad para el rol. Ya la primera intervención de Botha, con una ligera mezza vocce, es todo elegancia, como también su narración a Hunding. Le encuentro algo apurado de fiato en el Winterstürme. El anuncio de la muerte en el segundo acto y toda su escena posterior es conmovedora.

Brunilda (Foster) y Sieglinde (Kampe) en el
tercer acto, ante la mirada de las valquirias.
              Anja Kampe es una Sieglinde sensible y apasionada, de timbre carnoso. Inicia las primeras frases de la parte con una interpretación muy calculada, pero que luego se torna más espontánea. Un poco apurada en el Hinweg! del segundo acto.

           Kwangchul Youn es un rotundo Hunding, matizado en sus palabras. La voz es muy conocida: no es muy grande y con un cierto vibrato característico en la zona grave, pero no se puede negar que la encarnación del personaje es notable, introspectiva y calculadora, que va más allá de la rutinaria interpretación de cabreo.

              El Wotan de Wolfgang Koch me convence algo más que en el Oro, aunque le falta un punto de nobleza debido a esa emisión basta que tiene en las notas largas, sobre todo cuando se trata del registro grave. Su monólogo del segundo acto queda más como una rabieta, aunque sus adioses resultan competentes.

              La Brunilda de Catherine Foster realiza un trabajo muy competente en un rol donde no es fácil encontrar una soprano que cante y no grite, que tenga agudos y no los cale. La Foster tiene agudos brillantes y una línea de canto muy natural. Ciertamente a la voz le falta anchura para ser una Brunilda al uso y su timbre es más bien blanquecino, pero a pesar de ello creo que fue una acertadísima elección. El anuncio de la muerte a Sigmundo está cargado de delicadeza e intimismo, con una interpretación muy humana, y su dúo con Wotan en el tercer acto tiene temperamento.

               Muy bien cantada y con una interpretación nerviosa muy efectiva la Fricka de Claudia Manhke, dentro de su tipología de voz, que es la de una soprano corta.

               Competente el octeto de valquirias, que incluye algunas cantantes que intervienen en otros papeles de mayor relieve -Claudia Mahnke pluriempleada en esta Valquiria, Allison Oakes a quien estuchamos como Freia y Gutrune (y a quien el papel de Gerhilde, que requiere un agudo luminoso y punzante no nos parece el más adecuado para ella) o Nadine Weissmann la Erda de este Anillo-. Está también la habitual Simone Schröder, toda una institución en papeles secundarios en el Festival.


Grabación digital procedente de la WDR (Radio del Oeste de Alemania, Colonia) en HD, en formato .mp3 a 256 kbps.


31 DE JULIO DE 2020.

EL ORO DEL RHIN / BAYREUTH 2015

EL ORO DEL RHIN / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2015, 18 horas. Reposición de la Radio de Baviera, 25 de julio de 2020, 18 horas.
Producción de Frank Castorf estrenada en 2013 / Decorados: Alecsandar Denic. Vestuario: Adriana Braga Peretzki. Iluminación: Rainer Casper. Vídeo: Andreas Deinert y Jens Crull
Dirección musical de Kirill Petrenko
Reparto: Wolfgang Koch (Wotan), Daniel Schmutzhard (Donner), Lothar Odinius (Froh), John Daszak (Loge), Claudia Manhke (Fricka), Allison Oakes (Freia), Nadine Weissmann (Erda), Albert Dohmen (Alberich), Andreas Conrad (Mime), Wilhelm Schwinghammer (Fasolt), Andreas Hörl (Fafner), Mirella Hagen (Woglinde), Julia Rutigliano (Wellgunde), Anna Lapkovskaja (Flosshilde)
Minutación: 135'10 (2 h 15 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Rivalidades

               Para este Festival de Bayreuth virtual, la Radio de Baviera ha recurrido a la Tetralogía que Kirill Petrenko dirigiera en 2015, con producción de Frank Castorf. Tres años estuvo a su frente, estrenándola en 2013 en el marco del bicentenario del nacimiento del compositor y regresando los dos años siguientes. Cuando se le adjudicó, Petrenko era director de la Ópera Estatal de Baviera, y un 22 de junio de 2015, con los ensayos ya comenzados y avanzados, fue elegido director de la Orquesta Filarmónica de Berlín en segunda vuelta y con escaso margen de ventaja frente a Christian Thielemann, generándose una rivalidad entre ellos que provocaría la salida de Petrenko de Bayreuth y el nombramiento de Thielemann como Director Musical del certamen, un cargo hasta entonces inexistente que fue visto por la opinión pública como un premio de consolación al director berlinés y un férreo apoyo por parte de Katharina Wagner, pues Eva, al final del Festival de 2015, renunció a la codirección del certamen al cumplir setenta años. En este sentido, se ha dicho que Petrenko tuvo una relación más estrecha con Eva que con Katharina. El resultado de todo ello fue que esta Tetralogía hubo de ser dirigida los dos años siguientes por Marek Janowski.


              La forma de ser y de trabajar de Petrenko en el Festival llamó la atención. De personalidad retraída, Patrick Seibert, dramaturgo y miembro del equipo escénico de este Anillo, relató que nunca se le vio fuera del Festspielhaus durante la temporada de verano -ni en una taberna o en algún monumento de la ciudad. Cuando no estaba ensayando, Petrenko estaba en los archivos, donde estudiaba meticulosamente los manuscritos de Wagner y las notas de Félix Mottl que solía citar en los ensayos -asistente de Hans Richter en el estreno de la Tetralogía en 1876 y después laureado director en el Festival, el primero en dirigir todo el Canon de Bayreuth-, o bien en su habitación escuchando la grabación del ensayo del día, una pauta que repitió año a año. La Tetralogía centraba toda su atención, los ensayos eran largos y meticulosos, recurriendo a repasar a pequeña velocidad con movimientos lentos y precisos para obtener la sonoridad deseada. Dado este clima intenso de trabajo, Seibert se sorprendió cuando, en una ocasión, el director mantuvo una conversación sobre fútbol.


Kirill Petrenko
               En conjunto, los tres Anillos que Petrenko dirigió en el Festival sorprendieron por un trabajo meticuloso y personal, vivo e intenso, y a la vez claro y definido en texturas. El reparto fue solvente y en los tres años claramente destacó la pareja de welsungos conformada por Johan Botha y Anja Kampe. Si hay que decantarse por uno de los tres, la Radio de Baviera ha acertado con el de 2015, pues es el que tiene el elenco más redondo. El reparto es notable en los papeles principales a excepción del Wotan de Wolfgang Koch, correcto pero no destacado. Koch es un cantante muy ligado a Petrenko, con el que ha cantado gran número de papeles wagnerianos, pero a su voz le falta nobleza y presencia para encarnar al dios. Con la marcha de Petrenko de Bayreuth marchó Koch y ciertamente no se le echó de menos.  La edición de 2015 sumó el atractivo del Alberich de Albert Dohmen y el Loge de John Daszak, ambos de gran presencia vocal y dramática. También supuso el debut como Sigfrido en Bayreuth de Stefan Vinke, sustituyendo a un desgastado Lance Ryan que en 2013 y 2014 tuvo un rendimiento escaso. El presente Oro se beneficia de la presencia de los citados Dohmen y Daszak, aunque perdió el destacado Fasolt de Günther Groissböck de la edición de 2013, que volvería a encarnar el rol en 2017 con Janowski.


El Golden Motel, un lugar imaginario en alguna carretera de los Estados
Unidos,  es el punto de encuentro de la banda mafiosa que encabeza
Wotan (Koch, a la izquierda). En el medio, Daszak como Loge.
Arriba, dioses y gigantes.
              La producción de Frank Castorf es muy conocida. Es la última que de la Tetralogía ha podido verse en Bayreuth, se grabó en vídeo en 2016 con Janowski en el podio para un canal privado de televisión -no publicándose- y ha hecho correr ríos de tinta por su particular visión de la obra, donde el petróleo es el hilo conductor. Referencias a la vieja cuestión comunismo-capitalismo están presentes a lo largo de toda su propuesta, no hay unidad escénica ni temporal entre las jornadas -cada una ocurría en un espacio y una década diferente- y lo más destacado son los enormes decorados de Aleksandar Denic, giratorios y de un brillante colorido, que dotaban de gran sensación de profundidad a la escena. Aunque Castorf no causó especial simpatía en el Festival, su relación con Petrenko fue cordial y ambos trabajaron para coordinar lo más posible foso y escena. Así, Petrenko estaba presente en los ensayos escénicos y se preocupaba por la posición de los cantantes y de los ruidos de escena, todo ello para obtener el mejor resultado sonoro posible. Así, Castorf quería introducir en el trío final del segundo acto del Ocaso una referencia a la película El acorazado Potemkin, de Serguei Einsenstein, en concreto, emulando la escena del carrito de niño cayendo por las escaleras. Para Petrenko se generaba demasiado ruido, pero en lugar de querer prescindir de la cita, sugirió un pasaje donde la orquesta sonara lo suficientemente fuerte y no se escuchara el ruido de escena.

               La dirección de Kirill Petrenko es poderosa, viva -a veces demasiado-, siempre con impulso, atención al detalle -especialmente en maderas y violas- y búsqueda de sonoridades originales, ácidas en ocasiones. Probablemente en 2015, su tercer año al frente de la obra en Bayreuth, estas características se hacen más patentes. Con sus 2 horas y 15 minutos, estamos ante una de las lecturas más rápidas que se han escuchado en el Festival, por delante de la de Karl Böhm, quien en 1967 invirtió 2 horas y 16 minutos en la grabación oficial publicada por DG. Incluso Pierre Boulez es más lento, durándole la obra 2 horas y 21 minutos en el registro oficial de 1980 publicado por DG. Los que después se quejaron de la rapidez de Janowski, indicar que éste invirtió 2 horas y 20 minutos en 2017. No tengo constancia de una lectura en Bayreuth más rápida que la de Petrenko.

Segunda escena. Dioses y gigantes discuten los términos del trato.
               La primera escena es la más luminosa, pues la orquesta parece que se torna más oscura según avanza la obra -nótese la nobleza de las trompas en la aparición del oro en el fondo del Rhin o la transparencia y claridad de líneas en el interludio entre las escenas primera y segunda-. La segunda escena destaca más por la intensidad y rotundidad de su planteamiento que por la belleza o nobleza del discurso, llegando incluso a echarse en falta algo más de sosiego en algunos momentos: así, resulta muy efectiva en el dúo entre Wotan y Fricka o en la explosiva entrada de los gigantes, pero la intervención de los gigantes está expuesta a toda velocidad y el monólogo de Loge destaca más por algunos colores orquestales originales que por el fraseo, escasamente paladeado. Excelente tercera escena, vibrante, oscura y rugiente en los tutti con un arrollador descenso al Nibelheim, una explosiva respuesta orquestal a la intervención de Alberich esclavizando a los nibelungos o unas inquietantes transformaciones. Final de la obra rotundo y vibrante pone el colofón a una lectura directa, pero rotunda y estudiada.

             El Wotan de Wolfgang Koch es correcto, no molesta, pero tampoco aporta mucho. El instrumento es homogéneo y se muestra cómodo en la tesitura, incluyendo los agudos. Tiene volumen suficiente, pero el timbre no es especialmente grato y la interpretación se ve afeada por una emisión basta en las notas largas. Donde más me convence es en la tercera escena calculando los tratos con Alberich. Aunque claro, teniendo en cuenta que Wotan en esta producción es un mafioso de segunda, esa falta de nobleza hasta puede encajar en la idea de Castorf.


Wotan (Koch), Alberich (Dohmen) y Loge (Daszak) en la tercera escena.
               Albert Dohmen regresó a Bayreuth con este Alberich tras su sobresaliente Wotan con Thielemann en la Tetralogía anterior. Este regreso de Dohmen fue fruto de las circunstancias. Al terminar en 2010 el citado Anillo, se le ofreció cantar en la nueva producción del Holandés que se estrenaría en 2012, también con Thielemann en el podio, oferta que declinó. El Alberich inicial de esta producción fue Martin Winkler, quien tras cantar en 2013 fue sustituido al año siguiente por Oleg Bryjack por la dirección del Festival, lo que ocasionó un sonoro enfado por parte de Castorf, quien adujo que Winkler había preparado la parte escénica a conciencia y que el reemplazo obedecía a un boicot a su producción. Bryjack, que obtuvo buenas críticas, falleció en marzo de 2015 en el avión que se estrelló en los Alpes haciendo la ruta Barcelona-Düsseldorf. Precisamente, Bryjack regresaba de Barcelona, donde había interpretado Alberich en Sigfrido bajo la batuta de Josep Pons. Así las cosas, el Festival propuso a Albert Dohmen abordar el rol de Alberich, un papel que el bajo-barítono había comenzado a cantar para irse retirando poco a poco de los más fatigados Wotan y Holandés. La voz de Dohmen es granítica, oscura y poderosa, absolutamente cómoda en toda la tesitura y con buena presencia, renunciando a histrionismos para encarnar un imponente Alberich.

               Excelente el Loge de John Daszak, versátil cantante británico que encarnó el papel en el Anillo de Valencia con Zubin Mehta (C Major, 2008). Nos encontramos ante uno de los grandes Loge de todos los tiempos, con una voz adecuada, clara dicción, fraseo natural e intención dramática sin acudir a histrionismos.

               Claudia Manhke fue otra apuesta personal de Petrenko para su Anillo, y aquí acertó plenamente. La voz es más bien la de una soprano corta, pero realiza una interpretación nerviosa y atenta de la parte, muy convincente dramáticamente.


Loge (Daszak) observa como los gigantes (Hörl y Schwinghammer)
traen de regreso a Freia (Oakes) en la cuarta escena.
               Correcto el Donner de Daniel Schmutzhard, con una voz más bien diáfana y no muy grande, pero suficiente para la parte. Lothar Odinius es un excelente Froh, de voz juvenil, cálida y apasionada.

               Solvente la Freia de Allison Oakes, aunque en su primera intervención suena un punto imperiosa más que dulce, resultando más convincente en la cuarta escena.

              Notable la Erda de Nadine Weissmann, con voz serena, graves más que suficientes y delicada línea de canto. Echo en falta un mayor misterio y pausa por parte de Petrenko en este pasaje, que centra más bien la sonoridad en lo inquietante de algunas figuraciones del viento que en la serenidad brumosa de la cuerda.

              La pareja de gigantes es lo más flojo con diferencia de esta representación. Wilhelm Schwinghammer es un Fasolt de voz liviana, pobre de graves, con una voz que tiende a clarear cuando sube el volumen y con una línea de canto rudimentaria -incluyendo algún portamento de mal gusto y afinación dudosa en algún momento-. La dirección de Petrenko pasa de puntillas y lo más rápido posible en su intervención de la segunda escena, probablemente queriendo evitar prodigarse en un pasaje que vocalmente no va a tener brillo. Andreas Hörl como Fafner tiene un timbre algo más atractivo, aunque tampoco es un bajo profundo y le falta rotundidad y esa frialdad calculadora que se espera de él.

             Sobresaliente el Mime de Andreas Conrad, con buena voz de tenor de carácter y dicción atenta, sin renunciar a una buena línea de canto.

             El trío de ondinas, conformado por Mirella Hagen, Julia Rutigliano y Anna Lapkovskaja es fresco y luminoso.

              En definitiva, una sobresaliente dirección musical, muy personal, con un reparto solvente aunque a diferentes niveles, lo que lastra homogeneidad al conjunto. Indiscutibles Dohmen (Alberich), Daszak (Loge) y Odinius (Froh). Notables interpretaciones de Manhke (Fricka) y Weissmann (Erda). En el debe, unos gigantes ramplones de Schwinghammer y Hörl y un Wotan meramente correcto.


Grabación digital procedente de la WDR (Radio del Oeste de Alemania, Colonia) en HD, en formato .mp3 a 256 kbps.

26 DE JULIO DE 2020.

TRISTÁN E ISOLDA / BAYREUTH 2016

TRISTÁN E ISOLDA / Festival de Bayreuth, 1 de agosto de 2016
Otras representaciones: 5, 9, 13, 17 y 22 de agosto
Producción de Katharina Wagner estrenada en 2015 / Decorados: Frank Philipp Schlössmann y Matthias Lippert. Vestuario: Thomas Kaiser. Dramaturgia: Daniel Weber. Iluminación: Reinhard Traub
Dirección musical de Christian Thielemann (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Stephen Gould (Tristán), Georg Zeppenfeld (Rey Marke), Petra Lang (Isolda), Iain Paterson (Kurwenal), Raimund Nolte (Melot), Claudia Manhke (Brangäne), Tansel Akzeybek (joven marinero y pastor), Kay Stiefermann (timonel).
Minutación: Acto I: 77'08 / Acto II: 78'30 / Acto III: 75'46 / Total: 231'24 (3 h 51 min).
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               A petición de un seguidor del blog compartimos esta grabación de Tristán e Isolda del Festival de Bayreuth 2016, que cerró el primer ciclo de representaciones. Fue también la última retransmisión  del Festival que, desde Radio Clásica, realizó José Luis Pérez de Arteaga, pues fallecería en febrero del año siguiente.

               El revuelo ocasionado en junio de 2015 por la votación para elegir nuevo director en la Orquesta Filarmónica de Berlín provocó el enfrentamiento entre Christian Thielemann y Kirill Petrenko. El primero partía como favorito, pero en segunda vuelta y por muy poco margen, el segundo salió vencedor. Petrenko se encontraba dirigiendo en ese momento el Anillo en el Festival y su compañera sentimental, la soprano Anja Kampe, cantaba Sieglinde. Ella era la oficialmente anunciada para estrenar la nueva producción de Tristán e Isolda que conmemoraría los 150 años del estreno de la obra (1865-2015), bajo la dirección de Thielemann. Éste parece que, tras perder la votación, tuvo diferencias con el director y la soprano, que acabó desistiendo de cantar el papel, haciendo únicamente Sieglinde. El Festival hubo de recurrir in extremis a Evelyn Herlitzius, quien había sido una competente Brunilda en el Anillo de Adam Fischer de principios de siglo. Su Ortrud en 2010 en el Lohengrin de Andris Nelsons no dejó buen sabor de boca, como tampoco su Isolda -emisión abierta, dificultades en el agudo, tendencia al grito en los pasajes más comprometidos-. Así las cosas, Thielemann buscó otra cantante al año siguiente y optó por Petra Lang. La mezzo alemana, que ya cantaba papeles de soprano -Sieglinde y Brunilda- nunca había hecho Isolda y se embarcó en la empresa convencida por Thielemann. Curiosamente, Petra Lang ya había reemplazado a Herlitzius como Ortrud en el citado Lohengrin. El resultado es una voz potente, con un centro oscuro, graves destacados y un agudo apurado. El timbre es demasiado mate, lo que resta atractivo a la voz.

               Repitió el resto del elenco del estreno, si bien Christa Mayer (Brangania) se encontró indispuesta los primeros días de Festival, por lo que hubo de ser sustituida en las dos primeras funciones por Claudia Manhke, la Fricka del Anillo de Petrenko, de voz liviana, por lo que se da la curiosidad de que Isolda tiene una voz más oscura que Brangania.