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El Tannhäuser de Philippe Jordan (Festival de Baden-Baden 2008)

Analizamos la grabación en vídeo de un Tannhäuser correspondiente al Festival de Baden-Baden de 2008, en producción de Nikolaus Lehnhoff y con Philippe Jordan dirigiendo a un reparto berlinés.

TANNHÄUSER

Festival de Baden-Baden, 25-31 de julio de 2008
Philippe Jordan

Tannhäuser: Robert Gambill
Elisabeth: Camilla Nylund
Venus: Waltraud Meier
Wolfram von Eschenbach: Roman Trekel
Landgraf: Stephen Milling
Walther von der Vogelweide: Marcel Reijans
Biterolf: Tom Fox
Heinrich der Schreiber: Florian Hoffmann
Reinmar von Zweter: Andreas Hörl
Ein Hirt: Katherine Müller


Dirección:
Elenco:
Sonido:
Producción:

Efectivo montaje de Nikolaus Lehnhoff, sin grandes pretensiones, con una dirección idiomática de Philippe Jordan y un elenco con nombres importantes (Waltraud Meier, Roman Trekel, Camilla Nylund, Stephen Milling) y un protagonista discreto. Primer acto en versión de Viena y segundo y tercero en versión de Dresde -si bien en el final del segundo acto, el pasaje de los violines que precede al Nach Rom! del protagonista, es el de París-.

El alemán Nikolaus Lehnhoff estudió arte dramático en Viena y se doctoró con una tesis sobre el humor en Maestros Cantores. Integrado en el equipo de la Deutsche Oper de Berlín, fue llamado por Wieland a Bayreuth en 1965 para su segunda producción del Anillo, participando también en la ya rodada producción de Tristán. Con la retirada de esta última en 1970, abandonó Bayreuth, diseñando tres años después la producción que del drama de los amantes se vio en Orange, con Birgit Nilsson y Jon Vickers en los roles protagonistas y Karl Böhm en el podio. Diseñó dos Anillos -para la Ópera de San Francisco y para la Estatal de Baviera, este último dirigido por Wolfgang Sawallisch y en tiempos disponible en vídeo-. 

El Festival de Baden-Baden se creó en 1998 tras la restauración de la antigua estación de trenes de la ciudad y su adaptación y ampliación como auditorio. Nos encontramos en la etapa previa a la vinculación del certamen con la Filarmónica de Berlín -que tuvo lugar a partir de 2013, cuando Thielemann desplazó a la formación del Festival de Pascua de Salzburgo, recalando en la ciudad alemana-, por lo que en el foso encontramos a la Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, la histórica orquesta de la RIAS -la Radiodifusión en el sector americano, conocida por sus grabaciones con su histórico director Ferenc Fricsay-. En 1956 la formación pasó a llamarse Radio-Symphonie-Orchester Berlin -no confundir con la también histórica Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin, que durante tantos años dirigió Marek Janowski- y, en 1993, ya consolidada la reunificación, adoptó su denominación actual.

Ya desde los primeros años del certamen surgió la idea de llevar a Wagner a escena, para lo cual se contó con Lehnhoff, un nombre de prestigio en este repertorio, en una serie de coproducciones con otros teatros. Así, tras Parsifal en colaboración con la Lyric Opera de Chicago (2004) y Lohengrin (2006) -en el que hizo aparición Klaus Florian Vogt en lo que fue su catapulta a la escena internacional-, Lehnhoff llevó a escena Tannhäuser en coproducción con la Ópera de los Países Bajos. El montaje se estrenó en Ámsterdan en 2007 y fue visto en la ciudad alemana entre los días 25 y 31 de julio del año siguiente.

A diferencia de los montajes precedentes, la tercera y última colaboración de Lehnhoff con Baden-Baden adoleció de cierto agotamiento de ideas. Nos movemos en unas coordenadas atemporales, con un único decorado, obra de Raimund Bauer, consistente en una escalera de caracol en forma de hélice con tres tramos. Por ella desciende feliz Elisabeth en el segundo acto, desciende el coro de invitados y asciende la santa en el tercero, vestida de blanco, como asimismo el alma de Tannhäuser al final de la obra -encarnada por el actor *-. El soporte dramático lo ofrece la iluminación, sutilmente utilizada para apoyar la narración pero sin convertirse en protagonista -no hallaremos aquí las pinturas de luz tan impactantes que creaba Wieland-, y la gestualidad, esta sí en el más genuino estilo Wieland, con un hieratismo donde posiciones y miradas tienen mucho que contar.

En general la trama está dramáticamente bien resuelta pero sin altos vuelos, pues algunas soluciones resultan demasiado simples: la salida de Tannhäuser del Venusberg consiste en un apagón, pasando acto seguido a una noche de tonos añil por donde deambula una fémina con un callado y una malla color carne que más parece una ninfa que un pastor. También el final, donde Tannhäuser muere en los brazos de Wolfram, no se ve la comitiva que porta el cadáver de Elisabeth ni a los peregrinos jóvenes portando el báculo, únicamente al alma de Tannhäuser subiendo la escalera, como metáfora de la Eternidad.

Tannhäuser (en el centro) con los cantores y el Landgrave
en el primer acto

        La bacanal esta coreografiada de forma un tanto infantil y previsible por Amir Hosseinpour y Jonathan Lunn, con un vestuario que bien parece propio de muñecos blancos acolchados. Ésta y el torneo son los dos elementos más discutibles: invitados ataviados con unos cascos con cuernos de ciervo bastante extraños, cantores vestidos con frac dorado algo rígido con reminiscencias del hombre de hojalata y del traje de astronauta y, sobre todo, la presencia de un micrófono en el escenario, este último un feo detalle que desvirtúa la atemporalidad reinante, cuya ambigüedad es preferible a introducir un elemento propio del siglo XX. Fuera de eso, el vestuario, obra de Andrea Schmidt-Futterer, diferencia por colores y resulta efectivo: en el primer acto Venus de blanco, Tannhäuser en negro y el Landgrave y los cantores en rojo; en el segundo Elisabeth de blanco, el Landgrave de negro y los cantores de dorado; y en el tercero, Elisabeth mantiene el color blanco añadiendo un velo y Wolfram y Tannhäuser de negro.

Lehnhoff se propone narrar la historia de Tannhäuser sin un mensaje o interpretación especial. Suele ser habitual en este tipo de propuestas introducir algún detalle original para no caer en la rutina. Aquí encontramos varios: al final del primer acto, el Landgrave es el último en aprobar el regreso de Tannhäuser, mirándolo con desconfianza durante todo el concertante y manteniéndose apartado de él hasta la conclusión orquestal, en que le tiende la mano; por otro lado; en el segundo acto, el protagonista no entra con el resto de cantores, sino que llega tarde, cuando el Landgrave canta su arioso, y vestido con su atemporal vestido negro, demostrando que él va por libre; y este segundo acto finaliza con Wolfram mirando hacia Elisabeth -¿compasión? ¿oportunidad?-.

El torneo de canto: Tannhäuser (Gambill), con los brazos abiertos. A
la izquierda Wolfram (Trekel) y Elisabeth (Nylund)

        El estreno holandés fue dirigido por el que fuera titular de la Ópera de los Países Bajos, Hartmut Haenchen. Al llevar el montaje a la ciudad alemana se optó por Philippe Jordan, en aquél momento principal director invitado de la Staatsoper de Berlín. De hecho, el reparto viró hacia cantantes habituales del teatro berlinés, si bien en el caso de Tannhäuser (Robert Gambill) y Wolfram (Roman Trekel) estrenaron el montaje procediendo ambos de la referida Staatsoper. En el caso del primero, se alternó en el rol con John Keyes tanto en la capital holandesa como en la ciudad alemana. Las damas del estreno, Martina Serafin y Petra Lang, dieron paso a Camilla Nylund y Waltraud Meier, esta última habitual en Baden-Baden aquellos años. También hubo cambio de Landgrave -Kristinn Sigmundsson fue sustituido por Stephen Milling, miembro de la Ópera Real Danesa- y en los roles menores.

Un joven Philippe Jordan de 33 años lleva las riendas musicales. Sonido redondo y claridad de planos sonoros son sus señas de identidad. La obertura comienza segura y con timbre opulento. Sin embargo, la exposición del tema de los peregrinos resulta un punto cuadriculada y falta de vuelo, una cierta rigidez que también se hace patente en la exposición a toda orquesta del himno a Venus. No así en el pasaje que introduce el tema del Venusberg y, en general, toda la bacanal, conjugando de manera óptima frenesí con atención a la paleta tímbrica -todo el largo pasaje que se sucede tras el clímax es modélico-, si bien hacia el inicio de la bacanal hay cierta tendencia a sobresalir notas largas del metal que no aportan mucho. Muy buena escena del Venusberg, con tempi amplios y atención al detalle en arpas y maderas y fraseo amplio y bien calculado en violines, ofreciendo una atmósfera sutil y redondeada, limada de aristas. Se echa en falta más tensión cuando el Venusberg desaparece tras la invocación de Tannhäuser a la Virgen María. Sutil en la escena con los peregrinos y animado en la escena final del primer acto -un punto dudosas las figuraciones que preceden al Zu ihr! Zu ihr! del protagonista-, culminando en una conclusión orquestal de gran brillo. 

En el segundo acto encontramos una fluida introducción que precede al aria de la sala y al dúo de los protagonistas, en una línea cantábile muy animada. En el resto del acto hay buen hacer, pero faltan esos detalles que hacen ganar el sobresaliente: en la entrada de los invitados una mayor progresión e intensidad, una mayor dosis de pathos en la caída del protagonista o en el concertante final, un tanto lineal.

En el tercero, tras un preludio correcto, sin especiales juegos de tensión y un coro de peregrinos falto de grandiosidad, acompaña con atención a Elisabeth en su plegaria y a Wolfram en la romanza del lucero vespertino, a tempo contenido, como asimismo al protagonista en la narración de Roma.

Muy buena respuesta orquestal por parte de la Deutsches Symphonie, una formación que acrisola los años de Fricsay y los posteriores con Maazel, Chailly, Ashkenazy y Nagano -que la había dirgido entre 2000 y 2006-, mostrándose dúctil y luminosa. Hay una pifia anecdótica en las trompas que preceden a la entrada del Landgrave y los cantores y otra apenas perceptible en una trompeta en el pasaje que cierra el segundo acto. El Philharmonia Chor Wien es notable en cuanto a afinación y empaste, pero sin la explosividad y el sonido granítico del Coro del Festival de Bayreuth -en el coro de peregrinos se hace demasiado patente-.

Tannhauser (Gambill) y Elisabeth (Nylund)

          El norteamericano Robert Gambill ha sido una de esas voces wagnerianas en la primera fila a principios del siglo XXI que ha despertado controversia -no es la única-. Matemático, a raíz de una estancia de estudios en Hamburgo decidió estudiar canto, debutando con 25 años en La Scala en el estreno de Donnerstag aus Licht de Stockhausen. En 1984 se integró en el conjunto de la Ópera de Zurich, desempeñándose en el repertorio lírico italiano y mozartiano. A partir de 1995 comenzó a frecuentar el repertorio dramático alemán -Florestán, Parsifal, Sigmundo, Tannhäuser y Tristán-, en un momento de importante crisis vocal, primero en pequeños teatros alemanes y, en 1999, con su debut como Tannhäuser en la Staatsoper de Berlín de la mano de Daniel Barenboim, su gran valedor. Integrado en la vida musical berlinesa, paseó aquellos roles por teatros de primera fila con discutibles medios vocales. De partida, estamos ante un cantante apuesto y que luce muy bien en escena, la voz es grata y parece dar el pego como heldentenor, pero todo es artificioso: el color baritonal lo consigue con la voz permanentemente en la gola, ensanchándola artificialmente y sacando volumen a costa de un forte casi continuo, impidiéndole un control total del instrumento, con notas mal emitidas en el agudo, cuando no desafinadas. El tempo lento que Jordan imprime a las estrofas del himno a Venus le permite desenvolverse con cierta soltura en las dos primeras, pero en la tercera y en el subsiguiente dúo los problemas vocales se hacen demasiado patentes: al instrumento le falta empuje, la emisión es muy abierta, la afinación dudosa y la medida libre por momentos, todo lo cual le impide frasear con elegancia. Su alabanza a Dios tras regresar al mundo real suena forzada y en las frases que siguen tiene problemas para estabilizar la línea de canto, acortando los finales de frase. Más cómodo tras su encuentro con el Landgrave y los cantores. 

Más centrado al comienzo del segundo acto, con un dúo con Elisabeth sin descalabros, en el torneo exhibe problemas de colocación de los agudos, emitidos al albur, unos mejores que otros, como ocurre en la aparición del himno a Venus. A partir de aquí y hasta el final de acto, saca el rol adelante como puede, con un foso controlado de volumen y el resto de fuerzas vocales atenuadas para no taparle. En su entrada en el tercer acto parece otro: la voz fluye con más naturalidad y el fraseo es superior, realizando una solvente narración de Roma, en lo que, de lejos, es lo más interesante de su interpretación.

Como hemos indicado, Gambill se alternó con el también norteamericano John Keyes, ya hacia el final de su carrera -se retiró dos años después-. Por lo que he podido escucharle por la red, se trataba de un spinto con volumen y una emisión más diáfana, por lo que, aunque no tuviera tanta proyección internacional, a lo mejor hubiera resultado mejor opción para esta grabación, a salvo de su estado vocal en aquél momento. Por lo que respecta a Gambill, su actividad sería muy reducida a partir de 2013, y una de sus últimas apariciones -si no la última- fue con Gergiev y los conjuntos del Mariinski en un Tristán versión concierto más bien tipo bolo que se ofreció en el Liceo de Barcelona el 18 de marzo de 2015 -contaba con 59 años- que no fue comentada precisamente para bien y donde su hacer fue parejo a lo ofrecido por sus compañeros, todos ellos procedentes del coliseo ruso, y donde la presencia del norteamericano probablemente fue una sustitución planificada con antelación. En definitiva, si a principios de los dosmiles Gambill tuvo una carrera más mediática que la de, por ejemplo, Stephen Gould tras ser descubierto por Thielemann, visto hoy con la debida distancia, Gambill no fue más que un espejismo o un deseo de encontrar un heldentenor en un momento especialmente crítico.

Wolfram (Trekel) y Tannhäuser (Gambill) al final de la obra

Primer registro de Elisabeth de Camilla Nylund, recién catapultada a la escena internacional tras sus apariciones con el rol en Dresde con Stephen Gould, una diferencia importante en cuanto a partenaire -lástima que no se contara con él para estas funciones-. Aquí exhibe su sensibilidad y atención al texto, y su particular vibrato está prácticamente ausente, dentro de una voz netamente lírica -se echa en falta algo más de peso en su defensa a su amado en el segundo acto y en el concertante final se evidencia que la voz no es muy grande-. En todo caso, interpretación en conjunto superior a la ofrecida en el posterior registro de Axel Kober en Bayreuth (2014) y a tener en cuenta en la carrera de la finlandesa.

Meier como Venus y Gambill como Tannhäuser

        Cuarto y último registro de la Venus de Waltraud Meier, de voz carnosa y sensual, atentísima en fraseo y dinámicas, componiendo una diosa suave que teje sus redes para poseer a Tannhäuser, no sólo con su canto sino con sus miradas. Tras cantar el protagonista la tercera frase del himno a Venus, cuando aparece el enfado de la diosa, existen algunas limitaciones en el agudo, sorteadas con inteligencia y profesionalidad, si bien coloca algún agudo de forma imponente. A destacar la evolución del personaje en el primer acto, que va desde la seducción al enfado para terminar en la desesperación por la pérdida del amado.

    Segundo registro de Roman Trekel como Wolfram, tras el de Zurich con Welser-Möst (2003, EMI), llevado el rol a Bayreuth aquellos años. Su interpretación fue considerada referencial, en la estela de las de Dietrich Fischer-Dieskau y Andreas Schmidt, por su manierismo en el fraseo y su componente melancólico y otoñal. Aquí resulta un poco más prosaico en su aria del primer acto, y en su contestación a Tannhäuser en el segundo acto podría sacarle más partido a un momento de singular belleza. No hay duda de su categoría vocal en un tercer acto modélico, con una romanza en la que hace gala de los reguladores y una cuidada mezza voce.

Nylund como Elisabeth y Milling como Landgrave

        Desconcertante entrada de Stephen Milling como Landgrave al cantar Wer ist der dort im brünstigen Gebete?, en piano y con la voz no bien proyectada. Falsa alarma, pues en la siguiente intervención hace gala de su poderoso instrumento de voz rocosa y un punto mate, componiendo un imponente Landgrave. Nótese con qué dominio del instrumento apiana en Nenn ihm den Zauber, den er ausgeübt, / und Gott verleih ihm Tugend, / daß würdig er ihn löse! En el inicio del concertante del segundo acto -Mit ihnen sollst du wallen / zur Stadt der Gnadenhuld- el tempo ágil que imprime Jordan le impide frasear con comodidad.

Magnífico Walther de Marcel Reijans, arrojado y luminoso. Un veterano Tom Fox, que había hecho ya aparición en los precedentes Parsifal y Lohengrin, es un Biterolf talludito, vocalmente áspero. Muy bien el Heinrich de Florian Hoffmann y el Reinmar de Andreas Hörl, quienes también han aparecido en alguna ocasión como secundarios en Bayreuth. Buen pastor de Katherine Müller, de línea de canto redondeada, un punto italianizada en estilo, pero efectiva.

En definitiva, uno de los mejores exponentes de esos primeros años de siglo en los que el Festival de Baden-Baden hizo un Wagner de alta calidad. Reparto y director se mueven a un nivel homologable al de Bayreuth, salvo el protagonista. De hecho, Trekel estaba cantando Wolfram en aquellos años en el Festival y Nylund fue Elisabeth en la siguiente producción. También Milling debutaría unos años después como Hagen y llevaría a Bayreuth su Landgrave. Si Stephen Gould hubiera encarnado al protagonista, el reparto se hubiera llevado, como mínimo, notable alto. Gambill lastra irremediablemente el conjunto -el dúo con Venus, toda la parte final del segundo acto-. Le damos notable bajo, pues Meier, Nylund, Trekel y Milling son cantantes sólidos. En cuanto a la dirección, notable trabajo de Jordan al que le faltó un poco más de vuelo en la obertura, intensidad en la entrada de los invitados y en el final del segundo acto, y algo más de atmósfera evocadora en el tercero para llegar al sobresaliente. En todo caso, se trata de un trabajo juvenil en el que ya pone de manifiesto su desenvolvimiento con Wagner.

DICIEMBRE DE 2024.

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1 Meier nunca ha tenido suerte con sus apariciones en Tannhäuser, pues en todos los elencos que la han acompañado ha habido lunares: el registro de Haitink con los conjuntos de la Radio de Baviera en estudio (1985, EMI) tiene una dirección poco idiomática y un protagonista olvidado en los anales de la discografía, un ramplón Klaus König; con Mehta en vídeo en la Ópera Estatal de Baviera (1994, Arthaus) un René Kollo de 57 años arruina la función sin que el resto del elenco aporte mucho -Secunde, Weikl ya maduro y Rootering-; y con Barenboim en estudio con los conjuntos de la Staatsoper de Berlín (2001, Teldec) el problema es la Elisabeth imposible de Jane Eaglen.

El Festival de Bayreuth anuncia novedades para los dos próximos años

24/07/2023

En la tradicional rueda de prensa celebrada la víspera de la inauguración, el certamen ha anunciado las novedades para la próxima temporada y alguna para 2025.

Philippe Jordan nuevo director del Anillo para 2024

         No se nos escapa que en los últimos años el Festival ha tenido una serie de ideas desconcertantes que o bien no se han podido poner en práctica o bien han supuesto un absoluto fracaso. En el primer supuesto, en 2018, proponer a Roberto Alagna como Lohengrin, un año después a Anna Netrebko como Elsa o, este mismo año, a Joseph Calleja como Parsifal, cantantes que debieron ser sustituidos ya iniciados los ensayos -y a Netrebko ya iniciado incluso el Festival- por candidatos más adecuados. En el segundo, encomendar el rol de Brunilda a Iréne Theorin para la vigente Tetralogía o su dirección musical a Pieteri Inkinen. A la sueca ya se le ha puesto sustituta en la presente edición en la persona de Catherine Foster -aun cuando se le debió poner tras las funciones de La Valquiria preparatorias de 2021-, mientras que desde este blog considerábamos que Inkinen no iba a llegar a dirigir la Tetralogía completa tras el pobre resultado en aquellas funciones de La Valquiria. Al finalizar el Ocaso del pasado año ofrecíamos una terna de candidatos a ponerse al frente de la Tetralogía en 2023 de mayor a menor probabilidad: Axel Kober (Director de la Deutsche Oper am Rheim de Düsseldorf-Duisburg), Philippe Jordan (Director de la Staatsoper de Viena) y Andris Nelsons (Director de la Orquesta Sinfónica de Boston). Considerábamos mas probable a Kober por el hecho de que había sido liberado de Tannhäuser para la presente edición, la frecuencia con que la ha dirigido en el teatro de que es titular y por haberlo hecho además en las últimas temporadas en la Staatsoper de Viena. De Jordan dijimos que le avalaban su trayectoria en el Festival al frente de Parsifal y de Maestros, y que probablemente conseguiría la Tetralogía, si no ahora, para la siguiente producción. Y finalmente, de Nelsons apuntamos que este Anillo en origen le pertenecía y que con Thielemann fuera de Bayreuth se cerraba definitivamente la herida artística del letón tras la discusión surgida en 2016. Pues bien, en ese momento no acertamos y el Festival anunció que Inkinen dirigiría la Tetralogía de este año. Pero en la rueda de prensa ofrecida hoy ha anunciado a Philippe Jordan como director del Anillo para 2024. Como es bien sabido, Cornelius Meister hubo de ponerse a su frente el pasado año a dos semanas del estreno por sufrir Inkinen coronavirus, y el Festival no tuvo especial prisa porque este último regresara. Luego Meister resultó irregular -eso sí, con la circunstancia de que había tenido muy poco tiempo para desarrollar su planteamiento- y todo hacía presagiar que ni Meister ni Inkinen volverían por Bayreuth. Quizás la cuestión se haya movido al terreno legal: Inkinen tenía contratada una Tetralogía y el coronavirus no puede ser causa para considerar que el director perdió su ocasión. O bien el Festival pensó darle otra oportunidad y, con los ensayos, no ha sido lo esperado. Lo que es un hecho es que no ha habido precisamente lista de espera para obtener entradas para este Anillo, -la víspera del comienzo del Festival quedan entradas sueltas para los tres ciclos- aun teniendo un elenco muy apetecible -el único nombre abiertamente disonante, por inadecuado, es el Sigmundo de Klaus Florian Vogt-, y si bien la puesta en escena es muy discutible, no es peor que la que Dmitri Tcherniakov presentara en Berlín el pasado otoño con Thielemann en el podio y con un elenco, a mi juicio, un punto inferior, y donde las entradas volaron. ¿La razón? El director musical. El público eso no lo perdona. Si el Festival se ha dado ahora cuenta, debemos alegrarnos. Es cierto que las entradas este año han salido a la venta muy tarde, en el mes de marzo, pero la Tetralogía, como ha reconocido la propia Katharina Wagner, ha sido un problema desde el primer momento. Se optó por ofertar entradas sueltas de cada una de las obras, pero aun así no se ha conseguido el deseado lleno antes del inicio del certamen.

Vogt caracterizado como Lohengrin en la
retirada producción de Yuval Sharon que
pudo verse hasta el año pasado.

          El gran desconcierto viene del anuncio del cambio de cantante que encarnará a Sigfrido en 2024: nada más y nada menos que Klaus Florian Vogt, en el que será su debut en el rol. No negamos las capacidades técnica del alemán para interpretar a Wagner: tiene una técnica impoluta y una proyección privilegiada para sobrepasar la orquesta, lo que no tiene es el timbre adecuado para afrontar roles de heldentenor. Es adecuado para interpretar a Lohengrin y a Walther, Erik tampoco le viene mal, y como Parsifal puede tener un pase -en Bayreuth sólo lo ha cantado en una ocasión-, pero definitivamente es un Sigmundo imposible, como Tannhäuser -que este año le ha llegado de rebote por la afección vocal de Stephen Gould-, y tampoco es Sigfrido.

Una buena noticia, ya anunciada el pasado año, es el regreso de Semyon Bychkov al Festival para dirigir Tristán. El ruso se puso al frente de Parsifal en 2018 y 2019 con gran éxito. Desde aquél anuncio teníamos la duda de si habría nueva producción, como se venía diciendo, o iba a ser la adelantada del año pasado, encomendada a Roland Schwab. Contra todo pronóstico, habrá nueva producción, encomendada al islandés afincado en Berlín Thorleifur Örn Arnarsson. Una pena, pues la propuesta de Schwab sólo ha podido verse en dos funciones del pasado año y se verá en otras dos del presente, un tiempo insuficiente para un montaje que ha cosechado buenas críticas. Se ha anunciado la pareja protagonista, conformada por Andreas Schager y Camilla Nylund. Al primero se le da así la oportunidad de cantar Tristán en el Festival, un papel en manos de Stephen Gould desde 2015, mientras que la segunda permitirá que Catherine Foster pueda centrarse en Brunilda. La soprano finlandesa no es la mejor opción: una voz netamente lírica que tuvo problemas como Sieglinde en 2017 y que en los últimos años se ha desempeñado en el Festival como Elsa y Eva, dos roles que vienen bien a su vocalidad. Con el añadido de que contará con 56 años.

Segundo acto de Tannhäuser en 2021.

          El Festival ha anunciado que la producción de Tannhäuser debida a Tobias Kratzer obtiene un año de prórroga, pudiéndose volver a ver en 2024 bajo la batuta de Nathalie Stutzman. En principio este año era su última edición, pero probablemente la buena acogida de entradas -se agotaron rápidamente en la primera puesta a la venta- haya sido determinante. La propuesta de Kratzer de teatro dentro del teatro, aunque es muy atrevida, ha obtenido desde el primer año críticas positivas. Nada se ha dicho del protagonista, que en principio recaería en Stephen Gould, quizás despidiéndose de Bayreuth a la muy razonable edad de 62 años -por hacer estadística, Plácido Domingo cantó por última vez en el Festival con 59-.

En general, la rueda de prensa deja muchos cabos sueltos: ¿Andreas Schager se hará también cargo de Parsifal? Es poco probable que Vogt cante Sigmundo, por lo que el rol quedaría vacante, ¿quizás se hará cargo de él Gould? Además, el Festival cuenta a día de hoy con dos verdaderos heldentenor que estarían desaprovechados: Clay Hilley -Tristán este año- y Daniel Kirch -Loge-. Este último podría hacer un solvente Sigmundo mucho más interesante que el de Vogt. ¿En 2024 se mantendrán ocho títulos o descansará el Holandés un año? Nótese que del Holandés quedan todavía entradas sueltas para las cuatro primeras funciones -si bien siempre ha sido el título más fácil para obtener entradas- y que una pausa de un año podría avivar el interés.

Daniele Gatti regresará a Bayreuth para dirigir Maestros

Como ya se anunciara el año pasado, para 2025 podrá verse una nueva producción de Maestros debida a Matthias Davids y dirigida musicalmente por Daniele Gatti, otro de los grandes nombres wagnerianos, que tras la polémica de Ámsterdam, regresa al Festival, donde su colaboración con Stefan Herheim en la producción de Parsifal (2008-11) fue una de las conjunciones de música y escena más logradas de las últimas décadas, un binomio similar a los de Boulez/Chéreau o Barenboim/Kupfer. Gatti ya obtuvo un sonado éxito con los Maestros que, de nuevo con Herheim, se estrenaron en 2013 en el Festival de Salzburgo y que después pudieron verse en el Metropolitan de Nueva York, con el Sachs de Michael Volle, quien después cantaría el rol en Bayreuth. En esta ocasión el protagonista estará encarnado por Georg Zeppenfeld. El bajo alemán a día de hoy es el Sachs por excelencia, un rol que ya ha cantado con éxito en Dresde, Salzburgo, Frankfurt y Viena. El norteamericano Michael Spyres, afincado en Centroeuropa desde hace años, debutaría en Bayreuth como Walther, un cantante ya maduro -46 años- que en su juventud se desempeñó como belcantista y que en los últimos años ha dado el salto a Wagner, cantando con éxito Erik, Lohengrin y Walther. Por lo que respecta al nombre del director de escena, si bien Davids ha dirigido títulos operísticos, es un nombre asociado al musical, en particular a los que se ofrecen en la Volskoper de Viena. En principio no parece mala elección para llevar a escena una comedia, sobre todo tras la buena acogida que tuvo el director de la Komische Oper de Berlín, Barrie Kosky, con la anterior producción de la obra (2017-2021).

Si el Holandés descansa un año, se vería de nuevo en 2025 y, si no descansa ninguna otra producción, se volvería a producir la coexistencia de ocho títulos, con la complicación del calendario, pues en 2022 y 2023 los ocho títulos han coexistido gracias a que Tristán sólo ha tenido dos funciones. ¿Quizás tres o cuatro funciones sueltas del Holandés?

En 2026 se celebrará el 150º Aniversario del Festival. Katharina Wagner ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de representar en el Festspielhaus Rienzi, un debate que ya surgió con motivo del bicentenario del nacimiento del compositor en 2013 y que no cuajó. Sí se representó la obra en Bayreuth, pero no en el Festspielhaus. La idea de estrenar la actual producción del Anillo en 2020 -cuando la anterior finalizó en 2017- era para que, tras un año de descanso en 2025, 2026 contara con una nueva producción. La pandemia trastocó el calendario y ello no será así. El Festival ha confirmado que, por razones presupuestarias, no es posible retirar esta Tetralogía en 2025 para, inmediatamente después, estrenar una nueva.

Se nota que en 2025 toca decidir sobre la Dirección del Festival, en un momento en que Katharina Wagner está en el punto de mira. La presencia de Jordan, Bychkov y Gatti en Bayreuth, tres grandes de la dirección mundial, y sin experimentos con cantantes ajenos al mundo wagneriano, es buena prueba de ello.

LOS MAESTROS CANTORES DE NUREMBERG / BAYREUTH 2021

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / Festival de Bayreuth, 26 de julio de 2021, 16:00 horas
Otras representaciones: 1, 8, 12, 17 y 24 de agosto
Producción de Barrie Kosky estrenada en 2017 / Decorados: Rebecca Ringst. Vestuario: Klaus Bruns. Dramaturgia: Ulrich Lenz. Luces: Franck Evin
Dirección musical de Philippe Jordan (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Michael Volle (Hans Sachs), Georg Zeppenfeld (Veit Pogner), Tansek Akzeybek (Kunz Vogelgesang), Armin Kolarczyk (Konrad Nachtigal), Bo Skovhus (en sustitución de Johannes Martin Kränzle como Sixtus Beckmesser), Werner Van Mechelen (Fritz Kothner), Martin Homrich (Balthasar Zorn), Christopher Kaplan (Ulrich Eisslinger), Ric Furman (Augustin Moser), Raimund Nolte (Hermann Ortel), Andreas Hörl (Hans Schwarz), Timo Riihonen (Hans Foltz), Klaus Florian Vogt (Walther von Stolzing), Daniel Behle (David), Camilla Nylund (Eva), Christa Mayer (Magdalene), Günther Groissböck (Sereno).
Minutación: Acto I: 80'04 / Acto II: 58'11 / Acto III: 117'02 / Total: 255'17 (4 h 15 min).
Todas las imágenes de este artículo son propiedad del Festival de Bayreuth (www.bayreuther-festspiele.de). Únicamente se muestran para fines divulgativos.
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Dice Kosky que Wagner es uno y trino

               Cuarto y último año de la producción de Maestros debida a Barrie Kosky, en cartel desde 2017 y que previsiblemente no obtendrá una prórroga pese que el simpático montaje ha cosechado alabanzas año tras año, siendo el que mejor acogida a tenido de todas las producciones ofrecidas en los últimos años, pese a ser una propuesta arriesgada. 
Fino humor, desparpajo y una vuelta de tuerca al Wagner artista, cuya obra es juzgada en la sala de los Juicios de Nuremberg y absuelta, y en el que Sachs, Wather y David se muestran como alter ego del propio Wagner -como Eva lo es de Cósima, Pogner de Franz Liszt y Beckmesser del director judío Hermann Levi, encargado de estrenar Parsifal-. Tras un primer acto desarrollado en la biblioteca de la villa Wahnfried, casa del compositor en Bayreuth, el segundo acto ha venido pecando de cierto simplismo escénico -el primer año con una suerte de patio entre dos viviendas, demarcado por las paredes de la sala de los Juicios de Nuremberg y con hierba y, los años siguientes, una suerte de habitación, también demarcada por las paredes de la sala y con muebles apilados-, como si fuese una mera transición al desenlace cuando es, sin duda, el acto que tiene mayor carga teatral. La sala de los Juicios de Nuremberg invadida por el tumulto de aldeanos, burgueses y artesanos de época ha sorprendido todos los años por la perfecta coreografía de la gran masa.

               Desde la Radio de Baviera nos saludaba una nueva voz, la de Konstanze Benel, que tomaba el relevo de Barbara Malish para esta retransmisión. 

Pogner (Zeppenfeld) y Eva (Nylund)
en el primer acto de la obra, una licencia
de Kosky para el preludio, pues padre
e hija no coinciden en el primer acto.
             El elenco trae una serie de cambios respecto a las ediciones anteriores. El más significativo 
es la sustitución de Günther Groissböck por Georg Zeppenfeld como Pogner, rol que ya cantó hace una década en el Festival. Groissböck asume el más discreto rol de Sereno para descargarse de actividad -al día siguiente será el Landgrave en Tannhäuser- y tener más tranquilidad de cara a su debut del rol de Wotan en La Valquiria, debut que el pasado día 25 se confirmó no tendrá lugar, pues el bajo alemán ha decidido posponerlo aduciendo que la caída de la actividad artística debida a la pandemia ha hecho que no se encuentre en las condiciones vocales que él desearía -no obstante, sí cantará los adioses de Wotan en el concierto que dirigirá Andris Nelsons el 25 de agosto, un fragmento que ya ha cantado en recital con anterioridad. Wiebke Lehmkuhl (Magdalena) se cayó de cartel hace unas semanas sin que se haya dado explicación, siendo sustituida por la veterana Christa Mayer. En la corporación de Maestros se producen tres cambios: Daniel Schmutzhard (Kothner) es sustituido por Werner Van Mechelen, quien en 2017 ya fue Klingsor en algunas funciones de Parsifal; Paul Kaufmann (Balthasar Zorn), quien también era uno de los escuderos en la última producción de Parsifal, deja paso al debutante Martin Homrich; y Stefan Heibach, habitual secundario del Festival desde 2007, y ya Augustin Moser en la producción de Maestros de Katharina Wagner (2007-11), es reemplazado por el debutante Ric Furman. El último cambio se ha producido pocas horas antes de levantarse el telón, y es que debido a una indisposición de Johannes Martin Kränzle, el rol de Beckmesser ha tenido que ser asumido in extremis por el danés Bo Skovhus. Se ha dicho que, una hora y media antes de iniciarse la representación, el barítono seguía sentado en un avión. No ha trascendido desde donde venía, pero su residencia habitual está en Viena desde hace años. Dado que la producción de Kosky es muy detallada en movimientos, se ha optado porque cante colocado en un lateral del proscenio mientras Kränzle se ocupaba de la parte escénica. En términos sonoros, el resultado ha sido bueno.

              Muy buena dirección de Philippe Jordan, animada y bien articulada. El director ha ido restándole a la minutación año a año, notándose especialmente entre 2018 y 2019 -entonces empleó 4 horas y 24 minutos y pasó después a las 4'17-. El año del estreno, esto es, 2017, fueron 4 horas y 21 minutos, algo más ligero, y en esta ocasión consigue los tempi más rápidos, con 4 horas y 15 minutos. Tanto en 2019 como en esta ocasión, el tercer acto bajó de las dos horas. La sonoridad de Jordan es bastante característica, redondeada, con perceptible presencia de trompas y metales nobles. En esta ocasión, quizás menos tonante y más dada al lirismo en los momentos más íntimos de la partitura. El preludio y la escena de la pradera están expuestos con nobleza y evocación, y a lo largo de todo el discurso hay especial atención a los contrapuntos y detalles que ofrece la partitura. Absoluta limpieza y frescura en el tumulto con que finaliza el segundo acto y un preludio del acto tercero con una preponderancia del metal -muy redondo y noble, eso sí- algo más acusada de lo que estamos acostumbrados. Hay sonoridad original en la respuesta rítmica del viento en la arenga final de Sachs, sobre los versos Das unsre Meister sie gepflegt / grad recht nach ihrer Art, que resuena muy nítida y marcada, alcanzando por acumulación el clímax hasta la entrada del coro. Fanfarrias de trompeta nítidas en los últimos compases de la obra.

Sachs (Volle) y Eva (Nylund) en el
segundo acto.
             Notable elenco, muy homogéneo, que conoce bien sus roles y realiza una buena recreación, bien plegada a la propuesta de Kosky. En lo estrictamente vocal, destacan el Walther personal de Klaus Florian Vogt, el juvenil David de Daniel Behle -también magnífico actor- y el nobilísimo Pogner de Georg Zeppenfeld. Bo Skovhus realiza una tradicional encarnación de Beckmesser, dramáticamente irreprochable.

              El Sachs de Michael Volle es ya conocido. La voz no es especialmente bella, sonando en algunos momentos un punto ácida y falta de nobleza, pero la psicología del personaje es magnífica. Hay complicidad y picardía -escúchese la socarronería en el Jerum! del segundo acto-, hay humanidad en el Wahnmonolog. A sus 61 años no hay signos de fatiga, sabiendo dosificar sus fuerzas hasta el final sin sonar reservón, e incluso su instrumento me ha resultado un punto más oscuro que en años anteriores, lo que supone una mayor adecuación a la parte. En estos años ha acometido siempre la arenga final con cierta suavidad, lejos de la tradicional sonoridad estentórea, probablemente por sus medios, más como consejo o consigna dirigida al público -en esta puesta en escena Sachs-Wagner queda solo en la escena final, como justificando al público su obra de arte para, en el coro final, dirigir una orquesta en el escenario-.

Walther (Vogt) obtiene la mano de Eva (Nylund) con la 
aprobación de los Maestros.
             También es muy conocido el Walther de Klaus Florian Vogt, quien desde 2007 ha sido dueño y señor del rol en Bayreuth, cantándolo en todas las ediciones en que se ha programado la obra excepto en 2011, cuando al hacerse cargo de Lohengrin fue reemplazado por Burkhard Fritz. La voz es blanquecina y la interpretación desprende más candidez que pasión -con los años su canto se ha ido volviendo más sobrio si cabe- con una voz emitida con blandura, pero el fraseo es exquisito y los juegos de medias voces le hacen a día de hoy imbatible en un rol para el cual no hay muchos candidatos disponibles. Aunque parece que Vogt tiene cada día más detractores -parece que nos olvidamos de la sensación que despertó en 2005 cuando apareció con el personaje del caballero del cisne en el Festival de Baden-Baden, o en 2007 cuando debutó en Bayreuth como Walther-, siendo realistas, no hay otro cantante que pueda colocarse a su altura en este rol en los mismos términos de compromiso -impoluta presentación a los Maestros y canción del premio con una técnica irreprochable-. Teniendo en cuenta que Piotr Beczala no ha preparado el personaje -aunque por material vocal estoy seguro de que haría un gran Walther-, el único que podría hacerle competencia es Jonas Kaufmann, pero ha cantado el rol de manera anecdótica, sólo en cinco funciones a lo largo de toda su carrera: tres en septiembre de 2018 en Munich y dos en junio de 2019 en el Festival de Ópera de la misma ciudad -iba a cantar dos funciones más allí en junio de 2020, pero fueron suspendidas por la pandemia-, por lo que no se le puede considerar representativo en el personaje. Además, si consultamos las agendas de los principales teatros entre 2018 y 2022, Vogt acapara todas las funciones de la Deustche Oper de Berlín, del Metropolitan de Nueva York, de la Semperoper de Dresde, de la Ópera de Budapest y del Festival de Pascual de Salzburgo -sin un segundo cantante, él exclusivamente hace todas las funciones-, aunque también hay otros que están en el Festival -Magnus Vigilius (Leipzig) o han participado en él -Tomislav Mužek (Munich) o Norbert Ernst (Tokio)- que están asumiendo el rol actualmente.

             Camilla Nylund es una soprano lírica que en los últimos años ha hecho una serie de incursiones en roles wagnerianos que a mi ver no le van por tipología de voz -Sieglinde, Senta o incluso el segundo acto de Tristán en versión de concierto, con próximo debut del rol completo el año que viene-. Como Eva acierta plenamente por vocalidad, realizando una interpretación sensible y de delicada línea de canto, si bien con un cierto vibrato agresivo en el registro agudo en forte. Su caracterización de muchacha enamorada de Walther y a la vez temperamental con Sachs está muy bien conseguida.

             Daniel Behle repite su magnífico David de años anteriores, un rol que ha hecho suyo gracias a una voz juvenil pero viril y con una interpretación apasionada, con unas explicaciones a Walther en el primer acto muy teatrales sin renunciar a una buena línea de canto.

Magdalena (Mayer) y Eva (Nylund) en el tercer acto.
          Christa Mayer realiza una buena encarnación de Magdalena, de tonos oscuros y sonoridades un punto matroniles, a veces ácidas, pero con buena línea de canto y atención al texto.

          Bo Skovhus es un barítono de dilatada carrera, muy versátil, con algunas incursiones wagnerianas más en el pasado que a día de hoy -fue Kurwenal en la grabación del Tristán de Jiri Belohlavek en Glyndebourne (2007, Opus Arte)-. A sus 59 años, su carrera se centra en la ópera del siglo XX y en el repertorio ruso, siendo Beckmesser el único rol que mantiene en agenda, papel que cantó junto a Philippe Jordan en París en 2016. Su caracterización de Beckmesser es muy clásica, con esa emisión caracterizada de tintes secos, aunque su serenata está cantada con gran belleza, y finaliza su dúo con Sachs en el tercer acto con un largo y seguro agudo. En todo momento ha estado muy compenetrado con el resto de personajes y con la orquesta pese a haber hecho aparición en el último momento, por lo que su interpretación es doblemente meritoria.

            Excelente el Pogner de Georg Zeppenfeld, rol que ya abordó en el Festival hace una década, de voz noble y redondeada, puro terciopelo y paternalismo. Magnífico su monólogo del primer acto.

Tumulto al final del segundo acto, con Beckmesser
(Kränzle) en el suelo
               Notable corporación de Maestros, como viene siendo norma, bien empastada. Correcto Wener van Mechelen como Kothner, sin una voz especialmente personal, aunque matizando la exposición de las reglas de la tabulatura, y excelente el Sereno poderoso y terso de Günther Groissböck. Se da la circunstancia de que Zeppenfeld y Groissböck ya coincidieron en esta producción el año del estreno con los papeles invertidos: Groissböck como Pogner y Zeppenfeld como Sereno.

            Magnífico, como siempre, el coro del Festival, en una obra más complicada que la de ayer por la gran masa coral.

            Se despide una producción querida, apreciada y muy homogénea musicalmente. En lo estrictamente vocal, me atrevería a decir que la mejor que ha ofrecido el Festival desde la clásica de Wolfgang Wagner estrenada en 1981 -Bernd Weikl, Siegfried Jerusalem, Graham Clark y Hermann Prey en los roles principales-. En cuanto a la batuta, la presencia de Thielemann al frente de la obra entre 2000 y 2002 proyecta una sombra muy alargada y difícilmente superable, pues nos llevaría a aquéllos históricos Maestros que dirigiera Kna en 1960, pero el berlinés entonces contó con un elenco inferior en conjunto al que hemos venido escuchando estos años.

Grabación digital procedente de la Radio de Baviera.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales de la locutora de la Radio de Baviera.

28 DE JULIO DE 2021.

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / BAYREUTH 2019

LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG / Festival de Bayreuth, 27 de julio de 2018, 16:00 horas
Otras representaciones: 31 de julio y 6, 10, 24 y 27 de agosto
Producción de Barrie Kosky estrenada en 2017 / Decorados: Rebecca Ringst. Vestuario: Klaus Bruns. Dramaturgia: Ulrich Lenz. Luces: Franck Evin
Dirección musical de Philippe Jordan (director del coro: Eberhard Friedrich)
Reparto: Michael Volle (Hans Sachs), Günther Groissböck (Veit Pogner), Tansek Akzeybek (Kunz Vogelgesang), Armin Kolarczyk (Konrad Nachtigal), Johannes Martin Kränzle (Sixtus Beckmesser), Daniel Schmutzhard (Fritz Kothner), Paul Kaufmann (Balthasar Zorn), Christopher Kaplan (Ulrich Eisslinger), Stefan Heibach (Augustin Moser), Ralf Lukas (Hermann Ortel), Andreas Hörl (Hans Schwarz), Timo Riihonen (Hans Foltz), Klaus Florian Vogt (Walther von Stolzing), Daniel Behle (David), Camilla Nylund (Eva), Wiebke Lehmkuhl (Magdalene), Wilhelm Schwinghammer (sereno).
Minutación: Acto I: 80'44 / Acto II: 58'43 / Acto III: 118'10 / Total: 257'37 (4 h 17 min).
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Sachs, Walther y David o la trinidad wagneriana en Maestros


               Tercer año de la producción de Barrie Kosky, al igual que en los dos años anteriores, muy bien acogida. Como ya explicamos el año del estreno, Kosky concibe toda la obra sobre la arrolladora imagen del Wagner artista, que se proyecta sobre las figuras de Sachs, Walther y David -los tres con evidentes atributos wagnerianos-, mientras que Eva encarna la personalidad de Cosima, Pogner la de Liszt y Beckmesser la de Hermann Levi. Toda la obra es un juicio a los Maestros Cantores de Núremberg, que empieza en la villa Wahnfried, casa del compositor en Bayreuth, y en el tercero nos muestra la sala de los Juicios de Nuremberg, tras haber pasado por un segundo acto a medio camino entre una y otra. Ya el año pasado se modificó el decorado del segundo acto, que el primer año mostraba un suelo de cesped en torno a las paredes de madera de la sala de los Juicios de Nuremberg que bien podía asemejarse a un patio interior entre dos viviendas, para eliminar el césped y pasar a un suelo de habitación normal, con mobiliario apilado en el lado izquierdo del escenario. Existen indicaciones temporales y ambientales en esta producción, que narra el locutor de la Radio de Baviera Frank Manhold antes de empezar cada uno de los actos.

               En lo musical, rotunda pero a la vez festiva e idiomática dirección de Philippe Jordan con un homogéneo reparto que trae los dos mismos cambios que el año pasado, esto es, en los papeles de Eva y el sereno. Si el pasado año fueron Emily Magee y Tobias Kehrer, este año tenemos a Camilla Nylund y a Wilhelm Schwinghammer. Además, en esta función se ha producido la sustitución de Raimund Nolte por Ralf Lukas en el papel de Hermann Ortel. Lukas ya fue Donner y Gunther en el Anillo de Thielemann y Melot en el Tristán de Peter Schneider y, como curiosidad, indicar que nació en Bayreuth.

               El trabajo de Philippe Jordan dirigiendo la obra es similar al del año pasado, con una visión festiva y dinámica, con metales de sonoridad redonda y muy tonantes en el tema de los maestros, pero con buena claridad de planos sonoros, lo que hace que el resultado resulte muy ligero en los numerosos contrapuntos de la partitura. Jordan además respeta escrupulosamente la partitura en toda su variedad de matices y dinámicas. De los tres años que ha dirigido la obra, este es el de tempi más rápidos, con un primer acto de ochenta minutos y un tercero que baja de las dos horas.


Eva (Nylund) y Sachs (Volle) en el segundo acto.
               Michael Volle vuelve a repetir su inteligente interpretación de Sachs. La voz no es muy grande y le falta peso en los momentos más grandiosos de la partitura; además, por momentos su timbre puede sonar algo falto de nobleza, pero su interpretación convence gracias a un uso inteligente de sus recursos, es dramáticamente atenta -socarrón en su Jerum! del segundo acto, distante y soñador al inicio del tercero-, frasea con elegancia y muestra variedad de dinámicas.

               El Walther de Klaus Florian Vogt es el gran conocido junto con su Lohengrin, papel que además hubo de cantar el día anterior. Vogt no muestra signos de fatiga y exhibe su habitual elegancia y fraseo. Afronta el papel con sobriedad, incluso con cierta cautela en su encuentro con los maestros en el primer acto -agudo final del primer acto incluido-, y se muestra más apasionado en el tercero, con agudos más brillantes. Al igual que en años anteriores, cuando en el dúo con Eva del segundo acto cita a Pogner y su idea de casar a su hija con un maestro cantor, imita de forma cómica la voz de bajo.


Beckmesser (Kränzle) entona su serenata en el segundo acto
mientras Eva (Nylund) y Walther (Vogt) se ocultan.
                 Al lado de Vogt hoy encontramos de nuevo a Camilla Nylund quien, tras cantar Elsa el día anterior, es Eva. Su interpretación está muy bien conseguida. Su voz suena fresca, sin signos de fatiga, y además el papel es muy adecuado a su vocalidad, sin tener que forzar su instrumento y, en consecuencia, su vibrato amplio en el registro agudo está prácticamente ausente. En lo dramático resulta una Eva muy completa, que se muestra temperamental cuando intentar sonsacarle a Sachs información sobre Walther y su examen, exhibe la faceta de muchacha enamorada con Walther y después, perspicaz cuando ve aparecer a Beckmesser. Su rostro no tiene unas facciones demasiado similares a las de Cósima, pero es un detalle menor.


Beckmesser (Kränzle) en el tercer acto, con las magulladuras del
tumulto del segundo, ve la canción del premio.
               Daniel Behle vuelve a ser un sobresaliente David de timbre viril e interpretación apasionada. Destaca su centro ancho frente a la voz más lírica de Vogt cuando ha de explicarle las normas de canto.

              Wiebke Lehmkuhl, con su atractiva voz oscura, encarna a una eficiente Magdalena que se contrapone muy bien a Nylund.

               Johannes Martin Kränzle vuelve a encarnar su excelente Beckmesser. A su voz homogénea, fresca y bien timbrada, se une una interpretación muy matizada del personaje y a la medida de lo que demanda la producción de Kosky, de la pedantería a la malicia o al victimismo, todo ello aderezado con ruidos, toses o gemidos según demande la situación.

               Günther Groissböck posee una excelente voz de bajo, sólida y homogénea en toda la tesitura y sin problemas en los extremos. Sin embargo, su monólogo del primer acto aparece cantado a un tempo vivo que hace perder algo de aliento dramático a la intervención y la dota de cierto automatismo.

               La corporación de Maestros, como en años anteriores, funciona muy bien tanto en conjunto como en separado. En conjunto, bien empastada; y por separado, con voces de diferente entidad y timbre que dotan de variedad al conjunto. Correcto el Kothner de Daniel Schmutzhard pasando lista y exponiendo las reglas de la tabulatura, de voz más bien clara y no especialmente sonora.

               Ramplón el sereno de Wilhelm Schwinghammer. La voz no es grande ni profunda, y no está del todo bien colocada. Canta su intervención a tempo animado, como evitando exhibir sus carencias.

               Excelente, como es habitual, el coro del Festival, con la particularidad de que en esta puesta en escena el coro canta fuera de escena en varios momentos -incluyendo la escena de la pradera, donde el escenario se llena con figurantes y bailarines que invaden la sala de los juicios de Nuremberg-, lo que produce que en la toma sonora el coro pueda sonar un punto más alejado que de costumbre, algo que probablemente en directo se mitiga con la buena acústica de la sala.


Grabación digital procedente de la Radio de Rumanía en formato .mp3 a 256 kbps.
Se incluyen alocuciones iniciales y finales del locutor de la Radio de Baviera, obtenidas de Radio Clásica de Radio Nacional de España.

2 DE AGOSTO DE 2019.